CAPÍTULO 4

Venia, Flavius y Octavia no paran de moverse a mi alrededor, arrancando pelos de sus folículos sin el menor atisbo de piedad. Mis estilistas son como los demás: extravagantes, excesivamente extravagantes. Pero no esperaba menos. Estamos en el Capitolio, al fin y al cabo.

Hemos llegado hace unas cuantas horas. Tuvimos que bajar del tren y meternos de lleno entra los cámaras, cuyos flashes nos dejaban ciegos por momentos. Effie irradiaba placer.

—Nunca ha habido tantos cámaras en la estación para recibir al distrito 12—comentó cuando nos subimos a un coche con lunas tintadas.

—Esto es bueno—murmuró Haymitch para sus adentros—. Si ganáis algo de fama y os hacéis un nombre en el Capitolio podríamos conseguir patrocinadores.

Y, en ese instante, llegamos al centro de Renovación, donde nuestros estilistas nos prepararían para el desfile inaugural.

Ahora, por los rostros de mis estilistas, puedo atisbar cuantas horas más quedan para terminar de arreglarme. Cuando me vieron, lo advirtieron con un «vamos, chicos, tenemos muchísimo trabajo por delante». El acento lleno de "ssss" del Capitolio me molesta hoy más que nunca.

Después de más de tres horas de sesión, finalmente se separan de mí y contemplan el pájaro desplumado en el que me han convertido. Parecen incluso orgullosos, mientras que yo me siento más desnuda que nunca. Bueno, lo cierto es que lo estoy de verdad. Pero para mí son tan raros, tan lejanos de la humanidad que es como cuando me bañaba de pequeña en el lago en presencia de los pájaros.

—¡Ya está! Mucho mejor—chilla Flavius, y los saltitos que da hacen que sus tirabuzones naranjas reboten.

—Ahora vendrá Cinna—dice Octavia antes de salir seguida de los demás.

Mientras espero, resisto el impulso de ponerme la fina bata que me han dejado llevar a ratos. Tal y como nos hizo prometer Haymitch, he dejado que hicieran conmigo lo que quisieran, y para mi desgracia han eliminado todo mi bello corporal, a excepción de mi pelo, del cual tenían órdenes de respetarlo. La trenza que mi madre me hizo el día de la cosecha sigue intacta, y me alegro. Olvidé el vestido en el tren, y ahora me estoy arrepintiendo, por lo que me hace feliz conservar aun algo suyo.

Un joven entra. Para mi sorpresa, Cinna si que no es como me esperaba: discreto y natural. Esos detalles hacen que me caiga un poco mejor. Normalmente, los estilistas suelen ser las personas más estrafalarias de todo el Capitolio. Por algo serán estilistas.

—Hola, Katniss—su voz apenas está afectada por el acento del capitolio—, voy a ser tu estilista.

—Hola—respondo con precaución.

—Dame un momento, ¿vale?—se limita a observar mi cuerpo desnudo, tomando medidas mentalmente. Ahora sí que me entra algo de pudor. Finalmente, me pregunta:—¿Quién te ha peinado?

—Mi madre.

—Me gusta, es muy elegante. Ponte la bata, vamos a charlar un rato.

Me conduce hasta una sala de sofás rojos. Nos sentamos en uno, y pulsa un botón lateral de la mesa que hay frente a nosotros. Al instante aparece la comida: igual de elegante y exquisita que la del tren. Igual de despreciable. Mientras comemos, él ambienta nuestra conversación hacía los trajes del desfile.

—Portia, la estilista del chico de tu distrito, y yo pensamos que el tema de la minería está demasiado visto, por lo que hemos pensado en centrarnos específicamente en el carbón.

«Por favor, desnuda no; desnuda no».

Nuestro tributos suelen salir casi siempre con cascos de mina y el cuerpo manchado en carbón, completamente desnudos y ridiculizados. Pro eso nadie nos querrá patrocina nunca.

—¿Tienes miedo al fuego, Katniss?

Después de terminar la comida, me conduce a la misma sala donde Flavius, Venia y Octavia me prepararon. Me dice que espere, y yo obedezco como una chica buena hasta que vuelve. Trae una malla negra de cuerpo entero. Me ayuda a ponérmela, y cuando camino un poco noto como la tela se ajusta perfectamente a todos mis movimientos. Tengo, además, unas botas negras brillantes que me llegan hasta las rodillas. Pero lo más impactante del traje son la capa de tonos amarillos naranjas y rojos, y el tocado a juego; según Cinna, el fuego que los hará arder es sintético, creado por Portia y él. Apenas me maquilla con un poco de iluminador, y me recoge el pelo en una sencilla trenza, como suelo llevarlo.

—Quiero que la gente te reconozca cuando estés en el estadio: Katniss, la chica en llamas.

La chica en llamas. Jamás había pensado en mí de esa forma.

—Eres nuevo ¿no?—me veo incapaz de aguantar la curiosidad—. Nunca te he visto en la tele.

Asiente mientras repasa todos los detalles.

—Debe ser horroroso aquí que te toque el distrito 12.

—Lo pedí yo—admite, y me hace cerrar la boca.

