Era una sala inmensa. Tenía numerosas columnas de vidrio, cristales y espejos que reflejaban a las personas que estaban en la sala. El suelo, se asemejaba a un tablero de ajedrez con baldosas blancas y rojas que a medida que se alejaban de la puerta donde Twilight estaba, las baldosas se convertían en pasto rojo y blanco. Al final de la sala se podía ver a 3 grandes ventanales que dejaban ver, de izquierda a derecha, un amanecer, un medio día y un anochecer. Levanto la mirada hacia el techo. Se dio cuenta que las columnas terminaban en ramas de árboles que continuaban siendo de vidrio, cristal con hojas que asemejaban mucho a un espejo. Todas ellas de color plateado que no dejaba ver el techo de esa extraña sala (si es que tenia), debido a que las ramas se mezclaban y dividían demasiado, dejando imposible ver más allá de aquellas hojas. Incluso tenia frutas de cristales en sus ramas, como manzanas de cristales rojos, peras de un color metálico similar al oro, duraznos que eran del color de las gemas y demás frutas que ella nunca había visto.
Se escuchaba música proveniente, más allá de donde ella estaba, quizás del centro de la sala. Un grupo de músicos y un cantante, que estaban sobre un escenario circular que giraba lentamente en el centro de lo que parecía una fuente, con estatuas de mármol mujeres vestidas de toga y con cantaros que dejaban caer agua. Twilight, pudo escuchar gracias a unas mujeres que tocaban "that's amore" de Dean Martin.
Los invitados, en su mayoría, eran personas que presentaban ciertas particularidades. En cuanto a las vestimentas de estos seres, la mayoría de los hombres llevaban traje de etiqueta y las damas llevaban vestidos largos de diversos colores, también de los que se usa en las fiestas de la alta sociedad. Otros llevaban trajes de arlequines muy coloridos, con máscaras carnavalescas, con plumas y cintas que salían de ellas. Unos pocos, llevaban remeras blancas con Jean azules y botas militares. Twilight quedo en su lugar mirando a su alrededor, no sabiendo donde ir pues el guardián, se había perdido de ella.
-Usted debe ser la princesa Twilight.
Dijo una voz chillona a Twilight. Miro hacia abajo, y se llevo las manos al pecho. Era un enano vestido de arlequín, pero sin mascara. Lo miro un momento, viendo que sus facciones eran muy afiladas, y su piel era morena, con ojos marrones. Se inclinó para responder.
-sí, soy yo. Un placer conocerle ¿señor?
- Von Lambake-se inclino de forma elegante- su alteza.
-Von Lambake. Sería tan amable de ayudarme a encontrar a un…mmm ¿cómo decirlo?...digamos un amigo mío.
El enano se incorporo rápidamente.
-claro que sí, pero quisiera que conozca a un par de personas que están interesado en conocerla. Si fuera tan amable de seguirme.
El pequeño hombrecito, corrió hacía la multitud pasando por las piernas de Twilight. Ella se asusto un poco y bajo su vestido con un toque de rubor en sus mejillas. Luego lo siguió, caminando lo más rápido que podía debido a que este pequeño ser, se movía velozmente. Twilight, le dificultaba caminar y se dio cuenta que estaba usando tacones, por lo que costo mantener el paso. Pero nuestro hombrecito, la esperaba de vez en cuando y antes de que llegara a él, salía nuevamente a correr. Era como si jugara con ella. Llegaron hasta un pequeño grupo de personas reunidas en un círculo bastante alejado del grupo de músicos.
-déjeme presentarte al grupo princesa. Ella es la señorita Carmen Le Pier.
Era una joven, con ojos azules fuertes, su piel era de un hermoso color muy blanco. Un vestido blanco similar al estilo de Twilight. Su cabello era de un castaño claro, con ondulaciones que llegaban hasta su espalda y, ubicadas de a mechones tenía peces dorados que nadaban en el aire cerca de ella, que estaban atados a su cabello.
-encantada señorita- Twilight le tendió la mano y la saludo.
-Mucho gusto- dijo ella.
