CAPÍTULO IV
Consumación


—¿Muy bien, comenzamos? —preguntó el funcionario del Ministerio, mirando a Sirius y a Harry, sin estar seguro de cual de ellos era el novio. Harry asintió y soltó el brazo de ella, pero se quedó lo suficiente cerca que sus codos aún se rozaban. —¿Anillos?

—¿Anillos? —repitió Hermione, ella ni siquiera había considerado el necesitar anillos. Sirius le negó con la cabeza mientras que Remus colocaba dos anillos de plata pura sobre el escrito frente a ellos. El Ministro agitó su varita por encima de estos, ella no sabía ni para qué. Sólo había asistido a una boda de magos antes y a decir verdad, no le había prestando tanta atención a los procedimientos. Ante el gesto, Sirius se estiró y colocó un anillo en el tembloroso dedo de Hermione. Ella hizo lo mismo, aunque notó que él se encontraba tan tranquilo como de costumbre.

—Ahora, si se toman de las manos, por favor —Sirius cruzó sus muñecas para sostener las manos de ella, la derecha con su derecha, la izquierda con su izquierda. Remus y Harry se acercaron para atarlos con un largo pedazo de tela, envolviendo sus manos. Una vez más, él agitó su varita, esta vez sobre sus manos. —Y un beso, por favor.

Ella levantó la mirada de un disparo, para encontrarse con la de Sirius. Después de un instante de incertidumbre, él se inclinó para unir sus labios. Ella intentó despegarse después de tan sólo un breve roce, pero él se movió junto con ella. Confundida, en ese momento se dio cuenta de que el Ministro aún se encontraba conjurando otro encantamiento más por encima de ellos. Justo cuando ella estaba considerando cerrar sus ojos mientras que aguardaba, sintiéndose incómoda de estar observando fijamente a los párpados cerrados de él, una fría sensación bajó por su columna, y Sirius se apartó.

—Y la unión se encuentra completa. Salgan por la parte de atrás, por favor —él señaló una puerta a su izquierda y tomó un largo trago de su copa.

—Gracias —murmuró Hermione. Ella frunció el entrecejo mientras que Harry y Remus desenvolvían sus manos; estaba horrorosamente consciente de lo mucho que le estaban sudando las manos.

Ellos se aparecieron directo a la Madriguera y todos pusieron una sonrisa como los invitados en el patio trasero comenzaron a aplaudir. Los padres de ella se acercaron para abrazarla, lanzándole miradas a la cantidad de antiguos miembros de la Orden presentes.

—Bueno, ¿cómo fue? —preguntó la señora Weasley, envolviéndola en un abrazo.

—Rápido —respondió Hermione, en voz baja. Ella mantuvo su mirada desviada durante todos los abrazos que recibió. Se movió entre la multitud tratando de actuar simpática, pero el estar al tanto de lo que iba a ocurrir en tan sólo dos horas realmente le impedía disfrutar. No estaba segura de cuánto tiempo había pasado antes de que la señora Weasley pidiera la atención de todos.

—¡Pastel! —más vitoreos envolvieron el claro. Hermione se trasladó hacia la mesa donde Sirius aguardaba de pie a un costado del alto pastel. —¡Primero las fotos! —la Sra. Weasley se apresuró hacia el frente con su cámara. Capturó varias antes de mirarlos irritada. —Podrían, al menos, intentar sonreír.

Hermione miró a Sirius, quien la miraba de regreso, ninguno de los dos parecían muy contentos. Hermione reviró la mirada, pero plasmó una enorme sonrisa falsa. Con una negación con su cabeza, Sirius siguió su ejemplo.

—¡Comamos! —gritaron los gemelos, cuando su madre no parecía querer dejar de tomar fotos.

—Oh, de acuerdo —se quejó la señora Weasley. Hechizó al cuchillo para que empezara a cortar y servir el pastel. —Aquí tienen, queridos, compartan la primera rebanada, es de buena suerte —ella les entregó una sola grande rebanada de pastel de aspecto delicioso, y dos tenedores.

—Um... —Hermione giró su tenedor, sintiéndose toda mal.

—Sólo hazlo, pues. Sabes que ella lo está esperando —Sirius pinchó una porción grande con su tenedor y esperó a que ella se le uniera. Con un suspiro, ella tomó una porción pequeña. Al instante que éste tocó su lengua, ella se enamoró... del pastel, eso es todo. Era el mejor que alguna vez había probado.

