Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es kyla713, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
Capítulo 4
—Mamá. ¡Mamá! ¡Apúrate! ¡Papá está llamando! —exclamó Mikey al correr por el apartamento cuando la laptop comenzó a sonar en la cocina, marcando una llamada entrante por Skype—. ¿Puedo contestar?
—¡No! —gritó Bella, apurándose hacia la mesa luego de apagar la mecha en la estufa—. Ve a lavarte la gelatina de las manos.
—¡Pero mamá!
—Es en serio, ahora —replicó ella con firmeza, moviendo el cursor con la punta del dedo para aceptar la llamada mientras Mikey corría por el pasillo hacia el baño. La imagen borrosa se aclaró lo más que se podía esperar y el sonido de estática en el fondo llenó las bocinas—. Hola soldado.
—Hola amor. ¿Cómo estás? —respondió Edward con una inconfundible sonrisa en el rostro, y ella se encontró a sí misma pasando el dedo de manera ausente sobre su imagen.
—Bien. Recibí una llamada de bienes raíces y parece que podremos mudarnos a la nueva casa al final del mes. ¿Pero cómo estás tú? —preguntó ansiosa, intentando aprovechar al máximo el tiempo limitado que sabía tendría con él.
Mikey se subió al regazo de su madre y sonrió al mirar a Edward.
—¡Hola papá! ¿Te llegaron las galletas que mami y yo hicimos para ti?
Edward sonrió, llevándose a los labios una de las galletas antes mencionadas y dándole una mordida. Eso hizo que Mikey riera y saltara más emocionado en las piernas de Bella.
—Son las mejores galletas del mundo, campeón —respondió, y luego movió la vista para encontrarse con la mirada de su mujer—. Estoy bien, cariño. Los extraño, pero estaré en casa antes de que se den cuenta.
—Lo sé. Nosotros también te extrañamos, cielo. No podemos esperar para que vengas a casa. —Bella luchó por mantener la sonrisa en su rostro mientras intentaba evitar que las lágrimas se formaran en sus ojos.
—Sí, porque adivina qué —dijo Mikey, meciéndose.
Bella intentó mantenerlo quieto y sacudió la cabeza, peinándole suavemente el cabello con los dedos.
—Mikey llegó al cuadro de honor por el progreso en su reporte. Tuvo las notas más altas en toda la clase del jardín de niños.
—¡Mamá! —gimió Mikey entre dientes con los ojos abiertos como platos, moviéndose más en su regazo.
—De acuerdo, Mikey. Obviamente tienes algo que decir. Suéltalo —dijo Edward con una carcajada, incapaz de ignorar el ansioso comportamiento de Mikey.
—¡Voy a ser hermano mayor! —anunció Mikey de manera ruidosa, alzando los brazos al aire y casi golpeando a su madre en la cara.
La respiración de Edward se cortó y sus facciones cambiaron momentáneamente, se quedó con los ojos como platos y boquiabierto. Miró a Bella morderse el labio y pasar los dedos por el cabello suelto que había escapado de su coleta. Ella asintió mirándolo a los ojos, aunque seguía un poco nerviosa, y la sonrisa de él regresó al ver a Mikey.
—Son increíbles noticias, campeón. Aunque sólo tengo un par de minutos más. ¿Puedo hablar rápido con tu mamá?
—¡Síp! —Mikey asintió emocionado y le lanzó un beso a Edward con la mano—. ¡Adiós papá! ¡Te amo!
—Yo también te amo, Mikey —respondió Edward, esperando a que el pequeño se bajara del regazo de Bella y saliera de la habitación—. ¿Estás embarazada?
—Sí —respondió Bella con un suspiro—. No era así como quería decirte. Pero tuve que llevar a Mikey conmigo al doctor porque olvidé de que sólo tenía medio día de clase, y ha estado al borde de la explosión a causa de los nervios.
—¿Y fue de esa única noche? —preguntó Edward, abriendo más los ojos.
—Bueno, de una de las cuatro veces de esa noche, pero sí. Basta tan sólo con una vez, Edward —dijo Bella con una risita, ladeando la cabeza al verlo—. ¿Estás feliz?
La expresión de Edward cambió una vez más por el tono de su pregunta, se suavizó y deseo más que nunca, aunque fuera por sólo un segundo, poder estirar la mano y tocarla.
