N/A: ¡Hola! Tenía pensado subir este capi al cumplirse una semana del tercero, pero, pensé que como se me hace imposible enviarles un regalito para Navidad; podía este bien suplirlo y así estar un poquito en el hogar de cada uno.
Gracias a todos por sus reviews (Moonlightgirl; Dogmalaley; Amelia Badguy). Y por cierto, mi papá ya está bien, claro que a su edad, cuesta más recobrarse absolutamente del todo, pero, él está bien. Gracias por tu preocupación, Dogma. Un gran beso.
¡Y Felicidades para todas!
AmaterazuHime.
CAPÍTULO 4. JUSTIFICACIÓN.
Disclaimer: Los personajes de Labyrinth no me pertenecen.
Sarah intentó empujarle, pero, sin mayor logro. ¡¿Cómo se atrevía él a besarla de nuevo?! ¿Cuánto más desdichada podía ser su vida ahora que el Rey Goblin le había robado su primer beso? ¿Cuánto más le robaría tan sólo por vengarse? Ella se debatía entre el miedo y el enfado; el odio y la atracción; el desacuerdo y la sumisión. ¿Por qué, sin embargo, su cuerpo reaccionaba como si él tuviera una llave para abrir todos sus secretos? Él no podía ser real, se suponía que él nunca aparecería, que nunca existiría. Rió para sí con amargura. ¿Cuántas veces lo había anhelado en secreto? ¿Cuántas veces ella había pensado en él como el príncipe encantado de su cuento? Y los príncipes encantados no existían, como no existía nada de lo que hablaban esas historias. ¿Entonces, quién era esta... persona? ¿Acaso sería alguien que sabía sobre su ilusión, sobre aquel libro y estaba usando esa fachada para aprovecharse? No, eso era imposible. Ella jamás había dicho palabra al respecto, a sabiendas de que nadie le creería.
Jareth se adueñó de su boca con dominio, pero, pronto volvió a caer en esa pequeña trampa que era toda ella. Lentamente su beso se fue atemperando y su abrazo perdió rudeza, mas no firmeza. ¡Por nada del mundo le daría la oportunidad de huir! Una mano descansaba en el arco de su cintura, la otra tras la nuca, donde sus dedos comenzaron a acariciarla. Ella seguía tensa, asustada y totalmente a su merced. Era gracioso cómo teniéndola en sus brazos no podía pensar claramente. Él, un experto estratega. Claro que, ella lo convertía en un mero incauto, de no ser así, ese beso habría ocurrido un año atrás. Ella no dejaba de pelear y él liberó sus labios sólo cuando se le acabó el aire. La miró a los ojos, esos condenados inocentes ojos ahora llenos de desafío, furia y… ¿era eso deseo?
Sarah deseaba abofetearlo, pero, no era tan tonta como para no saber que de hacerlo, las cosas podrían empeorar. Nadie desafiaba o agraviaba al Rey Goblin sin consecuencias. Lo había aprendido durante su sueño… Viaje, se reprendió. Y ahora estaba más claro que el agua, él había venido por venganza. Tan sólo por haberle dejado en ridículo con sus crueles trampas e ilusiones. Esos ojos endemoniados que aseguraban lo soberanamente cruel y despóticos que podían ser… Esos mismos ojos que la hicieron derretir y decepcionar en aquel ballroom.
—Ahora… —habló él luchando por apagar su encendida mirada—, ¿ya podemos dejar a papi afuera y atender nuestros propios asuntos?
—¡Yo no tengo ningún asunto que atender contigo! ¡Tú estás muerto y enterrado para mí! —Él le había dicho una vez que ella podía ser cruel y eso era cierto.
—¿Estás tan segura, chiquita? Porque de ser así yo no estaría perdiendo tiempo con una niña bobalicona como tú —Sarah se sintió indignada. ¡Él había venido y le había robado sin derecho alguno lo que ella creía firmemente que ella debía haber decidido su destinatario, y ahora le estaba diciendo que era una niña!
—¡Pues, si no te gusta, allí tienes una ventana! ¡Vuela o mejor aún arrójate por ella!
—No, no me iré por ninguna ventana. En pocas palabras para que lo entiendas… —Repiqueteó su elegante dedo sobre la punta de la nariz de la muchacha—: no-me-i-ré —Sarah tenía ojos grandes, pero, él jamás pensó que lo fueran tanto como ahora.
—¡¿Qué quieres decir?! —se perturbó.
