Espero que os guste, es una idea que me vino a la cabeza i no pude resistirme a contarla, es mi primera historia. bueno que sea mía XD . Es una historia para mayores, por violencia.
Y ya sabeis, no ahí nada mejor para subir rápidamente que me mandes vuestros comentarios :), Nada que os valla bien la lectura.
Descargo de responsabilidad: Casi todos los personajes pertenecen a la talentosa S. Meyer, xD
No me lo podía creer, de estar en el hospital, a estar en la casa de Carlisle. Todo había pasado demasiado rápido.
-bella, duerme, mañana nos iremos a la policía.
-Nooo-chille-no podemos hacer eso, no se puede enterar nadie, no le vamos a decir a nadie.-me desespere, pensando en lo que nos ara Phil si se entera.
No podía hacer eso, si le denuncio, entraremos en juicio, y podría perder a Ali. Además no tendríamos donde quedarnos.
Carlisle negó con la cabeza y señalo a mis hijas, que se había quedado dormida en la gran moqueta. Yo asentí sabiendo que me estaba pidiendo permiso para recogerlas.
-Carlisle, no hace falta que le denunciemos, desapareceré y no sabrá donde encontrarme-le comente mientras él recogía con cuidado a mis hijas y las ponía en la cama.
-me iré, no sé, a España o algún otro país- intente desesperadamente convencerle.
-bella, vais a venir conmigo, Esmèe no me lo consentiría, ahora mismo la voy a llamar y contarle lo sucedido.
-por favor no se lo cuentes a el- volví a insistir, intentando convencerte.
- en eso tendrás suerte, Edward no está con nosotros, el viene un año si uno no.-contesto apenado.
Tengo que admitir que esto no me lo esperaba.
-Donde esta?
-no lo sé, no suele tener ningún lugar concreto-me contesto mirando como dormían mis hijas.-por cierto cuantos años tienen?
-la más pequeña tiene 2 y la más grande 5- conteste sin pensar.
Cuando respondí, me di cuenta de mi gran fallo, pero ya era demasiado tarde para corregirlo y no podía decir que lo había escuchado mal. pero que le voy a decir si me pre...
-No hace falta que te espliques-me interrumpió defraudado.
-No es lo que parece- intente explicarte -Lily, no es mi hija biológica.
-Cómo?-pregunto extrañado- la adoptaste.
-no, no, es mi hermana, cuando mi padre me envió aquí mi madre estaba embarazada-confesé.
-Espera un momento, bella, tú me estas ocultando algo-dijo pensativo- antes me habías dicho que el padre de Lily la dejo cuando nació, entonces su padre es Phil?
-sí, él es el padre, cuando Renée murió en el parto, Phil se fue, y yo me quede con la custodia.
Tenía que decir la verdad. No puedo vivir con ellos con esta mentira.
-Carlisle, tengo que confesarte una cosa-murmure en un gesto de valentía. Aunque nada más soltarlo me arrepentí.
-Si -contesto, fijando su atención en mí, al ver que no soltaba palabra se arrimó y me cogió las manos.
-tranquila Bella, lo que me digas quedara entre médico y paciente.
-prométemelo-conteste en un gesto muy infantil.
- te lo prometo.
No sabía cómo empezar. Y si después de enterarse no me quiere como hija. Y si me vuelve a dejar sola.
-Ali, nació fruto de una violación-admití ocultando, parte de la verdad.
La reacción de Carlisle no me la espere, se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación.
Top of Form 1
-No deberíamos avernos ido, todo esto ha sido por nuestra culpa.-de repente se paró i me miró fijamente a los ojos- quien fue?
Nunca lo había visto así, estaba totalmente fuera de sus casillas.
-no lo sé-conteste asustada.
La cara de Carlisle cambio automáticamente, ya no parecía furioso sino triste.
-tienes los ojos negros, cuanto hace que no has cazado?-intente cambiar de tema, funciono.
-no lo sé, estaba tan metido en mi trabajo que ni siquiera me di cuenta.
- no tienes sed?-pregunte curiosa.
-la verdad que un poco-admitió, suspirando-iré de caza esta noche, pero si me necesitas me puedo quedar.
-no, no, ves i caza, se te nota que lo necesitas, yo me quedare aquí.
Nos quedemos toda tarde ablando de cosas sin importancia, jugando con las niñas y mirando la televisión. Hasta que por fin se hizo de noche.
-me tengo que ir -confeso Carlisle-volveré antes de que salga el sol-dijo saliendo de la habitación.
