Draco y Hermione más hogwartianos que nunca.

Harry y Romilda 0-0


CAPITULO 4 : ENCUENTROS ACCIDENTADOS

Rose colocó la palma de Draco sobre una especie de vasija con líquido dorado y esperó unos segundos a que la poción cambiara y se solidificara, haciendo una especie de molde de goma de la mano. Hermione movía la varita en estado de total concentración. Draco miraba desdeñosamente hacia la chimenea encendida de esa oficina, intentando en vano olvidar quienes estaban junto a él. Cruzó una pierna sobre otra con masculinidad creando un ligero doblez en el elegante pantalón gris. Intentó alisarla con la mano izquierda.

-Deja de moverte, Malfoy. Intento tomar tu impresión mágica.

Draco se limitó a inclinar el cuerpo hacia el lado contrario de donde provino la voz, en un vano intento de alejarse lo más posible de ella. Y del sutil aroma que de ella emanaba.

Espantoso olor a jazmín y rosa turca.

Volvió a concentrarse en un madero ardiendo dentro de la chimenea.

Hermione se limitó a respirar profundo y continuar pronunciando los hechizos correspondientes para la prueba.

Gracias a Dios es la última…

–Puedes llevarte la muestra, Rose –dijo al terminar–. Mas tarde llévalas a la Oficina del Uso inapropiado de la Magia para que las examinen, junto con las que les tomaremos a Romilda.

–No pienso esperar a que lleven esas ridículas pruebas junto a otras más, Granger. Mi tiempo es oro.

Rose levantó las cejas y salió lo más rápido que le permitió sus cortas piernas.

–Tendrás que esperar a que se agrupen más pruebas. Rose no puede dejar su puesto a cada momento.

–Puedes ir tú –espetó Draco irónico-. No tengo todo el día para perderlo con las distracciones necias de una seudo funcionaria.

–Tienes que acatar el reglamento y esperar como los demás –ignoró la pulla mientras regresaba a su escritorio y hojeaba algunos pergaminos.

–Eres sorda, Granger. Dije que no tengo tiempo. Determina quien puede hacerlo, porque debo irme ya.

Hermione lo miró con incredulidad.

–No tendrías necesidad de esperar ni de venir aquí, dos veces por mes, si hubieses acatado la decisión del Wizengamot. Tu sentencia no incluía éstas dos visitas mensuales. Déjame ver –se inclinó hacia el libro que tenía delante:

"…Confiscación de varita contados a partir de la fecha de la presente sentencia, inhabilitación por 5 años del empleo y manipulación de magia y cualquier posesión, usufructo y/o vínculo con la comunidad mágica o conexa a ella –entiéndase pociones, artículos mágicos, animales fantásticos, dinero mágico, participación en torneos, competiciones, empleos, acceso a información, transporte, vestimenta. Además, confinamiento bajo vigilancia al sector denominado "Ciudad de Londres" en el mundo muggle por el mismo período de tiempo.

–¿Continuó, Malfoy? –Hermione levantó la vista del gran libro para fijarla en Draco–. Tú decidiste quebrantar el mandato del Wizengamot y utilizar veritaserum en un muggle, Roger Caplant, –bajó la vista al libro para asegurarse que el nombre fuera el correcto-, hace más de cuatro años, a sabiendas que lo tenías prohibido. Sólo se te aplicó la sanción correspondiente a esa falta. No entiendo, por consiguiente, tu disgusto.

Draco le dedicó una mirada desdeñosa antes de contestar.

–Cómo le informé a Thorndike –arrastró aún más las palabras–, fue un caso único e indiscutiblemente producto de esa ridícula sentencia. Pretendían que empezara de cero en tu mundo –la voz de Draco destiló un ácido sarcasmo–. Tenía que asegurarme que ese muggle no me desfalcara el poco dinero que no me robaron después del juicio, a la primera oportunidad.

–Mi mundo es éste –miró alrededor–, la comunidad mágica. Y nadie te robó nada, te confiscaron algunos bienes y fondos para pagar compensaciones y resarcir a las víctimas de la guerra. Y no te dejaron poco dinero. Fue mucho más de lo que algunos magos decentes necesitan para vivir. Que te quede muy claro –su voz era fríamente calma.

