Solos

Aun a pesar de ser un adulto, la biblioteca seguía sin gustarle. Sin embargo, estaba tan desesperado por respuestas que ahí estaba, lleno de libros que hablaban sobre familias mágicas, genealogías antiguas y teorías acerca de importancia de la pureza de la sangre. Hubiera preferido mil veces infiltrarse en los archivos secretos del Ministerio pero era difícil hacerlo sin llamar la atención así que tenía que conformarse con viejos y gruesos ejemplares de la Biblioteca Mágica de Hogsmeade que almacenaban siglos y siglos de historia mágica. Siglos de datos que jamás hubiera creído que leería en toda su vida sin que Hermione tuviera que obligarle.

-¿Esta usted bien?-escucho que le decía una bruja joven al pasar junto a él y verlo de pie mirando al vacio.

-Sí, gracias-contestó Harry tratando de no mirarla directamente para no dejar al descubierto su cicatriz. La bruja le sonrió y tomo un libro que estaba cerca, Harry la vio irse con alivio, tomo uno de los libros más gruesos que estaban enfrente de él y se dirigió a su mesa. Al caminar se coloco mejor el sombrero extraño que ocultaba su cicatriz y se miro de reojo en uno de los cristales de los estantes para asegurarse que su color de cabello siguiera siendo más claro de lo habitual y sus ojos verdes, al contrario, parecieran más oscuros que de costumbre.

Al ver su reflejo y darse cuenta de parecía estar todo en orden sonrió dándose cuenta de lo útil que le estaban resultando sus estudios de Auror últimamente.

-Quizás hasta mejore la nota en Ocultación y Disfraces-pensó sentándose con pesadez sobre la fría madera y empezando a leer.

Llevaba un par de días con la misma rutina desde su visita a Hermione: escaparse de la Academia o de donde quiera que tuviera que ir para ir a la Biblioteca. Ron lo ayudaba mucho, confiando en que iría a dormir tal como prometía.

-¿Seguro que no te ha mordido un vampiro últimamente?-recordó que su amigo le había dicho- solo puedes dormir en las mañanas. Deberías ir a San Mungo.

-Se me pasara-había contestado él tratando de evitar su mirada escrutadora-solo necesito descansar…

-Ginny me matara si se entera de que…

-Ginny no puede saberlo-había respondido él desafiante-ni Hermione. Recuerda que quedamos en eso.

-Lo sabrán ellas y el resto de la familia si sigues así-Ron le había contestado enojado-se los diré si no mejoras. Y después te golpeare si es necesario para llevarte a San Mungo si no es que te desmayas primero en uno de los entrenamientos.

Harry no había contestado y se había ido a la casa de ambos consciente de que Ron, como buen amigo y estudiante de Auror, no tardaría en descubrirlo.

Le había tomado menos de 5 minutos disfrazarse y aparecerse en Hogsmeade, enfrente del viejo edificio que albergaba la Biblioteca y al que jamás le había puesto demasiada atención. Ahí se había puesto, como siempre, el viejo sombrero que ayudaba a ocultarle la cicatriz, la seña prácticamente imposible de quitar de su cara que lo hacia fácilmente reconocible en un pueblo lleno de magos. No podía recurrir a la poción multijugos porque, dado que él se consideraba aún muy torpe para esas cosas, eso significaba recurrir a Hermione y esa era una opción no valida; se había resignado, por lo tanto, a usar lo aprendido en la Academia para cambiar un poco su apariencia y evitar que lo molestaran.

Las pesadillas seguían acosándolo de manera constante y, desde la de Fred, la intensidad subía a niveles que habían provocado que tuviera que poner un hechizo silenciador en su propia habitación para evitar despertar a Ron. Dormía a medias, cuando dormía y apenas lo suficiente para poder soportar sus obligaciones diarias en la Academia y sus horas interminables de lectura.

-¿Seguro que estás bien?-le había dicho Ginny en una de las tantas cenas en la Madriguera que había sido precedida por toda tarde de libros llenos de polvo, observando sus ojeras con preocupación y acariciándole el rostro.

