La semana pasaba lentamente por mi ventana, casi no había salido necesitaba estar solo para poder pensar… bueno les cuento que paso hasta el día de hoy… a la mañana siguiente del día sangre como lo llamo Josh fui a la enfermería con ayuda de mis amigos y Rose que parecía mi enfermera privada, por supuesto durante el camino la gente me miraba algunos con admiración, otros con odio y no faltaron los que tambien odiaban a McLaggen por quitarles a sus novias o tonterías así que me escoltaban por si alguno de sus amigos quería venganza.
Madame Pomfrey como siempre me regaño pero después de un rato al fin me dio la poción amarilla, viscosa y que para mi mala suerte entre sus ingredientes no figuraba ningún saborizante pero no había opción sí quería al menos caminar sin sentir como mis costillas me hacían pagar cada golpe; mis primos y amigos asistían mucho a clase pero la verdad a mi no me apetecía… a fin de cuentas no iba a volver… tenía demasiado en mi cabeza para pensar en tonterías aunque Rose me obligaba a estudiar con ella cuando regresaba de clases.
Por alguna extraña razón comenzó a alejarse de sus amigas y trataba de estar el mayor tiempo posible conmigo, al principio fue como regresar el tiempo a cuando estábamos en el colegio muggle y hacíamos la tarea juntos pero con el paso del tercer día y que mis costillas ya estaban casi bien comenzó a sentirse raro aunque debo aceptar que a mí me estaba hartando tenerla siempre encima de mi pero no debía culparla sin duda lo único que necesitaba era apoyo. Para mi sorpresa no solo estaba todo el día conmigo sino que ahora debía aguantarla en mi cama cada noche pero por eso no replique ya que por la rutina jamás la dejaría que lo hiciera sola; entraba en mi cama y cerraba las cortinas para luego ser abrazada por mi mientras ella dejaba salir todas esas lagrimas que había acumulado en el día; por supuesto nadie sabía esto ya que no soportaría que alguien se inventara una estupidez sobre nosotros… sí, esa que están pensando es la que no quiero.
Este día era claro con el sol en lo más alto dando un extremo calor pero había una suave brisa que refrescaba todo el lugar dejando que los suaves aromas de la primavera se colaran a mi habitación donde me encontraba sentado en el marco de la ventana con los pies colgando hacia el vacio y observando el resplandor del lago, los arboles de diferentes tonos verdosos que se podían ver a lo lejos y por supuesto la imagen algo tenebrosa del bosque prohibido que siempre he pensado que le da un toque interesante a la escuela, mis brazos estaban estirados hacia atrás sirviendo de apoyo mientras la fresca y dulce brisa me refrescaba alborotando un poco mas mis cabellos, aun lado de mi mano sobre el marco de la ventana estaba un libro que yo había cubierto con la tapa de mi libro de quidditch aunque en realidad no decía nada de eso… simplemente debía comenzar a prepararme bien sí quería ayudarla así que el libro en realidad trataba sobre la maternidad y me había dado una excelente idea o mejor dicho la única que era repetida más de 5 veces en lo que ya había leído.
Las clases habían finalizado y pude ver como los estudiantes salían al jardín a pasear y descansar así que enseguida metí mis piernas a la habitación para levantarme a esconder mi libro bajo el colchón.
–Hola Jimmy –en ese momento entro Rosie con una sonrisa y su gran mochila llena de libros de todas las materias que podía tomar.
–Hola Rosie ¿Qué tal el día? – le sonreí de lado alborotando un poco mi cabello, como toda una Granger comenzó a hablar sin parar contándome de sus exámenes y demás, dejo sus cosas sobre mi cama y se saco la capa mientras yo simplemente me había sentado en la cama a escucharla.
–Rose vamos a afuera un rato – me levante sonriendo animado.
–Estas harto de estar aquí ¿cierto? – ella al principio me había mirado como si no entendiera pero luego su mente volvió a trabajar y sonrió.
Sonreí como respuesta mientras alborotaba mi cabello caminando hacia la puerta, ella enseguida me siguió. Mientras bajábamos de la torre y por supuesto caminábamos por los pasillos notaba las miradas de algunos curiosos, algunos pasaban y me palmeaban el hombro mientras levantaban sus pulgares felices, otros me miraban con odio porque a lo que según sabia McLaggen no iba a volver a la escuela y su diploma lo recibiría en el hospital, algunas chicas me sonreían coquetas y yo les respondía con una sonrisa pícara de lado acompañado de un guiño.
