Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad del señor Himaruya. Esta historia tampoco es mía, sino de la fantástica escritora Happymood (os la recomiendo), quien amablemente me ha dado su permiso para traducirla a español y publicarla.
Una de las ventajas de ser estudiante universitario era que Antonio podía dormir más de la cuenta. Le encantaba cuando podía importarle un carajo el tictac del reloj de su mesita de noche y despertarse cuando el sol ya estuviera bien alto. Ese día no fue diferente y abrió los ojos de tan buen humor que olvidó que estaba alquilando una habitación en la casa de otra persona y no en su apartamento de su ciudad natal, en Madrid.
Estaba muy hambriento así que ni siquiera pensó en ponerse una camiseta y se encaminó hacia la cocina felizmente preguntándose qué debería tomar para desayunar. Estaba tarareando una canción de Ricky Martin mientras se preparaba una taza de café cuando de pronto sintió a alguien mirándolo. Se dio la vuelta y su corazón dio un vuelco cuando se dio cuenta de que Rómulo Vargas estaba apoyado en el marco de la puerta sonriéndole divertido. Antonio no permitió que el hecho de ir sólo en ropa interior lo avergonzara y le devolvió la sonrisa:
"¿Café?"
"¿No tienes clase hoy?" preguntó Rómulo dejándose caer en una silla. "Y no, gracias." Añadió con una sonrisa suave. "De hecho iba a preparar el almuerzo."
"¿Tan tarde es?" preguntó Antonio sentándose y comiendo algunas galletas que encontró en uno de los armaritos. Rómulo lo miró durante un rato antes de decir:
"A Lovino también le encantan esas." Se rio, "Supongo que debería comprar más la próxima vez que vaya al supermercado."
"Oh, lo siento." Dijo Antonio apartando las galletas, "¡Creí que eran mías!"
"No, cómetelas. Lovino no se dará ni cuenta." Dijo Rómulo con una risa y las acercó de nuevo hacia Antonio. Antonio asintió agradecido y cogió otra.
"Hablando de eso." Comenzó Rómulo otra vez después de un momento de silencio, "¿Cómo van las clases con mi Lovino?"
Antonio casi escupe su café, pero se las arregló para parecer indiferente (o al menos, lo esperaba) mientras miraba a Rómulo fijamente a los ojos.
"Lo está… haciendo bien." Dijo Antonio pensando en la última semana cuando Lovino no había hecho nada más que ir a su habitación cada día con todos sus libros bajo el brazo, saludarle con un gesto de cabeza, ponerse los cascos y garabatear su tarea mientras estaba tirado en la cama de Antonio. A Antonio no le importaba, de verdad, y Lovino parecía muy lindo cuando se dormía sobre sus libros.
"No te está molestando, ¿verdad?" preguntó Rómulo sinceramente preocupado y sacando a Antonio de su ensoñación.
"No siempre." Dijo Antonio, decidiendo que debería ser honesto, "Dice muchas palabrotas, pero creo que eso lo hace más lindo."
"Más lindo, ¿eh?" preguntó Rómulo y se echó a reír. Cuando finalmente se calmó, Rómulo continuó: "Dímelo si te atormenta. Sé que puede ser un auténtico dolor en el culo, a veces."
"Por supuesto." Dijo Antonio. Sabía que si le decía a Rómulo que Lovino lo estaba atormentando inmediatamente le diría que dejara las clases particulares, pero a Antonio realmente no le importaba tener a Lovino en la habitación con él cuando estaba estudiando. De hecho pilló a Lovino mirándolo algunas veces, y la manera de la que se sonrojaba cuando lo pillaba in fraganti divertía mucho a Antonio. De hecho le gustaba, y algunas veces no podía abstenerse de comparar a Lovino con un jugoso y rojo tomate cuando eso ocurría. A Antonio le encantaban los tomates. Debería tomarlos para almorzar…
"Es una fase que ambos hemos pasado, ¿verdad?"
Antonio no se había dado cuenta de que Rómulo había empezado a hablarle e inmediatamente intentó parecer atento. Se preguntó si Rómulo se percató de que estaba distraído, pero el hombre también parecía en su propio mundo.
"Los adolescentes creen que sus problemas son grandes y sin solución". Continuó Rómulo, "Todo es muy simple a nuestros ojos, y hay una gran falta de comunicación entre ellos y nosotros que es obvio que no pueden entendernos a veces. Pero, ya sabes, Antonio…" dijo Rómulo levantando los ojos para mirarlo, "la vida siempre está llena de obstáculos y todos desaparecen completamente de nuestra memoria. Un día creemos que algo va a arruinar nuestra vida para siempre, al siguiente te das cuenta de que hay cosas mucho más importantes que lo que nos preocupaba ayer y parece como si nunca hubiera ocurrido."
