Capítulo 3
Al día siguiente Alec, como de costumbre, despertó temprano para ir a la empresa. Tenía tanto dinero que ni siquiera era necesario hacerse presente, pero lo hacía más que todo para usar el tiempo haciendo algo. Sus padres y hermanos estaban viajando, los primeros por negocios y los últimos por unas eternas vacaciones, y él, al quedarse en la ciudad, era el que debía estar al frente de los negocios. Pasar el tiempo en la mansión sin saber cómo estaban avanzando las cosas simplemente lo enloquecería.
Salió de su habitación y bajó al comedor a sentarse a esperar el desayuno. Unos minutos después Jordan salió de la cocina cargando la bandeja.
—Buen día, Alec— saludó alegremente el castaño mientras hacía equilibrio. Alec lo observó con una sonrisa. En realidad, Jordan era un muy buen chef profesional, pero se había enamorado de Maia al llegar a trabajar en la mansión Lightwood. El chico había querido saber sobre lo que consistía la vida de la chica, y con permiso de Alec ambos intercambiaron roles. Maia resultó ser una buena cocinera, y constantemente se podía ver a Jordan corriendo de un lado al otro con un plumero en la mano o cargando montones de ropa. Para Alec, esos chicos eran una inspiración. Algún día, quería tener una relación así.
—¿Y Clary? — preguntó el ojiazul.
—No tarda— respondió Jordan dejando la bandeja frente a su jefe— Hace poco me llamó, dijo que se le había hecho tarde y que iba a apresurarse, y que te mataría si te ibas sin ella— Alec soltó una risita.
—De acuerdo— dijo. Se acercó a su plato y se dispuso a comer, pero antes de hacerlo notó que Jordan aún no se había retirado, y parecía debatirse entre hablar o no —¿Pasa algo?
—La comida de Magnus…—respondió el chico. Alec, ante la sola mención de tal nombre, se irguió— Está en la cocina. ¿Quieres que se la lleve? —Alec soltó un pequeño gruñido y se puso de pie.
—Se la llevaré yo— respondió entrando decidido a la cocina, donde Maia picaba algunas frutas en cuadritos. A penas el jefe entró, la chica soltó un jadeo, soltó el cuchillo, y lo miró.
—Buen día, Alec— saludó nerviosa. No era que Alec no fuera una persona amable, es solo que Maia tenía la corazonada de que el ojiazul estaba harto de que ella cocinara, y mantenía silencio por pura educación.
—Hola Maia— saludó Alec, tomó la bandeja de la comida de Magnus, y volvió a salir. Jordan lentamente se acercó a Maia y notó el pequeño corte que la chica se había hecho en el dedo.
—Cálmate, ya te he dicho que Alec no te está supervisando— ella sonrió nerviosa.
—Fue inevitable.
Alec se acercó a la habitación de Magnus con la bandeja en sus manos, y como siempre, abrió la puerta sin tocar. Estuvo a punto de hablar para despertar al moreno, pero se cayó de golpe cuando se detalló en que Magnus no estaba acostado, sino que estaba sentado en el suelo haciendo lo que para Alec era tallar madera. El moreno estaba usando una sudadera azul oscuro, y su cabello se veía húmedo, por lo que Alec supuso que hacía un rato se había duchado.
—Me alegra verte despierto— comentó acercándose a la mesa de noche y dejando ahí la bandeja— No tolero a las personas que se despiertan tarde.
—Lo siento por ti, pero yo justamente soy una de esas personas— respondió el de ojos verdes dorados, mientras acercaba un trozo de madera a su boca y soplaba, enviando millones de partículas de madera por el aire.
—Pero ahora mismo…
—Solo es el cambio de horario haciendo estragos en mi equilibrio— Alec frunció los labios al escucharlo. Estuvo a punto de comentar algo al respecto cuando su mirada voló a la suciedad del suelo.
—¡Hey! Estás ensuciando todo.