—Lo que oíste. Necesito un sitio donde hospedarme y… —Miró la pequeña habitación. No era grande ni lujosa, pero, todo cuanto él necesitaba estaba allí. Sonrió— tu cuarto me parece de lo más acogedor, cosa preciosa. Algunos pequeños arreglos, quizás… —Observó la pequeña cama individual…—. O quizás no —Rió por lo bajo al pensar en cuán incómodo podría ser para ambos, y especialmente para ella.
—¡Ni en tus sueños! —Ella le empujó y él dejó que ella se liberase—. ¡Este es mi cuarto y yo no te he invitado, Rey Goblin! ¡Así que vuelve por donde viniste! —Él la miró con una maquiavélica sonrisa.
—Mira, cosa preciosa… —Se acercó a ella con actitud imponente con las manos en sus caderas, Sarah intentó no retroceder, pero, de sólo pensar verse atrapada de nuevo en sus brazos...—, TÚ has hecho estragos en mi reino —Se tensionó haciendo que ella se amedrentara más—, y por TU culpa hace un año que no sé lo que es dormir bajo un techo firme y seguro, teniendo que soportar las inclemencias del tiempo, así que no me vengas con que no te parece bien, TÚ, pequeña ingrata egoísta.
—¡¿Cómo te atreves?! ¡Esta es MI casa y yo no te he invitado! —Jareth sonrió ante la seguridad de sus palabras.
—¡Oh! ¿No lo hiciste? —le dijo con tanto cinismo como cuando ella le reclamó que le regresara al niño.
—¡No! ¡No lo hice! —Se sintió más segura.
—Bueno… —Ahora su rostro descendió sobre el de ella quedando a corta distancia—, déjame decirte, mi Sarah, que de no ser por ti yo no podría haber llegado hasta aquí. Gracias —murmuró en su oído para seguidamente verla con sorna. Sarah recorrió su rostro. Él parecía estar muy seguro de lo que afirmaba.
—No… No puede ser. Yo… ¡Yo no te invité; estoy segura!
—¡Ay, Sarah, Sarah! —Se dirigió hacia la cama donde se recostó cruzando sus piernas a la altura de sus tobillos y llevando sus manos por detrás de su cabeza—. Por supuesto que no me enviaste una invitación escrita ni nada que se le parezca. Después de todo, soy un fey y tu invitación fue más… ¿Cómo decirlo? ¿Informal? No, no —Se hizo el pensativo—. Esa no es la palabra. Íntima. Esa es más correcta —Sarah ahora al borde de la inseguridad de su propia coherencia, porque a veces solía abrir la boca antes de pensar, fue hacia él viéndolo preocupada.
—¿Cómo que yo te invité? —Jareth la observó con una amable e inamovible sonrisa. Su mirada pasó de las verdes lagunas a las blancas piernas que la camisola cubría hasta la mitad de los muslos, de allí a los dos botones desprendidos del cuello y de vuelta a sus ojos.
—Bueno, mi chiquita, cuando tú usas el nombre de un fey, en este caso yo —explicaba con gran satisfacción viendo el techo con gran comodidad desde su ubicación—, y lo nombras tres veces, lo estás invitando a entrar a tu vida… por siempre —remarcó las palabras en una especie de sugerente susurro. Sarah quedó congelada.
—¡¿Cuándo te he nombrado tres veces, eh?! ¡A ver, dime!
—Bueno… —La miró con el ceño fruncido como quien está pensando cómo explicar las cosas de modo que el otro pueda comprenderlas o… 'digerirlas' mejor—. ¿Sarah, sabías que tú sueles hablar dormida?
—¡¿Que yo qué?! —Ella gritó horrorizada, de una manera que, a no ser por el hechizo de él, hubiera hecho temblar hasta los cimientos de la casa victoriana—. ¡¿Acaso tú me andas espiando?! —Sus mejillas se sonrojaron cuando advirtió la desvergonzada mirada que le dio de reojo con sus labios curvándose hacia el mismo punto a donde se dirigían sus ojos.
—¿Por qué tanta bulla, mi nena? Actúas como si yo te hubiere estado espiando en algún momento que no debiera —"Tú eres mía y, por ende, no hay momento en el cual no pueda verte, mi cosa preciosa." Sarah se relajó un poco, quizás, pese a todo él tuviera cierto sentido del pudor—. ¿Acaso temes que justo en el momento en que te observe te estés bañando o algo así y descubra que tienes algo así como…? Yo no sé… —Pareció pensar—. ¿Cómo un lunar en tu espalda? —La observó a modo de ensayo—. ¿Más allá de tu espalda? —Su sonrisa se amplió y ella se abochornó sin saber si él la había visto realmente o sólo la estaba probando—. Yo sólo me aseguraba de que aún estuvieras sana y salva —Suspiró dramáticamente—. Tal parece no puedo dejar de ser generoso —La atisbó por el rabillo del ojo. Sarah seguía viéndolo en un remolino de emociones. Jareth pensó que ese preciso instante era uno de esos para reordenar el tiempo una y otra vez para poder disfrutarlos plenamente. Enfado, confusión, vergüenza, frustración, entre tantas otras emociones a las que podía poner nombre, y a otras tantas que parecían querer escaparse de su conocimiento y de hecho lo hacían.
—¡De todas maneras —ella cambió la dirección de la conversación—, TÚ no tienes que estar aquí! ¡Yo…! ¡Yo soy una chica y tú un hombre…!
—Un fey, chiquita —dijo con calma en medio de los nervios de ella.
—¡Como sea! ¡Un fey-hombre, hombre, fey, demonio o lo que quieras! ¡Así fueras mi abuelita, que en paz descanse, y fueras TÚ, NO tienes que estar aquí!
—¡Uh! —La miró fingiendo espanto—. Sí que eres desalmada. Con razón los medios te critican —Hizo aparecer unas revistas con Sarah en la portada en el momento exacto que daba su mejor golpe a la pelirroja—. "La hija de Linda Williams se expresa pero con violencia" —La arrojó al suelo con desinterés y leyó la otra—. "Ni en las mejores películas de acción de la actriz Linda Williams se ven escenas como esta" —Esta terminó igual que la otra en el suelo, él todavía tenía un buen par en su poder—. Esta es buena —Sonrió viéndola—. "¿Sarah Williams piensa dedicarse al boxeo?" —rió. La irritada muchacha frunció sus labios y fue hacia él para arrebatarle la revista que terminó en un cesto de desperdicios. Él se había quedado con un par más y se apartó un poco hacia el otro lado de la cama para que ella no pudiera quitárselas—. ¿No te gusta la fama? ¿Quién te entiende, cosa preciosa? Hace un año atrás dabas hasta a tu propio hermano por ello y ahora deseas humildad.
—¡Yo NUNCA hubiera dado a Toby por ello, Rey Goblin, así que cierra el pico y quítate de allí!
—Bueno… Tú me diste a tu hermano. ¿Acaso no era a cambio de tu 'libertad,' de 'tus sueños'?
—¡Yo no quise! —ella juró indignada.
—Sí, sí… —dijo con cansancio—. Ya he oído eso antes, ¿recuerdas? Ahora, déjame terminar mi lectura, es de mala educación interrumpir. ¿Acaso así te portas cuando vas a la biblioteca? —hablaba viendo la siguiente portada—. No es de extrañar que te hayan suspendido de esa escuela tan prestigiosa en la que papi te ha inscripto —Sarah trataba de pensar en cómo quitarlo primero de su cama, después de su cuarto, luego de su casa y, para terminar y de ser posible, del planeta tierra. Él, como si nada, volvía a sonreír ante la siguiente fotografía de las dos muchachas siendo separadas por dos profesores—. Me pregunto… ¿estas dos personas siguen vivas?
—¡Ya cállate! —dijo entre dientes arrojándose prácticamente sobre su brazo para terminar con todo ese… 'repentino fanatismo'—. ¡Entrégamelas! —chilló cuando él se sentó y elevó el brazo con las ediciones.
—¡Oye! Estas son mías. Ya te entregué al niño una vez, después de que me estuviste fastidiando por trece horas, ahora quieres mis revistas. ¿Qué vendrá después? ¿Mis goblins para que hagan tus deberes? ¿Quizás mis camisas para dormir por las noches y no extrañarme?
—¡Cállate! —rugió ella, ahora ambos arrodillados sobre la cama—. ¡Dame esa maldita basura!
—Ya hablas como una estrella, amor. Mami debe estar orgullosa de ti —dijo con una exagerada sonrisa. Sarah brincaba en sus rodillas luchando por alcanzar su objetivo, que, de repente, se convirtió en una perfecta esfera de cristal que él descendió y sostuvo frente a ella con diversión. Sarah quedó muda e inmóvil viendo cómo él manipulaba el orbe con destreza—. ¿Lo quieres? —Le ofreció el objeto—. Entonces olvídate de tu actitud egoísta y explícame por qué tienes una figura mía en tu tocador —Ella dirigió un rápido vistazo hacia el otro lado de su pequeña ventana, donde estaba el mueble y se sintió morir. ¡¿Cómo podía haberlo olvidado?! ¡Pero, claro que no era su culpa! ¿Cómo iba ella a saber que él era real y aparecería en medio de la nada, en medio de la noche para torturarla? Jareth sonrió al ver que ella ya se había olvidado de las revistas y del tema del por qué él sabía que hablaba en sueños.