"Entiendo". Dijo Antonio aunque no lo hiciera porque no estaba prestando atención. Los labios de Rómulo se arquearon en una ligera sonrisa.
"Nadie lo diría, pero Lovino es, de hecho, más abierto con sus sentimientos que Feliciano." Dijo Rómulo, y eso hizo que Antonio levantara una ceja inquisitivo.
"¿Está seguro?" preguntó Antonio aunque fuera una pregunta estúpida. ¡Rómulo era su padre después de todo! "¡Feliciano es muy sociable! ¡Sonríe un montón y siempre tiene algo que decir! Si no pico a Lovino un poco, si no lo llevo al límite, ¡Lovino simplemente se quedaría ahí con cara mustia!
Rómulo se rio otra vez con eso y se inclinó sobre la mesa para darle unas palmaditas en la espalda a Antonio.
"¡Sé que eso es lo que parece!" exclamó Rómulo con una gran sonrisa, "¡Pero esa es la cuestión exactamente! Feliciano lo guarda todo dentro y no deja que nadie conozca sus auténticos pensamientos. ¡Eso lo hace simpático para todo el mundo porque todos creen que comparte su opinión! Es muy diplomático, a no ser que lo molestes, y no quieres ver cómo ocurre eso. Con Feliciano no sé cuándo está fingiendo que está bien o si de hecho está bien, porque cuando algo le hace daño, puede sonreír como si no pasara nada. Lovino no es así." Dijo Rómulo, hizo una pausa y entonces sonrió: "Cuando está enfadado, lo muestra. Cuando no le gusta algo, lo dice. Cuando algo lo avergüenza, se le atrabancan las palabras. Cuando no quiere admitir algo, se sonroja y dice exactamente lo contrario de lo que piensa realmente, y una vez que lo conoces, aprendes a leer entre líneas y a entender cada uno de sus cambios de humor.
"Eso suena bastante complicado." dijo Antonio bastante confuso. Rómulo se encogió de hombros.
"Lovino está lleno de contradicciones." Dijo Rómulo y de repente pareció triste, "Supongo que se volvió más introvertido cuando su madre murió."
"Oh." Antonio frunció el ceño, no sabiendo realmente qué decir. Rómulo le sonrió y de nuevo le dio unas palmaditas en la espalda.
"No me eches cuenta. Simplemente me gusta hablar un montón de mis chicos." Dijo Rómulo y se puso en pie. Estiró los brazos y añadió: "Voy a preparar algo para comer. ¿Por qué no vas y te pones algo de ropa antes de que lleguen de la escuela?"
"Oh." Dijo Antonio y se levantó bruscamente, casi tirando la taza vacía al suelo. "¡Lo siento!" exclamó y fue a marcharse. Luego se detuvo, volvió y puso la taza en el fregadero y el resto de las galletas en el armario antes de marcharse otra vez. Rómulo se rio ante la escena y comenzó a cortar verduras.
Esa tarde, mucho después del almuerzo y la siesta, Antonio se sentó delante del ordenador sin ánimos para hacer nada. Lovino estaba tirado en su cama, como siempre, y estaba pasando las páginas muy ruidosamente. Antonio abrió el archivo donde tenía el proyecto que tenía que entregar pronto, leyó las primeras pocas líneas y lo cerró otra vez. Se estaba preguntando si debería llamar a su amigo Francis para salir a beber cuando Lovino gruñó bastante alto a su espalda.
Antonio levantó una ceja inquisitivo y se volvió para mirarlo. Lovino lo estaba mirando con los ojos entrecerrados, sus cascos durante un buen rato olvidados descansaban junto al reloj de Antonio en la mesilla de noche.
"¿Qué?" preguntó Antonio. Ante eso, los labios de Lovino se convirtieron en una fina línea.
"Para ya. Me estás distrayendo" dijo Lovino. Antonio inclinó la cabeza desconcertado y miró alrededor para ver qué estaba haciendo exactamente que frustrara tanto a Lovino.
"No estoy haciendo nada." Dijo Antonio. Lovino sonrió.
"Exactamente." Dijo Lovino. "No es justo de tu parte que yo esté aquí dejándome el culo trabajando mientras tú te relajas en tu silla, bastardo."
