Saludos a todos! He regresado, y con el cuarto capitulo de este fic. Jeje, lamento haberme tardado tanto, pero como estoy en mi ultimo año de colegio, estoy hasta el cuello con cosas que hacer, asi que no se enojen, por fis! Ah, y estoy calculando que este fic tendra 6 o 7 capitulo, no estoy segura.
Otra cosa, para los que -tal vez- se preguntan por que el nombre de la hija de Yamato y Sora es Haruko en este fic y en SSM, eso es simple, al menos para mi... Veran, de todos los nombres que pense en ponerle a la pequeña, Haruko era el que mas le quedaba, no se por que, pero eso pienso yo; eso y por el hecho que el nombre significa Spring child o Niño(a) de la Primavera.
A proposito, el siguiente capitulo de SSM estara dentro de unos dias... si, si, se que me he tardado mucho, por eso le pido paciencia, es que en realidad el colegio me consume demasiado el tiempo...
Bueno, no tengo nada mas que informar, sigan con el fic!
Previamente…
Yamato besó su frente y se acomodó para dormir. Sora sonrió e hizo lo mismo. Y luego de unos segundos, ambos estaban durmiendo profundamente.
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Capítulo IV
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Yamato despertó lentamente, sintiéndose algo desorientado. Abrió los ojos, sorprendiéndose al encontrarse mirando el piso de la habitación. Le dolía la cabeza, ahora se arrepentía de haberse dejado vencer por el llanto, pero ya no había caso. Se sentó en el piso, mirando a los alrededores; la habitación estaba a oscuras, pero eso se debía a que las cortinas estaban cerradas. Se puso de pie, amarrando la sabana que lo cubría a su cintura; caminó hacia el ventanal, corriendo las cortinas para que entrara la luz, la cual no era mucha, ya que estaba lloviendo. Sonrió ampliamente, volteándose hacia la cama, para despertar a su adorada esposa.
"Sora, mira es--"- calló al ver que, al contrario de lo que esperaba, no había nadie en la cama.
Se quedó de pie, mirando fijamente la cama. Y lentamente, el miedo comenzó a hacerse presente. Estaba seguro de que lo que vivió el día anterior no fue un sueño. ¿Entonces donde estaba Sora?... Abrió los ojos de golpe. ¿Y si ella lo había dejado? No, no podía ser, es decir, ella aun lo amaba, se lo había dicho. ¡No podía abandonarlo ahora! Con el terror corriéndole por las venas, tomó sus bóxers y se los puso, pero antes de poder alcanzar sus pantalones, algo lo detuvo. Un delicioso aroma.
"¿Qué…?"
Alzó la vista hacia la entrada de la habitación, encontrando la puerta entre abierta. Se acercó lentamente, abriéndola por completo. Definitivamente, alguien preparaba un delicioso desayuno, y era bastante obvio quien era ese alguien. Ya más calmado, bajó cuidadosamente al primer piso, haciendo el menor ruido posible. No quería ser descubierto.
Llegó a la planta baja e inmediatamente se percató de que su mujer tarareaba la melodía de una canción, pero no cualquier canción, era la que él había escrito para ella, hace ya aproximadamente catorce años o un poco menos. Caminó hasta la cocina, encontrándola ahí de pie, preparando una bandeja con el desayuno, vistiendo únicamente su camisa, la que le quedaba bastante grande. Continuó observándola, ampliando cada vez más su sonrisa, al ver como se movía de vez en cuando, mientras seguía tarareando. Tenía que admitir que Sora se veía sexy con prácticamente todo, pero cuando usaba una de sus camisas, se veía más adorable e irresistible que nunca.
'Ay, dios, como la amo.' pensó y no queriendo perturbarla, dio media vuelta y regresó a la habitación, de la misma forma en que salió, sin emitir el más mínimo sonido.