–Casi dejaron a mi familia en la ruina y sin poder usar la magia por cinco malditos años –increpó–, y quieres que me sienta dichoso por no haber terminado como el pobretón de Weasel.

–Las sentencias del Wizengamot son justas e inapelables. Tu familia está acatando lo dictaminado en el juicio. Sólo eso –agregó ignorando impasible el insulto a Ron y volviendo a mirar el libro de firmas–. Cinco años sin usar magia. A otros los enviaron a purgar condenas efectivas, Malfoy.

– ¿Ahora resulta que debo estar halagado por no haber terminado en Azkaban, Granger? –Draco se levantó irritado de su silla–. Presumo que no pretenderás un agradecimiento a ti o a Potter por haber declarado en el Tribunal. Porque estás en la posición ideal para esperar por ello.

No pudo evitar sentir en la garganta una especie de arcada cuando respondió. Detestaba la carga que Harry le había impuesto al salvarlo y luego al declarar a su favor. Renegaba al saber que debía sentir algo de gratitud.

Hermione desde su escritorio, le dedicó una mirada larga y profunda. Iba a responderle sobre lo que pensaba de todo aquello pero a último momento se retractó, entonces habló despacio, en un tono bajo, controlado.

–No lo hicimos por ti, ni para que lo agradezcas. Harry y yo obramos según nuestro criterio y juicio.

–Y por eso, no tengo varita y vivo rodeado de muggles desde hace cuatro años y 10 meses –los ojos de Draco brillaron peligrosamente.

–Esa fue la decisión del Tribunal –recalcó nuevamente-. El Wizengamot, después de la Batalla de Hogwarts, esta formado por magos juiciosos, objetivos e intachables. Ellos creyeron conveniente tu sentencia.

–Grandioso Tribunal. ¡Razonable y objetivo! –exclamó con desprecio–. Tan razonable que hasta sesionaron para condecorar póstumamente a mi estúpido elfo. ¿Qué le dieron finalmente?, ¿una medalla por haber sido el lamebotas de Potter?

Hermione se había puesto roja de la ira al escuchar aquel insulto a la memoria de Dobby. Con chispas de furia en los ojos marrones, apenas podía guardar la compostura.

–Dobby fue un ser excepcional. Un amigo fiel y muy valiente. El tribunal hizo lo justo en reconocer su valía.

Se obligó a respirar profundo al terminar de hablar, para intentar recobrar la ecuanimidad de su cargo.

–Pronto tu "razonable Tribunal", además de homenajear a cualquier ser inferior, también entregarán certificados de pureza a cualquier sangresucia –los ojos de Draco brillaron llenos de sarcasmo.

–O podría ampliar la sentencia de cualquier mago, a solicitud de algún funcionario.

La voz glacial de Hermione, marcando cada una de las palabras fue suficiente para Draco.

–No me amenaces, Granger –se acercó peligrosamente a ella, por sobre el escritorio de caoba, a escasos centímetros de ella. Una vena en su sien palpitó–. Tú sólo eres un funcionario más y no un miembro del Wizengamot.

–Este es mi despacho, Malfoy –Hermione se levantó de la silla como un resorte, apoyando con fuerza los puños cerrados sobre el escritorio, acercándose aún más-. Así que, te comportas o te largas. Pero te advierto que tendrás que asumir las consecuencias de tu arrebato.

–Tú no haces las reglas –le lanzó una mirada asesina.

–No soy como alguno de tus supervisores que pasaron por alto tus majaderías. Debes sujetarte al código de conducta especificado en tu sentencia. Y lo vas a cumplir. Me encargaré de ello. Es más, luego discutiremos aquella sanción.

Hermione se cruzó de brazos, con la mandíbula apretada y le devolvió la mirada con igual acritud.

–Un día, Granger –siseó con la voz mezcla de una rabia sorda e impotencia–. Un día inexorablemente fallarás. Y me verás en primera fila.

Sin más, tomó el libro con ímpetu, lo giró hacia el y con su fino lapicero de oro, estampó con fiereza y con grandes rasgos, su firma. No había avanzado ni dos pasos hacia la salida, dispuesto a largarse de aquel lugar, cuando Hermione, con la frente en alto y con la mayor autoridad habló:

–No te apures tanto, Malfoy –bajó la vista hacia el libro frente a ella para examinar la firma–. Aún falta analizar y verificar los resultados de tus controles mágicos.

