¡Hola!

Aquí traigo el siguiente capítulo, en el que ya por fin tenemos libre a Sasuke, a ver qué hace ahora que puede hacer lo que le de la gana (más o menos)

He tardado un poco en traerlo porque tenía que terminar el capítulo que me tocaba, ha habido días de fiesta por aquí y encima he estado mala, así que por eso he tardado (y bueno, he estado escribiendo más cosas de Naruto que espero que os gusten XDDDD)

Más comentarios al final.

Capítulo 4:

No había sido difícil encontrarle, de hecho, había sido sorprendentemente fácil, pues mucho antes de acercarse a las puertas de Konoha lo habían notado, a pesar de que ninguno de ellos fuese un especialista en hacerlo como podían serlo Kiba o Hinata.

-¿Tú también lo sientes? -preguntó a Sakura, sin estar muy seguro de si era algo tan evidente como él lo estaba percibiendo o era tan sólo sugestión.

Su compañera asintió confirmándoselo y eso le hizo relajarse y desechar la idea de que quizás se estuviera obsesionando demasiado.

-Es como si todo… oliera a Sasuke -dijo Naruto, sin saber expresarlo de otra forma.

La chica rio ante la observación. No se trataba de olor, era el chakra, pero comprendía por qué Naruto se había referido a ello de esa manera. El chakra de Sasuke estaba por todas partes, impregnándolo todo y podía incluso sentirse palpable en el ambiente, saturándoles los sentidos. Probablemente para cualquier otra persona habría sido algo que pasara desapercibido pero no para ellos, que estaban sensibilizados después de haberle estado buscando durante muchos años.

-El muy cabrón se ha desquitado pero bien después de retirarle los inhibidores -comentó el chico a modo de broma, pero con toda la razón-. Creo que voy a pillar una sobredosis.

No era algo que hubieran percibido de forma homogénea, en algunas zonas era más intenso que en otras por lo que, como conforme avanzaban hacia la villa el rastro se hacía cada vez más débil, quedaba claro que Sasuke hacía rato que había atravesado los muros para internarse en los terrenos de Konoha. Y por allí debía seguir, al parecer.

Tenían que ir directos a informar a Tsunade de la misión, así que Naruto aceleró el paso y Sakura le siguió el ritmo. No quería dejar pasar más tiempo por si acaso luego le costara más volver a encontrar el rastro. Tenía claro que iría a buscarle en cuanto acabaran.

En un principio pensó que Tsunade había sido muy cruel con él al enviarle de misión de nuevo, sin ni siquiera un día de descanso después de haber vuelto de la anterior y sin darles más margen que volver a sus casas a por lo necesario ya que debían partir inmediatamente.

Más tarde se dio cuenta de que lo de enviarles lejos había sido una estrategia. Él no había tenido ni un día libre y Sakura había tenido que dejar a medias un asunto que estaba tratando en el hospital. Había sido todo demasiado precipitado, casualmente para no poder ni informar a Sasuke de que estarían fuera, sospechosamente autorizados a regresar para ese día aún si no hubieran podido completar la misión.

Estaba claro que la Hokage los quería fuera hasta el día de la liberación de Sasuke. ¿Pero por qué querría algo así? Eran el único apoyo que tenía y las dos últimas semanas que le quedaban podían ser difíciles para él. Además, Naruto había hablado con ella tanto de las intenciones de Sasuke de dejar la aldea como de las suyas en intentar hacerle cambiar de opinión, y la mujer le había dado su palabra cuando le pidió ayuda.

Sabía que podía confiar en ella y que no debía preocuparse por la decisión que tomara, que seguramente al alejarles sólo pretendía protegerles, tanto a él como a Sasuke. Quizás había sido lo mejor para ambos porque a saber qué podría haber pasado de haberse quedado en Konoha. Naruto conocía bien a Sasuke, al Uchiha no le gustaba que le agobiaran y solía necesitar su propio espacio para gestionar sus emociones. Y del mismo modo, se conocía a sí mismo y era consciente de que su impaciencia e impulsividad habría acabado quebrantando la paz que Sasuke necesitaba, haciéndoles chocar, como terminaba pasando la mayoría de las veces.

Pero por mucho que el no haberse visto en tantos días fuese la situación más beneficiosa para los dos, eso no significaba que fuera fácil de llevar. Incluso Sakura se había dado cuenta de que estaba más nervioso y ausente de lo normal, llevándola a mostrar su preocupación en bastantes ocasiones intentando sonsacarle qué le ocurría. Por supuesto que intuía que se trataba de Sasuke, pero el rubio nunca llegó a contarle lo que le pasaba de verdad. La habría matado de un infarto de haberlo hecho.

En realidad, tampoco entendía qué hacía Sakura allí, por qué Tsunade la había enviado junto a él cuando tenía otras responsabilidades en el hospital y podría haber sido de más utilidad en la aldea. Ella no era como él, sabía cuándo tenía que respetar a Sasuke y cuándo podía tomarse libertades, cuándo algo era una tontería y cuándo era importante por lo que estaba asegurado que no iba a estar en su casa todos los días molestándole si no era necesario. Podía haberse quedado en Konoha perfectamente y así estar disponible en caso de haberla necesitado. Así que, llegó a la conclusión de que Tsunade la había enviado con él porque consideraba que necesitaría más de su apoyo (y quizás también vigilancia y una cabeza fría) que lo que podría hacer falta a Sasuke.

Sin embargo, era una pena que el apoyo que en esos momentos habría agradecido Naruto, no pudiera obtenerlo de Sakura, ni de nadie más, a decir verdad. Era muy frustrante tener que tragárselo todo, asumir lo que había pasado y en cómo podía cambiar la relación entre ellos y lo peor de todo, tener que intentar adivinar con qué se encontraría cuando volviera a ver a Sasuke.

Se había quedado solo dos semanas sin ni siquiera saber que Naruto se había tenido que ir, a esas alturas no quería ni imaginar a las conclusiones que habría podido llegar. De haberse quedado no le habría permitido tener tiempo para poder replantearse nada, ni un respiro para pensar, porque cuando el Uchiha obtenía ese espacio que necesitaba, nunca salía nada bueno de él.

Sasuke vivía en constante negación y les había costado perder casi la vida para que finalmente fuera capaz de aceptar el vínculo que les unía y confesar lo importante que había sido para él desde siempre. Después de tanto tiempo tenía más que aprendido que, por muy rotundas y definitivas que fueran sus negativas, sólo tenía que insistir más. Que la mayoría de sus argumentos no eran más que excusas para resguardar lo que él consideraba debilidades. Desde el primer momento supo que aquella conversación era contradictoria y sin ningún sentido. Marcharse de Konoha… ¿por qué? La fragilidad de esa ridícula fachada acabó resquebrajándose sin poder contenerlo más, tomando el control por un momento cuando le besó.