-él es- continuo el Hombrecito- el señor Leonardo Maller
Era un ángel. Tenía el torso desnudo, dejando ver sus escultural cuerpo y sus extensas alas que, cosa extraña, estaban prendidas en llamas. Su pelo era corto y elegante, de color negro puro. Un poco de barba asomaba de su cara de tez más morena. Tenía pantalones blancos, y estaba descalzo.
-un placer conocerle señor- Saludo Twilight.
-El placer es mío, princesa.
-puedo notar que sus alas se están prendiendo fuego-menciono Twilight un poco avergonzada de lo que había dicho.
-ho… es usted la primera en notarlo, me alegro que se tan observadora- lo dijo sin sarcasmo, y con tono jovial.
-él es- siguió Lambeke- Fiodor Stefanovich.
Era un hombre un poco anciano. En su cabeza llevaba, unos diminutos arboles bonsái, sin hojas que dejaba ver sus ramas secas de color negro y marrón oscuro. Las raíces, salían por donde estaría su barba, haciendo estas raíces de barba. Llevaba una levita abierta, dejando ver una camisa verde oscuro y unos pantalones elegantes negros. Sus zapatos negros estaban muy lustrados.
-un placer conocerlo señor Fiodor- con tono amable, tendió la mano Twilight.
-Gracias madame- dijo Fiodor con voz muy gruesa que hizo a Twilight recordar la voz de Tirek.
-Ella es la condesa, Elisabeth Rieu.
Era una mujer ya entrada en años, dejando notar sus arrugas marcadas. Era un poco regordeta y de pelo canoso y corto. Llevaba un sombrero de alas de color roja y un traje ingles de dama, también de color rosa. Llevaba un paraguas negro en las manos. De todo el grupo, ella era la única que era normal, por así decirlo.
-mucho gusto princesa Twilight- dijo rápidamente la condesa, apretando la mano de Twilight.
-gracias condesa.
-y, por ultimo- comento Lambake- su hija Edith Rieu.
Era una muchacha joven, muy blanca. Llevaba una cresta teñida de color verde fluorescente. A los lados de la cabeza, estaba con pelo tan corto que daba la sensación de que era calva en esa parte. Tenía una remera de Inglaterra, con la banda sex Pistols en la primera parte. Un pantalón de estilo militar, y largas botas negras. También un cinto, con una calavera con alas de hebilla. Varios collares de plata, con forma de cruces de gamada, cráneos y corazones. Pulseras negras en ambos antebrazos, incluso algunos tenían tachuelas que daban la sensación de estar afilados. Sus brazos, estaban tatuados de flores y peces koi de estilo japonés. Sus ojos eran rojos, con mucha sombra de ojo y sus labios pintados con rojo oscuro, similares a la sangre.
-Princesa. Es un honor- dijo Edith.
-Gracias-dijo twilight con un poco de miedo en su voz.
-Me gusta su tatuaje de su espalda.
-¿mi qué?- Twilight se miró en una columna cercana. Corrió su largo pelo, dejando ver que toda su espalda estaba tatuada con el símbolo de su cutiemark- o eso, se lo agradezco- dijo, tratando de no parecer sorprendida de lo que recién se había dado cuenta.
-justamente, mi querida princesa, estabas hablando de la teoría Psicoanalítica del doctor Freud- comenzó la condesa- comentaba que, los infantes traen consigo al mundo impulsos sexuales, sin embargo, la vida sexual de los niños se manifiesta ya en una forma observable hacia los años tercero o cuarto. Llamado por el doctor "periodo de latencia". Estas excitaciones sexuales se pueden originar en: 1) como formación consecutiva a una satisfacción experimentada en conexión con otros procesos orgánicos. 2) por un apropiado estímulo periférico de las zonas erógenas (que son: los genitales, la boca, el ano y el extremo del conducto uretral) y 3) como manifestación de ciertos instintos cuyo origen no nos es totalmente conocido, tales como el instinto de contemplación y el de crueldad.
-además de eso- continuo Fiodor- durante el periodo de latencia, se constituyen los periodos de anímicos que luego se oponen al instinto sexual y lo canalizan, marcándole su curso a manera de dique, como por ej: la moral, la educación, el pudor, etc. Este es el primer periodo de la elección del objeto sexual (el objeto sexual recuerde que es la parte la atracción sexual), en donde se desarrolla la "corriente de ternura de la vida sexual". La segunda comienza con la pubertad y determina las constituciones definitivas de la vida sexual. El hecho de la elección del objeto se realice en dos periodos separados, es de gran importancia para la génesis de ulteriores trastornos del estado definitivo, si los hubiera.