Draco maldijo por lo bajo pero Hermione lo ignoró.

–Ahora, ve y espera en el pasillo junto con los demás. Cuando estén listos, te llamaré.

–Maravilloso, ¿Continuaré viéndote la cara el día de hoy? –hizo un gesto de fastidio–. Este día no podía ser mejor. ¿En cuanto tiempo sucederá? –el tono empleado por Draco, distaba mucho de ser una interrogante. Sonaba a exigencia.

–Será cuando deba de ser. Ni antes ni después –contestó fríamente.

–Que frase tan profunda –replicó con sarcásmo–. ¿La inventaste justo ahora o en las muchas noches libres en que no tienes vida social?

Los ojos de Hermione brillaron de indignación. No podía perder los papeles frente a él, mucho menos arriesgarse a perder el caso…el primer día en que lo veía. Le dirigió una mirada hastiada al pasar junto a él. Llegó a la puerta de su despacho y la abrió de par en par.

–Si demoras en salir, igual demoraré en atender a los demás y tendré que citarte para mañana para analizar tus exámenes.

Granger…

Draco gruñó ronco. Realmente la detestaba. Por el poder que ahora tenía sobre él. Y por ser una sangresucia. Odiaba encontrarse en esa situación. Debería estar en el Motorshow cerrando negocios, pensó.

Cruzó el umbral apenas unos pasos hasta que, para sorpresa de Hermione, se detuvo en seco.

No en el Motorshow, ni cerrando tratos con muggles, ni en ningún otro lugar. ¡Debería estar en mi mansión!

A pesar de estar acostumbrada a las ofensivas de Malfoy. Hermione sintió un pequeño escalofrío recorriendo su columna vertebral cuando, segundos antes de desaparecer por la puerta, él giro de pronto. Hermione contempló el anguloso rostro contorsionado por la cólera más brutal, pero los ojos grises, endemoniadamente insondables.

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ooooooooooooOOOOOOOooooooooo

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Romilda Vane caminaba con una gran sonrisa en el rostro. Había leído en el profeta que justo ese día habría un homenaje a las Holyhead Harpies. Obviamente a ella, le importaba un pimiento aquel homenaje y más aún, sabiendo que Ginny Potter estaría incluida en aquella celebración. A ella sólo le interesaba un detalle.

Ella tenía su examen mensual en el ministerio precisamente hoy. El mismo día que Harry Potter llegaría al ministerio a acompañar a su odiosa esposa.

Harry Potter y ella en el mismo lugar.

No había mejor oportunidad que esta. Y había sido pura y simple casualidad. No había tenido nada que ver con eso.

Tal vez por eso no había podido terminar la poción a tiempo. Aún quedaban algunos pequeños detalles para perfeccionar, pero suponía que, en teoría, la poción funcionaría como lo esperaba. Después de todo, había trabajado mucho en ella esperando el momento preciso, aunque eso no impidió que vendiera algunas versiones anteriores. Pero al enterarse del matrimonio de Harry con la chiquilla Weasley, la había alterado especialmente para ella.

Después de todo, iba a ser sólo una ayuda para que Harry y ella estuvieran juntos finalmente. Como debió haber sido hacía mucho. Como tenía que ser, si no le hubieran metido por los ojos a la pelirroja. Claro, era más que obvio. El hermano se había asegurado de poner en bandeja a la Weasley. Menudos oportunistas.

Romilda se apuraba en encontrar a Harry y darle a beber la poción. Esa era una oportunidad que jamás volvería a presentarse. Mucho menos ahora que él había cometido el gran error de casarse. Ahora menos que nunca, la pelirroja jamás lo dejaría sólo. Apuesto que le dio a beber Amortentia se dijo.

