Tres
-Al morir Aris, su cuerpo se dividió en dos; la rosa roja y rosa blanca, ambos conforman su persona total – dentro de una pequeña habitación completamente en blanco, un señor charlaba junto a una mujer que se encontraba a su lado, el hombre vestía traje de color café con un suéter color verde opaco, debajo de eso, llevaba una camisa blanca del cual se asomaba un dije de oro que tenía forma de una rosa. Los ojos de este hombre estaban ocultos por una cinta de color negro, tenía la costumbre de jalar de su barba larga y grisácea, mientras le mostraba a aquella mujer unos documentos que tenía en sus manos.
Ambas personas tenían en sus manos con el destino de una persona, que involucraba a todo el reino de Rasi, por lo tanto tales decisiones podían cambiar el destino de Iudia y sus guardianes.
-Aquí están los archivos sobre Aris, sus memorias están siendo restauradas - decía el hombre poniéndose de pie y explicándole un poco más a aquella mujer oculta en una capucha blanca, tan sólo podían vérsele sus labios rosados y su largo cabello negro que se asomaba de la capucha.
-¿A qué se refiere con que están siendo restauradas profesor?
-Una parte de él está a punto de despertar, pero de eso te tienes que encargar tú, tienes que crear un nuevo almacén de datos, ¿sabes a que me refiero verdad?
Aquella mujer estaba entendiendo a donde quería ir su profesor, pero ella no estaba completamente segura si era correcto, estaba un poco confusa por las decisiones de su mentor, el cual veía como una institución. Todo conocimiento se lo debo a él, pero que tal si esta vez alguien más muere, ¿será parte del experimento? pensaba al mismo tiempo que salía de aquella sala la cual estaba invadida de documentos apilados en diversas partes. Él se está esforzando mucho, debo entregar todo mi coraje, aunque las cosas pinten negras, mi maestro tendrá la razón se alentaba a sí misma.
-De acuerdo profesor, después de todo es parte del proyecto y lo hacemos por una buena causa, la ciencia está de nuestro lado, nada saldrá mal, ¿no es así?- preguntó, pero el hombre no respondía nada, sólo volteó y observó un gran monitor que estaba a sus espaldas, en el cual se desprendían cientos de datos, pero sólo un porcentaje.
"45%"
Mientras tanto, el joven Tamer guiaba a los guardianes, quienes habían pensado que sería una buena idea seguir a alguien que conociera la montaña y salir rápidamente. Durante su trayecto se ponía a pensar en lo que había pasado para llegar ser llamado Tamer, también observaba como a pesar de las dificultades, los guardianes siguen de pie y continuaban unidos, ¿acaso eso era la amistad?, se preguntaba el muchacho quien notaba que en su vida no había tenido un amigo, ¿o tal vez si?, y es así mientras se perdía en los recuerdos mirando el pálido cielo que cubría las montañas, tratando de rescatar algún recuerdo vago de su persona.
-Aún podía recordar el número de días desde que llegué- sin darse cuenta, el Tamer había hablado en voz alta, pero sus recuerdos fueron interrumpidos por Rikka, quien avistó una amenaza en frente.
-¡Esperen!- Rikka advertía al grupo de tres huevos de gran tamaño.
-¿Entonces hay más de un pájaro como el anterior?- dijo Aran con terror.
-Tranquilos, el calor los hace abrirse- dijo el Tamer a sí mismo, tomando nuevamente una carta dentro de su gabardina y lanzando una fuerte luz roja, convocaba nuevamente a Greymon al lugar. -Vaya, es obvio que los huevos abran con el calor, ¿porqué no lo pensé antes?, la montaña es muy húmeda, aunque es algo muy extraño que ellos tomen el calor de un simple ser a su lado.
-Tú lo dijiste, ellos absorben la energía de los seres vivos, al parecer tomó el calor de nuestros cuerpos y lo utilizó para poder salir- le seguía Lennet, quien ya había entendido el caso de los huevos y su manera de desarrollarse.
-Pero no podemos- sin poder terminar, Lenron no tenía opción, debía pelear contra las aves que emergieran de los huevos, para así salvar más vidas, pensando en los habitantes que se hallaban bajo las montañas.