Sus pensamientos regresaron a la noche antes de su boda, luego de que Mikey finalmente se durmiera. Mientras estaban acostados en la cama comenzaron a hablar sobre lo que esperaban del futuro y, naturalmente, de la tarde siguiente. No sólo era su noche de bodas, sino que también sería la única que tendrían como marido y mujer antes de que él se fuera al otro lado del mundo. Aunque fuera riesgoso, ambos decidieron que simplemente querían estar juntos, querían disfrutarse el uno al otro sin pensar ni una sola vez en las precauciones que habían tomado las pocas veces que hicieron el amor durante las semanas anteriores a esa fecha. Dejaron todo al destino, aunque ella admitió que la idea de tener otro bebé sola la asustaba un poco.
Finalmente también tuvieron "la charla" sobre hijos. Luego de analizar los pros y contras en ambos lados de la moneda, decidieron que al menos querrían uno más; un hijo juntos, para solidificar más su familia.
—Amor, lo único que no me hace feliz en este momento es que no estoy allí para besarte y mostrarte lo mucho que te amo, en lugar de sólo decírtelo —respondió él y miró que la sonrisa regresaba a sus labios—. No creí que fuera posible amarte más, pero al parecer estaba muy equivocado.
—Pues pronto habrá mucho de mí que podrás amar si este embarazo se parece al de Mikey —bromeó Bella, intentando mantener ligera la conversación mientras que el miedo tiraba de su corazón, algo que no le dejaría ver a él.
Edward soltó un pesado suspiró y asumió esa expresión tan familiar para ella: el rostro de despedida. Su ceño tenso, sus labios apretados, las arrugas alrededor de sus ojos desaparecieron junto con su sonrisa... y por último, las palabras.
—Se acabo el tiempo, cielo. Tengo que irme. Te llamaré lo más pronto posible. Te amo, Bella.
Bella forzó una sonrisa mientras luchaba contra las lágrimas que venían con cada adiós.
—También te amo, Edward.
Con una última sonrisa su rostro desapareció de la pantalla y la habitación se quedó en silencio alrededor de ella sentada en la silla. Alzó la vista al techo por un momento.
—Mikey, es hora de que te vayas a dormir, bebé.
Una cabecita rubia apareció en su visión periférica, y miró hacia un lado cuando Mikey la rodeó con sus brazos.
—¿Mamá? Si los bebés son algo bueno, ¿por qué hacen que las mamis lloren todo el tiempo? ¿Te lastiman tu pancita?
Bella soltó una suave carcajada, miró que el rostro de Mikey se arrugaba frustrado y asumió la expresión más solemne que podía poner.
—No, mi pancita no me duele. Y estoy muy feliz por el bebé.
—Yo también. —Mikey exhaló profundamente, y suspiró de manera pesada al recargar la cabeza en el brazo de Bella—. Pero tú lloras mucho. Y Maggie Fischer en la escuela dijo que cuando su mamá tuvo a su hermanito en su pancita, lloraba todo el tiempo y más después de que el bebé salió de su pancita. ¿Eso te va a pasar a ti también, mamá?
Bella le besó la cabeza y lo envolvió en sus brazos, abrazándolo con fuerza contra ella.
—No creo. No lloro por el bebé, Mikey. Es que extraño mucho a papá y desearía que pudiera estar aquí.
—¿Mami? —preguntó Mikey con la vista agachada, se acurrucó más en su pecho cuando ella tarareó a modo de respuesta—. ¿Llorabas así por mi otro papá cuando yo estaba en tu pancita?
Bella se mordió el labio cuando bajó la vista para verlo y sus interrogativos ojos azules se alzaron para verla. Rara vez mencionaba él a su verdadero papá de cualquier manera. Tardó varios momentos en recuperarse por la sorpresa de su declaración.
—Um. Sí, supongo que sí. Estaba muy feliz por tenerte, pero también triste porque tu papá no podía estar aquí y lo extrañaba mucho.
—¿Más que a Edward? —preguntó Mikey con tristeza, bajando la cabeza de nuevo.