—Si me dejas salir, puedo limpiarlo— respondió, y volvió a soplar. Alec odiaba encerrarlo, él no era de los que les hacía eso a las personas, era solo que no sabía si podía confiar en Magnus. Además no le agradaba mucho la idea de que alguien lo viera y después tuviera que dar respuestas a la prensa. Entre más tiempo pasara en el anonimato, mejor.
—Creo que Jordan puede venir a limpiarlo después— respondió a regañadientes. Magnus levantó una ceja hacia él.
—Te recuerdo que no soy un Lightwood— dijo. Alec gruñó.
—¿A qué demonios estás jugando? ¿Qué es lo que quieres?
—Quiero salir de aquí. Soy propenso a aburrirme con facilidad, y si paso más horas aquí voy a enloquecer.
—No vas a salir, puedes tallar madera todo lo que quieras, pero ni un paso fuera de esta habitación— Alec caminó hasta la puerta dispuesto a irse cuando Magnus volvió a hablar.
—Odio que me controlen— refunfuño. Alec se giró para replicarle algo, pero entonces se fijó en que lo que Magnus estaba tallando eran sus propios bastones. Decidió guardar silencio y salir de la habitación.
Estando en el pasillo casi se estrella con Clary, quien se apresuraba a colocar un broche dorado en su cabello rojo.
—¡Alec! —saludó ella jadeando—Maia me dijo que habías ido a la habitación de Magnus—
—Solo vine a traerle su comida, ya podemos irnos—
—Oh, espera— la chica lo pasó— Solo quiero saludarlo…—pero se vio interrumpida cuando Alec la agarró del brazo.
—Olvídalo, tenemos prisa y él está ocupado— su voz era dura y fría, por lo que Clary lo miró sorprendida. Su jefe no era así.
—¿Qué está pasando, Alec? ¿Hay algún motivo por el que no quieres que vea a Magnus? — Alec guardó silencio, y Clary llevó una mano a su cintura mientras lo miraba seriamente —¿Qué fue lo que hiciste?
—Le prohibí salir—soltó, sabiendo que no era bueno ocultando cosas.
—¿Qué? — la chica abrió los ojos desmesuradamente— ¡Estás loco! ¿Qué es esto? ¿Un secuestro?
—¡Claro que no! Es solo que no quiero verlo caminando libremente por ahí, me siento más seguro al saber que está dentro de la habitación— Clary frunció el ceño.
—¿Y tienes una idea de cómo se debe sentir él?
—¿Y tienes una idea de cómo se deben sentir los ejecutivos al ver que llegamos tarde?
—¡Alec!
—Ya vámonos— el ojiazul caminó decidido por el pasillo, y Clary empezó a caminar tras él. Alec no podía dejar que Magnus saliera, incluso el hecho de que los empleados de la mansión supieran de él ya era riesgoso. No sabía cuánto tiempo le tomaría a la prensa descubrir la locura que estaba haciendo.
Él y la pelirroja salieron de la mansión, entraron a uno de los autos, y Clary manejó hacia la empresa Lightwood. Su trabajo no era complicado, en realidad ser el supremo jefe de algo pocas veces resulta ser complicado, consistía más que todo en supervisar. Debido a la ausencia de sus padres y hermanos, él era el único capacitado para tomar decisiones radicales y firmar contratos y convenios. Nunca se había equivocado, sus padres solían decirle que su pequeño hijo de ojos azules estaba dotado con una gran intuición en los negocios, y después de años incursionando en ellos Alec empezaba a creerlo.
Su relación con los empleados era buena, e incluso a Alec le gustaría poder tratarlos con más confianza e informalidad que la de era requerida en los negocios. Antes de tener sus responsabilidades, cuando aún era un estudiante de universidad, era feliz hablando con quien quisiera de la forma que quisiera, usando suéteres holgados, y leyendo cuanto libro le pusieran al frente. Ahora sus amigos eran más que todo empleados bajo su mando, por lo que la relación no podía ser de abierta naturalidad. Estaba obligado a usar traje todos los días, y en lugar de leer libros de fantasía, encontró más provechoso leer artículos de economía. Si antes su vida era aburrida, ahora sentía que estaba interpretando un papel, un rol que no era él realmente.