Mientras Carlisle estaba fuera me acorde de que todas mis cosas estaban en casa. No puedo irme sin nada, además tengo los pasaportes en el mueble del salón. Iré a casa y recoger algunas cosas, luego vendré y nadie se enterara de que me he ido. Y todo esto lo tendría que ser entre las 5 y las 6. Que es lo que dura el partido de Phil.
-puedo hacerlo-pensé, para animarme.-Lily, quiero que me hagas un favor, podrás hacerlo?
-sí, mami-grito desde la cama.
-mami se va un rato, eres capaz de cuidar de Ali, durante un ratito.
-Claro mami, dónde vas?
- Voy a casa un minuto, ok ?
-Ok-grito, saltando en la cama.
-Quiero que si pasa algo llames a este número-dije mientras le daba el número de Carlisle
-vale mami, tu tranquila, yo me ocupare de todo- dijo Lily con la mano en la cabeza, como un soldado.
-Confió en ti soldada Lily-conteste imitándola.
Ella se rio y volvió a saltar en la cama. Cuando salí me di cuenta de algo inesperado, bueno inesperado para mí, como voy a ir con esta estúpida silla de ruedas.
Intente ponerme de pie, me dolía, pero era un dolor soportable. Antes de salir, fui al piso del vecino para que le echara un vistazo a las niñas. Tuve suerte, por lo que salí y fui directa a por un taxi. Cosa que no me costó mucho conseguir, no sé si por pena o simplemente porque pasaba por alado, ya que era muy difícil conseguir un taxi aquí en Phoenix.
Rápidamente le di la dirección de casa. Lleguemos en 5 minutos.
-Gracias-dije dándole la propina y saliendo del taxi
-gracias a usted.
Tenía miedo, miedo de que Phil llegara pronto a casa. Pero savia que tenía que darme prisa, por lo que me dirigí hacia la puerta y use la llave de debajo de la escombrilla. Cuando entre todo estaba destrozado, nuestro antiguo salón ya no se le podría llamar salón, los muebles estaban rotos y esparcidos por el lugar. Intente pasar por todo ese estropicio sin causar ningún ruido, pero el estúpido yeso no me dejaba caminar, por lo que cuidadosamente me acerque hacia el antiguo escritorio de mama, que ahora estaba roto en una esquina de la casa. Cuando lo vi me saltaron las lágrimas ya que era una reliquia familiar, pero no podía quedarme mucho tiempo, por lo que me acerque y recogí los pasaportes. Cuando me iba a dar la vuelta para irme, sentí un cálido aliento en mi nuca.
-Hola preciosa, te creías que podrás librarte de mí tan fácilmente- me susurro rodeando mi cintura con sus grandes manos.-donde has estado esta noche?
Sabía que no me podría escapar de su agarre, y que si colocaba una mala palabra, sería mi fin, por lo que busque un segundo plan en tan solo unos segundos.
- he estado en el medico, no le he dicho nada de lo que paso, solo que me caí por la escaleras- dije lomas tranquila que pude.
-mientes-contesto empujándome hacia él.
-no, no es mentira, te lo prometo- solloce intentando librarme de su agarre.
-donde están las niñas- pregunto apretándome más fuerte, ya casi no podía respirar.
- en casa de la vecina- mentí desesperadamente.
-deja de mentir-chillo empujándome fuertemente contra el antiguo mueble de mi madre.
Rápidamente intente salir a gatas, sin conseguirlo, ya que me golpeó fuertemente en la espalda y me hizo caer al suelo.
-no me hagas daño-suplique intentando huir.
Phil sonrió con una de sus sonrisas macabras y se arrodillo junto a mí.
-solo te estoy educando, preciosa-mientras decía estas estúpidas palabras yo aproveche para coger una de las patas, rotas del escritorio.
-Es por tu bien preciosa, así sabrás quien manda aquí-dijo estirándome de los pelos y tirándome contra la pared.-que mala suerte que no lo hayas aprendido antes. Ahora ya es tarde.
No me lo podía creer, que estúpida que he sido. Tan cerca que he estado de salir de aquí y yo he vuelto como una cobarde. No puedo morir sin intentarlo. Mientras yo me repetía estas palabras Phil se acercó lentamente hacia mí, lo que me hizo reaccionar y golpearle fuertemente con el palo que había guardado antes. Cuando lo hice sentí una fuerte satisfacción, lo que me hizo seguir dándole patadas con mi pie bueno. NO sé en qué momento el recupero el sentido, pero cuando me quise dar cuenta yo estaba en el suelo y el enzima mío.
-idiota, Te matare y luego matare a las putas de tus hijas-grito arrancando de un zarpazo mi blusa favorita.
