Su mayordomo, presente…

-¿Archer-sama? Sí, sí. Como usted lo supuso, él no está solo-

Capítulo 4:

"Su Mayordomo, En la Historia"

Ciel P.O.V.

Había algo sobre la manera en comportarse de todos los humanos, algo que había olvidado después de tanto tiempo de que la única compañía que tuve por demasiado tiempo fue Sebastian. No sé si en realidad había sido bueno o malo, pero las consecuencias eran a estas alturas un poco abrumadoras.

-¡CIEEL!- había llorado Lizzy en cuanto me vio. En cuanto pudo encontrarme, pues me había buscado por toda la escuela. Traté de restarle importancia pero la verdad era que maldecía a Sebastian por su maldita sobreprotección y anticipación a mis deseos. Solo cuando bajé del auto para un día normal de escuela, entonces me informó de un reporte que había mandado temprano en la mañana sobre mi condición actual.

Tenía clase de deportes hoy. En el pasado eso hubiera sido un gran impedimento dada mi condición, pero ahora… ¿Qué no podía hacer? Sin embargo el demonio por mayordomo que tenía, había insistido desde la noche anterior que no asistiera a la escuela y la falta sería bien justificada. ¿Solo por un pequeño rozón en mi brazo de una bala? Dejé en claro el hecho de que no faltaría, más al parecer no dejé tan en claro que no quería que hiciera un gran espectáculo de esto.

-"Bocchan, es importante. Es la primera vez que se hiere bajo mi cargo desde que pasó a ser demonio. No sabemos con extrema certeza si la herida estará completamente cerrada para mañana, y si su brazo comenzase a sangra en medio de algún deporte…"- tomé eso como una verdadera preocupación, hasta que continuó –"¿Qué clase de tío creerían que soy? Los rumores de que no lo cuido se esparcirían y nos traerían problemas"-

Él sabía y yo sabía que lo que había dicho se había salido de los límites en los que expresaba su preocupación por mi bienestar, sin embargo esa rescatada del tema, aparentando que era por otros motivos, no me fue pasada por alto, y tampoco pude discutir a ello cuando era cierto.

Por eso ahora tenía a Lizzy llorando desconsoladamente y haciéndome preguntas que ni ella misma alcanzaba a entender.

-¡Ciel! ¿Por qué no fuiste más… quién lo… se atrevieron? ¿Te due…? ¡Lo siento tanto!-

Grandes lágrimas recorrían su rostro mientras continuaba con un espectáculo y aquellos que no se habían enterado de mi asalto, lo estaban haciendo ahora. De la peor manera de todas y haciendo que el cuchicheo normal y esperado comenzara a surgir.

-¿Quizás su familia estaba en malos negocios?-

-¡Ese auto que su tío tiene no podía venir de la nada!-

-¡Quizás lo andan buscando para desaparecerlo!-

Y más que no quería seguir escuchando. Lizzy, después de tantos intentos de sacarme información se dio por vencida y me tomó del brazo que no lucía tan grueso por el vendaje que llevaba de bajo del uniforme, me condujo hasta el salón como si no pudiera ver y supiera dónde estaba. ¿Qué podía decirle? Siempre había tenido ese capricho de cuidarme, pero realmente no lo esperaba.

Ya había olvidado tantas cosas.

Esperaba que durante el transcurso del día no sucedieran más cosas de las cuales preocuparme. Aparte de una reputación ya bastante discutida entre todos.

Pero al parecer había olvidado algo importante. Muy importante que se me hacía difícil de no haber recordado. Este ser, podía atraer a quien quería a sus garras si así lo deseaba. Con esa boca que podría hipnotizar a la gente con un uso adecuado y que con un simple "Si" el destino de la pobre alma estaba sellada sin más ni más. No había marcha atrás, no podrías escapar hasta cumplir, y el final no era siempre placentero. No era lo que imaginarías.

Más peligroso que Sebastian.

Y que la muerte misma.

Madame Red.

Al llegar al salón, por primera vez en varios años traté de encogerme y desaparecer de su vista, pero por la manera en que había llegado buscando algo desesperadamente con la mirada, supe que no tendría tan suerte. Que no podría escapar. Su mirada se centró en mi después de pocos segundos y corrió hacia mi lugar con genuina preocupación en su rostro.

-¡¿Ciel, estás bien? ¡Apenas me enteré…!- me levantó con un jalón y me dio una vuelta entera. Pasando sus manos por todo mi rostro, cabello y cuerpo en busca de algún agujero que normalmente no debería estar.

-Estoy bien, Madame Red- aseguré por enésima vez –Solo fue un rozón-

¿Por qué nadie creía eso? No tenía idea, pero sin duda ella era lo suficientemente inteligente para darse cuenta de que en ocasiones quizás era demasiada su atención a un alumno en especial.

Con media sonrisa de simpatía suspiró aliviada y volvió a su escritorio.

-Bueno clase… dados los siguientes sucesos, me temo que el viaje de hoy tendrá que ser cancelado- habló.

Una expresión general de ¡¿POR QUÉ? Se hizo presente y sabía que no terminaría bien. No por la manera en que Madame Red me miró después de dar la tan mala noticia. No por la manera en que algunos me miraban, con simpatía o con odio. Ninguno de los dos sentimientos bien recibidos por mí.

Maldición, Sebastian.