Otra cosa que empezó a hacerse presente en su vida una vez quedó al mando de los negocios familiares, fue la prensa. Alec, por ser tan joven, guapo, y soltero, era bastante mencionado en las revistas de farándulas. Casi que se consideraba una celebridad, y el ojiazul no podía estar más molesto por ello. Odiaba la atención, odiaba leer su propio nombre en una portada, o encontrarse con una fotografía que alguien había tomado mientras él estaba distraído.
Odiaba a la prensa, pero con el tiempo había aprendido a manejarla. Debía llevar una vida lo más monótona y aburrida posible, entonces ellos no encontrarían nada que comentar o criticar, y simplemente se olvidarían de él. Las noticias en la farándula no funcionan si no son escandalosas. Todo hubiera continuado funcionando, de no ser por la presión que sentía en el pecho al saber que en la mansión le estaba esperando su prometido. Tarde o temprano la prensa se iba a enterar, y Alec tenía miedo de ese momento.
—¿En qué piensas? — le preguntó Clary mientras la lanzaba una mirada de reojo para no tener que apartar su atención de la carretera.
—En que todo esto es una locura— respondió él. No necesitaba aclarar a que se refería, su vida siempre había sido tan calmada, que en ese momento solo había una cosa que la ponía patas arriba.
Clary suspiró y pegó su cabeza contra el espaldar de la silla.
—Detesto tener que decirte esto, Alec, pero fue tu decisión. Y no me refiero el aceptar a Magnus, sino el seguirle todos los caprichos a mi hermano.
—Esto no es un capricho— replicó el chico inmediatamente— Ya te dije como fueron las cosas, o era Jonathan o era yo, y obviamente no iba a dejar que fuera él. Magnus podría ser peligroso.
—Es inglés— replicó la chica— El único peligro que podría significar sería recibir demasiados abrazos de su parte— Alec sabía que Clary no estaba siendo objetiva, pero su comentario lo hizo sonreír. Los estadounidenses tenían sus propios prejuicios para definir a los británicos.
—Aunque no luce como un inglés— se vio obligado a señalar el ojiazul— Lo notaste ¿verdad? Quiero decir, sí, es muy elegante al hablar, comer e incluso al dormir; pero físicamente no luce como un inglés. En realidad, tiene un aire asiático.
—¿No te parece curioso? — preguntó la pelirroja— Magnus me parece un chico interesante, deberías tratar de conocerlo un poco más, hablar con él. Después de todo, es tu prometido. — Alec desvió su mirada hacia la ventana y observó los letreros al lado de la carretera que iban dejando atrás — Oh bueno, casi tu prometido— corrigió después la chica. Alec la miró curioso.
—¿Casi?
—No hubo proposición— argumentó ella. Alec se le quedó viendo para ver si hablaba en serio, y al ver que Clary no dijo nada solo pudo soltar una carcajada.
—¿Y una proposición para qué?
—Supongo que conoces el proceso. Hay una proposición con anillos de por medio, después son prometidos oficialmente, y luego planean la boda juntos— Alec no pudo evitar mirar con ensoñación la ventana. Todo lo que decía Clary era algo que a él le hubiera gustado experimentar, pero hacerlo realmente, no con un chico pagado.
—Este es un caso especial. Con un poco de suerte llevaré a un juez a escondidas a la mansión, lo haré firmar el papel y listo.
—Pero es un año— Clary lo miró— ¿Realmente planeas esconderlo por un año? ¿Planeas dejarlo encerrado en su habitación por todo un año?
—No lo sé— Clary suspiró de nuevo y volvió los ojos a la carretera, justo a tiempo para cuando ya se podía visualizar la empresa unos cuantos metros al frente.
—Llegamos, y esta conversación aún no ha terminado.