-No podemos dejar esto como si no pasara nada Lenron, lo mejor será ayudarle, parece que sabe lo que hace- dijo Lennet, quien ya estaba preparado para la batalla.
-¡Estoy lista, vamos Iudia invocación!- gritó Rikka, refiriéndose al poder de Iudia para invocar a las criaturas, en este caso, el poder de Rikka invocaba a una criatura de cuatro patas con un aspecto felino, de piel azul y melena negra que le rodeaba parte de su cuerpo hasta su cabeza, llevaba tres gruesas franjas amarillas en cada una de sus patas, y ojos dorados con pupilas rojizas al igual que su pequeña nariz. El monstruo invocado mostraba una agresividad, y elegancia al mover su cola que en la punta lleva una estrella de cuatro picos de un amarillo intenso.
-Muy bien Luxray, para cuando se liberen las aves de los huevos debemos atacar- le dijo Rikka a la criatura gatuna emitiendo un rugido furioso, avisando su llegada.
-Bien, entonces yo también tendré que ayudar- una vez que dijo eso Lennet, el báculo de innovación de Iudia esta vez se tiñó de un color púrpura oscuro, disparando un nuevo rayo, con un aura negra que le rodeaba, aquella misteriosa nube que le acompañaba rápidamente en el aire formó una figura que en un principio no parecía tener forma, pero después e develaron velozmente sus ojos de rojos, con un brillo siniestro en el interior. Una especie de viento friolento al llegar aquella criatura azotó el lugar, pero más que nada el soplo de las montañas se hacía más fuerte y siniestro, como si el viento estuviera hablando.
-¡Migmagius, alerta!- gritaba Lennet, una vez que un huevo estaba tirando el cascarón y liberando nuevamente aquel resplandor de su interior. Aquel fantasma púrpura que respondía el nombre de Migmagius, comenzó a mostrar su rostro a los demás, al igual que todo su cuerpo. Parecía que encima de su cabeza tuviera un sombrero, pero es la forma en que su fuerza oculta la diseño como ente, al igual que una gran perla de carmín que colgaba debajo de su cabeza.
El primer huevo comenzó a vibrar, aquellos pequeños sismos nuevamente se volvieron a registrar, pero esta vez, tanto Lennet con Migmagius, Rikka con Luxray, Iudia junto con Togetic y el Tamer a un lado de su bestia Greymon, se preparaban para recibir a la primera ave, mientras los demás vigilaban de los otros dos huevos.
-¡Luxray Onda trueno!- se escuchó una vez que se vio que una de las alas del pájaro salía del huevo, con todas sus fuerzas y ánimos, le deseó suerte Rikka a su Luxray, aquel felino que ya estaba adelantado en su hazaña. Estando encima del huevo, a un lado del ala del ave, los ojos de Luxray comenzaron a brillar con intensidad, y con un simple salto de vuelta al suelto, soltó unas chispas que luego estas reventarían continuamente, y en un parpadeo, aquellas chispas ya estaban rodeando la verde ala del ave, que dentro del huevo ya se escuchaban lamentos porque una parte de su cuerpo se encontraba completamente paralizada.
-¡Cuidado Rikka, está rompiendo el huevo!- le gritaba Aran, quien notaba que a pesar de que el ala del verde pájaro estaba paralizada, todo su cuerpo aún tenía movimiento, logrando escapar del cascaron, y contraatacando con su enorme pico al Luxray, que era diminuto a comparación de este.
-¿Qué?, es mucho más grande que el anterior- veía sorprendido Lenron, quien también le pidió a Iudia su poder de invocación.
-De acuerdo Lenron, pero no te precipites, recuerda que tenemos que guardar energía para las demás aves- Iudia le explicaba a Lenron, mientras miraba preocupada el par de huevos restante que tenía dentro de sí un ave en cada uno.
-Muy bien, ¡vamos Blaziken surge y destruye a esa bestia!- gritó Lenron, mientras que Iudia con los similares movimientos anteriores, parecidos a una danza logró que la punta de su báculo esta vez se tiñera de rojo, al mismo tiempo que ella con un leve toque al suelo rocoso, de él salió una criatura, con el rostro cubierto de carmín y estructura similar a un de ave, pero su cuerpo de forma humana, que expulsaba de sus muñecas, llamaradas. Sus piernas hasta su torso estaba cubierto de de un plumaje de color similar a una flama, en la cabeza, dejaba caer plumas en forma de pelo de color beige.