—¡Ese no eres tú! —replicó ella abochornada. Sus mejillas parecían dos frescas manzanas a las cuales el Rey Goblin gustaría hincar los dientes. "Entre tantas otras partes." Pensó con maldad.
—Sí, ese soy yo —Se levantó y cruzó la habitación hasta donde estaba la figura que tomó entre sus manos estudiándola—. Claro que, ninguna copia puede ser tan perfecta como el original, pero, bueno… El chico tiene su encanto —Sonrió a Sarah con el muñeco junto a su rostro como si le estuviera ofreciendo la posibilidad de comparación. Sarah entrecerró los ojos. ¡Oh, cómo quisiera ella poder arrojarle con algo!
—¿Sabes qué? —dijo tratando de mantener su crispado tono a raya—. No lo había notado hasta ahora. Ahora que los veo juntos puedo decir que tienes razón —Jareth la observó entornado. ¿Así de fácil; no lo contradeciría?—. ¿Me pregunto cómo pude tener esa porquería allí ocupando espacio? —Esta vez fue el turno de ella de sonreírle, al igual que había hecho aquella vez cuando se había apoderado de las baratijas que colgaban del cinto de Hoggle. Jareth volvió a poner al muñeco en su sitio, dándole por un segundo la espalda a la joven, quizás para evitar que viera cuánto le había molestado. Ya recompuesto se volvió para verla.
—Ya veo —dialogó con un tono amigable yendo hacia ella que todavía estaba en la cama—. Es bueno saber cómo este tiempo en el que hemos estado distanciados ha hecho que congeniemos en algo más que sólo nuestra crueldad. Esta vez debo ser yo quien te dé toda la razón, mi Sarah —Ella se mordió los labios para no evitar sonreír totalmente complacida con su pequeña victoria—. A tu edad, un muñeco de plástico en un tocador no es más que porquería ocupando espacio… ¿Por qué mantenerlo teniendo, en cambio, a un poderoso fey de carne y huesos en toda tu recámara y… —Se volvió a acomodar en la misma de igual forma que antes— en tu cama? Eso es por lejos mucho mejor que un simple muñeco que sólo se queda allí parado, sin hacer nada —La observó de soslayo con malicia. Sarah apretó los dientes… ¡No podía dejar que él tuviera la última palabra!
—¿Un muñeco por otro que estorba aún más? ¡Despierta, Jareth! Ya estoy grande para jugar con vacuos muñecos.
—¿Realmente? —La miró serio—. Sin embargo, mi chiquita, me parece que estás en el momento exacto para comenzar a jugar los juegos que yo tengo reservados para ti... —Le sonrió con sensualidad, en tanto, su enguantada mano alcanzó su muslo y había comenzado a ascender.
Sarah abrió y cerró la boca como un pez en busca de oxígeno. Cuando se recobró, dio un fuerte revés en la muñeca del fey antes de que los dedos desaparecieran más allá de dobladillo de su blanca camisola.
—¡Mantén tus manos lejos, Rey Goblin! Yo no recuerdo haberte dado tanta confianza —Su voz fue fría. Jareth la estudió con el ceño fruncido, ahora sostenido por sus codos clavados en el colchón, la sujetó de la unión de su escote obligándola a inclinarse sobre su amenazador rostro.
—Sarah, NADIE. Ni siquiera TÚ, mi cosa preciosa, me da órdenes, ni yo preciso permiso para hacer lo que me plazca —Tras el primer susto, ella lo miró rebelde.
—Estás muy muy lejos de tu reino, 'Rey Goblin.' Y aquí, no hay nadie para lamerte los pies —le sonrió con regocijo—. Porque tú... no-tienes-poder-sobre-mí —Ella pudo sentir el puño prensarse sobre su prenda y por un instante todo pareció paralizarse. El rostro del Rey Goblin parecía estar cincelado en piedra en un fiero gesto por la forma en que los músculos se marcaron por la tensión. Sarah mentiría si dijera que advirtió el momento en que él la arrojó sobre su cuerpo y giró sobre ella. Ella dio un grito de sorpresa y desconcierto. Él la doblegó bajo su peso; ella forcejeó sin éxito alguno—. ¡No! —gimoteaba como un niño caprichoso para salvarse de su tunda—. ¡Suéltame! —se quejó.
