N/A: Gomen, gomen, GOMEN por el retraso (Dik hace una profunda reverencia ante sus lectores) Siento muchísimo haber atrasado la actualización una semana, pero el fin de semana pasado fue el puente de Todos los Santos y… lamento decirlo así, pero admito que me tomé unas pequeñas vacaciones xD Pensé que con los días de fiesta tendría más tiempo para dedicarme a escribir, pero de hecho ocurrió todo lo contrario y lo único que no tuve fue tiempo libre. Ya sabéis, reuniones familiares, amigos a los que normalmente no ves y con los que sólo puedes quedar en mini vacaciones de éstas, etc, etc. Así que, una vez más, mis más sinceras disculpas, espero que me comprendáis. Debería haberlo anunciado en el capítulo pasado, pero creí que llegaría a tiempo…

En fin, el caso es que aquí estoy con el nuevo cap, y de aquí en adelante retomamos el ritmo típico de la actualización bisemanal. Vamos, que el capítulo cinco sale el viernes 23, si no me muero antes u ocurre alguna desgracia entremedias xD

Muchísimas gracias de nuevo por los r/r, y por seguir fieles a la historia, como os digo siempre, me hacéis muy feliz :D ¡A ver qué os parece este capítulo! xD Bastante decisivo, la verdad… juju.

Cuando escribí la dedicatoria de este cap, hace unas horas, iba dedicada a mi nuevo sobrino. Ahora, a minutos de subir el cap a Internet, nos han dado la noticia de que ese sobrino ya no va a existir, porque el embarazo de mi cuñada ha ido mal. Aun así, va por ese bebé, el que iba a ser mi ahijado o ahijada.

Sin más, me despido de una vez y os dejo con el cap. ¡Nos vemos abajo!

¡A leer!

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¿A que no sabéis qué? Ouran Koukou Host Club no me pertenece… pero viendo cómo se están poniendo las cosas en el manga, ya quisiera yo que me perteneciera… (Dik se ahoga en un mar de babas)

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Mil y una noches

El primer paso

Por alguna extraña razón que no terminó de comprender nunca, Kaoru no llegó a decirle a su hermano que aquel domingo había estado prácticamente el día entero con Nozaki Tsukue. Pero el caso es que Tsukue tampoco se lo comentó jamás a Hikaru, en ninguna de las muchas veces que se vieron a partir de entonces. Y tampoco quedó muy claro por qué.

De cualquier modo, la aparición de la joven morena en las vidas de los miembros del Host Club no provocó ningún tipo de colapso en el universo y el día a día siguió su curso sin más. Kaoru estaba ocupado con su proyecto de investigación, aprovechando cualquier rato libre de Makie para poder trabajar con ella. Hikaru sufría cerca de un par de horas de prácticas en los laboratorios de la Facultad de Ingeniería la mayoría de las tardes, así que tampoco tenía excesivas oportunidades de volar libre por ahí como un pajarillo. Pero también es verdad que el mayor de los Hitachiin contaba con más tiempo libre que su hermano, y eso quedó patente enseguida a ojos de Tsukue, que durante toda la semana siguiente tuvo que acostumbrarse a las constantes apariciones "casuales" de Hikaru en sus respectivos lugares de trabajo, según él sólo para pasar a saludarla.

- Es que me aburro –se defendió el lunes, cuando Tsukue lo fulminó con la mirada al verlo entrar en la tienda de ropa de Shibuya, ya hacia el final de la tarde-. Estoy harto de estar en la universidad, y Makie-senpai tiene allí secuestrado a Kaoru inhumanamente hasta altas horas de la noche. Tengo que hacer tiempo de alguna forma mientras me devuelven a mi hermano, no pretenderás que me vaya por ahí con Tono y Haruhi en plan sujetavelas…

Tsukue no tenía más remedio que resignarse, y aunque la presencia de Hikaru en aquel lugar no le hacía mucha gracia (su jefe ya le había insinuado que su tienda no era una cafetería donde poder estar un par de horas de cháchara felizmente sin dar ni palo) no pudo evitar sonreír ante la consideración que éste había mostrado por una vez al presentarse allí sólo 20 ó 15 minutos antes de que su turno terminara.

Sin embargo, al pelirrojo le gustaba más la heladería, y eso también quedó claro enseguida. Tsukue no sabía si era por el cambio de ambiente y la posibilidad de relajarse más, o porque los martes eran los únicos días que Hikaru tenía toda la tarde libre, pero al día siguiente tuvo al chico apoltronado en la barra de la heladería de Shiba cerca de tres horas, consumiendo un Banana Split tras otro sólo por excusar el poder quedarse allí. Aunque, para ser sincera, Tsukue se vio obligada a admitir ante sí misma que ya no le importaba tanto ese detalle…

- Kaoru no me está ayudando nada con la fiesta –explicaba él, parloteando animadamente sin parar mientras engullía helado-. Voy a ir a quejarme a Makie-senpai, porque no lo deja vivir. Yo sé que le fastidia no poder participar en los preparativos para la fiesta de oba-san. Lo estamos organizando casi todo entre Ritsu-neesan y yo.

- ¿Así que es por estas fechas el cumpleaños de Akutagawa-san?

- Aa, el día 10. Pero cae en martes, así que haremos la fiesta este domingo. Te podías venir, por cierto.

- ¡N-ni hablar! Yo no la conozco. A-además, no creo que a Ootori-san le haga gracia que aparezca yo allí de acoplada, entre la flor y nata de…

Hikaru se rió, atragantándose.

- Tranquila, tranquila. No es una fiesta para la flor y nata de nada, será mucho más informal. Y Kyouya-senpai lo mismo ni aparece.

Tsukue parpadeó, perpleja.

- ¿Cómo no va a ir, si es su prometido?

- Maa… esto será más para los amigos, ¿entiendes? Tú no te llevarías a tu novio a tu despedida de soltera, ¿ne? Ellos ya harán algo por su cuenta para celebrarlo. Todavía no los has visto juntos, pero ya te digo que son como el típico matrimonio viejo. A veces son peores que Kaoru y yo. Por la compenetración que tienen, digo. No es que Kyouya-senpai no quiera estar con ella en la fiesta, ni nada por el estilo…

Se interrumpió, rascándose distraídamente la nuca, y siguió zampándose el helado con una expresión muy poco convincente en la cara. Tsukue no lo entendió. Pero, aunque el asunto no era para reírse, no pudo reprimir una sonrisa ante el detalle recién descubierto del rostro transparente de Hikaru. Y esa sonrisa se fue ampliando conforme el pelirrojo le iba contando más y más cosas sobre Ishiko y los planes que tenía para montarle una fiesta de cumpleaños inolvidable.

- Se nota que le tienes mucho aprecio –comentó la muchacha en un momento determinado, acodada en la barra con expresión risueña-. ¿Hace mucho que la conoces, como a Imaidegawa-san?

- En nuestro ambiente todo el mundo se conoce desde siempre –contestó Hikaru con naturalidad, encogiéndose de hombros-. Sabía quién era de vista cuando Kyouya-senpai nos dijo que le habían arreglado un compromiso con ella. Pero su familia y la nuestra nunca tuvieron tanto trato como teníamos con los Imaidegawa. Creo que nunca había llegado a cruzar ni dos palabras con ella antes de que nos la presentara Kyouya-senpai. Los Akutagawa tienen un negocio relacionado con la farmacéutica, o algo de eso, así que no coincidíamos en los mismos círculos. Pero me alegro de haberla conocido después.

- ¿Después de qué?

- Después –repitió Hikaru, parpadeando, y pareció ponerse ligeramente nervioso-. Después. Después de que se comprometiera con Kyouya-senpai.