Magnus sopló una vez más las virutas de madera atrapadas dentro de su tallado, y observó maravillado como su diseño iba saliendo a la vista. Su ojo de gato estaba casi terminado, y luego de ése continuaría con unas alas de ángel que desde hacía días le rondaban la cabeza. Cuando su padre era el jardinero de su madre, solía tallarle mensajes y detalles en los troncos de los árboles, de ahí fue de donde Magnus sacó su habilidad.
Tomó un pequeño paño húmedo del suelo, y lo pasó suavemente por la madera. Ahora solo debía limar las partes imperfectas, pero para eso debía esperar a que la humedad se secara, por lo que no podría seguir tallando por unos minutos. Se puso de pie, caminó hacia la ventana de la habitación, y la abrió dejando entrar un viento fresco que hizo volar algunas de las virutas marrones y naranjas del suelo. Eso sería suficiente para secar su creación. Dejó el bastón sobre el alfeizar, y estuvo a punto de girarse de nuevo cuando quedó embelesado con la vista del hermoso jardín de la mansión Lightwood.
Tenía hambre, no sabía cuánto tiempo llevaba tallando pero a juzgar por la picazón en sus ojos sospechaba que habían sido horas, y de todos modos no podía salir de su habitación. ¿Qué más daba perder el tiempo mirando hacia el jardín? No era como si tuviera una televisión o alguna otra cosa que mirar.
—¿Dónde está el azúcar pulverizado? —preguntó Jordan mirando en todas direcciones de la cocina.
—Segundo cajón hacia abajo— señaló la chica morena, y su novio siguió sus instrucciones para buscarlo. Hacía un rato que ambos habían terminado sus tareas obligatorias, así que decidieron pasar el tiempo intentando hornear algo que Jordan conocía como churros y que juraba que eran británicos.
—No dejes que se quemen demasiado— le advirtió a la chica mientras ella hacía lo que podía junto al fuego. No era que ambos quisieran consentir a Magnus, era que por alguna razón a Jordan empezó a parecerle interesante la comida británica. Nunca se había especializado en esa gastronomía, y tener a Magnus en esa casa era una perfecta excusa para empezar a explorar ese campo.
—¿Estás seguro que esto sabrá bien? Parece que son muy dulces—
—Y aún les falta el chocolate— comentó el chico con una sonrisa maliciosa. Maia solo sonrió mientras negaba con la cabeza, de todos modos el dinero de los ingredientes había sido de Alec, así que ellos no tenían nada que perder si todo resultaba un desastre— Y hablando de eso, ¿Dónde está?
—En ese gabinete— Jordan siguió las instrucciones de Maia, pero se encontró con un bote vacío.
—Maia…— advirtió. La chica le dio una mirada y al ver el bote vacío dio un grito ahogado.
—¿Qué? ¡No puede ser! Hace unas semanas yo misma fui a comprar…. ¡Fue el idiota de Jace! — la chica frunció el ceño mientras recordaba al rubio colarse a su cocina en repetidas ocasiones cuando había visitado la mansión unas cuantas semanas atrás— Me dijo que quería chocolate y le dije que no, pero no creí que pudiera encontrarlo— Jordan rodó los ojos y dejó el bote a un lado.
—Está bien, pero cuando tomaste la cocina te advertí que tuvieras cuidado con los hermanos Lightwood. La eterna cocinera de desastres, y el eterno tragón. Tenemos que mantenerlos apartados de aquí.
—Anotado— Maia sacó los pocos churros que aún estaban dorándose y apagó el fuego para después empezar a quitarse el delantal— ¿Vamos a comprar chocolate? —Jordan le sonrió y también empezó a quitarse su delantal.
—Vamos.
La pareja salió de la felizmente de la mansión y empezaron a caminar por la calle. Ahora ya no parecían empleados, sino una joven y hermosa pareja feliz, y les encantaba.