Al entrar en la habitación, tomó su suéter que estaba sobre un sillón que estaba allí, se lo colocó, acercándose al ventanal. Lo abrió levemente y salió al balcón. Estaba consciente de que su acción le traería problemas y que también podría pescar un resfrío, pero no le importaba; ver lo que estaba presenciando valía la pena. No sabía porque, pero de todas las estaciones del año, para él, el invierno era la mejor para ir a la playa; ver la lluvia caer en ese lugar, era grandioso. Siempre le provocaba una extraña sensación muy agradable.
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Sora despertó al sentir el sonido de la lluvia golpear el vidrio del ventanal, aun algo dormida, se sentó, mirando a su lado, encontrando el lugar, donde se suponía debería estar el rubio, vació. Se inclinó lo suficiente para ver el piso, encontrando ahí a su rubio, durmiendo en el suelo. Soltó una pequeña risa, levantándose de la cama, sin hacer mucho ruido.
'Es increíble cómo puede seguir durmiendo así, después de caer de la cama.' pensó, saliendo de la habitación.
Bajó las escaleras, dirigiéndose a la cocina. Decidió preparar el desayuno antes de despertarlo, porque sabía que Yamato no despertaría hasta dentro de un buen tiempo. Lo curioso era, que a pesar de estar completamente feliz de que al fin los problemas habían terminado para bien, tenía la impresión de que olvidaba algo importante, pero no sabía qué. Agitó su cabeza ligeramente, no iba preocuparse por eso ahora, además, si realmente era importante, lo recordaría. Comenzó a preparar el desayuno, al tiempo que empezaba a tararear la melodía de la canción que hizo a los Teen-age Wolves ganar la fama que querían, cuando recién comenzaron, la misma canción que Yamato hizo para ella, llamada Tobira. Tan sumida estaba en sus recuerdos de aquellos días, que se desconectó completamente del mundo a su alrededor. De repente comenzó a sentirse observada, tenía la pequeña impresión de saber a quién encontraría al voltearse, pero grande fue su sorpresa al hacerlo y no encontrar a nadie.
'Que extraño…'
Terminó de preparar la bandeja, verificando que no olvidaba nada, luego salió de la cocina yendo a la habitación. Encontró la puerta totalmente abierta, lo cual le pareció extraño, ya que ella la había dejado casi cerrada. Se llevó una pequeña sorpresa al sentir una brisa provenir desde el interior de la habitación, al entrar vio que Yamato ya no estaba donde ella lo vio al despertar y que el ventanal estaba abierto. Entonces se preocupó.
'¿Quiere enfermar?'
Lanzando un suspiro de resignación, dejó la bandeja sobre la cama y colocándose una bata, salió al balcón. Sopló una pequeña brisa, que la hizo abrasarse a ella misma. No entendía como Yamato podía estar así, con tan solo sus bóxers y un suéter, sin tener frío. Se acercó a él, silenciosamente, sorprendiéndose cuando este volteó hacia ella, sonriéndole.
"Hola, buenos días…"- susurró el rubio.
Sora se ruborizó. "¿Cómo supiste que estaba aquí en el balcón?"- preguntó.
Yamato amplió su sonrisa. "Simple. Jamás confundiría tu dulce aroma."- dijo, extendiendo su brazo. "Ven aquí."
Sora le tomó la mano, dejándose guiar hasta él. Yamato la rodeó con sus brazos, protegiéndola del frío. Permanecieron en silencio un momento, hasta que Sora habló.
"¿Qué hacías aquí?"
"Veía caer la lluvia…"
Sora rió un poco. "No sé cuál es tu afán… ¿Por qué te gusta tanto ver como cae la lluvia?"
"Mmm… No lo sé, pero me gusta… Me relaja… Aunque me gusta más cuando cae aquí en la playa…"
Sora volteó curiosa a mirarlo, eso era algo nuevo para ella. "¿Por qué?"
Yamato la miró, sonriendo. "No sabría explicártelo, de hecho… no tengo una explicación… Pero cuando veo la lluvia aquí en la playa… siento algo, no sé, especial… Es un sentimiento extraño… Además, aquí la lluvia se ve hermosa…"- dijo, acercándose mas a Sora. "Pero no tan hermosa como tu…"- susurró.