- Ahhh…

- Es genial, seguro que te gustaría…

Hikaru se pasó un buen rato más hablándole a su compañera sobre Ishiko, y Tsukue disfrutó realmente de la conversación. Quizá más de lo que había disfrutado antes hablando con Hikaru. Por algún extraño motivo, se sentía repentinamente cómoda con él. Era… como estar con Kaoru. La idea de que los gemelos se habían intercambiado para tomarle el pelo cruzó vagamente su cerebro, pero estaba tan entretenida que la apartó de golpe sin siquiera pararse a pensar en ella.

- … El año pasado fue un fiasco total, porque a todos nos terminó surgiendo algo a última hora y tuvimos que retrasar la fiesta de cumpleaños de oba-san un par de semanas. A ella no le importó, pero a mí sí. Total, ella se lo merece. Cuida mucho de Kaoru y de mí, Kyouya-senpai lo llama el complejo de hermana mayor. Por eso quiero que este año todo salga bien. Mizuko le preparaba unas fiestas impresionantes para su cumpleaños… -Hikaru se distrajo un momento, siguiendo con la mirada a otra de las camareras de la heladería, que había pasado cerca de ellos-… y en parte me gustaría que pudiera pasarlo tan bien como antes…

Tsukue siguió la vista de su interlocutor para mirar también a su compañera de trabajo. Tuvo la sensación de que se contoneaba más de lo normal al pasar entre las mesas, llevando la bandeja de un lado a otro de una forma un tanto innecesaria y dando muchas vueltas inútiles para atender a los clientes.

- ¿Quién es Mizuko? –preguntó, decidiendo ignorar el asunto y centrándose de nuevo en Hikaru.

- ¿Eh? –Hikaru volvió de golpe la cara hacia ella-. Ah, la hermana pequeña de oba-san.

- ¿Su hermana pequeña? ¿Y ella no participa en la preparación de la fiesta?

Hikaru se puso pálido de repente y agrandó los ojos, como si alguien acabara de pegarle un pisotón. Tsukue no necesitó más para comprender que había tocado un tema posiblemente espinoso. Cayó de golpe en que Hikaru se había referido a la susodicha hermana en pasado, y se quedó sin aire por la metedura de pata. Quizá la chica ya no tuviera posibilidad de participar en ninguna celebración, o ve tú a saber qué.

- M-maa, gomen nasai. Tampoco es asunto mío, n-no es necesario que…

- Qué manía con disculparte todo el tiempo –atajó Hitachiin, sonriendo maliciosamente-. Da igual. ¿Entonces es seguro que no quieres venir a la fiesta? Vamos, yo me encargaré de que no te aburras…

- Eso es lo que más miedo me da…

Él rompió a reír alegremente, repuesto del desliz anterior. Y Tsukue respiró aliviada, sonriendo también.

No podía negarse que esa faceta de Hikaru le gustaba mucho más que con la que había tenido que lidiar hasta el momento. De repente parecía más calmado en su forma de tratarla y dirigirse a ella, usando esa naturalidad que tanto le había llamado la atención a la morena cada vez que la había vislumbrado bajo la máscara del seductor arrollador. Por un segundo se preguntó si Kaoru le habría transmitido realmente a su hermano las opiniones de Tsukue sobre él, y el detalle de que le caería mucho mejor si no fuera tan sobrado. Y, a pesar del bochorno interior que esa posibilidad le provocaba, se alegraba del resultado final. Hitachiin Hikaru ganaba mucho en su "modo amistoso". Ya incluso podía afirmar definitivamente que el tipo le caía bastante bien, dentro de los cánones.

Tal cual se lo comentó Nozaki a Haruhi y Etsu cuando éstas le preguntaron qué tal llevaba el hecho de que Hikaru pareciera estar decidido a perseguirla por todas partes sutilmente.

- No me preocupa –decía Tsukue, encogiéndose de hombros-. No es un mal tío. De hecho, cuando no se me insinúa, puede ser muy simpático. Me llevo bien con él, creo que ya ha tirado la toalla con lo de llevarme al huerto y eso me alegra. El otro día estuvimos dos horas hablando de…

Pero Haruhi conocía a Hikaru bastante más que su amiga y no podía evitar la chispa del escepticismo.

- ¿No es genial? –sonrió Tamaki, radiante, cuando el miércoles Haruhi terminó de contarle el asunto de la misteriosa transformación de Hikaru y la opinión de Tsukue al respecto, mientras comían los dos solos en un restaurante de nabe cercano a Hitotsubashi-. Me alegro de que Hikaru haya cambiado de modus operandi. Se nota que está madurando.

Su novia lo miró con los ojos entornados, inexpresiva.

- Esto es cosa tuya, ¿verdad?

- ¿Ehhh? ¿Por qué dices eso? Sólo le di un par de consejos, como en los primeros tiempos del Host Club. A veces Hikaru se olvida de que no todas las chicas son iguales y a cada una hay que tratarla de forma individual. El otro día estuvimos hablando y le dije que con Tsukue funcionaría mejor el método natural. Tiene que ganarse su confianza con simpatía si quiere lograr algo. El pobre estaba medio traumatizado porque la semana pasada Tsukue le dijo que no se fiaba ni un pelo de él…

- No me extraña. Mou, senpai, no me digas que todo esto es una treta más para ligársela…

- ¡Yo no tengo nada que ver con eso!

- Tamaki –y Haruhi lo miró, mortalmente seria-, no conviertas esto en una competición. Hikaru y Kaoru no son nuestros perros de carreras y que yo sepa no hemos apostado a ver cuál de los dos alcanza antes a Tsukue. Ya somos mayorcitos para jugar a las casitas. Que congenien ellos por su cuenta, déjalos en paz. Tsukue es quién debe tener la última palabra.

Tamaki se pasó el resto de la comida medio deprimido. Y Haruhi, al día siguiente, se presentó como quién no quiere la cosa en Todai (aprovechando que no tenía clase) secuestró a Kaoru con la excusa de necesitar su consejo para comprarse unos libros, y la excursión terminó misteriosamente en la librería de segunda mano de Tsukue. Se sintió muy satisfecha al ver la forma en la que sus dos amigos se saludaron y se pusieron a hablar inmediatamente con una soltura apabullante. Y, si no hubiese sido porque admitirlo habría supuesto contradecirse a sí misma, le habría restregado por la cara a Tamaki que era Kaoru quién más posibilidades tenía de llegar a algo con Tsukue.

Aquella guerra fría encubierta no quedó ahí. Tanto Tamaki como Haruhi empezaron a meter caña sutilmente a sus respectivos pupilos, llevándolos de un lado para otro y comiéndoles el coco a base de consejos varios que la mitad de las veces a los gemelos les resultaban medio incoherentes y sacados de contexto. La tontería culminó cuando el sábado por la tarde coincidieron los cuatro en la heladería de Shiba cutremente, llegando Tamaki y Hikaru por un lado y Haruhi y Kaoru por otro. Una simple mirada bastó para que la pareja de novios comprendiera que quizá se estaban pasando un poco con su entusiasmo y, una vez más, decidieron hacer mutis hacia un rinconcito discreto del local mientras los Hitachiin se quedaban de nuevo en la barra.

- ¿No te da la impresión de que Tono está… más raro de lo normal últimamente? –le comentó Hikaru a su hermano mientras ocupaban unos taburetes contiguos.

- ¿Y a cuento de qué le ha dado a Haruhi ahora por quedar conmigo a todas horas?