Me haría utilizar esa táctica. Ni siquiera recuerdo cuándo la utilicé por última vez. No, si recuerdo. Pero no quería hacerlo porque era tan duro e inhumano que no me atrevía a repasarlo en mi cabeza. ¿Por qué? Porque debía pagar algún pecado de mi lista, de esos de los que no estaba tan orgulloso como de los demás. Porque Sebastian era mi "tío".

-¡Madame Red!- tomé aire y me armé de toda la fuerza que pude. Me levanté de mi lugar y mis manos sudaban sobre la mesa frente a mí. Podía hacerlo, yo podía. Soy Ciel Phantomhive Michaelis, no había nada que no pudiera hacer. -¡Quiero ir! ¡De verdad de verdad quiero ir!- ojos de cachorro –¿Podemos ir?- sonrisa tierna. Golpe final -¿Por favor? - pestañeo.

234 puntos menos en mi personalidad.

La mirada de shock en Madame Red al principio me hizo pensar que no lo había logrado. Que quizás realmente lo había olvidado. Pero solo tomó unos segundos más para que la acción tomara efecto.

Los ojos de nuestra maestra se inundaron en un brillo tierno completamente dirigido a mí. Se sostuvo las mejillas con ambas manos y un brillo rojizo apareció. Estaba viendo a Grell por un momento.

-¡CLARO QUE PODEMOS IR~!- gritó con gran emoción y fue seguida de una ola de vítores y sillas siendo arrastradas.

Todos se levantaron de sus lugares guardando sus libros y útiles en sus mochilas. Preparándose para salir. Me tomó más tiempo de lo necesario comprender lo que había hecho y sin importar cuánto había deseado poco antes que Sebastian estuviera aquí para recibir represalias, ahora sentía un alivio que no podía describir de que el demonio se encontrara lejos, trabajando.

Suspiré aliviado mientras terminada de guardar todo en la mochila, cuando levanté la vista, Madame Red seguía en la misma posición de antes y parecía estar esperándome. Como un cazador a su presa. Pero cuando me acerqué solo sonrió comprensivamente, entendiendo quizás por qué había dicho aquello porque me guiño un ojo.

No pude evitar sonrojarme incluso cuando pasó un brazo sobre mis hombros y juntos salimos del salón.

Hacía tanto tiempo que no sentía esa calidez.


Pensé que el viaje en autobús había sido fastidioso. En serio. Nunca me había sentido tan atrapado en mi vida como ahora, rodeado de personas que tenían la edad que yo aparentaba. Cantando canciones con estrofas y coros que se repetían una y otra y otra y otra vez. A estas alturas, hora y media de viaje, podía presumir que podía cantar al revés eso. Solo si me atrevía a morderme la lengua por tal acción.

Estaba en más de un sentido, fastidiado.

Cuando me escapé del hecho de que Madame Red se sentara conmigo, creí que al menos el trayecto sería tolerable. Que podría sobrevivir hasta que llegáramos a donde sea que fuera el destino sorpresa. Pero no sé en qué desquiciado momento olvidé tomar a Lizzy en mis cálculos. Quizás había estado demasiado ocupado cerrando mi mente a las canciones que no me di cuenta cuando se instaló junto a mí y comenzó a cantar más fuerte que los demás.

Realmente no era una sorpresa.

Pero me había tomado desprevenido.

Afortunadamente llegamos, no quería imaginarme quedarnos sin gasolina a mitad del camino. Pero antes de bajar del autobús con gruesas cortinas en las ventanas, para mayor sorpresa, Madame Red se interpuso en la salida. No parecía entender lo desesperado que estaba por bajar, ahora.

-Bueno mis queridos alumnos, quiero que formen parejas-

Tardó más en decir eso que Lizzy tomarse de mi brazo bueno con un grito alegría pura. Sentí mi tímpano izquierdo explotar pero solo sonreí. Le debía al menos eso.

En pocos minutos más ya todos tenían pareja y entonces se nos fue permitido bajar. Madame Red hablando mientras todos descendían.

-Sé que la idea de ustedes de un viaje ideal es un parque de diversiones o algo parecido…- se llevó una mano a la barbilla –Pero, ¡No tomé en cuenta eso así que aquí estamos!- señaló frente a nosotros con una expresión de: ¡Ta dán! Junto con una gran sonrisa.

Quizás la expresión de todos los demás haya sido una mueca de disgusto o una expresión aburrida y decepcionada. Incluso una de curiosidad por parte de Lizzy. Pero creo que mi expresión era la única que demostraba sorpresa, confusión y algo de aberración a dar un paso más. ¿Por qué de todos los lugares…?

-Les presento, la Antigua casa Phantomhive. Ahora, el Museo de Arte Archer-

¿Mi, vieja mansión?

No tuve presente el momento en que nos acercamos. Tampoco cuando Lizzy tiró de mí hasta la entrada, la cual había sido restaurada con técnicas modernas por el paso de los años. El olor a recuerdos era insoportable, aunque me decía que ya lo había superado.

-¿No es impresionante, Ciel?-

Las cosas actuales desaparecían y eran reemplazadas por mis cosas en su estado original. Mi mente jugaba a cambiar la realidad que me rodeaba y el único guía que tenía era Lizzy.

En el pasado incluso le sugería a Bart, Finny y Maylene el quemarla, hacer con ella lo que quisieran, que no importaba más. Pero verla en este estado tan… brillante, moderno e iluminado era realmente sorpresivo. En el mal sentido. La hubiera quemado yo si hubiese sabido que terminaría, así. Quizás lo podía hacer todavía.