—Una receta especial. Mi madre me la enseñó cuando yo era sólo una niña. Para todos nosotros tiene un sabor absolutamente fantástico, pero para ustedes dos, esta primera rebana es la mejor que alguna vez podrán probar —ella sonrió. —Disfrútenla.

Hermione lo observó a él por un instante antes de clavar su tenedor y separarse para ella una porción grande. Ella protestó con la boca llena cuando lo vio pinchar el trozo restante y comérselo todo. Él le guiñó un ojo mientras se lo metía a la boca de una sola. Trató de fulminarlo con la mirada, pero tenía la boca tan llena que se sentía ridícula. Hermione parpadeó ante el repentino destello de una cámara.

—Deberíamos haber recibido una rebanada más grande —se quejó Sirius, viendo desaparecer las migajas en la boca de Hermione. Él miró a su reloj y frunció el ceño.

—¿Cuánto falta?

—Veinte minutos.

—¿Es demasiado tarde para salir huyendo? —susurró ella.

Él sonrió, y envió flotando el plato y los tenedores a la basura. —Probablemente. No obstante, sé del destino más maravilloso para escondernos.

—¿Un destino tropical?

—¿Cómo lo adivinaste? —preguntó él, con sarcasmo.

—El ave que le entregaba tus cartas a Harry en cuarto año podría haber dejado escapar un par de cosas.

—Ah —la mirada de él se deslizó hacia a Harry, en donde bailaba con Ginny. —Para serte honesto, por un tiempo pensé que quizás ustedes dos terminarían juntos.

Ella se echó a reír. —Sí llegué a tener en un par de ocasiones un pequeño flechazo por él —se encogió de hombros, ella ya había superado a Harry. —Sin embargo, siempre había alguien más. Quizás tú no lo hayas notado, pero Harry tiende a ser un poco obsesivo. Una vez que decidía que le gustaba una chica, no era fácil distraerlo. No es que yo realmente lo intentara, me explico —ambos se quedaron en silencio por un par minutos, sólo contemplando a sus amigos y familia pasar un buen rato. Los padres de Hermione estaban sumidos en una conversación con Arthur Weasley, ella se podía imaginar de lo que estaban discutiendo. —Así que, ¿tan siquiera reconociste a esa mujer del Ministerio?

Sirius se rió y negó con su cabeza. —Nop.

—Pero si eran y luego no eran pareja...

—Ah, yo creo que por "pareja" lo más probable es que se refiriera a... bueno, reunirnos en el armario de escobas.

—Oh. Ya veo —el silencio se apoderó de nuevo. Ella trató de no sentirse incómoda discutiendo sobre sus conquistas, pero simplemente no era algo a lo que estuviera acostumbrada.

—Yo era un- —pero él se interrumpió, y se puso notablemente tenso. Ella estaba a punto de preguntarle qué sucedía cuando vio lo que lo había hecho reaccionar así, el funcionario del Ministerio se encontraba allí para supervisar los procedimientos de consumación. —Vayamos a recibirlo antes de que tenga la oportunidad de anunciar su propósito de estar aquí. Tus padres no necesitan escuchar eso.

Hermione soltó un chillido de sólo pensar en el hombre anunciando a toda voz lo que ella y Sirius estaban por hacer. —¡Date prisa! —ella lo empujó hacia el hombre que caminaba en su dirección.

—Señor Black, soy Martin Flint, me encuentro aquí para-

—Sí, sí, muy bien. Llevemos esto a un sitio un poco más privado, ¿le parece? —Sirius guío al hombre del hombro hacia el punto de aparición. —Si se sostiene fuerte de mi brazo. Lo llevaré a mi, er, nuestra casa. ¿Te parece bien si nos alcanzas?

—Sí —a ella se le había secado la garganta. Titubeó, en cuanto ellos desaparecieron; era difícil concentrarse, difícil respirar.

—Hermione —dijo Harry suavemente, acercándosele. —Vas a estar bien. Sirius, es un buen tipo... estarás bien.

—Lo sé —ella lo abrazó fuertemente, cerrando con fuerza sus ojos frente a los expectantes invitados. Todas las caras felices habían cambiado a unas ansiosas-compasivas. Se preguntaba si ellos habían estado fingiendo tanto como Sirius y ella lo habían hecho. —Me tengo que ir —soltó a su amigo y se dio vuelta en el punto, reapareciendo en la entrada de Grimmauld Place. Por dentro de la puerta, los dos hombres la esperaban en silencio. —Lo lamento, Harry me retrasó un momento.