-Estos instintos pasan a "sublimarse"- continuo Carmen Le Pier- es decir, los instintos sexuales pasan a convertirse en energía anímica, y esta energía es desviada de sus fines sexuales y orientadas hacia otros destinos, como funciones culturales. Como por ej: la actividad mental es sexualisada, pues el placer sexual, referido habitualmente a los contenidos del pensamiento, pasa a recaer sobre los procesos intelectuales, y la satisfacción alcanzada por los resultados mentales es sentida como satisfacción sexual.
-también hablábamos de que- continuo Leonardo- que la elección del instinto recae tanto en los hombres, como en las mujeres. Independientemente de si es hombre o mujer. Lo que quiere decir que, tanto hombres y mujeres, tienen deseos heterosexuales como homosexuales. El doctor decía, que el aumento del uno provoca la disminución del otro, y que el deseo disminuido es sublimado en habilidades sociales, como la sociabilidad. Entonces, por ejemplo: si una mujer tiene más amigas, satisface el deseo inconsciente de su homosexualidad latente.
-y usted que piensa princesa de todo esto- pregunto la condesa.
Twilight estaba mirando a todos con una cara, mezcla de perturbación, asombro, vergüenza y seriedad. Todos la miraban en silencio, mientras se había cambiado de música.
-Esa música me gusta-dijo Edith, entornando los ojos hacía la banda-es "Ave María" de Schubert.
Twilight seguía con la misma cara, dejando que la música llenara su silencio durante unos segundos.
-yo…yo solo venía a pedir indicaciones para encontrar a una persona, y termino enterándome de todo esto. En realidad preferiría no hablar de esas cosas. Pues me desagrada pensar que guardo sentimientos homosexuales hacía mis amigas. Además, en mi mundo somos ponis.
Todos los que estaban reunidos dieron una sonora carcajada, pero no duro mucho.
-Es cierto- dijo la condesa- es un poco pudoroso hablar de esto en público. Pero solo estábamos, comentando de esta teoría del doctor Sigmund Freud. La verdad, es que nosotros también respondimos eso la primera vez. Y tal para cual, respondiste lo mismo que nosotros. Bien, dejando este tema por un lado, el señor Von Lambake nos comento que buscabas a alguien. Te ayudaremos ¿a quién estas buscando querida?
-bueno, él es- giro un poco la cabeza, intentando recordar cómo era, pero no se le ocurrió casi nada- bueno lleva, un traje negro con corbata roja, con zapatos lustrosos, tiene el cabello es castaño claro. Cuando llegamos, una gran multitud nos aplaudieron y tomaban fotos. No recuerdo como era el nombre, pues dijo que llevaba varios, y que no importaban mucho -todos la miraron con cara confundida- Era…em- volvió a pensar un poco-…bastante apuesto.
Todos los de la ronda pusieron una sonrisa pícara en sus rostros, excepto Edith.
-no, no, no, no es lo que están pensando. A él recién lo conocí. Él tiene que llevarme de nuevo a mi mundo. Por eso lo estoy buscando. Yo…yo solo vine a explorar este mundo y…
Volvieron a reír un poco más. Luego, la condesa volvió a tomar la palabra.
-no te avergüences querida. Solo estamos tratando de recordar- estas palabras hicieron que Twilight se tranquilizara- bien, ¿cómo se hacía llamar este sujeto?
-bueno, él dijo que tenía muchos nombres. Se presentó a mí como el guardián de este mundo.
-hoooo- dijeron todos al unísono.
-sí, sabemos quién es- dijo la señorita Carmen.
Todos asintieron.
-el creador, Dante, el ángel, el escritor de historias, etc. Tú quizás lo conozcas como Virgilio- dijo Leonardo.
-él me dijo lo mismo. También Virgilio fue uno de los nombres que me nombro, cierto- golpeo su frente-él me dijo que estaría hablando con el capitán- respondió Twilight.
