SEXO
Los Celos
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Su mirada no se separaba de ella, estaba muy hermosa como siempre, sobre todo por la ropa que traía puesta, una falda café por encima de la rodilla y una blusa sencilla de un tono más bajo, su cabello amarrado en una cola alta dejando ver su largo y desnudo cuello. Tan sólo en pensar que saldría con otro chico le hervía la sangre de celos y, por estos celos, no había podido dormir en toda la noche.
Bien, ya me voy – Anunció la rubia.
¿A dónde? – Preguntó Asakura haciéndose el desentendido
Con Hiroshi –
Ah, ya se me había olvidado –
Anna sonrió. Su prometido estaba muerto de celos, ella lo sabía bien.
Bueno, Adiós –
Y salió de la casa para encontrarse con su cita.
¿Vas a dejar que salga con otro? – Habló el mayor de los Asakura.
Sí, Anna no está amarrada a mi – Apoyó su mano derecha en la mesa y dejó caer el peso de su rostro en ella.
Pero tú sí a ella – mordió una galleta – Tienes esa cara de bobo enamorado que ni volviendo a nacer se te quita –
Eso no es cierto –
Claro que sí, además estás muerto de celos, hermanito –
¿Y tú como sabes? –
Aparte de que tus expresiones lo muestran, puedo leer tu pequeña mentecilla- Sonrió con arrogancia.
¡Oye! ¡No este hurgando en mis asuntos! –
Yoh gritó enfadado. No le agradaba nada que su hermano se metiera en sus cosas, menos que leyera su mente y se enterara de cosas privadas.
Hao rió – Por cierto, nunca imagine que tuvieras esos tipos de pensamientos con Anna… eres un pervertido de lo peor Yoh – rió a un más.
¡Cállate! – Roja se tornó su cara
Vale, no te pongas así, yo igual he tenido esos tipos de pensamientos con Anna – Cerró los ojos y sonrió disfrutando de su mala mente.
Yoh aporreó sus manos en la mesa y habló con voz clara y fuerte- ¡No te metas con ella! –
Ves, eres un celoso –
Baka –
El menor de los Asakura se puso de pie y salió de la casa. Hao no preguntó a dónde se dirigía ya que sabía la respuesta a la perfección.
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Su mano derecha se posó sobre la de ella, y ella disimuladamente, la apartó. No sólo porque había aceptado salir con él, quería decir que quería algo más con él, no señor, para ella sólo era un amigo, un amigo que la ayudaría a ahogar de celos a su prometido. Sí, no podía negarlo, Hiroshi era muy atractivo y sentía cierta atracción por él, pero no como la que sentía por Yoh. El castaño la hacía derretirse con una simple mirada y una tonta sonrisa. No cabía duda de que lo amaba, pero le fascinaba verlo celoso, frunciendo el ceño mientras susurraba blasfemia y media.
Se encontraban en uno de los restaurantes más caros de la ciudad. Eso le gustaba a Anna, que la trataran como una reina, como la reina que era (je), lo mejor de esta cita era que Hiroshi le compraba lo que ella quería, sólo para complacerla. Pero lo que no le agradaba, es que en cada momento tratara de abrazarla, tomarla de la mano…
Tienes algo en la mejilla – Hiroshi se acercó a la rubia, hasta quedar centímetros de su rostro.
Ella se quedó quieta. Tampoco era tan cruel como para gritarle que se alejara, pero tampoco iba a permitirle que se propasara.
Iba a pedirle con gentileza que se alejara un poco, hasta que sintió y vio a su querido prometido pecado en la ventana del lugar, en verdad, era un bobo. Si la iba a espiar, que se escondiera por lo menos.
Una gran y maligna sonrisa adornó su bello rostro.
¿Si? – La rubia se fue acercando más al rostro del chico, mientras que de reojo veía a su prometido muriéndose de los celos.
Yoh, sin soportarlo un segundo más, entró al lugar con prisa y se interpuso entre la pareja.
¿Qué te pasa! – Miró con reproche a la rubia - ¡Yo soy tu prometido¡ ¡No puedes andar besándote con otro! -
Cállate – lo miró con frialdad – ¿Quién dijo que nos estábamos besando…? - se puso de pie – Gracias Hiroshi, fue una excelente cita – diciendo esto salió del lugar con toda la tranquilidad del mundo mientras que las demás personas no le quitaban la vista de encima.
Yoh la siguió.
Hiroshi se quedó quieto y perplejo, sin saber lo que ocurría.
Oye Anna… - la tomó de los hombros y la detuvo – ¡No hagas esas cosas! –
No estaba haciendo nada malo –
¿Ah no? ¡estabas besando a otro chico!- gritó.
Tienes que ir a revisarte la vista, yo no lo estaba besando – Frunció el ceño. Estiró el brazo y pidió un taxi – Nos vemos en la casa.
Y se marcho, dejando a un Yoh solito en la noche fría.
¡Aaaaaah¡ ¿POR QUÉ NO ME LLEVAS! – gritó el castaño.
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Habían llegado a casa poco más de una hora. Anna había decidido irse a dormir, mientras su prometido aún seguía muerto de los celos. Caminaba de un lado a otro como una fiera enjaulada.
¡Ah! ¿Por qué hace esto? –
Luego dices que no estas celoso – Hao se apoyó a la pared mientras cruzaba los brazos.
No lo estoy, sólo estoy un poco en desacuerdo con ella –
Estas celoso, que te cuesta admitirlo mmm, tu mentecilla me lo dice –
Ya te dije que dejes de leerme la mente… - dijo fastidiado.
Bueno, también se lo debes de decir a Anna, ya sabes ella igual las lee… -sonrió con arrogancia.
