Notas: Muchas gracias antes que nada a todos los que se han tomado la molestia de dejar sus comentarios, en verdad, me causan algo de risa y muchas muchas ganas por seguir escribiendo!

Estuve sin actividad estos días, por los problemillas que se me habían presentado, de los cuales les comenté no podría subir en un par de semanas, en fin, cuando quise volver a publicar, me quede sin internet xDD Pero estoy de vuelta! A volver a los capitulos semanales! disfruten mucho de éste n.n


Let Me Heal You

4

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Cuando Arthur Ketch se fijaba una meta, hacía hasta lo imposible porque ésta se cumpliera. Cuando a Arthur Ketch algo le gustaba, entonces no paraba hasta conseguir lo que quería. Recuerda cuando vio a los Winchester por primera vez. La adorable Mary Winchester, el par de hermanos que le causaban tanta gracia como fascinación. Como cazadores eran lo que podría admitir como no tan malos, incluso el mayor de los hermanos casi podría ganarse el respeto del británico, pero eran débiles en cierto sentido. No cumplían exactamente con el código de los Hombres de Letras. No terminaban los trabajos y era responsabilidad de Ketch llegar a limpiar el desorden que dejaban atrás.

De lejos los intentó analizar de uno en uno. Samuel Winchester no era tan llamativo para él. Los informes que había leído sobre los cazadores eran una cosa, pero conocerlos en persona era algo completamente diferente. Los describían como una especie de seres que requerían vigilancia o neutralización. Pero a Ketch siempre le gustaba comprobar los datos por su cuenta. Entonces se dio cuenta de que el pequeño Sam a pesar de su tamaño y complexión no tenía nada de sorprendente. Seguía mucho a ese deber estúpido y moralista. Incluso mucho más que el mayor. Dean por su parte, tenía algo que llamaba su atención, la ira en su mirada, el andar cauteloso y a la espera de cualquier potencial peligro. Era un buen cazador, estaba seguro de que podría convertirse en uno excelente. Qué desperdicio que estuviera tan atado a aquellos pensamientos de protección de los inocentes y otras cosas absurdas. Bastaba una mirada para saber que Dean era en varios aspectos como él mismo. Frío, instintivo, cruel. Le agradaba. Lo quería para sí.

Finalmente, la adorable Mary Winchester, recién traída desde el más allá y con renovadas energías para ayudar. Fácil de moldear, especialmente porque se encontraba en un estado de desesperación ideal para reclutarla. No era muy interesante a simple vista, pero fijándose un poco más en ella, encontró a una experimentada y mortal cazadora que además de todo era bastante obediente también, un soldadito perfecto para los Hombres de Letras. No le interesaba ella, quien realmente le llamaba la atención era su hijo mayor, y al momento en que le vio supo que el chico tendría que ser suyo a toda costa.

Cuando la oportunidad se le presentó, fue cuando la redada de vampiros atacó las instalaciones improvisadas. El idiota de Mick no lo vio venir. Si Ketch hubiera estado ahí en ese momento dos cosas seguro habrían pasado, la primera, no habrían tenido tantas bajas en el personal, porque él se habría encargado de aniquilar a todos esos estúpidos vampiros, la segunda, no habría podido experimentar ese poco de diversión que pasó con Dean aquella tarde. Así que en parte agradeció a la estupidez de Davies por haberle enviado a intentar reclutar al mayor de los Winchester. Luego de ese día, tuvo que pasar algunos cuantos días con Mary, entrenándola, ayudándole a mejorar sus habilidades y enseñándole a usar las nuevas armas y tecnologías de las que disponían los letrados. Cada minuto cerca de aquella mujer era un recuerdo constante del chico. Descubrió lo mucho que le había gustado. Le gustaban sus rubios cabellos, bastante más oscuros que los de su madre pero igual de suaves al tacto. Le gustaban esos ojos desafiantes en la mirada de ambos y le embriagaba el recuerdo de saberse vencedor ante el cazador, el recuerdo de la actitud bélica y rebelde que poco a poco se fue aplacando hasta volverse más y más sumisa, y entonces se comenzó a preguntar si sería posible aplacarla aún más. Arthur tan sólo podía pensar en una sola cosa: mío. Dean Winchester tiene que ser sólo mío. De pronto decidió que haría de Dean su proyecto personal. Un pequeño y sano experimento para conocer de cuenta propia los límites a los que el rubio podría llegar. Necesitaba descubrirlo, necesitaba romperlo, despedazarlo en trozos muy pequeños. Tenía que descubrir cuánto podría el rubio cazador aguantar antes de quebrarse ante él, cuánto tendría que soportar para borrar todo rastro de rebeldía en el muchacho, y entonces se decidió a que habían pasado ya suficientes días, tendría que hacerle una pequeña visita a su nueva fuente de entretenimiento.