"Si… supongo que tienes razón…"dijo. "Pero bueno, mejor entremos, no tengo intenciones de enfermar ahora y tampoco quiero que tu enfermes."
Sora llevó a Yamato al interior de la habitación, jalando de su mano. Cerraron el ventanal. Yamato se introdujo entre las sabanas, mientras veía a Sora acercársele con la bandeja. Una vez que ella estuvo a su lado, comenzaron a comer.
"Está delicioso."- comentó Yamato.
"Gracias."
Continuaron su desayuno en silencio. De pronto, Yamato notó algo extraño en Sora, la veía algo complicada, como si tuviera un problema; lo que le preocupó en seguida. Terminó de comer se le quedó mirando, pero ella parecía tan inmersa en sus pensamientos que no se percató de ello.
"¿Ocurre algo, Sora?"- preguntó.
Sora salió de golpe al oír su nombre. "¿Ah?"
"¿Algo te preocupa?"
"Bueno…"- suspiró. "La verdad, si… Pero lo curioso es que no sé que me tiene así de… inquieta…"- miró a Yamato, quien la escuchaba atentamente, así que prosiguió. "Tengo la impresión de que estoy olvidando algo importante, pero no sé que es…"
Yamato se le acercó peligrosamente, tomando la bandeja, la dejó en el piso, junto a la cama. Se volteó hacia Sora, abrazándola a su pecho, provocándole un sonrojo.
"Bueno…"- comenzó, muy meloso. "Si eso que estas olvidando fuera realmente importante, no lo hubieras olvidado… Así que no te preocupes, después de todo, tu siempre recuerdas lo que olvidas."- dijo, recostándola sobre la cama.
Sora estaba, curiosamente, nerviosa y muy sonrojada. Pero Yamato siempre tenía ese efecto en ella. 'Además del hecho que a tu lado no puedo pensar con claridad.' se dijo internamente. "Tal vez tengas razón…"- murmuró.
Yamato comenzó a darle cortos beso alrededor del rostro. "Bueno, entonces… Mientras… tanto… aprovecharemos… este día… para… seguir… recuperando… el tiempo… perdido…"- dijo entre besos.
"Muy…"- no pudo decir más, puesto que el rubio ya se había apoderado de su boca. '… bien.'
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Ya muy entrada la noche y después de un largo día muy atareado. Yamato y Sora se dieron un descanso.
Sora se acurrucó más al cuerpo de su esposo. "Fuiste muy dulce…"- murmuró.
"¿Mmm?... ¿Cómo dulce?"- preguntó Yamato, besando la frente de la mujer.
"Me refiero a que fuiste muy dulce y tierno mientras lo hacíamos."- dijo sonriendo.
"¿Y qué hay con eso?"
Sora rió ligeramente. "Bueno, es solo que… generalmente, cuando regresabas de tus viajes y recuperábamos el tiempo perdido… siempre estabas ansioso… eras salvaje y apasionado…"- dijo con una sonrisa, rememorando esos días.
"¿Te molestaba?"- cuestionó el rubio interrumpiéndola.
"No, para nada."- respondió la pelirroja, dándole un beso en los labios. "Como iba diciendo, siempre eras así… Pero ahora, si bien aun fuiste apasionado, te comportaste más calmado, más tierno y delicado conmigo."
Yamato se ruborizó. "Ahhh… Eso… Pues… pensé que si no era tierno y cuidadoso, podría lastimarte y… ehh…"- dijo, claramente nervioso.
"Pero nunca antes me habías lastimado… ¿Por qué habrías de hacerlo ahora?"
"No es eso… Es que no quiero que tengas problemas con el niño…"- dijo, ruborizándose aun más de lo que ya estaba.
'Es tan adorable.'
Sora se levantó, sentándose sobre el abdomen de Yamato; le sonrió tiernamente. "Yama, tengo dos meses de embarazo. ¿Cómo puedes estar tan seguro de que será niño?"
Yamato sonrió. "Lo presiento."- dijo, posando sus manos en su cintura.