-Niños, no se separan- nos advirtió Madame Red.

Si esto era una reencarnación ¿Tenía recuerdos? ¿Memorias tal vez? O algo parecido a un Deja vú. Tenía que estar familiarizada con este entorno aún cuando no sabía realmente lo que había pasado aquí ¿Cierto?

Y Lizzy…

Mirándola de reojo podía decir que se encontraba deleitada por la luminosidad y cambio de colores en el interior. Siempre en el pasado había intentado darle este tipo de vida, sirvientes incluidos en la decoración. Pero su rostro y expresión eran tan parecidos. El uniforme de la escuela de repente desaparecía y podía verla con uno de sus elegantes y coloridos vestidos.

-¡Ciel! ¿No te gusta?-

-¡Ciel, bailemos!-

-¿Ciel?-

Volví a la realidad por el par de ojos verdes preocupados de Lizzy. Ella estaba mejor sin aquellos recuerdos, sin aquella vida.

-¿Te sientes bien? Podría decirle a Madame Red que…-

-Solo me quedé pensando- respondí con una sonrisa apenada. Ella pareció contenta con eso. No le había mentido del todo, me había perdido en mis pensamientos.

-Muchachos, ¡Niños!- nadie parecía estar prestando atención -¡He conseguido un guía!- nos informó emocionada Madame Red.

Todos siguieron su mano al apuntarnos a tal desafortunado sujeto.

-¡Les presento al Sr. William T. Spears!-

-

¿QUÉ?

Visualicé de pies a cabeza el hombre que nos guiaría. Con el solo el nombre sabía lo que era, pero tenía que asegurarme. Vistiendo de traje oscuro, corbata y lentes, su larga guadaña de la muerte bien cubierta como el aparato que usaría para mostrarnos las exhibiciones sin tener que tocarlas o acercarse demasiado. Cabello oscuro, guantes blancos y cejas delineadas con un par de ojos verdes valorando a nuestro grupo.

Nuestras miradas se encontraron.

Traté de fingir inocencia. No necesitaba problemas ahora mismo, y aquí.

Nos encontrábamos de nuevo, Shinigami William T. Spears

-Buenos días, Alumnos visitantes del colegio Ashford- subió sus lentes empujándolos por el puente de su nariz –Hoy seré su guía dentro de la antigua Mansión Phantomhive…- su mirada buscó una especial reacción en mí –Ahora el Museo Archer de Arte. Como comprenderán dada la delicadeza de las obras aquí contenidas y alto valor histórico de cada una, deberán seguir unas cuantas reglas, Inciso A, párrafo 1…-

¿Por qué un Shinigami trabajaría de Guía en un Museo? ¿Por qué en mi antigua mansión?

Dos Shinigami en un par de días no era una buena señal. Incluso con Grell podía sospechar que algo estaba pasando, pero ahora lo daba por seguro. Aunque quizás podría ser una gran coincidencia, había dejado de creer en eso desde hacía mucho tiempo. Algo iba a pasar… no tengo idea de qué pero lo más seguro apuntaba a la muerte.

-Ahora, entendidas las reglas, si me harían el favor de seguirme-

Me encontré mirando alrededor como si no conociera nada. Como si en realidad yo no conociera esta mansión, porque el paso del tiempo la había tratado de manera infame y había terminado convertida en esto. El lugar más aburrido del mundo. Después de tantas cosas que pasaron entre estas paredes y los secretos que escondía, las puertas de cada habitación habían sido removidas, haciendo que las habitaciones formaran parte de los largos pasillos.

Mi recámara, las recámaras de huéspedes, todas se habían convertido en galerías de arte con cuadros bien protegidos tras gruesas capas de cristal. Incluso mi estudio, el lugar donde tomé serias decisiones, había pasado a ser un pequeño balcón de descanso. Que descaro. Mi estudio no era para descansar.

Nada aquí era como antes. Absolutamente nada.

La mansión Phantomhive desapareció cuando su último dueño la había dejado. Cuando yo me marché.

El sonido de la alarma de un reloj digital me sacó de mis pensamientos. El grupo se había detenido porque el guía estaba consultando su reloj.

Ese hombre no hacía nada que estuviera fuera de regla o tiempo.

-Hmm, mi descanso acaba de empezar- nos informó a todos sin ninguna expresión de gozo o enojo. Solo indiferencia –Como aquí no nos pagan horas extras, recomiendo que vayan a la cafetería que se encuentra al fondo a la derecha de este pasillo, y yo los buscaré en una hora si desean seguir con el tour-

Típico de ese Shinigami.

Madame Red aceptó con mucha facilidad y comenzó a guiarnos con alegría a la cafetería. Al llegar al lugar no creí que fuera mucho más diferente a lo que ya había visto. Una muy degradada mansión. Pero los colores amarillos y rojos, las mesas para dos y cuatro personas que se encontraban esparcidas por todo el lugar… necesitaba el nombre de quien hizo esto. Lo haría pagar.

-¡Ciel, Ciel! ¡Vamos por algo de comer! ¿Quieres Ciel?- No sé por qué Lizzy se molestaba en preguntarme si ya me estaba arrastrando camino a la barra cuando preguntó.

Con una falsa sonrisa asentí. Solo debía terminar el día.