Entrar a la baticueva no le había resultado mayor dificultad, la tecnología que poseían los hermanos era bastantes años más antigua que la de la división británica.

̶ Hola, Dean. –El rubio se congeló al ver a Ketch sentado en la mesa de la biblioteca, con un vaso de whiskey en la mano y su pedante rostro despreocupado.

Arthur se puso de pie y tan solo para sacar algo de diversión se fue acercando poco a poco con pasos firmes que resonaban por todo el recibidor, se sentía bien ejercer presión sobre el rubio, podía ver el temor en su mirada disfrazado de rebeldía y enfrentamiento. Se sentía poderoso.

Dean ya lo presentía, que ése momento tenía que llegarle tarde o temprano, y muy dentro de él sabía que no habría forma de detener la gran avalancha que se le venía encima. Lo que no sabía es de qué manera afectaría todo aquello en su vida, en su persona, en su relación… con Sam.

Sus piernas no respondían, por varios segundos se sintió inútil e increíblemente torpe, ¿cómo era posible que Dean Winchester se quedase congelado frente al peligro? Porque sí, Ketch es peligro puro, es amenaza, es crueldad, y todo eso se respira en el ambiente desde el momento en el que se percata que el británico está en el mismo lugar, parado ahí sin hacer nada, y no sabe por qué, pero eso le aterra aún más.

Cuando por fin reacciona es porque siente la fría mano ajena envolviendo su mandíbula, los dientes de aquella sonrisa de pronto le parecen más puntiagudos y es entonces cuando comienza a retorcerse de un lado a otro, en vanos intentos por zafarse, como si fuera un pequeño gatito en manos de un niño mimado que no conoce la palabra respeto.

̶ Tómalo con calma, pequeño, quiero que ésta vez nos divirtamos juntos. –El británico se burla tras cada palabra que pronuncia pero Dean solo siente como aquellos dedos se aprietan con más fuerza en su garganta, se sujeta del brazo que le somete pero no puede hacer gran cosa cuando el aire le empieza a faltar y el ardor de las uñas rasgando su cuello comienza a volverse más latente. Un pinchazo en el brazo le indica que Ketch algo le ha inyectado, el líquido entra con dificultad a su sistema pero puede sentirlo bajando por sus venas y todo a su alrededor de pronto se vuelve más y más borroso. El hijo de puta le ha puesto un sedante.

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Cuando Sam entra al búnker y anuncia su llegada a su hermano, espera escuchar pasos y gritos por todo el lugar, quizás un "joder Sam, has tardado una eternidad, ¿Es que estabas jugando al papeleo con Harry Potter?" y luego tal vez le reclamaría porque en las manos lleva una rebanada de pastel y no de pie de manzana o de lo que sea que le guste ahora –a veces siente que los gustos en tartas de su hermano van variando dependiendo la época – pero en lugar de eso el lugar está invadido por un perfecto silencio. Supone que estará durmiendo pero su cama está vacía, tampoco le encuentra en el garaje y es cuando comienza a preocuparse. Quiere creer que el mayor ha ido a un bar, pero el más cercano les queda a 15 minutos en auto y sabe que Dean no conduciría otro auto que no fuese el Impala. Le busca en la cocina, en la mazmorra y hasta en el baño, ¡Vamos! ¡Incluso le busca en las habitaciones llenas de viejos archivos! No hay rastro de su hermano. Marca su teléfono, el timbre suena 4 veces y luego la llamada le desvía al buzón de voz. "Está bien Sam, trata de calmarte, no es la primera vez que Dean desaparece así como así, de seguro está en un bar". Oh Sam, no, tu hermano no está en un bar.

