Perdon por no haber actualizado, jeje me dijieron que se me paso un Peeta al final de un capitulo, perdon si sucede tratare de que no se repita en fin…Otra vez, este fic es de munloka! Ciao.

No he dormido casi nada en toda la noche. No puedo dejar de pensar en Jace, porque lo que anoche sucedió entre los dos es lo más fuerte que me ha pasado nunca con un chico. Y para mí es bastante importante, aunque suene estúpido. Y no sé cómo voy a enfrentarme al desayuno que me espera, con Isabelle de por medio. Llamo a Simon y quedo con él para la tarde, porque necesito algo de aire fresco y una cara que no me intimide.

- Mami, me voy a desayunar con los Lightwood, ayer Izzy tuvo una crisis amorosa y necesita mi apoyo. Me quedaré un rato en la piscina. Ya te digo si vengo a comer o no. Ah, y por la tarde iré con Simon al parque, o algo.

- Vale pajarito. Saluda a Isabelle de mi parte. Espero que nada malo haya pasado.

- Lo tengo todo controlado, mamá. Por cierto… pelirroja hoy. Te va.

Beso a mi madre y me despido de Jonathan, y me despido de un grito de mi padre, está en el jardín trasero con su café y su periódico, algo indispensable para los domingos por la mañana. Cuando subo al coche, estoy temblando. ¿Qué debo hacer? ¿Le doy un beso a Jace? ¿Espero a que sea él quien da el paso? Todas estas preguntas y muchas más retumban en mi cabeza, mientras Jace pone el coche en marcha de camino a su casa. Pero a medio camino, se para.

- ¿Tenemos que hacer algún recado? – pregunto.

- No exactamente. Pero creo que deberíamos… hablar, de lo de anoche – ¿eso no es lo que dicen las tías? "tenemos que hablar". Y entonces es cuando todo se va a la mierda. Oh…

- Bueno, vale – digo, encogiéndome de hombros – hablemos de ello.

- Solo tengo una pregunta que me parece importante que me contestes, y quiero que seas sincera conmigo. ¿Quieres que se repita lo de anoche? – en los ojos de Jace leo un poco de desesperación, agitación, pero también determinación y alivio, por pronunciar las palabras. – Clary. Estoy aquí. Soy tu amigo, no me voy a enfadar, contestes lo que contestes.

- Esto no es un juego, ¿verdad? No soy un juguete, ni un trofeo.

- No, no lo eres.

- Yo… quiero que se repita – me pongo muy colorada al decir estas palabras – pero quiero conocerte, es decir, que pasemos tiempo juntos, si tú quieres… quiero saber cosas de ti antes de, ya sabes. Que pasen más cosas… como las de anoche.

Jace sonríe ampliamente ante mi respuesta. Me pone una mano en la rodilla, y yo me sobresalto, y ambos nos echamos a reír. Supongo que me tendré que acostumbrar al contacto físico. Con mucha timidez, cojo la mano que tiene en mi rodilla, y la acerco a mis labios, dándole un casto beso.

- No Clary, se hace así – y me coge la cabeza entre sus manos y me besa en los labios, dejándome sin respiración. Cuando me suelta, estoy jadeando – ya verás como aprenderás rápido – me dice jocosamente. Se está metiendo conmigo, pero yo no tengo un pelo de tonta.

En el resto del camino improvisamos nuestra estrategia con Isabelle: decidimos que no diremos nada, en principio, pero que tampoco mentiremos. Por una parte me muero por contarle a Izzy todo, con detalles, pero por otra… es su hermano, y no quiero que se enfade conmigo. Dudo que lo haga, creo que hasta se alegrará, pero por si acaso, yo siempre me espero lo peor de las cosas. Cuando llegamos, nos la encontramos en la puerta, muy seria.

- Vamos, dámelo – me dice como saludo.

- ¿El que…? – no sé de qué me habla.

- ¡Dame el puto teléfono!

- Izzy, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado? Si lo quieres para llamar a Sebastian, no te lo doy.

Isabelle de pronto se echa a llorar, y me pasa el iPad. En el muro del facebook se ve claramente el post en el que Camille y Sebastian han puesto que "han empezado una relación". Es de ayer por la noche. Y para celebrar el acontecimiento, han puesto una foto de ellos besándose. La foto no es de la fiesta, lo que quiere decir que se están viendo. Mierda.