—No hay problema —dijo Sirius, suavemente. —Deberíamos, er —él miró hacia la cima de las escaleras.

—Sí, por favor comencemos la sesión. Tengo tres más a las que asistir hoy —Martin era todo negocios. Hermione se limitó a asentir con la cabeza y a seguirlos tras Sirius como él los conducía a su dormitorio. Una vez dentro, ella se paralizó. —Varitas, por favor —él les tendió una mano.

Pasando saliva con dificultad, ella colocó su amada varita en la mano del extraño. Sirius entregó con mayor facilidad su más reciente varita, él aún no había formado un fuerte apego a ésta.

Martin los apuró hacia el borde de la cama y comenzó a lanzar hechizos y encantamientos sobre ellos y sus alrededores. Cuando terminó, él creó una delgada barrera de la cual se sentó detrás. Era lo suficientemente delgada que ellos podían ver su silueta y eran conscientes que él también podía ver las suyas.

Hermione miró incómodamente de Sirius a la cama y viceversa. Ella no sabía qué hacer consigo misma por lo que sólo descansó su peso sobre su costado y jugó con sus mangas. Después de un minuto, notó que Sirius se movía, pero ella tenía miedo de mirar y ver lo que estaba haciendo. Finalmente, reuniendo toda su valentía, ella lo observó desabotonarse sus prendas. Su corazón dio un vuelco contra sus costillas como ella lo miró sacándoselas de los hombros. Él se quitó la camisa directamente por encima de su cabeza, no requiriendo desabotonarla. Hermione por primera vez en su vida se quedó frente a un hombre sin camisa. Ella aún no sabía qué hacer consigo, así que se conformó con observarlo fijamente con los ojos muy abiertos.

Sirius parecía concentrado en enfocar su mirada en un punto justo por encima del hombro izquierdo de ella. Él aclaró su garganta toscamente y reunió sus miradas. La mirada que le dio fue extrañamente vulnerable. Él agachó su vista a su propio pecho, dejó escapar un suspiró y desvió la mirada. Curioso, ella estudió su pecho, y no notó nada allí que provocara ese tipo de reacción. ¿Con qué tendría que estar decepcionado? ¿Tal vez fuera por su edad? Pero él todavía se mantenía en forma, su cuerpo era delgado y musculoso. Ella no lo comprendía. Hermione abrió su boca, no supo qué decir, y la cerró de nuevo.

Un individuo se aclaró la garganta por detrás de la barrera, y ella era consciente que él estaba esperando con impaciencia a que ellos completaran su tarea. Unas manos se acercaron a ella y se deslizaron por debajo de las mangas de su vestido, retirándoselas de los hombros. Las manos de Hermione instintivamente se dirigieron a cubrir sus senos, reteniendo allí su vestido, debido a que sus brazos seguían aún por dentro de este. Su rostro se le abochornó mientras que observaba fijamente al ombligo de él. Sirius suspiró, pese a ello, se dirigió lentamente a enderezarle los brazos, provocando sin más que el vestido se le cayera hasta los tobillos. Ella cerró sus ojos, cruzando sus brazos sobre sus bragas. Avergonzada más allá de lo imaginable, Hermione no pudo atreverse a abrir sus ojos al escuchar el sonido de su cremallera.

Las grandes manos de Sirius le acariciaron suavemente la cintura, deslizándose hacia abajo a sus muslos desnudos y por debajo de sus bragas. Ella se mordió el labio, conteniendo la protesta que brincó a su boca. Por el ángulo, ella supuso que él se encontraba de rodillas frente a ella.

Las manos de Sirius se deslizaron para tomar sus bragas y quitárselas. Sin pensarlo, ella dobló sus rodillas y quedo de cuclillas reteniéndolas, abriendo los ojos de golpe. Hermione quedó cara a cara con él, sólo que él no la observaba, lo cual la hizo sentirse ligeramente mejor.

—Lo lamento —susurró ella, al borde de las lágrimas.

Él le ofreció una sonrisa triste como la miró a los ojos. —No voy a quitarte el vestido —su voz retumbó bajo. —Él no va a ver nada —sus ojos parpadearon hacia la barrera entre ellos, donde el otro hombre estaba, obviamente, observando su progreso.