-¡Vamos, dale un Gancho Alto justo en la cara a ese pajarraco!- Lenron le ordenó a Blaziken, quien dio un saltó doblando sus rodillas y dando un salto con sus patas hacia la cabeza de aquel monstruo verdoso, que lo estaba esperando con un picotazo, aunque el Blaziken podía mover sus movimientos al verle los ojos, además de que sus técnicas marciales le enseñaron a sorprender al enemigo con un ataque inesperado.
-¡Eso es Blaziken, ahora que estás arriba!… ¡Avalancha!- gritó con todas sus fuerzas Lenron, mientras Blaziken después del gran salto, estaba dispuesto a dejarse caer para engañar al ave. Cayendo flexionando sus rodillas, Blaziken golpeó el suelo con sus furiosos puños, que incluso dejaban marcar en la montaña. En un momento de silencio, cientos de roca de pequeño tamaño se veían caer sin parar sobre aquella ave, poco a poco la criatura del huevo que aparentaba no causarle ningún dolor aquel ataque, comenzó a sentir los estragos de al ver que las rocas no paraban y cada vez caían con más fuerza, junto con más peso, haciendo que la derribaran por su continuos golpes al cuerpo de la bestia.
-Bien hecho, la hemos derribado, ahora Blaziken, termina- no sin antes de que Lenron concluyera con la orden, Rikka intervino con el afán de querer participar en la batalla.
-Espera hermanito, déjame hacerlo a mi… ¡Luxray acábalo con un Trueno!- Luxray al escuchar las ordenes de Rikka esperó un momento para recargar su energía y mantenerla en su cuerpo para después liberarla en un poderoso estruendo de color amarillo directo al pájaro de color verde que amenazaba con volver a levantarse.
-¡Ahora Luxray!- gritó Rikka al ver que la pata del ave se estaba volviendo a apoyar al piso, en ese momento Luxray disparó toda la energía acumulada y la lanzó justo al cuerpo del extraño pájaro de gran tamaño, quien al sentir toda la descarga eléctrica de Luxray en su cuerpo, nuevamente se dejó caer, extendiendo sus alas en señal de derrota y cerrando sus ojos lentamente.
El Tamer no quiso intervenir con su Greymon, puesto que veía que los guardianes tenían bien controlada la situación, pero al mismo tiempo quería analizar las artes de ellos y sus maneras de pelear, lo cual lo distrajo en absoluto de su labor para atrapar a la Bacteria.
-¡Niño, ya a lo tuyo!- gritó Lenron avisándole al Tamer lo que tenía que hacer.
-Oh, lo siento, ahora mismo lo hago- dijo mientras tardaba un poco en buscar aquella carta blanca con la cual absorbía a las bestias nombradas Bacterias.
-Creo que debe apresurarse, los demás huevos quieren romperse- decía Lennet, quien miraba fijamente los demás huevos, que parecían agitarse levemente, pero no como amenaza.
-¡Tú, ya apúrate con eso!- nuevamente Lenron le pedía a gritos al Tamer que terminara con la Bacteria, pero antes de que este tomara su carta para acabar, un graznido chillante que provenía del animal debilitado hizo que los huevos restantes tomaran un agresivo movimiento y comenzaran a romperse.
-Aquí vamos de nuevo- Aran soltaba un suspiro de cansancio, mirando como los demás tenían el mismo agotamiento que él.
-No puede ser niño, ¡ahora tenemos que enfrentarnos con dos cosas de estas al mismo tiempo!- con un tono extenuante, Lenron notaba que su amigo Blaziken ya estaba un poco cansado después de usar su energía en el último ataque. –No entiendo, normalmente Blaziken tiene mucha fuerza y resistencia, ¿qué sucede?- confundido, Lenron veía como Blaziken jadeaba de agotamiento.