- Está bien, toma. Te voy a dejar que le llames UNA vez, que le grites, que le insultes, y después pasarás de él. ¿Entendido? – digo todo esto en tono autoritario, para que Izz sepa que no bromeo.

- No te preocupes, pienso mandarle el tema nuevo de Taylor Swift, "We Are Never Ever Getting Back Together".

Cuando Izzy enciende el móvil, tiene 40 whatsapps, todos de Sebastian. Son del tipo "perdóname", "no sabía lo que hacía, estaba borracho", "lo del vídeo no iba en serio, te quiero", "eres la luz de mi vida", y gilipolleces semejantes. Hipócrita. La conversación es bastante rápida y clara: Izzy pone tanto a Sebastian como a Camille de vuelta y media, y también a los que hicieron las fotos y el vídeo. Le dice que no quiere saber más de él, y menos de ella, y que se cuide el ojo sano o se lo partirá también como se pase de lista.

- Tema zanjado – sentencia Izz con una sonrisa - ¿sabes de qué tengo ganas ahora? – Dice levantando una ceja maliciosamente – tengo ganas de follar. Un clavo quita otro clavo. Y tú - y me señala – conoces al tío al que me voy a cepillar. Simon.

- ¿¡Simon?! Vamos Isabelle, podrías tirarte a medio San Francisco, ¿Por qué elegir a mi mejor amigo?

- Porque, querida amiga… tú te has liado con mi hermano – ella sonríe, y yo me quedo callada, muy seria, ruborizándome poco a poco.

- ¿Cómo te has enterado? – dice Jace

- ¿Te crees que soy tonta o qué? Ayer no pude dormir en toda la noche, al menos no hasta que llegaste de llevarla a su casa. Al rato de dar vueltas por la cama me levanté para ir a la cocina, pero cuando iba por la mitad de las escaleras, lo vi. Me hice la tonta, por supuesto – dice alabándose a sí misma – para poder hablarlo los tres por la mañana.

Nos quedamos los tres callados. Me siento muy avergonzada, ayer vine a consolar a Isabelle por lo que Sebastian le hizo, y acabé liándome con su hermano. Para más inri, ella va y nos pilla. Pero de pronto Isabelle se acerca a mí y me da un gran abrazo.

- ¡Ayyyy que alegría! Ya tengo cuñada, ¡y no tengo que fingir que me cae bien! – así es Izzy, yo pongo los ojos en blanco ante su comentario.

- Oye, que tu hermano y yo no estamos saliendo – miro a Jace para que me rescate, con ojos suplicantes, pero él no dice nada – quiero decir, que… bueno, sí, anoche nos besamos, pero… pero en fin, eso no hace que dos personas salgan, ¿no?

Izz y Jace se miran, y empiezan a reírse a carcajadas. Yo no entiendo nada.

- Cariño, no te preocupes, ya lo sabemos. Pero es que verte tan incómoda es encantador – me dice Isabelle acariciándome la mejilla roja a más no poder – anda, vamos a desayunar, y a la piscina.

La mañana pasa tranquila, agradable, y risueña. Isabelle me cuenta su plan para hacerse con Simon, en el que por supuesto yo estoy involucrada. Jace está con nosotras todo el tiempo, pero casi todo el tiempo en silencio, aunque se ríe de las burradas que dice su hermana, y de vez en cuando mete baza en la conversación. De vez en cuando también se acerca y me da un besito. Se hace muy difícil resistirse, entre el calor, los cuerpos en bañador, el agua resbalando por la piel… pero por respeto a Izz no quiero darme el lote con Jace aquí en medio. Decido quedarme a comer con ellos así que llamo a mi madre y se lo digo.

- Chicas, vosotras esperad aquí un ratito, que hoy cocino yo.

- ¡Genial! Haznos algo rico, hermanito.

- Bueno, ojalá pudiese cocinar a Clary, pero no es posible… - yo me sonrojo automáticamente, pero me río por el comentario, al igual que ellos. Y nos quedamos solas Izz y yo.

- Entonces… ¿no te molesta? – digo para romper el hielo.

- ¿Lo de Jace y tú? ¿Estás loca? ¡Estoy encantada! Cariño, te prefiero a ti que no a alguna zorra como Camille, que seguro que le haría daño.

- Me daba miedo contártelo – confieso – por eso de que es tu hermano.

- Pues aunque sea mi hermano, quiero detalles – dice susurrando – ¿hasta dónde llegasteis?