Lo que al principio era solo la compra de chocolate para repostería, terminó siendo una tarde de almuerzo, cine y muchas risas. El tiempo se pasó muy rápido, y ya estaba anocheciendo cuando volvieron a la mansión tomados de la mano. Alec se había ido a la empresa, por lo que iba a almorzar allá, y por lo tanto eso los libraba de la responsabilidad de permanecer en casa.
Entraron a la cocina y Jordan dejó las bolsas a un lado mientras Maia tomaba el delantal y empezaba a ponérselo.
—¿A qué hora crees que vuelva Alec? — el chico levantó su muñeca y miró la hora.
—Son las seis. Diría que en dos horas—Maia asintió.
—Perfecto, ese es el tiempo que necesito para preparar la cena. Veamos… ¿Lasagna?
—Alec ama la comida italiana— comentó el chico. Después de haber sido chef en esa mansión por unos meses, conocía muy bien los gustos de su jefe.
—Perfecto, entonces no podrá quejarse—Jordan rodó los ojos mientras la chica se acercaba a la estufa.
—Maia, ya te lo he dicho un montón de veces, Alec no se queja de tu comida.
—Jordan…—la voz de la chica salió en un murmuro, y su novio la miró extrañado. Ella se giró lentamente, mostrándole un plato lleno de los churros que ellos habían hecho antes de irse. Jordan los miró sin entender que quería decir su chica—Magnus…—volvió a murmurar y Jordan abrió los ojos.
—¡Magnus! — el chico abrió la nevera y sacó un envase de yogurt mientras Maia tomaba algunas servilletas y las cargaba junto con el plato de churros— Alec no le tiene permitido salir.
—Pero… ¿Enserio crees que nunca fue a la cocina? Quiero decir, no ha comido nada aparte del desayuno que le llevó Alec, y se quedó toda la tarde solo en la mansión. Debió haber salido a buscar algo de comer— Maia trataba de convencerse de que el sentido de supervivencia de las personas era más fuerte que cualquier orden de Alec, pero su voz sonaba insegura. De todos modos la cocina había estado exactamente igual a como la había dejado—¡Agg! — gruñó enojada mientras ella y Jordan se apresuraban por la escalera— Alec me saca de mis cabales. Ahora me siento culpable por haberme estado divirtiendo mientras ese chico estaba ahí dentro.
—Alec tiene sus razones— comentó Jordan. La pareja llegó al pasillo del segundo piso, y en menos de un minuto ya estaban frente a la puerta de Magnus. Jordan miró a Maia antes de acercarse y golpear— ¿Magnus? Soy Jordan. No sé si bajaste a comer algo… sinceramente espero que lo hayas hecho. Pero por si acaso te traemos comida.
—Jordan me ayudó— aclaró la morena— Así que deben saber bien.
—Maia…—empezó Jordan dispuesto a volver a repetirle lo de siempre, pero la chica lo hizo callar con una seña y abrió la puerta.
Adentró la habitación estaba helada. La ventana estaba abierta, y Magnus estaba sentado en una silla con sus manos sobre el alfeizar y respirando calmadamente. Estaba durmiendo.
—¡Serás idiota! — exclamó Maia mientras dejaba el plato sobre una mesa —¡Te vas a enfermar! — Jordan recorrió la habitación en busca de un plato, un vaso, una servilleta, o algún indicio que le indicara que el de ojos dorados había bajado a comer, pero al parecer realmente había acatado la orden de Alec y se había quedado dentro del cuarto todo el día, pese a que si hubiera salido nadie lo hubiera visto.
Sus ojos marrones bajaron hasta el suelo cubierto de lo que parecía montones de tierra, y ante tal vista hizo una molesta mueca.
—¡Hombre! ¡¿Qué demonios hiciste con mi perfectamente limpio suelo?! ¡Tardaré una eternidad limpiando eso!
—Deja de quejarte y ayúdame— dijo la chica. Jordan dejó el envase junto al plato y se acercó a la chica, quien movía el cuerpo del moreno intentando despertarlo— No se mueve… ¡¿Crees que haya muerto?! — Jordan, a pesar de todo, rió.
