Las sombras del espejo

IV Promesa

Por: Jenny Anderson.

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, ella es inmensamente rica, yo no, esto es sin fines de lucro solo de entretenimiento.

Personajes/Parejas: Serena Tsukino

Resumen: Hay días en que Serena simplemente odia mirarse al espejo.

Beta: Sol Levine

Palabras: 1,676

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Tal vez la peor parte era que las pesadillas se habían detenido. No importaba cómo de culpable se sintiera, una parte de ella estaba realmente en paz con el hecho de que Darien no siguiera pensando en viajar a Estados Unidos. Y mientras que a la luz del día Serena había intentado infinidad de veces hablar con Darien, en la oscuridad se consolaba a si misma sabiendo que el hombre no estaría lejos, que ella sabría dónde estaba y que se encargaría de que estuviera bien, a pesar de la punzada de culpabilidad que sentía en el pecho cada que su novio le hablaba de matricularse en una universidad local para seguir con su especialización, incluso cuando veía el tinte de resignación que se adueñaba de los ojos zafiros y que por supuesto, Darien parecía querer esconder de ella.

Se le olvidaba que conocía todos y cada uno de los matices de sus ojos, y que si bien no podía leerlo como si de un libro se tratase, lo conocía mucho mejor de lo que se conocía a sí misma, y en caso de que sus poderes de observación no fueran suficientes, siempre tenía a la Neo reina Serenity, quien no le permitía pasar por alto las miradas llenas de triste resignación.

"Jamás ha sido infeliz conmigo."

Empezó a evitar los espejos. Odiaba la manera en que los ojos celestes de la gobernante de la tierra se fijaban en ella, reprochándole con tanta desaprobación, que cada que los miraba, Serena sentía ganas de vomitar a pesar de que la princesa Serenity, justamente al lado de la reina, la miraba con aprobación. Las cosas habían llegado a un punto en que Serena ya no sabía qué era peor.

Nunca había pensado en Serenity como una joven caprichosa, cruel y demandante, pero aparentemente lo era. Lo que no tenía sentido, puesto que la princesa era perfecta, y todos los recuerdos de sus guardianas coincidían. Serena no lo sabía muy bien, ya que siempre que recordaba algo del pasado, era más como estar viendo una película que su propia vida. Simplemente no podía ni sentir lo que la joven princesa sentía.

"Es porqué yo sigo aquí, observas mis recuerdos y yo no te quiero husmeando en mis emociones también."

Por otro lado, aquellas dos mujeres aparecían cuando menos las esperaba. Ahora que las pesadillas se habían ido, ellas aparecían de improviso mientras se cepillaba los dientes o se preparaba para ir a la escuela. No decían nada, simplemente la miraban, y ella podía percibir la manera en que sus celestes ojos la juzgaban. Podía incluso sentir las miradas sobre su piel como pinchazos de alfiler.

Y ella intentaba que el miedo no se prendiera a su cuerpo ante la horrible posibilidad de que estuviera perdiendo su mente y volviéndose loca, incluso ella entendía que empezar a mirar a gente que no existía en los espejos, era sin duda un síntoma de que algo estaba muy mal con su cabeza.

Mina y Rei habían aparecido un par de veces en su casa y ella no estaba del todo segura que no fuera de nuevo una especie de "check in" que sus guardianas hacían. No estuvo segura desde cuándo había dejado de pensar en ellas como amigas y empezaba a etiquetarlas sólo como guardianas. Intuía que la princesa tenía algo que ver en eso. Era muy posible que la caprichosa mujer estuviera jugando con su mente por el simple placer de hacerlo.

Sabía que eran Mina y Rei las encargadas, ya que eran las que más tiempo libre tenían, Lita y Amy tenían sobre ellas mucho más responsabilidades.

Amy estaba ocupada como siempre en clases extras y cursos para garantizar su aceptación a la mejor Universidad de Medicina del país, y por eso no la veían mucho. Aun así, la joven le enviaba al menos una vez al día algún mensaje divertido para que supiera que se encontraba bien. Algo similar pasaba con Lita, quien se había sumergido de lleno en varios cursos en su intento de conseguir una beca a una de esas grandes escuelas culinarias con las que la chica siempre había soñado, y que no podría costearse si no conseguía la beca.

Mina tenía los ojos puestos en una academia de Arte Dramático y estaba bastante segura que lograría matricularse sin problema, por lo que tampoco se sentía presionada por los exámenes; y Rei, la sacerdotisa al parecer tenía un lugar en la carrera de Negocios Internacionales desde que había nacido, cortesía por supuesto, de su adinerado y ausente padre.

Y entonces estaba ella, completamente aterrorizada ante los exámenes finales y sin asistir a ningún curso para conseguir créditos extras, sin ninguna idea de lo que quería aparte de ser la esposa de Darien, y con unas mujeres que se burlaban de ella cada que siquiera intentaba decir sus temores en voz alta. Sin embargo, la simple perspectiva de estudiar Economía, Ciencias Políticas y Sociales, Negocios Internacionales, Lenguas Modernas o Relaciones Internacionales, no era algo que le apeteciera hacer, aunque Luna y Setsuna insistieran en que tenía que hacerlo. Después de todo dirigiría un planeta entero, millones de destinos estarían en sus manos.

