Capítulo 4: Una crisis a la vez
Una vez que Ryder y los cachorros designados salieron en camino a su misión, Zuma y Rubble bajaron de la torre, dirigiéndose al patio para entretenerse mientras regresaban sus amigos. Además, tenían la misión de vigilar al afligido pastor alemán, quien seguía encerrado en su casita. Rubble miraba la casa color azul, hasta que el labrador lo llamó para atraer su atención.
-Amigo, parece que tawdaran un wato en wegresaw –dijo Zuma-. Quieres que hagamos algo?
-MMMM…qué tal si jugamos a jalar la cuerda? –dijo el bulldog, moviendo la cola.
-Buena idea, deja voy pow ella, tú vigila a Chase, –dijo Zuma. Se dirigió al cajón de juguetes, buscando la cuerda que usaban los cachorros para divertirse. Una vez que la encontró, la llevo a donde estaba Rubble y la puso en el suelo, esperando a que el bulldog tomara el otro extremo para iniciar el juego, pero al voltear vio a su amigo pensativo y mirando con tristeza la casita de Chase. Sabía que no era normal ver a Rubble tan triste, así que aventuró una pregunta.
-Qué te pasa Wubble?- pregunto el labrador preocupado.
-Nada Zuma, es solo que…..tú crees que Chase se recupere de esto? Digo, sé que él amaba mucho a Skye, y me entristece verlo así, las cosas se están poniendo algo ásperas entre ellos y no me gusta, que tal si no vuelven a ser amigos– dijo Rubble. El cachorro nadador suspiró por un momento y se acercó al bulldog, buscando la respuesta más adecuada para tranquilizarlo.
-Mira, tendremos que acostumbrawnos, Skye ya tomó su decisión, y debemos wespetawla, así como debemos apoyawlos tanto a ella como a Mawshall, ellos son nuestros amigos, solo hay que dawle tiempo, ya verás que pronto Chase será el de antes –dijo Zuma, esbozando una enorme y optimista sonrisa, la cual logró tranquilizar momentáneamente al joven bulldog.
-Tienes razón Zuma, gracias. Juguemos un rato, eso nos mantendrá entretenidos –dijo Rubble.
-Así se habla Wubble! -dijo Zuma sonriendo. Estaba a punto de tomar el extremo de la cuerda, cuando el bulldog volvió a hablar, esta vez en un tono diferente.
-Oye Zuma, y a que te referías al decir que Rocky se veía muy guapo vestido de policía? Acaso te gusta? –preguntó Rubble de forma picara. El labrador se quedó petrificado, sin saber cómo contestar a la embarazosa e imprevista pregunta.
-Queeee? Yo no….yo no sé…..yo no sé de qué hablas Wubble…solo…..solo es que, bueno…veras, tal vez…yo –comenzó a hablar atropelladamente, recibiendo una curiosa sonrisa por parte del joven cachorro constructor.
-Vamos Zuma, deja de fingirlo! Soy el cachorro más joven del grupo, pero no soy ciego ni tonto, además, todo mundo lo sabe: la forma en que ustedes se miran y se tratan es muy evidente. No tiene nada de malo, de hecho ustedes dos hacen una bonita pareja, ojala lo hagan oficial pronto. Así como Marshall y Skye, sería lindo verlos a ustedes juntos.
-Gra…..gracias Wubble, solo puedo decir que no es oficial aun, pero tal vez nos animemos a hacerlo público muy pronto….y si…...Rocky se ve muy guapo con ese uniforme, tan varonil y tan sexy, es todo un adonis –dijo Zuma, mirando distraídamente al horizonte con ojos amorosos, hasta que se percató que Rubble lo observaba, sonrojándose por esas palabras.
-Más vale que te apresures, antes que alguien te lo gane, un cachorro como Rocky seguro debe de tener muchas hembras detrás de él, o tal vez otros machos –dijo Rubble guiñando un ojo.
-Oye, no digas eso! Solo tengo ojos para ese guapo mestizo, y él solo los tiene para mí, mejow vamos a jugaw, quieres? –dijo Zuma nervioso y apenado. Ambos se rieron por ese comentario y tomaron la cuerda para jugar con ella, sin dejar de vigilar de reojo la casita de perro de Chase, quien seguía prácticamente atrincherado y sin dar señales de salir pronto de su encierro.
Tras unos minutos de recorrido, Ryder y los otros cachorros llegaron al lugar del choque. Desde lejos el joven rescatista se percató de la magnitud del percance: dos vehículos chocaron y al mismo tiempo se impactaron contra un camión de pasajeros. Se veía que era algo serio, por lo que estaba planificando en su mente el plan de rescate que iban a ejecutar. Todos estacionaron sus vehículos a un lado del lugar donde ocurrió el incidente y Ryder empezó a dar indicaciones.