-Eso es porque estamos en las montañas, en las alturas tu cuerpo necesita más oxígeno de lo normal, más que nada por la presión que te exige, si te agitas demasiado aquí lo sentirás al doble- Yazhar le trataba de explicar a Lenron una de las desventajas del lugar, aunque Blaziken tenía dominado el terreno por ser de las montañas, la humedad y el frío que se hacían presentes obligaban a la invocación a tener que subir su temperatura corporal el doble de lo normal, haciendo que aunque cada golpe sea más fuerte, este acaba con más facilidad con la resistencia de él.
-Pero yo me siento bien, ¿qué no se supone que la invocación tiene la misma fuerza que el guardián?- le dijo Lenron, esperando una respuesta.
-Físicamente tal vez estás bien Lenron, pero mentalmente estás cansado, las invocaciones se alimentan no de fuerza, sino de tu mente- Yazhar decía mientras recordaba un triste acontecimiento que lo hizo bajar la mirada por unos momentos. – Si tan sólo yo hubiera sido menos débil- se decía a si mismo Yazhar, Iudia en ese momento escuchó el lamento de Yazhar, quien en su memoria lo amenazaba una batalla en la cual perdió algo más que el simple encuentro.
-No te preocupes Yazhar, ya te dije que no hace falta invocación para que te mantengas como mi guardián, haz hecho un trabajo admirable y es por eso que estás aquí- trataba de animar Iudia a Yazhar, recordándole su esfuerzo dentro del grupo, mientras lo tomaba del hombro, pero él seguía perdido en su recuerdo, y al mismo tiempo con la mirada le decía a Iudia que no quería seguir su camino.
-Creo que no es el momento para ponerse melancólicos- interrumpía Lennet, avisando que ambos huevos estaban terminando de corromperse, al mismo tiempo que el Tamer utilizó su carta para capturar la Bacteria que antes ya habían derrotado.
-Tiene razón, ya habrá tiempo para esto Iudia- le dijo Yazhar, mientras la protegía de una enorme placa de roca que salió disparada por el intenso movimiento que provocaban los huevos en la tierra. Yazhar terminó en el suelo aplastado por aquella gran roca que casi golpea a Iudia, mientras tanto le decía con una sonrisa su agradecimiento por tenerla como sacerdotisa, después de eso arrojó con su gran musculatura el enorme trozo de piedra, arrojándola y ésta volviéndose añicos, aunque Yazhar después de eso mostró señales de un severo golpe en su espalda por la caída, y en el pecho que estaba solamente cubierto por un chaleco azul el cual lo tenía abierto, descubriendo así su torso, pero dañándose con gravedad por el impacto de la roca.
-¡Yazhar!- Iudia quería asegurarse que su guardián estuviera bien, pero Lennet estaba esperando la invocación para detener a las dos criaturas que estaban a punto de emerger.
-Iudia ya sabes que hacer- Lennet se acercó al oído de Iudia, susurrándole, mientras ella se ponía de espaldas frente a ella.
-¿Qué planea hacer?- preguntó Aran al Tamer.
-Creo que le preguntas a la persona equivocada, no sé nada sobre ustedes- dijo el Tamer mientras observaba que Iudia tomaba su báculo y tomándolo como una lanza con su brazo derecho, en un impulso lo arrojó como si fuera una jabalina hacia la espalda de Lennet, quien emitió un grito de dolor, y al mismo tiempo se pudo ver que la sangre que comenzó a derramar por el ataque, comenzó a desvanecerse antes de que tocara el suelo.
-¿Qué demonios?- dijeron Aran y el Tamer al mismo tiempo, mientras los demás veían como el cuerpo de Lennet se desplomaba hacia el empedrado, Lenron se dirigió rápidamente hacia ella, y la tomó con sus manos, al mismo tiempo notó que el cuerpo de Lennet no pesaba nada, debido a su habilidad que estaba por usar.
-Ya veo, hiciste el Intercambio- dijo Lenron mientras comprendía que Lennet había unificado su alma con su invocación Migmagius, la joya de color rojo intenso que brillaba al mismo tiempo que la poseedora parpadeaba, era el centro de su fuerza, ya que una vez que se liberó del cuerpo de Lennet, lanzó un rayo directo de la joya hacia una de las aves, que ya había podido liberarse del cascaron que impedía abrir sus alas.
-Al parecer Lennet logró hacer el intercambio de cuerpos con su Migmagius- decía Rikka esperanzada de que algún día aprendiera esa técnica especial de los guardianes.