Eso significaba que Sasuke aún dudaba, que todavía tenía una oportunidad, que todo lo que había pretendido hacerle creer, como siempre no era más que una farsa. Debía sentirse realmente sobrepasado por todo para que al final hubiera tenido el valor de dar el primer paso, traicionándose a sí mismo y echando por tierra todos sus planes.

Si hubiera podido quedarse no le habría dado lugar a siquiera intentar reforzar el muro inquebrantable tras el que solía resguardarse. Habría insistido hasta romper todas sus defensas, hurgar en la herida y evitar que cicatrizara de nuevo y así dejarle el camino abierto. Pero esas dos semanas no le habrían beneficiado, de eso podía estar seguro, brindándole el tiempo suficiente para volver a tejer más excusas a su alrededor y escudarse en ellas.

No había dado una contestación a su propuesta, lo cual podía tomar a su favor. Sakura había llegado en el momento más inoportuno y, no obstante, habría podido rechazarlo perfectamente de haber querido. Si no dijo nada, volvía a repetirse en su mente una y otra vez para autoconvencerse, era porque no estaba seguro de qué responder.

Ponerse en el peor de los casos no era difícil, después de todo era la dinámica a la que estaba acostumbrado: Sasuke huyendo y él yendo detrás, Sasuke negando y él tratando de convencerle. Pero ¿qué pasaría si todo salía como él quería?

Eso incluso le aterraba más. Lo deseaba, no iba a negarlo. Quería a Sasuke en Konoha y a su lado. Lo quería como amigo, compañero e incluso se atrevía a fantasear con la idea de tenerle también como pareja. Nunca se habría imaginado que pudiera ser correspondido de la misma manera y, a la vez, era como si de repente todas las piezas del puzzle encajaran en su sitio, donde debían, como tenían que terminar formando un todo. Todo lo que había pasado entre ambos y todos lo sentimientos que había tenido por él cobrando sentido al fin.

Desde que eran unos críos siempre hubo algo que les unió, intenso e inexplicable. Eran mejores amigos, incluso Sasuke lo admitió y Naruto lo repitió hasta la saciedad hasta el último momento en que la sangre corría uniéndose donde debían haber estados sus manos. Infinidad de veces Sasuke le había preguntado por qué, qué había en él que no le permitía dejarle atrás y Naruto siempre le contestó convencido que era su mejor amigo.

Pero no sólo era eso, y era como si Sasuke siempre hubiera estado esperando esa otra respuesta que confirmara lo que él también sentía.

Fueron amigos y rivales, pero al final de todo eso, de una forma u otra, siempre fue amor. Un amor que fue fraternal al principio y que fue evolucionando. Un amor que Naruto tardó en plantearse que fuera otra cosa porque nunca fue algo físico. Atracción era lo que había sentido por Sakura y, como hombre, podía apreciar cuando se cruzaba con alguna chica guapa. Pero atracción no era amor y nadie le hacía sentir lo que le hacía sentir Sasuke, independientemente de si hubiera sido un hombre, una mujer o hubiese sido feo.

De la misma manera en que podía apreciar objetivamente la belleza en una mujer, también era sincero consigo mismo y admitía que Sasuke era guapo. Al margen de gustos personales, la totalidad de féminas que le conocían no podían estar equivocadas. Siempre se había sentido un poco celoso de que acaparara todas las miradas y que, se pusiera lo que se pusiera, siempre tuviera ese aire elegante y perfecto, un atractivo innato y natural que, paradójicamente, nunca formó parte de las excusas que se buscaba para justificarse el por qué le hacía sentir así.

Porque se sentía muy raro cuando empezó a tener esos sueños con Sasuke, cuando por mucho que quisiera imaginar el pelo rosa de Sakura al final acababa transformándose en su pelo negro y revuelto cuando hacía esas cosas y cuando quería recordar los momentos que habían pasado juntos, entrenando y peleando su pensamiento los terminaba con ellos dos en el suelo o contra un árbol de esa manera.

El beso de Sasuke sólo acabó por confirmárselo y terminar de abrirle los ojos. Tal vez su amigo siempre lo supo, mucho antes que él, sin embargo, después de lo sucedido, Naruto por fin era capaz de poner todo en orden en su cabeza y ser capaz de, quizás, ponerle un nombre a todo lo que les rodeaba.

Todo apuntaba a que las cosas habían terminado de seguir su curso normal y estaban preparados para el siguiente paso, el de poder tenerse por fin el uno al otro sin restricciones y el poder demostrarse su afecto. Conocerse y aprenderse de nuevo, en el día a día y las cosas cotidianas, recuperando todo el tiempo que habían perdido estando separados.

Era completamente consciente de que no iba a ser como los tiempos en el Equipo Siete, las cosas habían cambiado mucho, y no sólo se trataba de que los sentimientos que les unían hubiesen evolucionado. Ellos habían cambiado. Habían crecido y madurado, tenían otras preocupaciones y también otras necesidades.

Pero, ¿podría ser posible llevar una vida junto a él como pretendía? Él lo veía tan claro y natural que ni siquiera se habría planteado la idea de un posible rechazo por parte de los demás. Y si era coherente y hacía sus ilusiones a un lado para mirarlo desde otra perspectiva, no todo era tan obvio ni de color de rosa como le hubiera gustado.

-¡Naruto! -exclamó Sakura, sacándolo de sus pensamientos justo antes de que se diera de lleno contra una rama-. ¿Quieres estar en lo que hay que estar o qué?

El chico se disculpó con una sonrisa, frotándose la parte de atrás de la cabeza. Su compañera tenía razón. Aunque estuviera impaciente y preocupado por aclarar las cosas con Sasuke, había estado creando castillos en el aire antes de tiempo. Ni siquiera había motivos para plantearse ni la mitad de lo que había estado pensando, y de tener que llegar a hacerlo, al menos eso sería una buena señal.

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-Parece que hay alguien por aquí que tiene más hambre que yo -dijo Naruto, oyendo claramente el rugido del estómago de Sasuke , por segunda vez desde que lo había localizado.

Estaba levantándose, y no estaba muy seguro de si ya estaba haciéndolo antes o había sido porque había notado su presencia. En cualquier caso, no podía permitir que huyera, como era habitual en él, tenían que hablar y era mejor aprovechar esa ocasión en la que estaban solos.

Después de estar en la oficina de Tsunade, (donde tras la insistencia del rubio en saber qué había ocurrido con el veredicto de Sasuke, la mujer no había tenido más remedio que contarle a grandes rasgos en qué había fijado finalizado el asunto), Naruto había quedado con Sakura, asegurándole que llevaría a Sasuke con él para celebrar su libertad, por lo que con ella delante no podrían hablar de… ciertas cosas.

-Lo dudo, tú eres un pozo sin fondo -contestó el moreno.

Apenas se había terminado de poner de pie cuando ya tenía al otro sentado a su lado y tirándole del brazo para que se volviera a sentar.

-¿A dónde crees que vas? Tío, acabo de llegar, no seas borde, dame un respiro al menos -le dijo Naruto. Y era cierto. Había llegado de la misión, ido a la oficina de Tsunade y vuelto al bosque a buscar a Sasuke en tiempo récord. La idea no era que Sasuke se fuera dejándole plantado, eso estaba claro.

-Tú lo has dicho, tengo hambre -respondió el del Sharingan con tono seco y el agarre de Naruto sobre su brazo se hizo más insistente.

-Venga ya, por cinco minutos no vas a morir de inanición -hizo hincapié echando por tierra su pretexto.

Sasuke sabía que no iban a ser cinco minutos de la misma manera que estaba claro que Naruto seguiría insistiendo hasta que no tuviera más remedio que darle la razón. Así que, pese a su reticencia, volvió a sentarse, esta vez manteniendo una estudiada distancia con su amigo.

-Además, hemos quedado con Sakura luego para celebrarlo en Ichiraku, podrás comer todo lo que quieras -continuó Naruto.

-¿Hemos quedado para celebrarlo? -repitió Sasuke recalcando las palabras, dándole a entender que en ningún momento se le había consultado nada.

-Bah -dijo Naruto a la vez que hacía un gesto con la mano como quitándole importancia-. Como tu opinión aquí no cuenta por eso ni te hemos preguntado, vas a venir sí o sí. Da igual lo que digas.

Le estaban dejando sin opciones. Si hubiera podido elegir comer algo en especial para celebrarlo, desde luego no habría sido ramen (además de que, si Naruto estaba implicado, era más que predecible), pero con el hambre que tenía tampoco le parecía mala elección, el ramen de Ichiraku era de los mejores que había probado. Aparte, que Sakura también estuviera presente le relajaba en cierta manera. Ya le había parecido raro no encontrarse a ninguno de los dos cuando salió de la vista en la Torre y sabía que tarde o temprano inventarían algo así. Si salía la conversación, que podía estar seguro de que saldría porque habían hablado con Tsunade y no perderían la oportunidad de acorralarle, que Sakura estuviera con ellos disminuía la probabilidad de que la situación se les fuera de las manos. Después de todo, era de las pocas personas que había sido capaz de mantenerlos a raya y aportar cierto sentido común cuando eran unos críos y Naruto y él discutían y peleaban constantemente.

Sasuke resopló resignado, encogiéndose de hombros a modo de aceptación. Era inútil tratar de escapar de lo inevitable. Tarde o temprano tendrían que hablar sobre lo que había decidido y mejor hacerlo de una sola vez, que tener que hacerlo dos veces por separado.

Que el Uzumaki seguiría insistiendo, no le cabía la menor duda. Y precisamente en ese momento estaban a solas, sonándole a burda excusa de las que solía planear Karin el hecho de haber quedado con Sakura más tarde y el haber ido a buscarle. Siendo obvio que había cosas de las que no podían hablar delante de ella, se veía venir con claridad de qué quería que hablaran en ese momento.

Asumiendo que Naruto le conocía lo bastante bien como para entender que había aceptado ir con ellos, el silencio que siguió por su parte le hizo ponerse nervioso. Tal vez fueron tan sólo unos segundos y éstos se le hicieron eternos hasta que el rubio, sin decir nada, decidió acortar el espacio que les separaba.

El Uchiha se había sentado cerca pero a distancia a la vez, ya que hacerlo demasiado retirado habría llamado la atención. Y fue algo totalmente involuntario lo que le hizo apartarse cuando sintió que Naruto estaba tan cerca que sus hombros se rozaban.

No pudo ver su cara, pues en ningún momento había apartado la vista de enfrente, queriendo evitarle a toda costa, pero pudo imaginársela a la perfección cuando éste le preguntó:

-¿Algún día dejarás de huir?

Y, haciendo caso omiso a su actitud esquiva, Naruto se acercó de nuevo de forma que volvían a tocarse.

Aquello era ridículo, pensó Sasuke para sí mismo. Podían seguir así, alejándose y acercándose hasta llegar a Konoha, o alguno de los dos acabara por perder los nervios.

-¿Y me lo dices tú? No es como si no hubiera estado disponible durante dos malditas semanas -le soltó, con el resentimiento acumulado después de haberse vuelto loco por la incertidumbre, y esa vez sí que se atrevió a mirarle, con el ceño fruncido y mirada inquisidora.

Quería aprovechar cualquier baza a su favor, y de lo poco que disponía era echarle en cara que hubiera desaparecido sin más.

Todo era confuso y era consciente de que estaba siendo contradictorio. Las dos semanas que había estado sin verle le habían dado cierta tregua, pero era una tregua irreal pues en algún momento tendría que afrontar la verdad. Le había dado tiempo a aceptarlo y rechazarlo de mil maneras, con cientos de argumentos sin quedarse con ninguno, con apenas nada a lo que aferrarse en el mismo momento en que le había sentido aparecer y sin ninguna oportunidad en el instante en que había dejado de escapar del contacto de sus cuerpos.

-Vale, en eso tienes razón -dijo Naruto, admitiendo su parte de culpa, y los ojos del Uchiha le instaron a seguir explicándose-. Tsunade nos mandó a una misión, a Sakura y a mí. No nos dejó tiempo para decirte nada, me dio la impresión de que nos quería lejos por algún motivo.

Al final había acabado sospechando que algo así habría pasado, era muy raro que Naruto no hubiera dado señales de vida en todo ese tiempo, pero eso no aliviaba la tormenta de sentimientos en la que había estado sumido hasta llegar a esa conclusión.

-Dime, ¿por qué sigues huyendo? -le volvió a preguntar.

-No estoy huyendo -contestó, alzando una ceja por la obviedad-. Estoy aquí sentado.

Naruto rio y puso los ojos brevemente en blanco. Estaba claro que había dejado de huir en ese momento, pero no en todo lo demás.

-Es evidente -y le dio un ligero golpe con su hombro, dejando patente que se había dado cuenta de que había dejado de apartarse de él-. Pero ahora no me estoy refiriendo a eso, no te hagas el tonto.

-No estoy huyendo -repitió, sin querer dar más explicaciones porque el hacerlo le supondría un gran esfuerzo en escarbar en su interior y tener que discernir entre el deseo y el deber.

Y todo era mucho más fácil y claro cuando Naruto no estaba. Su determinación diluyéndose con su presencia, tan cansado de luchar que por momentos abrazaba la posibilidad de rendirse. Ya le pasó la última vez y no podía decir que se hubiera arrepentido de ello.

-Sí que lo estás. Todo el rollo ese de que te vas a ir de Konoha, lo dices en serio. Vas a vender incluso tu casa -le reprochó el rubio con tono dolido.

El Uchiha se quedó un poco desconcertado. Sabía que su amigo había hablado con la Hokage y que ésta le había puesto al día pero, ¿hasta que punto se había ido de la lengua? No pensaba que le hubiera contado incluso lo de sus propiedades.

-Ya te lo dije, no sé por qué te sorprendes -le espetó, siendo de lo poco que quedó bastante claro cuando discutieron.

-¿Qué pasa entonces con lo que te propuse? -preguntó Naruto, sacando a la luz el asunto que podía cambiarlo todo, sin necesidad de ser más explícito porque el otro sabría sin lugar a dudas a qué se refería.

-No me comprometí a nada -se defendió. Su indecisión en aquel momento había sido lo único que le había dejado abierta una vía de escape-. No dije ni que sí ni que no.

El Uzumaki le sonrió, malicioso.

-Ya, y por eso te lo vuelvo a preguntar ahora -le dijo, alzando una mano a su rostro y tomándolo por la barbilla para poder mirarle a los ojos cuando le contestara.

Porque esa vez no habría escapatoria, le iba a responder como que se llamaba Naruto Uzumaki.

Y no le hacía falta recapitular todo lo que sucedió la vez anterior para haberse dado cuenta de qué fue lo que funcionó en aquella ocasión y lo aprovecharía de nuevo.

-Sé que aunque no quieras vas a tener que quedarte un tiempo -dijo, y sin soltarle, se acercó más a él, rodeándole hasta quedar sentado a horcajadas sobre sus piernas.

Sasuke se tensó y el rubio notó cómo se apoyaba en el brazo echándose ligeramente hacia atrás. Ese tipo de proximidad física le turbaba y facilitaba derribar sus defensas.

-Déjame intentarlo, y si no merece la pena para ti, lo entenderé -continuó, sin despegar la vista de los ojos de Sasuke, que le aguantaban la mirada estoicamente. Le levantó un poco el mentón y acortó el espacio entre sus labios aún más-. Te lo prometo, no intentaré ir a buscarte de nuevo.

Verse otra vez en la misma situación era absolutamente frustrante. Volver a sentir la impotencia por no se capaz de tomar el control de su cuerpo y sus reacciones. Y Naruto parecía haberlo aprendido bien, el muy cabrón.

No iba a permitirse cerrar los ojos, o sería como darle carta blanca. Aguantaría mientras pudiera. Era realmente tentador, tan sólo desviar su mirada hacia sus labios y saber que los tendría de nuevo. O ni siquiera eso… Sabía que podría ser él mismo quien atrayera a Naruto hacia él a la vez que se terminaban de tumbar en el suelo y tendría la seguridad de que no le rechazaría.

Era dolorosamente irresistible probarlo y experimentarlo todo en el escaso tiempo que le quedaba. Una oportunidad única e irrepetible que se le brindaba sin reparos y a la que él estaba empezando a dudar de si estaría dispuesto a renunciar sin conocerlo. Disfrutar de algo que ya tenía fecha de caducidad establecida podía hacerlo todo mucho más doloroso cuando se marchara pero a la vez conocía ese remordimiento y sus consecuencias de cuando se fue con Orochimaru sin haber besado a un Naruto inconsciente en el Valle del Fin. Y esta vez la situación no tenía punto de comparación. No sabía qué sería peor, si renunciar sin saber lo que dejaba atrás o renunciar habiéndolo disfrutado.

-No va a funcionar -se justificó, y al decirlo era consciente de que no funcionaría porque él no quería que así fuera, porque acabaría marchándose de todas formas-. Y nos hará daño. Sólo intento evitar eso.

Y ya no se trataba de que fuera a él a quien le doliera, sino que Naruto también sufriría. Si todo esto lo estaba haciendo por apartarse de él y darle una oportunidad, ¿qué sentido tenía si le causaba más daño aún?

-¿Y por qué no va a funcionar? -Naruto se inclinó aún más, le soltó para repasar el contorno de sus labios con la yema de sus dedos, pero con la mirada aún fija en la suya, sin darle tregua-. ¿Qué tengo que hacer para funcione?

-No… -"No lo sé" estuvo a punto de confesar, la mente casi al límite de quedársele en blanco, sin ni siquiera tener claro qué era lo que pretendía conseguir con todo eso-. No creo que puedas hacer nada. No…

"…depende de ti", quiso decir, pero casi antes de empezarlo, Naruto le cortó con determinación.

-Estoy dispuesto a hacer lo que quieras -admitió, recostándose un poco más sobre él, deslizando por su pecho el dedo que antes había estado tocando sus labios, abriendo el kimono a su paso.

La posición era muy incómoda, prácticamente estaba soportando sobre su brazo su peso y el de Naruto y empezaba a temblarle cada vez que se echaba para atrás evitando el contacto. Y no ayudaba en absoluto que el rubio hubiera aprovechado el momento para mover las caderas sobre las suyas, haciendo que sus entrepiernas se rozasen.

Seguía aguantando la mirada, todo lo imperturbable que la situación le permitía, teniendo en cuenta que la piel se le erizaba por ese dedo que creaba sobre su pecho patrones aleatorios, llegando a tocar zonas bastante sensibles al tacto, que Naruto estaba casi tumbado encima de él y apenas podía mantenerse erguido, que todo el cuerpo le temblaba y quería creer que se debía a que las fuerzas le flaqueaban, que le tenía a centímetros de su boca y que siguiera moviéndose sobre su regazo.

-Cualquier cosa -jadeó Naruto, y él estuvo a nada de hacer lo mismo.

Había apoyado la frente contra la suya, con los dedos trazaba cada una de sus abdominales, marcadas por la tensión de la postura, rodeó su ombligo y, con deliberada lentitud, comenzó a bajar.

Sasuke tragó saliva sonoramente, y no sólo por lo que su amigo estaba haciendo. De repente una idea cruzó su pensamiento, intensa y fugaz como un relámpago. ¿De verdad lo decía en serio? ¿Estaría incluso dispuesto a renunciar a ser Hokage por él? Tan sólo la idea de llegar a planteárselo era una crueldad en sí misma, ya que si dejaba la aldea era precisamente para que el jinchuuriki tuviera el camino libre para realizar su sueño.

Esa pregunta jamás saldría de su boca pero ¿realmente estaría Naruto dispuesto a llegar hasta el extremo de renunciar a eso por él?

-Todo -dijo Naruto con la voz ronca y rasposa.

Seguía frotando las caderas contra las suyas y sus dedos habían alcanzado la cintura del pantalón.

Su estómago volvió a rugir, amortiguando el sonido de sus respiraciones agitadas y fue como si el encantamiento se hubiera roto. Fue ahí cuando Sasuke se percató de que en algún momento había cerrado los ojos porque de pronto sintió la proximidad de los labios de Naruto como un aleteo y, cuando los abrió de golpe, se encontró a la vez con que el Uzumaki también los había cerrado y que su propia boca estaba entreabierta, receptiva con anticipación. Se dio cuenta de que habría permitido sin reparo alguno que la mano de Naruto hubiera seguido el camino por debajo de su ropa y que la fricción de sus cuerpos había empezado a excitarle.

