Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, porque se ha buscado un ligue cuanto menos curioso, a mis hijas Kathe, Valen y Regina Jr, a mi princesita Gen porque es mi familia, a mi tatita Vero porque está orgullosa de mí, a Bego porque se fue de fiesta con Pepe Reina, a Alex porque esta historia es tan suya como mía y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma y a esthefybautista.

CAPÍTULO 4 NUEVA MERCANCÍA

Un portazo, autoritario, no dejaba lugar a dudas de que la capitana no deseaba ser molestada mientras probaba su nuevo juguete. Tanto Alex como sus fieles compañeras de travesía compartieron miradas silenciosas, apoyo mudo pues sabían que Regina siempre había sido una bomba de relojería y era mejor no llevarle la contraria.

La presencia de una embajadora a bordo no era una buena opción, todos lo sabían a pesar de mantener el reverencial silencio, no se fiaban de esa extraña mujer, ninguna embajadora se aventuraría a representar una nave como la Villian, algún motivo oculto debía tener, solo esperaban que Regina abriese los ojos, que no se dejase cegar por su belleza, las consecuencias podrían ser catastróficas.

Ajena a todos los pensamientos que sus tripulantes compartían en silencio, tras esa muerta de duro metal, en sus dependencias privadas, Regina no le quitaba los ojos de encima a la prostituta, con media sonrisa en su rostro, alabando su buen gusto ya que la belleza de dicha mujer era innegable. Sin pronunciar palabra se deshizo de su chaqueta de cuero, sacando un cigarro y encendiéndolo mientras se dejaba caer en el sillón, con su mirada oscura clavada en cada curva de Tamy.

Inspiró profundamente el humo del cigarro y lo soltó lentamente, notando como el nerviosismo de la mujer ante ella ascendía, acechándola como una fiera a punto de saltar sobre su presa, manteniendo el silencio, permitiendo que la tensión creciese hasta hacerse insoportable, disfrutando enormemente al sentirse dominante, al sentir que era ella quien llevaba las riendas de la situación.

Estaba disfrutando enormemente de cada segundo, de cada escrute minucioso, de intimidar con su mirada a la mujer que compartiría su cama, mas esta parecía estar incómoda y lo demostró rompiendo ese silencio agobiante que se había instaurado entre ellas.

-Ahora ¿Qué quieres que haga?

-"Baila"

-¿Perdón?

-"Me has preguntado qué quiero, quiero que bailes para mí"

-Yo creía que…

-"¿Tú creías? Lo que yo creo es que parte de tu trabajo es obedecer mis órdenes y te ordeno que bailes"

Su voz no dejaba lugar a dudas, debía obedecer por lo que, sensualmente, la muchacha empezó una danza digna del mejor de los burdeles. Su ropa iba desapareciendo a medida que sus movimientos, gráciles y eróticos, se iban intensificando.

Regina la observaba consumiendo poco a poco su cigarro mientras la joven si iba acercando a ella, para terminar bailando sobre sus rodillas. Sin poder contenerse un segundo más, apagó el cigarrillo y atrapó la cintura de Tamy, estampando sus labios en un beso furioso, un beso con sabor a humo y ceniza, rabioso y sediento mientras la elevaba sin apenas dificultad y se dirigía a la cama, mordiendo sus labios, invadiendo cada rincón con su lengua experta.

Cuando sintió el tope de la cama en sus piernas, soltó a la muchacha quebrando el contacto, Tamy cayó sobre el colchón, sus labios rojos y brillantes, testigos de la furia y la pasión con las que Regina la había besado, su cuerpo desnudo mostraba su excitación y la joven capitana lo observaba con ojos de depredador, cada rincón, cada reacción, como su pecho ascendía y volvía a descender agitado, los suaves jadeos que escapaban de sus labios, sus ojos azules rogándole que continuara.

Una sonrisa de suficiencia apareció en el rostro de Regina mientras se deshizo de su ropa, lentamente, torturando a la muchacha que yacía en su lecho, impaciente y completamente sometida a los caprichos de la capitana.

No hicieron falta palabras, no le importaba lo más mínimo si sus jadeos eran fingidos o reales, una vez se hubo desprendido de su última prenda, atrapó las muñecas de la joven prostituta, elevando sus brazos por encima de su cabeza y atacando sus labios una vez más, uniendo sus cuerpos mientras un gemido de satisfacción se escapaba sin poder contenerlo, se estremeció notando la cálida piel de Tamy bajo su cuerpo, hacia demasiado que no se abandonaba al calor de una mujer.

Sus movimientos eran rudos, no había cariño en sus actos, buscaba lo que deseaba y lo tomaba sin más, mordiendo con furia y ansiedad los pezones de la muchacha, sujetando sus muñecas con una mano y penetrando en ella con la otra, impaciente, sedienta, sin poder contenerse un solo instante.

