Hola a todos y todas.

Les doy las gracias a todos por sus reviews, desde luego no esperaba tener tantos, espero no defraudarlos.

Continuamos con el manual de supervivencia para magos en apuros:

Manual del perfecto naufrago:

3- Enciende un fuego. Esto puede parecer algo trivial en una isla desierta, pero un fuego tiene un buen número de usos. El más básico uso es una buena dosis de moral. Hacer una buena fogata es una de las primeras tareas, y conseguirlo levanta el ánimo a todos. El fuego también puede ser usado para destilar agua, cocinar y proveer luz tanto a tu como a los que vengan a rescatarnos. (Si no puedes empezar un fuego o no te da la gana, no te preocupes, seguro que hay una sabelotodo que ha leído como hacerlo, y luego te lo restregara por la cara.)

Primera noche, haciendo una fogata

El atardecer teñía el mar y el cielo con unos hermosos colores anaranjados, el sol se había convertido en una esfera roja que ya tocaba el agua provocando maravillosos efectos de luz y color. La castaña, se quedó embobada mirando, era precioso, no había visto una puesta de sol como esa en su vida. – Que bonito. – Susurró.

-¿Bonito? – Graznó Snape que acababa de sacar la cabeza de otro riachuelo cercano, y la miraba perplejo, con el pelo chorreando sobre su cara. – No sabemos qué clase de bichos puede haber por aquí. Mientras era de día la cosa estaba más o menos controlada, pero ahora de noche…somos potencial comida para cualquier cosa.

La chica se estremeció, en su mente aparecieron todo tipo de bestias salvajes del National Geographic. – Pero va a anochecer, no podemos seguir andando. - No era solo la oscuridad y los bichos, las piernas le dolían a horrores, el cuello le ardía, los pies los tenia sollados, estaba hecha un autentico desastre, no sabía si sería capaz de andar mucho más.

El profesor resopló. – ¿No me diga Granger?, ¿Quiere que le dé unos puntos por su asombrosa deducción? - La miraba enarcando una ceja con ese gesto tan cínico. Hasta cuando no tenía más narices que darle la razón, lo hacía de modo insultivo.

Aunque no quería que se lo notase, él también estaba hecho un poema. No solo eran las quemaduras que le ardían en la cara y el cuello. Los pies, maldecía a la arena una y mil veces, y al asqueroso calor. Sus botas de piel de dragón eran de lo mejor para caminar grandes distancias, llevar el pie sujeto y protegido para cualquier tipo de percance, sobre todo si era un derrame de una poción. Pero no estaban preparadas para la arena que llevaba dentro de los calcetines, y entre los dedos, la suerte que tenía, era su gran resistencia al dolor, pero aun así las condenadas llagas le dolían cada vez más. Apoyó la espalda cansadamente contra el tronco de una palmera y se dejó resbalar hasta quedar sentado en el suelo. Necesitaba mucho sentarse, pero no sabía si después tendría fuerzas para levantarse.

Miró con cierta admiración a la leona. No pensaba que fuera capaz de seguir su ritmo, y la chica le había sorprendido. En esos momentos se había despojado de las zapatillas y tenía los pies metidos en el riachuelo, suspiraba por el alivio que le producía el agua fresca en las rozaduras. Eso era lo que debería hacer él, pero a ver si tenía narices de moverse. – Ya no estoy para estos trotes. – Murmuró mientras armándose de valor, comenzaba a desatarse los cordones.

Granger estaba más calmada, durante las últimas horas al menos no la había insultado demasiado. Observó de reojo a su profesor, tenía la cara contraída en un gesto de dolor y concentración mientras se sacaba una de las pesadas botas y vaciaba la arena del interior. – "Si le duele, jodase. " –Pensaba para sí con malicia, nadie le obligaba a recorrerse media isla a pleno sol a la orden de "paso ligero", que se creía que era esto, ¡la mili! Miró de nuevo al cielo, aun quedaba suficiente luz, pero pronto anochecería. Lo mejor sería encender un buen fuego, eso alejaría a cualquier bicho que rondase por allí.

Salió del cauce y se acercó al hombre, estaba tan concentrado en la forma de retira el grueso calcetín que ni se percató de ella. –No sería mejor tratar de encender fuego.

Hizo una mueca de fastidio. – ¿Y cómo, si puede saberse? – La miraba como a un bicho raro. – Las varitas siguen sin funcionar. – Graznó. – Si tiene alguno de esos artefactos muggles, ¿encendedores? ¿No?

