Disclaimer: todo pertenece a J. K. Rowling.

Esta historia participa en el Desafío extremo de Harry Potter año 1 del foro Hogwarts a través de los años.

Distintos puntos de vista

4. Tom Ryddle

Tom nunca había tenido una mascota. En el horfanato muggle donde se había criado no estaba permitido tener animales y cuando llegó a Hogwarts tampoco es que estuviera demasiado interesado en tener alguno. Los gatos le daban cierto repelús y no tenía necesidad de ninguna lechuza ya que no había nadie a quien quisiera escribirle una carta. La idea de tener un sapo ni siquiera se le pasó por la cabeza.

Sin embargo, en los últimos tiempos le había estado dando vueltas a la idea de tener algún otro animal. No un simple animalito de compañía sino algo que pudiera utilizar para matar. Un animal poderoso que fuera su símbolo.

No tardó demasiado en decidir lo que quería tener. Una serpiente, una gran serpiente venenosa que devorase a sus enemigos. Sí, la idea le gustaba. Por supuesto no podría tenerla en el colegio, a los profesores les daría un ataque. No obstante, podía conseguir una cuando saliese y ciertamente quedaba poco tiempo para eso.

Comentó la idea con Emmanuel. El chico lo miró fijamente pero no le dijo nada. Emmanuel casi nunca decía nada a menos que fuera absolutamente imprescindible y precisamente eso era lo que más le gustaba de él a Tom.

Si Emmanuel hubiera pensado que estaba equivocado no hubiera dudado en decírselo, pero nunca malgastaba pàlabras en dar su aprobación. Eso también le gustaba a Tom. Le gustaba saber que Emmanuel sería sincero con él, porque eso podía ser de gran ayuda en sus futuros planes. Siempre era útil contar con alguien con quien compartir opiniones y que tuviera buenas ideas, porque en las escasas ocasiones en las que Emmanuel compartía sus ideas casi siempre eran del agrado de Tom.

El último día que pasó en Hogwarts solicitó un puesto como profesor de defensa contra las artes oscuras que no le concedieron. Esa noche, ya fuera del castillo, fue una de las pocas veces que Tom, o cualquier persona, vio bromear a Emmanuel Nott.

–Bueno, míralo por el lado positivo. así podrás tener esa serpiente. –

Tom se echó a reír hasta que comprendió por el ceño fruncido de su ¿Amigo? Que Emmanuel no estaba bromeando.

Años más tarde le hablaría de ese momento a su recién conseguida serpiente. El animal se limitaría a replicar que los humanos podían llegar a ser rematadamente estúpidos en ocasiones. Tom, que ya por entonces habría dejado de ser conocido como Tom, pensaría entonces que a lo mejor no estaba tan bien tener una serpiente, pero en ocasiones posteriores encontraría más ventajas que defectos a su mascota. Nagini, al igual que Emmanuel, era una persona (o más bien una serpiente) extremadamente crítica con sus planes y tuvo que reconocer que eso le sirvió de ayuda en numerosas ocasiones.