Frost Hearts: Pasión Congelada

¡Hola, mis queridos lectores del invierno!

Aquí otro capítulo más de esta interesante historia de nuestra querida pareja invernal.

Quiero agradecerles a todos ustedes por su apoyo y sus palabras de alientos, sólo tengo que decirles muchas gracias por todo.

Que disfruten de la lectura :)


Capítulo 3: Recuerdos

Ya había pasado 1 semana después de que Jack le había confesado a Elsa sobre la promesa que, en realidad, ella le había hecho a él cuando era pequeña. La joven Reina aun tenia ciertas dudas de aquella promesa que ella no podía recordar, es más, ni siquiera se había imaginado que ella era la causante de todo ese embrollo de la promesa. Mientras tanto Jack sintió que había metido la pata después de aquella confesión, o más bien, revelarle a la Reina de Arendelle la verdad de la promesa, pero aun así, eso no le impidió estar al lado de ella. una noche Jack tuvo que irse después de ver la aurora solar en los cielos de la noche, en ese momento el joven Guardián de la Diversión no quería irse, no quería separarse de su Reina de las Nieves; pero, tampoco no podía dejar a un lado su trabajo como Guardián. Se despidió de Elsa, quien se encontraba dormida, depositándole un beso en su frente.

– Volveré antes de que lo notes. – le susurró con cariño y luego se fue.

Para la mañana siguiente, Elsa despertó mientras buscaba en cada parte de su habitación al muchacho de cabellera blanca, al principio ella siempre le decía al Espíritu del Invierno que la dejara en paz; ya que siempre que la molestaba con algo todos empezaban a sospechar que ya se le estaba zafando un tornillo porque hablaba sola con el viento. Pero ahora. Al no encontrar por ninguna parte a Jack sintió un vuelco en su corazón, puesto a que con el pasar de los días junto con el Guardián de la Diversión la joven Reina de Arendelle se sentía acompañada y más que alegre por la compañía de aquel joven de cabellera blanca. En un principio Elsa pensó que Jack la había abandonado por siempre, pero antes de que ella casi iba a arrepentirse por ello, la pelirrubia-platinada miró por el rabillo algo que le había llamado la atención.

En su mesita de noche había una hermosa rosa de hielo con una nota en sobre de ésta, con sumo cuidado, Elsa tomó la rosa junto con la nota mientras la leía. Una sonrisa de alivio y a la vez cálida decoró inmediatamente sus labios. Su mirada azulada dejó de leer la nota mientras observaba con cariño la rosa, la llevó hacia su pecho mientras soltaba un respiro de alivio mientras recordaba cada palabra de aquella nota.

"Tuve una emergencia pero regresaré antes de que cante el gallo.

Por siempre tuyo, Jack Frost."

Todo ese día Elsa se mantuvo muy ocupada con las preparaciones del Festival de Otoño, a la vez que hacia las invitaciones para los soberanos de otros reinos cercanos y lejanos para la fiesta que se llevará después del Festival de Otoño. Después de un largo día la noche dio inicio, Elsa terminó de cenar al igual que su hermana y su futuro cuñado mientras se retiraba a sus aposentos. Cuando llegó allí se cambió en sus ropas de dormir, justamente cuando la joven Reina estaba a punto de meterse a su cama unos leves golpeteos.

– ¿Quién es? – preguntó la Reina de Arendelle.

– Soy yo Elsa. Anna. ¿Puedo pasar?

– Pasa. – Anna abrió la puerta mientras entraba a la habitación de su hermana. – ¿Sucede algo?

– Umm… solamente quería desearte que tuvieras dulces sueños Elsa. – dijo la Princesa de Arendelle con inocencia.

– Gracias. Igual a ti Anna, que tengas buenos sueños. – comentó la pelirrubia-platinada.

– Si. – antes de que Anna se retirara algo le llamo la atención en el escritorio. - ¿Qué es eso? – preguntó la pelirroja mientras se dirigió al mueble.

– ¿Qué es que Anna? – la voz de Elsa le tembló nerviosamente, pensó de que su pequeña hermana había notado la rosa de hielo que había dejado en el escritorio.

– Elsa. – llamó a su hermana en un tono de voz muy diferente, causando que la pobre hermana mayor se estremeciera en su lugar.

– ¿S-Si? – tartamudeó.

– Esto es… – la pobre Reina tragó nerviosamente saliva al sentirse descubierta por la rosa que Jack le había obsequiado, y conociendo a su hermana de aseguro que le hará un sinfín de preguntas sobre él. – ¡No me digas que has estado leyendo todo este tiempo el libro de "Jack Frost"! – exclamó emocionada la pelirroja mientras que la pobre de Elsa sintió que se desmayaría de los nervios.

Que susto, pensé que Anna descubriría la rosa que esta entre el tintero y los documentos económicos del reino. – pensó aliviada la pobre Reina. – Me descubriste. – mintió la pelirrubia-platinada.

– Jeje. "Jack Frost". Hacia tanto tiempo que no había escuchado esta historia cuando éramos pequeñas Elsa. – confesó Anna en un tono nostálgico. – Aun me acuerdo perfectamente que siempre me decías que "Jack Frost" era tu novio y que te casarías con él.

– ¡Anna! – llamó Elsa a su hermana menor.

– ¿Qué? Si es la verdad, no había ningún día en que dijeras "soy la novia de Jack Frost", "algún día me casaré con Jack Frost", "Jack Frost es mío y de nadie más" y otras cosas más que estaban relacionadas con él. – la pobre Reina de Arendelle estaba roja como un tomate maduro al escuchar todo lo que su hermana menor le contaba a ella cuando era pequeña.

– Ya no sigas por favor. – suplicó apenada. Pero en ese momento algo se le cruzó en por la mente. – A todo esto… según lo que yo sé es que no recuerdo nada de eso, es más, para ser sincera… jamás en mi vida había hecho aquella promesa que le hice a Jack.

– Pero… hubo un cierto día en que tú… ya no volviste a mencionar a Jack Frost. – Elsa miró a su hermana confundida.

– ¿A qué te refieres con eso Anna?

– Pues… según lo que yo me acuerdo es que cada vez que te preguntaba acerca de Jack Frost tú me veías como si… como si en tu vida jamás habías escuchado sobre de él. – explicó la Princesa de Arendelle. – Es más hasta un día tú me dijiste que él solamente era un mito, un personaje ficticio que inventaron los adultos para que los niños se abrigaran bien cuando hacía mucho frio por las nevadas, e incluso, mencionaste que jamás serias la novia de una persona que nunca y ni será real.

– Ya veo… – musitó la joven Reina. – Si eso es verdad, todo eso si lo recuerdo… pero… aun no entiendo por qué no recuerdo nada sobre la promesa. ¿Qué está pasando?

– Elsa, ¿Te encuentras bien?

– Eh? Ah, sí Anna. Es solamente que estoy un poco cansada. – mintió Elsa a su hermana.

– Oh!, bueno en ese caso me retiro. Que tengas buenas noches Elsa. – dijo Anna con una sonrisa infantil e inocente.

– Lo mismo a ti Anna. Buenas noches.

