Pokémon Reset Bloodlines – Interludio de Whitney

Escrito por Crossoverpairinglover, traducido por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


Summary: ¿Cómo es un día en la vida de la líder del gimnasio Goldenrod? Sigamos a Whitney en su jornada laboral. Advertencia: no apto para personas con aversión a los Miltanks.


Ciudad Goldenrod, a unas horas terribles de la madrugada…

Un teléfono rosa sonaba sin cesar. La luz de una lámpara se encendió para revelar una habitación con paredes de color rosa, y quién lo contestó fue una jovencita de cabello rosa, arropada bajo unas cobijas rosas. Lo único que no era rosa en ese momento era la cara de la chica: su color más bien podría ser definido como un "negro asesino". Sin ponerse de pie ni salirse de la cama, alargó el brazo con pereza para contestar.

- ¿Tienes idea… de la hora que es? Yo no… pero sí sé que es demasiado temprano… – gruñó en el teléfono, restregándose las ojeras.

- Hay un retador en el gimnasio, Whitney. No quiere marcharse. – respondió la persona del otro lado del teléfono, sin inmutarse.

Gruñendo, Whitney se quitó de encima sus cobijas, revelando una camiseta Pokébacker y unos shorts rosa oscuro muy cortitos, mientras se paraba de la cama.

- Diablos… dile que llegaré en quince minutos. Cuando me encargue de él… *bostezo*… volveré para aplastar la oreja.


Gimnasio Goldenrod, un poco después…

- ¡Llevo esperando dieciséis minutos!

El retador resultó ser un adolescente de piel pálida, ropa oscura y con ojeras, pero eso no le impidió estar lo bastante despierto para quejarse. Las únicas otras personas que estaban con él eran el guardia nocturno, al cual la líder del gimnasio le pagaba para vigilar el gimnasio por la noche y, con suerte, ahuyentar a los retadores que eran lo bastante idiotas de querer venir a desafiar el gimnasio durante la noche o la madrugada, y una asistente, una chica de cabello negro con un aura algo espeluznante a su alrededor. El burócrata que había impuesto la regla de que los gimnasios no podían rechazar a los retadores usando la hora del día como pretexto era la persona más odiada entre los líderes de gimnasio, y aquellos que tenían habilidades en la política estaban trabajando para revocar esa maldita regla. El guardia rodó los ojos.

- Estamos en Ciudad Goldenrod: quizás tuvo problemas con el tráfico.

- Es la maravillosa noche. – dijo el retador.

- Sí, pero todavía puede haber algo de…

En eso, la puerta del gimnasio se abrió de una patada, revelando a la jovencita de cabello rosa, vestida con ropa deportiva blanca, y bajándose casi de un solo trago todo el contenido de un termo (seguramente café).

- ¿Querías pelear conmigo? ¡¿A las 4:00 am?! ¡Vamos de una vez! – declaró Whitney. El retador simplemente se rio de ella.

- ¡No habrá café que te salve de mí a esta hora! ¡Mi desvelo será tu perdición! ¡Vamos, Noctowl!

- Viene por su tercera medalla. – le informó la asistente, Rowena Nighthawk, auto proclamada como "chica bruja", cuando estuvo a punto de agarrar una Pokébola por acto reflejo.

- Me hizo pararme a las 4 am. 4 am. ¿No puedo usar al Número 90? – suplicó Whitney. Rowena no se inmutó, solo le dio esa mirada espeluznante. – Ay, de acuerdo. En eso caso, ¡ve, Número 30!

- ¡Mil, mil!

- ¿Una vaca lechera? ¡Esto será pan comido!

El entrenador desvelado no se mostró muy sorprendido de ver la vaquita rosada con un jersey de softbol con el número 30 en él. La acabaría rápido y antes de que se diera cuenta, estaba seguro de ello. Qué equivocado estaba…

Tras una dolorosa batalla, el retador, su Noctowl, y su Houndour yacían en el suelo totalmente destrozados. Whitney estaba de pie del otro lado, con una mirada furiosa, pero de algún modo manteniendo la calma, simplemente regresó a su Número 30 a su Pokébola y se dio la vuelta para marcharse.

- Muy bien… *bostezo*… ahora que ya terminamos con eso… volveré a la cama…


Mismo día, a una mejor hora…

- ¡Buenos días, mundo!

Cuando no la despertaban a las 4 de la madrugada, Whitney era una chica muy alegre y agradable. Su rutina diaria siempre era sencilla y relajada: se cepillaba los dientes, tomaba una ducha, se comía su cereal del desayuno, hacía algunos estiramientos matutinos, y se iba a trabajar, saludando a sus conocidos de pasada por el camino.

