CAPÍTULO IV
Nico. Noviembre de 2013.
Neón.
Dos semanas después de su despedida, Nico volvió a soñar con Will. Aunque le había asegurado que volvería a la cafetería, lo cierto era que no lo había hecho. Seguía teniendo amenazados a Percy y a Jason para que no fueran tampoco, aunque siempre que sacaban el tema les aseguraba que irían de nuevo. Pero cuando él estuviese preparado.
Aquel sueño demostraba que no lo estaba.
—¿Di Angelo, puedes dejar de ser un crío? —preguntó Will, sus palabras medio ahogadas por las carcajadas.
—Te he dicho que tengo frío —repitió Nico con el ceño fruncido—. Y en lugar de dejarme entrar en casa a ponerme algo de abrigo, has empezado a… a… comportarte como un crío. Tú eres el crío aquí.
Lo que había hecho, aquello que Nico no se atrevía a formular en palabras, era abrazarlo por detrás y pegarlo a su cuerpo firmemente, como si él mismo se tratara de su chaqueta personal.
—¿Puedes decirme por qué eres tan…?
—¿Atractivo? ¿Encantador? —trató de completar la pregunta el rubio.
—Cargante, más bien —respondió mientras se deshacía de su abrazo.
—No puedes negarlo, te encanta mi forma de ser. Oye, Nico, espera —terminó diciendo, al ver que el moreno se alejaba de su lado.
—¿Qué? —tan pronto como Nico se giró para mirarle, se encontró con que los labios de Will le estaban besando. Intensa y apasionadamente. De una manera que le impidió pensar en ninguna otra cosa más.
Aunque segundos después, Will separó sus labios y llevó la lengua a su mejilla y comenzó a lamerle de una forma que rápidamente pasó de la sensualidad a la repugnancia… en lugar de sólo la puntita le estaba restregando toda la lengua, dejándole babas por doquier. Era una sensación tan real, que terminó haciéndole despertar.
Entonces descubrió el origen del sueño. O al menos, del final de éste.
Y ese no era otro que sus compañeros de piso, como ya venía siendo costumbre. Algo que no le sorprendía en absoluto. Era Jason quien le estaba lamiendo en el cuello, concretamente. Le sorprendió, pues le parecía un gesto más propio de Percy. Cuando miró hacia el frente, vio que el susodicho estaba sentado a horcajadas sobre él, con una rodilla a cada lado de sus caderas y el teléfono móvil en la mano. Seguramente le estaría sacando una foto.
—Al fin despiertas, dormilón —comentó con una sonrisa de medio lado.
—Feliz cumpleaños, Nico —dijo Jason, una vez hubo separado la lengua de su cuello.
Con aquel despertar húmedo se le había pasado pensar en la fecha. Él no pertenecía al tipo de personas que le daba gran importancia a aquel acontecimiento, pero sus amigos ya se habían encargado de recordárselo y felicitarle la noche anterior, antes de acostarse, pues habían hecho una videollamada con Annabeth y Piper y para ellas en Italia ya era su cumple.
—¿Ya has hecho suficientes fotos, no crees? —preguntó a Percy, que seguía apuntándole con el objetivo de la cámara.
—No, es que es un vídeo —le contestó resueltamente–. Es nuestro primer cumpleaños compartiendo casa, hay que grabarlo.
—Genial. Francamente genial. ¿Qué hora es, a todo esto? —Al realizar la pregunta, no pudo evitar que se le escapara un profundo bostezo. Se habían acostado tarde el día anterior hablando con las chicas.
—Las seis y media —respondieron ambos al unísono, de aquella manera tan sumamente sincronizada que a veces daba miedo.
—Qué hijos de puta, si de normal nunca os levantáis hasta las siete, como mínimo… —se quejó Nico, a la vez que trataba de girarse, pero seguía teniendo a Percy encima, así que se cubrió la cara con la almohada.
—Queda grabado. Nico nos maltrata —fue la réplica de Percy.
Jason fue más zalamero:
—Hemos desperdiciado ya seis horas y media de tu cumple, Nick-Nick. No queríamos perder ni un minuto más…
—No me llames Nick-Nick —le recordó, en su habitual tono gruñón—. ¿Entonces las clases…?