-¿Cambio de cuerpo?- el Tamer le intrigó y preguntó sobre la situación.
-Así es, todos los guardianes cuando establezcan un lazo con gran intensidad, que una realmente sus corazones, la invocación y quien lo convocó pueden ya incluso sentir los mismos sentimientos, es decir se comprenden de tal manera que pareciera que uno de ellos dejo su cuerpo volviéndose el otro, es a lo que me refiero.
-Ya veo- el Tamer se seguía preguntando sobre los misterios de aquel grupo que lo ayudaban, pero una vez visto que ambos pájaros se liberaron de su prisión, ordenó a Greymon a encargarse de la Bacteria, mientras Lennet en el cuerpo del fantasma se encargaba de la segunda. -¡Greymon resiste!- El compañero del Tamer estaba enfrentándose a la verde cría, pero ésta le respondía con picotazos, aunque gracias a la fuerte corteza que rodeaba la cabeza, se protegía de los ataques, aunque eso no evitó un ataque justo en el pecho, del cual no pudo esquivar.
-¡Vamos amigo no te dejes vencer!- una vez que gritó eso el Tamer, tomó una de sus cartas que ocultaba en su gabardina y la lanzó hacia el campo, esta dirigiéndose a toda velocidad haría un efecto de batalla favoreciendo al Digimon anaranjado.
-¿Qué fue eso?- como siempre Aran estaba confundido de lo que pasaba, y más cuando un gran escudo con el símbolo de un sol de la nada apareció comenzando a proteger a Greymon.
-Esto es una Carta de Apoyo, las utilizo para ayudar a mi Digimon cuando esté en problemas, en este caso utilicé El Escudo del Valor, aumenta su defensa y además protege de ataques físicos- al mismo tiempo que explicaba eso, el escudo que mencionaba estaba siendo destruido por un enorme resplandor dorado que disparó al abrir su pico y soltar un graznido. -¿Pero qué?
-Al parecer tus cartas no sirven de nada contra esa cosa- se burlaba Lenron mientras le ordenaba a Blaziken el prepararse en caso que el Greymon fallara. –Iudia, necesito la ayuda de Togetic- Lenron le pedía el efecto de la invocación de Iudia, el cual era la curación, para así restablecer las energías vencidas de Blaziken.
-De acuerdo- Iudia con una pequeña petición a su Togetic, le entregó su efecto al Blaziken.
-¿Qué es lo que hizo?- una vez más Aran no entendía lo sucedido, incluso el Tamer quien esperaba una reacción además de una oración y un simple salto de aquella hada Togetic, pareciera como si el efecto hubiera fallado, pero en realidad aquella petición que Iudia hizo fue para que se llevara a cabo aquel movimiento secreto de Togetic.
El clima en las montañas cada vez favorecía menos a los guardianes, ya que las invocaciones perdían rápidamente energía, aunque Lennet estaba unida junto con su invocación, pero eso también le ocasionaba las mismas debilidades de Migmagius, incluso se podía ver que las rocas se estaban rodeando de una gruesa capa de hielo además de que una tormenta de nieve anunciaba su llegada.
-Esto está empeorando, maldita la hora en que nos encontramos con este idiota- se decía a si mismo Lenron, mientras veía al Tamer.
-Ya te escuché hermanito, veo que sigues tirando pestes a nuestro invitado- Rikka le decía a Lenron con un tono de burla mientras ella junto con su Luxray se encaminaban hacia donde se encontraba Lennet, para ayudarla, ya que los ataques oscuros que ella lanzaba cada vez disminuían su potencia, lo cual querría decir que el intercambio entre su Migmagius estaba a punto de acabarse, aún así su trabajo contra la Bacteria había ayudado mucho, ya que aquella ave estaba confundida y en ocasiones fallaba en sus ataques, lo cual era señal para Rikka para contraatacar.
-Espero haya sido tiempo suficiente para recuperar tu energía Luxray, ¡ahora dame otro de tus Truenos contra esa ave!- gritó con una potencia frenética Rikka, mientras que veía que Luxray aunque un poco exhausto nuevamente atacó, pero esta vez con una muy baja intensidad, que incluso por un momento parecía extinguirse el ataque antes de impactarse contra la Bacteria.