Lo siguiente que sentí es algo afilado y frío entrando por mi abdomen y luego un punzante dolor procedente de esa zona. Tenía miedo a mirar, pero aunque quisiera no podía hacerlo ya que Phil me agarraba fuertemente del cuello, dejándome casi sin respiración.
-vas a morir y lo último que veras es mi cara- rio escandalosamente.
No podía respirar, y el abdomen me dolía mucho, creo que estaba sangrando, no sé cuánto tiempo estuvimos así, pero Phil se cansó y me aplasto la cabeza contra el suelo. Lo siguiente que sentí es que estaba al borde de la inconsciencia, aunque la oscuridad que se cernía sobre mí era la mejor solución. La más apacible. Yo me debatía para llegar a ese punto de luz, para poder luchar contra mi atacante,. En un momento recupere parcialmente los sentidos y note que Phil me arrastraba escaleras arriba dándome fuertes golpes por los estirones que empleaba. No note el dolor, lo único que note es frío, mucho frío y después todo volvió a ponerse negro y mi lucha contra la oscuridad volvió a surgir, intentaba mantenerla a raya y al vez recuperar la movilidad. Pero no lo conseguí, lo único que podía hacer era abrir los ojos y escuchar.
Mi cuerpo no me obedecía y no podía huir de él. Como el había dicho, iba a morir, pero su cara no será lo último que vea. Me niego a que sea su cara lo último que vea.
No sé cuánto tiempo me quedaba, pero a lo legos escuchaba como si alguien hubiera abierto algún grifo. A lo mejor está limpiándose la sangre de su camisa, o a lo mejor estaba preparándose una ducha, no lo sabía pero me inquietaba.
-bella cariño-dijo rozándome la cara, o eso creo yo, ya que sentí algo frío rozar mi mejilla.
Con miedo a lo que estaba pasando abrí los ojos lentamente, lo único que veía es luz, intente ajustar mi vista a la luz y me di cuenta de que empezaba a recuperar parte de mí, no la suficiente para salir huyendo, pero si la suficiente para sentir el fuerte dolor en mi abdomen, instintivamente dirigí la única mano que sentía en esa dirección y para mi sorpresa estaba caliente.
-pronto todo esto terminara-susurro Phil cogiéndome en brazos.
Rápidamente intente encontrar fuerzas para hablar, para chillar, pero lo único que pude conseguir es un suave chillido.
Este iba a ser mi fin. Phil me acerco hacia la bañera y pude contemplar que estaba llena. Allí todo encajo, el agua que escuche era para esto, por lo menos es mejor de lo que había pensado.
Si yo me sentía fría, el agua estaba aún más, lo que me hizo soltar un leve gemido.
-tranquila preciosa, dentro de poco todo acabara- me susurro, metiéndome lentamente en la bañera- ha, y no te preocupes por las niñas, dentro de poco te las mandare contigo.
Poco a poco los sentidos que tanto me había costado encontrar, se fueron con la misma rapidez que antes, como si se congelaran a cada roce del agua, y allí estaba yo, medio desnuda y a punto de ser ahogada por mi padrastro y esposo.
Como me gustaría poder volver atrás, aunque no me arrepiento de mis hijas, me Hubiera gustado tener la valentía de haberlo dejado antes.
Cuando me quise dar cuenta Phil puso sus manos en mi pecho y me empujó hacia el fondo de la bañera. Todo lo que vi es la cara sonriente de Phil envuelta por un agua clara, que lentamente comenzaba a volverse roja, no un rojo profundo, sino un rojo diluido. El aire me faltaba, mis pulmones me pedían que abriera la boca e inspirara, aunque mi consciencia me decía que no entraría aire. Me debatía entre hacer caso a mi cuerpo o a mi mente, pero antes de que pudiera reaccionar mi cuerpo gano la pelea e inspire haciendo que mucha de esa agua bajara por mi garganta dejando a su paso un regusto dulzón a sangre.
Me empecé a sentir cansada, como si un huracán me arrastrara hacia la oscuridad, una oscuridad lenta y pacífica. Ya no había dolor, no había preocupaciones, a lo lejos estaba Edward, esperándome en nuestro prado, No pude contener la sonrisa que se asomaba entre mis labios.
Comencé a caminar hacia él, con paso firme pero lento, cada paso que daba hacia él, más claro y extenso se hacía todo. Edward extendió la mano hacia mí y yo no vacile en agarrarla, y los dos nos tumbemos en el medio del prado.
-Por fin estamos juntos-comento con una pícara sonrisa en la cara.-para siempre.
-para siempre-afirme acariciando el suave rostro de Edward.
Y allí nos quedemos él y yo por y para siempre.