—¡Basta! —ordenó él con ella contorsionándose. ¿Qué acaso no se daba cuenta de que sólo estaba empeorando la situación? Y él no quería terminar con la diversión tan pronto, él tenía todo el tiempo del mundo—. ¡Muchacha insensata! ¡Basta, Sarah! —Fue más severo y ella permaneció quieta, ahora más consciente de las formas del cuerpo de su apresador.
—¡Me lastimas! —se quejó como si él fuera las manos que la ayudaron a descender en el oubliette.
—¿Te lastimo, Sarah? —inquirió con sorna y sujetó su barbilla para obligarla a verle—. Escúchame, cosa preciosa..., tú tienes un gran precio que pagar y aún no he comenzado a cobrarme. Entonces, mi chiquita, no te atrevas a repetir esas palabras de nuevo si me prefieres contemplativo en mi magnánima bondad —Ella abrió la boca como para acotar algo al respecto, pero, él no le permitió gesticular palabra—. Ahora bien, si prefieres conocer qué tan villano puedo ser, Sarah mía... —susurró en su oído dejando una inquietante pausa—, entonces, sigue luchando por liberarte y mantente repitiendo esa maldita frase... —La miró a los ojos con deseo—. Y te prometo, chiquita, que te arrepentirás de no aceptar las cosas tal cual te las ofrezco. Ya lo hiciste una vez, Sarah, y créeme que fue una suerte que no me convocaras al poco tiempo de ello —Sarah tragó sin quitar los ojos de él. ¿Acaso permanecería atrapada en su propia habitación con este rencoroso Rey Goblin?
—Yo... no tengo porqué aceptar lo que tú... —Él puso un dedo sobre sus labios.
—Piensa muy bien lo que vas a decirme, Sarah —le advirtió. Ella volvió a tragar y buscó otra manera de hacer las cosas.
—¿Por qué debo aceptar algo que ofrezcas? —Jareth la estudió cuidadosamente poniéndola más nerviosa.
—Por qué yo soy un rey. Y porque tú me convocaste.
—Aún... Aún no me has explicado cómo es que aseguras que yo te he nombrado tres veces —Él sonrió con ruindad.
—Bueno, mi chiquita, como dije... tú hablas en sueños. Yo me he estado comunicando contigo y tú me respondías en sueños y me has nombrado tres veces.
—¡Vaya mentira! ¡Varias veces después de aquel día te he nombrado tan sólo para ver si existías, y nunca apareciste! —Jareth se sorprendió. ¿Había escuchado bien?
—¿Tú me llamaste? —Sarah descendió la mirada—. ¿Sarah?
—Por favor, quítate de encima mío —le pidió con voz apagada.
—¿Sarah, por qué me llamaste? —Ella intentó moverse, él no se lo permitió—. No me saldré hasta que lo digas —La adolescente parpadeó antes de verle incómoda.
—Yo... no estaba segura de que todo aquello fuere cierto... No estaba siquiera segura si había sido un sueño o un desvarío... Estaba asustada... Pensé que quizás me estaba volviendo loca... Y... tampoco entendía por qué todos habían venido a verme al regresar..., incluso los fireys y hasta algunos goblins... Todos menos tú... Imaginaba que estarías enfadado, pero..., jamás pensé que me odiarías —Él quedó más que desconcertado. ¿Entonces, había sido él quien había prolongado este encuentro? Luego de posarse aquella noche fuera de su ventana, viendo cómo se divertía con todos sus súbditos, él había regresado a su desvastado reino, tan desvastado como su alma ante su desaire. Y por días y meses estuvo sin querer verle, hasta que al fin motivado por su sed de venganza volvió a fijar sus ojos en ella. Mas nunca pudo quitarla de su mente.
—Pero..., tú me rechazaste, Sarah... ¿Por qué luego iba a venir a celebrar mi derrota contigo? Eso no tiene sentido.
—¿Y qué lo tiene? —cuestionó ahora con lágrimas en los ojos—. Tú me lo advertiste, nada tiene sentido para mí... O quizás, para la vida. ¿Quién sabe? Yo siempre doy todo por sentado y luego resulta... —Trató de serenarse.
—¿Qué resulta, Sarah?
