Auch... Hasta a mí me hizo llorar. :c ¿Cómo puedo ser tan mala?

Espero que lo disfruten y que lloren y me odien :D (Ok, no XD )

Haruka Tenoh.

Capítulo 4: "Una pérdida"

Haruka observaba fascinada a su madre. La mujer de cuarenta años reparaba hábilmente un descapotable rojo. El cual había llegado al taller destrozado.

- Haruki, pásame la llave. Creo que esta preciosura ya está lista. -Dijo la mujer de rizos castaños.

- Claro, mamá.

Ambas entraron al vehículo. Haruka estaba emocionada. Era la primera vez que se sentaba en un descapotable. Sólo había visto este modelo en revista. Siempre se imaginaba que cuando fuera adulta y pudiera trabajar, lo primero que compraría sería su anhelado descapotable flameado.

La mamá de Haruka, Sakura, encendió el auto y en menos de un parpadeo el vehículo ya se encontraba a varios metros de distancia.

Sakura rugió de felicidad.

- ¡Escucha como suena ese motor, Haruki! Este bebé sin duda es el mejor auto que han podido inventar.

- ¿Hasta qué velocidad puede ir, mamá? -Preguntó la pequeña de doce años.

- Esta belleza puede llegar de cero a mil en tan solo quince segundos.

Sakura dio una vuelta. Dejando el auto exactamente en el mismo lugar de donde partió.

- ¡Mamá! ¡Eres una gran conductora! -Dijo Haruka con emoción. -Deberías correr. Serías muy famosa.

- Lo dudo. -Dijo Sakura en un suspiro. -Este deporte es muy machista. Algunos hombres no le caerían en gracia que una madre soltera de cuarenta le patee el trasero. -Sonrió.

- ¿Y eso qué importa? Sería muy divertido.

La mujer quedó varios minutos pensando.

- Sabes Haruki. Tienes toda la razón. -La mujer revolvió el corto cabello rubio de su hija. -Los haré llorar. Entraré a la carrera de la próxima semana. Además, no nos haría nada mal el dinero del primer premio.

- ¡Si! -Gritó la niña mientras bajaba del auto. - ¿Competirás con este descapotable?

- No. Tengo otros planes para él. -Dijo Sakura, cerrando el auto con sumo cuidado. – Supongo que ocuparé el Cadillac azul.

Ambas comenzaron a caminar en dirección de su casa. La cual estaba sólo a unos metros del taller.

- ¡Genial! Wou… Ya quiero que llegue el día.

- Aún queda una semana y… -La mujer se detuvo en seco.

- ¿Mamá?

- Descuida, Haruki. Estoy bien. -Dijo con una sonrisa forzada.

- ¿Tomaste tus remedios?

- No... -Reconoció Sakura.

- Mamá, ¡el médico fue muy claro!

- Ya sé, ya sé… -Hizo un ademán con la mano.

- Además, -dijo Haruka en un susurro. -el viento me dijo que…

Su madre la miró seria. Sakura se arrodilló al frente de su hija y la tomó de sus hombros.

- Haruki, ¿qué dijimos sobre tu amigo imaginario?

- No es imaginario. Es el viento. -Dijo ya exasperada por tener siempre la misma discusión. -Él me aconseja a veces y otras… Me habla sobre el futuro.

Sakura alzó una ceja.

- Por mí puedes hablar hasta con una estatua, me da lo mismo. Pero las personas son crueles, cariño. ¿O debo recordarte a tus antiguas compañeras?

Haruka odiaba hablar sobre ese asunto. Cuando iba a la escuela primaria tuvo unas compañeras que eran muy crueles con ella.

Lamentablemente, y para mala suerte de la rubia, una de ellas se dio cuenta que estaba hablando sola. Rápidamente se expandió el rumor de "Haruka, la loca del viento"

Su madre la sacó de ese colegio a la semana después.

- Y, ¿qué te dijo? -Preguntó la mujer tiernamente.

- Que una pérdida me llevaría donde la sirena. -Respondió la niña.