Casi tres semanas después de conocer a la gente del Host Club, podía decirse que Tsukue tenía ya poco que ver con aquella chica que había sido prácticamente arrastrada a la cena conjunta con los viejos amigos de instituto de Haruhi. Al menos, había perdido buena parte de su hermetismo natural con respecto a ellos. Las conversaciones le salían mucho más espontáneas y seguras que al principio. Eso podía notarlo hasta Kaoru, que no había asistido a aquella cena en la que Tsukue fue presentada al grupo. Era obvio que la joven había evolucionado bastante, él era consciente de ello. Pero, teniendo en cuenta que sólo había visto a Tsukue interactuar con su hermano en dos ocasiones, la última de ellas hacía exactamente una semana, Kaoru no pudo evitar sorprenderse ante el cambio que se había dado en la relación de ambos en tan sólo siete días.

- Yare, yare, ¿es que te gusta Midori-chan? –soltó en un momento determinado Tsukue, en son de broma, cuando a Hikaru se le fueron los ojos tras la otra camarera por quinta vez.

- Ohhh, ¿estás celosa? ¿Por fin?

- Por supuesto que no. Por mí como si le pides su teléfono y os vais de bares juntos, vamos…

- ¿Ah, sí? ¡Oi, Midori-chan!

- ¡Chotto!

Hubo algo en la forma en la bromeaban juntos. En la forma en la que se miraban y se sonreían, riéndose de tonterías indeterminadas. Había algo ahí que le hizo sentir a Kaoru como si hubiese pasado una larga temporada fuera de la ciudad y se hubiese perdido varios capítulos vitales en la vida del mundo que lo rodeaba.

Y esa sensación no le gustó.

Él había visto a Tsukue cuatro veces, y sólo una de ellas había podido interactuar en condiciones con la chica. Se llevaban bien y de eso no cabía ninguna duda. Tenían muchas cosas en común, estaban cómodos juntos y congeniaban. Era obvio. Pero Hikaru había estado con ella muchas más veces y, aunque habían empezado con muy mal pie por culpa de las estupideces del mayor de los gemelos, estaba claro que ya no sólo Tsukue le había pillado el punto a Hikaru, sino que Hikaru se lo había pillado también a ella y estaba empezando a cambiar la forma en la que enfocaba sus maniobras.

¿Que Kaoru había pasado todo el domingo anterior con Tsukue por el tema de la librería? Bueno, pues Hikaru llevaba viéndola toda la semana, pasándose por su trabajo para saludarla, invitándola a tomar algo después de terminar su jornada, o asentándose en aquella misma barra de heladería durante un tiempo indefinido, simplemente charlando con ella. El simple trato había limado las diferencias entre ellos. Sólo por comportarse de forma normal, Tsukue miraba a Hikaru con otros ojos, sin esa tensión que Kaoru le había visto anteriormente, preparada siempre para saltar y ponerse a la defensiva. Ya no parecía sentirse amenazada. Bajaba la guardia y le seguía las bromas.

Kaoru conocía a su hermano. Estaba seguro de que sólo esperaba el mejor momento para saltar sobre Tsukue, aprovechándose de su confianza. Y entonces añadiría un nuevo nombre a la lista de "conquistas difíciles", sintiéndose quizá especialmente satisfecho de haber conseguido llevarse a ese espécimen concreto a la cama.

El sábado no pudo dormir. El domingo no pudo desayunar. La fiesta de cumpleaños de Ishiko que celebraron por la tarde-noche fue un éxito rotundo, pero Kaoru no se pudo divertir. No disfrutó de la compañía de sus amigos, ni de los conocidos nuevos. Apenas pudo tragar por culpa de lo encogido que tenía el estómago. Se fue a casa temprano, agobiado por la sensación de que estaba desprendiendo demasiadas ondas negativas, no queriendo amargar a los que estaban a su lado ni fastidiarle la fiesta a Ishiko. Y aún seguía en ese plan el martes, cuando llamó por teléfono a la susodicha para felicitarla, a la hora de comer.

- ¿Ya te encuentras mejor? –fue lo primero que le dijo ella, después de agradecerle la felicitación.

- Claro que sí –repuso Kaoru con desgana, aunque no se molestó mucho en fingir despreocupación, porque a Ishiko solía ser difícil darle gato por liebre.

- Es por culpa de Makie, ¿ne? ¿Te hace trabajar muy duro esa loca? ¡Porque como sea así ya me encargaré yo de decirle cuatro cosas! ¡Faltaría más! Se cree que nadie tiene vida propia, como ella…

Kaoru puso los ojos en blanco con resignación.

- No me pasa nada, oba-san, en serio…

- ¿Ah, no? Chico, el domingo tenías más cara de funeral que de fiesta, sinceramente.

- Siento haberte fastidiado la noche, no quería…

- No seas ridículo, no me has fastidiado nada –atajó la mujer con firmeza, adoptando el tono serio que usaba siempre que la conversación adquiría matices escabrosos. Hizo una pausa, suspiró y soltó sin más-: Es por la chica nueva, ¿verdad? Baka-chan y Haruhi me han estado hablando de ella. Kyouya dice que no parece llevarse mal con Hikaru y contigo.

Kaoru se quedó callado, pensando la respuesta. ¿Por qué estaba tan apático, en realidad? No creía que fuese por Tsukue. Al menos, no directamente. La muchacha no tenía mucho que ver con lo que le estaba ocurriendo…

- No lo sé –murmuró al fin, y sus dedos se cerraron con fuerza en torno al móvil que se apretaba contra el oído.

Ishiko suspiró de nuevo.

- Por Kami… ¿Te gusta, Kaoru?

- ¡No! –se apresuró a replicar él, incorporándose de golpe sin darse cuenta-. No es que me guste, oba-san, es sólo que… No sé cómo explicártelo. Me gustaría que la conocieras. Es una chica muy normal y muy sencilla. Y no me gusta la forma en la que Hikaru está jugando con ella.

- ¿Estás seguro de que Hikaru está jugando?

- Claro que sí. Es imposible que se la tome en serio, ya le conoces.

- No le des tan poco crédito a tu hermano, incluso Hikaru tiene que crecer algún día –Ishiko hizo una pausa, como si reflexionara, y Kaoru casi pudo visualizar su expresión concentrada, mordiéndose distraídamente el labio inferior-. Escucha, si esto no te gusta, díselo directamente a él.

- Ya se lo he dicho…

- No, no se lo has dicho. No te estoy diciendo que se lo digas como haces siempre, Kaoru. Me refiero a que te plantes delante de él y lo enfrentes de verdad. Bastante estás tragando tú también. Las cosas no pueden seguir así, ya te lo dije la última vez que hablamos, ¿recuerdas?

- Aa

- ¿Vas a estar callándote toda la vida, como llevas haciendo los últimos años?

- Es sólo que no quiero…

- Ya sé qué es lo que no quieres. Y sé lo que quieres. Y te repito otra vez que no tiene por qué volver a pasar lo mismo que pasó en Ouran. ¿Has entendido?

Kaoru sintió que se le tensaba el cuerpo entero. La mano con la que sujetaba el teléfono tembló ligeramente.

- Sí, lo entiendo…

- Kaoru –Ishiko adoptó un tono más suave, casi maternal-, escúchame. No sigas perdiendo oportunidades, ¿ne? Si sigues teniendo miedo a que la historia se repita, nunca podrás dejar eso atrás. Si te lo guardas todo dentro para no montarle el pollo del siglo a Hikaru, ese resquemor terminará rezumando por algún sitio el día menos pensado. Puede que así evites una discusión o enfadarte con tu hermano, pero a la larga dejar que el rencor se acumule es mucho peor. Habla con él.

- Maa, lo pensaré…

- Lo pensaré, lo pensaré… Tsk, ¡te tengo delante y te rompo la cara!

- ¡Oba-san!

- ¡Me tienes frita! ¡Habla con él o hablo yo, te lo advierto! Mou, Kyouya, deja de mirar el reloj con esa cara, ya cuelgo, ya cuelgo…

- ¿Os vais por ahí de pingo?