Y antes de poder hacer algo más, el móvil de Yamato comenzó a sonar. Ambos voltearon hacia la mesita que había junto a la cama, viendo como el aparato vibraba, mientras sonaba. Voltearon a verse, como tratando de decidir qué hacer.
"Yo no quiero…"- dijo Yamato, siendo el primero en hablar, pero fue interrumpido.
"Puede ser importante."- dijo Sora, estirándose para alcanzar el móvil. Miró la pantalla, sonriendo un poco. "Aquí tienes, es Takeru."
Yamato suspiró resignado y tomó el aparato; sabía que si su hermano no le daba una buena razón para llamarlo a esas horas y en ese momento, le gritaría. "Takeru. ¿Qué quieres? Estoy ocupado."- dijo.
Sora negó con la cabeza, reprochándole su forma de contestarle a su hermano; tomó la camisa del rubio y se la colocó. Yamato se sentó, aun con Sora sobre él, escuchando a su, muy alterado hermano. La pelirroja solo lo miraba curiosa.
"Takeru ¿Qué ocurre? Te oyes muy alterado… Oye, cálmate, dime que es lo que pasa…"- miró a Sora confundido. "¿Cómo que perdida? Pero si ella está a… Takeru… Takeru…"- suspiró. "¡Takeru, escúchame! Sora esta aquí conmigo… Si… Por supuesto que no lo contesta, lo dejó en la casa… En la cabaña… Si, la misma… Bueno pues, dile a los chicos que no se preocupen, porque ella está bien… ¿Quién?... Seguro…"- miró a Sora, indicándole que hablara por el móvil.
"¿Quién es?"
"Takeru dice que tu madre quiere hablar contigo."
Sora emitió un grito ahogado, llevándose las manos a la boca. "Oh dios… ¡Eso era lo que había olvidado!"- exclamó.
Yamato tenía una expresión de absoluta confusión. "¿Eh?"
"Mi madre llegaba hoy de las montañas, ya que tenía que viajar a Osaka por asuntos de su trabajo y como no podía llevar a Haruko, me dijo que la iría a dejar a casa antes de irse… Y como no me encontró ahí y tampoco en mi móvil…"
"Llamó a los chicos, pensando que podrías estar en casa de algunos de ellos. Siendo yo su última opción debido a lo ocurrido."
"Así parece."- tomó el móvil de Yamato y habló. "¿Aló?... Hola, mamá… Si… Lo sé, pero… No fue intencional… Lo siento, mamá, pero anteanoche, Yamato… No, no pasó nada malo, de hecho las cosas no podrían estar mejor… Sí, todo está bien entre nosotros…"- le dio una sonrisa a su rubio. "Gracias… ¿Por qué no la traes? Después de todo, ya te retrasaste… Muy bien, te espero… Nos vemos."- colgó.
"¿Y bien?"
Sora pasó sus brazos alrededor de los hombros de Yamato, recostando su cabeza en su hombro. "Tendremos compañía."
Yamato sonrió. "¿A qué hora llegará?"- preguntó.
"Dentro de una hora."
"Entonces descansemos un poco más, antes de que llegue."
Yamato se recostó de nuevo, acomodándose junto con Sora para descansar. Sin embargo, en cuanto Sora puso su cabeza en la almohada, se durmió. Yamato rió un poco al verla, pero en lugar de dormir con ella, se le quedó observando, como siempre solía hacerlo después de que se entregaban el uno al otro, cuidando de su sueño, procurando que no tuviera una mala noche. Acarició su mejilla tiernamente, mientras pensaba que estuvo a un paso de perder a la única razón que lo mantenía vivo, la única persona que lo comprendía completamente.
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La Sra. Takenouchi tocó el timbre de la casa, asombrada por su tamaño. Y es que, solo ahora entendía lo que Yamato le dijo el día que se casó con su hija.
"No se preocupe Sra. Takenouchi. Yo me encargaré de que Sora tenga la vida que se merece."- le había dicho.