—¿Cómo dices? —preguntó Percy, que al parecer ya había dejado el vídeo por concluido. Más tarde descubriría que lo había enviado al grupo que tenían todos los amigos en común.
—Creo que ha dicho que le dejemos ducharse tranquilo, y que después se dejará invitar por nosotros al desayuno que prefiera.
—Sí, a mí también me ha parecido escuchar eso.
Percy se levantó de encima de él y junto a Jason le obligó a ponerse en movimiento y asearse. No les discutió y por una vez, se dejó mimar. Una vez en el coche de Jason, cuando le preguntaron dónde quería ir a desayunar aquel día, su respuesta les dejó a ambos de piedra.
En sus labios se formó una sonrisa maliciosa que escondía cierto orgullo propio. Sus amigos se creían que lo tenían calado, que él era sumamente predecible para ellos. En realidad, lo que él hacía era dejarles tener aquella impresión y reservarse para aquellos momentos en los que se anotaba tantos.
—Ah, echaba de menos este sitio —dijo Percy, nada más entrar en el local. Sostuvo la puerta que acababa de abrir para que pasaran sus dos amigos, que realizaron su entrada inmediatamente después.
Como es obvio, ninguno de los tres no tardó ni un segundo en comprobar quién se encontraba al otro lado de la barra del local. Por desgracia, no había ni rastro del joven de cabellos rubios y ojos azules que se había convertido en la musa de Nico. A sabiendas de que sus amigos no perderían ni un detalle de su reacción, el moreno se esforzó al máximo en poner su mejor cara de indiferencia.
Tomaron asiento en su mesa predilecta, dejaron las chaquetas (estaban a finales de noviembre y el frío no dejaba de aumentar) y las tablas de skate de Percy y Nico en el asiento vacío. Percy le había sugerido que después de desayunar fueran a patinar, que hacía mucho que no practicaban skate juntos para recordar "viejos" tiempos. Y es que cuando Nico había llegado a la escuela el Campamento Mestizo, tantos años atrás, lo había hecho con su capucha calada a la altura de los ojos y sus auriculares llenando siempre de músicas estridentes sus oídos. Rechazaba entablar relación con nadie, incluida Hazel (la hermana a la que acababa de conocer), y su única actividad al aire libre era realizar cabriolas con el monopatín y en consecuencia llenarse el cuerpo de costras. Por aquel entonces Percy trataba de aprender a manejarlo, y cuando vio los impresionantes movimientos de Nico, fue detrás de él de un modo realmente acosador hasta que consiguió que le enseñara su técnica. Por ser un auténtico grano en el culo, como solía decir Nico, habían acabado siendo amigos.
—¿Qué os apetece tomar? —preguntó Nico, mientras se levantaba del asiento que acababa de tomar.
—¿Vas a ir a pedir tú? —Jason parecía perplejo. Cuando estaba con amigos, Nico siempre conseguía que fuera cualquier otra persona a pedir que no fuera él.
—Pero si no está… —Percy no terminó su frase, pues había sonado lo que seguramente sería una patada bajo la mesa propinada por Jason.
—Anda, no hagáis que me arrepienta de mi decisión, que tenía pensado invitaros.
Percy y Jason le dijeron lo que querían, al igual que pidiera algo para Reyna, que estaba al caer. En la barra Nico se enfrentó a una chica con melena castaña ondulada y enormes ojos verdes, y su sonrisa comedida no conseguía esconder cierta picardía. Nico estaba seguro de que ella también lo sabía. La cosa era… ¿el qué? ¿qué había que saber o dejar de saber, si realmente no había pasado nada?
Fue cuando ya había llevado dos bandejas a la mesa y sólo le faltaba recoger una tercera, que escuchó una voz tras él que decía:
—Gracias por cubrirme, Katie. Menudo desastre se ha montado en casa en cuestión de minutos… —Era Will Solace. Lo sabía sin haber tenido que girarse a comprobarlo siquiera. Un escalofrío recorrió su cuerpo al tiempo que caía sobre él la certeza de que reconocería aquella voz que apenas había escuchado nunca hasta el último de sus días.