- ¡Haaai! Nos vamos de juerga hasta altas horas de la noche, que el jefe me ha dado el día libre. Así que hoy no me llames para contarme nada o nos cortarás el rollo. Ya tenemos bastante con Baka-chan y sus apariciones estelares en los momentos menos oportunos. Pero llámame mañana y hablamos con más clama, ¿ne?

- Wakatta, wakatta… Pásalo bien, y recuerdos a Kyouya-senpai.

No era por Tsukue. Kaoru estaba seguro de ello. La chica le caía bien, simplemente. Pero sólo eso era suficiente para reabrir heridas viejas, asociar situaciones, recordar cosas que no quería traer a la memoria y toda una serie de sentimientos extraños que agravaban enormemente la precaria situación en la que se encontraba ya de antemano la relación que mantenían los gemelos.

Hikaru no se daba cuenta de ello. Él se pensaba que lo ocurrido en Ouran estaba ya más enterrado que su tatarabuela, perdido en el olvido como si no hubiese sucedido nunca. Pero Ishiko tenía razón en algo vital, y es que Kaoru no podía olvidarlo, aunque en teoría hubiese hecho las paces con su hermano mucho tiempo atrás. No podía olvidarlo. Y menos cuando estaba viviendo de nuevo ahora una situación tan similar a la que se dio antaño.

Cerró el móvil de golpe con un pequeño chasquido. Y deseó con todas sus fuerzas que de verdad no volviera a ocurrir.

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Tsukue se quedó con la boca descaradamente abierta cuando el jueves de aquella misma semana puso los pies por primera vez en la biblioteca general de Todai. Haruhi y ella se habían pasado toda la mañana en Hitotsubashi estudiando, porque no tenían clase. Pero, después de comer juntas en la cafetería de su facultad, la castaña había sugerido coger el metro para acercarse a la Universidad de Tokyo y echar un vistazo por allí.

- El otro día localicé unos libros que me interesan bastante –le explicó para convencerla-. Pero en ese momento no estaba Tamaki conmigo para sacármelos con su carné. Esta tarde tenía prácticas, así que podemos esperarle en la biblioteca…

Sin embargo, Tsukue no necesitó demasiada persuasión.

- Genial –sonrió abiertamente-. Kaoru-san me estuvo diciendo la semana pasada que debería pasarme algún día por la biblioteca general de Todai, porque es impresionante. Consiguió picarme la curiosidad, si tienes que ir te acompaño y así aprovecho.

Haruhi parpadeó, sorprendida por la poca resistencia demostrada por su amiga. Pero inmediatamente después esbozó una amplia sonrisa. No se había dado cuenta hasta ese momento, pero el plan que habían organizado desde el principio entre Tamaki, Etsu, Kana y ella parecía estar dando muy buenos resultados. Tsukue llevaba un par de semanas bastante irreconocible, expandir horizontes estaba transformándola poco a poco de una forma que casi pillaba por sorpresa a Fujioka. Y eso era fantástico.

De ese modo se plantaron ambas muchachas en la tremenda biblioteca de Todai, que estaba prácticamente llena de estudiantes. El silencio era tan absoluto que a Tsukue le daba miedo incluso respirar demasiado alto.

- ¿Te gusta? –inquirió Haruhi en voz muy baja, divertida ante la forma en la que la morena torcía la cabeza en todas direcciones para contemplarlo todo con avidez.

- Es impresionante –contestó Tsukue con el mismo tono, sobrecogida-. Kaoru-san no exageraba. Voy a digievolucionar, como diría Etsu…

Haruhi se rió por lo bajo, cubriéndose la boca con una mano.

- Ven, los libros que yo busco están por aquí…

Subieron por unas escaleras hasta la galería del primer piso, que recorría las extensas paredes de la biblioteca de lado a lado. Mientras Haruhi se concentraba en buscar entre las estanterías, Tsukue siguió observando el lugar con gesto embelesado. Desde allí arriba tenía una perspectiva mucho más impresionante. El mar que se extendía a sus pies de mesas de estudio y estudiantes concentrados en sus respectivos apuntes o libros consiguió arrancarle una sonrisa. No pudo evitar acercarse a la barandilla y asomarse. El recinto tenía forma de L, así que resultaba imposible abarcarlo todo con la vista. La luz que entraba por los enormes ventanales, a pesar de ir mermando conforme avanzaba la tarde, seguía dotando al lugar de una claridad natural bastante intensa. Y se encontraba con la ausente mirada fija en uno de esos haces de luz primaveral cuando un chico pasó tranquilamente por delante de la ventana y los rayos del sol arrancaron reflejos de su pelo rojizo.

Tsukue se incorporó de golpe sin darse ni cuenta, empinándose un poco más para ver mejor. Había bastantes jóvenes levantados paseándose por ahí, deslizándose en silencio mientras buscaban aquello que les interesaba encontrar. Pero ella clavó los ojos en aquel chico, preguntándose si no estaría volviéndose ya un poco paranoica. Últimamente, los ojos se le iban detrás de cualquier pelirrojo que se encontrara en su camino…

Sólo podía ver la espalda y la nuca del tipo en cuestión, que caminaba con la cabeza ladeada, leyendo algo apuntado en un papel. Era imposible identificarlo. Se dirigía hacia una de las escaleras que conducían a la galería del primer piso. Y, cuando empezó a subirlas a paso lento, Tsukue lo perdió de vista.

- Haruhi… -musitó, volviéndose hacia su amiga.

Ésta, distraída, giró hacia ella enarcando las cejas.

- ¿Mmm?

- Creo que…

Pero Tsukue nunca llegó a terminar la frase, porque vio de fondo cómo el chico pelirrojo aparecía en la galería y, consultando aún su papel, echaba a andar en dirección contraria, alejándose del punto en el que ellas se encontraban. Haruhi se volvió para seguir su mirada y comprobar qué había dejado autista a su compañera. Cuando el joven detuvo su marcha y encaró las estanterías para ponerse a rebuscar, quedando de perfil a ojos de las chicas, Fujioka sonrió.

- Maa –murmuró, con el mismo tono que quién se lleva una agradable sorpresa inesperada-, ¡es Kaoru! Vamos a saludarle…

Y, sin esperar respuesta, echó a andar hacia él. Tsukue se apresuró a seguirla, esquivando con cierta torpeza a los estudiantes que se cruzaba.

- ¿C-cómo lo sabes?

- ¿Ehh?

- ¿Cómo sabes que es Kaoru-san? –Tsukue arrugó un poco la frente, titubeando-. Quiero decir… siempre me ha sorprendido que seas capaz de diferenciarlos así, con sólo mirarlos.

- Tú también los sabes diferenciar, ¿no?

- ¡Qué va! Bueno, los diferencio por la forma en la que se expresan, p-pero… si los dos se quedasen quietos y callados no sabría decir cuál es cuál. Y si los veo de lejos menos todavía.

Haruhi volvió a sonreír, esta vez con un matiz medio misterioso que Tsukue no terminó de comprender.

- Ya verás cómo cuando los conozcas un poco más eres capaz de distinguirlos perfectamente. Ahora les gusta que los diferencien, por lo menos, no es como antes. Pero puedo adelantarte que, el día que veas a Hikaru en una biblioteca pasando la tarde, lloverá teriyaki. Por descarte tiene que ser Kaoru.