Bella cerró los ojos y exhaló lentamente, intentando con todo su poder mantener la compostura. Él no había llamado a Edward por su nombre desde que se fue a Afganistán, e incluso luego de este corto periodo de tiempo, sonaba raro proviniendo de sus labios. Lo tomó de la mano y lo llevó a su habitación, lo alistó para dormir y luego se sentó junto a él después de arroparlo.
—Mikey, tu padre fue un hombre muy especial y era muy importante para mí. No hay un solo día que pase y no piense en él, o lo vea en algo que haces. Una parte de mí siempre lo amará. Él te trajo a mí. —Mikey suspiró y asintió, su rostro decayó un poco más. Ella le alzó la barbilla para que la viera y sacudió la cabeza—. Pero eso no significa que ame o extrañe a Edward menos de lo que amaba y extrañaba a tu padre. Él también es muy especial para mí.
—¿Porque él te dio a mi hermanito o hermanita? —quiso saber Mikey, acurrucándose en su costado y poniendo su manita sobre el estómago de ella.
Bella se rió entre dientes de nuevo y puso su propia mano sobre la de él.
—Bueno, no es sólo por eso, pero sí. Definitivamente eso cuenta.
—De verdad amas a Edward, ¿no mamá? —preguntó Mikey con un tono ligeramente nervioso en la voz, casi como si temiera su respuesta.
Bella luchó por contener más lágrimas, pero su sonrisa creció al asentir.
—Sí, de verdad lo amo.
Mikey suspiró contento, apartó su mano de ella y la reemplazó con su mejilla. Tocó ligeramente su abdomen todavía plano con la punta de sus dedos y susurró:
—Hola hermanito o hermanita. Tenemos a la mejor mamá y al mejor papá del mundo. Y por favor, sé un hermanito.
x-x-x
Esa misma tarde, en la tranquilidad de su habitación, ella se puso una de las camisetas que Edward había dejado en su apartamento y se metió a la cama, acurrucándose bajo las cobijas. Sus ojos picaron con cada lágrima que tuvo que retener a lo largo del día, por Edward y por Mikey, y finalmente las dejó salir mientras pasaba la mano sobre la almohada vacía junto a ella.
Ella sabía muy bien que sería difícil darle las noticias que le causaban una inexplicable alegría y abrumadora tristeza al mismo tiempo, ya había vivido todo esto antes, aunque con pequeñas diferencias.
Cuando Bella descubrió que estaba embarazada de Mikey en su breve "luna de miel" antes de que Michael tuviera que irse unos días después, ambos se emocionaron. Y aunque él sí había estado con ella cuando le dieron los resultados de la prueba, no podía dejar de lado el saber que dentro de pocos días estaría embarazada y sola.
Como sea, incluso las diferencias más pequeñas se sentían astronómicas en ese momento.
Cuando descubrió que estaba embarazada de Mikey ella había pasado aquella noche en brazos de Michael, en la cama que compartieron por más de un año; Edward ya estaba a miles de millas de distancia y ella sólo le quedaba abrazar la almohada que había sostenido la cabeza de él sólo unas cuantas veces.
Luego de que Michael partiera, ella pudo sentarse en su armario por horas, envolviéndose en el aroma de su ropa en momentos de intensificada soledad; esta noche se dio cuenta de que sólo tenía unas cuantas camisetas de Edward que él había dejado en su apartamento, con ligeros trazos de su aroma que apenas se podían distinguir en la tela.
Su mente era tan inocente y las cosas eran mucho más simples en aquel entonces; estaba atrapada en la romántica vida de estar casada con un soldado. Ahora no podía rezar lo suficientemente fuerte para que su soldado regresara a casa y pudiera ver la hermosa vida que habían creado juntos.
Pero mientras miraba la banda que rodeaba su dedo anular izquierdo, pensando en el hombre que la había puesto allí hace unas semanas, tampoco pudo negar un inconfundible sentimiento; ése de estar completa e irrevocablemente enamorada de alguien, y que ese amor fuera correspondido con igual fuerza.
x-x-x
Edward salió para regresar con su unidad, su mente estaba aturdida.
Bella estaba embarazada. Su bebé estaba creciendo dentro de ella, una parte de él estaba con ella incluso aunque él estuviera a miles de millas de distancia. Bella estaba embarazada. Cuando regresara a casa en esta ocasión, probablemente habría un nuevo rostro a quien saludar. ¡Bella estaba embarazada!
