Y líbranos del miedo de entregarnos

POV Regina

«Señora Regina, ¿está todo bien ahí?»

«¡Mierda!» solté «¡Sí! Está todo bien, Leroy. Solo he tropezado con algunas tazas y se han roto»

El hombre, que se había quedado parado a cierta distancia, nos miraba incrédulo, algo desconfiado. Emma se había girado de espaldas y yo, cogida de sorpresa, demostraba claras señales de incomodidad ante la situación.

Tras algunos segundos mirándonos, se acercó

«¿Necesita ayuda?» dijo Leroy agachándose y recogiendo los trozos del suelo.

«No, no, querido. Siga con lo que estaba haciendo para que podamos marcharnos cuanto antes. ¿O quiere hacer horas extra?»

Sonreí, en el intento de relajar el extraño y embarazoso clima. Mi trabajador me devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza, parecía entender que no lo quería ahí. Cogió algunos productos de limpieza y se retiró enseguida.

Swan seguía fingiendo que estaba distraída con algunas cosas de la cocina. Yo la miraba fijamente, y ella parecía ajena a mi presencia. Yo estaba nerviosa, irritada. En primer lugar por ver mi orgasmo interrumpido una vez más, y también por haber perdido la compostura delante de alguien que trabaja conmigo. Eso no podía suceder. No era para nada profesional y Regina Mills debería ser extremadamente rigurosa con respecto a las reglas dentro de su negocio. Era la dueña del local y tenía, por obligación, que dar ejemplo.

«Emma…»

Pronuncié su nombre con tono firme. Sin girarse hacia mí, preguntó

«¿Ya se fue?»

«¡Pues claro! ¿No escuchó el ruido de la puerta? ¿El mismo que tendríamos que haber escuchado con anterioridad?» en ese instante, ella giró el rostro con una sonrisa maliciosa en los labios y vino caminando lentamente hacia mí

«No estaba prestando atención…»

Sus manos alcanzaron mi cintura, atrayéndome hacia su cuerpo. Sentí sus cálidos y húmedos labios provocándome escalofríos al tocar la piel de mi cuello. Conseguía hacerme perder la cordura solo con el perfume que exhalaba de sus rizos rubios, pero no podía ceder. No allí, no en aquel momento.

«¡Swan, por favor, pare!» la empujé poniendo las manos en sus hombros «Esto es una actitud reprensible. Estamos en mi sitio de trabajo»

«¿Cuál es el problema, Regina? Él no va a volver, no ahora, no después de lo que casi presenció. ¿No me va a decir que no le estaba gustando…?» intentó acercarse de nuevo, pero no se lo permití

«¡Esa es la cuestión! Tenemos que mantener una postura profesional. A ellos les pido eso, yo debería ser la primera en predicar con el ejemplo. No toleraría este tipo de comportamiento dentro de mi empresa, así que, no puedo tener esta conducta aquí dentro. Para pedir respeto, necesito, antes de todo, respetar a mis trabajadores» intenté transmitir firmeza, sin parecer grosera.

«Tiene razón. Ha sido una locura. Yo…ya me marcho, solo que antes…» llevó su boca al lóbulo de mi oreja y habló con voz cargada de sensualidad «antes de marcharme, quería que supiese que esto ha sido una locura, pero una locura deliciosa…Si quiere que continúe lo que no he podido acabar, tiene mi número de teléfono, sabe dónde encontrarme»

Tras acabar la frase, Emma rozó mis labios rápidamente y me lanzó una fugaz mirada de deseo. Se dio la vuelta y se marchó dejándome allí, inmóvil, con la mano apoyada donde me había dejado el último beso. Aún estaba atontada, pero necesitaba mantener la atención hasta que todos se fueran de la cafetería.

Así lo hice. Terminé de limpiar el estropicio, organicé algunas tareas para el día siguiente, cerré el local y me fui a casa. Necesitaba descansar, relajarme. Necesitaba pensar en los últimos acontecimientos y en el desorden que esa rubia había causado en mi vida.

POV Emma

Una vez más estaba frustrada. No pasó nada de lo que había planeado. Es ahora cuando tengo la certeza de que soy una idiota. Podría haber esperado a que saliera y haberla obligado a hablar conmigo para resolver esta situación, para esclarecer los puntos oscuros de esto que tenemos, si es que tenemos algo. Sin embargo, en su lugar, me acobardé y sencillamente me marché. Ahora, una vez más, estoy con este revoltijo de pensamientos sin conexión, dando vueltas por mi cabeza. No quería volver a casa. No podía volver a aquel apartamento porque, en este momento, el silencio, que es una de las cosas que más aprecio, me sería perjudicial, me haría pensar y ya no aguantaba más tener a Regina en mi mente.