La chica se rió en un murmullo de su propio chiste, pero Tsukue se quedó pensativa. Desde que había comprendido que los gemelos diferían considerablemente en sus formas de ser, después de aquel domingo compartido con Kaoru, la idea de poder diferenciarlos le rondaba constantemente por la cabeza. Cada vez que veía aparecer a Hikaru en Shibuya o en Shiba, aunque sólo fuera durante el segundo fugaz que él tardaba en abrir la boca y soltar alguna de sus perlas típicas para saludarla, el estómago se le encogía por el instante de desconcierto y expectación. Hasta que no hablaban, ella no sabía quién era quién. Y esa situación empezaba a fastidiarla, quizá simplemente porque estaba segura de que su vacilación probablemente fastidiaría también a los propios gemelos.

Nunca se había parado a pensar en ello con detenimiento, pero lo cierto era que debía ser un poco horrible ser eternamente confundido con otra persona…

Kaoru no levantó la vista hasta que ellas estuvieron justo a su lado. Y, cuando lo hizo, Tsukue se quedó momentáneamente descolocada. El chico no tenía muy buen aspecto, parecía recién salido de una gripe. Estaba pálido y con los ojos cansados de quién no ha dormido mucho en los últimos tiempos. Pero sonrió enseguida al verlas y su expresión adusta se disolvió.

- ¡Eh! –saludó en un susurro, girándose para encararlas por completo-. ¿Qué hacéis aquí?

- Vengo a buscar unos libros para Estudios de la Cultura Legal –explicó Haruhi, escrutando a su amigo con mirada crítica. Y después soltó, con su habitual falta de tacto-: ¿Estás bien, Kaoru? Tienes un aspecto horrible.

Al chico le rodó una gotita por la sien, pero sonrió de todas formas con indulgencia.

- No me pasa nada, sólo estoy un poco cansado –cerrando abruptamente esa línea de conversación, centró su atención en Tsukue-. Nee, Nozaki-san, ¿al final te has animado a visitar nuestra biblioteca? ¿Qué te parece?

- Es genial –asintió ella, sonriendo también-. Pensé que sólo querías ponerme los dientes largos el otro día, pero veo que no exagerabas.

- Qué poca fe en mí, pensé que era Hikaru del que no te fiabas. Yo soy mucho más confiable.

Tsukue ahogó un murmullo de risa.

- Eso no lo dudo…

Y Haruhi llegó a la conclusión de que de repente sobraba.

- Maa, ¿estás con Makie-senpai?

- Aa… Está abajo –Kaoru retrocedió para asomarse por la barandilla, señalándole a Haruhi un punto en concreto entre el mar de mesas de estudio-. Allí, sentada en el lado del pasillo. ¿La ves?

- Hai. Voy a bajar a saludarla, que hace tiempo que no la veo. No hace falta que vengas conmigo, Tsukue. Ahora vuelvo.

Dejando a su amiga con la palabra en la boca, Fujioka hizo mutis rápidamente y, antes de que Tsukue pudiera darse cuenta, ya había desaparecido escaleras abajo. La morena no pudo evitar quedarse momentáneamente bloqueada.

- ¿Tienes curiosidad por conocer a Makie-senpai? –preguntó Kaoru, suspicaz, riendo por lo bajo al mirar a Tsukue de reojo y verla asomándose disimuladamente por la barandilla para seguir la trayectoria de Haruhi.

- ¿E-ehh? –la chica se apartó de la barandilla en el acto, sonrojándose un poco-. N-no, yo… B-bueno, no es que tenga curiosidad, es sólo que… después de haber conocido a Mamoru-kun y a los demás, y oír a Haninozuka-san hablar tanto de ella, pues…

- Tienes curiosidad –concluyó Kaoru, riendo ahora abiertamente, divertido-. Es comprensible, mujer. Baja a conocerla si quieres.

- No, no, mejor te espero.

Kaoru se quedó con la mano a medio camino de coger un libro de la estantería. Dirigió un rápido vistazo a Tsukue, dedicándole una breve sonrisa que tembló un poco antes de formarse, aunque apartó la mirada enseguida otra vez. Ella no entendió su reacción.

- ¿Q-qué estás buscando? –preguntó entonces, frotándose un brazo y sintiéndose repentinamente incómoda sin saber por qué-. ¿Qué tal llevas tu proyecto?

- Maa… no muy bien –admitió Kaoru, hojeando un libro que acababa de sacar. Volvió a colocarlo en su sitio y se rascó la nuca-. Tengo otras cosas en las que pensar últimamente y no me concentro mucho. Menos mal que Makie-senpai está por el estilo y no me regaña.

Tsukue titubeó por un momento, mirándolo. ¿Sería por culpa de la iluminación de la biblioteca? En serio parecía estar muy pálido.

- ¿Te ha pasado algo? –se atrevió a musitar al fin, tras varios segundos de silencio.

Kaoru no contestó inmediatamente. Suspiró, con la mirada perdida en los lomos de los tomos que tenía delante. Pero entonces se volvió por completo hacia Tsukue, y esbozó una abierta sonrisa que le transformó la cara, adquiriendo esa expresión tranquila a la que ella ya se había habituado. Sólo en ese momento consiguió relajarse.

- Sólo son tonterías –entonó Kaoru, y su compañera tuvo la sensación de que hacía un esfuerzo por mostrarse despreocupado-. Creo que empiezo a agobiarme con esto del proyecto y ya se me nota en la cara. Pero no te preocupes. ¿Me echas una mano para buscar esto? Estoy un poco obtuso hoy.

- Claro –cedió Tsukue, y le devolvió la sonrisa.

Entre los dos se repartieron los títulos que el pelirrojo andaba buscando y se perdieron por la galería. Pero Tsukue se distraía cada dos por tres, parándose a examinar con ojos brillantes cada libro que le llamaba la atención. La sonrisa de Kaoru se ensanchaba al verla, riéndose de sus reacciones y comentarios entusiasmados, sintiendo cómo él mismo iba recuperando poco a poco el buen humor. Y, a lo tonto, una labor que posiblemente se habría resuelto en 10 minutos, se alargó bastante más de media hora.

- Puedo sacarte algún libro con mi carné, si quieres –se ofreció Kaoru, cuando bajaban por fin por las escaleras, de vuelta al piso bajo-. Eso sí, si me ponen multa por tu culpa no te perdonaré jamás.

- A mí nunca me ponen multa, soy muy responsable –se defendió Tsukue en son de broma. De repente se le iluminó la cara-. ¡Ah!, ¿sabes qué? ¡El lunes me compré por fin el último tomo de Jigoku!

- Maa, ya era hora. ¿Y qué tal? ¿Por dónde llegas?

- ¡Ya me lo he terminado! Tenías razón, cuando empiezas no puedes parar. ¡Ha sido genial!

Tsukue se lanzó a hablar en susurros sobre todos los aspectos que le habían gustado del libro, con una soltura impresionante. Y Kaoru pensó vagamente que aquel día la joven parecía estar especialmente contenta. Nunca antes se había fijado en lo mucho que se le aclaraban los ojos castaños cuando estaba de buen humor. Tenía una sonrisa muy agradable, que te daba ganas de sonreír también en respuesta.

Y entonces, como si le hubiesen echado un cubo de agua en la cabeza, Kaoru cayó en la cuenta de repente de que nunca antes se había fijado en esos detalles porque nunca antes había estado tan cerca de ella. El silencio de la biblioteca les había obligado inconscientemente a arrimarse para poder oírse al hablar en voz muy baja. Estaban casi pegados. Y Kaoru no supo qué le sorprendió más, si el hecho de que esa cercanía no se le antojara en absoluto forzada, o el hecho de que Tsukue tampoco pareciera sentirse muy incómoda por la situación.

No se dio cuenta de que se había quedado ausente mirándola hasta que un carraspeo lo sacó de golpe de su ensimismamiento, y volvió el rostro rápidamente para comprobar que ya habían llegado a su mesa y que Inokuma Makie estaba allí sentada, acodada frente a un libro gordísimo, mirándolos a ambos con una ceja enarcada y cara de póquer. Tsukue se calló inmediatamente.