—Claro que no, solo está profundamente dormido— el chico dirigió su mirada hacia la ventana, donde un precioso bastón descansaba al aire libre. Lo tomó y lo metió dentro de la habitación, con temor de que el viento nocturno lo hiciera caer y alguien resultara lastimado. Al verlo más de cerca, se sorprendió con los pequeños detalles del trabajo. Era parecido a lo que él veía cuando decoraba pasteles o galletas: el esfuerzo y tiempo de su trabajo reflejado en cada minúsculo acabado.
—Debe ser el cambio de horario— comentó Maia— No creo que despierte hasta mañana— Jordan dejó el bastón a un lado y le puso atención a su chica— Me siento culpable.
—También yo— respondió, pero luego frunció el ceño— Aunque en realidad no hubiéramos podido hacer nada. Alec me dijo que sólo él podía traerle de comer.
—Alec es muy dramático— se quejó la chica.
Después de eso, mientras Jordan cargaba el cuerpo de Magnus y lo dejaba sobre la cama, Maia limpió todo el desastre del suelo, de todos modos ella era mucho más rápida que Jordan trabajando en ese aspecto. Una vez que ambos terminaron, volvieron a tomar lo que habían llevado y salieron de la habitación, sabiendo que de nada servía dejar comida ahí.
Alec regresó a casa pasadas las nueve de la noche, y se despidió de Clary una vez ésta terminó de leerle la agenda de los eventos obligatorios a los que debía asistir esa semana. La pelirroja se fue a casa, y Alec estaba subiendo las escaleras tambaleándose de un lado al otro. Haber pasado todo el día en la empresa lo había agotado, se había puesto a revisar todos los documentos de todos los departamentos y el tiempo se le había pasado volando.
—Alec— llamó alguien a su espalda. Esa era la voz de Jordan.
—¿Qué pasa?
—Quería hablar contigo sobre algo— el ojiazul se giró hacia el castaño, poniéndole su total atención —¿Por qué no tenemos portero?
—¿Disculpa?
—Que me parece extraño que en esta casa tan grande no haya un portero. Alguien podría entrar y robar en cualquier momento.
—¿Crees que necesitamos un portero?
—El otro día vi a unos hombres frente a la mansión, y estaban tomando notas. Creo que si necesitamos uno— Alec asintió. En realidad sus padres le habían dicho aquello antes, pero ahora que Jordan, quien tenía ojos en toda la casa, se lo decía, lo tomaba enserio y no solo como un paternal capricho sobreprotector.
—De acuerdo. ¿Te puedo encargar buscar a alguien? — Jordan sonrió.
—Claro— lo había logrado. No solo le había conseguido trabajo a un desempleado amigo, sino que además había logrado redimir un poco la culpa por lo que había pasado con Magnus en la tarde. Era egoísta, y aún quería poder salir con su novia, pero ahora temía el dejar a Magnus solo en la mansión. Un portero al menos velaría por la seguridad del moreno cuando nadie más estuviera ahí.
—Buenas noches— Alec se giró con intenciones de reanudar su camino hacia la habitación.
—Espera— volvió a hablar Jordan— Hay otra cosa— Alec volvió a verlo, y el castaño lució ligeramente avergonzado— Creo que debes saber que tu… Magnus… no comió nada a parte de lo que le llevaste en la mañana— Alec lo miró sorprendido— Me dijiste que solo tú podías llevarle comida— aclaró el castaño— Y él nunca salió a buscar algo a la cocina— Alec se quedó mudo, analizando ese hecho. Jordan le miraba fijamente, tal vez esperando alguna reprimenda por no haberlo alimentado o algo, pero eso nunca sucedió.
—¿Nunca salió? — preguntó.
—No— Alec se pasó una mano por el rostro— ¿Vas a mantenerlo ahí dentro todo el tiempo? Aunque no pongas un candado, estoy seguro de que Magnus se quedará ahí hasta que le des permiso de salir. Parece alguien educado— Alec se mordió le labio pensativo.