La fila no era tan larga pues solo era el grupo de la escuela quien parecía encontrarse de visita este día, además de unos pocos turistas curiosos. Pero habíamos llegado a lo último.

-¿Por qué no me dices que quieres y yo te lo llevo, Lizzy?- sugerí. Ella me miró curiosamente –Para que busques un lugar donde podamos sentarnos ambos- dejando claro que no quería compartir mesa con nadie más.

Ella sonrió ampliamente antes de decirme todo lo que quería y correr en dirección de una de las pocas mesas dobles desocupadas. Solo podía estar con ella. El yo de antes o el yo de ahora, podía entenderla a la perfección y quizás seguiría sorprendiéndome.

Al fin era mi turno en la fila.

-Quiero dos emparedados, jugo natural de naranja, un vaso de yogurt con granola, fruta fresca y una ensal…-

-¡Malditos mocosos les digo que no tengo dos manos! ¡Argh! ¡¿Cómo demonios le hacen para comer tanto? ¡Y yo no puedo conservar mi figura si tan solo le doy media mordida a una uva!

Oh…

Me giré completamente para ver a la persona que me atendía. Persona… ser, existencia entre ambos sexos. ¿Por qué se daban estas coincidencias?

-¡TÚU~!- me apuntó acusatoriamente con sus largos dedos. Pero no me importó tanto porque me detuve a observar su apariencia.

-¿Realmente no te puedes quedar de un lado, verdad?- pregunté. No estaba seguro de si traía recogido el largo y escandaloso cabello rojo que tenía o si era una peluca, pero debía decir que se veía como un ser normal. O lo que mejor se podría hacer con la apariencia de Grell Sutcliff.

-¡Mocoso impertinente! ¡Mi nuevo look no es tu incumbencia!- hizo varias poses sobre el mostrador. Oh no. Me cubrí ambos ojos con una mano tratando de evitar la vergüenza. No frente a todo el grupo de la escuela.

Pero al parecer todos estaban más interesados en lo que comían que en un hombre sobre la barra de comida haciendo todo tipo de poses que podrían traumarlos de por vida en una futura relación amorosa. Incluso Lizzy miraba por la ventana a su derecha.

-Dame lo que te pedí- musité –Y no intentes nada extraño o te arrepentirás-

No quería que apareciera alguna sorpresa en mi comida. Sabiendo cómo era Grell, sabiendo lo delicada de nuestra relación de co-no-cer-nos. No quería arriesgarme o a Lizzy a alguna tonta escena.

Pero Grell ya habiendo bajado de la barra, se había recargado en ella y había dejado caer su cabeza en la lisa superficie con un exagerado suspiro de cansancio.

-Haz tu comida por ti mismo, pequeño Conde- me respondió –A mi ni siquiera me pagan por esto-

Su propio comentario le devolvió la vida porque se levantó y se cruzó de brazos, quitándose ese estúpido sombrero blanco que tenía en la cabeza y su mandil. ¿Debería aventurarme a saber qué hacía aquí?

Era necesario.

-¿Qué estás haciendo aquí si no te están pagando entonces?- debía empezar tocando el nervio -¿Acaso ya no eres un Shinigami? ¿Por fin les entró el sentido común en la zona Administrativa y te despidieron?-

Me miró mortalmente detrás de esa rojas y puntiagudas gafas. Podía ver una venita saltar de su frente por el comentario que había hecho, pero no importaba. Era entretenido.

-¡Ten cuidado con lo que dices, Phantomhive! ¡Mi Death Scythe está atrás escondida en el congelador y no dudaré en usarla contigo!- pareció pensar lo que había dicho y después de unos segundos sus ojos se iluminaron -¡YA SÉ!- exclamó -¡Eso atraería a Sebas-chan~! ¿No es así?-

Y estaba a punto de perder un tornillo.

-Está trabajando, dudo que venga- regresé con una sonrisa –Y yo solo puedo contra ti, así que no hay necesidad de avergonzarse, ¿Verdad?-

Apretó su puño y mostró sus filosos dientes a pocos centímetros de su rostro, pero terminó volviendo a su lugar con la cabeza entre las manos y un aura miserable rodeándolo.

-Te has salvado esta vez solo porque William me está vigilando- advirtió.

Así que los dos estaban juntos en esto.

-¿Oh? Así que ya te tienen a prueba- continué molestando. Algún día tenía que regresar tantas burlas que me había hecho en el pasado y el otro día. Además, podía cobrar dos por uno –Es una lástima realmente, Sebastian se decepcionaría si dejases de ser un Shiniga-

-¡OHH SEBAS-CHAN~!- gritó emocionado de nuevo, sangre saliendo de su nariz. No imaginaría lo que estaba pensando, ni siquiera debería pensar en ello. -¡No le vayas a dar información equivocada de mí!- me atrajo con un brazo y levantó una mano discretamente hacia mi oído, mirando hacia ambos lados que nadie viniera –Escucha niño, no estoy a prueba ni nada parecido. En la administración me quieren muucho~ y suelen decir que soy un miembro irremplazable del equipo, pero esta vez estoy aquí de encubierto, verás…-

-Grell Sutcliff-

El susurro peligroso a nuestras espaldas lo hizo detenerse en lo que sea que iba a decirme. Rayos. Al mismo tiempo que se enderezaba con una sonrisa nerviosa.

-¡WILL!- celebró inocentemente alzando ambos brazos al techo. -¡Que alegría verte~!-

Pero el otro Shinigami no se tragaría ese cuento. Ni siquiera el más tonto de los Shinigami.