-Cachorros, es hora de actuar. Rocky! Marca un perímetro con tus conos y mantén alejada a la gente con tu megáfono. Marshall! Revisa a los dos conductores y dales la atención necesaria mientras llega la ayuda médica. Skye! Usa tus gafas para verificar que no haya más gente atrapada en los vehículos, yo ayudare al conductor del camión a bajar a los pasajeros.
Los tres cachorros ladraron en señal de aprobación, dividiéndose para cumplir las tareas asignadas. Rocky tomó unos conos de repuesto que había en su camión, y de forma similar a Chase, los lanzó hacia la avenida para delimitar el área del percance. Una vez que estaban colocados, se acercó a la multitud de curiosos que estaban alrededor del lugar.
-RUFF RUFF, MEGAFONO!- ladró el mestizo, sacando el artefacto de su mochila-. ATENCIÓN CIUDADANOS, ESTAMOS ATENDIENDO UNA EMERGENCIA! PERMANEZCAN DETRÁS DE LA LINEA DE CONOS Y PERMITAN EL PASO DE LOS HERIDOS! LA AVENIDA ESTA CERRADA, TOMEN OTRA RUTA ALTERNA MIENTRAS SE ATIENDE EL PERCANCE!
A pesar de que varios de los transeúntes se extrañaron al ver a Rocky haciendo el trabajo de Chase, la multitud decidió obedecer las instrucciones del mestizo. Ryder miraba con orgullo a su cachorro reciclador desempeñar una tarea distinta con total profesionalismo. Se acercó al camión y vio al conductor, quien estaba sentado en la acera, aparentemente en estado de shock, pero a salvo y aparentemente sin heridas graves. Subió al camión y vio a la gente confundida y murmurando. Se acercó al asiento del conductor, buscando la palanca que abrían las puertas. Logró localizarla, así que la activó y las puertas se abrieron sin problemas.
-Señoras y señores, les pido que salgan por las dos puertas, háganlo de forma tranquila y ordenada, en un momento los atenderemos –dijo Ryder. Los pasajeros obedecieron al chico, haciendo lo posible por levantarse de sus asientos, dirigiéndose a las salidas del camión.
-Rocky, ayúdame a llevar a los pasajeros hacia allá! –dijo el chico señalando una parte alejada del Ayuntamiento con bancas y árboles con suficiente sombra para que descansaran.
-Enseguida Ryder! –dijo el mestizo, corriendo en dirección a su amo. Sacó nuevamente el megáfono, listo para dar las nuevas las indicaciones.
-PASAJEROS DEL CAMIÓN, NECESITO QUE ME SIGAN! DIRIGANSE EN ESTA DIRECCIÓN! AQUÍ LOS ATENDEREMOS!
Con gran aplomo y seriedad, el cachorro mestizo seguía dando instrucciones a la multitud con su megáfono, manteniéndolos controlados y tranquilos, dirigiéndolos al sitio que Ryder eligió para mantenerlos a salvo. El chico y su cachorro reciclador estaban haciendo un buen trabajo, intercambiando miradas de satisfacción y orgullo por hacer una mancuerna tan buena como lo hacía Chase. Mientras ellos auxiliaban a los pasajeros, Marshall atendía al conductor de uno de los autos impactados, quien se encontraba sentado en la banqueta, muy cerca de su vehículo.
-Señor, se encuentra bien? Tiene alguna dolencia?– preguntó el dálmata, sin despegar la mirada del sujeto accidentado
-Mi cabeza….me duele…..un poco –dijo el conductor, sosteniendo su cabeza con ambas manos.
-Tranquilo, yo lo ayudare, RUFF RUFF, RAYOS X! –ladró el cachorro paramédico. De su mochila salió una pantalla plegable con la cual comenzó a examinar al conductor. Mientras revisaba al sujeto, oyó la voz de Skye, quien le llamaba a su placa.
-Que ocurre Skye? –preguntó Marshall cortésmente.
-Veo en el otro vehículo a otra persona, es la conductora, está atrapada y no puede salir.
-Estoy atendiendo a este paciente, puedes ayudarme con ella? Usa el camión de Rocky y usa su montacargas para forzar la puerta, por favor –dijo el dálmata, sin descuidar a su paciente.