—No sé qué hacer con él. Pero por ahora sí, permanecerá ahí—Jordan estuvo a punto de replicar, pero Alec continuó— Aunque ahora pueden subirle comida. Es más, por favor háganlo. Y cuando él necesite algo, también háganlo— Jordan lució ligeramente sorprendido, pero después le sonrió.
—Ya era hora de que pusieras a tu prometido en su lugar— comentó, y se giró para salir de ahí antes de que Alec tuviera la oportunidad de corregirle.
Magnus despertó con un jadeo y se sentó de golpe en la cama, mirando en todas direcciones. Todo estaba oscuro, completamente oscuro. Palpó a su lado, pero no encontró su linterna, y se maldijo al recordar que se había quedado dormido en la ventana cuando aún era de día y no la había tomado.
"Estúpido horario americano" pensó, pero su enojo se calmó al instante, y fue reemplazado por el miedo. Tenía los ojos completamente abiertos, mirando a su alrededor en busca de cualquier indicio o la presencia de alguien o de algo en el negro abismo en el que se encontraba. Podía sentir su corazón latir con fuerza dentro de su pecho, y su respiración poco a poco fue acelerándose. Necesitaba su linterna.
En medio de la oscuridad se puso de pie, y esperó hasta revisar todo a su alrededor a la espera de cualquier ruido. Nada ocurrió, y justo cuando iba a dar un nuevo paso, sintió algo o alguien acariciarle el tobillo. Lanzó un pequeño grito y dio un salto buscando alejarse de lo que sea que lo había tocado, pero terminó tropezando con la maldita alfombra y se estrelló contra el suelo. Sin embargo el dolor físico no era nada comparado al terror que le producía tener los ojos abiertos y no estar viendo nada, ni siquiera sombras. Sentía que estaba cayendo en un poso, sentía que nadie lo iba a volver a encontrar nunca, y a su mente llegó el recuerdo de estar viendo la misma oscuridad penetrante mientras se sentía observado y escuchaba los gritos de su madre. Era una horrible pesadilla, y ni siquiera podía cerrar los ojos para alejarse de ella porque tras sus parpados también vería la misma oscuridad.
—¿Magnus? — de pronto su horrible pesadilla se vio interrumpida cuando sus tinieblas empezaron a verse iluminadas. Alguien había encendido la luz del corredor, y al abrir la puerta esa misma luz se había filtrado—Escuche un grito ¿Estás bien? — pronto el rostro de Alec apareció en su campo de visión. El ojiazul lo observaba desde arriba, con una expresión de confusión en su pálido rostro— ¿Qué haces en el suelo? — Magnus frunció el ceño y se puso de pie.
—Nada, solo tropecé— respondió cortante. Dirigió una rápida mirada a toda la habitación para comprobar que no había nadie a parte de Alec, y luego se estiró y con un rápido movimiento agarró la linterna azul que había estado sobre una mesa. Alec se detalló en esa acción, pero no le dio importancia.
—Lamento que por mi culpa no hayas podido comer algo hoy— dijo el chico, y Magnus se sorprendió al darse cuenta de que era verdad. Se la había pasado todo el día tallando y después había dormido.
—Disculpas aceptadas.
—Ya hablé con Jordan. Ahora ellos traerán tu comida— Magnus frunció el ceño y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Retracto lo dicho. Creí que me ibas a dejar salir de aquí.
—Sigue soñando con eso— Alec se giró y caminó hacia la puerta. Magnus lo observó irse, y cuando de nuevo estuvo en tinieblas usó su linterna para alumbrar su camino de vuelta a la cama.
Una vez que Alec estuvo acostado en su cama y con los ojos cerrados, se permitió meditar en lo que había ocurrido. Debía tratar de idear un plan para mantener a una relación estable con Magnus, pero tratándolo como a un humano y no como a un animal. Pero ¿Qué podía hacer? ¿Qué tanto estaba dispuesto a sacrificar para lograr ganar el aprecio y amor de Jonathan?