—¿Al final había reventado una tubería? —preguntó la camarera, Katie.
—Sí, pero por suerte lo hemos detectado a tiempo y el fontanero ha venido rápidamente y lo ha podido parar en seguida. Pero vaya, todo el baño, el pasillo y parte de la habitación de Jon… todo un desastre —pegó un largo resoplido—. Menuda manera de empezar el… oh. OH.
En aquellos instantes Nico había tratado de sacar a su ninja interior para poder volver a su mesa pasando desapercibido, pero al parecer había fracasado estrepitosamente.
—Di Angelo —dijo Will, y aunque Nico se obligó a no mirarle, le miró. Y sí, estaba sonriéndole con esa estúpida sonrisa que le iba de oreja a oreja.
—Solace —Nico respondió, y al instante se arrepintió de ello. Al parecer, que recordase su apellido le hacía aún más feliz a Will.
—Hay que ver cómo en cuestión de segundos ha mejorado el día… ¿a qué debemos el placer? —Will se le había acercado más, y ahora sólo la bandeja que sostenía Nico los separaba. El moreno se obligó a no echarse hacia atrás, pues sabía que supondría una victoria para el rubio—. ¿Tienes que llenar algún lienzo y vienes en busca de inspiración?
Nico enarcó una ceja. Will, a sabiendas de que estaba siendo observado por él, desenredó la bufanda amarilla que hasta entonces le envolvía el cuello y la parka azul marino y las depositó en el taburete que se encontraba a su lado. De este modo reveló que debajo llevaba una camiseta colorida de una de las marcas de surf que a veces llevaba Percy. Trató de obviar lo bien que le quedaba para responder:
—He venido a desayunar con mis amigos. Y ya tengo la fuente de inspiración para el lienzo en el que estoy trabajando actualmente.
—¿Y esa es…? —ahora era Will quien enarcaba una ceja.
—Es un trabajo en proceso, Solace —terminó diciendo, y tras esto se dirigió a la mesa con su bandeja.
Cuando acababa de sentarse, alguien le abrazó con cariño por la espalda y le dio un suave beso en la mejilla. Por su olor a jazmín y a puesta de sol (o al menos así Jason había descrito una vez su aroma) supo que era Reyna, por lo que aceptó de buen grado sus afectos.
—¡Feliz cumpleaños, Nico! —exclamó al separarse de él, mirándole con una sonrisa no sólo en los labios, sino también en el resto del rostro. Reyna era una persona cabal, no como sus compañeros, que le habían chillado directamente en el tímpano. Después, se sentó al lado de Jason, que mientras ellos se saludaban él había acercado otra silla para así reemplazar la que estaba ocupada por todas sus pertenencias.
Todos los que acudían a la cafetería les miraban sorprendidos, o eso habrían hecho si no estuvieran tan dormidos. A las 7 y media de la mañana, los estudiantes que acudían al local no era para otra cosa que tomar su primera (o ya segunda) dosis de cafeína para tratar así de comenzar el día, y no se detenían a nada más. Ellos, en cambio, charlaban distendidamente y reían.
Al poco de terminar el contenido de sus platos, Jason y Reyna se excusaron aludiendo un trabajo en grupo que tenían que comenzar a organizar. A Nico le resultó más que sospechoso, pues sus amigos habían dejado más que claro que aquel día lo habían reservado exclusivamente para celebrar su cumpleaños, pero no dijo nada. Sólo rezó para que la sorpresa que le estuvieran preparando fuese agradable o mínimamente soportable.
Percy y él se quedaron un rato más, y finalmente se levantaron para ir juntos a probar las nuevas pistas de skate que se encontraban cerca del campus, pero en un último momento le dijo que necesitaba ir al aseo. Nico decidió esperarle apoyado en uno de los taburetes altos de la barra, con las chaquetas y los monopatines en la mano.
Fue entonces cuando Will se le acercó y le dijo:
—¿A qué venía tanto jolgorio a unas horas tan tempranas del día? ¿Me he perdido algo?
Nico giró el rostro para mirarle. Podría haberle dicho en respuesta cualquier grosería, pero en cambio respondió:
—Hoy es mi cumpleaños.