Pero había cumplido, es decir, en unos pocos años, Yamato llenó de lujos a su hija: Se compraron una casa espaciosa y muy bonita, esta cabaña, entre otras cosas. Pero ella sabía que para Sora eso era algo sin importancia, lo material era algo pasajero, a ella le importaba las cosas que no se podían comprar; las pequeñas, pero muy significativas cosas. Como el amor de Yamato, por ejemplo, o su hija.
"No me importa si vivimos en una mansión o en una pocilga, mientras Yamato esté a mi lado, yo seré feliz."- le había dijo la pelirroja la noche anterior al matrimonio.
Y fue por eso que le costó creer que estuvieron a un paso de divorciarse. Pero eso ya era el pasado, afortunadamente.
"¡YA VOY!"- escuchó a un hombre gritar desde el interior de la cabaña; no necesitaba ser sabia para saber de quién se trataba.
Volteó a ver el vehículo, solo por si su nieta había despertado, pero no fue así. Fue una suerte que Taichi se haya ofrecido para traerla hasta aquí, ya que manejar desde la cuidad hasta la costa, le hubiera resultado muy agotador, considerando que la pequeña Haruko estuvo jugando dentro del auto hasta hace tan solo unos minutos. El moreno aun estaba dentro del auto, esperándola. Por suerte la lluvia había disminuido mucho desde que llegó, ahora era solo una llovizna. Sintió la puerta abrirse detrás de ella, se volteó solo para encontrarse a Yamato, vistiendo solo unos bóxers y un suéter.
"Hola, Sra. Toshiko."- dijo el rubio.
"Hola, Yamato. ¿Y Sora?"
Yamato sonrió. "Se quedó dormida poco después de hablar con usted."- dijo.
La Sra. Takenouchi suspiró. "Bueno. Haruko está durmiendo en el auto. Creo que será mejor que tú la bajes, yo ya no estoy para eso."- dijo, indicando hacia donde Taichi se había estacionado.
Yamato vio a su amigo dentro del vehículo y le hizo un gesto de saludo, al cual Taichi respondió igual. Tomó su chaqueta del perchero y caminó hacia el auto, seguido de la Sra. Takenouchi. Al llegar ahí, Taichi salió del auto, para abrir la cajuela.
"Sra. Takenouchi, entre al auto. Yo me encargaré de las maletas."- dijo el moreno.
"Muchas gracias, Taichi."
La Sra. Takenouchi se despidió de Yamato y se metió al auto. Yamato abrió la puerta de los asientos traseros, tomó a su hija en brazos, cubriéndola completamente con su chaqueta para que no se mojara por la llovizna. Cerró la puerta sin mayor dificultad y se encaminó hacia la cabaña. Taichi cerró la cajuela, tomó las maletas de la niña y siguió a su rubio amigo al interior de la residencia.
"Gracias, puedes dejar las maletas ahí."- dijo Yamato, colgando su chaqueta en el perchero, cuidando de no despertar a su hija, quien aun dormía en sus brazos.
"No hay problema… ¿Yamato?"
"¿Mmm?"
"Tú y Sora… Todo está bien ¿verdad?"
Yamato sonrió. "Si, ahora todo está bien."
Taichi le devolvió el gesto. "Me alegro amigo. Bueno, nos vemos."- dijo volteándose hacia la salida. "Saluda a Sora de mi parte."
"Seguro. Y dale saludos a Mimi de mi parte."
"Lo haré."- dijo el moreno, cerrando la puerta detrás de él.
Yamato subió a su habitación con su hija. Al entrar encontró a Sora aun durmiendo profundamente. Seguramente ella no despertaría hasta mañana. Depositó a la niña en la cama y fue por las maletas. Dejó las maletas sobre el piso, tratando de ser lo más silencioso posible, para no despertar a ninguna de las Bellas durmientes. Sacó de una de las maletas el pijama de su primogénita, y la cambió. La tomó en sus brazos nuevamente, para recostarla junto a Sora, cubriéndola con las sabanas. Estiró los cobertores, ya que estaba helando y no quería que sus niñas enfermaran. Rodeó la cama, deteniéndose junto a esta. Comenzó a empujar la cama hacia la pared, dejándola pegada a esta; Sora estaba en medio de la cama y como no quería que Haruko cayera mientras dormía, no tuvo otra opción. Después de ver que no había nada más de que preocuparse, apagó la lámpara que estaba sobre el escritorio, se quitó el suéter y se metió en la cama, junto a Sora.