Caminando por las calles de Nueva York, cogí el móvil y marqué el número de aquel que siempre me sacaba las castañas del fuego, que siempre ha estado a mi lado. Mi hermano, incluso más que el de sangre.

«Hola, ¿Graham?»

«¡Hola, Emms! ¿A qué debo el honor de esta llamada, madame

«¡No seas bobo! Te llamo porque necesito verte»

«¡Ah, no! ¿No me digas que Neal ha hecho de las suyas de nuevo? Ya hablé con la gente, pero sabes que…» lo interrumpí

«No, no es ese tipo de embrollo esta vez. El problema es conmigo» mi tono era pesado, y denotaba toda la carga negativa que llevaba dentro.

«Oh, judiíta, ¿qué ocurre? ¿Es algo grave?» pareció preocuparse

«No es nada. Solo que…¿puedes venir a verme ahora? No sé, podríamos cenar»

«Mira cómo es el destino. Iba a llamar a Ruby para que viniera a casa, pero, en ese caso, cambiaré de novia» Graham soltó una carcajada que se me pegó

«Te lo agradezco, caballero. ¿Qué hacemos entonces?»

«¿Qué tal si vienes para acá? Hay cerveza, y podemos pedir una pizza y charlamos»

«¡Por mí perfecto! En quince minutos llego»

«¡Te espero, rubia!»

Colgué y me encaminé a casa de mi amigo. Ya había intentado todas las formas para encontrar una solución y deshacerme de estos pensamientos. Si sola no estaba teniendo éxito, quizás desahogarme fuera el mejor camino.

Llegué en el plazo dicho. Como siempre, receptivo, Graham me abrazó y me llenó de besos.

«Si tu novia te ve haciendo esto, te va a hacer pedazos. Tu chaleco no es a prueba de puñetazos. ¡Deja de apretarme! ¡Me estás ahogando!»

«¡No paro! ¡No, hasta que confieses que te gusta!»

«¡No asumiré nada!»

«¡Ah, vamos, Emms! Desde pequeño hago esto contigo y a día de hoy sigues sin tener valor para decir que amas mis apretados abrazos»

No conseguí contener la risa. Con él, las cosas fluían fácilmente. Me di cuenta de que la decisión más acertada que he tenido en los últimos tiempos había sido la de acudir esa noche a mi amigo. Por lo menos, me distraería»

De primeras, Graham me dio un botellín y me dijo que sobre las nueve llegaría la pizza. Tendríamos tiempo para devorar los entremeses que había sobre la mesa y no nos quedaríamos con tanta hambre.

Tras un tiempo charlando sobre boberías, de su relación de cuento de hadas y de mi hermano, salió el motivo por el que lo había llamado.

«Entonces, rubia, ¿qué te está preocupando?»

«No hay nada preocupándome»

«Ah, ¿ahora me vas a mentir? ¿Me llamas queriendo charlar y diciéndome que tienes problemas y ahora dices que no hay nada afligiendo tu corazoncito?»

Bajé la cabeza y suspiré profundamente. Necesita sacar aquello hacia fuera y tenía que ser en aquel momento, si no el valor desaparecería.

«Yo…he conocido a una persona»

«¡Menos mal, Dios mío! Mi amiga, finalmente, cazó a alguien para darse unos apretones» dijo levantándose del sillón donde estaba y sentándose a mi lado.

«¡Para, muchacho tonto! ¡No es nada de eso!»

«¿Entonces qué es? ¿No me vengas a decir que ya estás saliendo con alguien?»

«No, no lo estoy»

«¿Entonces, qué, judiita? ¡Venga, suéltalo! ¡No marees la perdiz!»

«Eres pesado, ¿eh? No es que no quiera hablar, es que es muy complicado. El problema…» Graham me miraba esperando que acabara la frase «¡Es que…la persona que he conocido es una mujer! ¡Listo, lo he dicho!» él se mantuvo en la misma posición, inmóvil como una estatua «Eh, Graham, ¿no vas a decir nada?»

Tras algunos segundos de silencio, se manifestó

«¡La madre que te parió, Emma Swan! ¿Ahora frecuentas a mujeres?»

«Hey, no uses ese tono. Parece que fuera algo malo y me siento más tensa de lo que ya estoy»

«No, no, no. Perdóname» movió la cabeza como si estuviera saliendo de un trance. «Es que me has cogido por sorpresa. No hay nada malo en ello»

«¿Lo juras?»

«¿Jurar el qué?»

«¿Juras que no hay nada malo en ello?»

«Ah, Ems, venga ya. ¿En pleno siglo XXI, tú, una mujer culta cuestionándote si una sexualidad es errónea o no? ¿No me vas a venir con prejuicios velados o con sentimientos de culpa, verdad?»

