ENCUENTROS.

Sora y su madre observaban la escena con ternura. Realmente Haru y Yamato eran muy parecidos físicamente, aunque la niña siempre había sido mucho más simpática y sociable que su padre. Por lo cual se relacionaba con facilidad en un entorno de adultos y este hombre que se encontraba frente a ella le resultaba muy interesante.

Durante unos instantes él había permanecido mudo, observando embelesado a esa hermosa niña de brillantes ojos azules. Sus ojos.

Ahora se encontraba sentado sobre la alfombra, con su otrora impecable traje de oficina arrugado y viendo como Haru jugaba a cocinar.

Le tomó unos segundos darse cuenta de que eran el centro de atención. Se giró para ver a Sora, quien en silencio derramaba lágrimas mientras los observaba. Adivinó por la emoción en el rostro de ella que nunca hubiera imaginado que esa escena sería tan real.

La señora Takenouchi apareció con una bandeja de té e invitó a pasar a todos hacia la mesita del comedor.

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-Así que necesita un transplante de médula…

-Si. Pero primero debe pasar por algunas dosis de quimioterapia, que le dejarán algunas secuelas. Y para volver a regenerar una médula capaz de producir cantidades normales de linfocitos u otras células sanguíneas, es preciso el trasplante. Los donantes más idóneos suelen ser los hermanos, que en este caso no los hay. Mis células son incompatibles, pero quizás pueda suceder un milagro contigo… - Sora soltó toda esta información perfectamente asimilada y luego se quedó en silencio. Habían quedado solos en la salita, dado que Haru se cansaba con mucha facilidad y su abuela se la había llevado a la habitación.

Yamato sentía que había perdido la capacidad de razonar, sentía que la cabeza le daba vueltas por los muchos impactos emocionales que había sufrido durante el día. Se sentía exhausto. Levantó la mirada y observó a Sora. Ella esquivaba su mirada.

-Mira, esto ha sido intenso. Aún no puedo procesar el tamaño de esto, aún no te podré perdonar lo que me has ocultado -Yamato respiró hondo- pero esa niña sin lugar a dudas es mi hija, y no la dejaré pasar por esto sola. Así que puedes contar conmigo para eso. Solo dime a qué hora irán al hospital a internarla y donde debo hacerme los análisis…

Se levantó con dificultad, de pronto sentía mucho cansancio.

Sora lo acompañó a la puerta. Allí se volvieron a mirar a los ojos. Había pasado mucho tiempo.

-Nos vemos… -murmuró él mientras se marchaba. No quiso voltearse a verla porque ya bastante dolido se encontraba. No podía soportar sostener la mirada de aquellos ojos llorosos y desesperados.

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-¿Qué tú quéeeeeeeeee?!!

Takeru y Taichi estaban atónitos. Les costó un tiempo darse cuenta de que habían gritado en el medio del restaurant y que la gente los observaba con recelo. Tai cerró la boca que había quedado totalmente abierta por el shock y miró a Matt recobrando la compostura.

-No puedo creerlo. Yo… es irreal -murmuró el castaño mientras se frotaba las sienes.

Takeru estaba anonadado y era incapaz de reaccionar.

-Es idéntica a mí. Miren, Sora me dio una foto, y además yo mismo le tomé algunas con mi celular -Yamato les enseño las imágenes a su mejor amigo y a su hermano mientras bebía cerveza.

-S-sin dudas que tiene los genes de mamá… es idéntica a ti -Tk al fin había podido liberar algo de lo que sentía luego de aquella noticia. La pequeña Haru era, sin lugar a dudas, hija de Yamato.

Observó una de las fotos tomadas con el celular en las que se los veía intercambiando miradas y juguetes.

-No sé cómo no saliste huyendo, nunca entendí porqué Sora se había marchado tan abruptamente de Japón, ni esa necesidad suya de perder contacto. Nunca lo hubiera esperado de ella. -en las palabras de Tai había dolor. Mucho. Algún día lo hablaría con ella.

-No sabía que había pasado algo entre ustedes -volvió a arremeter el muchacho.

-Fue algo de una noche, y no sé cómo sucedió, si? Simplemente pasó

-Le hiciste daño a alguien que te adoraba profundamente, Matt! Sora estaba enamorada de ti, me consta.

-No exageres Taichi!!! Su amor hacia mí fue en la adolescencia, cuando se me declaró teníamos tan solo 14 años!! Y supe apoyarla y sincerarme con ella, vale? Nunca me había interesado por ella de ese modo. Era demasiado para mi, yo era un imbécil sin remedio, ella no merecía un tipo como yo. Ella se merecía a alguien que la respetara y la cuidara. Nunca estuve hecho para eso…

Se hizo un silencio entre los tres. Tai casi echando fuego por los ojos, Tk muy pensativo y Yamato sintiéndose peor que nunca.

-A juzgar por estas fotos… -aventuró Takeru- te diría que estás hecho para eso y mucho más. Has elegido apoyar a tu hija y acompañarla, has elegido ser parte, conocerla… y pese a tu enojo con Sora, que es justificado en mi opinión, has elegido también acompañarla a ella. Creo que la llegada de Haru es lo que necesitabas para hacerte cargo de tu vida de otro modo.