-Lo estoy-había contestado Harry pero a partir de ahí había tenido que recurrir a una poción que había encontrado también en Hogsmeade. Al ponérsela en las mañanas no podía dejar de pensar que Ron se reiría de él si lo supiera porque era un producto que generalmente usaban las brujas como una especie de maquillaje para ocultar las ojeras.

-Tengo que ir a un Torneo en Birmania y no me gustaría dejarte si estas enfermo.

-No estoy enfermo, divierte-había mentido él abrazándola cariñosamente-la Academia ha estado más dura que de costumbre. Solo es eso.

-¿Seguro?

-Sí, no te preocupes tanto por mí.

-No puedo evitarlo-había dicho ella antes de besarlo. Al día siguiente Harry había tomado un par de sus horas de lectura para ir a despedirla en uno de los Centros de Trasladores Internacionales de Inglaterra sintiéndose peor de lo que se había sentido en meses.

La poción en contra de las ojeras conseguía resultados a medias que permitían que su cara no reflejara todo el cansancio que realmente sentía pero a pesar de eso, Ron no dejaba de acosarlo con preguntas. Harry estaba seguro de que ya hubiera averiguado que pasaba si no hubiera sido porque en su lista de prioridades, ocupaba un escalón más debajo de la otra persona que también estaba actuando extraño:

-Tampoco vendrá hoy Mamá-había comentado con tristeza su amigo el día anterior mientras se sentaba a su lado en la cocina de la Madriguera- la he ido a buscar al Ministerio y no ha querido verme. Su asistente dice que tiene mucho trabajo y que Hermione le pidió que me dijera que tratara de desocuparse esta semana.

-Seguramente trata de avanzar lo más que puede antes de la boda de Harry y Ginny-había contestado la madre de Ron, acercándose a su hijo y poniéndole una buena porción de comida para animarlo-No tiene nada de malo, es una chica dedicada y responsable.

-Pero hace días que no la veo-había contestado Ron y para su sorpresa, Harry había visto que su amigo jugaba con la comida deprimido en lugar de abalanzarse sobre ella como era su costumbre. Harry estaba tan ensimismado en sus propios problemas y sintiéndose tan cansado que solo había atinado a colocar una mano en el hombro de su amigo y susurrar unas torpes palabras de aliento.

La cena había pasado sin mayores sobresaltos pero al llegar a casa Ron lo había detenido para desahogarse. Harry se sentía tan cansado y distraído que solo había puesto atención a su última pregunta:

-¿Crees que… le haya molestado?

Harry sin tener idea de a que se refería su mejor amigo, lo había visto un segundo antes de contestarle:

- Hermione solo tiene demasiado trabajo y eso es todo Ron, no te hagas ideas raras.

Ron había asentido no muy convencido antes de irse a dormir. Harry se había prometido a sí mismo disculparse en la mañana con él por su brusquedad pero lo había olvidado. En lo único en lo que podía pensar en esos momentos era en que necesitaba refutar las estúpidas ideas de la tía Muriel antes de su fiesta de compromiso formal con Ginny.

Lamentablemente, la información que había conseguido en Biblioteca de Hogsmeade no le había ayudado a calmarse en absoluto, de hecho sospechaba que lo que descubría tenia que ver con la intensidad de sus pesadillas. No sabia como pero a pesar de su cansancio, había encontrado suficientes libros del tema, casi enfrente de él esperando que los tomara y leyera. En ellos había constatado, aunque eran muy pocos, que los Weasley eran sangre pura y descendientes de un linaje más antiguo del que hubiera podido imaginarse. Un linaje que como bien le había explicado la Tía Muriel y su extraña banda de locos, estaba al borde de desaparecer completamente. El corazón le había dado un vuelco cuando había leído que su padre también pertenecía a aquel mismo linaje pero había acabado con la parte concerniente a los Potter cuando se había casado con una hija de mugles; su madre. Los Black también aparecían en varias ocasiones, de los últimos Harry conocía a la mayoría: Sirius, Regulus, Narcisa, Bellatrix, Andromeda… y no tenia que leer para saber lo que había pasado con cada uno de ellos. Los hermanos de la Sra. Weasley también se mencionaban un par de veces y los Malfoy, al igual que muchos otros que conocía, aparecían hasta donde se constataban los datos más recientes que aclaraban que su sangre no era considerada digna porque se habían encargado de ensuciarla convirtiéndose en criminales.