Los labios de Will formaron una pequeña "o" de sorpresa.
—Oh vaya, pues felici… —comenzó a decir, pero fue cortado por el moreno.
—Esta noche iremos al Nueva Roma.
No añadió nada más, ya que ni él mismo sabía muy bien por qué se lo había dicho, y lo que hizo a continuación fue bajar del taburete y caminar hasta la puerta, para esperar a Percy en el exterior.
Lo cierto era que había echado de menos el skate. Y también, aunque nunca lo reconocería, patinar con Percy. Además, con la soledad que les proporcionaba estar a aquellas horas y la calidad de aquellas pistas era una auténtica gozada pasar el rato. Parecían los dueños no sólo del parque, sino del mundo.
—No ha estado mal, Jackson —comentó, con una sonrisa de medio lado—. Pero no mejor que lo que voy a hacer yo…
Y dicho esto, bajó por la rampa a la que se había estado subiendo. No lo hizo con la precisión y destreza típicas de sus mejores tiempos, pero la bajada resultó limpia. Su sonrisa orgullosa le delató, y al verla Percy sonrió. Las sonrisas, sin embargo, desaparecieron al escuchar una voz de alguien que se les acercaba:
—¿Otra vez jugando a partiros la cabeza?
Dejaron de sonreír porque aquellas palabras habían sonado recriminadoras, y porque a la persona a la que pertenecían le habían prometido que no volverían a patinar nunca más hacía un par de años, pero al instante sus sonrisas volvieron, al tiempo que exclamaban:
—¡Hazel!
En efecto, la pequeña Hazel se estaba acercando a ellos, así como el grandullón de su novio, Frank Zhang. Resultaban adorables, ambos con sus pintorescos gorros y bufandas con colores que combinaban entre sí, y que seguramente habría tejido la misma Hazel, futura gurú de la moda. A poca distancia Reyna y Jason iban acompañados de Leo Valdez, que lucía su aspecto de genio loco de costumbre, con sus ropas con múltiples bolsillos y sus cabellos alocados, así como cierta suciedad en la cara que parecía que nunca le desaparecía. Cada vez que veías a Leo, podías creer que acababa de salir de su taller-laboratorio justo después de que algún extraño compuesto hubiera explotado en su cara. La mayoría de las veces, aquella suposición era cierta.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó Nico, y al ver que Percy no estaba sorprendido por la presencia de los recién llegados, comprendió que todos los pequeños detalles extraños de aquella mañana habían formado parte de aquella conspiración en la que participaban todos a excepción de él.
—No podíamos perdernos tu diecinueve cumpleaños, Nico —explicó Hazel, que ya había llegado a su altura.
—Pero… ¿y las clases? —volvió a preguntar, aunque conocía sobradamente la respuesta.
—Por perder un día no pasa nada… además, reunirnos todos juntos no supone pérdida alguna —fue la réplica de Frank, que fue aprobada silenciosamente por su novia y sonoramente, como no podía ser de otro modo, por Leo Valdez:
—¡Bien dicho, grandullón!
Hazel y Nico se abrazaron, mientras que Percy saludaba a los otros recién llegados. Después, fueron a la casa de Percy, Jason y Nico, donde charlaron y rieron durante horas, y la única nota triste (si es que se podía considerar como tal), era la falta de Piper y Annabeth.
—Creía que no nos veríamos hasta navidades —confesó Nico, ya en el sofá, rodeado por todos sus amigos. En verano ya habían estado planeando pasar una semana juntos, antes de que cada uno volviera a sus respectivas casas para las celebraciones familiares. Incluso McLean y Chase volarían y podrían reunirse con ellos.
—Stamford y Boston no están tan lejos —dijo Hazel—. Lo que pasa es que somos todos una auténtica panda de vagos.
—Lo siento pero sexy Leo no es un vago, chocolatito. Sexy Leo siempre está con algo entre manos —comentó, y como para demostrarlo en aquel momento terminó de hacer el tirachinas que había estado construyendo con varios productos domésticos que habían reposado olvidados hasta el momento en la mesilla de café.