Matt y Taichi se quedaron mudos. Allí estaba Tk, el sensato, el sensible, dejando de lado las diferencias con su hermano mayor para decirle que era hora de que dejara atrás la vida que llevaba. Y Yamato supo que eso haría, supo que era el momento para hacerse cargo de su vida, de su adultez, de su hija, y de ¿su familia?

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La pequeña Haru estaba tristemente acostumbrada a las agujas y médicos a su alrededor. Ya no se quejaba ante la aparición de quienes le hacían chequeos unas cuantas veces por día. Lo único que ansiaba era poder largarse de allí, pero ya sabía que por más que protestara o mirara a su madre con sus ojitos suplicantes, nada hacía que se pudiera marchar.

Lo que más le animaba era utilizar el ipad y ver sus dibujos animados y películas infantiles, le encantaba que su abuela estuviera de visita, le gustaba la comida.

Pero amaba que su papá la acompañara.

Nada era mejor que eso. Ya se había acostumbrado a su presencia diaria con aquella túnica celeste, y ese disfraz tan ridículo que todos debían usar con ella. Le resultaba divertido ver a los adultos aparecer tan graciosos a saludarla. Y no estaba solo su padre, había conocido a un tío.

Tío Takeru tenía algo especial. Sus sonrisa era inmensa, era muy alto, era dulce y siempre se reía ante las ocurrencias de la niña. Porque Haru era tranquila pero a veces muy traviesa.

Y ahora dormía profundamente.

Yamato la había estado observando durante mucho rato. Aparentemente su hija respondía muy bien a las dolorosas quimioterapias, las soportaba aunque llorara, aunque luego le doliera el cuerpo y vomitara durante horas. Aunque sus angelicales cabellos rubios estuvieran cayendo. Su fortaleza era admirable. Porque cuando su padecimiento terminaba, era la pequeñita risueña de siempre, parloteando, riendo, observando. Ya hacía un mes que estaba en marcha el tratamiento. Los valores de la niña mejoraban lentamente pero no podían ilusionarse demasiado, ya sabían que el cáncer es traicionero.

Y había otro asunto. El trasplante de médula ósea. Yamato se había realizado las pruebas de compatibilidad el día anterior y aún no había resultados. Nunca había deseado tanto que todo saliera bien.

Escuchó el sonido de la puerta que lo sacó de su ensimismamiento.

Sora se asomó procurando no hacer ruido. Le hizo una señal de que saliera de la habitación. Matt se negaba a dejar sola a Haru, pero inmediatamente apareció Toshiko -la abuela de la niña- por lo que se dignó a salir.

Allí se encontraba Jyou Kido. Era un amigo de la infancia de ambos, y aunque no era el oncólogo a cargo, estaba siguiendo el caso con varios de sus colegas más destacados.

Vio aparecer a Yamato, que se quitó el tapaboca y dejó su cabello suelto. Se acomodó los anteojos con cara de pocos amigos. "Cara de médico" había dicho Taichi maliciosamente alguna vez.

-Hola Yamato. Sora. Lamento informar que las noticias no son buenas.

Matt sintió la respiración nerviosa de Sora y su propio corazón comenzó a latir violentamente. Era peor de lo que esperaba.

-Las médulas no son compatibles, de verdad lo siento mucho.

Sora se derrumbó pero Yamato fue rápido y evitó que se cayera al piso. Ambos temblaban y las lágrimas se agolpaban con intensidad para salir de los ojos de él.

Nunca se había sentido tan desolado, nunca había sentido tanta rabia, tanta injusticia, tanta tristeza. Sora se aferró a él y se estrecharon en un fuerte abrazo. De algún modo ella se había recuperado y ahora lo contenía mientras el hombre comenzaba a llorar desconsoladamente, como no había hecho nunca.

Los médicos se retiraron apenados y solo Jyou se mantuvo allí, de pronto abrazando a sus amigos y derramando alguna lágrima rebelde.

Sora se recompuso de algún modo, y sin soltarse de Yamato, le preguntó a su amigo médico si no habría otro modo, otro donante.

-Se puede intentar, es demasiado riesgoso, no hay garantías y sabes que lo mejor sería un hermano, que Haru no lo tiene.

-E… entonces no se puede…

-Podemos buscar otro donante. Aún quedan unas quimioterapias más.

Se escuchó una voz en el pasillo, una voz masculina, que aunque tembló levemente, embargada por la emoción, sonaba con decisión.

-Y acaso otro familiar puede servir?

Takeru estaba allí, con el rostro surcado por las amargas lágrimas, acompañado de su esposa.

Jyou lo miró y dudó.

-Podemos intentarlo.

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Aquí una leve aclaración. Este fic está dedicado a la.memoria de mi ahijada. Ella falleció el año pasado por un cáncer raro. La peleó mucho tiempo pero al final no hubo modo. No soy fan de los finales tristes pero no quiero forzarme con esto porque iré hacia donde me lleve la inspiración. Este capítuño está especialmente dedicado a ella, el retrato de Haru es parecido y la descripción de su personalidad también. Así era ella, todo sonrisas luego de las quimios. 3 Graciad a todos los que están leyendo esta historia, para mí es sanar.Espero no demorarme mucho con el próximo cap.Saludos y mucho amor desde un corazón que halla el rumbo en la escritura tras esta triste pérdida.