-Grell Sutcliff, debo preguntar ¿Qué estabas haciendo?- se acomodó los lentes de nuevo por el puente de la nariz. Death Scythe peligrosamente en su mano derecha.

Grell se tomó ambas manos al frente y trató de escurrirse de la mirada de su superior.

-¿Trabajando?- sonrió.

William lo miró con la misma indiferencia de siempre, incluso de cuando se paraba en su cabeza que no dudaba que quizás hubiera hecho si el lugar no estuviera tan poblado.

-Desgraciadamente no conoces el significado de esa palabra- suspiró, su vista se centró en mí esta vez -¿Ciel Phantomhive, supongo?-

Su duda estaba confirmada.

-Ha sido algún tiempo- me miró con el usual desprecio con el que solía dirigirse a Sebastian. No había duda que ya sabía. –Hubiera preferido terminar con tu vida con mis propias manos, que desperdicio- arrugó su nariz con el último comentario.

Sonreí inocentemente.

-Sí, una gran desgracia, Shinigamis- estaba a punto de preguntar lo que me había obligado a sostener una tonta conversación con Grell, pero alguien llegó a mi lado y se acercó a la barra.

-Un cono de nieve, por favor, de inmediato-

Un niño de cabello plateado, ojos azules y caro traje gris oscuro se plantó a mi lado. Exigiendo, servicio de aquel Shinigami pelirrojo, quien regresó a la cocina respingando tras una mirada de su superior.

-No se te olviden los dos emparedados, jugo natural de naranja, un vaso de yogurt con granola, fruta fresca y una ensalada- le recordé con media sonrisa de la que Sebastian podría haber estado orgulloso.

El niño a mi lado se estaba impacientando y me lanzaba largas miradas. Traté de ignorarlo.

-¡Maldita cosa, se te escurre todo! ¡¿Por qué los conos no salen hechos? ¡Ugh! ¡WI-LLI-AM! … ¡Oh, ¿Te atreves? ¡Te la verás con mi Dea… No… NO! ¡YAA para! ¡Ah… AH… AHH~!-

¿Seguía peleando solo con la máquina de nieve? No imaginar, no imaginar, no imaginar.

Tras 5 minutos de espera por solo un helado, Grell regresó cubierto de la viscosa sustancia en todo el rostro, ropa y cabello. Con un espiral apenas hecho en el cono, ofreciéndoselo al niño a mi lado.

-Ugh- respondió él sin tomar el helado. Fue divertida ver la expresión increíblemente furiosa de Grell cuando el helado le había costado tanto trabajo a su pequeña mente. Pero con solo un carraspeo de William regresó a la cocina, presumiblemente a asearse.

-Con que aquí está, Bocchan. No se supone que debería comer dulces antes de la comida-

Por primera vez en algunos años, Sebastian logró sorprenderme. Su voz, no la esperaba. Tampoco lo que dijo. Así que me giré lentamente para averiguar qué hacía aquí, pero sorprendido noté que su vista no estaba en mí hasta que quedamos de frente.

Y no estaba sorprendido.

-¿Ciel?- preguntó.

Miré de reojo al niño que había estado pidiendo un helado. Así que en eso es en lo que Sebastian trabajaba.

No eran celos, tampoco falta de atención o algo parecido pero las cosas simplemente no me cuadraban. Algo me decía que esto estaba mal y me encargaría de que Sebastian dejara este trabajo que no sabía de qué iba, de inmediato. No me gustaban este tipo de presentimientos.

-¿Lo conoces?- preguntó el niño a mi lado. ¿Qué si me conocía? Ese maldito demonio tenía un pacto eterno conmigo.

-Hai, Byron-sama. Él es mi sobrino- se detuvo y miró alrededor –Que al parecer vino de visita al museo con el grupo de su escuela-

Como si no lo supiera.

-¡¿Escuché una hermosa voz~?- el grito a mis espaldas me enchinó la piel. Problemas.

Incluso William trató de impedir el suspiro derrotado salir de entre sus labios, pero no pudo. Yo me encontré pasando una mano por mi rostro, ahora sí sería avergonzado frente a todo mi grupo.

-¡SEBAS-CHAAN~!- como reflejo me hice a un lado de la barra justo a tiempo cuando Grell saltó por encima de ella con los brazos extendidos hacia adelante.

Sebastian con toda la gracia del demonio que era solo dio un leve paso calculado de costado y Grell cayó de rostro contra el suelo y ambas manos todavía extendidas. Eso claro no le impidió levantarse, sacudirse el polvo y mirar a Sebastian como solía hacerlo cada vez que sus caminos se cruzaban o su nombre era mencionado.

-¿Lo conoces?- preguntó de nuevo el niño a mi lado. Un niño curioso, debía añadir.

Sebastian posó su vista en él y luego en Grell.

-Para nada- respondió.

-¡Pero Sebas-chaan~!- lloró Grell, antes de que su rostro fuera de nuevo estrellado en el suelo por un pie de Sebastian en la parte trasera de su cabeza.

-Le aseguro, Byron-sama, que yo no suelo frecuentar el tipo de lugares donde hacen estas cosas- se refirió a Grell con total calma como si no estuviera aplastando su cabeza.

El joven a mi lado solo torció el gesto, pensativo.