«¡No, claro que no! Es que estamos tan acostumbrados a escuchar discursos machistas que el hecho de que hables de esa manera es, como mínimo, sorprendente»

«Ya, lo sé. Pero me conoces bien, rubia. Sabes lo que pienso al respecto. Fui yo quien alentó a Aurora cuando decidió hablar sobre su novia en casa»

«¡Cierto! Me acuerdo bien de la que se armó. Hasta que las cosas se arreglaron, pasasteis por malos momentos»

«Sí. Además de eso, soy tu amigo. Hagas lo que hagas, mientras no perjudique al prójimo o a ti misma, tendrás mi apoyo»

«¡Gracias!» sonreí y revolví sus cabellos

«Ahora vamos a la parte buena. Cuéntame los detalles de tu primera experiencia lésbica» se rio a carcajadas

«¡No! ¡Te has vuelto loco!» reí también por su hacer infantil «No te voy a contar detalles y no fue mi primera experiencia lésbica»

«¿Ah no?»

«Bueno, en realidad ya había besado a algunas chicas en la facultad…»

«¡Emma Swan! ¡Nunca me contaste eso! ¿A quién te tiraste del campus?»

«¡No me "tiré" a nadie! Solo fue un beso que otro, por eso no te lo conté. Y ahí está el problema. Dejando eso aparte, nunca volvió a pasar hasta ahora…»

«Hm…sigue…» me hizo recostar la cabeza en su regazo «¿Quién es esa misteriosa mujer que te ha sacado de tu zona de comodidad?»

«Regina. Regina Mills. Es la dueña de la cafetería a la que voy, en el centro. Ya te había comentado algo, ¿no?»

«Sí, es verdad»

«Pues eso. ¿Te acuerdas del día en que te fui a buscar a la comisaría para hablarte de Neal?»

«Me acuerdo…»

«Me había olvidado mi móvil encima de la mesa y cuando llegué a casa, recibí una llamada de Regina diciéndome que lo había encontrado y que me esperaba por si quería ir a recogerlo. Cuando llegué allí, le pregunté cómo podía agradecérselo, y me invitó a salir a un club y acepté»

«¿Pero, así, sin más? ¿Ya sentías atracción por ella o por otras mujeres?»

«No, ¡ahí está la cosa! Nunca me había fijado en ella ni en ninguna otra mujer sexualmente hablando y el hecho de haber aceptado la invitación rápidamente solo lo puedo explicar con una palabra: magia. Pareciera que hubiera utilizado poderes mágicos para hechizarme» estaba en una posición que no permitía ver la cara de Graham, pero sabía que estaba sonriendo

«¿Y qué pasó?»

«Salimos, tomamos algunas copas, quiso prolongar la noche y yo propuse ir a su casa»

«¿Lo propusiste tú?»

«Sí. ¿Te lo puedes creer? No sé si fue la bebida o el misterio que la envuelve. Sé que minutos después estábamos follando en el suelo del salón de su apartamento»

«¡Wow! ¡Esa mujer debe ser increíble!»

«¡Lo es! ¡Gram, Mills es diferente! Tan bella…» me levanté en el intento de explicarle mejor cómo de espectacular la encontraba «Tiene un sublime encanto, una prestancia. ¡Te puedo decir que su porte y elegancia se asemejan a los de una verdadera reina!»

«¡Oh, Dios mío! ¡Emma, estás enamorada!»

«No lo sé, amigo. Esa, con certeza, es la parte más complicada»

«¿Hay más?»

«Ese día, no sé lo que me pasó, salí de allí sin darle mayores explicaciones tras tener sexo. Ella se enfadó y desde entonces, estamos en una especie de juego de venganzas, de seducción. Ella me provoca y yo la provoco. Ejemplo…acabo de salir de la cafetería. Me la follé en la cocina, bueno, casi. Fuimos interrumpidas» Graham estaba boquiabierto escuchándome

«¡Joder! Rubia, para alguien que no tiene mucha experiencia en el asunto, no está nada mal, ¿eh? ¡Ni yo he hecho algo parecido!»

«Pues no sabes lo que te estás perdiendo. ¡Tendrías que probar! ¡Es muy excitante!»