-Buena idea Marshall, yo me encargo –dijo Skye. La cachorra cortó la comunicación, aterrizando su helicóptero a un lado de la acera. Corrió en dirección hacia el camión de Rocky, el cual afortunadamente sabía conducir, así que encendió el motor y acercó el camión del cachorro reciclador al segundo vehículo, donde vio a la pasajera que luchaba por abrir la puerta.
-Retroceda un poco, la liberaré en un momento!– dijo la cockapoo. Miró el panel de control del camión, buscando el botón del montacargas. Una vez que logro localizarlo, acercó lentamente el camión hasta que logró encajar uno de los soportes del montacargas en la puerta del automóvil impactado. Oprimió el botón y el montacargas se alzó lentamente, arrancando la puerta atascada. Skye retrocedió el vehículo y bajó para atender a la conductora.
-Se encuentra bien señorita?- pregunto la cachorra voladora. La mujer movió un momento su cabeza para combatir la sensación de mareo y miró a la perrita.
-Sí….gracias cachorrita, parece que solo tengo algunos leves golpes, eso y el susto por el choque, pero creo que estoy bien, gracias, eres muy amable.
-No se preocupe, en un momento mi compañero la revisara, acompáñeme –dijo Skye. La cachorra se puso a un lado de la mujer y ambas caminaron en dirección del dálmata, quien había terminado de revisar al primer conductor, además de suministrarle unas píldoras y una bolsa de hielo para el dolor de cabeza.
-Listo, solo fueron algunos golpes, nada de cuidado, solo sostenga esa bolsa en su cabeza y se sentirá mejor -dijo Marshall. Volteó y miro a la cockapoo acompañada de la conductora.
-Hiciste un buen trabajo Skye, gracias, quieres ayudarme a revisarla? –dijo Marshall, esbozando una sonrisa. La cachorra le devolvió otra sonrisa y se colocó al lado del dálmata, quien repitió el mismo procedimiento de revisión que hizo con el primer conductor, mostrando a la cachorra como realizaba su trabajo. Pasó la pantalla de rayos X por el cuerpo de la mujer, pero al escanearla, se detuvo un momento en su abdomen, poniendo especial atención a lo que veía.
-Que ocurre Marshall? –preguntó Skye, al ver la expresión de preocupación del dálmata.
-Mmmmhhhhh, me temo que usted tiene una lesión en su bazo, parece que tiene una leve hemorragia interna –dijo el cachorro paramédico con seriedad, retrayendo la pantalla.
-Ahora que lo dices, me duele un poco aquí –dijo la mujer, señalando su costado derecho.
-Le sugiero entre a mi ambulancia, la llevare personalmente al hospital –dijo Marshall. La mujer obedeció las indicaciones del dálmata y entró a la parte trasera del vehículo, acostándose en una camilla que había en su interior. El cachorro paramédico la aseguró, cerró la puerta y corrió a donde estaba Ryder, quien junto a Rocky trataban de tranquilizar a los pasajeros del autobús.
-Ryder, necesito llevar a la conductora del segundo vehículo al hospital! No sé si pueda esperar a que llegue más apoyo médico! –dijo el cachorro paramédico apresuradamente. El chico miró por un momento a Marshall, sabía que era muy acertado en sus diagnósticos, así como su entrenamiento médico lo respaldaba, así que decidió permitirle tomar esa decisión.
-Está bien Marshall, confió en ti, los demás apoyaremos al resto de los pasajeros.
-Gracias Ryder, regresare lo antes posible –dijo el cachorro. Corrió hacia su ambulancia, encendió el motor y se disponía a arrancar, cuando miro por un momento a Skye.
-No tardare mucho, pero por si acaso….. –dijo el dálmata, lanzándole su mochila de bombero a la cachorra voladora-…les dejo esto por si llegaran a necesitarlo.
-Ten cuidado Marshy –dijo Skye, dedicando una mirada romántica al dálmata.