Elsa vio a su hermana menor salir de su habitación, no sin antes dejar el libro en su lugar, la joven Reina ladeó su cabeza mientras que una sonrisa divertida decoró sus labios rosados. Se dirigió hacia el escritorio mientras tomaba el libro que era el más importante tesoro de su infancia, con las yemas de sus dedos acarició con cariño la portada que tenía la imagen de Jack. Su mirada azulada se desvió mientras se centraba en la rosa de hielo que estaba oculta entre las cosas, con su mano libre la tomó con sumo cuidado mientras observaba el hermoso regalo que el Espíritu de Invierno le había obsequiado. Una sonrisa cálida y llena de bondad había decorado sus labios, se llevó la rosa en éstos y le deposito un beso entre los congelados pétalos.

– Jack. – susurró con dulzura el nombre del joven quien había entrado a su vida. – Mi querido Jack. – pensó la joven.

Elsa desvió su mirada hacia la ventana mientras observaba la hermosa luna dejando ver la belleza de su resplandor.

Debo estar lo suficientemente loca y vieja para hacer estas cosas de niños. – pensó la joven Reina. – Hombre de la Luna ha pasado bastante tiempo como para hacerte preguntas que probablemente no me serán respondidas… pero… quisiera saber. ¿Por qué no recuerdo la promesa que le hice a Jack?, ¿Por qué dejé de creer en él?, ¿Por qué he olvidado aquellos fragmentos de mi pasado cuando era pequeña?, si lo sabes por favor, por favor házmelos recordar. – Elsa observó suplicante a la luna mientras aferraba el libro y la rosa en su pecho deseando esperar una respuesta del Hombre de la Luna.

La pelirrubia-platinada se fue a su cama dispuesta a dormir por fin. Colocó el libro junto con la rosa sobre la mesita de noche mientras se metía entre las cobijas. Una vez ya acostada sopló la pequeña llama de la vela y a la vez que tomaba el libro mientras lo acurraba sobre su pecho. Finalmente Elsa se quedó profundamente dormida dejándose llevar entre los brazos de Morfeo. En ese momento la luz de la luna resplandeció todo Arendelle, y más la habitación de la joven, quien por supuesto no se le molesto en lo absoluto como para levantarse a cerrar las cortinas de las ventanas.

Entre aquel resplandor apareció la figura de un hombre con vestimentas blancas y a la vez con aura blanca envolviendo todo su cuerpo. Aquel ser se acercó a la cama de la joven quien dormía con una hermosa, tranquila y dulce sonrisa. El hombre no pudo evitar sonreír ante la inocencia y paz que la joven Reina poseía en ese momento, llevó una de sus manos sobre la cabeza de Elsa y después acarició tiernamente su mejilla como un padre haría con su hija.

– Por tu corazón sincero y cálido, ya es el momento que lo recuerdes pequeña Reina de Arendelle. – dijo el misterioso ser de aura blanca mientras volvía a colocar su mano sobre la cabeza de la chica, un brillo blanco con centinelas apareció en la cabeza de la joven Reina mientras que ésta fue absorbida. – El momento de la verdad ha llegado. Sólo espero que la historia no se vuelva a repetir. Jack ahora es tu turno de protegerla. Mi trabajo aquí ha terminado… por el momento. – con eso ultimo el ser desapareció sin dejar rastro alguno. Mientras que Elsa comenzaba a sonreír más con claridad en sus sueños.

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En una habitación se encontraba una pequeña Elsa de 5 años durmiendo plácidamente en su cama mientras tenía entre sus brazos un libro azul. En ese momento la niña se despertó después de sentir una fresca brisa entrar por la ventana de su recamara, con algo de pereza se enderezó mientras se tallaba levemente con la manga de su pijama sus pequeños parpados. Su mirada azulada observó algo borroso su habitación hasta ver que la ventana de su habitación se encontraba abierta. La pequeña Princesa de Arandelle se salió con algo de dificultad de su cama mientras se dirigía a hacia a la ventana para luego cerrarla. Antes de que eso sucediera, algo le había llamado su atención.

Era un pequeño copito de nieve.

Al principio la pequeña Elsa pensó que había sido sus poderes que habían creado aquella pequeña escarcha blancuzca. Cerró la ventana mientras se disponía a irse nuevamente a dormir. Pero. Antes de que eso sucediera, algo le había llamado mucho más su atención, en el cristal de la ventana comenzaba a notarse unas escarchas finas y hermosas dando forma de flores. La mirada azulada de la Princesa de Arendelle se le ilumino cuando vio que en aquella escarcha se dibujaba por si sola un conejo, la niña dejó escapar una risita divertida cuando aquella imagen del conejito se había terminado de dibujarse.

– Que bonito. – dijo Elsa mientras se asomaba al cristal para admirar la increíble obra maestra.

En ese momento, el conejito cobró vida por sí sólo, dejando con una cara de sorpresa y exclamación a la niña al ver aquel animalito corriendo, saltando y escabulléndose por toda la habitación de la princesita. Elsa reía y reía de lo divertida con el travieso conejito quien no se dejaba atrapar por ella. La niña se sentó en el suelo mientras con su vista observaba al divertido animalito ir de un lado a otro, segundos después el conejito de nieve se le acercó a la niña mientras que ella lo miraba divertida y llena de inocencia. Justamente cuando Elsa iba a tocar con su pequeña manita al animalito de nieve, éste, salió brincando nuevamente hasta terminar en la ventana, que por supuesto, se encontraba abierta.

La Princesa de Arendelle observó con sorpresa e inocencia a alguien que se encontraba sentada en el marco de la ventana mientras que él o ella jugaba infantilmente con el conejito. Aquella persona vestía simplemente unos pantalones cafés, una camiseta blanca de algodón, una capa de cuero color café y no tenía calzado en sus pies. En una de sus manos sostenía un cayado mientras que en la otra tenía al pequeño conejito. Gracias a la luz de la luna Elsa pudo ver que el color del cabello de aquel muchacho era blanco, su tez era totalmente blanca y sus ojos eran de un color azul.

– ¿Quién eres tú? – preguntó con inocencia la pequeña. El joven de cabellos blancos miró espantado y a la vez con sorpresa a la niña.

– ¿Puedes…? ¿Puedes verme? – preguntó el chico.

– Claro que puedo verte – asintió tímidamente Elsa. – Cualquiera puede hacerlo.

– No sabes lo feliz que me siento al saber que me puedas ver. – confesó el joven de cabellos blancos.

– ¿Quién eres? – preguntó con inocencia la Princesa de Arendelle.

– Mi nombre es Jack Frost.

– ¿Jack Frost? ¿Eres Jack Frost? ¿El Espíritu del Invierno?– preguntó emocionada la pequeña niña.

– Si. Soy ese mismo, pequeña. – contestó con amabilidad mientras veía en aquellos ojos azules de la niña inocencia y alegría.

– ¡Eres mi personaje favorito! ¡Siempre he querido conocerte en persona! – dijo emocionada Elsa mientras sacaba una que otra sonrisa a Jack. – Pero que grosera soy… no me he presentado. Mi nombre es Elsa. La Princesa de Arendelle.

– En ese caso. Es un gran honor y gusto en conocerla, Princesa Elsa. – la niña rió al ver como Jack había hecho una reverencia frente a ella.

– Lo mismo digo de ti. Jack Frost. – replicó la Princesa de Arendelle haciendo también una reverencia, pero, ella se sostenía la pijama con sus dos manos como si fuese un vestido.