Hermione se mordió el labio y asintió con la cabeza, enderezándose de nuevo. Sirius no había movido sus manos mientras que ella se reincorporaba, manteniendo con eficacia sus bragas a la altura de sus tobillos. Cautelosamente ella piso fuera de estas. Él, nuevamente, miraba fijamente al suelo. Ella tenía que preguntarse si era lo tan poco atractiva que él ni siquiera se atrevía a mirarla sabiendo lo que tenía por hacer. O sólo trataba de proporcionarle algo de pudor, discutió consigo misma. Hermione sólo quería que todo esto terminara.

Sirius se puso de pie y la llevó hacia la cama; ayudándola a cubrirse antes de acostarse a su lado. Ella estaba parcialmente de costado, completamente consciente de su proximidad.

—Recuéstate, cachorrita —él mantuvo su voz baja para que no se trasmitiera a través de la habitación. Pasando saliva fuertemente, ella se rodó, para que su espalda quedara totalmente contra la cama. La mano de él acarició su muslo, haciéndola sobresaltarse. —Abre las piernas —ella luchó contra su cuerpo para obedecer su solicitud, sin importar lo mucho que lo intentara parecía que no lograba hacer que sus piernas se separaran. Le ayudó cuando las manos de él se movieron entre estas y emplearon algo de fuerza.

Sirius se rodó para montarse sobre ella, y deslizó primero una de sus piernas y luego la otra, entre las de ella. Él sostuvo la parte superior de su cuerpo tan alejado del de ella como le fue posible, pero la parte baja de su cuerpo reposaba en gran medida encima de ella, era terriblemente incómodo.

Sirius deslizó suavemente un dedo a lo largo del labio inferior de ella, antes de deslizarlo hacia abajo entre sus cuerpos. Hermione lo observaba atentamente, sin tener la menor idea de lo que estaba planeando. Cuando el dedo de él tocó la parte más íntima de ella, las piernas de Hermione trataron de cerrársele mientras que ella forcejeaba. Él dejó caer su peso encima de ella, quedando su boca junto a su oreja.

—Esto ayudará. Confía en mí —él susurró, con su aliento inundando su lóbulo. Ella se agarró con fuerza de sus hombros y se quedó mirando, sin parpadear, fijamente al techo. Los dedos de Sirius rozaron su piel sensible de nuevo, moviéndose en pequeños círculos. Ella tenía la sospecha de que si tan sólo pudiera relajarse quizás de verdad pudiera sentirse un poco rico, pero sus músculos no estaban cooperando. Hermione se mantuvo rígidamente quieta mientras que él la tocaba, Sirius deslizó uno de sus dedos en su interior, haciéndola respirar hondo. —Cierra los ojos.

Ella obedeció, sin chistar, cerrando sus ojos. La mano de él se detuvo y su respiración se volvió densa.—Dobla las rodillas —una vez más ella siguió sus instrucciones. Un segundo más tarde y él poco a poco retiró su mano y Hermione sintió algo mucho más grande presionarse contra ella. Cada músculo de su cuerpo se contrajo mientras que aguardaba por la intrusión. Él la penetró poco a poco, a ella le dolía tanto que lágrimas brotaron de sus ojos.

—Respira —ella lo intentó pero no fue fácil. La áspera mejilla de Sirius raspaba la suya como él se meneaba. Lágrimas escaparon de las esquinas de los ojos de Hermione, él tenía que haberlas sentido como estas se deslizaban por sus mejillas. —Falta poco, cachorrita. Esta es la peor parte, trata de relajarte —en ese momento ella sintió un dolor tan agudo por muy dentro de su ser.

Ella inhaló para contener el llanto que realmente quería soltar. Finalmente, él estaba sumergido plenamente dentro de ella, y Hermione agradeció que él se tomara un momento para sólo permanecer allí. Cuando se hizo evidente que ella de todas maneras no iba a relajar sus músculos, él comenzó a penetrarla, retirándose un poco antes de volverse a empujar, Hermione podía sentir cada pequeño movimiento que él hacía. Y todos le dolían.

Lo más que podría decir, es que por lo menos no duró mucho. Después de sólo unos minutos de poco profundas y lentas inmersiones, Sirius gruñó sobre su hombro y se puso rígido. Ni siquiera tuvo tiempo para salirse de ella cuando Martin ya se encontraba de pie junto a la cama, hablando.

—Muy bien. Regresaré el martes para nuestra siguiente sesión —él bajó a prisa las escaleras y salió por la puerta principal.