-No te preocupes, vuelvo enseguida –dijo con una enorme sonrisa. Marshall encendió la sirena y condujo a toda velocidad su vehículo. Skye miró con detenimiento la mochila roja de bombero, apenas llevaban un día de novios y ya sentía un vínculo especial por el siempre alegre dálmata, aunque eso también le recordó la situación con Chase. La reacción del pastor alemán era comprensible, y en cierta forma se sentía mal por poner al cachorro policía en semejante predicamento, algo que se acrecentaba al ver a Rocky haciendo las labores que le correspondían a él. Sabía que de no ser por esa confesión, Chase no se habría disgustado ni desobedecido una orden directa de Ryder, y estaría haciendo su trabajo en ese rescate, en lugar de estar encerrado en su casa para perro. Olfateó la mochila, percibiendo la esencia del dálmata, la cual era evidente al usarla todos los días. Ese olor reconfortó temporalmente a la cachorra, quien involuntariamente abrazó con fuerza la mochila, cual si fuera un salvavidas en medio de un enfurecido océano, buscando algo de consuelo y dándole ánimos para enfrentar toda la situación, además de ayudarle a reunir el valor que necesitaría para hablar más adelante con Chase, una discusión que tarde o temprano se tendrá que dar. Skye estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas se percató de que uno de los vehículos comenzó a incendiarse. Ryder se acercó para ayudar al conductor del primer vehículo a levantarse y alejarlo del sitio, mientras Rocky hacia lo posible para mantener lejos a los curiosos que andaban cerca.
-RETIRENSE DEL AREA, VEHICULO EN LLAMAS! REPITO, RETIRENSE DEL LUGAR, ES POR SU PROPIA SEGURIDAD! –gritó Rocky con un tono de voz calmado pero severo, tratando de alejar a los curiosos que querían presenciar el suceso. Ryder volteo y vio que Skye sostenía la mochila de bombero de Marshall, así que sin más opciones a la mano, decidió aprovechar esa situación. Miró a la cockapoo y gritó con todas sus fuerzas.
-SKYE, USA LA MOCHILA PARA APAGAR EL INCENDIO, RAPIDO! –grito el chico. Skye reaccionó y decidió actuar. Se quitó su mochila voladora, la puso en el suelo y se colocó la mochila de bombero. Avanzó a una distancia prudente, como les enseño Marshall en el entrenamiento básico para "misiones máximas" y apuntó directo hacia la fuente del incendio.
-ARF ARF, CAÑON DE AGUA! –dijo la cachorra. El cañón se desplegó y disparó su contenido, pero la fuerza del cañón tomó desprevenida a la cockapoo, lanzándola hacia atrás, cayendo un par de metros de donde estaba. Ryder se preocupó al ver a la cockapoo tirada en el suelo, pensando que fue un error pedirle que usara una herramienta que no podía controlar tan fácilmente. Estaba a punto de llamar a Marshall para que regresara, pero tenía fe en que la cachorra reaccionaría favorablemente, así que prefirió esperar a que Skye se levantara.
-Skye, estas bien? -pregunto Ryder consternado. Para su fortuna, la cachorra se incorporó lentamente, sacudiendo su cabeza y luchando por combatir la sensación de mareo, así como el sentimiento de vergüenza por semejante espectáculo.
-Estoy bien Ryder, descuida! Lo intentare nuevamente! –gritó la cockapoo. Ryder asintió en silencio, mientras la cachorra se acercaba al fuego, lista para un segundo intento.
-ARF ARF, CAÑON DE AGUA! –volvió a ladrar el comando. El cañón volvió a desplegarse, pero esta vez Skye puso todo el peso de su cuerpo sobre sus patas, aferrándose al asfalto con sus garras para evitar que la presión la derribara nuevamente.
-Cielos! No sé como Marshall logra controlar esta cosa, pero debo hacerlo! No quiero que Ryder piense que soy una inútil por no poder con esto– pensó Skye. Usó toda su fuerza para apuntar el chorro de agua lo más certeramente posible, enfocándose en las llamas que salían del vehículo. Tras rociarlo abundantemente, el pequeño incendio fue cediendo al agua y súbitamente se apagó. Tras el esfuerzo, se dejó caer en el suelo. Ryder dejó a los pasajeros al cuidado de Rocky y se acercó a la cachorra, quien al verlo llegar se incorporó nuevamente.
-Bien hecho Skye! Lograste evitar que las llamas se propagaran –dijo Ryder, mientras frotaba la cabeza de la cockapoo.
-Gracias Ryder, falle el primer intento, pero no me di por vencida y al segundo logre hacerlo bien –dijo la cachorra sonriendo. En ese momento, vieron que la ambulancia de Marshall regresaba del hospital, estacionándose al lado de ellos. El dálmata apago el motor de su vehículo y descendió corriendo para acercarse a sus amigos.
-Como te fue Marshall? –preguntó Ryder.
-Tardamos un poco, pero lograron atender a la conductora. Estaba en lo correcto, tenía una hemorragia interna, afortunadamente la internaron y los médicos lograron encontrarla. Todo bien aquí Ryder? *Sniff sniff* Por qué huelo a humo? Se quemó algo? –preguntó preocupado
-Sí, tuvimos un ligero conato de incendio, pero Skye usó tu mochila y logro evitar que pasara mayores –dijo Ryder con orgullo, haciendo que la cockapoo se sonrojara un poco.