-"Los asesinos mancillan su alma, los ladrones sus manos, los mentirosos sus corazones-había leído Harry en uno que no atacaba a nadie pero tampoco defendía nada- y ninguno de estos es sangre pura porque la magia reconoce quien la merece".

Harry había encontrado teorías que, si no conociera la existencia de Horcruxes, le hubieran parecido demasiado tan disparadas que hubiera apostado que un novelista muggle las había inventado. Algunas hablaban de una voluntad de la magia mayor a la conocida que explicaban que tendía a ser más poderosa en magos de sangre pura por la razón de que confiaba más en que los descendientes de las antiguas familias pudieran apreciarla; en esta misma línea que podía castigar a los que no lo hacían; por eso nacían squibs en familias de magos que no merecían más que su descendencia contara con la magia. Harry se imagino al leer eso que el primer hijo de Draco acabaría siendo peor de lo que Azkaban hubiera significado para toda la familia y no pudo evitar reír: le parecía demasiado ridícula la idea.

Si las teorías lo hacían dudar de la veracidad del problema, las cifras sobre nacimientos de magos lo hacían reconsiderar su risa y eran una gran parte de la causa por la que volvía siempre. Los números constataban que cada año menos magos nacían y la cifra disminuía en millones, en cientos de miles tan solo en Gran Bretaña. La mayoría de los autores o teóricos terminaba diciendo que era una situación alarmante y que debía hacerse algo al respecto cuanto antes. Aunque había intentado buscar algunos que refutaran esas locas ideas, no había encontrado ninguno y eso lo hacia sentirse descorazonado; tanto que a veces sospechaba que su reciente falta de fuerzas se debía más a tristeza que a no dormir.

-Intentaré descansar un poco hoy-se dijo a sí mismo al sentirse tan agotado la más reciente tarde que pasaba ahí.

Se levanto con desgana y miro por la ventana más próxima el sol que amenazaba con ocultarse. Se le había hecho más tarde que de costumbre debido a que las cenas en la Madriguera se habían cancelado los últimos días. Hermione estaba más atareada que nunca, Ron seguía demasiado preocupado por ella, él no sentía deseos de ir sin su novia y sus amigos y como Ginny seguía en Birmania…

Su mano se fue inconscientemente a su bolsillo para buscar la pequeña snicht que Ginny le había regalado hacia un par de años. Había tomado la costumbre de llevarla siempre consigo, especialmente cuando su novia salía de viaje y tenía un significado especial porque la pelirroja se la había regalado en conmemoración del primer partido que había ganado su equipo:

-Te dedico a ti la victoria-le había dicho en los vestidores cuando él fue por ella-por eso tu debes conservarla.

La sonrisa que había puesto involuntariamente en su rostro al visualizar ese recuerdo desapareció cuando se dio cuenta de que la snicht no estaba en su bolsillo ni en la mesa.

-No puedo perderla-murmuro desesperado mientras la buscaba -no puedo perderla-repitió y ni el supo si lo decía por la snicht o por Ginny.

La búsqueda se prolongo más de lo que hubiera creído. El sonido de unos pasos lo hizo darse cuenta de que anochecía y que la bibliotecaria, él y el recién llegado eran los únicos que seguían en la sala, la primera bastante alejada en su escritorio al fondo.

Como estaba debajo de la mesa aún buscando el regalo de Ginny, pudo notar que el recién llegado no era él sino "ella" y al estar solo dos mesas alejado, no tuvo problema en reconocer ese calzado tan propio que varias veces había visto en su propia casa:

-¿Hermione?-

Su amiga se levanto y le apunto con la varita antes de darse cuenta de quien era, pareció a punto de gritar pero Harry vio como se contenía seguramente al recordar que estaban en una biblioteca, en un detalle muy propio de ella.

Harry se levanto sintiéndose como un criminal; no pudo evitar alzar las manos y sonreír un poco avergonzado por haber estado debajo de la mesa.

-¿Harry?-dijo Hermione, bajando la varita y sonrojándose un poco mientras lo miraba reconociéndolo-¿Qué… ¿Qué haces aquí?

