CAPÍTULO IV
Yona intentó gritar, pero la mano en su boca le impedía emitir sonido alguno. Le sujetaba fuertemente del brazo y comenzó a golpearle con los codos para soltarse en el minuto en que otro hombre la agarraba de las piernas. Desesperada notó como la ataban y le ponían una cinta en la boca, antes de sentir un golpe en la nuca. Cayó al piso algo mareada y pudo ver por primera vez a sus agresores.
Eran dos hombres de unos treinta años de aspecto desagradable que sonreían al mirarla.
-Nos darán un buen dineral por ella- comentó uno.
-Ni que lo digas, aunque podríamos divertirnos con ella antes de entregarla.
Yona comenzó a desesperarse aún más al pensar en lo que esos hombres estaban planeando para ella. Se sentía indefensa y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Era débil, no sabía en qué había estado pensando al alejarse del resto y creer que sería capaz de defenderse.
Se angustió al pensar en los otros. Todos dormían y ella se había alejado demasiado como para que el ruido los alertase. Sintió como su corazón se aceleraba producto del miedo. Si se la llevaban de allí no tendrían como encontrarla.
Uno de los hombres se acercó a ella y le acarició el rostro.
-No tienes que llorar tanto, te haremos pasar un muy buen rato.
La risa le provocó terror y se retorció alejándose de su tacto.
-Parece que te han rechazado- se burló el otro.
-Por ahora.
La recogieron del piso y uno de ellos la subió a su hombro y comenzaron a caminar hacia la espesura del bosque. Yona intentó por todos los medios de hacer ruido y pataleó como pudo mientras le golpeaba en la espalda, pero al hombre no parecía afectarle en nada.
Iban alejándose de los demás y Yona lloraba desesperada mientras llamaba a Hak en su mente.
Un grito la asustó. Era el otro hombre que gritaba de dolor. Yona alzó la vista y vio como la sangre caía por su pecho. Luego sintió como el hombre que la sujetaba gritaba y caía al piso llevándola con él. Cerró los ojos preparándose para el impacto pero unos brazos la levantaron antes que tocara la tierra.
Abrió los ojos de golpe y se encontró con los ojos de Hak. La envolvió en sus brazos y la dejó sentada apoyada en un árbol. Se volvió hacia los dos hombres y los apuntó con su lanza.
-¡Los mataré!- gritó antes de abalanzarse sobre ellos.
Cuando los hombres quedaron en el piso, Hak se volvió hacia ella y le quitó el parche de la boca y las amarras.
-Hak- murmuró ella.
Pero Hak se había arrodillado frente a ella y la abrazó atrayéndola hacia él.
-Hak.
Yona se quedó helada al ver como el cuerpo de Hak temblaba a su alrededor y ella le abrazó con fuerza. Él escondía su rostro en su hombro y ella comenzó a llorar.
-No vuelvas a alejarte de mí- dijo Hak entre sollozos.
Yona solo lloraba en su hombro.
-Lo siento.
-Creí que te perdía.
-Lo siento- repetía Yona.
Sentir el miedo en el cuerpo de Hak le entristeció de una manera que ella jamás se había imaginado.
-Hak- el no respondía- por favor mírame.
Él levantó la vista y ella vio que había estado llorando.
-Estoy bien- dijo ella intentando calmarle.
-Me he despertado y he visto que no estabas en la carpa- comenzó a decir- creí que estarías practicando pero no te encontraba por ningún lado. Hasta que vi el arco en el suelo y sangre- su voz se cortaba- me entró el pánico. Creí que no te volvería a ver.
Yona se quedó helada al ver el daño que le había provocado y sintió como una herida se abría en su interior.
Yona le abrazó y Hak se sorprendió con aquel gesto.
-Realmente lamento haberte preocupado tanto- susurró en su oído- creí que al alejarme les dejaría dormir tranquilamente pero me confié en que podría defenderme por mi misma sin depender de nadie, y me equivoqué. Siento haberte causado dolor Hak.
Hak la apretó más hacia su cuerpo y se separó sus rostros hasta quedar a pocos centímetros el uno del otro.
-No tienes que pensar en nada, yo estoy para protegerte.
Yona sintió una calidez recorrer su cuerpo. Pero esto reforzaba que era una carga para todos.
-No volveré a hacerlo.
Hak se acercó de improviso y le besó en la mejilla donde mojaban sus lágrimas. Yona se puso colorada y se quedó de piedra. Normalmente le habría gritado, pero ya le había causado mucho dolor como para tratarle así.
Se quedaron abrazados durante largos minutos hasta que ambos se calmaron.
-¿Crees que podemos ir al río para lavarme las lágrimas antes de volver?
Hak asintió.
-Por supuesto que sí princesa.