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La cabeza la está punzando, poco a poco va recuperando la conciencia, sabe que está colgando pues sus muñecas le duelen horrores y sus manos se están congelando, apenas puede sentir sus brazos. Ese hijo de puta de Ketch le ha drogado y le ha atado de brazos en algún perdido lugar de quien sabe donde. Ahora, algo más despierto pero aun con la cabeza dándole vueltas puede sentir el frío directo sobre su pecho, está desnudo de la cintura para arriba y tampoco lleva puestas sus botas de cazador.

̶ Veo que has despertado, pequeño. –Ahí esta de nuevo esa maldita palabra. Arthur le llama así como si fuera alguna especie de mote cariñoso.

̶ ¿Dónde estamos? –Le cuesta un poco pero por fin logra enfocar su mirada, la luz que entra no es demasiada, pero están en una especie de cabaña vieja y polvorienta por lo que logra distinguir debe estar anocheciendo justo ahora.

̶ Es un nido de vampiros. Está abandonado, no te preocupes. Y esas preciosuras ya estaban cuando llegué. –Le habla como si estuviera idiota. Y las preciosuras a las que se refiere son los oxidados grilletes que le cortan algo la circulación de las muñecas.

Ketch está sentado en una triste mesa de madera que rechina tras cada movimiento del sujeto, sostiene un cuchillo de caza entre las manos y le da vuelta con los dedos en cada extremo, tan solo jugueteando con el objeto. Dean intenta recuperar la compostura, sus frases sarcásticas y su humor le hacen sentir que puede controlar aunque sea un poco aquella situación.

̶ ¿Vas a matarme? Te aviso que eso está un poco pasado de moda.

̶ No es mi estilo seguir tendencias, pero quizá en un rato me supliques que lo haga.

A Dean le recorre un escalofrío por toda la espalda. El arma de Ketch no le da miedo, es la manera en la que la coloca en su pecho y la desliza sin lastimarle realmente hasta que llega al borde de sus pantalones lo que le asusta y le causa un estremecimiento en el interior del estómago, uno muy malo. Con tan solo hacer eso el británico ha logrado que Dean baje la cabeza y tal vez es su imaginación pero parece que está temblando un poco.

̶ ¿Qué es lo que quieres? ¿No puedes dejarme tranquilo?

̶ Oh, pequeño, ¿es que a caso no nos divertimos la última vez? Es a ti lo que quiero. He decidido que me perteneces, Dean. –El hablar es pausado como si llevara rato tratando de escoger las palabras adecuadas. –O al menos, lo serás cuando termine contigo.

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¡Es increíble que siga sin cogerle el teléfono! Por el tipo de trabajo que llevan Dean debería de tener un poco de consideración con él y no dejarle preocupado tantas horas, teniéndole la tarde entera marcando su número para discutir luego con el inútil contestador y una mierda.

Está bien que al inicio estaba preocupado por el mayor, pero eso había sido antes de encontrar una botella de whiskey a la mitad y el vaso abandonado en la mesa de la biblioteca. De seguro al mayor le había parecido que no era suficiente beberse todo ese alcohol y estar solo al mismo tiempo. Su hermano vaya que puede ser idiota pero no tan irresponsable como para conducir a su nena estando tan ebrio, a esa hora ya debería de estar en algún hotel con una de esas rubias camareras de pechos gigantes, porque estaba bien que ellos tenían una relación ahora pero en ningún momento habían dejado de interesarles las mujeres, especialmente a Dean. Estúpido, estúpido Dean. Es como un acuerdo silencioso que tienen ambos "yo te jodo, tu me jodes, pero ambos nos jodemos a quien queramos porque a pesar de todo, seguimos siendo hermanos" y en realidad, por él está bien. Les funciona, entonces no le ve ningún problema.

Pero ya vería cuando estuviera de vuelta, estaba cansándose de que el mayor se la viviera tentando su paciencia, lo peor era el hecho de saber que Dean estaba revolcándose con una camarera, o con cualquier tipo de chica, parecía últimamente preferir acostarse con media Kansas antes que dejarse tocar por él. Eso era lo que estaba mal y con lo que Sam sí tenía un problema. Se estaba hartando y eso no iba a quedarse en tan solo una simple discusión, sabía que algo tenía que hacer para que el enano pecoso le tomara en serio. En algo tenía que pensar.