Suspiró. Hacía tiempo que no había movido esa cama hacia la pared, hace casi tres años. Bostezó, acomodándose mejor para dormir. Pensó que lo mejor era dormirse ya, un buen descanso le vendría bien. Después de todo por el que ha pasado en esos últimos meses, lo necesitaba.
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La mañana estaba muy fría y la lluvia aun no había cesado.
La pequeña Haruko comenzó a despertar debido a la iluminación de la habitación. Se sentó sobre la cama y abrió sus ojitos azules lentamente, mirando los alrededores. Ella recordaba esa habitación, estaba segura de haberla visto antes, pero no sabía cuándo. Miró a su lado, encontrándose con su madre dándole la espalda, entonces la confusión la invadió. Supuso que si despertaba a su madre, ella le diría en donde estaban y como había llegado ahí, ya que hasta donde recordaba, anoche estaba con su abuela. Pero la felicidad que sintió al verla de nuevo fue aun mayor; esos meses en las montañas la había extrañado mucho. Y sin dudarlo más, se acerco a la mujer, moviéndola del hombro.
"Mami…"- susurró, pero al no obtener respuesta, volvió a mover su hombro. "Mami, despierta…"- esperó alguna reacción, pero no obtuvo nada. "¡Despierta, mami, despierta!"- dijo, moviendo el cuerpo de su madre.
Sonrió amplia y felizmente, mientras veía como su madre comenzaba a despertar lentamente; se alejó un poco para después inclinarse sobre ella, mirándola con una sonrisa.
Sora abrió los ojos lentamente, solo para volverlos a cerrar debido a la luz que entraba por la ventana; soltó un leve quejido, tapándose los ojos con un brazo. Como detestaba despertar de manera inesperada; había escuchado la voz de su hija llamándola en sus sueños, lo cual la despertó, pero luego no escuchó nada más. Se volteó sobre la cama, quedando de espaldas. Se suponía que su madre iría a dejarle a su pequeñita la noche anterior, pero se sentía tan agotada que había terminado por dormirse poco después de hablar con su madre, por lo cual no sabía si esta había ido a dejar a Haruko o no. Tendría que preguntarle a Yamato cuando despertara. Frotó un poco sus ojos, para espantar el sueño y luego los abrió nuevamente, esperando encontrarse mirando hacia el techo. Pero en lugar de ver al techo de la habitación y para su gran sorpresa, se encontró mirando a un precioso par de ojos azules y que si no fuera por la infinita inocencia que expresaban esos ojos, los hubiera confundido con los de Yamato.
"Haruko…"- susurró.
Se quedó como hipnotizada observando a su hija, quien solo le sonreía tiernamente, aun así no dejaba de asombrarse cada vez que veía a la niña, su parecido con el rubio era increíble. No tuvo tiempo de reaccionar, ya que en un solo parpadeo tenía a su hija abrazada a su cuello.
"¡Mami!"- exclamó la pequeña, besando la mejilla de su progenitora.
Sora, quien ya había salido de su shock inicial, se sentó sobre la cama, sentando a la niña sobre su regazo. "Buenos días, mi princesita."- dijo sonriéndole. "¿Cómo estuvo tu viaje a las montañas con la abuela?"
Haruko amplió su sonrisa. "¡Estuvo muy grandioso, mami! Pero te extrañé mucho… y a papi también."- dijo, susurrando la ultima parte, su semblante cambió a uno de nerviosismo en una fracción de segundos.
Eso no pasó desapercibido por Sora, quien se sorprendió ante el repentino cambio de actitud de su hija. Podía ver que algo le incomodaba a la niña, puesto que siempre jugaba con sus manos cuando se encontraba así, por lo que decidió esperar a que ella hablara, sabía que no era bueno presionarla y mucho menos si tenía el carácter de Yamato.