- Ah, gomen, Makie-senpai –murmuró Kaoru, aún un poco aturdido, y dejó los libros que traía sobre la mesa-. Nos hemos entretenido un poco…

- Ya –Makie arrugó ligeramente el entrecejo y agarró unas gafas de montura cuadrada que tenía al lado, calándoselas con parsimonia para echarle después un vistazo totalmente innecesario a su reloj de pulsera. Luego volvió a mirar a los jóvenes, alzando las cejas-. Haruhi me ha dicho que no venía sola.

Y, como si eso lo explicara todo, dirigió sus ojos hacia Tsukue, que se irguió en el acto con aire intimidado.

- Ésta es Nozaki Tsukue –la presentó Kaoru-. Nozaki-san, Inokuma Makie.

Makie se quedó muy quieta por un momento, mirando a la recién llegada fijamente. No parpadeaba, y Tsukue tuvo la extraña sensación de que estaba escaneándola a conciencia, como si intentara hurgar dentro de ella. No pudo evitar ponerse nerviosa, pero Makie terminó inclinando la cabeza educadamente en un gesto de saludo.

- Yoroshiku –entonó con formalidad.

- K-kochirakoso –se apresuró a replicar Tsukue, y se inclinó en una reverencia más pronunciada de lo necesario.

Makie sonrió a medias por el gesto y Tsukue sintió las mejillas arder. No entendió por qué, pero la simple presencia de aquella mujer dinamitó la confianza que había desarrollado en las últimas semanas con los antiguos alumnos de Ouran y volvió a recordarle que pertenecían a clases sociales abismalmente diferentes. Y eso que Makie apenas había abierto la boca.

- Haruhi quería que le echaras una mano para no sé qué, Kaoru –comentó Inokuma, centrando su atención en el pelirrojo-. Está echando un vistazo a la sección de Derecho. Es para consultarte algo de inglés.

- Ahhh –Kaoru alzó la cabeza para buscar a su amiga con la mirada distraídamente-. Maa, wakatta… ahora vuelvo.

Y, ante el horror de Tsukue, se largó sin más dejándola atrás. Por un par de segundos horripilantes, la joven se planteó el salir corriendo detrás de él, pero Makie volvió a hablar, dejándola clavada en el suelo.

- Así que Nozaki-san, ¿ne? –se recostó en el respaldo de la silla, cruzándose de brazos, y la miró de arriba abajo sin ningún tipo de reparo-. Mis hermanos me han hablado de ti. La verdad es que te imaginaba distinta.

Tsukue se quedó bloqueada, sin saber qué contestar, y se sonrojó más todavía. Makie tenía algo que la incomodaba. Quizá fuese su forma de mirar, demasiado directa para su gusto. Tenía unos ojos negros y rasgados que se clavaban en los tuyos con potencia desde detrás de las gafas, como un constante recordatorio gélido del lugar que debía ocupar cada uno. No ofrecía en absoluto esa sensación de cercanía que transmitía su prometido. Casi se parecía más a Kyouya, con su acostumbrada barrera de tú ahí y yo aquí.

La joven estudiante de Derecho había conocido a los hermanos Inokuma hacía semanas en la heladería de Shiba. Mamoru, el mayor de ellos detrás de Makie, era la viva imagen de su hermana mayor. Tenían la misma complexión menuda, la misma cara delgada de rasgos finos, los mismos ojos, piel clara y cabello liso azabache, la misma expresión escéptica e incluso la misma forma de mirar a la gente. Pero Mamoru contaba con un sentido del humor que transmitía una calidez que Makie no tenía. Por un segundo, Tsukue la visualizó como una muñeca de porcelana, hermosa y fría, imposible de tocar.

No se atrevió a decirle que ella también se la había imaginado distinta.

- Maa… ehhh… ellos también hablaban mucho de ti –comentó, nerviosa, esbozando una sonrisa un tanto forzada-. La última vez que los vi, Toshi-kun se pasó toda la mañana diciendo que tenían que convencer a su nee-chan para que los acompañara a la heladería. Dice que te gustan mucho los helados.

Nada más terminar de hablar, Tsukue se sintió completamente imbécil al procesar la subnormalidad que acababa de decir. Makie había vuelto a alzar una ceja.

- Me gustan los helados, sí –dijo, con un tono extraño. Tsukue tuvo la impresión de que se burlaba de ella-. Pero no tanto como para pasarme una mañana entera comiéndolos sin parar. Eso sin tener en cuenta que los sábados por la mañana suelo tener otras cosas que hacer, a parte de comer helados. Por eso precisamente se lleva Mitsukuni a mis hermanos de paseo. Preferiría que les enseñara algo más productivo, pero a ellos les gusta, así que no me puedo quejar.

Se hizo un tenso silencio entre ellas después de aquello. Tsukue no sabía qué más decir. Makie estaba haciendo girar el portaminas entre los dedos con una destreza anormal, y eso la ponía nerviosa.

- H-Haninozuka-san… -empezó, buscando desesperadamente cualquier tema de conversación para no quedarse allí plantada en silencio-, p-parece llevarse muy bien con los niños. Quiero decir, con t-tus hermanos. Me da la impresión de que disfruta mucho cuidando de ellos, es muy divertido tenerlos en la heladería los sábados, me alegra mucho que se pasen por allí…

Makie hizo un gesto de afirmación con la cabeza, haciendo girar aún el portaminas.

- Teniendo en cuenta las circunstancias, Mitsukuni ha visto nacer a todos mis hermanos y prácticamente los considera propios. Siempre le han gustado mucho los niños. Y es normal, no en vano tiene la edad mental de un crío de primaria. Por eso mis hermanos también le adoran.

Tsukue estaba aluciando. Había oído comentar a Hikaru alguna que otra vez que Inokuma Makie tenía un carácter difícil, pero ella no se esperaba algo así. La imagen de Mitsukuni pasó por su mente, con toda esa energía y efusividad que destilaba a todas horas, e intentó asociarlo con el aire austero y seco de la tipa que tenía delante. La conjunción le pareció bastante horrible.

Llevaba tiempo queriendo conocer a Makie, igual que quería conocer también a Ishiko por pura curiosidad al estar oyendo hablar de ellas todo el tiempo. Pero ahora que tenía a la primera delante se sentía decepcionada. Era curioso oírla hablar de una forma tan incisiva y cortante, porque tenía una voz muy bonita. Y era guapa. Con unos rasgos japoneses tradicionales muy marcados, y el pelo liso y largo hasta la cintura, tan negro que contrastaba enormemente con la palidez natural de su piel. Tsukue estaba segura de que, si abandonara esa expresión de indiferencia absoluta y sonriera de verdad, estaría mucho mejor.

- Me alegro de conocerte, de todas formas, Inokuma-san –musitó entonces, decidida a despedirse de ella y alejarse en pos de Kaoru y Haruhi. No quería quedarse más tiempo ahí-. Tus hermanos no son los únicos que me han hablado de ti. Haninozuka-san te menciona todo el tiempo, así que ya tenía ganas de coincidir contigo. El otro día le sugerí que te invitara a venir también a la heladería para presentarnos, pero dijo que estabas ocupada, así que… e-es genial haberte visto aquí hoy. Espero poder conocer pronto también a Akutagawa-san y…

A Makie se le escurrió el portaminas y se le cayó a la mesa con más estrépito del deseado, sobresaltando a Tsukue. Sin embargo, se apresuró a cogerlo otra vez enseguida como si no hubiese pasado nada.

- ¿No conoces aún a Ishiko? –barbotó-. Qué raro. Ella también estudia en Hitotsubashi, me sorprende que no haya ido corriendo a presentarse y echarte un ojo. Le encanta meter las narices en la vida de los demás.