—No la vuelvas a llamar chocolatito, Valdez —le recordó Frank, en un tono de cariñosa advertencia.
Leo, en cambio, atinó una bolita de papel en la mejilla derecha de Percy con su nueva invención.
Después de la comida, que les había preparado y llevado muy graciosamente Sally Jackson (Percy era el que más en contacto estaba con sus padres, no había semana que no les visitara o no recibiera una visita), vino el turno de la tarta, que resultó ser un obsequio de Jason y Reyna. El pastel era de merengue italiano, y estaba decorado con los nombres de todos sus amigos (incluidas Piper y Annabeth), y en el interior había una mezcla de chocolate dulce y amargo, con una fina capa de crema pastelera entre las capas de bizcocho que lo equilibraba todo. A sabiendas de que todos sus amigos eran unos golosos, Jason y Reyna habían pedido un pastel pensado para muchas más personas de las que eran, y a pesar de eso, el pastel acabó cayendo entero en una sola sentada. No contentos con eso, al poco Percy pidió varias pizzas familiares (esta vez se aseguró de abrirlas por el lado que tocaba), y pasaron las horas hasta ir al club Nueva Roma apoltronados en los sofás, tratando de recuperarse de tal empacho.
Los regalos vinieron entre medias. A Nico las sorpresas le ponían nervioso, mucho más si se trataban de sorpresas que venían de Percy, de Jason o de los dos juntos. Pero se habían comportado con él tan bien durante todo el día que decidió darles un voto de confianza.
Hazel pidió ser la primera en darle su regalo, que consistía en una bufanda tejida por ella (era oscura, como a él le gustaba, pero con algunos hilos de plata que la hacían más bonita y elegante) y una antigua chaqueta de aviador, del estilo de la de Nico, que había encontrado en una tienda de segunda mano y había remendado ella, y que a partir de entonces se convirtió en la favorita de su hermano.
—Éste es de parte de los dos, y la idea se le ocurrió a Frank —dijo ella, antes de darle un pequeño paquete que contenía unos guantes sin dedos que resultaron ser muy cálidos.
—Para cuando te pongas a dibujar al aire libre, ahora que se acerca el invierno, y así no te hieles tanto las manos —comentó el canadiense.
Nico no se llevaba mal con Frank, pero pocas veces le mostraba el cariño que sentía por él, así como lo feliz que le hacía que estuviera con su hermana. En aquella ocasión, le dio un gran abrazo (o más bien, se dejó abrazar por él).
Jason y Reyna le habían comprado el regalo juntos, y al principio Nico se negó a abrirlo pues ya les debía haber costado mucho dinero la tarta, pero acabó aceptándolo y descubrió que le habían regalado un lote de productos artísticos que él había estado dudando durante mucho tiempo en si debía darse el capricho de comprárselos o no.
Tuvo que reprimirse el grito de emoción al descubrirlos, al igual que un gemido de placer cuando probó su calidad.
—¿Lo sugirió Reyna, cierto? —preguntó, lleno de seguridad. Sabía que Jason le prestaba atención cuando le hablaba de arte, pero también sabía que sólo Reyna era capaz de acordarse de aquellas cosas.
—Pero son los que querías, ¿no? —preguntó la chica, toqueteándose la trenza, como siempre que estaba insegura.
—Claro. Me encantan —aseguró, y justo entonces pensó que con aquellos colores debía hacer un retrato para ella, como muestra de agradecimiento.
—¿Mi turno? —preguntó Leo, que sostenía una bolsa, y mientras hablaba, sacó el contenido de ésta—. Bienvenido al club de "amamos a Leo", Nico.
Su obsequio no era otro más que una camiseta que ponía: "Team Leo" y debajo, una foto del susodicho.
—Puedes usarla para cuando estás trabajando con arcilla y tienes que llevar camisetas que no te importa ensuciar… —sugiró Percy.
—De ninguna manera. No llevaré esto nunca —se negó en redondo.
—Bueno, en ese caso te tendré que dar mi verdadero regalo. ¿Me ayudas, Jason?
Juntos volvieron con una silla que al parecer había fabricado el mismo Leo.