Una sonrisa creció en sus labios y alzó el puño al aire, ganándose varias cejas alzadas y miradas curiosas de los hombres y mujeres a su alrededor. Sabía que su comportamiento alzaría preguntas y que esa no era su conducta usual luego de una llamada a su esposa, pero no le importaba. Todavía extrañaba a Bella y Mikey más de lo que podía expresar. Seguía sin poder esperar para estar de regreso en casa y con ella en sus brazos, poder jugar a los trenes y Legos con Mikey de nuevo. Para tener tiempo juntos como una familia completa. Pero las noticias que Bella le acababa de dar habían agregado un elemento completamente nuevo a todo.
Edward pensó en el momento en que Michael se enteró de que su hijo había nacido. Tenía lágrimas en los ojos cuando anunció orgullosamente de que tenía un bebito y sin importarles quién los viera, incluso en medio del desierto, se abrazaron en una celebración compartida por el nacimiento de Mikey.
Luego pensó en la primera vez que vio a Mikey, en ese momento tenía un par de meses de nacido, y lo nervioso que había estado al cargarlo por primera vez. Michael lo había tomado todo con naturalidad, enamorándose al instante de su hijo. Pero aún así no había otro sentimiento que se comparara a lo que sintió Edward cuando dejaron al pequeño bebé en sus brazos que lo veía con sus grandes ojos azules. Fue increíble e intenso, y algo que nunca creyó volver a experimentar.
Y aún así, cuando regresara a casa esta vez, cuando sea que fuera eso, volvería a experimentarlo. Sólo que ahora sería su bebé viéndolo acurrucado contra su pecho. El ser consciente de eso fue emocionante y aterrador al mismo tiempo.
Amaba a Mikey con todo su corazón, y no podría amarlo más si fuera suyo de verdad, eso nunca cambiaría. Es sólo la idea de que sería muy diferente ver el abdomen de Bella expandirse en esta ocasión; ella era su esposa con su bebé creciendo dentro de ella.
Otra sonrisa tocó sus labios al pensar en eso cuando llegó a su unidad, y sonrió como idiota al anunciar orgullosamente:
—¡Bella está embarazada!
x-x-x
Mikey estaba coloreando en la mesa de la cocina mientras su mamá hablaba por el teléfono, contándole a Edward sobre la cita con el doctor que tuvo el día anterior. Tenía la cabeza recargada en el brazo con los ojos pegados al papel, garabateaba con fuerza.
—Y ahora que estoy en el segundo trimestre, puedo ir de la habitación a la cocina sin hacer parada en el baño. Creí que esta vez escaparía de las nauseas, pero sólo se tomaron su tiempo para llegar a mí. Aunque ahora el bultito del bebé es más notorio. Así que pronto estaré cambiando las nauseas por noches en vela con acrobacias —se rió entre dientes, pasando la mano por la ligerísima curva de su abdomen bajo la enorme camiseta que llevaba puesta. Movió los ojos hacia Mikey en la mesa y suspiró, pensando en la conversación que tuvieron ella y Mikey hace unos días—. Oye amor, sé que sólo tienes unos minutos, pero creo que Mikey tiene algo que hablar contigo.
Los ojos de Mikey se agrandaron y alzó la cabeza de golpe, negando violentamente con ésta en respuesta a las palabras de su madre mientras ella se acercaba a él.
—De ninguna manera, mamá. Uh-uh.
—Papá no se va a enojar. Habla con él —susurró Bella, mirando que los ojos de él se ponían acuosos y le temblaba el labio.
Mikey tomó el teléfono de su mano y se lo llevó al oído de manera lenta con un sollozo.
—Hola papá.
—Hola campeón. ¿Qué pasa? —respondió Edward, y las lágrimas de Mikey incrementaron. Miró a su madre quien lo urgió con gentileza a seguir—. ¿Mikey? ¿Pasa algo?
Mikey agachó la cabeza, sus ojos cayeron al piso cuando susurró con pena:
—No quiero que el bebé salga de la pancita de mamá.
—De acuerdo —respondió Edward de manera lenta y respiró profundamente—. ¿Alguna razón en especial? Creí que estabas emocionado por tener un hermanito o hermanita.
