CAPÍTULO 4
Cameron se sintió extraña al entrar aquella mañana al departamento de Diagnósticos. Tras el enfado que había mostrado House el día anterior no sabía cómo comportarse; ignoraba si él seguiría enfadado con ella o no, incluso ignoraba si el enfado había sido real o él lo había fingido para llevar a cabo algún plan. Se sentó pesadamente en su silla a la espera de que sus compañeros aparecieran. Había llegado inusualmente temprano, antes que de costumbre; Foreman y Chase no aparecerían hasta media hora más tarde y House nunca entraba a trabajar antes de las diez. Aquella mañana no le apetecía ni preparar el café, lo que realmente le apetecía era pensar en todo y en nada, estar sola algunos momentos más en la sala, pensar en él una y otra vez. Nunca se cansaba de hacerlo.
A los cuarenta minutos de llegar ella a trabajar apareció Foreman por la puerta. Se le veía apresurado, ella miró al reloj y comprobó que su compañero llegaba tarde. Él miró a todos lados para asegurarse de que nadie lo había visto llegar a esas horas. Cameron lo tranquilizó.
- Nadie ha llegado aún. Ni siquiera Chase. Tranquilo, tu secreto está a salvo. -bromeó con él.
- Buenos días, Cameron. -contestó Foreman aliviado- Me alegro de que no haya nadie aún. Llevo toda la semana retrasándome. Sé que a House no le importa, pero Cuddy...
- Ella tampoco ha pasado por aquí. He estado sola. -contestó ella intentando tranquilizar a su amigo.
- He oído que ayer discutiste con House. ¿Algo importante? -preguntó él con curiosidad. Levantó las cejas y miró fijamente a Cameron.
Ella sintió que le corazón le daba un vuelco. Podía mentir en aquello, muchas veces había afirmado cosas que no eran verdad, pero en esos momentos le pareció que todo lo sucedido era demasiado importante. Estaba muy nerviosa, creyendo que Foreman se daría cuenta de todo lo que pasaba por su cabeza del mismo modo que había sido capaz de ver cómo House la miraba. Cameron decidió en aquellos momentos sorprender a su compañero y confesar más de lo que él mismo pensaba que ella haría. Cuando más confiada la encontrara menos suspicaz estaría él.
- Hablé con él sobre lo que me dijiste. -Foreman se sorprendió al oirla decir aquello.
- ¿Me estás diciendo que le hablaste con él de...? -no le hizo falta terminar la frase. Los dos sabían de qué hablaban.
- Le dije que Chase y tú habíais notado que él me miraba de manera diferente desde hace un tiempo. -tosió al terminar la frase. Estaba muy nerviosa, pero sin saber cómo, conseguía mostrarse tranquila exteriormente. La mirada y los gestos de Foreman cada vez la intranquilizaban más. Su compañero no parecía muy cómodo con la idea de que ella hubiera confesado a su jefe que ellos hablaban de él y de sus posibles relaciones.
Foreman se llevó la mano a la boca, ligeramente asustado. Le pareció que Cameron los había metido a los dos en un lío, ahora ni Chase ni él sabrían cómo comportarse frente a su jefe, compartían algo parecido a un secreto, sabían de algo de su vida privada; y lo que era peor: él sabía que ellos lo sabía. Cameron intentó tranquilizarlo.
- Se enfadó conmigo, no con vosotros. -Foreman volvió a mirarla confuso mientras andaba de un lado a otro de la sala.
- ¿Contigo? - ella asintió levemente y bajó la vista al suelo. Realmente, podía ser muy buena actriz cuando se lo proponía.
- Por lo que parece le pareció una actitud de niña de cinco años que fuera a decírselo. Sus palabras exactas fueron que "era patética". -continuó mintiendo ella- Supongo que se le pasará. -Cameron levantó los hombros en señal de que aquello no le importaba demasiado.
Foreman se extrañó ante la supuesta reacción de su jefe. Unos días antes el deseo que sentía por Cameron era patente y después se molestaba porque ella le contara que otras personas habían notado su cambio. Pensó que quizá posiblemente fuera aquello lo que peor sentaba a House, que alguien fuera capaz de ver a través de sus muros e intuir lo que pensaba y sentía. Sin darle más importancia al asunto decidió ignorar lo que ocurriera con respecto a él, tarde o temprano se le pasaría el enfado con Cameron como se le había pasado con todos con los que alguna vez se había enfadado.