¡Y ella no podía ni mantener vivo un cactus!

Eso tenía que cambiar por supuesto, y era ese su principal temor, el que nunca había querido reconocer ni a sí misma: ¿Qué tanto iba a quedar de ella cuando se convirtiera en reina?

El destino parecía tenerle preparado un puesto para el que no se sentía preparada.

"No recuerdo haber sido nunca tan cobarde."

Detestaba eso. Podía no estar viendo un espejo, pero si se hallaba cerca de uno, podía escucharlas tan alto y claro, como si hablaran directamente a su cabeza. Se observó al espejo preparada para mirar a la reina y sus ojos reprobadores, pero en su lugar se encontró con una mirada llena de calidez y ánimo.

—Sailor Moon.

No se trataba de Eternal Sailor Moon o Super Sailor Moon, era sailor Moon, la misma que la había saludado en el espejo por primera vez, la tarde en que había encontrado a una gata con una calvita en forma de luna en la frente. La guardiana que sólo era eso, una guardiana del Amor y la Justicia, no una princesa, no una reina.

Esa cuya misión, era encontrar a sus compañeras y su princesa.

—Nunca nos hemos dado por vencidas. ¿Vamos a empezar ahora, Serena?

Las lágrimas ya se derramaban en sus ojos. Siempre había sido de llanto fácil, pero en los últimos días ella misma se dio cuenta que lloraba con más facilidad y muchas más veces que antes.

Sacudió la cabeza en señal negativa. Sailor Moon tenía razón nunca se había dado por vencida.

—No. –articuló por fin.

—Bien –la sonrisa de Sailor Moon la sorprendió. ¿Sailor Moon siempre había sonreído como si todo estuviera bien?- Hay muchas cosas que hacer Serena. Es cierto que Darién no está viajando, pero esa fue la decisión de él y tú no tienes por qué sufrir por ella.

Serena no pudo evitar el desacuerdo mostrado en sus facciones, claro que Sailor Moon, que se dio perfecta cuenta de ello.

—Siempre vamos a necesitar a Tuxedo Mask, pero al final siempre ha sido decisión de él quedarse y ayudar, o marcharse. Siempre vamos a necesitarlo, pero la última palabra siempre la ha tenido él.

Fue la primera vez en todo ese tiempo que sentía que aquello no era tan horrible como pensaba, que no estaba del todo dañada, y que el que necesitara la seguridad de Darien en Japón en lugar de viajando al otro lado del mundo, no la volvía el ser más egoísta del planeta.

—Vamos a hacer una promesa.

Y es entonces cuando Serena se da cuenta que Sailor Moon no está sola en el espejo, su imagen se acompaña con la silueta de ambas Serenity.

—¿Promesa?

—Pase lo que pase, siempre haremos lo que sea correcto, no lo más fácil, no lo más cómodo. Lo correcto.

Lo correcto, piensa Serena, y lo correcto es que ella empiece a pensar en lo que tiene que hacer. Darien es un hombre inteligente y ella tiene que estar a su nivel, lo correcto es que se comprometa como lo ha hecho él. Después de todo se ha quedado en Tokio por ese compromiso, y ella debe hacerlo también. No se trata de hacer sacrificios por amor, eso es después de todo parte de la literatura, se trata de compromiso, de las cosas que ambos deben hacer para cumplir su destino.

—Lo prometo –dijo en voz alta y clara, sorprendiéndose al ver a las tres figuras del espejo asentir junto con ella y, por un momento, casi se reconoce en la expresión de la princesa y de la reina, y siente que por fin todo estará bien.

¡Al fin están todas en el mismo barco!

Dejó de mirarse en el espejo, y observó la luna llena a través de la ventana de su habitación, saboreando la paz recién obtenida. Se promete otra cosa antes de salir al balcón, nunca jamás volverá a herir a Darién y tampoco nunca permitirá que nadie más lo dañe. Lo que pasó con Galaxia nunca volverá a repetirse.

Y es al terminar aquel pensamiento y salir al balcón, que lo mira. Es casi como un deja vú.

Seiya Kou la observa desde la acera, y toda la paz que había conseguido hacia un minuto se diluye de su cuerpo. No sabe qué expresión se pintó en su rostro, pero no debió de ser buena, ya que Seiya la mira con alarma.

—Venga Bombón, puedo no ser un príncipe pero yo pensaba que te daría gusto verme. Me estas mirando como si estuvieras viendo un asesino.

Sin embargo Serena no lo escucha, atendiendo esa otra voz.

"Yo tampoco puedo creer que no te dieras cuenta que la razón de mi existencia había dejado de existir. Yo lo hice por supuesto, pero tú estabas tan ocupada jugando a los amiguitos…"

Y es cuando se da cuenta, está segura, que las pesadillas van a volver.

Notas de la autora:

Anuncio rápido a partir de aquí las cosas se vuelven un poco más serias, Seiya viene a desencadenar cosas en las que Serena no ha pensado y supongo que nos esperan capítulos un poquito más largos que los anteriores. Y puede ser que un poco más de angst.

Muchas gracias a todos por su apoyo, realmente no espere cuando empecé que fuera a tener la acogida que ha tenido, de todo corazón muchas gracias por leer y comentar.