Sirius gruñó mientras se salía de su cuerpo y él se rodó sobre su espalda. Hermione se cubrió hasta la barbilla con la sábana y se quedó muy quieta, sin estar segura de lo que se suponía que debía de hacer acto seguido. Mirando fijamente al techo, ella pudo verlo lanzar uno de sus brazos sobre su propio rostro como ahogaba un gemido.

—Lo lamento si no fue... si yo no... ha pasado algo de tiempo de que estuve con una mujer —murmuró él, sumido en su codo.

—¿En serio? —ella obligó a su tono a sonar casual. —¿Desde hace cuánto? —a ella realmente no le importaba, no es como si lo supiera diferenciar.

Él sonrió ante algún pensamiento interno antes de alejar su brazo de su rostro. —Desde la primera fiesta de cumpleaños de Harry.

—¡Qué! —ella no pudo ocultar el asombro en su voz. No estaba segura de que era lo que esperaba, pero por seguro no eran casi diecisiete años de abstinencia. —Pero yo pensé... ellos siempre insinuaron que tú eras, bueno, ya sabes lo que dicen de ti.

Él se rió un poco alto y la miró. —A lo mejor sí, pero cuando estuve en Hogwarts. Sin embargo, desde entonces estábamos en medio de una guerra, yo no estaba disponible para visitas de cortesía cada fin de semana, en ese momento. Y luego... luego Azkaban sucedió. Y después de que escapé, tenía asuntos más apremiantes en mi mente. Después de eso, me encontraba huyendo y sin importar cuán lejos pensara que había ido, siempre habían fotos mías en los periódicos o escaparates de las tiendas. Además, no olvides mi chispeante personalidad una vez que me uní a la Orden, no es como si hubieran habido muchas nenas disponibles en tal ocasión, para empezar —él hizo una pausa y se giró de costado para mirarla de cerca. —Hermione, las mujeres simplemente no han sido prioridad en mi lista últimamente. Prefiero compañía reservada. Del tipo que no requiere gran necesidad de mi atención. Como Kreacher —otra sonrisa. —¿Quién alguna vez habría imaginado que preferiría la compañía de Kreacher que la de una nena?

—Wow —susurró ella, en voz baja. Ni siquiera sabía qué comentar ante eso. Ella se mantuvo en silencio durante tanto tiempo que se tornó un poco incómodo de nuevo, y Sirius se rodó sobre su espalda. —Um... por dónde debería... quieres que yo... esto es difícil.

Él le soltó una risa y se incorporó, teniendo cuidado de no jalar las sábanas, por lo que ella le estuvo agradecida. —Yo me saldré, ¿te parece? Tú tómate tu tiempo, date una ducha —él señaló a una puerta cerrada que ella no había notado. —Y me aseguraré de que tu habitación se encuentre lista. Sal cuando estés lista.

—Gracias —Hermione capturó su mirada y esperó que él comprendiera lo mucho que le estaba agradecida.

Sirius le guiñó un ojo y salió al pasillo, cerrando la puerta tras él. Ella estaba vagamente consciente del hecho que él aún traía los bóxers puestos. Al parecer, no había estado tan cómodo con la situación como lo había hecho parecer.

Lentamente, con cuidado, Hermione se puso de pie. Le dolían lugares que no tenía ni idea que existían. Ella cojeó todo el camino hacia el baño y se sumergió con alivio en la humeante bañera que ya se encontraba preparada, se hizo un recordatorio de agradecerle a Kreacher por esto, por la mañana. Supuso que la bañera tenía alguna especie de poción sanadora, debido a que el profundo dolor disminuyó y se encontró bastante relajada. De hecho, casi se había quedado dormida antes de acordarse de dónde se encontraba. Gruñendo un poco, se salió de la bañera y se metió en la bata calientita que le habían dejado colgada para ella y se puso el par de suaves pantuflas de terciopelo.

Salió de puntitas del baño y vio que la cama había sido cambiada y que Sirius se encontraba acostado en esta, boca abajo. —¿Sirius? —lo llamó suavemente, acercándose a él silenciosamente. Estaba profundamente dormido sobre las sábanas, sin duda, él había tratado de esperarla a que terminara su baño. Realmente tenía una debilidad por el hombre, se podía imaginar llevándose bien con él en los años por venir. Como ella lo dijo, si no podía tener amor, al menos podía conformarse con cariño.


Disclaimer: Ésta es una traducción al español, oficial y autorizada
por Remuslives de su fanfiction "Empty", mayor información en perfil.