Esa noche Jack y Elsa se habían divertido como nunca en la vida, el Espíritu del Inverno al descubrir que la Princesa de Arendelle también poseía poderes de hielo y nieve lo sorprendió y a la vez le alegro de que no era el único quien tenía ese poder, y por supuesto también Elsa. Las horas pasaban volando y ya era la hora de que la niña se acostara, Jack arropó a la niña entre las colchas mientras que los ojitos de ella se cerraban debido al sueño.

– Jack. – dijo Elsa.

– ¿Si Elsa?

– ¿Prometes que jamás me abandonarás? – preguntó la Princesa a su nuevo amigo mientas que él sonreía cálidamente.

– Te lo prometo. Te prometo que nada ni nadie me separaran de ti, Elsa. – juró Jack mientras le robaba una sonrisa a la niña.

– Gracias. Buenas noches, mi Espíritu del Invierno.

– Buenas noches, mi Princesa de las Nieves. – en ese momento Elsa cayó profundamente mientras que el Espíritu del Invierno le había depositado un beso en la frente de ella. – Que tengas dulces sueños Elsa.

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El resplandor de la luna alumbraba cada rincón de la habitación de cierta persona de cabellos rubios-platinados. Elsa se encontraba en su cama mientras escuchaba con atención la voz de su joven madre contarle su cuento favorito "Jack Frost". La Reina de Arandelle al terminar la lectura para su hija, la arropó entre las colchas mientras le depositaba un beso en la frente de ella.

– Buenas noches Elsa. Que descanses bien.

– Buenas noches, mamá. – dijo la pequeña mientras observaba a su madre salir de la habitación, una vez que los pasos de su progenitora se iba a alejando más y más, Elsa se enderezó y vio en uno de los rincones oscuros de su habitación. – ¿Estás ahí Jack?

– Siempre lo estoy, Princesa de las Nieves. – respondió Jack mientras salía de su escondite. – ¿Lista para una noche de diversión?

– Si. – asintió la Princesa de Arendelle mientras le robaba una sonrisa a su mejor amigo.

– Entonces que se haga. – Elsa rió divertida.

Jack cargó a la niña entre sus brazos mientras que ambos se dirigieron a la ventana, el fresco del otoño acariciaron sus rostros, la Princesa de Arendelle se aferró al cuello del muchacho procurando en no asfixiarlo. Jack gritó en ese momento un fuerte "viento llévame" haciendo que él junto con la niña en brazos ascendiera por los cielos. Elsa rió divertida e infantilmente mientras que el Espíritu del Invierno no podía evitar sonreír de la alegría. Jack había llevado a la niña a la Montaña del Norte, como cada noche lo hacía desde que ellos dos se habían conocido, en aquel era su lugar secreto donde nada ni nadie interrumpiría su diversión.

El joven de cabellera blanca dejó en el frio y blanco suelo con gentiliza a la pelirrubia-platinada.

– ¿Qué es lo que quieres hacer primero Elsa? – preguntó Jack, aunque él sabía perfectamente bien cuál era la respuesta de la niña.

– ¡Un muñeco! – exclamó Elsa soltando a la vez una risa infantil y dulce.

– Bien entonces hagamos el muñeco de nieve. – dijo el Espíritu del Invierno.

– ¡Si!

La Princesa de Arendelle junto con el Espíritu del Invierno comenzó a moldear el cuerpo del muñeco mientras que las risas de Elsa hacían que la alegría de Jack aumentara y a la vez sintiera una calidez en su pecho. Una vez que ambos amigos terminaron de hacer el muñeco de nieve, la pequeña tomó de la mano al joven de cabellera blanca mientras que él apretaba suavemente el agarré de la Princesa.

– ¿Cómo llamaremos al muñeco de nieve, Jack? – preguntó inocentemente Elsa.

– No lo sé. ¿Cómo quieres llamarlo Princesa?

– ¡Se llamará Olaf! ¡Y a él le gustan los abrazos! – dijo la pelirrubia-platinada en un tono convencido y dulce.

– Jeje, entonces Olaf será. – rió Jack divertidamente causando en la Princesa de Arendelle un ligero rubor en sus mejillas. – ¿Quieres hacer otra cosa Elsa?

– ¿Podemos ir a patinar?

– Está bien. – el joven de cabellera blanca cargo a la pequeña Princesa al estilo nupcial mientras que ella se aferró al cuello del muchacho. – Sostente fuerte. ¡Viento llévame!

Nuevamente llevó a Jack por los cielos mientras que él junto con la niña llegó a un pequeño riachuelo que se encontraba al otro lado de la montaña. Una vez que él junto con Elsa tocó tierra, la niña, corrió emocionada en el congelado riachuelo. La Princesa de Arendelle, al no saber patinar, tuvo que sostenerse de las manos del Espíritu del Invierno para que ella no se cayera en el resbaladizo hielo. Jack reía divertidamente cuando soltaba a Elsa para que ella patinara por sí sola, claro que por esto la niña hacia un escándalo de que no soltara pues que se iba a tropezar, pero lo que la niña no sabía era que ella estaba patinando por si sola.

Ninguno de los dos les importó cuanto tiempo estuvieron divirtiéndose, pero, ambos sabían que tenían que regresar a Arendelle y sobre todo al palacio antes de que el sol apareciera. El Espíritu del Invierno cargó nuevamente a la niña mientras que con la ayuda del viento se fueron volando hacia Arendelle. Una vez que llegaron allí, Jack arribó en la habitación de Elsa. La niña al no querer que su amigo se fuera le pidió un último favor; una guerra de bolas de nieve. El muchacho de cabellera blanca no pudo resistirse a aquella mirada inocente y cálida que la pequeña le daba. Con su cayado, Jack, comenzó a hacer caer copos de nieves, mientras que Elsa hacia pequeñas montañas de nieve también.

Las risas de diversión comenzaron a inundar en toda la habitación, e incluso la nieve también, bueno en ciertas se podría decir, mientras tanto la Princesa de Arendelle lanzaba bolas de nieves hacia el Espíritu del Invierno; quien se encontraba en un rincón de aquella habitación riendo divertidamente. Elsa se detuvo cuando escuchó a Jack que se detuviera por unos instantes para tomarse un descanso. Ella y su amigo se sentaron en el colchón de la cama, bueno más bien Elsa lo hizo ya que él se encontraba flotando sobre de ésta.

– ¿Te divertiste Elsa? – preguntó un joven chico mientras observaba cariñosamente a una pequeña Elsa sonreírle y a la vez asentirle alegremente.

– ¡Si! ¡Me divertí mucho Jack! – contestó con alegría la Princesa de Arendelle. – ¡Quiero seguir divirtiéndome contigo para siempre!

– Jeje, y así será, no sabes cuánto me alegro de escucharte decir eso Elsa. – un rubor había decorado las mejillas de la pequeña mientras que ella asentía.

– Jack… ¿Puedo decirte algo? – preguntó tímidamente la niña mientras jugaba con sus pequeñas manos.

– Puedes decirme lo que tú quieras, Elsa. No tienes por qué preguntármelo. – contestó Jack en un tono dulce y tranquilo cosa que a la Princesa le agrado eso.

– Yo… yo… me gustaría ser… ¡Quiero ser tu novia, Jack! – el Espíritu del Invierno abrió de par en par sus ojos azules debido a la sorpresa que le había dado su amiga.

– ¿Mi novia? – Elsa asintió sin duda.