- ¡Isabelle! – Digo en un medio grito medio susurro – ya sabes que soy virgen… y no pensaba tirármelo en el sofá, precisamente.

- Es decir, ¡Que piensas tirártelo!

- No sé. Puede que sí. Tu hermano es dulce… dice que no soy un juguete para él. Pero… necesito ayuda, Izz. Yo no sé hacer nada, hacer ese tipo de cosas. Tienes que darme consejos.

- Pero Clary, no te puedo aconsejar cómo tirarte a mi hermano. Es mi hermano.

- Hagamos una cosa. Cuéntame qué cosas le harías a Simon. Al que, por cierto, veré esta misma tarde.

- Ufff con ese cuerpazo… pienso comérmelo, en serio. No es un "me lo comería", es un "me lo comeré".

- Sabes, te creo – y nos reímos las dos. Se le nota en la cara que, al menos, se divierte.

- Vale, si fuera desde cero…

- ¿Qué es eso de desde cero?

- Bueno, no me juzgues, pero yo me lo tiraría en la primera cita. Eso no es exactamente desde cero. Desde cero es como tú, es decir, poco a poco. Desde los besos, hasta el sexo salvaje.

- Comprendo – pese a que me siento cortada por la situación, digo – si fueses desde cero, ¿qué?

- Empezaría con los besos. Es decir, empiezo. Yo no voy a liarme con un tío y vamos al mete-saca directo.

- Es un alivio oír eso…

- Pero nada de esos tristes besitos que mi hermano te ha dado antes en la piscina. Yo digo morreacos, besos que te saquen de dentro esa fiera que sé que llevas dentro. Besos que te den ganas de más. Si besas a un tío y no sientes nada, no funcionará.

- Creo que esa primera parte la tengo cubierta.

- ¿Sí? – ella sonríe, como lo haría una maestra orgullosa – y… ¿te gustó? Es decir, ¿te dieron ganas, aunque no hicieses nada, de más? – me cuesta la misma vida reconocer que sí, que noté cosas que otros chicos nunca me habían hecho sentir – pues eso significa que ya puedes pasar al magreo. Tienes que conocer el cuerpo de la persona a la que te vas a follar. No, no mires así Kat, es lo que harás. Te follarás a esa persona. Cariño, ¿estás bien? Te has puesto pálida de pronto.

Y tan pálida. Al final todo se reduce a eso, al sexo, pero sin duda no estoy preparada, y escucharlo tan crudamente me ha hecho marearme un poco. Pero a la vez, recordar cómo Jace estaba empalmado anoche, sobre mí, me hace volver a la realidad.

- Vale, sí, follar. Conocer cuerpos. Magreo. Sigue.

- ¿Habéis llegado ahí? – Niego con la cabeza – ok, pues debería ser el siguiente paso. Puede que te cueste, pero tienes que dejar que te toque. Que te acaricie. Y créeme, te hará sentir genial. Y no hablo solo de las tetas y el culo… hablo de TODO. Sí, sí, amiga. Eso también.

- Es… ¿placentero? – digo tímidamente.

- Ni te lo imaginas.

- ¿Y doloroso?

- Para nada.

- Así que dejo que me toque… el cuerpo. Y bueno, yo tendré que hacer lo propio. Dios mío, ¿tengo que tocarle ahí? – Carcajada sonora deIsabelle ante mi pregunta – con mis manos. Tengo que tocársela.

- Te gustará, ya verás – dice ella con una sonrisa amplísima. Al menos estoy consiguiendo que se divierta.

- Bueno, anoche ya la… noté. A través de la ropa – me tapo la cara con las manos inmediatamente. Confesar en voz alta algo así es… too much.

- ¡Biennnn! Porque eso quiere decir que le pones. Es decir, que se acostaría contigo. Créeme: si no se le levanta tienes un gran problema.

- Pues no, después de lo de ayer, diría que no tengo ningún problema.

- Pues cuando os toquéis, tomaos el tiempo que os haga falta. Depende del tío te hace falta más, o menos tiempo. Si sólo es para una noche, bueno, no tienes que molestarte mucho, acaba siendo toqueteo, sexo oral, y a follar. Pero claro, si es alguien con quien quieres intimar más…

- Mi cabeza se ha quedado bloqueada con las palabras "sexo oral". Sé lo que es, obviamente. Pero la idea de chupar eso es… demasiado, no es que me parezca asqueroso, ni nada, es simplemente demasiada información.