Los gritos y los jadeos invadieron la habitación a medida que sus embestidas eran más veloces y certeras. Cansada de sujetarla, soltó sus muñecas y de un solo movimiento la sentó sobre ella, sus dedos seguían invadiéndola con velocidad mas esta vez era Tamy la que llevaba el ritmo moviendo sus caderas, aferrada a los cabellos negros de Regina, besando sus labios sin que la pasión las abandonase, gritando al sentir los dientes de la capitana en su cuello, su lengua experta jugando con sus pechos…

Regina estaba disfrutando como una niña pequeña la mañana de su cumpleaños, degustando su regalo, su preciado juguete, sabía que podía estar así horas, devorando cada rincón cuando golpes enérgicos en su puerta la sobresaltaron. Se detuvo unos instantes mirando con el ceño fruncido la entrada a su habitación, creía recordar haber advertido que no se la molestase por lo que no hizo caso y siguió embistiendo a la mujer que tenía entre sus brazos, al menos hasta que los golpes volvieron a sonar, enérgicos y furiosos.

Con un grito frustrado, apartó a Tamy sin cuidado alguno y se levantó maldiciendo, tomando una bata de seda para cubrir su desnudez y abriendo la puerta de sus dependencias privadas con furia.

Su mirada oscura y letal podía asesinar y poner a temblar al más valiente de los hombres pero no a Alex. La muchacha se encontraba al otro lado de la puerta y su rostro reflejaba que algo no marchaba bien. Regina cruzó sus brazos sobre el pecho y ladró sus palabras sin cuidado alguno.

-"Más vale que la Nave esté en llamas o te mataré, te dije que no me molestaras"

-Tenemos un problema y serio Regina

-"¿Se cae la Nave?"

-No

-"¿Nuestra vida corre peligro?"

-No

-"Entonces vete al inferno y déjame tranquila, estaba ocupada ¿Sabes?"

-Tenemos un polizón Regina

La capitana no habló mas Alex sabía que estaba a punto de estallar por dentro, para poder sobrevivir tenían una norma clave en la Villian, no sube nadie sin autorización de la capitana y un polizón supone un verdadero problema.

Cerró la puerta con furia dejando a Alex con la palabra en la boca, mascullando empezó a recoger su ropa y se vistió con prisa, colocándose por último la chaqueta marrón y mirando unos instantes a Tamy, aun desnuda y enredada entre sus sábanas.

-"Espérame aquí, debo arreglar un asunto, después retomaremos lo empezado"

Volvió a abrir la puerta y no le extraño encontrar a Alex esperándola, al fin y al cabo nadie la conocía como ella. Pasó a su lado y se dirigió a la sala de mandos, sin que su compañera se alejase mucho de ella, hasta que finalmente logró detenerla.

-Escucha, se que estás enfadada Gina pero piensa que ella no tiene la culpa

-"¿Ella?"

-La muchacha que se ha colado en el Villian, está muy asustada Gina, al parecer la nave que volaron en Amatista era en la que viajaba, no quería colarse en nuestra embarcación

-"Eso me da igual, voy a preparar una balsa de salvamento y se marcha, ahora mismo, no quiero extraños en mi nave"

-Gina ¿Te estás oyendo? ¿Vas a soltar a una niña en medio del espacio en una balsa de salvamento? ¿Quieres matarla?

-"Que no hubiese subido a mi nave, mala suerte"

Regina reanudó la marcha, sin escuchar las súplicas de Alex, estaba furiosa, no solo una niña se había colado en su nave sino que le había fastidiado su momento de sexo y desestrés.

Hecha una furia, entró en la sala de mandos donde su mecánica estaba sentada frente a la polizón, al parecer ofreciéndole algo de beber, algo caliente. Su entrada puso en alerta a todos los que estaban ahí reunidos, incluyendo a Anto que de un salto se levantó y se apartó, dejando a la vista a la muchacha, cubierta con una manta y aun temblando. Sus ojos verdeazulados se alzaron, clavándose en Regina que se había quedado estática durante unos instantes.

Al ver a Regina, Emma la reconoció en el acto, era la joven que le había entregado el armamento a su padre, por lo que una exclamación de asombro se escapó de sus labios devolviendo a la morena al mundo real ya que su mente estaba muy lejos de ahí.

-Yo te conozco, tú le vendiste las armas a mi padre

-"He vendido armas a mucha gente rubita, me da igual si hice negocios en el pasado con tu padre, tú te vas de mi nave"

-No fue hace mucho, te vi bajo los tres soles, estoy segura de que eras tú

-"¿Bajo los tres soles? ¿Eres la hija de David Swan?"

-Sí, aunque ahora no sé qué ha sido de él, nos atacaron en Amatista

Regina se quedó observando a la joven princesa y una sonrisa codiciosa nació en su rostro, al final no había sido tan malo que la muchacha se hubiese colado en su nave, la sangre real traía muchísimos beneficios, sería su nueva mercancía, quizás la más valiosa que había transportado en la Villian.

-"Majestad, bienvenida a bordo ¿Cómo debo llamaros?"

-Majestad no, no soy reina, llamadme Emma

-"Os equivocáis majestad, vuestros padres han muerto, sois reina os guste o no y ahora sois rehén de contrabandistas, espero que estéis a gusto en la bodega de la Villian"