Al llegar a su gimnasio, siempre era una mañana típica. Los retadores llegaban, usualmente con mucha confianza si era su primera visita. Peleaban contra ella…

- ¡Mis Geodudes!

- ¡Cuida ese lenguaje! – le gritó a su retador.

- ¡Ya no más, ya no más, por favor! – gritó una niña mientras salía corriendo, con su Furret en brazos, tratando de protegerlo.

- ¡¿El Scyther que me ganó ese premio fue derrotado tan fácil?!

- ¡¿Cómo es eso posible?! – gritó un niño con aspecto de nerd, mientras su Gastly era pisoteado en el suelo por Número 20.

Y después de las peleas, empezaban a actuar muy raro. Era extraño, ¿la gente acaso le tenía miedo por alguna razón? ¿Tenía el aspecto de algún horrible monstruo de pesadillas o algo por el estilo? Whitney siempre se esforzaba por ser una chica dulce y amigable, si hasta le gustaba dar abrazos. ¿Alguna vez lo intentaron con Clair? Ella siempre andaba con mala cara, sin mencionar que le vendría bien tomarse una menta de vez en cuando…

Y por supuesto, estaban las ocasiones en que venían por las revanchas…

Después de perder contra Número 50, un chico y su Hypno regresaron una semana después, listo para desafiarla de nuevo, esta vez con un Onix que llevaba un collar hecho con tréboles de cuatro hojas. 50 se los comió de bocadillo después de derrotarlos.

- ¡Jajaja! ¡Después de mi derrota contra ti, he entrenado como nunca para vencerte! – gritaba un sujeto con gi de karateka y cinturón negro a todo pulmón. – ¡Entrené bajo la tutela de un maestro de sumo retirado, y ahora mi Heracross podrá soportar cualquier ataque que tu Miltank pueda lanzarnos! ¡Muéstrame a tu Número 60, estoy listo para lo que sea!

- Lo siento, pero mi Número 60 está en reposo en este momento. Si estás listo para lo que sea, no te molestará pelear contra mi Girafarig, ¿verdad?

- ¡¿Qué?!

- ¡Vamos!

- ¿Qué? ¡Pero mis cálculos decían que usarías un atacante terrestre! ¡Mi tercera medalla estaba asegurada! ¡¿Y por qué combatiste a mi Mankey con un Pidgeotto?!

- No sé, solo lo hice.

Casi siempre usaba a sus Miltanks, a veces tenía que variar y hacer algo diferente. Por alguna razón los retadores parecían estar en desacuerdo con esto.

Tras la jornada matutina, se iba a caminar por la ciudad durante la hora del almuerzo. Daba rondas por al menos una docena de restaurantes diferentes basándose en lo que se le antojara de momento: hamburguesas, pizza, pescado, vegetariano… todo le gustaba. Hoy tenía antojo de carne a la parrilla. Por ser regular ya todos la reconocían, casi siempre le tenían reservado un asiento, y además ya le tenían una buena porción de su platillo favorito en espera.


Un poco después…

Después de llenarse con una buena ración de la mejor carne a la parrilla de Goldenrod, Whitney se fue tranquilamente de vuelta al gimnasio para la jornada de la tarde. De repente se detuvo al pasar al lado de un pequeño parque de la ciudad, al escuchar que se estaba armando lo que parecía una discusión.

- ¡No se vale, en tu equipo hay ocho jugadores y en el nuestro solo hay siete!

- ¡Pero tú tienes más niños, estamos equilibrados!

- ¡¿Qué quieres decir con eso?!

El conflicto tenía lugar en el campo de softbol, al parecer ese grupito de niños tenía sus dos equipos disparejos. Cuando vio que parecía a ponerse serio, supo que solo había una manera de resolver esta emergencia deportiva.

- ¡Hey! – les gritó mientras corría hacia ellos para llamar su atención. – ¿Si les falta alguien puedo jugar yo también?

Tras un emocionante partido y con la emergencia resuelta, se fue del parque dejando atrás el campo y a quince felices niños. Esa fue su buena acción del día. Y un día sin jugar un buen partido de softbol era un día desperdiciado.

Sin embargo, al volver a su gimnasio, se dio cuenta de que habría un alto precio a pagar por su buena acción.

- ¡Pelea conmigo!

- ¡No, primero pelea conmigo!

- ¡VENGANZA!