– ¡Si! Es que… la razón por la quiero que ser tu novia es porque… ¡Me agradas, Jack! – confesó Elsa.

Jack cambio su cara de sorpresa a una de ternura y pacifica mientras le sonreía a la niña dulcemente y a la vez la miraba con calidez y cariño. Una sensación cálida había invadido en el pecho del muchacho de cabellos blancos, Jack jamás se había imaginado sentir nuevamente ese hermoso sentimiento de nuevo en su ser. Mientras tanto Elsa le dedicó al joven Espíritu del Invierno una de sus simpáticas y alegres sonrisas que siempre le regalaba al chico desde el primer momento en que ella le había conocido.

– Tú también me agradas, Elsa. Y es por esa razón que acepto tu propuesta. Pero con una condición.

– ¿Cuál es Jack? – preguntó inocentemente Elsa.

– Una vez que seas mayor te pediré algo, no además de ser mi novia, sino algo más que eso. – comentó el muchacho de cabellos blancos. – ¿Estás de acuerdo con eso?

– Si. – afirmó la infante.

– Bien, entonces ya está decidido. Elsa. Desde ahora en adelante ya eres mi novia. – confesó Jack mientras que el rostro al igual que la mirada de la Princesa de Arendelle se le había iluminado de la alegría.

– ¡Si! – la pequeña pelirrubia-platinada se lanzó a los brazos de él mientras que Jack simplemente correspondía al abrazo de la infante. – ¡Me agradas mucho, Jack!

– Y yo a ti, Elsa. Mi Princesa de las Nieves. – susurró el Espíritu del Invierno mientras que una sonrisa había decorado sus labios.

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Elsa, que ya tenía alrededor de unos ochos años de edad, se encontraba hecha un ovillo en la puerta de su habitación llorando. Hacía tres días que había lastimado a su hermana debido a sus poderes, cada vez que su pequeña hermana; Anna, la buscaba para jugar ella siempre la rechazaba o le decía que se la dejara en paz. La Princesa de Arendelle continuaba llorando con amargura y tristeza, fue en ese momento cuando sintió un par de manos tomándola por los hombros.

– ¿Elsa? ¿Por qué lloras? – era Jack.

– Vete Jack. Soy un peligro. Soy un monstruo. – dijo con una voz quebrada la pobre niña, eso hizo que el corazón de Jack se le hiciera un vuelco.

– ¿Por qué dices eso Elsa? – preguntó con una voz triste el joven de cabellera blanca.

– Porque lo soy Jack. Lastime a mi hermanita. La lastime por culpa de mis poderes. – gruño enojada mientras que ella se apretaba con suma fuerza sus pequeñas manitas, que por supuesto tenía en ese momento unos guantes. – Jack… vete… no quiero lastimarte a ti también. Vete. – suplicó la Princesa de Arandelle a su amigo.

– No lo haré. No me harás daño, Elsa. Además el frío es parte también de mí. – Elsa miró atentamente al joven Espíritu del Invierno y en ese preciso instante se lanzó a los brazos de él mientras que ella lloraba compasivamente.

– Jack… ¿Me prometes… que jamás me dejarás? – preguntó entre sollozos la Princesa de Arandelle.

– Lo prometo. Te prometo que jamás te dejaré, mi Princesa de las Nieves. – respondió Jack mientras abrazaba y consolaba a la pequeña.

Esa noche Elsa se quedó dormida en los brazos del Espíritu del Invierno mientras que él velaba sus sueños.

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Elsa se encontraba llorando amargamente mientras que frente a ella se encontraba un Jack con un semblante triste y lleno de dolor, el muchacho se incoó hasta quedar en la altura de la niña mientras le acariciaba su cabecita.

– No llores Elsa. – dijo en un tono quebradizo el muchacho.

– ¿Por qué te vas Jack? ¿Acaso ya no me quieres? – preguntó entre sollozos la Princesa de Arendelle.

– Si te quiero. Te quiero más que mi propia vida, mi Princesa de las Nieves.

– ¿Entonces por qué te vas? – volvió a preguntar la pequeña.

– Tengo una importante misión. El Hombre de la Luna me hizo ser un Guardián más. Con eso podré protegerte aún más, así, para que ya no tengas esas pesadillas Elsa. – explicó Jack mientras le secaba las lágrimas a la niña.

– ¿Cuándo…? ¿Cuándo regresaras Jack? – preguntó aun con aquella voz quebradiza.

– Pronto. Te lo prometo. – juró el Espíritu del Invierno.

– Promete que no te olvidaras de mi. ¿Si? – Elsa miró con inocencia y a la vez con un deje de tristeza al muchacho de cabellera blanca.

– Lo prometo. Tú tampoco te olvidaras de mi ¿Verdad?

– No lo haré. Ni mucho menos si se trata de mi novio. – respondió con inocencia la Princesa de Arendelle mientras le sacaba una sonrisa cálida y alegre a Jack.

– Siempre cuidaré de ti. Te quiero mi Princesa de las Nieves. – dijo casi en un susurro el muchacho a la pelirrubia-platinada.

– Y yo a ti, mi Espíritu del Invierno. – Elsa se abalanzó en los brazos del peliblanco mientras lo abrazaba cariñosamente.

Jack correspondió al abrazo de su Princesa de la Nieves recibiendo aquella hermosa y cálida sensación en su pecho. Después de que ambos dejaron de abrazarse, Jack se fue dejando a Elsa sola en su habitación, pero, con una sonrisa cálida en sus labios.

– Buena suerte y cuídate, Jack. Mi Espíritu del Invierno. – dijo casi en un susurro la Princesa de Arendelle mientras que el viento se las enviaba al joven de cabellos blancos.

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Las primeros y cálidos del sol comenzaron a entrar en la ventana de la hermosa joven de cabellos rubios-platinados, Elsa se revolvía entre las sábanas mientras evitaba por querer levantarse de la cama; pero había dos cosas que le impedían que ella siguiera durmiendo. La primera los cálidos rayos del sol. Y la segunda una suave y a la vez fría caricia acariciando su mejilla. Con algo de pereza, la joven Reina abrió sus parpados mientras que su vista azulada comenzó a ver una silueta borrosa de un joven. Poco a poco aquella silueta comenzó a tomar forma y visualizarse con claridad.

– Jack. – susurró la joven mujer mientras que sentía como su corazón comenzaba a latir fugazmente en su pecho.

– Buenos días. ¿Cómo amaneciste Reina de las Nieves? – preguntó Jack con una sonrisa cálida en sus labios.

– B-Bien. – tartamudeó Elsa mientras que un rubor había decorado sus mejillas.

– Veo que te gusta saber mucho sobre mi. ¿No?

– ¿Qué? – la joven Reina de Arendelle al ver que Jack tenía entre sus manos el libro de su infancia no pudo evitar sonrojarse de más.

– Jeje, te ves hermosa cuando sonríes, Elsa. – confesó el Espíritu del Invierno. La joven se enderezó mientras miraba fijamente al joven Guardián de la Diversión.

Jack al fin sé quién eres. Siempre estabas a mi lado cuando te necesitaba. Hacías mis días divertidos cuando me tenían aislada de los demás. – poco a poco la lagrimas comenzaron a descender de sus ojos azules. – Me demostraste tantas cosas que mi corazón y mente olvidaron… y ahora… ahora que te recuerdo, ya no dudare más de mi misma, ni de mi pasado contigo.