Era como si hubiera vuelto en sí de un sueño profundo, ¿en qué momento había dejado de pensar? Podía jurar que no habían sido más que unos segundos pero ¿qué habría llegado a pasar de haberse prolongado? Y aún así en su mente no paraba de repetirse "Bésame, idiota" como si fuera un mantra.

"¿En qué coño estás pensando? Desde luego, no con la cabeza, eso seguro" se reprochó a sí mismo en su mente.

Tenía que evitar que Naruto siguiera restregándose contra él de esa manera o…

¡Por todos los dioses! ¡Era el kimono de su padre, joder! Y había estado a punto de arruinarlo. ¡Si Fugaku levantara la cabeza!

Obviamente, el rubio también había oído el sonido de su estómago y abrió los ojos desconcertado al sentir a la vez que las piernas del Uchiha se enroscaban en su cintura. Por ese instante el contacto se hizo más íntimo pero no tuvo oportunidad de hacer nada más pues lejos de llegar a besar a Sasuke lo que se encontró fue su típica sonrisilla de superioridad.

Se trataba de Naruto, nada que no pudiera manejar.

Segundos después fue el Uzumaki quién se dio con la espalda contra el suelo, al haber ejercido el Uchiha fuerza con sus piernas derribándolo, con Sasuke encima de él.

-Joder, la próxima vez avisa, aguafiestas -le reprochó, rascándose donde se había dado un golpe en la cabeza.

El moreno se puso en pie sin dar lugar a que la situación volviera a ponerse tensa, ofreciéndole la mano para ayudarle a levantarse. Naruto la tomó y, aunque Sasuke hizo el ademán de soltarse, el otro no se lo permitió, agarrándolo con más fuerza y entrelazando sus dedos.

-Dijiste que harías cualquier cosa -propuso el Uchiha.

-Cierto -asumió Naruto, expectante.

-Pues va siendo hora de que nos vayamos, tengo bastante hambre por si no lo has notado.

-Sí, lo he notado, vaya que sí -dijo Naruto con tono resignado y haciendo un puchero. El maldito estómago de Sasuke les había cortado totalmente el rollo, nunca mejor dicho.

Ambos empezaron a caminar en dirección a la villa, aún tomados de la mano pero soltándose lentamente, dedo por dedo hasta quedar sólo unidos por el dedo índice, que Sasuke dejó deslizar sobre el de Naruto para echar a correr adelantándose.

-¿Lo tomo entonces como un sí? -preguntó Naruto, viendo a su amigo saltar a una rama y sonreírle.

-Ya lo veremos -respondió, retomando el camino hacia Konoha.

Naruto lo siguió enseguida, sin problema para alcanzarle ya que, aunque con rapidez, Sasuke mantenía un ritmo relajado. No hablaron pero de vez en cuando le miraba de soslayo y creía ver en su rostro lo más parecido a la felicidad que le había visto nunca.

Sasuke estaba disfrutando de esa sensación y eso se reflejaba en su cara. Sentirse de nuevo libre, corriendo por esos bosques en compañía de Naruto después de tanto tiempo le recordaba a cuando vivieron tantas cosas juntos. Le gustara o no, Konoha era su hogar, el sitio que le había visto crecer y en el que había vivido muy malos momentos pero también buenos, y Naruto era su persona más preciada. Era inevitable que de vez en cuando cerrara los ojos dejándose llevar por lo que le rodeaba, por la calidez de tenerle a su lado, la brisa removiéndole el pelo y refrescando su piel. No estaba seguro de si todo eso se podría calificar de esa forma, pero al menos para él en ese instante, era la definición de sentirse pleno.

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-¡Por fin! Estaba tan aburrida que me había puesto a ver la telenovela que ve mi madre -exclamó Sakura. Claramente se había dado una ducha y cambiado de ropa, aún con el pelo húmedo-. ¿Por qué has tardado tanto? ¿Has…?-preguntó, preocupada.

No había duda de qué iba a preguntar a continuación, así que, antes de que le regañara por haber tardado y no haber sido capaz de traer a Sasuke consigo, Naruto se hizo a un lado para que pudiera ver quién estaba justo detrás de él.

El rostro de la kunoichi cambió por completo al verle, como si hubiese sido una sorpresa muy bien guardada que no se esperaba. Por un instante dudó y, aunque apartando la vista brevemente, enseguida se repuso y se adelantó a abrazarle.

-Me alegro mucho -murmuró al tiempo que le estrechaba con más fuerza, evitando que volviera a escaparse de la misma manera que lo hacían sus lágrimas. Con esas simples palabras quería hacerle saber que se alegraba porque todo hubiera terminado al fin y también, y no menos importante, que hubiera aceptado pasar la velada con ellos, como el equipo que una vez fueron.

Sasuke estaba algo tenso, sin embargo, entendía perfectamente lo que Sakura quería transmitirle y agradecía tener su apoyo, por lo que, con sutileza puso la mano en su hombro para apartarla.

-Yo también -le respondió con expresión tranquilizadora que hizo que la chica suspirara aliviada y se enjugar los ojos.

Habiéndose quitado un peso de encima, recobró el ánimo con rapidez y, eufórica, alentó a sus dos amigos a seguirla a Ichiraku, donde, por la hora que era, seguramente no habría nadie y podrían pasar con tranquilidad el resto de la tarde hasta que empezaran a llegar más clientes para la cena.

Una vez llegados al restaurante fue Sakura la primera en tomar asiento siendo Naruto quien se sentó a su izquierda. En un principio Sasuke no se dio cuenta, pero cuando se vio sentado a la derecha de Sakura, quedando ésta entre ambos chicos, pensó que quizás no había sido algo tan inconsciente como había creído.

Incluso a la propia Sakura le pilló por sorpresa la decisión de sentarse a su lado, en el extremo opuesto a Naruto cuando siempre había sido al contrario. El rubor que tiñó sus mejillas hizo que el moreno hiciera una nota mental de no bajar la guardia y andarse con cuidado. Nunca había pretendido darle falsas esperanzas y no iba a ser ese el momento de empezar a hacerlo por mucho que estuviera evitando a Naruto.

Si bien no era tan descarada y directa como podía serlo Karin (motivo por el cual no tenía el menor miramiento en rechazar a la pelirroja sistemáticamente), ya en los tiempos en que compartían misiones, Sakura no perdía la oportunidad de acercarse a él cuando se daba la situación. Por su parte, él jamás dio pie a que se creara expectativas, siempre negando cualquier proposición e incluso llegando a ser bastante rudo a veces.

Resultaba curioso estar en ese momento huyendo de Naruto cuando antes lo hacía de Sakura y era consciente de que debía estar alerta porque lo último que querría era confundirla si aún sentía algo por él. Algo tan insignificante como recibir la atención que antes recibía Naruto podía marcar la diferencia en ese caso.

-¿A qué se debe el honor? -apuntó la chica, extrañada.

Por mucho que su sonrojo delatara que se sentía halagada de tenerle a su lado, estaba claro que su cambio de actitud no había pasado desapercibido. Quizás en otro momento no hubiera comentado nada, no era del estilo de Sakura ser tan poco discreta con él, por lo que el hecho de preguntarle sin reparo le hizo sospechar que tal vez Sakura intuía algo.

El día que les interrumpió en su cocina también se dio cuenta de que algo pasaba y les preguntó si habían estado peleando.

De pronto, algo que ni siquiera había tenido en cuenta, pasó por su mente haciendo que su interior se revolviera inquieto.

Naruto y Sakura habían estado juntos de misión durante dos semanas, justo después de que se hubieran besado. ¿Acaso era posible que Naruto le hubiera contado algo? ¿Podría ser que Sakura lo supiera?

De ser cierto, debía admitir que habría esperado una reacción peor por su parte, pero no, no quería ni imaginar que Naruto podía habérselo contado, más cuando era algo que incumbía a ambos, no a él solo. Y era vergonzoso, muy vergonzoso y no estaba hablando de cualquiera sino de Sakura, quien aún parecía sentir algo por él y habría sido un golpe muy duro revelarle algo así. Pero Naruto era un bocazas y Sakura le conocía bien, quizás simplemente sólo tuvo que atar cabos.

O quizás, simplemente (y lo más probable) estaba siendo paranoico.

-No come como una persona normal -contestó, encontrando una salida creíble-. No quiero que me salpique el kimono.

-Cierto -rio la chica, dándole la razón.

-¡Eh! ¿Qué pasa? Estoy aquí y os estoy oyendo -les reprochó Naruto, asomándose por detrás de su compañera.

Sin prestarle atención, la Haruno cogió la manga del kimono de Sasuke palpando la tela entre sus dedos (y éste había hecho el ademán de retirarse de forma automática hasta que se dio cuenta de que no había cogido su brazo sino la manga vacía). Se notaba que era de muy buena calidad y bastante caro por lo que era lógico que Sasuke no quisiera estropearlo.

-Es muy bonito -observó en voz baja, casi para sí misma.

El moreno se encogió ligeramente de hombros, sin darle mayor importancia. Era un kimono negro, sin más, que, por otro lado, pretendía hacer desaparecer en cuanto tuviera ocasión. Aunque por lo visto no tan pronto como le habría gustado, por todos los asuntos burocráticos que aún tenía pendientes.

En ese momento les trajeron la comida y Sasuke vio el cielo abierto al tener una excusa para no tener que hablar, aún sabiendo que no iba a salir de allí sin ser interrogado. No obstante, ninguno de sus compañeros hizo comentario alguno al respecto, siguiendo la conversación con total normalidad.

-También quiero darte las gracias por la donación de los terrenos para el hospital y el orfanato. Ha sido muy generoso de tu parte -dijo Sakura, realmente agradecida ya que si se ponía en marcha ese proyecto sería por culpa de su interés e insistencia. De no ser por los terrenos que Sasuke había cedido, no habrían tenido otro lugar donde llevarlo a cabo.

El Uchiha bufó a modo de respuesta que, como de esperar, quedó traducida en "No hay de qué", acostumbrados a sus monosílabos y sonidos inarticulados. Hablar de que le parecía una buena idea y de que tenía intención de deshacerse de todo implicaría reconducir la conversación a terrenos que no le favorecían.

-No sé hasta qué punto la Hokage está autorizada a desvelar cierta información -replicó Sasuke, molesto porque Tsunade les hubiera contado todo lo que conllevaba las condiciones de su libertad.

-No somos unos cualquiera, ¡somos tus amigos! -protestó Naruto-. Otra cosa sería si se lo estuviera contando a todo el mundo, pero no es el caso.

-Lo que nos ha dicho en dos minutos habríamos tardado meses en sacártelo -sentenció Sakura.

Y quizás llevara razón. La mayoría de asuntos que rodeaban su liberación eran de carácter personal y no les incumbía a nadie más que a él, por lo que Sakura estaba en su derecho de opinar que les habría costado trabajo sonsacarle.

El tema del proyecto resultó ser un filón inesperado que ocupó la charla la mayor parte del tiempo. La chica estaba muy entusiasmada y apenas paró de hablar acerca de lo que tenía pensado hacer cuando estuviera terminado a pesar de que tardaría un par de años en estar en funcionamiento.

-¿Y qué pasa con el período de prueba? ¿Qué se supone que tienes que hacer? -le preguntó Naruto.

El Uchiha alzó la vista de su plato devolviéndole una mirada amarga.

-Se supone que tengo que hacer el imbécil hasta que ellos consideren que ya he hecho el imbécil lo suficiente -respondió, su opinión clara y sincera.

El Uzumaki soltó una carcajada al oír la contestación aunque Sasuke contraatacó con ojos furiosos y entrecerrados, haciéndole ver que a él no le hacía ninguna gracia.

-Bueno, si se trata de hacer el tonto, yo puedo ayudarte -se ofreció.

-No lo dudo -declaró el del Sharingan-. Pero no.

Se adelantó antes de que su amigo realizara su propuesta en serio. No le cabía la menor duda de que tanto Naruto como Sakura sabían en qué consistía el período de prueba y era cuestión de tiempo que alguno de ellos sino ambos mostraran interés en ayudarle.

Y él no quería ayuda de nadie. No necesitaba ayuda de nadie.

-Puede parecerte una tontería pero no lo es -intervino Sakura.

Sasuke alzó una ceja, escéptico.

-¿También a ti te ha lavado el cerebro? -inquirió, claramente refiriéndose a Tsunade.

-No niego que puede que sea una manera de ganar tiempo y tenerlo todo bien atado hasta que Kakashi tome el relevo -explicó la chica.

No lo había tenido en cuenta desde esa perspectiva, pero el saberlo le dejaba aún más claro que todo era una estrategia para retenerle. Tenía sentido desde el punto de vista de la Hokage sabiendo que su futuro sucesor era alguien cercano a él y que podía ser menos imparcial en ese aspecto.

-Pero llevas tiempo sin usar tu chakra. Dejar que te marches sin estar al cien por cien podría ser peligroso -razonó la ninja médico.

-¿Peligroso para quién? -preguntó con ironía.

-Para ti, por supuesto.

Se le escapó una risilla altanera, harto de que le subestimaran. Incluso con el poder que tenía en ese mismo momento, pocos ninjas había que pudiesen hacerle frente.

-Como si no pudiese cuidar de mí mismo.

-No seas tan soberbio -le reprochó Sakura y después le señaló su ojo izquierdo-. Eso que tienes ahí puede ser un foco de problemas.

-Es como si tuvieras un cartel en la frente que dijera: ¡Eh, miradme, soy Sasuke Uchiha! -apoyó Naruto.

Visto así… tal vez tuvieran algo de razón. El Rinnegan no le iba a ayudar a pasar desapercibido, eso estaba claro, no lo podía activar y desactivar como hacía con el Sharingan. Aparte, tampoco podía decir que fuera alguien anónimo. Todo el mundo conocía a esas alturas al último Uchiha y podía asegurar que su mala reputación prevalecería sobre sus buenas acciones. Para muchos encontrarse con él podía significar el pensárselo dos veces antes de atacarle, pero para otros podría ser un incentivo. Quizás en algunas aldeas incluso hubieran puesto precio a su cabeza.

-Aún así, lo que esté dispuesto a arriesgar es asunto mío -sentenció, no conforme con la decisión del período de prueba. Su seguridad era responsabilidad suya y asumiría las consecuencias.

-Así que de verdad te vas a ir…-comenzó Sakura, con resignación y tristeza en la voz.

-Sí -y en ese momento no la miró a ella sino a Naruto que, justo detrás, terminaba su cuarto bol de ramen sin entrar en la conversación.

-No hay nada que… -intentó de nuevo.

-No.

"Claro, él no va a hablar de esto delante de Sakura". Pensó, sabiendo la promesa que el rubio le había hecho.

-No intentéis convencerme y todo será mucho más fácil -afirmó. Le buscó de nuevo por encima del hombro de su compañera y se encontró sus ojos azules clavados en él con determinación. Y no les hacían falta palabras para saber qué pretendían.

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Al final el tiempo se les pasó volando entre una cosa y otra y ya empezaba a anochecer, con lo que se marcharon cuando empezó a llegar más gente. Habían estado solos, a excepción del dueño de Ichiraku y su hija, y a Sasuke no le apetecía aguantar malas caras de nadie que le arruinaran el rato agradable que había pasado. Porque a pesar de todo lo que podría haberse esperado, había estado a gusto. Era inevitable que sus amigos le hubieran sacado el tema, pero no habían llegado a ser demasiado insistentes como había anticipado. Parecía que por fin se habían dado cuenta de que acosarle sólo empeoraría las cosas.

Después de dejar a Sakura en su casa, ambos chicos se quedaron parados en la puerta en un tenso silencio en el que sus miradas se huían la una a la otra. Haciendo caso omiso a las cosquillas que sentía en el estómago, Sasuke decidió poner fin a aquella estupidez antes de que a Naruto se le ocurriera alguna de sus brillantes ideas.

-Me voy. Mañana tengo que volver a la Torre a firmar unos papeles -anunció, dándose la vuelta y alejándose de Naruto, tomando el camino opuesto.

El Uzumaki tardó unos segundos en reaccionar y para cuando lo hizo, el otro chico ya estaba tan lejos que tuvo que correr para alcanzarle antes de que girara la esquina y lo perdiera de vista. Había hecho una promesa y no la iba a romper así como así al primer desplante.

No se extrañó en absoluto cuando notó a Naruto llegar a su altura. Lo raro habría sido que ni lo hubiera intentado después de que se hubieran quedado solos y el ambiente se hubiera hecho denso y difícil, como una mala cita a punto de terminar o... una cita a punto de empezar.

-¡Espera! -le dijo, aminorando el paso al colocarse a su lado-. Te acompaño.

Sasuke le miró de reojo.

-No hace falta, me sé el camino -le espetó con tono autosuficiente.

-Ya lo sé.

Viendo que no se daba por aludido y le seguía como si fuera su sombra, añadió:

-No me voy a perder.

-También lo sé.

Sasuke se paró en seco, sabiendo que o ponía remedio pronto o acabaría acompañándole realmente hasta su casa. Y no quería a Naruto cerca de su casa.

-No me haces falta, ¿por qué no te vas?

La sonrisa confiada que le devolvió hizo que los nervios comenzaran a burbujear en su estómago de nuevo. Naruto se veía muy seguro de sí mismo y eso no era una buena señal. Y que eso le estuviera provocando esa incomodidad en su vientre y que la palma de la mano le empezara a sudar, tampoco lo era.

-Hay algo de lo que tú y yo tenemos que hablar, ¿no? -le recordó Naruto.

El moreno apartó la mirada y bufó molesto.

-No, que yo recuerde -contestó siendo elusivo a propósito. Aunque intuía a qué se estaba refiriendo, podían ser muchas cosas o ninguna.

Naruto le cogió del brazo y tiró de él para que se moviera y siguieran caminando. Si había algo de lo que quería hablar mejor sería acabar antes de que llegaran a su casa.

-Lo que te dije el otro día y lo que te dije antes. Sabes lo que quiero decir. Esta tarde me dijiste "Ya lo veremos", pues bien, quiero que me contestes -insistió el rubio.

Sasuke apretó la mano dentro de su bolsillo, sabiendo que tarde o temprano le pregunta volvería a caer y llegaría un momento en el que tendría que dar una respuesta.

Siendo sincero, si no la había rechazado de lleno era porque seguía teniendo dudas. Era difícil aceptar o rechazar algo de lo que no estaba seguro y hasta ese momento la ambigüedad le había dado resultado para escapar de la encerrona.

-Aún no lo tengo decidido -se aventuró a decir.

De nuevo, Naruto sonrió con optimismo viendo aún un camino abierto en la confusión de su amigo.

-Si digo que no, ¿qué pasará? -preguntó el Uchiha pillándole totalmente de improviso.

-Que no te haré caso y seguiré insistiendo hasta el día en que te vayas -se reafirmó el Uzumaki.

-No sé por qué no me sorprende -comentó casi poniendo los ojos en blanco. Debía habérselo imaginado-. Y… ¿si digo que sí? -logró decir, pues la saliva se había secado de su boca.

Naruto notó cómo giró inconscientemente la cabeza para mirarle, casi imperceptible como el extraño brillo que vio en sus ojos, mezcla de curiosidad y remordimiento.

-Que seguiré insistiendo hasta que puede que un día no te vayas.

Por otra parte, no era nada nuevo así que no debía ni asombrarse por la respuesta. En ningún momento había dejado de dar por hecho que el Uzumaki no cesaría de intentarlo hasta el último instante.

-No me dejas muchas opciones -murmuró casi para sí mismo.

-Aprovéchalas entonces -respondió con mirada y sonrisa traviesa que le sacaron los colores al moreno, tratando de disimular torciendo la cabeza hacia otro lado.

Lado en el que se encontraron con los límites del distrito Uchiha, haciendo que el único heredero volviera a pararse antes de internarse en los desolados terrenos en un segundo intento por disuadir al rubio para que se fuera.

-No soy tu novia, no tienes que acompañarme hasta la puerta -le dejó claro, por si acaso a Naruto se le hubiera pasado por la cabeza lo contrario.

-Oh, vaya -dijo, fingiendo un mohín, decepcionado-. Yo que pensaba llevarte mañana al cine.

-Ni se te ocurra -también por si acaso.

Y, sin quererlo, Naruto había vuelto a tirar de él y de nuevo caminaban juntos por las calles vacías. Seguramente viendo que a esas alturas no le había pateado ya el culo, el rubio había decidido seguir con su estrategia. Y, a decir verdad, tal vez él tampoco tuviera muy claro si quería o no que llegaran a su casa… Más bien era una autoimposición. No debía quererlo pero quería a la vez.

-Oye, todo esto es ahora tuyo ¿no? -preguntó el Uzumaki, rompiendo el tétrico silencio y sacándole de sus pensamientos que ya empezaban a divagar, nerviosos.

-Sí.

-Si necesitas revisarlo antes de que lo demuelan, puedo ayudarte, con mis clones de sombra lo tendríamos listo en nada de tiempo -se ofreció Naruto.

No era la primera vez que visitaba el barrio Uchiha, por supuesto, pero sí quizás la primera en que le prestaba verdadera atención. Era más grande de lo que parecía y si Sasuke tenía que revisar una por una las viviendas y edificios que había podía ser una tarea bastante ardua. El clan Uchiha siempre había sido importante y seguro que entre aquellos muros podía haber más de una reliquia familiar valiosa.

-En realidad no creo que quede nada.

Sasuke agradecía el cambio de tema pero por otro lado, no era un asunto que le resultara fácil. Sólo había que echar un vistazo a su alrededor para ver el estado en que estaban las construcciones. La mayoría carecía de puertas y ventanas, que simplemente estaban tapiadas con tablones para evitar intrusiones que aún así habían sido inevitables.

Recordaba con bastante dolor cuando en sus viajes con Orochimaru por otras aldeas se encontraba a menudo con objetos robados de su clan en casas de empeño, traficantes de armas o incluso a veces simples mercados. De hecho, el propio Orochimaru, en su afán de conocimiento, atesoraba en su biblioteca varios rollos de jutsus exclusivos de los Uchiha y no le cabía la menor duda de cómo habían podido llegar hasta allí.

-Todo fue expoliado cuando me marché -explicó con resentimiento.

-Oh, lo siento -murmuró el rubio a modo de apoyo, comprendiendo lo que significaba que robaran todos los recuerdos de su familia.

-No lo sientas, casi que es mejor así en realidad -murmuró. Aunque no le gustara el hecho de que otros se lucraran a costa de las pertenencias de sus congéneres, cuanto menos arraigo tuviera a aquel lugar, mejor sería a la hora de dejarlo atrás.

Y al fin llegaron a su casa. Apretando con fuerza las llaves en su bolsillo, tuvo que esperar unos segundos hasta que la mano le dejó de temblar. Sería realmente patético no acertar a meter las llaves a la primera. Entreabriendo la puerta lo justo para pasar por ella, entró, dejando a un Naruto expectante en el umbral.

-Ya puedes irte -dijo, haciendo el intento de cerrar la puerta, gesto que el rubio impidió colocando su brazo en el marco.

El Uchiha frunció el ceño. ¿Qué coño quería?¿Un beso de despedida a la luz de la luna o qué?

-Ya te he dicho que no soy tu novia -volvió a repetir, esa vez más en serio-. No hace falta que esperes a que cierre la puerta con llave y pestillo.

Naruto recargó su peso sobre el brazo que le impedía cerrarla.

-No tengo mucho tiempo, no te hagas el difícil -dijo, dejando claras sus intenciones.

Esa vez, coló también la pierna por la abertura haciendo que el moreno tuviera que abrirla un poco más.

-Déjame demostrártelo -insistió.

Sasuke tragó la saliva que se la había acumulado. Desde que habían llegado su mente parecía más ocupada en otras cosas que en atender sus actos reflejos. Casi podía jurar que también se había olvidado de parpadear. Las mejillas le ardían en anticipación y el corazón le latía acelerado. Todo parecía una broma de mal gusto en el que su cuerpo reaccionaba sin su permiso imaginándose lo que podía pasar.

-Llevándome a comer ramen no es que hayas hecho muchos méritos -se burló, no queriendo ser el único que se sentía avergonzado.

Naruto se rio, enseñando los colmillos y entrecerrando ligeramente los ojos. No era su habitual actitud despreocupada e infantil. Parecía incluso estudiada.

-Pues debería, ahora ya no tienes hambre, ¿no? -se justificó.

En otra ocasión, Sasuke habría considerado que Naruto había hecho bastantes méritos llevándole a comer después del hambre atroz que tenía, pero en ese momento, lo único que era capaz de pensar era en los labios de Naruto, que por favor, no se diera cuenta que los estaba mirando, y que los devoraría sin dudarlo.

-Si esa no te pareció suficiente, tengo muchas otras maneras de hacerte cambiar de opinión -ronroneó, notando que cedía la fuerza que Sasuke ejercía sobre la puerta.

El Uchiha abrió los ojos más de lo normal al oírlo. ¿Se habría dado cuenta al final de la forma en que le había mirado? Porque aquello no era una insinuación, era una proposición en toda regla.

-¿Ah, sí? -preguntó arrastrando las sílabas.

La mano que sujetaba la puerta se deslizó por la madera, derrotada, haciendo que se abriera completamente al detener la presión. Era consciente de que se estaba metiendo en la boca del lobo (o del zorro, más bien) al seguirle el juego, pero en ese momento le dolía el cerebro de tanto pensar. Estaba acostumbrado al dolor, no sabía vivir si el dolor. ¿Qué tan malo podía ser que todo sólo doliera un poco más cuando se fuera?

-¿Como qué? -dejó caer al tiempo que cogía a Naruto del pecho atrayéndolo hacia él y cerrando la puerta a su espalda.

Si tenía que doler, que doliera bien.

Y le besó.

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N/A:

Eso es todo por hoy, espero que os haya gustado XDDD, se ha quedado interesante interesante jojojojojo. No sé por qué tengo mi propio headcanon en el que pienso que si Naruto y Sasuke se besaran sería Sasuke quien tomara la iniciativa, no me preguntéis por qué. Del mismo modo en que también tengo asumido que Sasuke supo mucho antes que Naruto lo que sentía por él. Aquí, dos veces que se han besado, las dos ha tomado Sasuke la iniciativa pese a estar hecho un lío.

Revisé el capítulo después de terminarlo pero no ahora, espero que no haya errores.

Una cosa que no recuerdo si especifiqué: aquí hablo del barrio Uchiha como si estuviese abandonado, es obvio que también está derruido por el ataque de Pain, pero al estar en los bordes de Konoha, no en pleno centro donde cayó todo, doy por hecho que no quedó tan mal parado como el resto de la aldea. Vamos, que allí quedaban casas aún, no era un descampado baldío.

Y bueno poco más que comentar, que espero vuestras opiniones por favor, y me hagáis saber si os gusta y todo eso. Aún, y cada vez más conforme avanza la trama, me da miedo que los personajes estén totalmente OOC. Áun no les pillo el truco además de que el canon es inmenso y muchas cosas no me acuerdo y seguro que cometo errores y cosas que no tienen sentido.

¡Espero vuestros comentarios!

Besitos

Ak