-¡Pero mi Amorcit~…!-

El pié de Sebastian fue reemplazado por el de William T. Spears quien con toda calma volvió a arreglar sus lentes sobre el puente de su nariz, ignorando el hecho de estar pisoteando a Grell de la misma forma que Sebastian, incluso más hondo en el ya dañado piso.

-Byron-sama, disculpe el atrevimiento de mi subordinado. No volverá a pasar-

Grell se levantó furioso retando con una peligrosa mirada a quien se atreviera a poner otro pié sobre su cabeza. Mmm, mi turno era el que seguía. Se acomodó el cabello que ahora podía ver se había cortado. ¿Quién lo diría? Y sus ojos volvieron a tomar la forma de corazones cuando limpió la sangre entre ambos y divisó a Sebastian.

-¡NO NIEGUES HABERME CONOCIDO!- gritó furioso.

-Lo niego totalmente- contestó tranquilamente mi mayordomo.

-¡Las fotos sensuales…!-

-Yo no era-

-¡Aquellas cartas a tu Julieta!-

-Nunca he tenido Julieta y si la tuviera no sería usted-

-¡Pero la otra noche…KYAA~!-

-Usted debe estar confundiéndome con el Señor- Sebastian señaló cortésmente a William Spears que solo permitió que una de sus cejas saltara de su lugar en completa molestia.

-¡No me cambies de tema!- continuó exclamando el Shinigami, poniendo ambas manos en su cintura -¡Estoy hablando de la noche contigo, no con…!-

¿Qué?

Sentí que mi alrededor se quedó helado ante la última confesión, al mismo tiempo que la Death Scythe de un notablemente molesto William Spears rodeaba el cuello de Grell.

-El horario de descanso ha acabado- siseó. Siendo la salida de ambos.

Aunque no sé si por la forma en que había enfatizado la última palabra, el descanso era solo lo que había acabado. En lo más recóndito de mi ser, muy en el fondo, quizás podría sentir algo de pena por ese Shinigami.

-¡SEBAS-CHAN! ¡Llámame~!-

Quizás no.


Descubrir mi mansión hecha un Museo, había sido una revelación.

Descubrir que Grell no estaba solo en lo que sea que estuviera haciendo, era algo por lo cual interesarse.

Descubrir con quién y de qué trabajaba Sebastian en toda la extensión de la palabra, había sido algo sorprendente.

Pero que ese niño fuera el mismo dueño de las Academias y Museos Archer en el continente y en el planeta, había sido un descubrimiento aún más interesante.

Conocía de las habilidades de Sebastian y que no había nada que no pudiera hacer si el demonio así se lo proponía. Pero entrar tan rápido al servicio personal de alguien tan influyente y hasta cierto punto poderoso, como el único heredero vivo de la Familia Archer, era algo en lo cual debería pensar.

Él no lo veía en lo más mínimo sospechoso, pero yo lo encontraba perturbador. Las cosas no solían ser tan fáciles. Él lo había olvidado pero yo no,sin embargo no me había querido escuchar, cuando le dije que renunciara esta misma noche a su empleo.

Podía encontrar otro, ¿Cuál era el verdadero empeño en conservar este?

-Sebastian, este empleo actual no es de mi agrado. Cualquier otro sería mejor- una sonrisa autosuficiente apareció en su rostro.

-Bocchan ¿Acaso son celos? Yo le he prometido un servicio eterno y estoy marcado con ello ¿Qué más puedo hacer para que vea que no lo dejaré en un futuro cercano o en cualquier futuro?-

No eran celos. No era nada parecido, pero me incomodaba la situación y sabía que traería problemas.

-Es una estupidez, Sebastian. Celos es una emoción que yo no tengo, y que no podría tener ahora, así como ninguna otra- aclaré. Ser un demonio era perder algo más que el alma. Estar pactado con un demonio, era incluso peor. –Sin embargo, debes dejar ese empleo ¿Por qué el empeño de conservarlo?-

Su sonrisa disminuyó un poco.

-¿Por qué el empeño de que lo deje, Bocchan?- respondió. El maldito utilizaba mis propias preguntas contra mí.

-Hay algo malo detrás de todo eso- le advertí. No conseguiría más respuesta de mí, pero algo en lo que dije lo hizo enarcar una ceja entretenido.

-¿Un presentimiento, Bocchan?- se dobló desde su cintura para quedar frente a frente conmigo –Presentir, es un sentimiento humano- aclaró.

No podría decir que no le advertí. Después de eso, yo era llamado por mi grupo para regresar a la escuela y él era llamado por su amo. No estaba contento con la situación, tampoco pasaba por alto que él estaba siendo más insolente que de costumbre y que debía tener un verdadero motivo para no obedecerme.

Claro que nunca le dije que era una orden que dejara ese empleo, pero pretendí dejarlo hasta que se diera cuenta por sí mismo. Así como yo tenía muchas cosas por aprender, él tenía muchas cosas por recordar. Ahora sabríamos las consecuencias, tarde o temprano. La culpa, no sería mía. El desenlace, era lo que temía.

-¡¿Estás prestando atención, Ciel?- ahora mismo, debía olvidarme de eso.

Madame Red encargó una tarea para mañana sobre lo que vimos en el Museo Archer. En equipos de dos. Lizzy de inmediato se había parado a mi lado.