-Lo mismo iba a preguntarte-dijo Harry, intentando evadir la respuesta- estaba debajo de la mesa buscando la snicht que me regalo Ginny ¿recuerdas?

-Recuerdo-contesto la chica pero lo miro frunciendo el gesto- pero también recuerdo que odias las bibliotecas así que no me explico como pudiste perderla en una.

Harry estaba a punto de contestar cuando la mirada de Hermione se clavo en los libros que tenía cerca. Todos estaban abiertos, lo que imposibilitaba que pudiera leer el título:

-¿Qué estas haciendo?-dijo curiosa y mirando de nuevo a Harry como lo hacia cuando eran niños- ¿Por qué te disfrazaste?

-Tengo que investigar un par de cosas para la Academia-contestó Harry enseguida sintiéndose descubierto; de nuevo su cerebro empezó a trabajar más rápido de lo que había planeado y acabo intentando desviar el tema- Altere un poco mi apariencia para evitar que me molestaran ¿y tú?

Hermione lo miro muy seria, sonrojándose un poco nuevamente pero dijo convencida:

-Investigo antecedentes que me permitan adelantar la ley sobre los derechos laborales de las criaturas mágicas desprotegidas, necesito bastante historia acerca de ello así que estoy buscando en todos los lugares que puedo.

-Ya-dijo Harry sin poner verdadera atención por el temor de que su amiga se acercara y viera el contenido de los libros que leía hasta hace unos minutos- ¿quieres que te ayude?

-No, no…-contesto la chica nerviosa, recogiendo varios pergaminos que llevaba consigo-acabo de recordar que tengo que ver a Ron dentro de unos minutos así que tengo que irme…

Harry no pudo evitar sentirse aliviado, volteó a ver los libros cerca de él nervioso y asintió rápidamente:

-De acuerdo

Hermione solo atino a sonreír con timidez. Cruzo rápidamente la Biblioteca y Harry la vio desaparecer apenas hubo puesto un pie fuera de la sala. Aún estaba pensando en lo extraño del asunto cuando una mano le toco el hombro y giro asustado para encontrarse con la anciana bibliotecaria:

-Disculpe-le dijo la mujer amablemente-ya vamos a cerrar

Harry se quedo mirando a la bruja enfrente de él. Aunque llevaba días conociéndola siempre le sorprendía. Parecía ser la persona en la que se habían basado para crear la imagen de las brujas malas de los cuentos. Tenía una verruga y parecía muy vieja; Harry pensó en lo ofendida que se sentiría la señora Pince al ver que tenía esa clase de colegas.

-¿Qué?-dijo recordando que no había encontrado su snicht- ¿no puede esperar un poco más?

-No lo siento-contesto la bruja- no se preocupe yo pondré en su lugar los libros que tomó, solo llévese su pergamino..

-De acuerdo-contesto Harry aún pensando en su snicht. Su cerebro tardo en reaccionar y cuando lo hizo miro a la anciana - ¿Disculpe? ¿Mi qué?

-Su pergamino-contesto la bruja y señalo enseguida uno que se encontraba un poco más lejos de donde estaban, en el mismo lugar donde Hermione se había sentado.

Se dirigió enseguida a recogerlo y cuando lo hizo se quedo sorprendido al notar lo que era. Tenía en sus manos uno de los documentos confidenciales del Ministerio, uno de aquellos que había deseado tanto leer. Al desenrollarlo, pudo leer claramente y a primera vista la palabra Weasley.


Hermione se apareció en la Biblioteca media hora después y la encontró cerrada. Enojada consigo misma por su descuido se sintió más preocupada de lo que había estado en meses, incluso contando los últimos días: no sabia que era peor que el pergamino se hubiera quedado en el suelo de la Biblioteca listo para ser pisado por los visitantes o que lo hubiera dejado en la mesa donde apenas y pudo ponerlos un minuto. Estaba segura de que en ambas posibilidades era casi seguro que Harry lo había encontrado y la perspectiva de ser descubierta la apanicaba.