Cinna me lleva al piso inferior del centro de Renovación. En él, los tributos se están subiendo a los carros (tirados por cuatro caballos; los nuestros negros como el carbón), los estilistas dan últimos retoques a los trajes... Encuentro a Gale cerca de nuestro carro, acariciando a uno de los caballos. Dócilmente, éste le pone el hocico en la mano.

—En el distrito no tenemos caballos. Nunca he visto uno—comenta en cuanto me acerco a él. Cinna está a un lado hablando con una mujer: Portia, supongo.

Su voz suena suave y conciliadora, muy distinta a la del propio Gale: busca mi perdón.

—Es cierto—digo uniéndome a su tarea de complacer a los animales. Sin embargo, si a Gale le gustan los caballos, a mí no me hacen ninguna gracia: son demasiado grandes e imposibles de cazar..., aunque nunca lo he probado. Tampoco sería capaz de subirme yo sola en uno.

Gale me mira de arriba a abajo contemplando mi traje y sonríe burlón.

—Parece que quieren que vayamos idénticos.

Tiene razón, su traje es el mismo que el mío; además, nuestros rasgos son similares. Pelo negro, ojos grises. He de reconocer que está increíble con la malla ceñida a su cuerpo. Hará que todo el Capitolio quiera patrocinarle.

Gale posee algo que a muchos tributos nos falta, y es esa belleza natural. Recuerdo que hace unos años gano un chico, Finnik Odair del distrito 4, y fue gracias a su belleza. Actualmente es el sex symbol de todo el Capitolio. Quizá el rostro perfecto de Gale le dé oportunidades de conseguir patrocinadores.

En ese momento, mientras miro los ojos grises de Gale, no dejo de preguntarme qué sucederá en la arena, cuando veintidós tributos nos busquen para matarnos. También cuestiono mucho las capacidades de Gale para ocultar sus sentimientos. Jamás había averiguado lo que realmente me quiere decir, o lo que sus ojos reflejan de su alma. Si antes acertaba algo era gracias a los cuatro años que hemos pasado juntos. Ahora..., bueno, ahora sus emociones son palpables en el ambiente: está incómodo cerca de los otros tributos, no deja de sentir compasión por mí. Sin embargo, sigo sin poder averiguar exactamente lo que planea.

De repente, un extraño pensamiento se abre paso a través de mí: quiero el Gale de los bosques conmigo y no el Gale frío y calculador que está frente a mí.

Cinna y Portia se acercan a nosotros y nos ayudan a subir a los carros. Al instante, una incómoda y desagradable sensación de falta de equilibrio inunda mi cuerpo. El material que forma el suelo de la carroza cruje al apoyar nuestros pesos. Tengo la sensación de que se va a hundir. Instintivamente, mi mano busca la de Gale, y él la agarra fuertemente. Cuando los portones se abren y dejan pasar la luz, Cinna grita que las mantengamos unidas. Gale me mira con el ceño fruncido, pero yo estoy demasiado ocupada viendo como los primeros carros, del Distrito 1, 2 y 3 salen en fila, seguidos por el resto. La gente los vitorea: aplauden, silban, las mujeres gritan y los hombres apuestan quién será el primero en caer o quién vencerá. Sus trajes suelen ser los mejores, o al menos los del distrito 1, 2 y 4, los profesionales. Siempre acaparan la atención del público.

Segundos antes de salir al exterior, Cinna prendé las capas, y yo chillo encogiéndome, cerrando los ojos fuertemente, esperando el dolor ardiente al rozar las llamas mi piel. Pero éste nunca llega; tan solo escucho el siseo del fuego sintético y, después, carcajadas de Gale. No son como las de los bosques, pero es algo que hacía tiempo que no escuchaba. Cuando los caballos se ponen en marcha, para bruscamente de reírse. No sé si porque recuerda donde estamos o porque le da tanto miedo como a mí caerme del carro.

La ciudad inunda a los últimos tributos, los tributos del Distrito 12, cuyas capas en llamas y sus tocados llaman la atención por primera vez en setenta y cuatro años.

El fuego se gana el público, y yo, sin saber porqué, no puedo hacer nada más que sonreír y saludar.

Soy la chica en llamas, después de todo.


Llegamos al cuatro, y continuamos. Este ha sido más breve y conciso. La inspiración solo llegó para un nuevo fic que publicaré este fin de semana: VISIONES DE CRISTAL, también sobre Gale y Katniss. Constará de cinco o seis capítulos sobre la muerte de Prim en los Juegos (si Katniss no hubiera podido ofrecerse voluntaria) y como lo superaría con ayuda de Gale. Para homenajear la entrada triunfal de Gale y Katniss y mi nuevo fic, quiero pedir vuestra ayuda. Responded a estás preguntas: ¿qué sucederá en las entrevistas? Gale no es el tipo de persona que confesaría su amor en mitad del Capitolio y no en el silencio de los bosques. Así que, ¿qué imagináis? Me encantaría vuestras opiniones sobre este asunto, que me inquieta un poco al intentar captar la esencia de Gale en esa situación.

Besos y abrazos a todo el mundo.

Amanda Stryder Hawthorne.