Al fin salimos al jardín y el viento me despeino enseguida como queriendo darme la bienvenida, sonreí y mire a Rose que estaba muy dentro de sus pensamientos dejando entre ver la tristeza que tenia así que sin más la tome de la mano y la lleve a donde estaban algunos de nuestros primos y mis amigos Josh y Rob.
–J-James – dijo Rob atragantándose ya que se había atorado su lengua con la de mi prima ya que como siempre estaba con Dominique transformándose en pulpos sin control, sonreí y me senté jalando a Rose, nuestra especialidad era decir múltiples tonterías sin parar provocando una sonrisa y estaba orgulloso por fin Rosie dejaba entre ver de nuevo a esa niña que sonreía y nos decía tontos por nuestras invenciones.
Ya casi era hora de comer y todos se levantaron para caminar con rumbo al gran comedor pero detuve a Rose, que me miro sin entender y se quedo sentada a mi lado observando el gran lago tan hermoso como siempre dejando que el sol dibujara con su brillo diferentes figuras, el calamar gigante sacaba de vez en vez un tentáculo intentando atrapar algún estudiante de primero que jugaban felices a la orilla y si te fijabas bien podías ver que una sirena a veces salía
–James ¿Qué pasa?– Rosie me miro un poco preocupada.
–Nada, quería hablar contigo – le sonreí de lado sin dejar de observar el maravilloso paisaje que había a nuestro alrededor, ella se hizo un poco más para atrás para recargarse como yo en el tronco del árbol familiar, llamado así porque desde nuestros padres siempre nos hemos juntado ahí.
–Dime – me dijo con nerviosismo que podía ver en sus brillantes ojos azules así que le tome suavemente una mano para que intentara calmarse.
–Creo que debemos comenzar a movernos – le dije mirándola fijamente mientras ella miraba un momento nuestras manos.
–Explícate – me respondió levantando una ceja dubitativa y ya mirándome fijamente a los ojos.
–Ok… - bufe con molestia, detestaba que nadie entendiera mis ideas enseguida –… debes ir a un doctor… ¿Cómo se llama?... – me quede pensando sin notar su mirada atemorizada -… Oh si tinecogo – sonreí orgulloso de acordarme.
–Es ginecólogo – ella me sonrió tiernamente, creo que aun debo estudiar más sobre cosas muggles pero la verdad es algo aburrido.
–Demonios – dije entre cerrando mis ojos, ella se rio de mi un momento algo que me encantaba ya que ahora casi no escuchaba ese sonido.
–Pero James…. Como… - me miro seria.
–Mira primero debemos estar totalmente seguros de que hay alguien ahí ¿no? – le sonreí amable mientras le pasaba un brazo por encima de los hombros.
–Pero no podemos ir a San Mungo – su voz comenzaba a sonar rara en pocas palabras las lagrimas ya estaban nublando su mirada.
–Tranquila ya pensé en eso… vamos a uno muggle, mañana es la última visita a Hogsmeade así que podemos escaparnos – respondí orgulloso y sonriendo levemente para intentar que ella me tuviera confianza, ella simplemente me miro con sus ojos azules que ya dejaban escapar algunas lagrimas que rodaban lentamente por su mejilla.
–Pero tú no puedes salir – me miro con cierto complejo de tía Hermione.
–Eso jamás ha sido un impedimento… aun tengo la capa de papá… así que tú no te preocupes debemos llevarte a checar y tendremos ayuda – sonreí travieso causando que ella enseguida sonriera un poco aunque expectante.
El jardín suponía ya debería estar vacio por la hora de comida pero había que asegurarse así que sin más mire a los lados para ver que ya estaba casi vacío con algunos en camino.
–Kreacher – el crac enseguida se escucho y enfrente de nosotros un elfo bastante mayor me miraba con una sonrisa muy bien disimulada.