"¿Quieres que te eche una mano con algo?" preguntó Antonio porque no quería admitir que Lovino tenía razón.
"Por supuesto que no." Espetó Lovino como si Antonio hubiera sugerido algo lascivo. Antonio suspiró, se levantó y se encaminó hacia donde Lovino estaba tumbado. Lovino lo miró entrecerrando los ojos otra vez, pero se irguió como si temiera que Antonio fuera a hacerle algo.
Antonio no sabía qué estaba haciendo hasta que se sentó cerca de Lovino y le cogió la libreta.
"¡Hey!" protestó Lovino inmediatamente, "¡Devuélveme eso, joder!"
"Estás haciendo dibujos." Comentó Antonio riéndose y estiró los brazos lejos de las manos de Lovino. "¿Es eso a lo que llamas 'dejarte el culo trabajando'?"
"Que te jodan." Espetó Lovino y alargó la mano para recuperar su cuaderno. Su pecho se rozó con el de Antonio en el proceso y cuando eso ocurrió Lovino inmediatamente se retiró al otro lado de la cama sujetando sus cosas contra él.
Antonio frunció el ceño, sin entender lo que pasaba. Lovino se quedó mirándolo durante un largo y silencioso rato, y Antonio aprovechó la oportunidad para estudiar la cara de Lovino.
"Me-Métete en tus malditos asuntos, ¿vale? ¡Ma-Maldición!" exclamó Lovino.
"Sólo estaba intentado ayudarte." Dijo Antonio con una sonrisa y entonces se dio cuenta de algo. Lovino se había atrabancado con sus propias palabras, y de repente recordó las palabras de Rómulo de esa misma mañana. Antonio se sintió tan pasmado por su descubrimiento que no se percató de que Lovino lo estaba insultando de diferentes maneras enfadado.
"¿Qué?"
"He dicho que no quiero tu maldita ayuda, ¿vale? ¡Así que quita tu c-culo de esta cama y déjame en paz!" exclamó Lovino. Antonio lo miró durante un largo rato y entonces de repente sintió calor en el estómago.
Era realmente linda la manera de la que Lovino trataba de apartarse de él, y Antonio se percató de que quizás debería observar el comportamiento de Lovino desde otro punto de vista. Cogió el libro de Lovino y lo abrió por la página que se suponía que el joven estaba intentando estudiar.
"Oh, sí, los días de la Inquisición…" dijo y notó que Lovino se animaba con eso. Antonio sonrió. "¿Quieres que te ayude con estas preguntas de Historia? Yo era bastante bueno en Historia."
"¿D-De verdad?" preguntó Lovino y entonces volvió la mirada súbitamente, "Quiero decir, a quién le importa."
La sonrisa de Antonio se ensanchó y su corazón dio un vuelco. Realmente creía que estaba haciendo progresos con el humor de Lovino.
"De hecho la primera pregunta es muy fácil." Lo intentó Antonio otra vez. Lovino miró a otro lado, perdido en sus pensamientos y entonces se encogió de hombros como si le importara una mierda.
"Me importa una mierda." Dijo, pero aun así se acercó hacia donde Antonio estaba sentado. Antonio sonrió ampliamente y se movió un poco para dejarle a Lovino algo de espacio. Lovino parecía verdaderamente agradecido con eso, aunque no lo quisiera admitir, y de hecho se quedó en silencio mientras Antonio explicaba.
No era como si Romano estuviese escuchando en realidad. Estaba tratando de entender al estudiante universitario, y se molestó cuando se dio cuenta de que no podía entender lo que Antonio estaba pensando. Romano estaba bastante seguro que no le gustaba a Antonio (porque, bueno, ¿quién lo haría?) y siempre se sorprendía cuando Antonio trataba de ser amable con él cuando otros ya se habrían rendido.
Romano miró su libro de Historia y luego sus ojos viajaron hasta las venas de las manos de Antonio. Se esforzó en prestar atención y durante un rato lo consiguió.
"¿Bien hasta ahora?" preguntó Antonio, y Romano asintió. Levantó la vista hacia la cara de Antonio y fue sorprendido por una sonrisa en los labios del otro. La miró durante un rato antes de toser y desviar la vista, esperando que Antonio no se hubiera dado cuenta. El mayor simplemente sonrió ampliamente y volvió a la pregunta de Lovino.
Sonreía porque lo sabía.
¡Gracias por leer! ¡Y Felices Fiestas!