Ella negó con la cabeza. –Pensé que tendría una solución. Como usted lo sabe todo. –Lo último lo dijo con recochineo. Snape se dio perfecta cuenta, y sus ojos se entornaron en una mirada de odio.

Hermione, se giró, una gran sonrisa de satisfacción se dibujaba en su cara mientras comenzaba a alejarse. El muy engreído, no lo sabía todo. No tenía ni idea de hacer fuego sin magia. Buscó por los alrededores algo de madera seca. De algo le habían servido los años de campamento de verano con los scouts, antes de ingresar en Hogwarts, de aquello habían pasado muchos años, pero aun recordaba el método.

Snape ahogo un gemido al desprenderse del primer calcetín. La visión era bastante desagradable, tenía los dedos llenos de ronchones rojos, y heridas sangrantes donde primero había habido ampollas. Apretó los dientes la ver las grietas entre los dedos. Cocidos, sus malditos pies estaban literalmente cocidos. Con un cabreo monumental se sacó la otra bota y la lanzó con furia un par de metros, se sacó el calcetín, se arremangó los pantalones por las rodillas y renqueando con los calcetines en la mano llegó al riachuelo. Lentamente introdujo los pies y se sentó en la orilla pedregosa. – Merlín…- Cerró los ojos y suspiró con alivio al sentir el agua fría aliviando sus heridas.

Al cabo de un par de minutos, volvió a la realidad. ¿Granger? Miró a su alrededor, ya casi había oscurecido, y la maldita niñata había desaparecido. Dio un gruñido. – ¿Dónde habrá ido? Y anocheciendo. – Gruñó. – Si se cree que voy a ir a buscarla esta apañada. A mí como si no vuelve. ¡Mejor! Más tranquilo. – Un crujido de ramas secas llegó a sus oídos, se volvió hacia la espesa vegetación, y pudo ver a la chica deslizándose entre las sombras, volvía a paso ligero y bastante cargada. - ¿Qué se le habrá ocurrido ahora a esta? – Alzó las cejas al verla arrastrar un par de troncos. Llevaba mas ramas bajo el brazo, y en la otra mano usaba su camisa para transportar algo dentro. El caballero que llevaba dentro le instaba a ayudarla, pero pugnaba con el Severus borde, cabreado y sobre todo cansado, ganando por goleada el segundo. Nadie le había pedido que fuera a buscar "ramitas".

La chica soltó su carga con bastantes malos modos, bajo unas palmeras y se arrodilló en el suelo. Colocó uno de las maderas más anchas y planas ante ella en el suelo y tomó un palo más fino con las manos. Tomo aire como cuando se preparaba para contestar un examen complicado y colocando el extremo de este último sobre el tronco comenzó a frotarlo rápido haciéndolo girar rápido entre sus manos.

Snape la miraba con gesto escéptico. ¿Tratando de hacer fuego al estilo muggle troglodita? Recordaba haberlo leído en algún libro sobre muggles, pero el método le pareció absurdo teniendo su varita…pero en esta extraña situación. - ¿Fuego frotando dos palitos? ¡Vaaaaaaaa! - Se podría reír en su cara cuando se diera por vencida.

La chica continuaba con la cabeza gacha, muy concentrada en su labor, inclinada hacia adelante. No se había puesto la camisa azul y solo llevaba una ajustada camiseta de tirantes blanca, desde donde estaba tenía una vista privilegiada de su escote. Tragó saliva, ¿desde cuando la condenada cría tenía esas curvas? – "¿Que estas pensando Severus?" – Se dijo mentalmente, al tiempo que sacudía la cabeza y trataba de mirar a otro sitio. Decididamente el maldito sol lo había trastornado.

Miró los dedos de sus pies bajo el agua cristalina, los movía con pereza, ya parecían algo menos entumecidos. Tenía que pensar algo que hacer con las malditas botas. Para comenzar empezó a enjuagar los calcetines en el agua, si al menos conseguía limpiarlos ya sería algo, después ya pensaría en el tema de la cena.

Hermione bufó de frustración, pese a que ya había anochecido el calor seguía siendo muy pegajoso, y estaba sudando la gota gorda friccionando las maderas, en ese momento fue más consciente que en toda su vida de lo privilegiada que había sido al ser una bruja, y haber aprendido a usar su magia para las cosas más triviales. Eso también era una desventaja en ese momento, ahora sin ella se sentía completamente desvalida. Por un momento pensó que en una situación como esta los muggles tenían la ventaja de saber usar sus manos, o tal vez no, el mismo apego que ellos tenían a la magia, tenían los muggles por la tecnología y en ese lugar poco valdría la misma. Se retiró un mechón de la cara y con otro resoplido continuo con lo suyo.