Tsukue no necesitaba ser un genio para comprender enseguida que Akutagawa Ishiko no era santo de la devoción de Inokuma Makie. Ésta había apretado los dientes y tenía la quijada rígida, haciendo un esfuerzo por mantener el rostro inexpresivo y no delatarse. La menor no pudo evitar ponerse nerviosa otra vez. Lo último que quería era tocarle la fibra sensible a aquella individua. Pero fue la propia Makie la que la rescató de tener que buscar un nuevo giro a la conversación.

- ¿Así que Mitsukuni me menciona? Eso sí que me sorprende. No me ha dicho que habías preguntado por mí, así que pensé que ni siquiera sabías que existo. ¿Y qué te ha contado sobre mí?

Tsukue tardó un momento en reubicarse y asimilar la pregunta.

- P-pues…

- No, no, espera, casi prefiero no saberlo –la interrumpió rápidamente Makie, frunciendo el ceño y llevándose una mano a la frente, como si de repente le doliera la cabeza-. Va a ser lo mejor. Ya me he enterado de más cosas de las que me gustaría enterarme, sobre lo que Mitsukuni va diciendo por ahí. Le encanta hablar. Normalmente habla demasiado.

Nozaki no entendió lo que su interlocutora quería decir. Todas las veces que Mitsukuni había abierto la boca para mencionar a Makie había dicho maravillas de ella. De hecho, por regla general transmitía una calidez extraña al hablar sobre su prometida que conseguía provocarle a Tsukue algún que otro estremecimiento, como cuando ves una película romántica que te enternece especialmente. Oyendo a Makie, no pudo evitar preguntarse si estaban hablando de la misma persona.

Abrió la boca, haciendo amago de decírselo, pero en ese momento empezó a vibrar el móvil que Inokuma tenía sobre la mesa, provocando un estrepitoso ruido que las hizo brincar a las dos del susto. Makie alargó la mano y lo cogió con una rapidez increíble, separándolo de la mesa para que dejara de armar escándalo. Sus vecinos estudiantes habían levantado la vista hacia ellas. Y, al ver en la pantalla el nombre del remitente, la mujer de larga melena lisa torció la boca en una mueca y arrugó la frente.

- Hablando del rey de Roma… -murmuró con cansancio, y dejó escapar un suspiro, descolgando y llevándose el teléfono a la oreja-. Mitsukuni –dijo en voz muy baja, cubriéndose la boca parcialmente con una mano y ladeándose para darle un poco la espalda a Tsukue-, estoy en la biblioteca, te llamo dentro de un ra…

La frase de Makie se cortó abruptamente y se quedó en silencio, obviamente pendiente de lo que su prometido le contaba al otro lado de la línea.

- ¿Qué? –gruñó, y Tsukue se fijó en que su rostro se transformaba con una irritación más que evidente-. ¿Otra vez? Pero qué demonios… Espera, espera, ¿les has dicho ya que nosotros no…?

Makie volvió a callar, escuchando. Y, tras un rato largo, soltó un resoplido de exasperación, llevándose la mano libre a la cabeza para agarrarse el pelo. Tsukue consideró que quizá sería mejor retirarse y dejarla a solas, pero apenas tuvo tiempo de retroceder un paso.

- Wakatta, ahora mismo voy para allá… No, no, no te preocupes, has hecho bien en llamarme, esto está pasando ya de castaño oscuro, me tienen más que harta. Manda un coche a recogerme, ¿quieres?… Sí, estoy en Todai… Anda, que se den prisa. Tú no te muevas de casa, llego enseguida… ¡No, no te vayas a tu casa, espérame allí!… Tsk, ya sé que no está el horno para bollos, pero con Ie-jisan la situación estará peor todavía… Sí… Sí… Sí, es lo mejor que puedes hacer. Mira, hablamos después, ¿ne?, que éste no es el mejor momento… Ahora nos vemos.

Colgó con tanta brusquedad que Tsukue volvió a sobresaltarse y se quedó mirando el móvil con cara de enfado, como si el aparato tuviera la culpa de todos sus males.

- Hay que fastidiarse… -dejó escapar Makie por lo bajo entre dientes, con el ceño duramente fruncido, y empezó a recoger sus cosas con gestos bruscos-. Maa, Nozaki-san, yo también me alegro de conocerte por fin. Mitsukuni y Ritsu están muy entusiasmados, hablando de ti a todas horas, y ya me picaba la curiosidad. Lástima que no hayamos podido charlar con más calma, pero ahora, si me disculpas, me veo obligada a desaparecer del mapa. No creo que a Kaoru le haga gracia, ya es la tercera sesión que cancelamos esta semana, mou

Tsukue permaneció callada. No creía que Makie estuviera hablándole a ella, de todas formas. Pero lo poco de conversación que había oído y la expresión que lucía la prometida de Hani en esos momentos habían conseguido desconcertarla. Tenía ganas de preguntarle si había sucedido algo, pero ni en sueños se le habría ocurrido semejante muestra de camaradería con aquella mujer a la que acababa de conocer.

- I-Inokuma-san… -empezó vacilante, con gesto preocupado.

Pero no pudo terminar.

Makie se había puesto en pie con rapidez. Y Tsukue se había quedado completamente tiesa al comprobar que la susodicha no sólo era fibrosa y menuda, sino que además medía aproximadamente una cabeza menos que ella. El descubrimiento la bloqueó por un momento y fue incapaz de recoger el hilo de lo que había querido decirle antes de que se marchara. Makie debió notar su colapso, porque la miró desde abajo con las cejas enarcadas y los ojos entornados.

- ¿Hai? –entonó.

- N-nada –replicó Tsukue a duras penas, enrojeciendo de vergüenza otra vez al saberse descubierta-. S-sólo quería pedirte que le dieras recuerdos a Haninozuka-san de mi parte, y… y saludos a los niños también…

Makie entornó los ojos un poco más.

- No te preocupes, lo haré. Ya nos veremos, Nozaki-san. O quién sabe…

Con aquella contundente despedida, Makie se colgó un gran bolso al hombro y se marchó a zancadas hacia la salida. Y, tras ella, dejó un suave aroma a caramelos y piruletas que logró descolocar a Tsukue aún más de lo que ya estaba.

La vio cruzarse con Kaoru y Haruhi, que ya volvían a la mesa, e intercambiar unas palabras con ellos. En verdad la noticia no pareció hacerle gracia al menor de los Hitachiin, porque la cara que puso fue un poema. Pero no se quejó y, cuando él y Haruhi llegaron junto a Tsukue, habiéndose marchado ya Makie velozmente, lo único que hizo el joven fue suspirar con agotamiento y quedarse mirando sus libros esparcidos por la mesa con expresión ausente.

- Pues nada –musitó, encogiéndose de hombros-. Si Makie-senpai se marcha, yo me voy a largar a mi casa también…

- Si te quieres quedar con nosotras hasta que salga Hikaru de prácticas… -sugirió Haruhi, que ya estaba ocupando el asiento que acababa de liberar Makie.

- El caso es que Hikaru hoy se va de cena con sus compañeros de clase, así que no tengo a nadie a quién esperar. Me toca cenar solo en casa.

- No lo digas así –intentó animarle Tsukue, en son de broma-. Yo ceno sola en casa todos los días y sobrevivo.

- Ya, pero a mí me deprime mucho, que no estoy acostumbrado…

- Qué tontería –sonrió Haruhi, ojeando uno de sus libros con avidez-. Pues iros los dos a cenar juntos y se acabó el problema.