Mientras apuraba el paso hacia el vestíbulo, recordó la ocasión en la que casi logró su propósito. En un aniversario de Hogwarts, ella se las había arreglado para sentarse en la mesa cercana a la mesa del famoso trío dorado. Había embrujado la copa de vino de Harry con una de sus pociones propias en un descuido, cuando Granger y la Weasley habían obligado a salir a bailar a Harry y Ron. Prácticamente saboreó el triunfo por unos segundos, mientras ella bebía su correspondiente copa de vino. Pero no calculó que el tonto de Longbothom aparecería cuando todos regresaron a la mesa y se bebería la copa de Harry. Cuando ella fue hacia la mesa, Neville casi se le aventó dispuesto a arrancarle el vestido y hacerle el amor sobre los platos de carne y papas. Ron y Harry lo sujetaron. Hermione tomó su varita mientras pronunciaba un hechizo concentrada en curar al excitado chico. Pero Ginny Weasley le había mirado, con esa mirada suya tan astuta. De la copa, a Longbothom, y a Harry.

Es tu primera y última vez, Vane. No habrá otra…por tu propio bien –le susurró.

Tuvo miedo. Aunque le doliera reconocerlo, aquella vez sintió pavor de esos ojos marrones claro que le atravesaron como cuchillo caliente a mantequilla y de aquella voz modulada que apenas contenía la ferocidad de su ser.

Tuvo que ausentarse por una semana entera del Salón de Té aduciendo un repentino viaje a su abuela materna. Pero sólo estaba aterrada y escondida en su apartamento en Plymouth. Torturándose pensando que ella se aparecería en cualquier instante a tomar venganza.

Eso no quedará así…

Frunció el ceño por un segundo. Ya tendría oportunidad, pero ahora debía apurarse y hacerle beber a Harry la poción. Pero habían pasado ya dos horas y no lo encontraba. Y la poción empezaba a tener un raro color ocre y no el brillo nacarado original. Además el café que tenía en la mano estaba más frío que una paleta de helado.

-Thorndike me va a sermonear –musitó. Más de pronto, vino a su mente la lechuza con el pergamino de Hermione Granger pidiéndole que se reunieran hoy-. Tal vez Thorndike necesitó, al fin, un ayudante. Ya era hora. Levantó y dejó caer los hombros sin interés.

Dobló un corredor y la visión frente a ella lo heló en el acto. Harry Potter salía con prisa de una chimenea, sacándose la capa de viaje mientras avanzaba directo hacia el ascensor. La chaqueta verde militar con cuello negro de piel y anchos bolsillos al frente, sobre la camisa negra de rayas blancas y el pantalón de gris de drill claro le conferían un aire casual que contrastaba con la solemnidad de su semblante. Se apresuró a destapar la botella de poción y volcar unas cuantas gotas sobre el café. Guardó la botellita en el bolsillo de su abrigo marrón. Con la varita, conjuró un hechizo para calentar el líquido ligeramente.

–¡Detén el ascensor, Harry! –gritó mientras corría radiante hacia él.

Mierda…

–Puff, por poco no llegó. Gracias por detener el ascensor por mí -Romilda le dedicó otra gran sonrisa cuando ingresó por las puertas casi cerrándose sobre ella.

¿Detener?

Harry prácticamente había aporreado el botón para cerrar el ascensor. Este no iba a ser un encuentro agradable. Carraspeó incómodo y disimuladamente retrocedió unos cuantos pasos hacia atrás. Ya tenía suficientes problemas con el retraso que llevaba y no deseaba darle molestias a Ginny. Desde el incidente en la cena, aunque sin saber exactamente el porqué, Ginny manifestó un odio visceral hacia Romilda y, aunque no dijo nada, Harry entendió que a su esposa le disgustaba verlo en tal compañía.

– ¿Vas a la oficina de Aurores, Harry?

Romilda tenía el dedo sobre el botón para detener el ascensor. Levantó la vista y la posó sobre los ojos verdes, bien abiertos, bajo las gafas redondas. Había algo en la manera que ella pronunciaba "Harry" y en su mirada, que lograba en él un desequilibrio psicomotor. Percibía una especie de pinchazo en la columna vertebral, se le erizaran los vellos de los brazos y advertía la necesidad de echarse a correr. Similar sensación a la de tener a una araña negra y peluda descolgándose del techo y a dos centímetros de tu nariz.

–Err yo trabajo allí.