– Elsa… ¿Elsa estas bien? ¿Por qué lloras? – preguntó Jack asustado mientras observaba aquellas lágrimas de la joven mujer descender aún más.

– Jack… ¡Jack! – la joven Reina de Arendelle se abalanzó hacia él mientras lo abrazaba con tanta añoranza. – Lo recuerdo… lo recuerdo todo Jack. A ti. Los momentos que convivimos juntos. Cuando me diste la oportunidad de estar a tu lado. Cuando me consolaste aquel día que me aislaron por mis poderes. Todo Jack. Lo recuerdo todo. Hasta nuestra última despedida. – confesó Elsa entre sollozos. Jack se tensó mientras sentía aquella parte que había pensado perdida volvía nuevamente a él.

Elsa… al fin me recordaste. – pensó Jack con añoranza, sin pensarlo dos veces correspondió al abrazo de la joven a la vez que las lágrimas de él también comenzaron a salir de sus ojos. – Esta vez te prometo que no te dejare jamás. Y también te prometo que te protegeré de cualquier mal.

– Jack… – la joven mujer lo llamó.

– ¿Si Elsa?

– ¿Por qué…? ¿Por qué te olvide? ¿Por qué no logre recordarte desde el momento en que te vi? ¿Por qué ahora? – preguntó entre sollozos mientras que el joven Espíritu del Invierno mantenía su entrecejo levemente molesto y oculto entre su fleco.

– No lo sé… – dijo en un tono entre calmado y triste. – Pero eso ya no importa Elsa. Lo importante aquí es que ya recuerdas quien soy. – Elsa se separó de Jack mientras lo miraba con felicidad que a la vez sus lágrimas marcaban aquella alegría.

– Si. – asintió levemente la joven Reina dedicándole al joven de cabellera blanca una sonrisa sincera y cálida, sus lágrimas seguían deslizándose con gracia y delicadeza de sus mejillas.

– Te prometo Elsa que esta vez no te dejaré sola. Me quedaré a tu lado por siempre.

– Pero… ¿Qué hay de tu trabajo como de Guardián? – preguntó preocupada la soberana de Arandelle.

– Ya pensaré en eso. Ahora quiero disfrutar este momento junto a ti Elsa. – Jack retiró algunos mechones rebeldes del rostro de Elsa mientras los colocaba detrás de su oreja. – Quiero disfrutar cada momento que perdí en aquel tiempo que no pude estar contigo.

– Si…

– Bien. ¿Qué es lo que quieres hacer hoy? – preguntó el Espíritu del Invierno.

– Pues… tengo que hacer las invitaciones que había dejado pendientes ayer y entregárselas a los Lords de los otros reinos. – comentó la joven Reina de Arendelle.

– ¿Y después de eso? – volvió a preguntar el peliblanco.

– Tengo que verificar como se realizara las decoraciones, los puestos de comidas y otras cosas relacionadas para el Festival de Otoño. – dijo nuevamente la pelirrubia-platinada.

– ¿Y después de eso? – repitió Jack.

– ¿Por qué quieres saber lo que haré todo el día de hoy? Voy a estar demasiado ocupada.

– Bueno la verdad es que yo quería invitarte a salir, o más bien, tenía pensado en que tuvieras el día libre para así poder divertirnos. Ya sabes. Como los viejos tiempos. – confesó el Guardián de la Diversión. Elsa al escuchar eso no pudo evitar ruborizarse y a la vez detener sus acelerados latidos de su corazón.

– Pues… me encantaría pasármela un día contigo Jack. – comentó la pelirrubia-platinada.

– ¿E-Enserio? – preguntó con incredulidad el joven Espíritu del Invierno mientras veía asentir a la joven Reina.

– ¿Te parece mañana temprano?

– ¿Y por qué no ahora? – Elsa rió al ver como Jack hacia un puchero como niño pequeño.

– Porque tengo trabajo que hacer Jack.

– ¿Qué es lo que haces después de hacer tus trabajos Reina de las Nieves? – preguntó el Guardián de la Diversión mientras se sentaba a un lado de la joven soberana de Arendelle.

– Pues, últimamente nada, descansar después de un día agotador.

– ¿Sólo eso? – al ver a Elsa asentir el joven Espíritu del Invierno hizo una mueca de aburrimiento.

– Será mejor que me vaya vistiendo. Dentro de unas horas tendré que hacer mis deberes reales. Y bueno la puntualidad de la Reina de Arendelle es sagrada. ¿Me harías el favor de retirarte Jack?

– ¿Para qué? – preguntó extrañado Jack.

– Porque quiero mi privacidad para poder vestirme. – respondió con calma la joven Reina.

– Oh, sí. Claro. – el muchacho de cabellera blanca voló hacia la ventana mientras que él la abría, antes de que dejara la habitación le dijo algo más a la joven mujer. – Elsa. Me alegra de que hayas recordado todo lo que hemos pasado juntos, enserio.

– A mí también, Jack. – confesó Elsa mientras le dedicaba una sonrisa sincera al joven Guardián de la Diversión.

– Hasta más tarde, mi Reina de las Nieves. – con eso ultimo él se retiró de la habitación.

– Hasta más tarde, mi Espíritu del Invierno. – repitió lo mismo la soberana.

Jack volaba sobre todo Arendelle mientras gritaba de la inmensa alegría que sentía su ser y su corazón. Debido a esa emoción, el joven Espíritu del Invierno comenzó a crear con su cayado una leve nevada sobre el pueblo del Reino. El muchacho de cabellera blanca junto con el viento hacia una que otra inofensiva travesura en el pueblo, haciendo que algunos aldeanos del lugar pusieran una cara de confusión y a la vez de extrañeza por la fuerte ventisca que habían sentido. Jack regresó nuevamente al palacio mientras que él observaba en la ventana de la habitación de cierta pelirrubia-platinada, ya arreglada, quien sonreía divertida y cálidamente.

El muchacho de cabellera blanca la vio salir de la habitación, al no querer perderla de vista la fue siguiendo; claro que Elsa sabia en ese momento la presencia de Jack siguiéndola, en una de las ventanas del pasillo que conducía al comedor, la joven Reina la abrió para que así Jack pudiera pasar y acompañarla en el desayuno. Una vez que ambos jóvenes del invierno llegaron al comedor, Elsa, se sentó en su lugar mientras que uno de los sirvientes la atendía; sirviéndole su té matutino favorito. Mientras tanto Jack se quedaba embelesado por la belleza y femineidad que ella poseía. Pocos minutos más tarde llegaron Kristoff y Anna, por supuesto para la pelirroja al ver a su hermana no pudo evitar en abrazarla y a la vez en darle los buenos días.

Jack no perdía la vista de encima a Elsa mientras que ella conversaba con buenos a su hermana y futuro cuñado. Cada vez que el muchacho le susurraba algo al oído de la joven Reina ella disimulaba con "estornudar" para ocultar su sonrojo, eso le causaba gracia y diversión al Espíritu del Invierno, mientras que Elsa simplemente no podía evitar fruncir ligeramente su ceño pero a la vez que un rubor decoraba sus blancas mejillas. Después del desayuno, la pelirrubia-platinada se retiró del comedor junto con el peliblanco mientras que ambos se dirigirían al despacho a hacer el trabajo pendiente. Una vez allí la joven Reina de Arendelle continuó con sus labores reales.

