IV. Secreto

Un suspiro brusco. Un gemido. Unos segundos después pudo comprender que fueron suyos.

Khan sentía dolor intenso en todo su cuerpo. No había ni un solo centímetro en el que no sintiera malestar. No quiso ni moverse, temía que se intensificara. Se sentía mareado, como si estuviese en un acelerador de partículas. No quería abrir los ojos, aunque no supiera donde estaba.

¿Cómo logré llegar aquí? Pensó.

Pasados unos segundos, al no obtener la respuesta sarcástica usual de ese indeseado inquilino mental, sonrió.

Pues de mala gana, mira qué mal nos sentimos.

Su sonrisa se extinguió tan pronto se creó.

¿Todavía aquí?

¿Aún no te acostumbras?

Creí que te habían matado. Que te habían vuelto cenizas… así como yo me sentí. Como me siento. ¡Maldición, sigues vivo y nos intentarán rostizar de nuevo!

Mientras tú no seas obvio, yo seguiré en las sombras.

Entonces la freidora será mi nueva mejor amiga porque hasta que no te salgas de mi mente no dejaré de delatarte.

Bien, entonces quedarás hecho un vegetal.

Seremos dos, malnacido.

Ambos escucharon un ruido casi perceptible. Hicieron silencio. El ruido desapareció muy rápido, pero la alerta se había creado en Khan. Apretó un poco los ojos y contuvo un jadeo por la molestia.

Estiró el brazo y sujetó otro. Gimió por el esfuerzo. Un jadeo no suyo le acompañó.

Abrió los ojos finalmente, a pesar del dolor.

—No quise despertarte —confesó Marla McGivers en un susurro, temblando de pies a cabeza. Él la miró apenado y la soltó. Ella volvió a respirar.

— ¿Qué me hicieron?

—Nada bueno. Es una locura que estés vivo —masculló. Khan frunció el ceño y ella sonrió —. Lamento decirlo de esa forma pero es la verdad. Tú eres una locura. Rompes todas las barreras que me crearon en la universidad, eres superior a todo mi entendimiento.

Khan le sonrió.

—Buena manera de despertar.

—Para todo lo que has sufrido, esto no es nada —dijo negando con la cabeza —. Kurt es una bazofia. No entiendo como quedó en ese rango tan rápido.

—Buena figura, sonrisa seductora —dijo Khan acomodándose lentamente en la cama. Marla se sonrojó —. Oh, yo no siento nada, pero he observado cómo reaccionan otros hombres. Supongo que soy inmune.

—Me alegra escuchar eso —dijo aliviada. Khan frunció el ceño. Ella tragó fuerte —. Me-me refiero a que me alegra el que ella no tenga poder sobre ti. Es despreciable.

— ¿Entonces por qué trabajas para ella?

—Sigo órdenes de superiores. Yo antes estaba en otra división, pero me pidieron que me uniera a una nueva fase de investigación y ya ella había sido escogida como mi jefa. No fue mi culpa.

—Pudiste rehusarte.

—No quise porque sentía mucha curiosidad por examinarte —confesó haciendo una mueca. Khan asintió —. Morbosidad científica. Así le llamo.

—No está mal.

Ella le sonrió y le acomodó la almohada bajo su cabeza.

— ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?

—Casi un mes. No miento cuando digo que estuviste muy mal.

Khan abrió los ojos de par en par. Vaya que había dormido.

—Ella quería matarme.

—Ella lo negará, pero sin duda ese era su propósito. Revisé el resumen de la máquina inmediatamente después que estuviste estable y la cantidad de energía que usó en ti era para asesinar a todos en este edificio —Khan entornó los ojos —. Estoy a punto de demandarla por lo que hizo.

— ¿Por qué soy importante?

Ella apretó los labios ligeramente. Pensó su respuesta.

—Eres único, y morir de esa forma, era injusta.

—Porque de esa forma no tendrías a alguien con quien experimentar.

—No —dijo ella con firmeza y algo ofendida. Khan la miraba con fiereza y ella se quebró —. No quería que murieras.

— ¿Por qué?

Ella suspiró y cerró los ojos, reteniendo dos lágrimas.

—Porque sí.

—Esa no es una respuesta.

—Lo sé, prometo que algún día tendré la respuesta que deseas oír.

—O la que necesito —dijo él mirando sus manos entrelazadas. Ella contuvo el aliento. Sonrieron.

—Por cierto, no le diré a nadie que aún está esa voz dentro de ti.

Khan exterminó su sonrisa y la fulminó con la mirada.

—Khan, relájate. Yo no soy Kurt, no te haré daño —dijo Marla, empezando a hiperventilar.

— ¿Cómo sé que puedo confiar en ti?

—Porque soy la única en esta habitación.

Khan suspiró y se sujetó la cabeza con ambas manos.

Tiene razón.

Detesto que ambos tengan la razón.

Confía en ella.

¿Por qué?