-Seguramente se lo dirá a Ron-pensó observando el lugar completamente oscuro e imaginándose la reacción de su novio cuando descubriera la verdadera razón por la que lo evitaba los últimos días.

Al visualizar el rostro de su novio recordó que tenía cita con él y miro su reloj para descubrir avergonzada que ya iba bastante retrasada para verlo.

-Es la primera vez que lo veo en muchos días-recordó y la imagen de Ron abrazándola la tentó tanto que una voz en su cabeza le sugirió abandonar el pergamino y buscarlo en la mañana.

Una sonrisa se dibujo en su rostro al imaginarse que diría Ron si supiera que abandonaba un importante documento para verlo. Ron no le tenía aprecio a ninguna de esas cosas y le encantaría seguramente el detalle. Pudo casi imaginarse sus ojos azules brillando de vanidad y sentir el beso que obviamente le seguiría como recompensa. La propuesta de matrimonio indirecta que el pelirrojo le hiciera hacía un par de días llego más nítida que nunca.

-Tengo que aclararle que no es por eso que lo evito-dijo dándose cuenta de lo mal que Ron podía interpretar las cosas y se sintió mas culpable que nunca por tratarlo de esa manera.

Después de todo, Ron no tenía la culpa de las pesadillas que tenía últimamente ni de las horribles cosas que sus familiares le habían dicho a ella y a Harry. Sintiéndose mal consigo misma saco con dificultad una foto de su cartera donde ella y Ron aparecían juntos; los dos estaban abrazados sonriendo hacia la cámara y se daban un pequeño beso por insistencia de Ginny que aparecía por unos segundos para empujarlos.

-Si quiero casarme contigo-susurro al Ron de la foto-pero tengo que averiguar antes si no te hago daño al aceptar.

Un par de lágrimas escaparon involuntariamente de sus ojos y ella contuvo las restantes para no dañar la fotografía que tenía en la mano. Recordó enseguida el pergamino y diciéndose a si misma que tenía que llevarlo con el resto volvió a enfocar su mirada en la gran Biblioteca oscura que estaba ante ella. Solo tenía que buscarlo y con un movimiento de su varita podría enviarlo con los demás a la seguridad de su casa, antes de aparecerse en la misma y ver a Ron que seguramente la estaría esperando afuera o sentado en la sala.

Hecho un ultimo vistazo a la foto y sonrió pensando en que pronto vería a Ron para explicarle lo feliz que la había hecho que dijera que lo que le había dicho en su oficina hacia días. Cerró los ojos al recordar las torpes palabras de su novio y como ella había ensayado contestarle y pudo imaginar que él sonreía entendiendo que eso era un "si".

Pero el Ron que veía con los ojos cerrados interrumpió su divagación. De pronto, a pesar de no estar dormida, pudo ver la misma imagen que la atormentaba desde hace noches:

-Malentendiste mis palabras-decía él-jamás quise decir eso. Yo no quiero casarme, al menos no con una sangre sucia como tú. Soy un héroe, un Auror, un empresario, un sangre limpia ¿Qué no lo ves? Solo me estorbas…

Hermione abrió los ojos antes de gritar y guardo la fotografía que aún seguía en su mano. Recordando que no solo no podía dormir sino que ya tampoco era seguro para ella cerrar los ojos, se dispuso a entrar a la Biblioteca. Avanzo hacia la entrada y se dio cuenta de que seguía tan oscuro como se notaba desde lejos pero había una pequeña diferencia:

La puerta estaba abierta.


Ron estaba sentado en las escaleras de la casa de Hermione mirando hacia ambos lados de la calle y volteando de vez en cuando para ver que su novia no aparecía en la entrada de su casa. Iba vestido con ropa muggle porque Hermione vivía en una calle donde no todos eran magos y por ende, llevar una túnica resultaría extraño para algunos de los vecinos de su novia. Los entrenamientos de la Academia habían acabado suficientemente temprano para darse una vuelta por su propia casa para constatar que, como imaginaba, Harry no estaba ahí ni en la Madriguera pues había usado la Red flu para comunicarse con su madre:

-¿Pasa algo con él?-le había preguntado la Sra. Weasley con preocupación

-No nada-había mentido-solo terminó antes el entrenamiento y me dijo que lo alcanzara pero no escuche donde.