– No tienes por qué quedarte aquí aburrido, Jack. ¿Por qué no sales a echar un vistazo al pueblo? – dijo la joven mujer mientras escribía la decimotercera carta, que era dirigida para el Rey de las Islas del Noroeste.

– No. Prefiero quedarme aquí a tu lado Elsa. Te prometí que nunca me separaría de ti y lo voy a cumplir. – ante aquella confesión la pelirrubia-platinada no pudo evitar escapar una sonrisa y a la vez una risita de sus labios, lo cual para Jack le agradó. – Te ves hermosa cuando sonríes y ríes a la vez.

– Gracias por el alago. – dijo con sinceridad la soberana de Arendelle sin quitar aquella sonrisa de su rostro.

– Deberías sonreír con más frecuencia. Tienes una sonrisa hermosa y además juraría que cualquiera que lo viera te tendría envidia de ello.

– Lo tendré en mente.

– Elsa.

– ¿Si Jack? – Elsa había terminado la carta mientras que continuaba con la siguiente.

– No, nada. Se me olvido lo que tenía que decir. – la joven pelirrubia-platinada había dejado de escribir mientras observaba con atención a lo que alguna vez había sido su amigo de la infancia, la mirada azulada de él parecía estar perdida en un punto ciego de la habitación.

– Jack. ¿Sucede algo? ¿Hay algo que quieras decirme? – preguntó preocupada la chica por el muchacho de cabellos blancos.

– No es nada Elsa enserio. – dijo Jack mientras la miraba atentamente, Elsa no creyó palabra alguna del Espíritu del Invierno. Dejó de hacer lo que estaba haciendo mientras se dirigía hacia donde estaba Jack.

– ¿Estás seguro? – volvió a preguntar mientras se encontraba frente a él.

– Si. No te preocupes.

– Si hay algo que te preocupa, aquí estoy para escucharte. – dijo la pelirrubia-platinada con sinceridad.

– Lo sé. – afirmó el Guardián de la Diversión. En ese momento sin que él se lo hubiera imaginado, Elsa, lo había abrazado mientras que la cabeza de él terminó en el pecho de la joven.

Pocos segundos después Jack reaccionó y correspondió al abrazo de la joven Reina de Arendelle, ambos jóvenes no dijeron nada en ese momento, solamente se fundieron en el abrazo sintiéndose el calor del uno con el otro. El joven Espíritu del Invierno se aferró más al abrazo de la aristócrata mientras que ella simplemente ocultó su rostro entre los cabellos blancuzcos de él. Para Jack al sentir nuevamente aquel abrazo no pudo evitar sentirse añorado por los recuerdos de su pasado que tuvo con Elsa cuando era una simple niña. En ese momento el joven Guardián de la Diversión empezó a recordar un amargo y devastador recuerdo que hacia tanto tiempo había deseado borrar de su corazón y de su mente…

El día en que Elsa se había olvidado completamente de él…

FLASHBACK

Jack se encontraba en lo que parecía ser una laguna congelada. Aquel lugar era donde dio fin a Pitch Black, mejor conocido como "El Coco", "El Boogeyman" o como le llamen, todo el mundo estaba como antes; lleno de paz y de luz. Una sonrisa triunfadora y alegre decoró sus labios jamás se había sentido tan feliz, y porque no, también poderoso. En ese momento un copito de nieve cayó del cielo con gracia y delicadeza, esto llamó mucho la atención de Jack, con una de sus manos libres tomó aquel copito de nieve mientras lo observaba detalladamente; era pequeño, frágil, perfecto y blanco.

En eso al joven Guardián de la Diversión se le había ocurrido una idea, con la punta de su cayado inmortalizó aquel copito en hielo, pero, aquel hielo era muy especial. Ese hielo no se podría derretir ni si quiera al rojo vivo del fuego lo podría destruir.

– Esto será para Elsa. Ya que este copo de nieve me recuerda mucho a ella; pequeña, frágil, encantadora y hermosa. – se dijo así mismo. – Regresaré a Arendelle. ¡Viento lleva…! – en ese momento antes de que Jack le pidiera al viento que se lo llevara una voz resonó en su cabeza.

– Jack. Destruiré la felicidad que te hace vivir.

– ¡No puede ser! – gritó alarmado el joven Espíritu del Invierno. – ¡Tu estas…!

– Destruiré la felicidad que te hace vivir. – repitió y repitió aquella siniestra y oscura voz en la cabeza de Jack, fue en ese momento cuando lo comprendió todo.

– ¡Elsa! ¡Viento llévame a Arendelle! – ordenó el Guardián de la Diversión.

Voló lo más rápido que pudo hasta llegar a su destino. Arendelle. Jack aterrizó en el balcón de la habitación de Elsa mientras se asomaba en el cristal de la puerta del balcón, un suspiro de alivio dejó escapar el Espíritu del Invierno al ver que su pequeña amiga se encontraba dormida en su cama. El Guardián de la Diversión empujó con sumo cuidado la puerta queriendo evitar hacer el menor ruido posible para que Elsa no se despertara, pero, en ese momento; justamente cuando Jack iba a entrar a la habitación una fuerte corriente lo alejó de allí mientras que la puerta del balcón había sido azotada bruscamente.

– ¡Pero qué…! – en ese momento la mirada azulada del Espíritu del Invierno se había dilatado de mas, lo que sus ojos estaban viendo era inexplicable. – ¡No! ¡Déjenla en paz! – vociferó con rabia y a la vez asustado. Eran los aliados del Rey de las Pesadillas, de Pitch.

Aquellas Pesadillas comenzaron a susurrarle al oído de Elsa cosas que ella trataba de ignorar, por ejemplo; que ella era la causante de que su pequeña hermana iba a morir por sus poderes, que Jack nunca existió en su vida, que sus padres nunca la amaban, que era un monstruo, que todos la odiaban por lastimar a las personas que más quería en el mundo y entre otras cosas que para un niño era doloroso y triste. Jack comenzó a golpear bruscamente la puerta con su cayado tratando de romper el cristal, pero cada vez que él lo hacia sus poderes invernales bloqueaban la puerta haciendo que le impidiera entrar a la habitación de Elsa.

– ¡Elsa! ¡Elsa! – gritó desesperado Jack. – ¡Resiste Elsa! – el joven Espíritu del Invierno comenzó en entrar en pánico cuando una de las Pesadillas envolvió a la niña en aquellas arenas oscuras.

Poco a poco las pesadillas comenzaron a alimentarse de los miedos más profundos de Elsa haciendo que éstos comenzarán a formar una silueta masculina. Jack gritó un fuerte "no" mientras que con su cayado hizo que una ráfaga de viento-nieve derrumbara la puerta del balcón. El Espíritu del Invierno comenzó a atacar a las Pesadillas haciéndolas desaparecer por completo, la arena oscura que había envuelto a la Princesa de Arendelle también desapareció, pero había algo que había dejado paralizado a Jack. Elsa estaba completamente pálida, sus labios se encontraban ligeramente morados al igual que sus parpados, su cabello lo tenía opaco y sin vida a la vez que se tornaba en un color negro grisáceo, y por último, su respiración la tenía entrecortada.

– ¡Elsa! – gritó alarmado el Guardián de la Diversión mientras tomaba el cuerpo de la inconsciente niña. – No… Elsa despierta por favor. Despierta. – al sentir el frío cuerpo de la niña Jack temió lo peor de lo que le pudiera ocurrirle a su amiga.