-entonces sabemos dónde está, pero desafortunadamente, nosotros no podemos salir de estas instalaciones a libre voluntad. Para pasar a la siguiente parte necesita encontrar al pescador, mi hija la acompañara para saber dónde se encuentra, y de ahí puede pasar al navío- respondió la condesa.
-Twilight esbozo una sonrisa y agradeció a la condesa.
-vamos- dijo Edith poniéndose las manos en los bolsillos del pantalón, y alejándose del grupo.
-ve querida- dijo la condesa.
-Muchas gracias señora condesa, quisiera agradecer a todos y fue un gusto conocerlos-mintió en esta ultima parte.
Twilight, se apresuró para alcanzarla. Luego volteo y despidió a todos los de la ronda, con el brazo. Ellos también la despidieron, mientras volvían a formar la ronda y continuar hablando de sexualidad.
Caminaron un rato en silencio escuchando la música. Sonaba "lacrimosa" de Mozart.
-¿Puedo hacerte una pregunta?, claro si no te molesta- comentó Twilight.
-claro, solo hazla-en tono seco y cortante repuso Edith.
-Em…bueno, este ¿Por qué el sujeto que estoy buscando dice que tiene tantos nombres, y ustedes lo conocen como Virgilio?
Apresuraron el paso.
-Es simple. Él, se presenta a cada persona de acuerdo a sus situaciones. Para algunos, es el creador. Porque el crea toda esta realidad, independientemente de si las personas lo quieran o no. Para otros el demonio, por la misma razón. Para unos pocos es un hombre mediocre, por el hecho de que no tiene objetivos en su existencia y se conforma con lo que es y hace. Para otros que tuvieron la suerte de verlo solo una vez, es una fuerza psíquica, es decir que no existe físicamente y que es una idea nuestra y nada más. Pues para nosotros- indicando hacía su alrededor- los demonios son sino solamente la personificación de nuestros vida instintiva reprimida e inconsciente. Al igual que los dioses solo son, la expresión de nuestras reglas morales y éticas, y todo esto nos ayuda a vivir independientemente de si exista verdaderamente o no este extraño ser. Para ti, desde nuestro punto de vista es Virgilio, un personaje de "la divina comedia" de Dante Alighieri, debido a que este personaje es el guía del protagonista de esa historia. Al final, cada uno decide quien realmente es ese sujeto y si existe o no.
Twilight quedo pensando un rato, mirando hacia el piso. Antes de volver a preguntar
-¿Qué es la divina comedia?
-¿no sabes que es la divina comedia?- pregunto sorprendida Edith- a claro, se me había olvidado que tú no eres de por aquí-miro hacia un lado y pregunto-¿De dónde dijiste que eres?
-De Equestria. Un reino donde es habitado por ponis, unicornios, pegasos y nos gobiernan unas diosas llamadas alicornios. También existes demás seres como dragones, manticoras, y muchos otros seres. Algunos pueden hablar y otros no. También tenemos nuestros propios reinos, nuestra propia flora y fauna, es decir nuestro propio mundo, que es muy diferente a este.
Edith se detuvo un momento y miro a Twilight de manera incrédula.
-¿En serio ese lugar existe?
-¡Claro que existe!-miro a su alrededor un momento-por lo menos existe para mí.
Edith no dijo nada y siguieron caminando y cruzaron toda la parte de baldosas, y llegaban a la parte donde empezaba el pasto.
-Te explicare lo de la divina comedia- continuo Edith- la divina comedia, es un poema épico. En él se narra que Dante, el escritor, debe atravesar el limbo, el infierno, el purgatorio y el cielo en busca de Beatriz, su amada. Virgilio, es el alma de un poeta que lo guía por los 3 primeros lugares.
Guardo un minuto de silencio. Llegaron a una puerta que estaba en el medio del césped, vieron que el salón seguía hasta donde alcanzaba la vista, pero se detuvieron frente a ella. Edith, abrió la puerta.-Todos necesitamos un Virgilio que nos guie por los infiernos Twilight, pero ahora eres tú el que debe buscarlo.
Twilight la miro unos instantes, y cruzo la puerta escuchando como se cerraba detrás de ella, y la música terminaba de sonar.