—Está hecha para que puedas sentarte durante largas horas mientras estás frente a la mesa inclinada de dibujo, una mesa normal o un caballete de cualquier altura. Yo uso una igual para mientras estoy trabajando en mis cosas y te puedo decir que la espalda te lo agradecerá.
Lo dijo de un modo tan sincero que hasta Leo se ganó un abrazo por parte de Nico aquel día.
—Bueno, yo… —comenzó a decir Percy.
—Habías dicho que nos pagabas a todos la entrada al Nueva Roma —le recordó Nico.
—Sí, claro. Pero esto es sólo una pequeña cosita, muy útil, como todo lo que te han dado hasta ahora…
Le ofreció un pequeño paquete que, una vez desenvuelto resultó ser una caja de preservativos.
—No sé por qué no me lo había visto venir… —fue la reacción de Nico—. Tenías que hacer algo así, Jackson… Tú siempre necesitas ser la guinda del pastel.
—¿Pero yo qué he hecho de malo? —preguntó inocentemente el aludido—. Además, luego seguro que me lo agradeces…
—¿Y cómo decías que se llamaba esa chica con la que compartes trabajo de investigación, Leo? —fue la pregunta con la que Reyna, la maravillosa Reyna a la que algún día Nico construiría un templo en agradecimiento, le salvó de la vergüenza—. ¿Calypso?
"Con esas pintas no vas a ir al Nueva Roma", le había dicho Percy, y en cuanto le miró, Jason se unió a su opinión. Desentrañaron su armario por completo, y tras descartar todas sus sudaderas y vaqueros holgados al final le habían obligado a ponerse unos pantalones negros que nunca se había puesto, ni cuando Hazel se los había regalado (según Percy le hacían muy buen culo) y una camiseta negra sin mangas. Partieron todos los chicos en el coche de Jason, y cuando iban a ponerse a la cola de entrada, descubrieron que Reyna y Hazel ya les esperaban más adelante.
Hazel estaba preciosa en un vestido dorado que había modificado ella misma, con sus rizos formando un bonito recogido que seguramente habría sido obra de Reyna y sus magníficas habilidades en cuestiones de belleza (la chica se avergonzaba un poco de ellas, aunque habían sido fruto de haber ayudado durante toda su vida en el negocio familiar, una cadena de spas de lujo). Por su parte, Reyna estaba despampanante. Nico siempre la había visto guapa, pero para él nunca había lucido tan arrebatadora como aquel día, con aquel vestido rojo que dejaba a la vista gran parte de su tonificada figura sin dejar de resultar elegante como ella era; con la melena que solía atar completamente suelta, y con aquellas sandalias de tacón doradas. Nico se fijó en la reacción de Jason al verla, vio cómo él la encontró muy sexy y vio cómo ella notaba que él la veía sexy.
Ya en el interior del local se dirigieron a la mesa que Percy había reservado previamente para ellos. A pesar de no contar ninguno con veintiún años, también había conseguido que les sirvieran algunos cócteles. Nico no pensaba beber mucho, pero aceptó de buen grado el primero, más que nada para no tener que discutir con sus amigos que querían que intentara de dejar de ser un muermo.
Leo sacó a bailar a Reyna en cuanto se acabaron el contenido de sus vasos, y Jason siguió la visión de su espalda desnuda por el local con mirada soñadora.
—Entonces… ¿cuándo vas a pedirle salir? —le preguntó Percy, enunciando en voz alta el pensamiento de todos.
Jason pegó otro trago del vaso de tubo que seguía en su mano.
—O si no tienes ninguna intención con ella… bueno, me disculparás pero yo hoy me la tiro —sentenció, ante lo que Jason casi se ahoga en su bebida.
Mientras Hazel le pegaba golpecitos en la espalda, en cuanto recuperó el aliento le replicó de forma amenazadora:
—Ni se te ocurra, Perce.
Él sonrió en respuesta.
—Tranquilo, por raro que parezca sé que no soy su tipo… le van más los chicos aburridos y de honor con pezones sensibles.
—¿Cómo sabes qué…? —preguntó Hazel, confundida.
—Mejor que no lo sepas, Hazel, créeme —replicó Nico.