Cameron sintió su cuerpo estremecerse cuando vio a House aparecer por la puerta algunos minutos después. Chase entró poco después que él, conteniendo la respiración e intentando que su jefe no le viera llegar tarde. Resultaba extraño, a House nunca le había importado que sus empleados se retrasaran, pero ellos tenían demasiado sentido de la responsabilidad como para hacerlo. Sigilosamente, el joven médico se sentó en su asiento y esperó a que House comenzara con el diagnóstico. Entró en su despacho, arrojó su mochila a una esquina y, jugando con un palito de madera entre sus dientes, se dirigió cojeando hasta la sala de diagnósticos.
- No me miréis con esas caras, -les gruñó- no tenemos caso. Parece ser que Cuddy quiere que nos toquemos las pelotas todo el día y no nos ha buscado ningún enfermillo. -continuó bromeando. Los tres médicos se miraron con paciencia.
House anduvo de nuevo hasta su despacho, alcanzó unos historiales que se encontraban sobre su mesa y volvió a entrar en la sala de diagnósticos. Tiró las carpetas sobre la mesa de cristal y miró a Cameron.
- Tú, a consultas. Tendrás para toda la mañana mientras los demás descansamos y nos miramos las uñas de los pies. Andando. -le dijo a Cameron seriamente y mirándola a los ojos.
Ella se quedó mirándole sorprendida. No esperaba que él reaccionase así con ella. Podría esperar que no la hablara o que se mostrara indiferente, pero explotarla, hacerle pasar consultas toda la mañana le pareció demasiado. No conseguía adivinar qué podría haber molestado tanto a House para que se hubiera enfadado así con ella, era incapaz de saber qué había hecho para que él estuviera tan molesto y para que la tratara así. Se levantó lentamente de la silla, recogió las carpetas de la mesa muy despacio, quizá esperando a que él confesara que todo había sido una broma y que no debía hacerlo; pero él no articuló palabra. Dejó que ella recogiera las historias y anduviera hasta la puerta. Antes de salir se volvió hacia sus compañeros de nuevo, que presenciaban la situación atónitos. Cameron salió por la puerta, dejando a los tres hombres en la sala. Tenía una profunda sensación de tristeza. A la incertidumbre de no saber qué había hecho podía ahora sumar la culpa. Pensó que seguramente merecía algún castigo. Algo tendría que haber hecho para que él se enfadara tanto y que la rechazara de aquella manera. La rechazaba, la había mandado a pasar consultas toda la mañana para no verla. Entró en el ascensor conteniendo las lágrimas detrás de sus ojos.
Más de cuatro horas más tarde caminaba con cansancio por el pasillo del hospital donde se encontraba Diagnósticos. Había pasado una por una todas las consultas de House y de sus compañeros, incluidas las suyas propias. Había sido una de las mañanas más duras de los últimos meses, y no únicamente por trabajar varias horas seguidas sin descanso. Durante toda la mañana no había podido evitar que House se adentrara en sus pensamientos. Había repasado una por una todas sus acciones del día anterior, todas sus palabras y sus frases. Había buscado palabras de perdón, pero no encontraba nada por lo que disculparse. Se frotaba enérgicamente la piel de la frente mientras caminaba, absorta en sus pensamientos, cuando chocó contra alguien en el pasillo.
- Perdón, Dra. Cuddy. -se disculpó al ver la cara de su jefa frente a ella, mirándola con curiosidad.
- ¿Estás bien, Cameron? -preguntó Cuddy preocupada.
- Estoy bien, gracias. -Cameron giró la cabeza para ver en qué parte del pasillo se encontraba. Vio a su derecha la puerta del cuarto de lencería, donde se guardaban las sábanas limpias y los camisones para los pacientes. Lentamente se apoyó en el marco de la puerta, aplastando su hombro contra la madera.
- No tienes buena cara. Quizá tengas gripe. -le diagnosticó Cuddy. Cameron suspiró profundamente. No era gripe, ella lo sabía; ni siquiera estaba enferma. Estaba muy cansada y preocupada. Sintió que Cuddy la estudiaba con la mirada y se centraba en sus rasgos. Se sorprendió al sentir algo frío y duro contra su pierna, justo encima del tobillo. Pudo notar alguna clase de instrumento rodeando su pantorrilla y tirando para sí hacia el cuarto de lencería, a su derecha. No quiso mirar hacia abajo y a su pierna para no levantar sospechas en Cuddy, pero ella intuía qué podía ser aquel artilujio asido a su pierna.