No tuve problema con eso y sugerí hacerlo en nuestra casa. No había necesidad de pedir permiso a mi tutor. Y el chofer de ella había estado más que dispuesto a llevarnos una vez que su madre le había dado permiso. Pasarían a recogerla a las ocho, todavía teníamos 2 horas para seguir trabajando.

-Si escucho, Lizzy- aseguré con media sonrisa, volviendo al escrito.

Conocía mi mansión a la perfección. Solo debía cambiar lo que había dentro de ella.

Pero no era algo que ella entendería, o recordaría. No estaba seguro siquiera de que en su alma hubiera en lo más profundo, recuerdos o sentimientos sobre la vieja mansión o de mí. En la india, se dice algo acerca del Samsara. Sobre que el alma de una persona renace y renace según su vida pasada y si logró el equilibrio en ella. Dependiendo de todo eso. Es el nuevo ser en el que reencarna, yendo desde un animal, a de nuevo un humano.

¿Pero si acaso aplicara eso a la realidad?

¿Qué había llevado a Lizzy a volver a ser casi la misma de antes? Debía haber entonces algo en su vida que no se realizó por completo, algo que todavía debía hacer.

Hipotéticamente.

Yo, finalmente, estoy maldito para toda la eternidad sin la oportunidad de ir a ningún lado.

Aunque, algún día se ajustarían cuentas.

-¿Pusiste algo en la estufa, Ciel?- la voz de Lizzy me devolvió al presente con un entrecejo fruncido. ¿Estufa? –Huele a quemado- insistió.

Me levanté rápidamente de la alfombra, dejando los libros sobre la mesa y yendo hacia la cocina. Ella se levantó inmediatamente tras de mí, yo no recordaba haberme acercado a la estufa. Solo al refrigerador por un par de bocadillos. En efecto, no había nada en la estufa. No había estado prendida y el olor que comenzaba a llegar también a mi nariz, no venía de dentro de esta casa.

¿Dónde?

-¿Ciel?- el llamado temeroso de Lizzy me hizo girar. Miraba con cierto temor a la puerta de la entrada, y mis ojos enfocaron lo mismo que ella.

Humo.

No tardé tanto en cruzar la sala y el recibidor a una velocidad normal, sabía lo que quizás podría haber del otro lado, pero tenía que comprobarlo. Al abrir la puerta, el infierno se había desatado en el edificio.

-¡Fuego!

-¡AYUDA, EL EDIFICIO SE QUEMA!-

-¡Alguien llame a los bomberos!-

Llamas de colores vivos comenzaban a arrasar el techo saliendo de un apartamento hasta el fondo de nuestro pasillo. No el departamento de Grell. Pero no tendría que ver con ese Shinigami todo lo que pasara en el mundo.

El fuego salía salvajemente por la puerta abierta y comenzaba a tomar espacio en el techo de todo el piso sin control alguno, haciendo cables y materiales tronar y quebrarse a su paso.

-¡Lizzy!- no debía pensarlo dos veces.

No podía dañarme a mí. No podría asesinarme al menos.

Pero Lizzy.

Ella estaba todavía aterrada viendo el paisaje desde la cocina, ambas manos frente a su pecho pidiendo por un milagro. Yo no creía en eso. Crucé corriendo de nuevo la sala y la tomé de la mano.

-¡Ciel, ¿A dónde vamos? ¡Es peligroso!- insistió cuando nos acercábamos a la puerta, tratando de soltarse de mi agarre.

Apreté mi mano alrededor de su muñeca y continué. Podía sentir el calor de esas llamas y no tardarían demasiado en consumir todo lo que encontraran.

-¡Es más peligroso quedarnos aquí, Elizabeth!- aseguré mientras salíamos. Las personas corrían de un lado a otro y no tenían compasión por quien se atravesara en camino.

Varias veces nos vimos empujados a los costados del pasillo para dejar a otros pasar. Lamentablemente trataban de usar el elevador como método de salida. Lizzy también intentó ir en esa dirección pero no me atreví a soltarla. Me miró con confusión cuando las puertas se cerraron y no entramos, pero yo sabía lo que pasaría.

Comenzamos a escuchar cables muy tensionados romperse. Latigueando las paredes a sus costados. La aguja que marcaba el piso por fuera del elevador se había detenido en el octavo piso, contando que estábamos en el décimo.

-Ciel, qué…-

Y pasó.

Con un gran estruendo más, los cables de tensión se rompieron o debilitaron por el insistente fuego y la cantidad de personas que iban a bordo sobrepasando el peso del elevador. Al mismo tiempo que la aguja comenzó a descender rápidamente en un elevador sin frenos o sostén, los gritos aterrados de quienes estaban dentro se escucharon.

Solo tomó dos segundos para que el silencio volviera a reinar, después de un golpe estruendoso de la máquina estrellándose en el primer piso. Lizzy se abrazó fuertemente a mi costado, podía haber sido ella. Ese pensamiento pasaba por su cabeza.

-Por aquí- señalé. Las escaleras siempre eran la opción más segura y por fortuna no eran tantas para no aguantar en caso de que lo peor le sucediera al edificio. Además, por lo que tenía entendido, el fuego había comenzado aquí y no abajo, así que era más seguro.

Cuando comenzó a descender el segundo escalón y vio que yo no la seguía, se detuvo completamente aterrada.

-¡CIEL, VEN CONMIGO!- gritó. Apenas la escuchaba por encima del sonido de las llamas.