Había una larga fila de retadores acumulados frente a la entrada. Y todos sedientos de sangre. Whitney suspiró con resignación. Ojalá no hubiera malos perdedores entre ellos esta vez. No quería tener que pasar otra semana con un inspector de la Liga Pokémon verificándole que sus Miltanks eran apropiados para uso en batalla. Ni modo, a trabajar…

- Creí que solo estaban exagerando… – Un retador y su Pupitar quedaron en el suelo, gimiendo mientras Número 70 saltaba alegremente haciendo un baile de victoria.

- ¡Solo es un Rattata! ¡Un Rattata muy grande, pero igual! ¡¿Cómo puede ser tan fuerte?! – Número 20 mugió con fastidio en respuesta de las protestas del entrenador del Poliwag que ahora estaba derrotado. No le gustó esa comparación.

- ¿Un Muk? ¡¿UN MUK?! ¡GUÁCALA! – gritó Whitney mientras su Número 40 usaba Bulldozer contra el susodicho Muk y lo dejaba fuera del juego. – ¡¿En serio creíste que me dejaría vencer de un Muk?!

- Lo logré… – dijo un retador que venía por revancha, tratando de ganar su tercera medalla la primera vez, y ahora venía por su octava.

Sonó como un susurro de celebración. Detrás de él había en la pared un par de agujeros con las siluetas de su Azumarill y Machamp, y en el campo un exhausto y golpeado Skarmory. Ella retornó a su Número 80, mientras el retador se reía como loco.

- La derroté… ¡derroté a la maldita vaca! ¡POR FIN LO HICE! ¡JAJAJAJAJAA! ¡Por fin podré ganarte! ¡Ahora mis Pokémon podrán derrotar a los tuyos pase lo que pase! ¡Sácalos de una vez, Lickilicky, Girafarig, Wigglytuff, estoy listo para todos ellos! ¡LA VENGANZA SERÁ MÍA!

- Muy bien, entonces es hora de que conozcas a mi siguiente Pokémon. ¡Ve, Número 81!

Y en cuanto apareció en el campo un segundo Miltank, este con un jersey con el número 81, el señor Venganza (aunque no utilizó dicho movimiento) cayó de rodillas y empezó a llorar a mares.

Y ese fue el último del día. Con esa larga y dura jornada, con todos los retadores dando vuelta y marchándose, volvió a pensar en los inspectores de la Liga. La primera vez no fue muy agradable, ya para la quinta vez había puesto a los agentes locales en su lista de contactos telefónicos. Para la décimo cuarta vez, ya se llevaban tan bien que había empezado a mandarles tarjetas de Navidad. Si venían a visitarla de nuevo tendría que empezar a mandarles regalos durante las fiestas. Esperaba que no llegara a eso: el Inspector Smart tenía un particular gusto por los zapatos elegantes.

Sus Pokémon eran así de fuertes. Ella no sabía por qué, solo lo eran. Tal vez estaba en sus genes, o tal vez fuese algo en la hierba de la granja de su familia. ¿Había algo en el suelo que hacía que la hierba les diera superfuerza o algo así?

Y en serio, no es que ella fuese invencible ni mucho menos. Por supuesto que entregaba las medallas… por lo menos una vez al mes. Claro, seguramente dar doce medallas al año era perfectamente normal…



- ¿Doce medallas? ¡¿DOCE MEDALLAS?! ¡Eso es imposible! ¡El líder de gimnasio promedio entrega por lo menos treinta medallas al año, TREINTA! ¡Tú eres una anomalía en la gráfica, una interferencia! – se quejó con ella un sujeto con bata de laboratorio y que tenía que dejar de estar jorobado, mientras retornaba a su Magnemite.

¿Qué datos estaría usando? Sin creerle mucho, al despacharlos después de vencerlo, se fue a llamar a los otros líderes para comprobar qué tan mal estaba su información.

- ¡Hola, Bugsy! Te quería preguntar algo. ¿Cuántas medallas sueles entregar al año? ¿Qué…? ¿En serio, tantas?

Muy bien, tal vez los de tipo Insecto eran demasiado fáciles de vencer.

- ¿Qué hay de nuevo, Morty? Me estaba preguntando, ¿cuántas medallas sueles dar al año? Solo por curiosidad… Oh…

Dijo que veinte. De acuerdo, eso todavía no llegaba a treinta, así que el sujeto seguía equivocado, ¿verdad?

- ¡Hola, Jasmine! Habla Whitney. Quería saber cuántas medallas sueles dar al año en promedio… ¿Depende, de qué?