– ¿Llamo? amo Sirius – hizo su acostumbrada reverencia hasta el piso
–Sí, necesito un favor y que no le digas a nadie – el me miro de mala gana, ya lo había llamado para que me ayudara a realizar algunas travesuras en especial en primero me gustaba que estuviera conmigo porque extrañaba mi casa y aunque mis padres nos descubrieron entendieron el porqué sin castigarme.
–Dígame, amo – respondió vencido al ver mi mirada de niño bueno, mire a Rosie y luego voltee a ver al elfo de nuevo.
–Por favor aparece mi motocicleta en la cueva a las afueras de Hogsmeade – dije sonriente, enseguida tanto el elfo como mi prima abrieron los ojos.
–J-James no… - me dijo Rose poniendo su mano en mi hombro para que me detuviera.
–Como ordene, amo – el elfo realizo su acostumbrada reverencia, puse los ojos en blanco sin poder evitarlo pero sin que él lo viera ya que detestaba que me dijera amo pero por más que le habíamos pedido que dejara de hacerlo no cumplía la orden y a veces eso ocasionaba que se lastimara así que ya simplemente lo dejamos. Me levante mientras el refrescante viento removía los rulos de mi prima alborotándolos más de lo normal y clave de nuevo mi mirada en el elfo que me seguía con sus grandes ojos.
–Kreacher por favor aparece mi caja de cosas muggles en mi habitación y te ordeno no poder comentar nada… gracias – le sonreí de manera amable y ayude a Rose a levantarse para luego despeinarme un poco.
–Enseguida, Amo Sirius – se escucho un fuerte crac para dejar un vacio donde antes había estado el viejo elfo al que aun no le podíamos quitar esa funda de almohada por más que mi madre y tía Hermione lo persiguieran con ropita hecha a medida.
Rose comenzó a caminar en silencio conmigo hacia la escuela pero con su ceño levemente fruncido y esa mirada profunda en el piso que significaba estaba pensando por lo que no la interrumpí simplemente la jalaba levemente cuando podía tropezarse con algo hasta que al fin llegamos al gran comedor donde ninguno necesitaba ayuda para desenvolverse y encontrar un lugar para comer. Me senté aun lado de Josh y Rob que ya comían y por lo que podía ver estaban molestos pero de eso me ocuparía luego por el momento lo más importante era…. ¿Rose?... claro que no era… ¡la comida!... todo ese delicioso que disfrutaba cada tarde y como estaba preocupado pues más hambre tenia así que sin piedad comencé a atacar el puré de papa y las piernas de pollo adobadas en una salsa agridulce.
En el transcurso de la tarde Rose se mantuvo en la biblioteca algo que no me molesto pero era raro, yo fui a mi habitación después de estar en el jardín resolviendo los problemas del matrimonio de Josh y Rob, Kreacher había cumplido su misión y había una caja sobre mi cama y encima las llaves de mi motocicleta que las guarde enseguida en el cajón de mi mesa de noche para enseguida abrir la caja y comenzar a buscar un regalo de mi primo Dan.
Daniel Dursley era un año mayor que yo y era el único hijo del primo muggle de mi padre Dudley, con los años nos habíamos vuelto cercanos a Dan que le encantaba salir con nosotros los Potter cuidados por el abuelo Arthur, éramos muy buenos amigos e intentábamos vernos en los veranos y como nieto de Arthur Weasley sentía tambien cierta curiosidad por las cosas muggles y él me mostraba algunas. Al fin encontré mi último regalo de navidad dado por el… un teléfono móvil al que solo le encontré los juegos pero aun tenia la hoja con indicaciones de Dan. Leí detenidamente y paso a paso pude entrar al menú y buscar la agenda donde lo único que había era la opción del numero de Dan, apreté el botón verde y espere escuchando un leve pitido a lo lejos mientras yo solo observaba la pantalla.
–James –mire a todos lados confundido.
–James acércate el teléfono al oído –obedecí aunque con algo de duda observando la cosa esa por si intentaba comerme una oreja o meterse en mi cerebro algún tipo de animal raro, ok ya no más películas de zombies muggles para mí.
–James dime algo –
–Algo – respondí sonriendo, al fin lo escuchaba bien y el comenzó a reírse con su voz fuerte de tono y un poco autoritario
–Hola primo ¿Cómo estás? –
–Bien ¿y tú? – respondí sonriente mientras me levantaba a sentarme de nuevo en el marco de la ventana, se escucho que el caminaba buscando algo.