Sakura quedó pensativa varios minutos.

- Ese viento es todo un poeta. -Resolvió al fin. -Tal vez sea una metáfora. Tal vez la "pérdida" sea… Eh… pues que extraviaste algo. Tú eres muy buena para perder todo. -Dijo mientras se cruzaba de brazos. -Y "la sirena" tal vez sea una persona a quien le guste el mar, quien sabe.

Haruka rio a carcajadas.

Su mamá se colocó de pie y volvieron a caminar a la casa.

- No sé tú. Pero yo tengo tanta hambre que estuve tentada a comerme las piezas sobrantes del descapotable.

- Si… Estoy hambrienta. ¿Qué tal sí comemos sushi?

- No… Eso toma tiempo. ¿Qué tal ramen instantáneo?

- Otra vez… -Se quejó Haruka.

- ¡Hey! Pero si es rápido y fácil de cocinar. Además, el ramen es el único alimento qué…

- Es capaz de curar cualquier enfermedad o mal. -Completó Haruka más animada. - ¡Es verdad! La última vez que te dio la recaída, el ramen te alivió mucho. Incluso el médico te dio de alta. Pero aún debes tomarte las pastillas.

- Si… -Suspiró Sakura. Mientras miraba el radiante sol de primavera.

Haruka detestaba que su madre dijera "si" y luego se quedase en silencio. Cuando supieron de su enfermedad, la rubia le preguntó que si se sanaría pronto…

Ese "si" tan calmado y melancólico hacía que Haruka sintiera terror.

La noche llegó. Sakura había comprado una de las mejores películas que vendía un vendedor callejero.

A Haruka le había parecido muy aburrida. Trataba de una joven violinista que se enamoraba de su maestro del conservatorio de música más famoso de Francia. La rubia no supo cómo terminaba la historia, ya que se quedó dormida a la mitad.

Haruka despertó a las doce del día siguiente. Le pareció extraño que su madre no la despertara de un tirón de orejas para ir al colegio.

La rubia se levantó de su cama, la cual no recordaba haber llegado. Supuso que cuando se durmió a la mitad de la película, su madre debió llevarla allí.

- ¿Mamá? -Llamó la chica de ojos azules.

Su corazón comenzó a latir a toda prisa. No era buena señal que la casa estuviera en tanto silencio.

Al bajar vio una nota pegada a su refrigerador. Era del oncólogo de la familia. Haruka sacó la nota, la cual decía:

"Hola pequeña. Descuida, tu madre vino a un chequeo de rutina. Pronto volverá. Saludos."

Haruka suspiró aliviada.

La rubia se acordó rápidamente de su escuela. Ya era tarde. Muy tarde para ir. Asique prefirió ordenar la casa para luego ayudar con algunos asuntos del taller, viajar al distrito Mugen para ver los detalles del nuevo departamento y aprovechar a comprar algo para la cena.

Aquel departamento era el orgullo de su madre. Lo compró con los ahorros de su vida. El lugar tenía una vista maravillosa hacia el mar. El departamento tenía servicio de estacionamiento, piscina y un gym.

A Haruka no le interesaba mucho lo de la piscina. Pero amaba la vista y el amplio estacionamiento.

Al llegar la noche, Haruka comenzó a preocuparse. Su madre aún no llegaba del hospital.

Temerosa, la rubia marcó al número del oncólogo. La línea estaba ocupada. Haruka maldijo. Con una extraña sensación en su vientre, la chica de ojos azul cielo tomó su chaqueta y se fue directo al hospital. Un mal presentimiento corroía cada nervio de su cuerpo.

Al llegar, se encontró cara a cara con el doctor de su madre. El cual evadió el preocupado rostro de la joven.

- ¿Mi mamá? -Preguntó torpemente.

El médico se rascó su cana cabellera y, dudando, se acercó a Haruka.

- Pequeña, realmente ya hemos hecho todo lo que estaba a nuestro alcance. Sin embargo…

- Sin embargo, ¿qué? -Haruka estaba perdiendo la paciencia.