Aparentemente dependía de muchos factores. ¿Desde cuándo Jasmine sabía tanto de los ciclos de reproducción de los Krabbys? ¿O de los períodos evolutivos de los Remoraids? ¿O las migraciones de los Onix? ¿Desde cuándo que los Onix migraban? De acuerdo, descontando todos esos cálculos complicados.

- Oh, hola, líder de gimnasio de tipo Hierba en Johto que no conozco. Soy Whitney del Gimnasio Goldenrod, y escuché que pierdes muy a menudo. ¿Qué tanto?

Se quedó pálida al oír la respuesta. ¿Todas esas derrotas y todavía no lo habían despedido de su trabajo? Cosa similar le pasó con los líderes de tipo Fuego, Veneno y Eléctrico de Johto.

- ¡Hola, Pryce! Habla Whi…

*CLICK*

- Ay, qué viejo tan grosero. Ni me dejó decirle nada.

Muy bien… tal vez sí era una combatiente inusualmente fuerte. No sabía cómo debería sentirse al respecto.

Dejando el gimnasio para la hora de la cena, y lista para una cita obligada con su mullida cama (y con suerte, no más desvelados a las 4 am. para molestarla), Whitney se detuvo ante un enorme cartel que destacaba sobre uno de los rascacielos de la ciudad. Mostraba a una chica delgada y de aspecto remilgado que parecía del tipo de esos viejos shows de televisión populares después de la guerra, rodeada de un montón de tipos musculosos con corazoncitos flotándoles alrededor de sus cabezas y en sus ojos. Al lado, había otra chica solitaria, con aspecto de que podría triturar una piedra entre sus manos.

*RECUERDEN, CHICAS, USTEDES SIEMPRE SERÁN HERMOSAS MIENTRAS HALAGUEN A SUS NOVIOS, NUNCA AL HACERLOS QUEDAR MAL.

Alianza de Valores de Johto.*

Pues vaya, eso se sintió como si le dieran una patada en el estómago.

Claro que había tenido citas últimamente. La gente adoraba su apariencia, era una chica atlética y bien dotada con mucha energía y encanto. Si la última cita que tuvo había sido hacía dos semanas… ¿tal vez era mucho?

¿Acaso la gente solo la veía como una entrenadora de vacas monstruosas? ¿Le tenían miedo? ¿Quizás tendría más suerte en conseguirse un novio si no fuese una líder de gimnasio, o la mejor jugadora de softbol en Ciudad Goldenrod, o una participante importante en el Pokéathlon?

Se quedó quieta por un momento, pensando un poco en ello… y decidió mandarlo al diablo.

Si alguien le tenía miedo por tener Miltanks superpoderosos y porque podía darles una paliza a sus amigos en los deportes, entonces no valían para perder su tiempo. Muchas mujeres fuertes se habían casado con hombres mucho más débiles que ellas. Lenora, por ejemplo. Goldenrod no era un pueblito olvidado en medio de la nada, era un sitio de encuentro para millones de personas. Ya encontraría a alguien, y no tenía prisa. Seguía siendo joven, no estaba vieja y amargada como Clair todavía.

Pero basta de depresiones. Tenía un cupón para todo lo que pudiese comer en un restaurante de comida alolana, y mucha hambre para aprovecharlo.

FIN.


Notas del traductor:

Y ahora con algo de humor. Ustedes díganme si aquí no se ilustró la pesadilla que fue Whitney para muchos de nosotros cuando la retamos. Pareciera que fue ayer cuando ella y su condenada Miltank arrollaron literalmente a todo mi equipo la primera vez que pelee contra ella en Pokémon Crystal… qué recuerdos. En los remakes, por fortuna iba preparado, aunque admito que me tomó desprevenido cuando me di cuenta que tenía la habilidad Scrappy/Intrépido (me mató a mi Gastly con un Pisotón crítico).

Fuera de eso, a mí personalmente Whitney me agrada como personaje, es linda y simpática, y mi favorita personal de las líderes femeninas de Johto (inicialmente era Clair por el anime, pero en el juego me cayó mal por su actitud de mala perdedora, así que me alegré como no tienen idea que CPL le haya dado un par de ataques sutiles en este oneshot). Me da cosa que le vaya tan mal en conseguirse un novio, y parece que a los hombres de Johto no les gustan las chicas que son más fuertes que ellos. Idiotas, ellos se lo pierden.

Gracias por los reviews a BRANDON369, darkdan-sama, MardGeer117, dragon titanico, pirata y TEIET. Eso es todo por este, nos vemos en el siguiente.