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Verse en la heladería rodeados de gente, pase. Estar juntos casi un día entero en la librería divagando y haciendo mucho el idiota, también pase. Coincidir por ahí en determinadas ocasiones por casualidad era hasta comprensible. Pero eso de irse los dos solos a cenar juntos ya era demasiado.

Haruhi tuvo que aguantar a Kaoru y Tsukue durante cerca de cinco minutos buscando excusas estúpidas para escaparse del plan de la cena. Pero, como a ella le resultaba demasiado obvio que sólo estaban excusándose para no parecer excesivamente desesperados y cubrir las apariencias, terminó hartándose y los mandó a los dos a la mierda para que la dejaran en paz, casi echándoles de la biblioteca con la dirección de un restaurante de comida rápida que había cerca de Todai y les pillaba de camino. Así, tanto Kaoru como Tsukue tuvieron que poner pies en polvorosa. Eso sí, concienciándose a sí mismos de que sólo cenaban juntos por la insistencia de Haruhi y porque no tenían realmente nada mejor que hacer.

Para variar, los primeros minutos fueron algo incómodos, ambos preocupados quizá por las posibles connotaciones de irse solos a cenar por ahí. No eran tan amigos como para salir juntos en ese plan. Se sentían como sacados de contexto y no sabían muy bien si debían comportarse como siempre o actuar de forma distinta. Pero, también para variar, la tensión inicial se fue disolviendo poco a poco en cuanto entablaron conversación. A esas alturas, compartían ya una naturalidad que difícilmente podía ser reprimida por vergüenzas o reticencias. Y, cuando salieron definitivamente del campus de Hongo, ya iban hablando con soltura, casi convencidos de que cenar juntos era la cosa más normal del mundo.

- Así que, ¿qué te ha parecido Makie-senpai? –inquirió Kaoru con una sonrisa traviesa rato después, mientras hacían cola ante la barra del restaurante-. ¿Curiosidad satisfecha?

- Curiosidad satisfecha –asintió Tsukue, sonriendo también-. Pero ella en concreto… No sabría decirte. Creo que no es como me la esperaba.

- Siempre causa una pésima primera impresión –Kaoru se echó a reír-. Tendrías que haber visto el día que Haruhi y ella se conocieron. Ahora se llevan bastante bien, pero al principio… A Makie-senpai hay que pillarle el punto para poder tratar con ella. Haruhi solía decir que es increíble la capacidad que tiene de hacer sentir inferiores a los demás incluso mirándolos desde abajo…

- Sí, de eso también me he dado cuenta yo… –añadió Tsukue, en voz más baja y casi vacilante, como si tuviera miedo de hablar más de la cuenta-. Me cuesta imaginármela con alguien como Haninozuka-san. Quiero decir… no tienen nada que ver el uno con el otro…

- Maa, no te creas –Kaoru hizo una pausa para pedir un par de cajas de ramen para llevar y se volvió otra vez hacia su compañera-. La familia de Makie-senpai tiene tradición en las artes marciales, como la de Hani-senpai, y ella es la heredera. Los comprometieron siendo muy pequeños para fusionar técnicas de budo, y cosas así. Tanto los Haninozuka como los Inokuma necesitaban este compromiso, y en ese sentido ambos están muy concienciados con eso de cumplir con sus responsabilidades. Aunque Hikaru y yo siempre hemos tenido la teoría de que en realidad los comprometieron porque los dos son igual de enanos, y estaría mal visto que el próximo señor de los Haninozuka estuviera casado con una mujer más alta que él.

Kaoru se rió por lo bajo de su propio chiste, y Tsukue no pudo evitar sonreír.

- Pero no creas que no se pueden ni ver –añadió él-. Son muy diferentes y discuten bastante, pero yo siempre he estado convencido de que se quieren un montón en el fondo. El problema es que tal vez se hayan criado más como hermanos que como prometidos…

Tsukue se imaginó por un segundo cómo se sentiría ella si tuviera que casarse con Kana. Eso bastó para que comprendiera perfectamente la situación.

- Pero, de todas formas, por su modo de hablar…

- Ah, bueno, no le des mucha importancia a eso. Makie-senpai es muy borde, siempre lo ha sido. No tiene pelos en la lengua, por eso es difícil tratar con ella. Oba-san le tiene una tirria que no la puede ni ver, por ejemplo.

- Sí, eso también lo he notado. Mencioné a Akutagawa-san sin darme cuenta y no pareció sentarle muy bien a Inokuma-san…

- Bah, el sentimiento es mutuo, esas dos se llevan bastante mal, sus formas de ser chocan demasiado.

- Además, Hikaru-san me ha contado algunas cosas de Inokuma-san que…

- Eso sí que no lo tengas en cuenta –Kaoru la interrumpió con una mueca extraña cercana a la exasperación-. Hikaru siempre se ha llevado bien con Makie-senpai, pero desde que conocimos a oba-san la subió a ella en un pedestal, porque es una persona muy abierta y simpática que enseguida se gana a todo el mundo, y al final él se deja influenciar un poco por sus opiniones. Siempre se pone del lado de oba-san, pero ella tampoco es una santa, precisamente. A veces Hikaru sólo ve lo que le interesa –se interrumpió por un momento, y Tsukue tuvo la impresión de que tensaba la mandíbula, como si apretara los dientes. Pero enseguida volvió a sonreír con despreocupación-. Hazme caso. Últimamente paso mucho tiempo con Makie-senpai y nos llevamos muy bien. No es tan abierta como oba-san, pero tienes que verla en su salsa para comprenderla. Es la leche.

- Vaya –Tsukue se empezó a reír en un murmullo-. Entonces desestimamos las opiniones de Hikaru y nos centramos en las tuyas, que son las que tienen fundamento, ¿ne?

- ¡Por supuesto! Ya te dije que yo soy mucho más de fiar.

- Bueno, quiero que sepas que él siempre dice lo mismo…

- Ya, pero sus argumentos no se sostienen por ningún lado y no ofrecen ninguna confianza.

Tsukue ya se estaba riendo abiertamente. Kaoru apenas era consciente de que él mismo llevaba una amplia sonrisa de diversión en la cara.

- Maa, en cualquier caso, pobre Haninozuka-san…

- ¡No le compadezcas! Tendrán sus diferencias, pero espera a verlos juntos para juzgar. Son un espectáculo. Cuando están de buenas, claro. Y eso porque no los conociste en su mejor época. Ahora no están pasando una buena racha, pero cuando estábamos en el instituto eran increíbles. No puedes juzgar a Makie-senpai por verla sólo una vez. Hay un montón de detalles en ella que siempre consiguen sorprenderme…

- Huele a caramelos –soltó entonces Tsukue, acordándose de repente de aquel dato tan surrealista.

- ¿Lo has notado? –Kaoru volvió la cara hacia ella con rapidez, abriendo mucho los ojos, y soltó una fuerte carcajada-. ¡Es un perfume que no le pega para nada! Pero lo ha usado desde siempre, cuando estábamos en el instituto Hikaru y yo nos traíamos un cachondeo impresionante con eso, pero Makie-senpai aguantaba estoicamente todas nuestras tonterías. Hace poco Ritsu-neesan me confesó por fin que sigue usándolo porque es el perfume favorito de Hani-senpai, ¿qué te parece?

Tsukue se sorprendió sinceramente ante aquel detalle. Le resultaba difícil asociarlo con la impersonal Makie que había conocido en la biblioteca. Pero después recordó también la forma en la que había estado hablando por teléfono con su prometido y las cosas que le había oído decir. Más que tener problemas entre ellos dos, aquello había sonado como si tuvieran problemas con terceros. No conocía los detalles de esa relación y tampoco quería meterse más de la cuenta en el tema, pero las palabras de Kaoru estaban consiguiendo que enfocara el asunto desde otro ángulo. