Capitulo III
Movió insistentemente su mano golpeado con sus nudillos su escritorio de madera, con un sonido constante, tratando así de controlar sus nervios pero el silencio de la habitación era aún más perturbador. Miró con impaciencia su teléfono esperando que en un momento a otro este sonara, dejo salir de sus labios un sonido de molestia. Debía de tratar de calmarse, estaba seguro de que haría cualquier cosa para que la encontraran y si el grupo de detectives no la encontraban, despediría a todos esos incompetentes.
Habían pasado más de diez meses desde que aquella mujer había huido y el mismo tiempo que la había estado buscándola para que le devolviera a su hijo. Aunque debió de haber intuido que algo así pasaría. Pero había sido un tonto al haberle confiado a su futuro hijo a una jovencita desesperada. A pesar de los estudios que el mismo psicólogo había dicho de ella, la había marcado como sentimental y aprensiva. Pero él lo había mandado al carajo y la había elegido como madre de su hijo, sobre todas aquellas posibles candidatas. Aunque no era el tipo de mujer que hubiera invitado a salir, como todas aquellas rubias con cuerpo de modelo con las que acostumbraba ser acompañado. Había habido algo en ella que le había llamado su atención, tal vez su notable inocencia. Pero la cual solamente había demorado los primeros meses de embarazo para después huir con el dinero y su hijo.
Después de mirar el teléfono por enésima vez, se levantó de su asiento para dirigirse al mini bar, torpemente se sirvió una copa y tomo de ella, regando más de unas cuantas gotas y sin siquiera detenerse a saborear su exquisito sabor se la bebió de un sorbo. Volvió a servir la misma cantidad de alcohol en ella, estaba decidido a tomarse toda la botella cuando de pronto escucho sonido de la puerta que se abrió con un fuerte golpe. No se volteó a mirar; sabía perfectamente quien era, ya que solo había una persona que se atrevería a entrar a su oficina sin su permiso.
― ¿Me podrías decir qué diablos estabas pensando, Sesshoumaru?― escucho la ronca voz de su padre.
Antes de voltear bebió rápidamente tu copa dejándola a un lado, miro con fastidio la molesta cara de su progenitor sabiendo la discusión que vendría a continuación, la cual estaba decidida a reprimir.
―Dijiste que querías un nieto― dijo alzando los hombros, en forma de restar importancia.
― ¡Te dije que era tiempo que te casaras y tuviera hijos, no que solamente que tuvieras hijos!― espetó su padre con notable histeria.
El matrimonio no existía en el vocabulario de Sesshoumaru, aunque estaba seguro que a más de una le hubiera gustado escuchar de sus labios la palabra "matrimonio" había decidido que podrían quedarse esperando. Ya que no quería que ninguna mujer se sintiera con el derecho de controlarlo, había decidido alquilar a una madre para su hijo. Había estado convencido que era lo mejor, una mujer que le daría un hijo propio la cual solo se haría cargo de el por nueve meses y después podría olvidarse de ella.
―Deberías de sentirte feliz de que por primera vez hago lo que me pides…aunque sea solo a medias― termino de decir y con la misma tranquilidad que lo caracterizaba se dirigió a su asiento de cuero negro y sentarse en él, sin importarle todas las palabras que su padre le dirigía.
No había necesidad de responder a todos sus insultos, ya que no podía regresar el tiempo para impedir que hiciera lo que ya estaba hecho.
Inutaisho sabía que gritarle a Sesshoumaru era igual que estar gritándole a una gruesa piedra pero aun así descargo parte de su furia con ello. Después de que Inutaisho lograra disminuir por un momento su furia y había logrado pensar con más tranquilidad se había dirigido a uno de los asientos enfrente de su hijo.
― ¿Y dónde demonios esta la madre de mi nieto?
Sesshoumaru guardo silencio, también a él le hubiera gustado saber en dónde se había estado escondiendo. Había puesto a los mejores detectives de Japón a buscar algún dato para dar con ella, pero parecía que la tierra se la había en tragado por completo.
Dos semanas después, al fin los detectives que había contratado habían hecho su trabajo. ¡Habían encontrado a Kagome!
Su nombre había sido registrado junto a su dirección en uno de hospital pediatra de Tokio, ahora solo era cuestión de lograr infiltrarse en la base de datos para poder por fin encontrarla. Sesshoumaru estaba más que seguro que haría pagar a Kagome Higurashi por todo el lio en que lo había hecho meterse.
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Kagome borró de su lista una vez más otro de los números de posibles trabajos que había marcado un día antes, apenas había pasado una semana desde que había sido despedida del restaurante en donde se había encontrado laborando por los últimos ocho meses ahora necesitaba encontrar uno nuevo. Ya que pronto vendría el pago de la luz y la renta y no podía dejar que una vez más Sango se ocupara de hacer los pagos. No, ella tenía su propio gasto. Pero la búsqueda de un nuevo trabajo era una difícil misión, ya que ninguno le dejaba el suficiente tiempo para llegar antes de que la guardería donde se encontraba su pequeña hija cerrara.
Dirigió su mirada al pequeña corral que había instalado en medio de la sala y vio con ojos amoroso como su hija jugaba con un conejo de peluche, vio como por momentos daba pequeñas risitas y en otros mordía una de las orejas de su pobre amigo.
Parecía tan ajena a todos los problemas que rodeaban a su madre y viéndola así nadie pensaría que hacia solo un par de días que había acabado en el hospital por una fuerte fiebre. Se había sentido tan asustada de que a su pequeña le pasara algo grave que había decidido quedarse con ella hasta salir del hospital, había faltado por unos días al trabajo por lo que el dueño del restaurante había decidido despedirla.
Pero al ver a su bebé nada de eso importaba.
Se levantó de su asiento para dirigirse a la cuna. Al llegar a su lado vio como la bebé dejaba su muñeco a lado para alzar su pequeñas manos dirigiéndolas a su madre cerrando y abriendo sus puchito, Kagome sintió como el corazón se le encogía y la tomó en brazos.
― Karin, ¿Ya te cansaste de jugar?― pregunto con un voz amorosa, sabiendo que solo tenía seis meses y faltaba mucho para que pudiera responderle. La bebé movió su boca haciendo pequeños sonidos ― Tienes hambre, ¿no es así? ― los ojos de su bebé se iluminaron y estiraba sus manitas hacia ella.
Se sentó en el sofá con su pequeña en brazos y le dio el pecho, en cuestión de segundos la bebé comenzó a succionarlo gustosamente. Pareciendo que su vida dependía de ello.
Acaricio con cuidado su fino y negro cabello, del mismo color que el de ella. Se sentía maravillada al ver cada uno las diminutas y perfectas facciones de su hija. No se cansaba de mirarla con detalle. Aquella pequeña nariz y unos labios en forma de corazón. Era muy parecida a ella misma de pequeña aunque con unos ojos idénticos a los de su padre. Pequeños ojos dorados que la veían fijamente los cuales poco a poco comenzaban a cerrarse, avisando que en unos instantes entrarían en un profundo sueño.
Los primeros meses de embarazo, Kagome estaba segura que aunque fuera difícil y que después se arrepentiría de ello, podía entregar a su bebé. Pero en el primer momento que había sintió moviéndose dentro de ella, algo dentro de ella se había derrumbado. Aquel diminuto ser que crecía dentro de ella era su única familia. Sabía que debía hacer lo imposible para quedarse con él.
Así que había decidido huir y esconderse para evitar que le arrebataran a su hijo. Pero al encontrarse sola y sin ningún familiar al cual pudiera recurrir, había decidido pedir ayuda a su amiga Sango, la cual sin meditarlo ningún momento había aceptado en ayudarla.
Habían pasado ya diez meses desde que se refugiaba en el departamento de Sango, a pesar de ser un lugar pequeño se habían adaptado a vivir juntas. Kagome no le había dicho a Sango el por qué estaba huyendo, y ella tampoco había preguntado por que, por lo que había agradecido que no se lo preguntará y ofreciera su ayuda tan desinteresadamente. El tiempo habían transcurrido y su pequeña estaba creciendo rápidamente sin ninguna señal de Sesshoumaru Taisho. Sin embargo Kagome sabía que en cualquier momento podía ser encontrada y obligada a cumplir el contrato que había firmado y que entregará a su bebé.
Movió la cabeza tratando de quitar esos pensamientos de su mente. Se levantó con cuidado para evitar que Karin se despertara, para ponerla en su cuna dejo al conejo de peluche cerca de ella, para que cuando despertara pudiera seguir torturando a su pequeño amigo. Se detuvo un momento para una vez más admirar como dormía.
Cuando de repente escucho el timbre de la puerta principal, dirigió su vista al reloj. La hora de salida de Sango había sido hacia media hora, no podía creer que se había pasado tan rápido el tiempo.
― ¡Ya voy Sango, espera!― respondió cuando el timbre volvió a sonar.
Se dirigió a abrir la puerta lo más rápido que pudo, y de pronto se encontró con aquella robusta figura frente a su puerta. Su rostro se desfiguro en un gesto más parecido muy pánico.
No podía ser real.
Debía de ser una ilusión producto de su terrible imaginación ó tal vez debido a las dos noches en vela que había pasado al lado de su hija. Pestaño más de una vez, segura que aquel horrible ilusión pronto se borraría, pero la figura de Sesshoumaru era tan real y palpable que podía sentir su aliento cerca de ella.
― ¿Qué haces ahí?... ¡Vete!― trató de controlar muy bien su voz, decidida a no mostrarse vulnerable ante aquel poderoso hombre.
―Usted sabe muy bien a lo que he venido, señorita Higurashi― dijo Sesshoumaru mientras la recorría por completo con un ceño fruncido.
Sin esperar ser invitado se dio paso dentro del departamento. Miro a su alrededor despectivamente, aquellas paredes con tapiz desprendido, los horribles muebles y se preguntó "¿Cómo alguien podía vivir en esas condiciones?". Pero aquel pensamiento fue rápidamente alejado, cuando sus ojos se posaron a aquel corral en medio de la sala.
― ¡Ni se te ocurra acercarte!― le advirtió Kagome, poniéndose frente a el tratando que no se acercara a la cuna.
Defendería a su bebé, no dejaría que se la arrebataran. No, no podía dejar que se la llevará.
Sesshoumaru la retiro fácilmente de en medio, con una mano la aparto de su camino haciendo que resbalará a un lado. Para después dirigirse a donde estaba la bebe . Se detuvo al ver por primera vez a su hijo, sintiendo por primera vez como el pulso se le aceleraba. Aquel pequeño bulto con cabello azabache que dormía plácidamente era su hijo. No hizo ningún intento de tocarla.
Vio con disgusto como Kagome se inclinaba a tomar al bebé en sus brazos, tratando de escondérselo con su cuerpo. La cual le dirigía una mirada, muy parecida a una leona defendiendo a su cría.
― ¿Qué diablos crees que estás haciendo mujer?― pregunto en un tono acido.
¿Con que derecho creía que su hijo le pertenecía? ¿Es que no recordaba que había firmado un contrato en el cual aceptaba a deslindarse de su hijo en el mismo momento en el que naciera?
― ¡Te he dicho que te fueras!― trato en vano de parecer desafiante, pero poco a poco el miedo se comenzaba a apoderar de ella.
―Está bien me iré…
Aquellas palabras hicieron que por un momento Kagome sintiera alivio, para después sintiera un terrible miedo. Cuando el sentencio.
―Pero me llevare al niño conmigo.
Sesshoumaru dio una paso hacia ella y esta se aferró a un más a aquel cuerpecito con fuerza pero con no la suficiente como dañar a su hija. Karin debió sentir que algo estaba mal, por lo cual en ese momento comenzó a llorar. Sesshoumaru se dio cuenta que sería imposible arrebatarle a su hijo sin que ella pusiera resistencia, por lo que podían dañar al bebé en aquella lucha.
― ¿Necesitas que te muestre los documentos donde aceptar darme al niño una vez que naciera, por la cantidad que tan gustosamente cobraste? ― vio como el rostro de Kagome comenzaba a verse tambaleante ―No será necesario ¿No es así?
―Te devolveré cada centavo, pero no te daré a mi hija― espetó acariciando suavemente la espalda de la bebé en un intento de callar su llanto.
― ¿Es mujer?― pregunto perplejo, dándose por primera vez cuenta de la ropita color rosa que la bebé tenia puesta.
Kagome recordaba perfectamente que Sesshoumaru había deseado un varón, ya que según el médico se había asegurado de engendrar un niño. Por lo cual cuando había nacido Karin se había llevado una gran sorpresa. Tal vez ahora que sabía que había tenido una niña tal vez solo se daría la vuelta y se iría. Pero al ver cara de Sesshoumaru se dio cuenta que a pesar de no era el niño que había planeado también quería arrebatarle a su hija.
―Si… es niña, no un niño como habían prometido― le recordó tratando así que Sesshoumaru se desinteresara por su hija ―Pero aun así, te devolveré hasta el último centavo que se me dio.
― ¿Realmente crees que dejare a mi hija a cargo de una niñata, para que viva en un lugar tan horroroso como este?― dijo señalando con los ojos el humilde departamento el cual había sido su hogar por todos esos meses. ―Ahora entiendo por qué termino en el hospital hace una semana, este lugar es un congelador― Kagome lo miro sorprendida, pensando lo tonta que había sido de dar su nombre completo y dirección cuando Karin había enfermado, no se detuvo a pensar en lo fácil que iba a ser para una persona con dinero como Sesshoumaru que le dieran todos sus datos.
―Solo fue una gripe, ahora Karin está bien.
Sesshoumaru dirigió su mirada a su hija la cual había dejado de llorar, y cuando la bebé giro su cabecita para ver al extraño que se encontraba en medio de la habitación, y pudo ver aquel rasgo tan característico de la familia Taisho. Unos ojos tan dorados como los suyos en aquella carita con mejillas regordetas y sonrojadas debido al llanto.
No había duda de que era su hija.
―Si no quieres dármela; está bien no, insistiré más… pero será mejor que te prepares con los mejores abogados porque lucharé por quedarme con mi hija, y te advierto que de todos modos ganare, ya que ningún juez dejaría que una bebé este con una madre que no pueda mantenerla ni darle un techo digno, si tiene un padre que la puede llenar de todos los lujos y comodidades― dicho esto dio la media vuelta para dirigirse a la puerta. ―Ni se te ocurra escapar, porque te lo haré pagar caro― amenazo antes de salir.
Cuando la puerta se habia cerrado, Kagome se dejó caer al suelo sosteniendo con cuidado a su pequeña, con su mirada fija a la nada, tratando de procesar lo que había sucedido. La había encontrado. Sesshoumaru al fin había dado con ella. Después de tantos meses su peor pesadilla había aparecido.
Por un momento pensó en huir, a algun lugar donde Sesshoumaru no la pudiera encontrar. Pero ¿a donde podía ir? No tenia los recursos ni lugar a donde pudiera escapar con su hija.
Miro con ojos nublados a la pequeña que se encontraba en sus brazos, la cual con su diminuta boca estaba haciendo pequeñas burbujas de saliva y reía cuando estas se reventaban, rió con amargura antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas. Ya que estaba segura que no lograría ganarle a Sesshoumaru Taisho.
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Hola a todos, tenemos nuevo capitulo de esta historia, espero que las haya gustado.Muchas gracias todos sus lindos mensajes no saben como cada una de sus opiniones me alientan a seguir escribiendo para ustedes.
linithamorse77: Gracias por seguir esta historia. Al fin aquí esta la continuación espero que haya sido de tu agrado. Muchos saluditos
jon chan: No sabes como me alegra que leas mi historia a pesar de que no este en tu idioma. Espero y puedas seguirla :)
Yuli: Tienes razón los hijos requiere dedicarles mucho tiempo, pero solo lo que le interesa a Sesshoumaru es tener un heredero y no un matrimonio. Ahora veremos como se las arregla a través del transcurso de los capítulos. Nos leemos pronto.
zabitam1975: Como tu lo pediste al fin hubo conversación con estos dos, aunque no le fue muy bien a Kagome. Espero que esta historia haya atrapado tu atención y puedas seguirla. Saluditos
Selene T H.: Muchas gracias por tu mensaje ¡Ya tenemos continuación de esta historia!
okita kagura: ¿De quien será el hijo de Sango? La verdad es que ni yo lo vi, solo apareció por un momento y se fue! Maldito Monje! jajaja. En cuanto a Inu y Kikyo buen la verdad es que no los he contemplado para esta historia, no se si en el transcurso hagan su aparición estelar. Ahora vamos a esperar que pasa con el bebé se quedará con Kagome o Sexymaru? Muchas gracias por tu mensaje. Nos leemos pronto!
Muchas gracias a cada unos por tomarse su tiempo para dejarme un pequeño mensaje. Y aquellos que están siguiendo también gracias, espero que se animen a dejar y pueda saber su opinión. Nos leemos la próxima vez!