—Salgamos a bailar, entonces —dijo Frank, levantándose como por impulso.
Verles bailar era un espectáculo muy tierno. Hazel, a pesar de su corta estatura no solía llevar tacones, por lo que sus cuerpos quedaban realmente descompensados. A pesar de este inconveniente, conseguían bailar de forma armoniosa, con un estilo diferente al de los demás.
Jason y Percy obligaron a que Nico saliera a bailar con ellos bajo las luces de neón, y aunque al principio se resistió un poco, acabó pasando un buen rato. Era divertida la mezcla de los disparatados movimientos de Percy, junto a los gestos rígidos más propios de un robot de Jason. "No tienes flexibilidad alguna, Grace, a saber lo manta que eres en la cama", comentó Percy en más de una ocasión. Nico llegó a pensar que a Percy lo poco que había bebido se le había subido demasiado a la cabeza cuando dejó de lado a Jason para bailar muy pegado a él, con los codos en sus hombros y los antebrazos detrás de su cabeza, pero su amigo simplemente sonreía y el tiempo había conseguido que Nico ya no se sintiera incómodo cuando Percy le tocaba, así que también se dejó llevar. Jason, para sorpresa de ambos se mostró un poco celoso, así que decidió rodearle la cintura por detrás, y de este modo Nico acabó convirtiéndose en la mezcla de aquel raro sándwich. Estuvieron haciendo durante largo rato el tonto, hasta que vieron cerca de ellos a Reyna que ya había dejado de bailar con Leo y al parecer tenía detrás de ella a un chico. Entonces Percy y Nico empujaron a Jason para que salvara del apuro a una amiga que sabía perfectamente salir del apuro sola, y Percy le preguntó si no le importaría que él se fuera a bailar con una chica a la que había echado el ojo a la entrada del local. Nico le aseguró que no, y sus dos amigos desaparecieron por una pista de baile cada vez más concurrida.
Nico se desplazó hasta una pared, que se encontraba en una zona poco iluminada y en la que apoyó la espalda. A solas, Nico empezó a reír, y se planteó si la bebida habría llevado algo más que un chorrito de vodka mezclado con zumo de frutas. Pero sabía que no, que aquella reacción no era fruto sino de la desinhibición y de dejarse llevar por la alegría de sus amigos. Todavía sonreía cuando alguien susurró en su oído:
—Di Angelo.
No era otro sino Will Solace.
Nico ya no recordaba el hecho de haberle dicho dónde iba a ir aquella la noche, de hecho no había pensado ni por un segundo que el rubio pudiese acabar acudiendo allí. ¿Sería casualidad o habría ido allí por él? Sin saber qué hacer giró el rostro hacia él, de modo que sus ojos se encontraron. En aquella semioscuridad, por primera vez Nico tuvo una imagen de lo que posteriormente sería su primer retrato de Will a blanco y negro.
—Solace, ¿qué haces aquí?
En respuesta recibió una risita de Will.
—Te recuerdo que tú me habías invitado, Nico.
—Já. Ni en tus mejores sueños —respondió con mayor brusquedad de la que habitualmente empleaba.
La sonrisa de Will se esfumó un segundo de sus labios, pero estaban tan cerca que Nico se dio cuenta. Al instante, sintió que había hecho mal al ser tan duro con él.
—¿Por qué te haces tanto el difícil? ¿O es que disfrutas burlándote de mí?
De nuevo, la expresión dolida sólo permaneció un instante en su rostro, pero Nico la vio. Y también vio otra cosa, vio que Will había trabajado desde bien temprano aquella mañana, que seguramente habría tenido clase durante toda la tarde pero que había acudido aquella noche a verle a él, que tenía el pelo todavía mojado porque se había duchado de forma apresurada, y que la camisa que llevaba (de unos colores casi tan fosforescentes como las propias danzarinas luces de neón del local) era la única que había encontrado bien planchada, y que si quizás no le convencía tanto ni combinaba como debería con el resto de su atuendo era porque no había tenido más tiempo de prepararse, porque se había dado prisa para asegurarse de que en algún momento de la noche se acabaría encontrando con él, y que al haberlo encontrado al fin y él haberlo rechazado con aquella crueldad de nuevo, el alma se le había caído a los pies. Y sin embargo allí estaba, con la expresión mudada, dispuesto a una segunda ronda de ataques verbales.