–Poniéndome guapo para mi novia –levante una ceja sonriente ya que según yo recordaba ese no era su fuerte.
–¿Esta ciega? –le respondí y el comenzó a carcajearse y por supuesto lo acompañe.
–Siempre tan chistoso, Jimmy –no deje de reírme pero ya a lo que iba.
–Primo necesito un favor –el escucho mi tono y enseguida se puso igual aunque eso era algo raro.
–¿Que necesitas? – me pregunto con su tono serio, me puse algo nervioso y comencé a tamborilear mis dedos contra el cristal de la ventana
–Pues necesito un ginecólogo –le dije lo más rápido que pude y hubo un largo silencio y después un suspiro
–Jimmy eres un tonto pero si no te preocupes yo le digo a mi novia que nos ayude ¿para cuándo lo necesitas? –
–Para mañana – sonreí levemente intentando no reírme sino pensaría que era una broma y me mandaría al demonio.
–Esta bien, marca mañana y te mando la dirección – respondió, antes su respuesta se había escuchado que algo había caído al piso.
–Gracias primo – respondí un poco aliviado, se podía escuchar lo que parecía el rociador de loción.
–No es nada pero me lo tendrás que explicar pronto – me respondió con ese tono de voz como de padre o hermano mayor, me reí aunque en el fondo estaba nervioso sabía que tenía su carácter oculto.
–Claro mis vacaciones ya están muy cerca – respondí animado de volver a verlo y de ahí simplemente nos despedimos.
Suspire un poco aliviado, tal vez con un poco de suerte el gine nos diría que era una falsa alarma aunque la verdad por lo que pude observar en la comida eso no era así, Rosie no había notado que todos la miraban ya que comenzaba a comer como el tío Ron y sin duda eso no era normal para ella. Podía ver el gran atardecer, el sol lentamente se escondía bajo el lago mientras se podía ver como las estrellas comenzaban a despertar y salían ser cómplice de los enamorados que paseaban bajo su luz, creo que el embarazo me está haciendo cursi pero no podía evitar recordar cuando mi madre estaba embarazada de Lilly y me contaba esa historia, curiosamente se había vuelto cursi durante ese tiempo de embarazo así que yo simplemente preguntaba a donde se iba el sol y ella casi me contaba como la cigüeña ya traía a Lis.
La noche al fin estaba ganándole la batalla al sol y la verdad es que necesitaba ir a dar un paseo en escoba pero decidí mejor quedarme quieto repasando el plan para que no hubiera problemas, sin darme cuenta el tiempo pasaba y yo solo miraba hacia el exterior preguntándome que iba a pasar si en verdad había una personita en su vientre… la respuesta no me llegaba y eso me desesperaba demasiado pero deje el tema cuando mis amigos comenzaron a entrar a la habitación, de tan concentrado que estaba ni siquiera había notado la hora que era pero la verdad no quería moverme de ahí.
Hogwarts siempre había sido mi hogar, me resguardaba y me educaba a su manera pero la verdad saber que al siguiente año no volvería me dolía muchísimo en lo más profundo de mi corazón.
–Ya no eres un niño –susurre solo para mis oídos mientras daba una última mirada a la oscuridad del cielo y luego me levante a cambiarme para dormir, me puse a leer una revista de quidditch y aunque mis amigos intentaban meterme en su plática no les ponía demasiada atención hasta que al fin se durmieron y los pasos cuidadosos de Rose me hicieron sonreír.
Como cada noche ella se acostó a mi lado abrazándome muy fuerte aunque menos que los demás días, al parecer la posible idea de ser madre comenzaba a ser aceptada y eso era muy bueno.
–Buenas noches, Jimmy –me susurro contra mi pecho que estaba levemente húmedo por sus lagrimas pero no me importaba.
-Buenas noches, Rosie… mañana será un buen día –le susurre contra su coronilla y suavemente le deposite un beso ahí, sentí como caían mas lagrimas y yo la abrace mas fuerte esperando que con eso entendiera que yo iba a estar ahí y no la dejaría jamás.
Como ven estoy intentando cambiar mi estilo de escritura diganme que les parece o cualquier cosa va
besos y gracias por leerme