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Los cortes de su pecho no paraban de sangrar aunque ya no escurría tanta sangre como en un principio, los de sus muslos al contrario, seguían emanando finos caminos de carmín que le ardían con el aire frío que soplaba sobre él. Ketch, frente a él tenía el rostro oculto en su cuello y se dedicaba a chupar con devoción.

̶ Ya para, basta. –No sabía cuantas veces ya había pedido se detuviera, el británico no escuchaba.

̶ ¿No recuerdas lo que dije, Dean? Ésta vez quiero que ambos nos divirtamos, te voy a hacer disfrutar, pequeño. –Depositó un corto beso en la mejilla del cazador y pasó con delicadeza el filo de la navaja sobre la suave ingle del muchacho. Se sentía orgulloso de sí mismo al sentir al Winchester temblando bajo él.

Soltó por fin el cuchillo, dejándolo sobre la mesa para luego acercarse de nuevo al cuerpo del rubio y comenzar a masturbarle con tortuosa lentitud. El cuerpo entero de Dean temblaba, los cortes le habían sensibilizado y ahora aunque pensaba que sería algo imposible, su propio sexo comenzaba a despertar de a poco con aquella caricia. Eso estaba mal, muy mal. No era una sensación agradable, ni siquiera estaba seguro por que le pasaba eso. No podía disfrutar aquello pero era como si su amiguito tuviera vida propia. Se sintió sucio, asqueado y enojado consigo mismo, no podía controlarlo y sin embargo ahí estaba, luchando por contener los quejidos que querían salir de sus labios. Era una situación en la que nunca jamás se había visto, las emociones le abrumaban y entonces las primeras lágrimas de toda la noche comenzaron a resbalar por sus mejillas. Arthur las lamió.

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Se movía de un lado a otro como león enjaulado, un muy grande león enjaulado. Era ya muy entrada la noche y el imbécil de Dean ni un mensaje si quiera le había mandado. Se suponía que cuando Sam estuviera de regreso hablarían de algo que al mayor le aquejaba, al momento se preocupo, luego se tranquilizo porque proviniendo de Dean cualquier cosa podía ser, no necesariamente mala, ¿cierto? Pues bien, ahora ya no sabía que pensar. ¿Quién en su sano juicio te dice que necesita hablar de algo serio contigo y luego se desaparece por horas?

Sam decidió que era suficiente. Cogió las llaves del Impala y salió disparado, dispuesto a ir a los bares que había cerca del búnker para ver si por casualidad podía dar con su hermano.

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̶ No deberías tener todo el tiempo esa cara. Podrías sonreír un poco de vez en cuando, ¿puedes?

̶ Vete al infierno… –Habían pasado ya varias horas, el rostro de Dean era un poema para el británico, con los ojos fuertemente apretados y las mejillas rojas de tanto llorar, le sorprendía en realidad que aún continuara con aquella actitud desafiante que poco le servía pues Ketch sabía perfectamente lo mucho que a Dean le estaba doliendo todo aquello, tanto física como emocionalmente.

Le tenía sentado en el suelo recargado en la áspera pared de madera de la cabaña, hacía mucho rato le había cambiado los grilletes de las muñecas por un collar de hierro con el que contenían la magia de las brujas que improvisadamente había logrado ajustar a la pared. Sus tostadas piernas abiertas de par en par y jugueteaba en su interior con un trozo de madera de un ancho apropiado que había encontrado por ahí. El cazador temblaba, soportando el dolor en su entrada, rogando mentalmente que pronto todo terminara.

̶ ¿Sabes, pequeño? Puedo ser amable también. Puedo hacer que deje de doler tanto, si me das lo que quiero.

Dean calló por unos segundos, los mismos en los que la muñeca del británico había dejado de moverse, otorgándole un momento de descanso a su lastimada entrada.

̶ ¿Qué es lo que quieres? –le respondió en voz baja, controlando tanto como podía su dificultosa respiración.

̶ Tan solo que seas amable conmigo también. No te niegues Dean, se mío, solo haz lo que te pida.

̶ ¿Por qué no te mueres, mejor? ¡AH! –El grito potente salió lastimando su garganta. Se tuvo que morder los labios, aquel maldito enfermo con un giro de muñeca logró introducirle de golpe aquel pedazo de madera tan profundo que pudo sentir claramente la zona en su interior que había sido desgarrada. Con los puños cerrados, totalmente tenso nuevas lágrimas de dolor escurrían por sus mejillas, humedeciendo un camino que ya se había marcado en su rostro luego de tanto tiempo ahí.

