Hola!

Muchas gracias a todos por leer y dejarme sus reviews! me hacen muy feliz! Hoy les traigo un pequeño Gale, es que había que convencer a la incrédula duendecita!


La mirada de Lucy era decidida, luego de una larga y tediosa mañana de estudios, por fin podía conversar sin miedo a que el resto de los estudiantes escuchara lo que tenía que decir.

Acababa de plantearle su teoría a sus amigas y esperaba la respuesta que ellas tenían para darle, era algo descabellado, pero luego de consultarlo varias veces con la almohada había llegado a una conclusión.

—Yo también lo encontré curioso pero, ¿no crees que estas siendo un poco exagerada, Lu-chan?—la primera en hablar fue Levy, intentando tener el mayor tacto posible para no ofender a la rubia.

—Juvia cree que Lucy-san tiene razón—convino la peliazul—. Por eso Juvia necesita discutir un tema de suma importancia con ella.

—¿Qué cosa?—preguntó la aludida.

—Juvia quiere que Lucy-san cambie un poco su historia porque Juvia no puede esperar doce capítulos para que Gray-sama acepte salir con ella.

Levy hizo un gesto de decepción, el cual se respaldó con un suspiro de Lucy.

—No sé cómo cambiar algo, y aunque lo supiera, no puedo porque perdí el cuaderno—contestó la escritora.

—Es evidente que eso fue un robo intencionado—comentó Levy.

—En la historia cree un personaje para que me robara, no tengo idea quién podrá ser.

Esta vez, la mirada reprobatoria de Levy no fue apoyada por nadie, ella era la única que se mantenía escéptica a la idea de que todo estuviera basado en lo que su amiga había escrito, aunque no negaba que se parecía de cierta forma.

Mientras Juvia discutía su necesidad de cambiar el argumento y Lucy divagaba en su mente buscando a alguien que pudiera encajar con las descripciones que ella misma había escrito. La duendecilla pensó en lo aterradora que resultaba la idea de tener su destino escrito a modo de fanfic.

No es que estuviera desmereciendo las habilidades literarias y la creatividad de Lucy Heartfillia, antes de que la ficción comenzara a coincidir con la realidad, ella disfrutaba mucho leyendo esas hojas que con tanta dedicación escribía.

No le gustaba llegar tarde a casa, además, quería irse antes de que Juvia la arrastrara hasta el domicilio de Gray Fullbuster. No comprendía esa loca obsesión que había desarrollado desde que lo vio, esto del cuaderno estaba alterando la mente de sus amigas.

Se despidió y emprendió camino de regreso a su hogar.

Su casa no quedaba muy lejos, aunque a veces se desviaba para poder visitar la vitrina de una librería que quedaba a dos calles fuera de la ruta. Días atrás, mientras observaba las estanterías, perfectamente ordenadas de acuerdo a género, título y autor, se había preguntado si alguna vez vería una de las novelas de Lucy entre toda esa conglomeración de libros. Hoy estaba sintiendo la hipotética magia que tenía uno de los borradores de esas novelas.

—Es solo ficción, nada de que preocuparse—se dijo, mientras cambiaba de rumbo, encaminándose a la librería.

—Oye enana, ¿cuánto mides?—preguntó una voz.

Levy se volteó dispuesta a enfrentarse con la persona que se acababa de reír de su estatura, se topó con un hombre fornido, de piel grisácea y ojos amenazantes, era unos buenos centímetros más alto que ella y tenía una presencia intimidante, como la de un delincuente.

—Debes ser bastante ligera también—observó él, poniendo una mano encima de la suave cabellera azul.

Levy se echó hacia atrás y puso su mejor expresión de enojo, sabía que su aspecto no era para nada intimidante, pero no por eso se iba a dejar insultar sin hacer un intento por defenderse.

—¿Y tú quién eres?—preguntó, usando su tono más furioso.

—Las personas pequeñas suelen ser ágiles—comentó el desconocido, pasando por alto la pregunta de Levy.

—¿Ágil?

Siempre había sido buena en todas las materias, desde matemáticas hasta lengua, se defendía en cada una de las asignaturas manteniendo un promedio sobresaliente, a excepción de deportes. Basquetbol, Voleibol, fútbol, eso sencillamente no era lo suyo. Pero entonces recordó que sí se le daba muy bien trotar, tenía buena resistencia, por lo tanto los circuitos con obstáculos nunca le habían significado un problema. Quizás sí era ágil en cierto modo.

—¿Y si así fuera?—inquirió luego de pensarlo un rato, notó un cierto deje nervioso en su voz, que intentó disimular con su mirada, intentando hacer que sus ojos reflejaran su enojo.

—Súbete a ese árbol

Levy miró en la dirección que Gajeel le indicó.

A pocos metros de distancia había un pequeño parque, con un montón de niños corriendo entre los juegos, algunos acompañados de padres o tíos que velaban por su seguridad, el ambiente estaba lleno de risas, con algunos llantos ocasionales provocados por pequeños accidentes, que eran olvidados en cuánto recibían un helado o alguna golosina.

Un montón de árboles bordeaba el lugar, algunos incluso se entrometían entre los caminos. El desconocido quería que Levy subiera a uno en específico, se encontraba en la esquina más cercana a ellos, casi solitario, estaba lleno de hojas tanto en sus ramas, como repartidas por el suelo. Su tronco era firme y robusto, con largas pero diminutas zanjas, y las ramas estaban muy separadas unas de otras, por lo que era muy difícil de trepar.

Los ojos de la McGarden iban del árbol a Gajeel y de Gajeel al árbol, el orgulloso enojo en ellos había sido reemplazado completamente por la confusión.

Su primer impulso fue protestar y exigir una explicación, es decir, un extraño salido de la nada le estaba pidiendo que se subiera a un árbol. Algo dentro de su lógica no estaba calzando bien. Nada estaba calzando dentro de su lógica últimamente, primero Lucy y su cuaderno mágico y ahora…

¡Lucy!

La mención de su amiga en medio de sus pensamientos causó aún más confusión en su mente. El cuaderno. Eso era. Tal y como Lucy lo escribió. Una persona extraña se le acerca y luego de burlarse de su estatura le pide que se suba a un árbol.

Levy le dirigió otra mirada, esta vez, a la copa. Ahí estaba.

—Ese de ahí, ¿es tu gato?—preguntó Levy. La respuesta afirmativa la llevó directamente a la locura.

Ese era el gato de Gajeel, esa bola de pelos negra se había quedado atrapada en el árbol y este desconocido con aspecto intimidante es demasiado pesado como para que el árbol lo resista, la necesita a ella para que suba y lo rescate.

Pero en vez de subir, Levy sentía que bajaba y se sumergía en un mar de confusión, sus piernas se volvieron pesadas, repentinamente su cuerpo se volvió débil e incapaz de ir a ningún sitio.

Ósea que Lucy y Juvia tenían razón.

—¡Tengo que encontrar el cuaderno!—gritó en cuanto comprendió el lío en el que estaba metida.

—Puedes hacer lo que quieras luego, baja el gato primero—ordenó Gajeel, quien se había visto en la obligación de arrastrar a una aturdida Levy por la calle hasta plantarla frente al árbol.


Agradecimientos especiales a: Saya Christopher, Boogieman13, LucyLuckyDragneel, Roci-chan Heartfillia, Alice Heathless, Huachi-sama, daan1997, PatashifyDragneel