Yoh se quedó quieto y con los ojos bien abiertos.
Era verdad, ella leía las mentes, cómo se le había podido olvidar algo tan importante. Cuantas veces ella había indagado en su mente, descubriendo sus pensamientos, sus más íntimos deseos, sus sueños, sus fantasías… sus fantasías con ella. Entonces, eso quería decir que ya sabía sobre ese maravilloso sueño que tenía todas las noches, ese sueño donde ella se ofrecía a ser poseída, ese sueño que deseaba con fuerza que se hiciera realidad. Ya conocía la nueva mente pervertida de Asakura Yoh.
Se sonrojó notoriamente.
Corrió hasta la habitación de la rubia y abrió la puerta con cautela.
La vio ahí sentada sobre su futon, mirando las estrellas. Se veía tan hermosa como siempre. Y se quedó ahí pasmado, mirándola con lujo de detalle, y sonriendo por tener a una prometida tan bella.
Baka, deja de espiarme y pasa – habló la rubia.
Él solo rió nervioso y entró.
¿Qué es lo que quieres? – volteó a verlo.
Vine a pedirte una disculpa – se sentó frente de ella – Lo siento, fui un idiota.
Ya lo sé – frunció levemente el ceño.
Je, je… y pues quería preguntarte algo – los nervios se lo carcomían.
¿Qué? – lo miró.
Este… mmm… ¿lees mi mente? –
Silencio.
No – contestó.
¿No?... – arqueo una ceja.
No –
¿Enserio? ¿Por qué no? –
No tengo ganas de leer u mente cochambrosa como la tuya –
¡Oye! ¡Mi mente no es así! Soy santo, puro y casto- lloriqueó.
Ni tú te la crees Yoh… -sonrió con ironía. – Pero bueno, si quieres la leo –
¡No! ¡No! Así está bien – sonrió.
Hubo un corto silencio.
La rubia se recostó en su futon y cerró lo ojos. El castaño se acostó a lado de ella y la miró con una gran sonrisa.
Oye Annita… -
¿Qué? – contestó sin abrir los ojos.
¿Te puedo dar un beso? –
No –
Bien –
Se acercó a ella y la besó. Para Yoh un no significaba un si. Y sin poder evitarlo, el beso se profundizo. Se colocó encima de Anna, y ella por sorpresa se dejo llevar. Ella lo abrazó por la espalda, aún no abría los ojos, parecía uno de esos sueños que cada noche tenía con su amado prometido.
Él se dejo llevar por la hormona, y su mano derecha fue desamarrando la yukata de la joven. La itako no se había dado cuenta, hasta que sintió la mano de Yoh acariciando su desnudo vientre, sintió nervios, pero se calmó. Él, al darse cuenta de que Anna no lo había golpeado, siguió con su juego. Se sentía en las nubes, talvez… talvez hoy se cumpliría su sueño de poseerla, de hacerla suya.
Pero todo se derrumbó cuando una de las traviesas manos de shaman acarició uno de sus senos.
Kyouyama abrió los ojos, y frunció el ceño. Cómo era capas de hacer esto, una cosa era que acariciara su cintura y otra que se pasara del límite restringido.
Y sin pensarlo dos veces, lo abofeteó.
Qué… ¿Qué sucede? – su mejilla izquierda estaba roja.
¡Eres un pervertido! – Se amarró la yukata con prisa - ¡cómo te atreves a tocarme de esa forma! –
Pero… pero… Annita - se sonrojó con extremo – Yo… yo… sólo me deje llevar –
¡Pues no te dejes llevar! – Gritó con furia - ¡Salte de mi habitación! –
¿Qué? ¡¿Sólo por eso?¡ ¡Eres una exagerada! – gritó de igual manera el moreno
¡Por supuesto que no! ¡Tienes que respetarme! –
¡Apuesto que si hubiera sido Hiroshi hubieras dejado que te tocara TODO! - mostró los dientes por la furia.
La rubia se quedo indignada y le dio otra cachetada – Eres… eres… un ¡ESTÚPIDO! – Alzó más la voz - ¡Por qué mejor no te vas a hacer estas tonterías con las tantas zorras que te siguen! –
¡Si quieres lo hago! ¡Ellas con muchísimo gusto se dejarían! –sonrió retándola – Hitomi, Miyako, Sakura… haber quién más… -susurró.
¡YA LARGATE! –
Asakura fue echado de la habitación.
Salió con el ceño fruncido y el rostro marcado por las manos de Anna.
Hao lo vio salir y rió, en verdad era muy gracioso verlo de esa forma, y también le causaba mucha gracia conocer a este nuevo Yoh, un total pervertido.
No digas nada Hao… - lo miró, casi matándolo.
No iba a decir nada – sonrió y se metió a su habitación.
Yoh entró a su habitación y recostó en el futon. Sobó sus dos mejillas, y el ceño fruncido que adornaba su rostro fue sustituido por una sonrisa. Sonreía porque había podido llegar un poco más con la rubia, aunque ésta le había roto la cara, pero aun así se sentía feliz. Aunque ahora era su turno de ponerla celosa. Ella lo había hecho pasar un muy mal rato con eso de la cita y ahora quería darle una cucharada de su propia medicina.
Sonrió y cerró los ojos para partir en su mundo de maravilla y sexxxo, donde ella se ofrecía y él era feliz.
Continuara…
Nota: perdón por la tardanza, ojala les aya gustado el capitulo. Le dije que iba haber lime, pero sorry, no hubo, se me fue, talvez para el próximo.
¡Muchas gracias por sus comentarios!
Son unas bellezas xD
Cuídense!
