Kate
La Detective se sentó a su lado, apoyando los codos en la barra y se fijó detenidamente en el escritor. Realmente tenía un aspecto bastante desfavorecedor. Llevaba una barba de tres o cuatro días que ni siquiera se había molestado en arreglar, sus ojos denotaban cansancio, tenía ojeras y estaba más delgado, lo cual hacía unos meses le habría alegrado, pero no por este motivo, no por estar triste o deprimente como era el actual caso del escritor.
-¿Quieres tomar algo? – preguntó él, después de girarse y mirarla.
-No – le contestó, fijando su mirada en el vaso de whisky, ya vacío.
-Creí que seguías en Washington ¿estás aquí por vacaciones?
-No. Estoy en la 12th, con los chicos, ayudándoles a resolver un caso.
Él esbozó una sonrisa, con algo de tristeza y se sirvió más whisky. Hubo un momento de silencio que la Detective decidió romper.
-¿Qué tal has estado durante este tiempo?
Castle le dirigió una mirada que denotaba una mezcla de sarcasmo y confusión al mismo tiempo, pero cuando comprendió que se lo preguntaba en serio, le contestó.
-Las cosas ahora son diferentes. Alexis volvió de sus vacaciones con novio, el cual se ha instalado en la misma residencia universitaria que ella. Viene algo menos a visitarme.
Ella se sorprendió a sí misma sonriendo, pero es que realmente se alegraba de saber de Alexis y le alegraba que estuviese bien. No le interrumpió, así que el escritor continuó hablando.
-Mi madre viaja de aquí para allá, liada con sus nuevas obras de teatro. Y con Josef, un actor con experiencia que conoció en uno de sus estrenos.
Volvío a sonreír. Él bebió otro sorbo. Quería decirle que no bebiese más, que era suficiente, pero se contuvo, ¿quién era ella para decirle que dejase de beber?
-¿Y tú? – le preguntó.
-No estoy haciendo nada ahora mismo.
-¿No estás escribiendo?
-No encuentro la inspiración que necesito – dijo, mirándole directamente a los ojos. Aquellos ojos azules se clavaron a los suyos - ¿y tú? ¿Qué tal tu nuevo trabajo?
-Bien. Me han acogido muy bien. Es algo más duro que el que tenía aquí. Ahora apenas tengo tiempo para nada más.
De nuevo un silencio incómodo.
-No me gusta verte así, Rick.
-¿Así? – dijo él, sin saber a qué se refería.
-Bebes todo el rato – dijo, señalando el vaso de whisky que se había vuelto a llenar una vez más – Tu aspecto es descuidado, es como si ya no te importara nada.
-Pues lo siento, pero es lo que hay.
-Castle… - intentó hablar ella, pero él le cortó.
-¿Qué quieres Kate? – Preguntó, en un tono más duro - ¿para qué querías verme?
Ambos se quedaron mirándose unos segundos, en el más absoluto de los silencios. No podía decirle que continuaba queriéndole, que sentía que las cosas no irían realmente como ella se hubiese esperado y que estaba comenzando a pensar que la decisión que había tomado meses atrás fue la equivocada, que sentía estar haciéndole tanto daño. Pero entonces él habló.
-¿Sabes? Todavía a veces me pregunto por qué te fuiste.
Ella lo miró, sin comprender ¿Acaso no había dejado claras sus razones? Él se calló, esperando una respuesta por parte de ella.
-Tenía que aceptar ese trabajo, era una gran oportunidad.
-¿Pero por qué me dejaste?
-Castle, no iba a tener tiempo para nada más, de hecho no lo tengo. No hubiese podido darte lo que tú querías.
-¿Pero cómo sabes lo que yo quería? Kate, yo quería estar contigo, no me hubiese importado hacer un sacrificio y mudarme a Washington, o que nos viésemos menos. Yo solo quería estar contigo.
Una lágrima le resbaló por el rabillo del ojo derecho.
-Sentí que era lo que debía hacer – Su voz se quebró al final de la frase inevitablemente – No podía arrastrarte conmigo y condenarte a una relación en la que apenas íbamos a vernos.
-Pero ni siquiera me dejaste intentarlo.
Tenía razón. Si no lo hizo fue por no hacerle daño, pero en cualquier caso no le dejó intentarlo. Y había acabado por hacerle más daño todavía.
Levantó su vaso, dispuesto a terminarse de nuevo el whisky, pero ella se lo impidió, poniendo su mano sobre la de él. Él le miró y volvió a dejar el vaso sobre la barra.
-Es tarde – dijo, invitando así a Kate a marcharse.
La despedida fue fría, pero no podía reprocharle nada. Estaba en todo su derecho a actuar así, a sentirse de esa manera con ella.
Rick
El escritor cerró el bar y decidió volver andando a casa. Sentía que debía hablar con alguien, quería una segunda opinión sobre aquello. Pero antes necesitaba valorar la situación.
Sentía una extraña sensación por dentro. Volver a verla no le había hecho sentirse mal como él había pensado que sucedería después del daño que le había causado; por el contrario se sentía con más fuerza y sentía una extraña alegría por haberla visto. Estaba realmente guapa, a pesar de que su mirada denotaba un poco de tristeza. Ya no era la chica alegre que él solía hacer sonreír, a la que le llevaba el café todas las mañanas, la que le despertaba acariciándole el pelo…. De pronto sintió cuánto añoraba todo aquello. Cuánto la echaba de menos y cuánto quería todo aquello de vuelta.
Cuando llegó a su apartamento, su madre estaba preparándose un cóctel Rodgers, como ella lo solía llamar. El escritor agradeció al universo que su madre hubiese vuelto ya de la gira, su confidente, la persona que mejores consejos solía darle aunque no lo reconociese delante de ella.
La actriz besó la frente de su hijo, abrazándolo al mismo tiempo. El escritor le devolvió el abrazo.
-¿Qué ocurre? – le preguntó ella.
Tras explicarle la vuelta de Kate a la ciudad y contarle su encuentro, Martha sacudió la cabeza de un lado a otro.
-¿Qué piensas?
-Cariño, sigues enamorado de esa mujer.
-No puedo olvidarla - confesó Rick - la quiero, con toda mi alma y, no creo que nunca pueda olvidarle.
Martha cogió las manos de su hijo.
-Pues ve y habla con ella. Díselo.
-Pero ella…
-Por dios, Richard. Katherine sigue enamorada de ti ¿por qué te crees que te ha dicho todo eso? Ambos os queréis. Y a no ser que seáis unos tontos no lo desperdiciéis, te lo dice alguien que ha pasado más de la mitad de su vida intentando encontrar a alguien.
Gracias por los comentarios!
