Me siento tan libre escribiendo con expresiones chilensis~

Siento que hubo algo de PeChi asjkfndslkm :'I cosas que pasan~ Aunque también ArgChi Chile, forever uke wn... :'D Na' si igual mi huasito puede ser seme uwu ~


Argentina y Uruguay caminaban por los pasillos de la mansión, este último aun sujetando fuertemente se crucifijo caminando por delante del argentino. Uruguay le miro hacia atrás por sobre su hombro, no recordaba haberlo visto tan deprimido antes.

- Paraguay estaba por aquí… - Suspiro mirando por los pasillos preocupado.

Al llegar a las escaleras del segundo piso, vieron a Paraguay junto a Chile, este sentado en el suelo a lado de las escaleras sujetándose la cabeza, aparentemente con una herida en ella.

- ¡Perú conchetumadre! – Grito el chileno mirando hacia la escalera.

- ¡Chile, ¿estás bien?! – Pregunto Argentina corriendo hacia ellos junto a Uruguay.

- Sí, Perú me empujo por la escalera cuando esa wea apareció y… ¡Perú! – Chillo levantándose de golpe corriendo a subir la escalera, seguido por los demás - ¡Mierda, ¿pa' aonde se fue este weón?! – Gruño jadeando, corriendo abrió cada puerta de las habitación en el tercer piso en busca del peruano.

Al abrir la última puerta del tercer piso, vio de espaldas al monstruo que los acechaba, se asusto pero de pronto comenzó a desvanecerse dejando ver a Perú recostado en el suelo, cubierto de sangre.

- ¡Perú…! – Grito corriendo hacia él, el peruano le miró apenas pudiendo respirar.

Argentina al entrar a la habitación, fue junto a Perú y Chile, se arrodillo en el suelo sujetando la cabeza del primero con cuidado, mientras Chile sujetaba su mano.

- ¡Aweonao', ¿por qué chucha me tiraste por la escalera?! – Le regaño el chileno dejando caer sus lágrimas.

- Lo siento… - Sonrió Perú – No quería que esa cosa te lastimara, Chile… - Dijo, sorprendiendo al aludido y también a los presentes, por lo que sabían esos dos se odiaban a muerte.

Paraguay se abrazo al pecho de Uruguay, sollozando, ya no quería más muertes… Uruguay trato de calmarlo acariciando su cabello.

- Argentina… - El aludido le miro conteniendo sus sollozos – Dile a Chile que se deje de decir que el pisco es chileno… El muy maldito también me quito territorios y un pedazo de mar… - Murmuraba.

- ¡Hasta muriendo me webiai' con eso…! – Gruño Chile mirándole.

- Aunque… ya no creo que eso importa ahora… - Suspiro cerrando sus ojos pesadamente.

- ¿P-Perú…? ¡Perú! ¡Perú conchetumadre, despierta! ¡Perú…!

Chile le comenzó a sacudir pero Perú no iba a despertar, había caído en un profundo sueño del que ya no despertaría jamás. Argentina le miró sorprendido, siempre pensó que Chile y Perú se odiaban.

- ¿Chile? – Le llamo el argentino al ver que el castaño se levantaba del suelo mirando fijamente a Perú, volvió a apoyar una rodilla en el suelo y tomo el cuerpo del peruano en sus brazos y caminando hasta una cama que estaba en la habitación, lo dejo recostado.

- No dejaré que las cosas se queden así… - Murmuro mirando el rostro ensangrentado de Perú – ¡No dejare que esa wea siga viva! – Dijo antes de desenfundar su sable que por suerte había quedado intacto al caer por la escalera.

- ¡Chile, cálmate! – Le pidió Argentina sujetándolo por los hombros al ver que Chile caminaba hacia la puerta – Lo mataremos pero… Primero hay que pensar cómo – Dijo mirándole a los ojos, viendo en los del chileno nada más que odio y deseos de venganza.

- Suéltame – Ordeno empujándolo – De todos modos no hay tiempo de pensar, esa wea esta acá afuera – Dijo mirando la puerta, sujetando fuertemente la empuñadura del sable.

Chile hizo retroceder a Paraguay y Uruguay, y luego abrió la puerta, encontrándose con aquel monstruo, Chile trato de atacarle con el sable pero… Antes de que se diera cuenta esa cosa se había atravesado el abdomen de alguna manera, dejándole tirado en el suelo.

- ¡Chile…! – Le llamo Argentina mientras Uruguay y Paraguay luchaban contra esa cosa cerca de la entrada de la habitación.

Chile toco su herida, manchando su mano de sangre, cayendo en cuenta de la situación, sintió unas cálidas gotas cayendo sobre su rostro, eran lágrimas del argentino.

- ¡Sos un boludo! – Le regaño acariciando su rostro.

- Al final, no serví de mucho… - Suspiro mirando su abdomen sintiendo en sabor de la sangre en su boca – Argentina… No llorí poh, fleto culiao'… - Trato de reír, solo dejando caer sangre de su boca – Gracias por… haber estado siempre a mi lado… Gracias… - Dijo entre sollozos mirando al argentino.

- ¡No hables como si esto fuera una despedida…! – Chillo apretando una mano del chileno.

- ¿Y qué chucha es, entonces? – Sonrió limpiando una de las lágrimas del argentino con delicadeza – Quisiera… decir que te veré en el infierno… pero no quiero que mueras… - Dijo sonriendo mientras acariciaba la mejilla del argentino.

- Ahora mismo siento que muero… - Susurro apretando la mano del chileno contra su mejilla, mirándole.

Chile sonrió. Uruguay toco el hombro del argentino, este le miro, preguntándose en qué momento habían terminado la pelea con esa cosa.

- Uruguay… - Llamo, atrayendo la atención de ambos rubios – Cuida de este weón, ¿ya? No dejí que nada le pase… - Murmuro antes de dejar caer su mano de la mejilla del argentino.

Argentina le miro fijamente, sin poder creer que era verdad todo lo que ocurría…

- Me estás jodiendo, ¿verdad, Chile? ¿Chile…? – le movió suavemente, pero no hubo respuesta, Chile había caído en el mismo sueño que los demás.

Lloró abrazando en delgado cuerpo del chileno.

- Primo Argentina, debemos buscar una salida… - Murmuro Paraguay, en cuclillas al lado del argentino tocando suavemente su hombro.

Sin decir nada, Argentina se levanto y tomo a Chile, llevándolo a la cama que estaba junto a la de Perú, si no fuera por la sangre juraría que solo estaban dormidos…

Se arrodillo junto a la cama, aun apretando la mano de Chile y apoyando la cabeza contra las blancas sabanas manchadas de carmín, Uruguay se acerco y suspirando quito el crucifijo de su cuello llevándolo hasta el de Argentina, este se sorprendió y le miró.

- Me lo dio Brasil… Espero que te cuide a vos como me ha cuidado a mí… - Dijo sonriendo levemente, Argentina sonrió igualmente, volviendo a mirar el rostro de Chile, besando la cruz de madera, se levanto.

- Adiós… Chile… - Susurro soltando su mano con dificultad.