"¿Mami, puedo preguntarte algo?"
"Seguro. ¿Qué ocurre?"
"Bueno…"- la pequeña hizo una pausa, miró a su madre un momento y luego soltó un suspiro. "Lo que pasa es que… la abuelita, mientras estábamos en las montañas, me dijo que… tenías problemas con papi… que ustedes tuvieron una discusión y por eso él se había ido de casa…"- dijo con un deje de tristeza.
Hasta ese punto de la conversación, Sora estaba más que confundida, se suponía que su madre no le diría nada a Haruko sobre eso (tampoco es como si importara ahora), ella se lo había prometido, a menos que haya sido por accidente; además Haruko debió haber visto a Yamato cuando despertó, entonces ¿por qué lucía tan triste?... Fue entonces que una idea se le vino a la mente… Miró a su alrededor, pero no encontró a nadie más… ¿En dónde estaba Yamato?... La voz de su hija la trajo nuevamente a la realidad.
"Mami… ¿verdad que lo que dijo la abuelita no es cierto?"- preguntó esperanzada.
Sora le acarició la mejilla suavemente, dándole una sonrisa. "Si es cierto, pero…"- no pudo terminar su oración, debido a la sorpresa que se llevó al ver la expresión de desolación de Haruko, antes que bajara su mirada tristemente; tomó su pequeño mentón y la alzó para verla a los ojos. "Aun no he terminado, mi niña."- dijo.
"¿Eh?"
"Es cierto que hubo una pequeña discusión entre nosotros, pero… ahora todo está bien."- dijo, sonriendo.
Los ojos de Haruko brillaron esperanzados, mientras su expresión mostraba lo mismo. "¿En serio?. ¿Ya se reconciliaron?"- preguntó, la emoción reflejándose en su voz.
"Si."
"¡BIEEN!"- exclamó Haruko, abrazando a Sora efusivamente.
Luego de unos segundos de ese mini abrazo del oso, Haruko soltó el agarre, solo para ponerse a saltar sobre la cama, mostrando su felicidad sin importarle nada, ni nadie. Pero era obvio, los niños de esa edad eran así, demasiado expresivos y demasiado inquietos. Sora solo la observaba saltar de allá para acá, riendo un poco ante lo tremendamente energética que era su hija a esas horas de la mañana… y a cualquier hora del día, si lo pensaba bien. Finalmente, la niña se detuvo un momento, mirando a su madre directamente a los ojos. Curiosidad reflejada en cada una de sus facciones.
"¿Mami?"- dijo, adoptando una postura sumamente adorable.
"¿Dime, corazón?"
Haruko empezó a jugar con sus dedos. "Tu… de casualidad… ¿sabes dónde estamos?"- dijo, recibiendo solo una mirada confusa por parte de su madre. "Digo… esta habitación me parece familiar… estoy segura de haberla visto en algún lado, pero no recuerdo donde… ¿Tu sabes en donde estamos?"- dijo.
Sora sonrió. Era increíble que, a pesar de que Haruko había estado ahí solo un par de veces, cuando apenas tenía un año, recordara esa cabaña. Ya que no mucho niños recuerdan cosas que hayan visto a esa edad. Sin duda la pequeña rubia era una niña muy especial. Finalmente, mirando a su hija, asintió.
"¿En serio?. ¿Dónde?"- preguntó curiosa.
"Estamos en nuestra cabaña de la playa. Solíamos venir aquí durante el verano cuando tú eras más pequeña, pero después ya no había mucho tiempo para vacacionar."- dijo Sora, haciendo una pausa. "De hecho, me sorprende que recuerdes algo de eso."
De repente se escuchó una profunda y varonil voz proveniente desde la entrada de la habitación.
"¿Qué recuerde algo de qué?"
Sora y Haruko voltearon a ver hacia la entrada del cuarto, encontrándose con un muy sonriente, muy confundido y muy cargado Yamato, quien les traía un rico y abundante desayuno. Sora le dedicó una amorosa sonrisa, mientras que Haruko solo lo observaba, no creyendo lo que veía.
"¿Qué es lo que tiene que recordar?"- volvió a insistir Yamato, ahora más confundido, debido a la sonrisa de su mujer y al asombro de su hija. "¿Qué…?"- no pudo terminar su pregunta, ya que fue interrumpido por un grito de felicidad.
"¡PAPIII!"
Ambos adultos vieron sorprendidos como la pequeña rubia, de dos saltos, se bajaba de la cama, corriendo hasta su padre, aferrándose fuertemente a su pierna en el instante en que llegó a su lado. Haruko tenía una hermosa sonrisa en su pequeño rostro, capaz de iluminar el mundo entero. Sora salió de su asombro y se levantó, caminando hacia su esposo. Al llegar a su lado le dio un dulce beso en los labios.
"Buenos días, amor."- susurro luego del beso, arrebatándole suavemente la bandeja de las manos. "Y no te sorprendas de la actitud de la niña, solo está feliz de ver a su padre."- agregó con una sonrisa.
"Buenos… días…"- logró decir el rubio, luego de salir de su estupor. Se arrodilló frente a su hija, sonriéndole cariñosamente. "Muy buenos días, mi princesita."- dijo.
Haruko pasó sus brazos alrededor del cuello de su padre, abrazándolo con fuerza. "¡Papito, que bueno que estas aquí, te extrañe mucho!"- dijo.
"Yo también."
Yamato tomó a la niña en sus brazos y caminó con ella hacia la cama. Se sentó junto a su mujer, dejando a la niña entre ellos. Comenzaron a desayunar tranquilamente, mientras decidían si se quedaban unos días más ahí en la cabaña o si regresaban a Odaiba. De repente, Yamato sacó un tema que Sora tenía casi en el olvido.
"¿Sora?"
"¿Mmm?"
"¿Le dijiste a Haru la sorpresa que le tenemos?"- preguntó sonriente.
Sora lo miró confundida, no entendiendo a lo que se refería. Mientras que Haruko miraba sonriente a él y a Sora, imaginándose mil y una cosa sobre que podía ser su sorpresa.
"¿Me tienen un regalo?"- pregunto la pequeña.
Yamato asintió. "Sip. Es un regalo a largo plazo."- dijo.
Solo entonces, Sora comprendió a que se refería Yamato. "¡Ah! Es cierto, por poco y lo había olvidado."- dijo.
Haruko se puso a saltar de la emoción. "¿Qué es?. ¿Qué es?"
"Tranquila…"- dijo Yamato, sentándola en su regazo.
"¿Recuerdas que fue le pediste a papá antes de que él hiciera su último viaje?"- preguntó Sora.
Haruko lo pensó unos cuantos segundos y luego asintió, mostrando una sonrisa.
"¿Qué fue?"
"Muchas cosas."- la niña sonrió.
Ambos adultos rieron ante la inocencia de su primogénita. Era increíble lo tierna que podía llegar a ser.
"Si, pero…"- Sora miró al rubio.
"¿Por qué no mejor adivinas que es lo que tenemos para ti?"- preguntó Yamato.
"Bueno… eehh… mmm… Es… un… ¿autito?"- dijo, mirando a sus padres.
Yamato negó con la cabeza.
"¿Un perrito?"
"No."- dijo Sora.
"¿Un gatito?"
"Intenta de nuevo."- dijo Yamato.
"¿Un poni?"
Ambos adultos negaron.
Haruko cambió su expresión a una pensativa, realmente trataba de recordar que era lo que había pedido, pero es que había pedido tantas cosas. Miró a sus padres, quienes la observaban expectantes. Siguió en su intento de recordar, hasta de la nada una idea se formó en su cabecita, idea que estaba segura era la correcta. Miró a su padre, luego a su madre y finalmente, desvió su mirada al vientre de su madre. Volvió a levantar la mirada, con un brillo de esperanza en sus ojitos.
Continuará…
Bueno, espero que les haya gustado, a mi si! Jeje, bueno, no se cuando subire el otro... tal ves me tarde o tal ves no, no se...
Ya, me despido, nos vemos!
Edit: 09.29.08