«Cariño…» cogió mi mano, y me miró de forma sarcástica «solo he podido ver ventajas en lo que me has contado hasta ahora» reímos

«Estoy confusa. No dejo de pensar en Regina, en el deseo que tengo de sentir aquel aroma a manzana que tiene, en su suave boca, en aquella sonrisa, en aquella voz…¡La cuestión es que Mills es una incógnita! No sé si esto es una tontería, si debo olvidar y seguir con la sosa existencia que llevaba hasta ahora, con mi aburrida rutina que tanto adoraba…Me siento perdida cuando se trata de esa mujer»

«¿Has probado en arriesgarte por lo menos una vez en la vida?» su tono de voz cambió. Noté que hablaba en serio «Emms, nuestro tiempo en la tierra es muy corto para que lo perdamos con esas tonterías de cuestionamientos. ¡Sigue a tu corazón! Por lo que veo, te está implorando que vayas tras ella y seas feliz. No te preocupes con el mañana, si vas a tener una relación, si va a durar…Saca el "si" de tu vocabulario y añade el "sí" ¡Sí, voy a hablar con ella!, ¡Sí, la quiero!, ¡Sí, voy a vivir intensamente cada segundo!»

No me di cuenta de que estaba llorando hasta que mi amigo llevo su mano a mi rostro y enjugó las testarudas lágrimas. En lo más profundo de mí, yo ya había aceptado que aquello era lo que deseaba, que quería tener a Regina conmigo, pero quizás necesitaba escuchar aquellas palabras para volver definitivo en mi cabeza lo que mi corazón gritaba.

La pizza llegó, bebimos un poco más y pasamos la noche charlando de cualquier cosa y riéndonos mucho. Me sentía más ligera, más segura y determinada que antes. Decidí dejar que el destino siguiera su curso, sin mayores indagaciones y ansiedad, al final, como Graham había dicho «Todo a su tiempo, pero mientras este no se define, continua siendo feliz a tu manera"

POV Regina

Me fui a casa y lo primero que hice fue disfrutar de un cálido baño en mi bañera. Estuve ahí algunos minutos con los ojos cerrados, solo sintiendo el agua deslizarse por mi cuerpo y llevarse con ella todo lo ruin.

Para seguir con la sensación de ligereza, no me vestí. Desnuda, me dirigí al salón y me serví una copa. Me eché en el sofá y me quedé mirando al techo. En pocos segundos la imagen de Emma volvió a mis pensamientos, haciéndose presente y denunciando lo dueña que era de ellos.

«¡Ah, Swan! Siempre supe que serías mi perdición, pero nunca imaginé que fueras a derrumbar mis estructuras»

¡Pues sí! Todo estaba muy confuso. ¿Yo, Regina Mills, admitiendo que había perdido el control? Eso, como mínimo, era bastante extraño.

Me encontré pensando en lo que estaba sintiendo, recordando los últimos días. Llegué a la conclusión de que todos mis sentimientos se resumían a uno: miedo. ¡Eso era! Tenía miedo de estar acercándome demasiado íntimamente a alguien, de estar enamorándome.

Mi vida nunca fue fácil. Tras pasar por relaciones dolorosas, que tuvieron finales terribles, me cerré a un nuevo amor y desde entonces, intento encerrarme en mí misma, manteniendo como ley de vida solo la aceptación de aventuras pasajeras, nada más profundo. Enfrascarse en una relación da mucho trabajo, trae más disgustos que buenos momentos. Sí, soy consciente de que nutro pensamientos contradictorios hacia la atracción de nuevos amores. El miedo me apartó de la posibilidad de tener éxito en una vida afectiva y me llevó al camino de los negocios.

Una vez, viendo un programa de televisión, escuché las observaciones de un psicólogo sobre la aventura sexual. Decía que, para vivir nuevas relaciones, necesitamos, en primer lugar, entender la relación anterior no como algo que salió mal, sino que salió bien en el periodo que duró. Creamos miedos ante el amor cuando de lo que realmente tenemos miedo es de fracasar de nuevo. Por eso lo que necesitamos es cambiar nuestras actitudes con relación a la comunión con otro ser y decir sí a una nueva posibilidad de amar.

Quizás mi caso es algo más profundo que eso. Quizás aún esté castigándome por haber aceptado ser manipulada hasta el punto de abandonar mi felicidad y huir, como hice. Era necesario, lo sé, pero me culpo por haberme acobardado y dejado que un monstruo acabara con mi vida de la manera más cruel y vil.

«Regina, no puedes seguir haciendo esto. Debes esconderte de tu pasado, pero no de Emma. No me voy a esconder de ella. No lo haré…»

Me levanté de sopetón y cogí el móvil. Daría el primer paso hacia mi verdadera libertad, la que me fue robada años atrás.

«Hola, ¿Stuart? ¿Cómo estás, querido? ¡Necesito un gran favor de tu parte! ¡Querría darle una sorpresa a una persona y me encantaría que me ayudaras!»


Poco a poco se van viendo las heridas que carga Regina. Ya veremos que no ha tenido un pasado fácil. Alguien me preguntó en qué trabajaba Emma, se descubrirá, no tengáis prisa.