-Ronald Weasley ¿Eso quiere decir que no vendrán a cenar hoy tampoco?

-No mamá, lo lamento pero tengo cita con Hermione y…

Tenía la varita bien sujeta en la mano derecha a punto de mandar un patronus en mitad de la calle para preguntarle a su novia si estaba bien. Se sentía inquieto porque se había aparecido en todos aquellos lugares donde se le había ocurrido que podía estar pero en la oficina sus asistente le dijo que había salido my temprano, en el resto del Ministerio no la habían visto más que en la mañana y las bibliotecas de la Ciudad estaban sin rastro de ella.

-¿Además para que quiere ir ella a un montón de bibliotecas muggles?-había pensado y por un momento se había sentido tentado de aparecer en Hogsmeade, consciente de que la más grande biblioteca mágica sería más atrayente para Hermione.

Se había controlado, sin embargo, repitiéndose a cada segundo que aparecería enseguida aunque no lo hubiera hecho y él casi se hubiera quedado dormido en su sillón después de buscarla y esperarla tanto rato. Por eso, había salido a la calle, consciente de que el frio del ambiente al menos lo mantendría despierto.

-Es la primera vez que puedo verla en días y no voy a echarla a perder-se dijo sintiendo todo su cuerpo cansado por los entrenamientos de la Academia. El Auror y entrenador en turno había sido especialmente duro con él por ayudar a Harry a escapar de nuevo:

-Como sigan así Weasley-le había dicho- tú harás doble rutina. El Sr. Potter es un héroe pero pidió trato no preferencial y ese es el que vamos a darles-agrego mirándolo con burla-a ambos ya que son tan amiguitos.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una lechuza apareció ante el dejando caer una carta con el sello del Ministerio, propiamente de la Academia.

Apareció tan de repente que no tuvo que fingir su sorpresa y atino a sostenerla y entrar con ella a la casa antes de que alguien lo viera.


Lo único que Ginny quería era descansar. Descansar y dormir para olvidar que el maldito Torneo se estaba retrasando y ella tenía que quedarse ahí, lejos de Inglaterra y por ende, lejos de Harry, de sus amigos y su familia.

-Si no vamos a jugar-decía mientras se cepillaba su largo cabello rojo con furia-no se que hacemos aquí.

Sus compañeras de habitación y amigas la miraron mientras terminaban de arreglarse. Ellas no tenían de que quejarse, estaban con gastos pagados para poder divertirse mientras el Torneo, cuya fecha había sido pospuesta, era llevado a cabo.

-Quizás si salieras con nosotras te animarías un poco

-Sabemos que no somos Harry Potter o Hermione Granger pero no somos tan malas

Ginny se levanto con un leve dejo de culpa para mirarlas:

-Por supuesto que no-dijo-es solo que…

Ellas asintieron con comprensión y sonrieron para darle ánimos. Se despidieron, dispuestas a dejar a Ginny descansar y la pelirroja les dio las gracias por ello. Estaba a punto de acostarse a dormir cuando un golpe en la puerta la hizo levantarse rápidamente:

-¿Qué olvida…-empezó a decir pero su pregunta murió en su garganta al ver a la persona que estaba frente a ella y fue reformulada enseguida-¿Tía qué haces aquí?

La bruja la miro entre sonriendo y mirándola despectivamente.


Ron y Ginny aparecen en este capítulo un poco más pero no se acostumbren. Aparecerán mucho menos que los otros dos, solo cuando sea necesario. Este capítulo lo he cortado a la mitad porque sería muy largo, originalmente se volvía a ver al menos a Harry y a Hermione pero me ha parecido más divertido dejarlo aquí mientras tanto.

Les recuerdo que al principio del fic les dije que no seria tan canon y que los protagonistas son los cuatro aunque en menor medida. Aprovechando, les tengo una mala noticia: prometí que serían 5 capítulos solamente pero planeo cortar varios para que no sean tan largos así que serán más, pero de 10 no pasa.

Espero que le guste y ojala puedan darse una vuelta por mi profile porque estoy haciendo una encuesta para ver si modifico los primeros capítulos de "Días Después"

Gracias por leer.