¿Por qué hacía eso? ¿Por qué decidía herirle si a él no le producía ningún placer, más bien todo lo contrario? "La cuestión es dejarte llevar, Nico. Hoy celebramos tu cumpleaños. Prueba a dejarte llevar por un día, pruébalo y no hace falta que me digas después qué es lo que sientes al hacerlo, pero pruébalo por un día", le había susurrado al oído Percy cuando habían bailado chocando sus caderas.
Sin pensar, Nico le agarró de la muñeca y le dijo:
—Ven a bailar conmigo.
Al mirarle, pudo ver cómo los ojos de Will estaban llenos de incredulidad.
—Solace, no esperes a que te lo diga dos veces, porque eso no sucederá —añadió, y con esto pareció convencer a Will, que le siguió.
Al principio simplemente bailaron el uno delante del otro, moviendo las caderas al mismo ritmo, sin saber muy bien qué hacer con los brazos. Pero en la siguiente canción a Will lo empujaron hacia delante de modo que impactó con Nico, que superó su reacción inicial de apartarle o echarse hacia atrás y en su lugar llevó las manos a sus costados con firmeza para hacerle recuperar el equilibrio. Una vez recuperado, en cambio, siguió con las manos en aquella posición, y notó la consistencia del cuerpo de Will, y estando más cerca de él notó que olía a melocotón y sintió ganas de olerle de más cerca, aunque se comedió, y entonces notó las manos de Will posadas en su vientre que lentamente, completamente al descompás de la música, subieron por su cuerpo, hasta llegarle al cuello, y al hacerlo acabaron completamente pegados. Cada vez parecía que hubiera más gente a su alrededor, hacía más calor y la música aumentaba de ritmo. Nico levantó la vista que había mantenido alejada durante todo el rato y se encontró con los ojos de Will, con su cara bañada por una fina capa de sudor y coloreada por haces de luz brillantes en diferentes tonos del arcoíris. La mano de Will subió un poco por su nuca al tiempo que su boca le preguntó algo que no fue capaz de escuchar, pero sus labios, sus labios tan pronto rosas, azules o amarillos parecieron preguntarle un "¿Puedo?", Nico no sabía a qué se refería, pero asintió. Acto seguido sintió cómo Will enterraba las manos en sus cabellos, y entonces supo que lo que había hecho era deshacerle la coleta, y ahora le mesaba el cuero cabelludo, y Nico no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados. Le encantaba que le tocaran el pelo, le hacía ronronear como un gatito, y por eso mismo nunca dejaba que se lo hicieran. Pero aquel día era distinto, él se iba a dejar llevar, quería probar lo que era aquello… Alguien debió impactar de nuevo con ellos, y Nico echó la cabeza hacia delante, esta vez hasta pegar su frente a la de Will. Cerró los ojos y notó cómo compartían el aire que exhalaban. Las manos de Will dejaron su nuca para pasar al rostro, y la derecha acarició su mejilla y acabó en su labio, que Nico entreabrió en respuesta para atraparlo con cuidado entre sus dientes. Después, inclinó la cabeza para que sus rostros estuvieran más próximos sin que sus narices chocaran y justo cuando Will retiró el dedo de su boca, en el instante inmediatamente después, sus labios se encontraron. Y se besaron.
Como persona que evita ir a locales nocturnos para así no tener que bailar por ahí, no sé si la escena del baile habrá quedado real. Espero que sí. Quiero darles las gracias como siempre a mis chicas, primero a FromTheFuture por sus reviews de apoyo que son el combustible de esta historia (al Jon mencionado no le falta ninguna h en el nombre e.e), a Lia por el chispazo que inició el capítulo del fic, a Diana por atosigarme a que lo continuara y a Michelle por sus descripciones de pasteles, así como a todas por sugerirme olores y aguantarme cuando hablo de mis historias.
Al resto de lectores, gracias por estar ahí y nos leemos en el próximo. Pax.