—Lo estaba. Lo estoy —dijo Mikey de manera suave, mirando de nuevo a Bella cuando se sentó junto a él y le pasó la mano por el cabello—. Pero vas a amar más al nuevo bebé que a mí. Porque tú eres el verdadero papá.
Bella sintió que el corazón se le oprimía dentro del pecho con la misma intensidad que cuando lo escuchó decir eso por primera vez, lo subió a su regazo mientras él se pegaba el teléfono al oído.
Mikey había estado extrañamente callado y no le interesaba nada de lo que pasaba a su alrededor en su cumpleaños, hace unos días. Incluso aunque era un hermoso día de julio, no quería jugar o ir a la alberca, y abrió sus regalos sin ganas. Y esa noche, mientras ella pasaba a la computadora el vídeo del ultrasonido que le habían hecho, él salió llorando de su habitación en cuanto escuchó el latido del bebé por las bocinas.
Cuando ella finalmente logró calmarlo lo suficiente, él le explicó que algunos de los niños le habían dicho en la fiesta que ahora él era menos importante porque ella y Edward iban a tener un bebé juntos. Y ninguna cantidad de consuelo o intentos de tranquilizarlo habían hecho alguna diferencia notable, desde entonces había comenzado a irse a dormir abrazando una foto de Edward con Mikey en los hombros que se había tomado un año antes. Tenía tanto miedo de perder a la única figura paterna que podía recordar que se estaba aferrando a cada pizca de él que le fuera posible.
—Oh, Mikey —suspiró Edward con voz adolorida—. Eso no es posible.
—¿No? —preguntó Mikey en voz baja, tenía la cabeza recargada en el pecho de Bella.
—Por supuesto que no. Te amo mucho, muchísimo. Y además eres mi compañero en la construcción de trenes, campeón.
—Pero también puedes construir trenes con el bebé nuevo —replicó Mikey, triste al pensarlo, en voz baja.
—Ésa es mi actividad especial contigo, Mikey. Eso no va a cambiar con el bebé nuevo. ¿Y quién atrapó esa enorme trucha conmigo en el lago el verano pasado?
—Yo.
—¿Y quién es el primero al que le doy un abrazo en cuanto llego a casa sin importar nada más?
Los labios de Mikey comenzaron a moverse en las esquinas con las palabras de Edward, se giró en el regazo de Bella para recargarse en ella.
—Yo. Porque soy súper rápido.
—Sí, así es —respondió Edward con una carcajada y luego ésta se desapareció al adoptar un tono más serio—. Escucha, estoy muy emocionado por el bebé y lo amo muchísimo. Puede que sea el verdadero papá del bebé, pero eso no me hace menos papá tuyo. Siempre has sido y siempre serás muy importante para mí, y yo elegí ser tu papá. Eso también te hace muy especial, ¿no?
La sonrisa de Mikey creció más con cada declaración de Edward hasta que estuvo mordiéndose el labio al asentir.
—Síp, yo te elegí a ti.
Edward se rió y respiró profundamente.
—Es cierto. Y amo ser tu papá, ¿de acuerdo, campeón?
—De acuerdo. Te amo, papá —dijo Mikey, y luego de que Edward correspondiera a ese sentimiento, el niño alzó el teléfono hasta el oído de Bella—. ¡Dile a mamá que también la amas!
Edward se rió cuando regresó la exuberancia que había esperado de Mikey y gritó en el teléfono desde el regazo de Bella.
—Te amo, cielo.
—También te amo. Cuídate —respondió Bella con voz suave, inclinándose hacia el teléfono de manera inconsciente.
—Lo haré, lo prometo. Buenas noches, Bella.
—Buenas noches, Edward —susurró ella antes de que la llamada terminara.
—Afgamistán es raro. ¿Por qué la hora de dormir es a mitad del día? —bufó Mikey, bajándose del regazo de Bella para regresar a su silla y a su dibujo.
—Afga-ni-stán —lo corrigió Bella; Mikey seguía batallando para pronunciar esa palabra.
—Mamá —gimió Mikey, echando la cabeza atrás de manera dramática—. Eso dije. ¡Afgamistán!
Bella sonrió, se puso de pie y besó su frente, dejándolo que terminara su dibujo.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios!
Siguiente actualización: 5 de enero