¿Qué podía decirle? ¿No, porque no me pasará nada? –¿Soy un demonio, no te preocupes?-

-¡Te veré abajo en unos minutos, debo regresar por algo!- insistí. Pero eso no sería lo suficiente, si la conocía, ella se quedaría a no ser de que le diera un mejor motivo. -¡Hay muchas personas en este piso todavía Lizzy, ve y advierte más abajo! ¡Ayuda a los demás!-

El hecho de dejarme no la convencía del todo, pero el pensamiento de poder ayudar a alguien más aún cuando su vida o mi vida corrieran riesgo, no lo pasaría por alto. Se limpió las lágrimas con la manga del saco del uniforme y apareció una mirada de decisión en su rostro.

-¿Me lo prometes?-

-Claro-

Con una última mirada comenzó a correr escaleras abajo.

Quizás podía detener el incendio por mi cuenta, quizás si podría ayudar a alguien. Podía escuchar a Sebas-chan ladrando desde el balcón.

Mi prioridad, fue rápidamente liberarlo y abrirle la puerta, guiando a mi Golden Retriever a la salida, pues sabía que él solo podría llegar hasta un lugar seguro. Encontrarlo después no sería problema.

Y luego comencé a caminar en el pasillo con una tranquilidad increíble para alguien que se supone debería estar aterrado de miedo dentro de un incendio. Me asomaba en cada puerta, esperando signos de vida o alguna señal de que alguien quedaba o me necesitaba. El ambiente comenzaba a calentarse.

Muy a lo lejos podía escuchar una sirena de bomberos.

Como esperaba, el apartamento de Grell se encontraba deshabitado. Al igual que el de muchos otros desafortunados que eligieron tomar el elevador como camino a la salvación. Pero había una cosa que no entendía.

¿Por qué podía sentir todo a mi alrededor tan caliente?

En todos estos años, no recordaba haber sentido un intenso frío o calor como el que sentía ahora.

¿Por qué?

Continué caminando, mis ojos comenzaban a nublarse por el humo.

¿Qué estaba pasando?

Entonces comencé a toser.

¿Acaso yo…?

De repente, ese viejo sentimiento volvió a mí con toda la fuerza de algo que no había pasado en décadas. Miedo. Podía sentir mi cuerpo temblando de repente en miedo. Mi alrededor cerrándose en humo y llamas, mis piernas cediendo ante mi propio peso. Se me hacía difícil respirar.

¿Por qué, por qué? ¡Yo soy un dem-!

-¡AYUDAA! ¡AYUD-!

El grito que se escuchó se calló al mismo tiempo, pero encontré la fuerza de levantarme. Decisión, a salir de esto. ¿Vivo? No lo sabía, no sabía siquiera por qué estaba pasando esto.

La llamada había provenido de una puerta cerrada, al girar la perilla no pude abrirla y dudé un momento en tratar de empujarla.

¿Podría?

Con gran facilidad la puerta voló lejos. ¿Entonces por qué me sentía así? El fuego estaba causando serios efectos en mí, cada vez era más difícil permanecer despierto.

Busqué la persona que había estado gritando, con gran terror y un deja vú la encontré a mis pies.

-¡Okaa-sama!-

-¿Rachel Phantomhive?-

El calor aumentaba de la nada y sentía mi piel arder al mismo tiempo. No encontraba por más tiempo aire del cual respirar, del cual atenerme. Y el cuerpo tendido a mis pies, boca arriba, con su par de ojos azules abiertos y mirándome sin vida.

-¡NOO!-

-¡NO!- podía sentir mi interior transportarse a ese día. ¡Creí que lo había olvidado! ¡Creí que lo había superado!

El olor a carne humana quemándose me hizo levantar la vista desde mi punto en el suelo. Había alguien más ahí adentro.

Pero…

-¡OTOU-SAMA!-

-¿Vincent… Phantomhive?-

Sentado en un sillón. Aparentemente dormido de no ser porque no se movía aún cuando las llamas arrasaban con su ropa y cuerpo, con sus dos ojos sin vida mirando hacia donde su esposa había estado en la puerta.

Mi estómago no lo podía soportar, pero tampoco podía tomar aire fresco y librarme de este sentimiento.

Tampoco tenía la fuerza para hacerlo.

El fuego a mi alrededor acunaba la escena y supe que estaba con mi espalda en el suelo, viendo un techo que amenazaba con caerse en cualquier momento. Estaba perdido.

¿Iba a morir, finalmente?

¿No se suponía que…n…?

Había una sombra en la orilla de mi borrosa visión.

-Sebast…-

Moría.


LO SÉ! Lamento la tardanza pero demasiado Code Geass ocupó cada minuto, de cada hora de cada día libre~ no es que me queje tanto, escribí mucho de Code Geass y lo sigo haciendo. Solo que sabía que no debía dejar a mis lectores esperando tanto *carita inocente* así que traigo este lindo capi que alguien me sugirió que lo hiciera doble dramático, doble malvado y doble kuroshitsuji.

n.n Espero que hayan disfrutado de nuestro shinigami ambos-sexos favorito, el mayordomo que todos quisieran tener y el niño que nadie quiere tener como hermano -lo siento Ciel- la Ova de la Historia de Williiam el Shinigami inspiró el cabello de Grell, n.n pienso que se ve mejor, pero no se preocupen, su cabello largo regresará.

Sin más ni más, me voy~ esperando más de un lindo review ;D Porque así sabré que debo actualizar rápido, kapishi?

any