El médico bajó la vista. De pronto sus pantalones parecieron más importantes que el angustiado rostro de Haruka.

- Habitación de siempre. -Dijo al fin. -Segundo piso a la derecha.

Haruka se fue corriendo en dirección de la habitación. Al llegar vio a su madre. Estaba firmando unos papeles junto a un par de abogados.

- Eso sería todo, señora Tenoh. -Dijo el abogado.

- Estupendo. Odio hacer trámites. -Confesó.

Haruka sonrió levemente. Su madre se veía más pálida de lo usual. Sin embargo, seguía con su característico buen humor.

Al ver a la niña, el abogado salió. Dejando a Sakura y a Haruka a solas.

- ¡Hola! -Exclamó la mujer.

- ¿Qué haces? -Preguntó la mujer.

- Cierro algunos asuntos burocráticos para el futuro. -Sakura sacó unos chocolates que tenía escondido debajo de la cama. - ¿Quieres uno? Me los regalaron. Y la verdad es que no tengo mucho apetito.

Haruka examinó a su madre de arriba abajo. No tenía ninguna aguja en su cuerpo o medicamentos cerca.

La mujer miró fijamente a su hija con sus ojos cristalizados.

- Ganó… -Suspiró al fin. -Bueno, creo que ya era obvio para todos. Descuida, estará todo bien. Todas mis cosas están ahora a tu nombre, especifiqué que no tendrías ningún tutor. Sabes cuidarte muy bien sola y no quiero a ningún buitre cuidándote por dinero. Ya sabes que no confío en esos.

Haruka apretó sus puños con impotencia.

- Por supuesto… -Dijo mientras hacía todo su esfuerzo para evitar que las lágrimas brotasen sin control.

- Te diré un secreto. -Dijo Sakura mientras miraba fijamente su caja de chocolates. -Toda la vida me dijeron que no podría hacer lo que quería. Me dijeron que los autos y las carreras eran cosas sólo para hombres. Dijeron que era estúpido que abandonara mi acomodada familia para vivir con un rockero… Bueno, supongo que eso tenían cierta razón. -Sonrió. -Pero ese no es el punto. A las personas les encanta decirnos lo que debemos hacer. Y aman restregarnos lo que, para ellos, no podemos lograr. Haruki, sea lo que quieras hacer. Hazlo. Vive como a ti se te plazca. Alcanza tus sueños a como dé lugar.

- Si… -Dijo Haruka, ya no pudiendo aguantar las lágrimas.

- Y ahora vete. -Dijo Sakura. -Que ya es tarde y mañana tienes escuela. ¿O quieres volver a faltar?

La rubia dudó. Le dio un fuerte abrazo a su mamá y salió corriendo del hospital.

Las lágrimas nublaban la visión de Haruka. No sabía hacia donde iba. Sólo corría a la misma dirección por donde soplaba el viento.

De pronto, a la distancia, un instrumento comenzó a sonar a la distancia. Su sonido se oía suave.

Haruka se detuvo y comenzó a caminar en dirección del sonido. Al mirar alrededor, la rubia se percató que había corrido varios kilómetros. No estaba segura de dónde se encontraba.

El sonido, ahora irreconocible de un violín, se escuchaba muy de cerca. La melodía era embriagadora. Cada nota tocada por el instrumento reflejaba claramente cómo se sentía la rubia. Lo cual le hacía doler el corazón, pero, a la vez, le hacía sentir una paz y tranquilidad. Como si el sonido estuviese limpiando su alma.

Un arbusto la separaba de aquel desconocido músico. Estaba a un arbusto de ver a un verdadero artista del violín. No como esa chica de la película de anoche.

Movió el arbusto y la vio. Los hinchados y rojizos ojos de Haruka, de abrieron de par a par al ver a una hermosa chica de cabello verde mar vestida de negro. Quien parecía tener la misma edad de la rubia y, al ver sus ojos enrojecidos, Haruka supuso que pasaban por el mismo dolor.