—¡Que todo es al revés de cómo lo pienso! ¡Y que por mucho que me esfuerce...! —Su cuerpo era agitado por las lágrimas—. ¡Todo resulta un desastre! —Giró su rostro para no verle. Aunque ya era tarde y él ahora sabía en qué fiasco ella se había convertido.
—Sarah..., mírame —le pidió con suavidad. Ella tenía los ojos apretados fuertemente—. Sarah... —La forzó con un dedo en su barbilla a obedecerle—. ¿En qué momento me llamaste cuando volviste de Labyrinth?
—Cuando Hoggle y el resto me dijeron que si los necesitaba podía contar con ellos.
—¿Y cómo me llamaste, Sarah?
—Yo... —Cerró los ojos—. Yo dije... que sin razón alguna, los necesitaría... a todos ustedes. Cuando vi a los fireys y a los goblins con los cuales me enfrenté en tu laberinto... creí que tú vendrías y que... podríamos ser amigos...
—¿Amigos? —indagó confundido.
—Pero, tú no viniste, ni esa vez ni la siguiente, entonces, yo pensé que todo había sido invención mía. Que mi mente me estaba jugando una mala pasada. Y decidí no volver a llamar a más nadie —"Aún así seguía pensando en ti, llamándote una y otra vez para que vinieras y me demostraras tu existencia."
—¿Y cómo me llamabas, Sarah? ¿Qué decías? —Ella seguía con sus parpados apretados con fuerza.
—Rey Goblin, Rey Goblin, Rey Goblin, si existes... ven a mí. Dime que no fue un sueño... Dime que todo estará bien de ahora en más... —Las lágrimas seguían cayendo—. Pero…, nunca pasó… Y ahora…, hubiera sido mejor que no lo hubieres hecho —Jareth se sentía culpable por no haber entendido aquella noche que ella requería también su presencia; y por haberse dejado dominar por la rabia y la cólera durante los siguientes meses. Aunque tampoco hubiera podido hacerlo al menos que ella lo llamara por su nombre…, pero, él habría buscado alguna forma de hacerlo de haber sabido. Él siempre había creído que todo lo que a ella le sucediera lo tenía bien merecido. Su intolerable padre; los malos entendidos con su madrastra; las decepciones de su madre… Aún así él pensaba que ella estaba pasándola… no bien, pero, mucho mejor que él. ¡Cuán equivocado estaba! Él tenía todo un reino destruido, sí, pero no sus ilusiones—. Ahora sé que fue cierto, pero…, también sé cuánto me odias.
—Yo no te odio —él afirmó viéndola a los ojos. La mirada empañada de la chica mostró escepticismo—. Sí, me enojo, puedo tener un carácter… —carraspeó— un tanto difícil, eso es cierto, pero… Odiar es otra cosa —La enfrentó serio—. Y yo, Sarah, no te odio. No vine antes porque tú dijiste esas palabras… Eran las palabras correctas para deshacerte de mí… y lo hiciste… —Todavía él no podía contener lo que aquello le había ocasionado—. Y cuando llamaste aquella misma noche, yo estaba allí afuera —señaló la ventana—, viendo cómo tú y los otros festejaban mi destrucción. ¿Cómo iba a suponer que deseabas verme? Y aún así, ¿cómo iba a acceder a tu llamado en buenos términos?
—¡No lo sé! ¡Sólo… que cuando vi al resto…!
—Ellos no te habían ofrecido nada o tanto, Sarah —Sus ojos rebelaban intensidad. Y se apartó de ella poniéndose de pie y de espaldas para no cometer un error—. Ahora bien, ya que… hemos aclarado esto, necesitamos hacer algunos arreglos. ¿De acuerdo? —La miró por encima de su hombro.
—¿Qué clase de arreglos? —Ella advirtió que él giró su muñeca y otra orbe apareció en sus dedos, la cual al igual que a la primera, arrojó y pareció extenderse en la habitación que por magia se convirtió en un cuarto digno para una reina… y su rey. Sarah se sobresaltó cuando por debajo de ella la cama se amplió y entonces pudo advertir que 'algunos' arreglos habían sido 'muchos,' y demasiado llamativos. Él parecía estar muy satisfecho con su trabajo, ya que se puso a ver todo alrededor con sus manos apoyadas en sus caderas.
N/A: A todas aquellas que querían saber más sobre los personajes de Dulce Como Un Durazno, les comento que ya he publicado el primer capítulo de la historia de Alin y Gontran. La historia se llama "Entre Un Águila De Montaña Y Un Búho De Granero." Les deseo todo lo mejor en estas fiestas.
AmaterazuHime.