Snape salió del riachuelo, escurrió los calcetines y se acercó con su gesto de sarcasmo en el rostro. La miró desde arriba. – No se cansa de esas tonterías muggles. – Comentó con toda su suficiencia. - ¿Ahora se dedica a jugar con palitos?

La castaña no se molestó ni en mirarlo. - ¡Murciélago! – Gruñó, descargando su rabia al frotar con más energía. El hombre se encogió de hombros, se alejó en busca de un cocotero con varios de sus frutos a mano. Con un salto se hizo con uno de ellos, lo sopeso y le quitó la corteza ayudándose con una rama partida, satisfecho volvió donde seguían sus botas.

Los ojos marrones de la gryffindor se abrieron de par en par, pese a la oscuridad atisbo que un poco de humo surgía del punto donde frotaba. Rápidamente, echo encima unas hojas secas y soplo, como por arte de magia una pequeña llama anaranjada surgió. La chicha gritó de júbilo haciendo que el profesor de pociones se machacara un dedo con la piedra con la que trataba de abrir el coco. Él maldecía y sacudía la mano, mientras la chica reía y añadía mas madera al fuego que se hacía más intenso.

-¿Quién juega con palitos? – Reprocho la chica mirándolo con gesto de triunfo.

-No me fastidie con eso, solo porque supo hacer fuego…- Replicó con desdén. -…la sabelotodo sabe hacer fuego. – Canturreó burlonamente, con la mano buena termino de reventar el coco y empezó a comer.

La chica cogió la camisa y lo que había envuelto. Sacó unas futas de color rojizo con muy buen aspecto. – Pues sin fuego como pensaba cocinar, o hacer señales para que nos encuentren, o calentarse, o…

-¡Ya cállese! –Le cortó con fastidio. – Acaso cree que vamos a estar aquí mucho más, seguro mañana encontraremos a alguien, y podre perderla de vista.

Hermione arrugó la nariz. – No hemos encontrado a nadie, de verdad cree que lo haremos, empiezo a tener mis dudas. – Espetó. Dio un mordisco a la fruta tenía un sabor extraño pero se podía comer.- Yo creo que deberíamos tratar de buscar un refugio hasta que nos rescaten.

Snape hizo una mueca.- Por que haya hecho una fogata se cree que va a saberlo todo.

Lo miró contrariada. – Bueno, yo leí un libro de un muggle que…

El profesor estalló en carcajadas histéricas. – Un libro….jaaaaaaaa…tenía que ser un libro. ¡LO SABIA! Y encima un estúpido libro muggle. ¿Acaso cree que en un libro de ficción muggle va a encontrar la forma de salir de aquí?

-Salir no. – Protestó. – Pero si sobrevivir. El muggle estuvo veintiocho años solo en una isla desierta.

-¡Maldita sea! – Sus ojos negros la taladraron. - Granger, si yo me tengo que pasar aquí veintiocho años con usted, antes me tiro al mar. – Espetó con furia. – Allí seguro hay tiburones que son mejores compañía.

La chica parpadeó. –Será…- "Bastardo, engreído, hijo de…" Pensó mordiéndose el labio. –Yo podría decir lo mismo de usted.

-Al menos estamos de acuerdo en algo. – Miró con curiosidad las frutas que comía la castaña. - ¿Qué come? Algo que conoce de su vida como muggle. – No sabía porque pero le daba mala espina.

La chica se encogió de hombros. – No sé, se parecen a las ciruelas. Me parecieron apetitosos. – Frunció el ceño.- Y no le pienso dar.

-Yo no le he pedido. – Respondió mordiendo otro trozo de coco. –Pero yo tendría cuidado con comer lo que desconozco…

N.A. El problema de Severus con las botas es algo que muchos que hemos hecho senderismo en plan duro con temperaturas muy altas hemos padecido, y creedme se pasa muy mal, si haces una marcha de más de 40 km en un día, en verano, a pleno sol, en Teruel a 41 ºC, los pies se te quedan así o peor, independientemente de lo buenas que sean las botas… (¬¬) y creedme las mías se supone eran cojonudas.

Espero que os haya gustado… Hermione deberías tener más cuidado con lo que comes a veces puede traer consecuencias desagradables…(¬¬*)

Un saludo