–Ay por supuesto Harry –otra vez la sonrisa –me refiero a en este momento. Podríamos ir a tomar un café y ponernos al día con nuestros asuntos. ¿Te gustaría?

Harry sintió la garganta extrañamente seca.

Mierda. Romilda Vane, café y nuestros asuntos en una misma frase le estaban minando el sistema nervioso. Ni siquiera los mortífagos solían causarle tanta aprensión.

–Ehh claro que me gustaría. Pero no puedo ahora –se apuró en contestar-, debo ir a ver Ginny. Mi esposa. Ginny –volvió a repetir con energía–. Ella está en el séptimo piso, en una ceremonia.

–Oh bueno –hizo un mohín-, entonces está claro que no puedes acompañarme. Presionó el botón del segundo piso.

Harry expulsó el aire nada elegantemente. Se había librado…

La puerta se abrió y Romilda avanzó un par de pasos. Pero antes de salir, volvió a presionar el botón de parada.

–Aquí tienes mi café. Iba a tomarlo mientras esperaba por mi cita hoy, pero veo que tú lo necesitas más. Esas ojeras no te asientan para nada, cariño.

Harry tuvo que tomar el vaso alto de café latté que Romilda casi le plantó en la mano. Ella sonrió satisfecha y salió del ascensor.

Pero el día de hoy no sería el mejor de Romilda Vane. Ella pudo comprobarlo al contemplar como, mientras las puertas del ascensor se iban cerrando, Harry soltaba accidentalmente el vaso de café sobre el piso del ascensor. Para cuando terminó de cerrarse totalmente, aún tenía en la mente la pequeña sonrisa disimulada de Harry.

La blasfemia que soltó Romilda, segundos después, fácilmente haría sonrojar a un experto camionero. Dio la vuelta, directo a la oficina de Thorndike y a su aburrida y sosa prueba mensual. O al menos, eso es lo que ella suponía.

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Olor a jazmín y rosa turca: es mi J'adore!! Mi regalo de cumpleaños!!!!! Al finnnn!!!! Mato por ese perfume (y asumo que él también mató a alguien para conseguírmelo Jejejejej)

Ginny y sus ojos : En algunas web he visto que dicen que los ojos de Ginny son celestes y para colmo los ojos de Bonnie Wright son verdes casi tirando para azules, pero como yo me he leído TODOS los libros cuchumil veces, digo con propiedad y con total seguridad, son MARRONES CLAROS (remítanse a HP and the chamber of secrets)

Sobre el café : "Un vainilla latté descremado, grande, con sólo 2 pumps de vainilla con tres de azúcar, no caliente y con extra espuma" ¿adicta al café?. Si pues. Lo confieso.

Chaqueta: Puff! Aquí si que me tiré un día completo buscando una palabra en los foros, para la prenda en cuestión que pudiera ser entendida por todos. Aquí en mi país decimos Casaca pero no es muy usada en otros países. Las definiciones para ella fueron : Chamarra, Cazadora, Campera, Zamarra, Chambergo.. XD les juro que casi me vuelvo loca. Y eso que me falta lo de los insultos.. es que mier** se me está haciendo muy repetitivo. ¡Necesito insultos nuevos! Jajja( ojo! Dije que necesito insultos para el fic, no que me insulten, vale? :P )

Bueno aclarado los asuntos, continuemos (Discúlpenme ando media loca últimamente.)

Draco y Hermione aún sienten mucha antipatía mutua, cierto? No es que de pronto se miraron y sintieron un estremecimiento-chispazo-fuegosartificiales-bragasalsuelo al verse después de muchos años. No! Las cosas con calma. 

Harry por cierto, sigue sintiéndose corto con las chicas, salvo con su entorno (menudo tío, no? se enfrió al mago más poderoso (after Dumby) Voldemort y le tiene miedo a una veinteañera XD

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Romilda Vane 0 – Harry Potter 1

Así va el marcador. Esperen el próximo capítulo para ver el nuevo marcador!

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Ahora en serio. Muchas gracias por sus reviews!! Y los estoy contestando todos!! (ya aprendí!! Jajjajjja no sabía hacerlo jajajjaja)

Si me dejan recuerdito me harían muy feliz si?. Vamos no te reprimas! Teclea con ganas!

Gise.