-No fue nada, me costó un poco de trabajo usarla, pero no fue nada complicado –dijo Skye.
-Lograste usar mi mochila de bombero? Eso es genial!– dijo el dálmata entusiasmado-, significa que no solo tengo una linda novia, sino una linda compañera bombera.
-Ooohhh, vamos, me estás haciendo sonrojar –dijo Skye apenada. Ambos intercambiaron amorosas miradas y amplias sonrisas, hasta que Ryder los interrumpió.
-Lamento cortar su escena romántica cachorros, pero aún tenemos gente que ayudar, y no podemos dejar toda la responsabilidad a Rocky, así que vamos.
-Claro que si Ryder. Skye, quieres ayudarme con las otras revisiones médicas? –dijo Marshall.
-Por supuesto, amorcito –dijo la cockapoo. Ambos sonrieron de forma confidente y se dirigieron con su dueño a donde estaban los pasajeros del camión. Rocky mantenía la calma entre la multitud, así como revisaba que nadie se acercara al perímetro marcado por sus conos, algo de lo que Ryder se enorgullecía. Por su parte, Marshall y Skye atendían a cada uno de los involucrados en el choque. El chico observaba como el dálmata le explicaba paciente y educadamente a la cockapoo como usar los accesorios de su mochila de paramédico, algo que también le reconfortó. Aunque Ryder extrañaba ver a su leal Chase en acción, sabía que con la ayuda del resto de sus cachorros podía atender toda clase de situaciones, y esto demostraba que estaban perfectamente entrenados para responder ante cualquier problema. Tras un rato de auxiliar a los pasajeros, vieron que llegó una ambulancia y un camión de bomberos del poblado de Ciudad Aventura para apoyarlos. Tanto el jefe de bomberos Arthur Douglas como la paramédico Jane Thompson reconocieron al muchacho, así que lo saludaron efusivamente.
-Veo que adelantaste mucho de nuestro trabajo Ryder –dijo el bombero con una sonrisa.
-Un poco –dijo Ryder devolviendo otra sonrisa- hicimos lo que pudimos, por suerte no fue tan grave como pensamos, aun así les dejamos algo de "diversión".
-Pues gracias por el apoyo, ahora nosotros nos encargaremos, cuídate Ryder, cuídense cachorros! -dijo la mujer agitando su mano, saludo que los otros cachorros imitaron. En eso, se acercó la alcaldesa Goodway, mientras Gallileta picoteaba distraídamente una mazorca.
-Me alegro que hayan llegado a tiempo, no sé qué hubiera pasado pero muchas gracias!
-No se preocupe alcaldesa, es nuestro trabajo.
-Ya lo creo, por cierto, Chase está bien? Porque veo que Rocky tomó su lugar.
El comentario tomó por sorpresa al joven rescatista. Sabía que la alcaldesa por lo regular siempre tiene mil ideas y ocupaciones en mente, además de su mascota alada, quien capta toda su atención, Sin embargo, el breve reemplazo del pastor alemán por el mestizo era algo demasiado evidente, así que buscó la forma para darle una respuesta más adecuada.
-Sí, se sentía…algo indispuesto, así que decidí que Rocky podía tomar su puesto en lo que se recupera, es solo temporal –dijo Ryder, mientras el mestizo asentía con la cabeza.
-Pues lo hizo muy bien, fue tan atento y tan profesional, como todo un cachorro policía, muchas gracias Rocky! –dijo la mujer, frotando la cabeza del mestizo, quien sonrió ante esa muestra de afecto-, debes estar orgulloso Ryder, todos tus cachorros son maravillosos. Bueno, debo regresar al trabajo, nos vemos después, y nuevamente gracias.
La mujer se despidió, caminando de vuelta hacia el Ayuntamiento, dejando a Ryder y a sus cachorros solos. El joven suspiró aliviado, no le gustaba mentirle a la alcaldesa, pero no era el momento de contarle nada hasta que fuera el momento adecuado.
-Logramos ayudar a mucha gente hoy, todos fueron muy buenos cachorros, ahora vamos a casa! –dijo Ryder. Los tres cachorros aullaron en señal de aprobación y se dirigieron a sus vehículos, exhaustos pero satisfechos de haber resuelto un problema. Sin embargo, Ryder aún se sentía intranquilo, lograron resolver una crisis, pero había otra que atender en el cuartel, la cual no sería tan fácil de solucionarse, y requeriría más que su habitual ingenio para resolverla.
