Capitulo 3

"No hay en la tierra un hombre tan justo que sólo haga el bien y nunca peque".

Eclesiastés 7.20

Aquí estaba yo, despertando del sueño más extraño de mi vida, la neblina roja se alejó de mis ojos y al final pude ver, oler y sentir lo que había debajo de mi, una mujer, mutilada…

Yo… había asesinado a alguien, la culpa carcomió mi alma, de todos los momentos dolorosos de mi vida este era el peor; me había convertido en un monstruo, un asesino ¿Cómo miraría a mi familia a la cara? ¿Qué les diría? Cómo se los explicaría, cuando ni yo lo entendía; en un momento estaba corriendo a casa y al segundo me encontraba a mi mismo sobre esta mujer. El débil sonido que salió de los labios de la mujer me alertó de que podía salvarla…

-Bella… - Fue un susurro casi inexistente, pero de igual manera lo oí.

Me acerque a ella con la intención de ayudarla, su olor me golpeó como una explosión, pero traté de sobreponerme a él.

-Por favor…Cuídala…-Fueron las últimas palabras que salieron de su boca y me congelaron, en mi subconsciente me prometí que lo haría, pero ¿Quién era esa Bella de la que ella hablaba?, me sentí a reacio a revisar sus cosas, pero debía de hacerlo si quería cumplir su última voluntad.

En su bolso encontré una identificación, mi víctima se llamaba René Higginbotham, pero lo que realmente llamó mi atención fue la fotografía que se encontraba detrás, eran dos mujeres sonriendo a la cámara, se notaba que la fotografía la estaba tomando la madre, por el descuadro de la misma.

Me desesperé aun más, había asesinado a una pobre madre, la niña que me miraba desde la foto solo aumentaba mi culpabilidad, ella no me miraba con odio o ira, solo con la más absoluta inocencia y confianza.

Busqué su dirección entre sus cosas y me dirigí hacia allá, entre en la casa de forma silenciosa mientras buscaba un lugar donde dejar mi ofrenda de paz, no era un lugar muy grande, solo un pequeño living comedor como entrada, una cocina aun más diminuta en un lado y al fondo un oscuro pasillo en el que había tres puertas, supuse que el baño y las habitaciones, me avancé hacia una de las habitaciones y me encontré con una muchacha de unos 15 años, ya no era la niña de la foto, era toda una mujercita y además hermosa… continué revisando la casa y casi quise asesinarme cuando descubrí un pastel de cumpleaños con un hermoso numero quince en el refrigerador, parecía que el mundo estaba en mi contra ese día, además de dejar a la muchacha huérfana, lo había hecho el día de su cumpleaños, para ese momento me sentí el ser más despreciable de la historia, a mis ojos mi pequeña ofrenda de paz me parecía ínfima.

Dejé el poema de perdón junto con la rosa en la cama de la muchacha y roge porque tuviera más familia, volví a mi casa con el corazón más pesado que nunca y me dedique a recopilar información de mi víctima, era mi deber el descubrir si tenía más familia, sino debería convencer a la mía de invitarla a nuestra vida.

Estuve toda la noche hasta que descubrí que la muchacha tenía más familia en Forks, Washington. En cuanto fue oficial su traslado a la casa paterna convencí a mi familia de seguirla, era mi deber velar porque su nuevo hogar sea un lugar seguro para ella.

"La confesión siempre es debilidad. El alma verdaderamente fuerte guarda sus propios secretos, y toma sus propios castigos en silencio."

Dorothea Dix

Bueno es cortito y no sé si salió muy bien, me llevo meses entender cómo trabajar la idea que seguía, pero es necesaria esta pequeña introducción para el desenlace final y yo espero que no queden más de 2 o 3 capítulos.

Atte

Kathylove

Ps. Sorry por la demora mis musas seguían lanzándome ideas que nada tenían que ver con esta así que me confundí.