- Estoy bien, Dra. Cuddy. Sólo estoy cansada. Las consultas no me han sentado bien. En cuanto descanse estaré perfectamente.
- Lo espero, Cameron. -contestó Cuddy sinceramente- No querría que cayeras enferma, eres la única que soporta a House.
Las dos mujeres se despidieron, Cuddy se fue andando por el pasillo, buscando a alguien mientras caminaba. Cameron se mantuvo de pie al lado de la puerta, sintiendo aún el frío objeto contra su piel. Bajó la vista al suelo y vio la empuñadura del bastón de House rodeando la parte más baja de su pantorrilla. La puerta de la lencería estaba entreabierta y la luz apagada. Alguien tiró del bastón hacia dentro con más fuerza mientras la puerta se abría y Cameron veía cómo la persona en el interior la agarraba por el brazo y la metía dentro del cuarto. En la oscuridad de la estancia sintió su respiración caliente contra su piel.
- Te estaba esperando. -le dijo House en un susurro, acercando su mejilla a la de ella. Levantó los brazos hasta rodear su cintura, besó la piel de su cara como hiciera el día anterior en el ascensor del hospital. Ella se mantenía de pie, tensa, con las manos colgando, inmóvil.
- House... -dijo ella con un hilo de voz.
- ¿Has pasado miedo, Cameron¿Has creido que había dejado de...? -no terminó la frase. Realmente no se atrevía a terminarla. En aquella situación habría sido capaz de decir cualquier cosa de la que después se arrepentiría. El temblor en el cuerpo de ella le hizo saber la respuesta a aquella pregunta. La apretó aún más contra su cuerpo, no podía dejar que ella pensara que él la había echado de su vida. Recorrió su piel con los labios, olió su cuello y la besó lentamente.
- No vuelvas a hacerlo nunca. -le rogó ella- Creí que estabas enfadado y que... -no pudo terminar la frase. Él levantó los brazos hasta situar una mano a cada lado de su cara. La miró fijamente, a pesar de la escasa luz del cuarto.
- Como si pudiera. -contestó él antes de besarla en los labios profundamente, reviviendo los pocos momentos en los que habían estado juntos. Se detuvo en su sabor y en la suavidad de su piel. Durante días se había prometido no caer en la tentación que ella significaba, pero la atracción era mayor que su fuerza de voluntad y deseaba tenerla entre sus brazos y besarla sin descanso. Ella deseaba lo mismo, por lo que al oirle decir aquellas palabras recuperó la movilidad y levantó los brazos hasta rodear su cuello y acercarlo aún más para sí, intentando sentirlo lo más cerca posible.
Se besaron durante minutos, completamente ajenos a que se encontraban en un minúsculo cuarto del hospital y que podían descubrirles en cualquier momento. Ninguno de los dos podía detenerse, era demasiado placentero, un territorio inexplorado, les traía recuerdos demasiado dulces como para dejarlo.
- Me has hecho -le besó en los labios- pasar consulta -le volvió a besar- toda la mañana. -le acarició la barba y volvió a besarle, más profundamente. Él rió ante la acusación de ella. Realmente lo había hecho por dos razones, una de ellas era que quería que ella se asustase.
- Gracias a tu trabajo de esta mañana -comenzó a decir él con sus labios aún sobre los de ella. Bajó los brazos de nuevo hasta su cintura- he podido mandar a esos dos a casa. -la besó de nuevo suavemente- Estamos solos. -se separó de ella para que pudiera ver su cara y cómo levantaba las cejas una y otra vez rápidamente. Ella rió en voz baja y acercó su cara a la de él para volver a besarle.
- Así que este era tu plan para hoy. ¿Tienes más ideas? -le preguntó mientras él desabrochaba la camisa de ella y dejaba entrever su ropa interior. Él agitó la cabeza y sonrió. Levantó la vista hasta ella y, metiendo las manos por su camisa y acariciando su espalda, le habló.
- ¿Siempre hablas tanto cuando haces el amor? -ella llevó sus manos hasta la cintura del pantalón de él y comenzó a soltar su cinturón.
- No. -respondió ella sonriendo y acercándose a él para besarle de nuevo- Sólo antes.