Asustado por lo que le sucediera a su amiga, Jack, miró a la luna mientras que con una mirada suplicante y llena de miedo le dijo al Hombre de la Luna que le ayudara a que su Princesa de las Nieves despertara y que no le sucediera nada malo. Al no tener respuesta alguna por parte del Hombre de la Luna, el joven Espíritu del Invierno comenzó a desesperarse, fue en ese momento cuando él empezó a recordar que una vez Elsa le había contado algo sobre unos trolls, en especial el jefe de éstos, le habían curado a su hermana Anna cuando fue herida por los poderes de la futura heredera al trono.

Jack sin pensarlo ni un segundo se fue volando tan rápido posible al lugar donde se encontraban aquellos seres, después de unos minutos había llegado a su destino, el joven Guardián de la Diversión comenzó a gritar desesperado buscando al líder de los trolls. Pero nada. No recibía respuesta alguna, solamente había rocas en lugar de vida. El joven peliblanco sentía que las lágrimas iban a caer de sus ojos en cualquier momento, de pronto, él empezó a escuchar como las rocas del lugar comenzaron a moverse por sí solas. Jack sintió en ese momento alivio en su ser, pero eso no quería decir que también sentía temor por perder a su amiga. Frente a él aparecieron todos los trolls, incluyendo al jefe de éstos.

– Es Jack Frost. Y la Princesa Elsa viene con él. – murmuraron los trolls ante la sorpresa que el mismo Espíritu del Invierno estaba frente a ellos, incluyendo a la Princesa de Arendelle.

– Por favor ayúdenme. – suplicó el peliblanco.

– ¿Qué es lo que sucede muchacho? – preguntó el jefe de los Trolls; el Abuelo Pabbie.

– Es Elsa. Por favor ayúdenla. – dijo en un tono cortado Jack.

– Déjame revisarla. – el joven Guardián de la Diversión se incoó hasta quedar en la altura del líder. – Esto es malo.

– ¿Qué es lo que le sucede a Elsa, Abuelo Pabbie?

– Es magia negra. – respondió el Abuelo Pabbie en un tono de seriedad y preocupación a Jack. – ¿Qué es lo que le pasó a la princesa Jack? – preguntó con suma seriedad al muchacho.

– Pitch. El Coco, la atacó. – gruño molesto e hiriente el joven Espíritu del Invierno mientras recordaba lo que había sucedido hace minutos atrás en la habitación de su amiga.

– Esto es serio.

– Por favor ayúdela. – suplicó Jack.

– Lamentablemente… mis poderes no son lo suficientes fuertes como para remover toda la magia negra que posee la Princesa Elsa. – confesó el Abuelo Pabbie en un tono triste, esto hizo que el corazón de Jack le diera un vuelco. – Pero. Hay una persona que conozco que SI puede remediarlo.

– ¿Quién? ¿Quién es? – preguntó el Espíritu del Invierno.

– Se le conoce como la Doncella Blanca. – dijo el líder de los trolls. – Ella puede remediar cualquier hechizo maligno, tanto magia negra como la blanca.

– ¿Dónde puedo encontrarla?

– Se encuentra en el punto más alto de la Montaña del Norte. En ese lugar encontrarás una cueva dentro de ella hay un lago congelado, allí encontrarás a la Dama Blanca. – explicó el viejo troll.

– Gracias Abuelo Pabbie.

– Ahora ve muchacho.

Con ese último comentario Jack se retiró rápidamente del lugar. Se dirigió lo más rápido posible a la Montaña del Norte, al llegar allí, la fuerte ventisca impedía seguir su paso; pero eso a él no le importo siguió volando, lo único que lo motivada a seguir era la vida de su amiga que peligraba a un más. La sentía más e incluso podía sentir como los latidos del corazón de Elsa disminuían. Al llegar al punto más alto de la montaña encontró una cueva, sin pensarlo dos veces entró. El lugar era más frío y a la vez húmedo, pero para Jack no le importó, siguió continuando en su camino. Al final de aquella cueva fría distinguió una luz blanca y llamativa, camino hasta ésta y lo que vio lo había dejado impresionado.

Tal como lo había dicho el Abuelo Pabbie, había un lago congelado; pero no además era eso, las paredes de la cueva estaban hechas de un hielo sólido, también había signos de vegetación pero éstas tenían una hermosas escarchas bastantes finas y por ultimo había una diminuta cascada pero la única diferencia era que el agua de ésta estaba intacta y a la vez descendía hasta el lago sin que éste se descongelara.

– Te he estado esperando. Jack Frost. – dijo una voz femenina y a la vez dulce y clara. Jack volteó por todos lados para buscar a la dueña de aquella voz pero no había nadie en aquel lugar de la cueva.

– Por favor tiene que ayudarme. La vida de Elsa está peligrando. – suplicó el Espíritu del Invierno.

– Lo sé. Sé que la Princesa Elsa de Arendelle sufre de un poder oscuro. Lo he sentido cuando llegaste a este lugar. – volvió a decir la voz de la mujer.

– Por favor ayúdela.

– Nunca te lo negué, joven Espíritu del Invierno… – en ese momento el hielo del lago comenzó a abrirse.

De éste salió una hermosa y joven chica de alrededor de unos 18 o 19 años, vistiendo un hermoso vestido blanco estilo romano, en su cabeza tenía un velo transparente que a la vez tenía un diseño de copos de nieves; su cabello lo tenía un color celeste-platinado, su tez era mucho más blanca que la de Jack o la de Elsa, sus ojos era de un color dorado, y finalmente su físico era de una complexión delgada y fina. La joven se dirigió hacia donde estaba Jack y Elsa, ella colocó una mano sobre la cabecita de la niña mientras que su fino y sereno rostro se había tornado en algo serio.

– Magia negra. – dijo la Doncella Blanca.

– ¿Hay una cura o una pócima para removerla? – preguntó Jack esperanzado.

– La hay. – una sonrisa aliviada había decorado los labios del joven Espíritu del Invierno.

– Gracias al Hombre de la Luna. – en ese momento la Doncella Blanca se dirigió a la cascada mientras que con una de sus manos la metió en el agua para luego sacar de ésta una botella de fino hielo y transparente con un líquido azul rey.

– Ella tiene que beber esto hasta la última gota.

– Si.

Jack destapó la fina tapa del frasco mientras le daba el líquido en la boca de la pequeña. Elsa emitió un leve quejido de dolor cuando comenzó a beber la pócima, Jack miraba con dolor y a la vez esperanzado a que la pócima diera buenos resultados. Dejó de darle de beber la pócima, en ese momento un leve grito de dolor salió de los labios de la niña asustando al Espíritu del Invierno. Dejó caer el frasco para aferrar el cuerpo de su pequeña amiga contra el suyo, pero, lo que Jack no sabía era que cuando había soltado el frasco, ésta se quebró y a la vez una diminuta gota de la pócima se deslizó del cristal mientras que ésta cayó al suelo mientras desaparecía con un humo color azul rey.

– ¿Qué le pasa? – preguntó asustado Jack a la Doncella Blanca.

– No temas. La pócima que le di está consumiendo la magia negra. Para mañana la Princesa Elsa estará bien.

– Gracias al Hombre de la Luna – agradeció Jack ya más aliviado.