Porque te mira de la misma forma que Molly Hooper me miraba a mí.

¿Quién es Molly Hooper?

— ¿Te está hablando? —preguntó ella en un susurro.

Él asintió. La miró de soslayo.

—Deberías escucharlo. Quizá sea de ayuda.

—Gracias a él casi me volvieron cenizas, creo que no me ayuda realmente.

—Conócelo bien.

—No.

—Hazlo.

—No.

—Tienes que hacerlo, porque por lo visto es bien resistente y necio.

Me agrada.

¡No me digas!

— ¿Y tú cómo sabes lo que me conviene o no? Estoy aquí, así, porque nunca te he importado.

Marla entornó los ojos. Sonrió a medias. No quiso ofenderse, sentirse miserable, pero no pudo.

—Estás cansado. Hablaremos después.

—Si alguien llega a enterarse de…

—Nadie lo hará.

—… Te aseguro que te mataré —continuó aún así. Marla tensó la mandíbula.

—Lo sé. Fuiste creado para eso —dijo ella sin expresión en su voz, justo antes de salir. Khan suspiró.

Eres un idiota.

Somos dos, entonces.

Oh, sí. No lo dudes. Yo actué de la misma manera con Molly… Idiota, sí.


Marla caminaba con pasos lentos cuando de repente sus piernas se detuvieron en seco. Se aferró a la pared, cubrió su rostro con su mano derecha y comenzó a llorar desconsoladamente.

Intentó ahogar sus gemidos, pero falló también en eso.

Marla McGivers sí que fallaba.

Se odió con todas sus fuerzas por lo que había hecho.

Khan Noonien Singh tuvo razón en todo. Ella era una miserable. Era una mujer perversa. Obsesiva. Destructiva.

Recordó cuando trajeron a Sherlock Holmes directamente de la explosión.

Su rostro estaba algo quemado, tenía una contusión cerebral muy fuerte y tenía varios cortes algo profundos en el resto de su cuerpo.

El equipo de Marla por un momento creyó que habían perdido el tiempo con Sherlock Holmes.

La contusión pudo significar un retraso en su magnífica mente, la cual necesitaban entera para poder comenzar sus juegos con él.

Para mala suerte de Sherlock Holmes, era un hombre realmente fuerte.

A los días, logró salir del coma, pero inmediatamente lo indujeron a otro, para poder comenzar con su misión: Crear al hombre perfecto.

Marla McGivers trabajó día y noche sin descanso con el cuerpo de Sherlock Holmes. Suspiraba de asombro cada vez que tenía que examinar su cerebro. Cada vez…

Solía alabar a las teorías de científicos experimentales que planteaban que para crear al ser perfecto, solo se necesitaba conseguir la mente y el cuerpo se formaría después.

Pues, Sherlock Holmes era esa mente tan ansiada.

Cuando creyeron, en una gran cantidad de veces, que habían podido controlar su mente, Holmes les atacaba e intentaba huir. En ninguna ocasión logró correr más de 10 metros.

Entonces era cuando ellos tenían que aplicar el Deleting Process. Borrar todo lo vivido por Holmes, otra vez. Y sí que lo tenían que hacer con constancia.

El equipo de Marla era implacable.

Aun cuando a ella le desesperaba escuchar los gritos de dolor de Sherlock, el equipo, liderado por Meridan Kurt, seguía inyectándole los químicos para hacerlo más fuerte. Parecía como si estuviesen sordos con todo lo referente a lo que Sherlock Holmes pudiera decir, o gritar.

Con el pasar de los días, él fue cediendo.

Y con ese ceder, vino el remordimiento de Marla.

Ya no solo trabajaba en él, sino que lo observaba dormir. Detallaba esos labios gruesos y de perfecta forma de corazón, rojos casi siempre y pálidos cuando el dolor era insoportable. Sus cejas pobladas siempre recibían caricias por parte de McGivers. Sus pómulos eran tan filosos y perfectos.

Una vez se quedó dormida junto a él.

Marla dejó de llorar. No quería que alguien apareciese y le hiciese preguntas. Realmente no estaba de buenas para eso.

Se mordió el labio con fuerza.

Estaba viviendo una versión aún más morbosa de Frankenstein: Se había enamorado de su creación.

¿O es lástima? Le dijo una vocecita en su interior.

—No, no es eso —sonrió ella con pesar.


PERDÓN. PERDÓN. PERDÓN. PERDÓN. PERDÓN. PERDÓN. PERDÓN. PERDÓN. PERDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON.

La idea quedó clara, espero :(

En verdad lamento el retraso. Entre una cosa y otra, el tiempo se me fue volando como si hubiese sido un Jet y ahora la Universidad me quiere comer. Terrible. Pero logré conseguir un huequito para escribir el cap de este fic, porque con Novilunio estoy muchísimo más adelantada. Les toca esperar a ellas/os ahora :P :)

Espero les haya gustado muuuuucho :D Besos :* :)