–Muy bien hecho Luxray, aunque creo que sigue moviéndose, ¿puedes terminar con esto amiga?- le preguntó Rikka a Lennet, quien asimiló con la cabeza en su cuerpo como Migmagius, y se lanzó contra el pájaro verdoso que la contraataco con una de sus garras de sus brazos y la sostuvo por un momento sin dejarla escapar, aunque era extraño ya que ella era un fantasma. "¿Cómo es posible que pueda tocarme?" se preguntaba Lennet desde adentro.
-¡¿Pero ella es un fantasma cómo puede?- gritaba Lenron, pero el Tamer lo interrumpió para explicar la razón del porque puede hacer eso el ave.
-Las bacterias no tienen limitaciones por las invocaciones, las diferencias de tipos no existen entre ellas, aunque se les pueda cambiar de estado, no hay debilidades de estado en las Bacterias porque no son creaciones naturales, sino de humanos.
-¿A qué te refieres con creaciones humanas?- preguntaba asombrado Lenron.
-Esas cosas en realidad no tienen una madre genética, son datos erróneos, pero creados para transformarse en virus y alimentarse de la información de este lugar- aunque el Tamer explicaba, Lenron no comprendía a que se refería con virus e información.
-Por eso les dije que no puedo revelarles nada sobre mis enseñanzas, no entenderían.
-Deja de hacerte el interesante, ¡deberías prestarle más atención a tu monstruo que a nosotros!- gritó Lenron, informándole al Tamer que Greymon ya estaba demasiado cansado, además de que todo su cuerpo se rodeo de una luz blanca que cada vez hacía reducir al dinosaurio hasta dejarlo en menos de una cuarta parte de lo que era Greymon. Ya no tenía cuernos ni rayas azules, aquella protección en su cabeza lo había dejado, ahora en un pequeño lagarto del color anaranjado más claro.
-Lo siento, te fallé- le dijo aquel pequeño dinosaurio al Tamer, su monstruo al parecer ya había reducido tanto la dimensión de su cuerpo que se volvió de la mitad del tamaño que el Tamer.
-¡¿Puede hablar esa cosa?- sorprendido Lenron no espero a soltar un grito.
-Claro, todos los Digimon tienen la capacidad de comunicarse con humanos, ya que son creaciones de humanos- terminaba el Tamer, mientras éste regañaba a su pequeño dragón naranja.
-Oye, déjalo en paz- se escuchaba a lo lejos a Yazhar, quien un poco adolorido por el golpe de la masa de tierra, impedía que el Tamer tratara mal a aquella criatura, Yazhar había comprendido que no era correcto explotar a un compañero, ya que le cegaba sobre los sentimientos de su amigo, eso a Yazhar le hizo recordar malos momentos. -No sé como pienses, pero para mí éste ser como cualquiera está vivo, así que merece nuestro respeto.
-No te metas en lo que no te importa, he dicho que toleraría sus ideales, ahora ustedes hagan eso conmigo, tan sólo he llegado y ya me han tachado de blasfemo, no comprendo a ustedes los guardianes, si se supone que están ligados a llevar la fe, ¿por qué no dejan que las ajenas continúen?
-Porque ustedes los seguidores de los Digimon han querido meter su doctrina a manera sucia, además son los que piensan que todos están equivocados sino pensamos como ustedes, puesto que presumen de su dichosa y codiciosa sabiduría real de este mundo- gritaba Lenron, recordando que varios conflictos en la sociedad habían sido creados por quienes creían en los Digimon, ya que ellos tenían en mente, que sólo ciertas personas podían aprender lo que llamaban la verdad de la creación.
-¡¿Nuevamente van a insultarme?- gritaba el Tamer, quien molesto tomó dos de las cartas blancas para las Bacterias, lanzándolas para absorber a ambas, y aunque la que no había sido derrotada se resistía, su cuerpo ya estaba agotado por la batalla contra el Greymon.