- Para, para Isabelle – le digo cogiéndola del brazo – creo que por ahora tengo bastante. Si logro que me toque ya será un milagro de la ciencia. Vamos a poner la mesa o algo, tengo demasiada información perversa en mente ahora mismo. ¿Acaso no te alegras? – le digo con una sonrisa. Ella me la devuelve.

- ¡Mi pequeña pervertida! – y me besa en la mejilla.

"Realmente no es para tanto, Clary", me digo a mí misma. El chico me gusta. Y yo a él. Y vamos a conocernos, a hablar, a hacer cosas juntos. Y la verdad es que, por muy incómoda que me sienta hablando de estos temas, me apetece experimentar. Ese cosquilleo que anoche notaba en la entrepierna, los jadeos y gemidos que no podía evitar… no pueden ser malos. Estábamos disfrutando, ambos, tanto que tuvimos que parar. Así que hago de tripas corazón, me acerco a Jace, y le pongo la mano en la cintura. Le quiero tocar el culo, quiero hacerlo, pero no puedo. Es superior a mis fuerzas.

- Qué bien huele – comento con una sonrisa.

- Gracias. Te encantará, ya verás. ¿Te ha interrogado mucho Izzy?

- Qué va. Hemos estado trazando el plan para que se apropie del cuerpo de Simon. Me ha dicho, y cito textualmente, que "se lo comerá"

Los dos nos reímos ante la expresión y nos miramos a los ojos. Esos ojos dorados que tanto me gustan. Me acerco y le beso suavemente, rodeando con mis brazos su fuerte espalda. Me siento cómoda con él, con su cuerpo y el mío juntos. No tengo que fingir, simplemente estoy a gusto. Apoyo mi cabeza en su pecho y él me besa el pelo. El momento se acaba cuando Isabelle grita "¡iros a un hotel!" y nos devuelve a la realidad.

Por la tarde, recojo la bici y me voy directa al parque donde he quedado con Simon, sin poder evitar sonreír, tanto por Simon, como por Izz y sus planes secretos. Está donde siempre, en un banco que hay bajo un ficus centenario.

- ¡Fray! creí que no habías sobrevivido a la fiesta.-

- Pues aquí me ves. Siento no haberte llamado, tenía ganas de verte.

Nos miramos un largo rato, nos cogemos de las manos. La relación que Simon y yo tenemos es solo de amistad, pero es una relación que sólo él y yo podemos entender. Las circunstancias que nos hicieron conocernos son tremendamente tristes: nuestras madres se estaban muriendo en el hospital de cáncer. En esos momentos, sólo alguien que sabe lo que se siente puede ayudarte. No valen de nada los comentarios de los amigos del tipo, "verás como todo sale bien", "hoy en día la medicina está muy avanzada", y cosas así. Pero Simon estaba pasando por lo mismo que yo y no me dijo nada de esas cosas. Su primera pregunta fue cuántas sesiones de quimio llevaba mi madre. Y si le iban a pasar por radiación. Preguntó por la peluca de mi madre. Y mi nombre. Desde ese día nos hicimos amigos, y nos hicimos fuertes, ayudamos a nuestras familias a seguir en pie, y unidas. Celebramos el día de navidad en el hospital, en la habitación de la madre de Simon, y nos dimos los regalos. Nadie habló de enfermedades. Pusimos espumillón en el gotero e intentamos obviar el olor a hospital con incienso. Lloramos y reímos.

- Aún no quiere dejarse el pelo largo – comento con semblante serio.

- ¿Jocelyn?

- Ahá. Ella dice que es más cómodo así, pero sé cuál es la verdadera razón. Tiene miedo, Simon, al igual que todos nosotros. Tiene miedo de que le digan que el cáncer ha vuelto, de tener que volver a la quimio, al quirófano. De verdad, no puedo seguir así – digo al borde del llanto – vivir con esa inseguridad… ¡es insufrible!

Por supuesto, él sabe lo que se siente, así que no dice nada y me deja llorar en silencio.

- Oye, Simon. ¿Quieres salir con Isabelle Lightwood? - Los ojos de Gale se abren como platos.

- ¿Y eso a qué viene?

- Me ha pedido que te pregunte. No tiene tu teléfono.

- Sin duda, tiene un polvazo…

Yo suelto un bufido. Están hechos el uno para el otro.