– Será mejor que lleves a la niña a su hogar. Dentro de muy poco el sol saldrá y no querrás que los padres de ella causen un alboroto porque su hija ha desaparecido. – dijo burlonamente la joven.

– Si. Muchas gracias nuevamente. Siempre estaré a deuda contigo.

– No tienes nada que agradecer joven Guardián. – comentó con maternidad la Doncella Blanca.

– Otra vez gracias.

Con eso último Jack se retiró de la cueva, su mirada azulada ya se notaba algo tranquila pero también se notaba algo preocupado por el bienestar de su amiga. Al llegar a Arendelle, el joven Espíritu del Invierno había llegado al palacio y a la vez a la habitación de la futura heredera al trono. Depositó a Elsa sobre la cama mientras la arropaba entre las colchas, Jack observaba cada detalle de la pequeña pelirrubia-platinada; su cabello lo tenía brilloso y vivo como antes, su adquirió su tono natural al igual que sus mejillas tenía un ligero rubor que la hacía lucir hermosa, y finalmente, su respiración ya se encontraba normal. Jack se incoó a un lado de la cama mientras tomaba una de las manos de Elsa para luego besarla en el dorso de ésta.

Cuando los primeros rayos del sol traspasaron el cristal de la ventana, la Princesa de Arendelle comenzó a despertarse, el joven Espíritu al ver eso no pudo evitar sonreír de la alegría y del alivio.

– Elsa. Me alegro de que estés bien, no sabes el susto que me… – en ese momento cuando Jack iba a abrazar a la niña algo dentro de él se quebró y colapsó. Su cuerpo había atravesado el cuerpo de Elsa. – No… no. No esto no puede ser cierto. Elsa. Elsa ¿Puedes escucharme? ¿Puedes verme? – la niña no respondió, es más, ni siquiera le había prestado atención al muchacho de cabellera blanca.

Jack en un intento de desespero quería tomarle de los hombros a la futura heredera a la corona, pero, sus manos no podían tocarlos. Comenzó a gritarle a su pequeña amiga con la esperanza de que lo escuchara, pero, tampoco tuvo buenos resultados. En un arranque de enojo Jack salió de la habitación haciendo que Elsa se espantara cuando ella observó que la ventana de su habitación se abría bruscamente por el viento, pero era Jack quien había causado eso. El Espíritu del Invierno se dirigió a la Montaña del Norte, y una vez que él había llegado allí fue directamente a hablar con la Doncella Blanca.

– ¡Doncella Blanca! ¡Sal ahora que tengo que hablar muy seriamente contigo! – gritó con rabia Jack.

– No tienes por qué gritar, joven Espíritu del Invierno. – comentó con calma la joven.

– ¡¿Qué le hiciste a Elsa?! ¡Se supone que la ayudarías!

– La ayudé joven Guardián. Pero hubo un detalle que salió todo mal. – confesó la Doncella Blanca.

– ¿Qué es? – gruñó entre dientes molesto.

– Que no le diste la pócima completa a la Princesa Elsa. – la mirada azulada de Jack estaba llena de confusión.

– ¿A qué te refieres con eso? – preguntó si entender.

– Aquella pócima que le diste era para borrar cualquier existencia de magia negra. Pero. Cuando dejaste caer el frasco éste contenía aun una pequeña gota de la pócima. – explicó la Doncella Blanca. – Eso hizo que el efecto de la pócima no diera buenos resultados en la Princesa. Una pequeña parte de la magia negra hizo que en la Princesa de Arendelle consumiera algún recuerdo que la hacía feliz y segura de sí misma. Y debido a ello… hizo que ese recuerdo se le borrara.

– ¿Qué…? – Jack palideció ante la verdad que le había dicho la Doncella Blanca. – Eso… eso quiere decir que… ¿Elsa ya no me recuerda? No… no, no puede ser. – se dijo así mismo el Espíritu del Invierno.

– Joven Guardián…

– Dígame si hay alguna solución… dígame que Elsa podrá recordarme. – dijo esperanzado el muchacho de cabellera blanca.

– Si, la hay.

– ¿Qué es lo que tengo que hacer?

– Espíritu del Invierno. Tú no puedes hacer nada, lo siento. La Princesa Elsa tiene que recordar por si misma… pero… no será nada fácil, ya que ella tiene dentro de su ser la magia negra de Pitch.

– No. – sollozó Jack.

– No pierdas la fe joven Guardián. Tú eres la única esperanza para la Princesa. – dijo la joven de cabellos celestes-platinados.

– Y así lo haré. Juró que voy hacer todo lo posible para que Elsa me recuerde. – se juró así mismo el joven Espíritu del Invierno.

Desde ese entonces, Jack siguió viendo a Elsa sin importarle que ella ya no lo recuerde, que lo escuche, que le devuelva aquellos cálidos abrazos de bienvenida cuando la visitaba. Simplemente quería verla y velar sus sueños cuando ella tenía alguna que otra pesadilla.

FLASHBACK

Después de un largo trabajo en la mañana, Elsa y Jack decidieron despejarse y que mejor lugar que en los jardines del palacio. Ambos se encontraban caminando y contemplando los colores del otoño en los árboles. El joven Guardián de la Diversión observó cada detalle de la Reina de Arendelle, gracias con la ayuda del viento, hacía que algunos de los mechones de la joven se mecieran llamativamente mientras que el rostro de ella mostraba una paz y tranquilidad como nunca antes vista. Sin que ninguno se diera cuenta sus manos comenzaron a rozarse haciendo que una corriente eléctrica se le recorriera por la espalda. En ese momento ambos reaccionaron mientras sus miradas se perdían una con la otra.

Ambos sabían en ese momento que no se necesitaban palabras para expresarse lo que sentían en ese momento. Sin dudarlo, las manos de ambos jóvenes del invierno se entrelazaron sintiéndose el calor del uno con el otro.


Y aquí termina el capitulo de esta historia, espero que les haya gustado.

No olviden en dejar sus comentarios. Acepto cualquier sugerencia, crítica y comentario de la historia.

Nuevamente muchas gracias por sus palabras de alientos que tanto necesitaba.


En el próximo capítulo de "Frost Hearts: Pasion Congelada":

– Por fin he llegado a mi destino. El Reino de Arendelle. – se dijo así mismo el joven de cabellera negra.

– Majestad un visitante la está esperando en el recibidor. – comentó un viejo sirviente a la Reina de Arendelle.

– ¿Un visitante? Eso es raro de escuchar, se supone que los invitados llegarían antes del Festival de Otoño. – comentó la pelirrubia-platinada.

– Majestad. Mi Nombre es Andrew de Weselton; Rey de Weselton.

– ¡¿Qué?! – exclamó Elsa mientras se levantaba rápidamente de su trono.

– ¿Vas a quedarte aquí todo el día hasta que se te pase el enojo o iras a corregir tu error con la Reina Elsa? – Jack mordió internamente su cachete.

– No lo sé… la verdad es… que no quiero mostrar mi cara a Elsa, no después de lo que le hice. – confesó el joven de cabellera blanca. – No la merezco. Tal vez… nunca la merecí.

– Muchachos. Lo que les voy a decir es algo sumamente serio. – todos comenzaron a prestar atención a lo que Norte les decía.

– ¿Qué es Norte? – preguntó el Espíritu del Invierno.

– Pitch ha regresado.