̶ Deja de resistirte, pequeño.

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Sam volvió rendido y avergonzado al búnker, se tumbó de cara sobre su cama y hundió el rostro en la almohada. Habían 3 bares cerca de su ubicación, en los primeros dos no pudo encontrar nada, en el tercero en cambio, hablando con la camarera en turno, ella le había dado la dirección de su compañera, que se había retirado temprano con un muchacho que cumplía bastante con la descripción que el menor le había dado de su hermano. Al llegar al lugar y luego de un largo vistazo a la casa de un solo piso pudo dar con la ventana de la habitación de la mujer. Tuvo que salir corriendo de ahí cuando la muchacha en gritos de furia le llamaba pervertido de tantas maneras que el no había sido capaz de imaginar que existieran antes. El sujeto que estaba con ella ciertamente era muy parecido a Dean, pero obviamente no se trataba de su hermano.

Dio un largo suspiro, decidiendo que estaba demasiado agotado para lidiar con las estupideces del mayor, se envolvió en las sábanas e intento dormir, buscando la forma de ignorar la creciente sensación de que algo malo estaba ocurriendo con Dean.

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Arthur Ketch es un hombre bastante ingenioso cuando se trata de infringir dolor en los demás. Luego de tantas horas, podía notar como la sangre seca de las viejas heridas de Dean le comenzaban a escocer. Las nuevas heridas emanaban finos hilos de sangre que él se encargaba de lamer, consiente de que aquello provocaría ardor en el cazador.

Dean mantenía los ojos cerrados todo el tiempo, jura que había resistido tanto como había podido, pero su mente estaba muy cansada ya de resistir, solo quería terminar con ello, necesitaba descansar, necesitaba olvidar lo que estaba sucediendo. Agachó la cabeza en un último signo de rendición y con la voz quebrada dejó salir las palabras que más le avergonzarían en mucho tiempo.

̶ Está bien…

La sonrisa de Ketch se ensanchó cual gato de Alicia. No podía creer que lo había conseguido, había domado por fin a Dean Winchester. Sacó con cuidado el tubito de metal que había reemplazado al trozo de madera del interior de Dean y le atrajo hacia sí, sintiendo el cuerpo del cazador tan relajado, tan solo dejándose hacer y se llenó de orgullo. Depositó un suave beso sobre su frente. –Ya no va a dolerte, pequeño, lo prometo.

Con esas palabras Dean se dejó caer sobre el pecho de Arthur, las lágrimas no dejaban de caer por su rostro, pero eran las últimas que saldrían esa noche. Mañana y hasta varios días después se descubriría no pudiendo pararlas más, pero por ahora tenía un descanso que pensó necesitado.

La rugosa mano de Arthur acariciaba despacio el pecho del rubio, se paseaba tan lento, acariciando con las yemas cada músculo y poniendo especial atención sobre los pequeños pezones, de ahí fue bajando por el ombligo y bajando más hasta llegar al miembro que respondía bien aquellos estímulos. Comenzó a masturbarle con la lentitud y suavidad con que se toca una rosa, luego acelerando de poco en poco, embriagándose con los jadeos que el cazador soltaba sumisamente. La desnuda cadera de Dean empujaba de tanto en tanto contra aquella mano invasora, buscando la necesitada fricción. Buscando un poco de placer luego de tanto sufrimiento. Su estómago se revolvía, con ganas de vomitar por aquello, pero su miembro cada vez mas duro exigía más y más atención. Arthur se la daba. Aceleraba el ritmo de su muñeca y le besaba casi con cariño. Dean se dejó caer, se dejó vencer, no podía hacer nada más. Ahora estaba ahí, con el abdomen y los muslos manchados de blanco y de carmín, de sangre y su propia esencia y la mente revuelta entre el dolor, el asco y el odio que se tenía ahora a sí mismo.


Nota final: Debo decir que éste capítulo fue especialmente dificil de escribir, tengo que aclarar que en verdad sufro por Dean, por lo general no me gustan las historias con violaciones pero pues era necesario que fuera así para los futuros capítulos. Espero no me linchen, y espero sus comentarios también. En fin, sin más que agregar, próximo capítulo la siguiente semana. (Volvemos a los capítulos semanales, yay)