–No necesito esto, pensé en darles mi apoyo e incluso mi completo interés en los guardianes, ya que estoy sorprendido en como manejan el arte de invocar criaturas, pero me da asco como me tachan, perdón, mejor dicho, tachan a todos mis hermanos que han hecho de sus enseñanzas algo grandioso, algo que por lo que veo su mente es muy limitada. Y es cierto somos muy despectivos por quien quiere aprender nuestras lecciones, pero eso es porque pocos tienen la mente abierta para mirar más allá de lo que ven sus ojos- terminando con eso, el Tamer les dio la espalda al grupo de guardianes, y junto con su Digimon, se encaminaron a descender la montaña en la que se encontraban, puesto que ambos ya habían terminado su labor, además el radar ya no presentaba ninguna alteración, es por eso que ya no tenían ningún papel ahí.
-¡Espera!- gritó Iudia, mientras veía que el Tamer se encaminaba a bajar la montaña en la plena tormenta que azotaba el rostro de todos. Iudia al tratar de evitar que el Tamer se separara, hizo que el Tamer soltara una de las rocas con las que sus piernas se sostenían y su mano dejara de tomarse de la pared de piedra.
-¡No te irás así!- gritó Yazhar quien rápidamente tomó de la mano al Tamer y así evitar una gran caída desde donde se encontraban.
–Siento haberte tratado de esa forma, y mucho más decirte que hacer, pero…
-Si, si, olvida las explicaciones Yazhar, tan sólo lo sentimos y punto, creo que estamos lidiando con este tema de la fe desde que la reina Rasi a decidido enfrentarnos, tratándonos como basura por no seguir sus ordenes, de hecho todo el sistema de la fe se ha perdido y todos los templos están en contra de si mismos.
-El Rey Rasi y sus subordinados mandaron a vigilar nuestras acciones, en busca de nuestros avances sobre la creación- decía el Tamer, mientras veía para abajo y suspiraba de haberse salvado de un terrible destino.
-Él siempre mostró admiración por los Digimon, de hecho su madre- le decía Iudia, quien fue ayudada por el Tamer quien ya conocía la historia.
-Rordas, el padre del Rey Rasi apoyaba el avance sobre los Digimon, como una especie de nueva vida, ella es y será nuestra inspiración, porque logró unir culturas, pero con el tiempo la búsqueda de independencia hizo que se separaran las creencias y consigo el legado de ella, es triste que su intento de unificar el mundo fracasara por gente bastarda que sólo quiere estropear los nuevos pensamientos. De hecho ella es quien analizó la existencia de otra vida fuera de esta.
De repente, un hombre saliendo de entre los escombros por los ataques de las aves salió con su tono suave y su fluida voz, complementando lo que decía Iudia. -Él no sólo creía eso, volvió realidad su idea, pero nadie le creía. El Maestro está en estos momentos saboreando el manjar de la verdadera vida, pobres ilusos, toda esto es un simple chiste de lo que la verdad aguarda, esto es una mala comedia, una simple aunque creativa mentira maestra que se repite una y otra vez- aquel hombre que estaba cubierto de nieve bajo una capucha blanca y una especie de chaqueta que le llegaba hasta sus zapatos con el mismo color blanco, se mezclaba perfectamente con la nieve que caía densamente con un frío destructor que congelaba las gargantas de todos.
-¡Qué es lo que quieres aquí!- gritó el Tamer quien parecía conocer a aquel hombre.
-Basta de infantilismos Isar, es hora de irnos a casa- dijo el hombre extendiendo su mano. El tamer, que en aquel momento ya era identificado como Isar, sólo lo ignoró.
-¿Te importaría si te dijera que "tú amigo" ha vuelto?- dijo con un tono burlesco el hombre a Isar, él sabía que Isar podía ser manejado a su antojo con sólo esa palabra: amigo
-No es verdad- dijo en voz baja Isar.
-¡Aún estás bajo las órdenes de los Tamers, así que debes obedecer!, esto fue sólo una misión y estás saliéndote de tus ideales- le dijo mientras con la mano derecha abría un portal frente a los guardianes, era como un resplandor de luz, una puerta a lo desconocido.
-Vamos novato, te estamos esperando- dijo mientras Isar, el Tamer miraba hacia atrás, el grupo de guardianes, por alguna extraña razón, sentía que su hogar estaba con ellos y que algún día los volvería a ver, pero por ahora era un hasta pronto.
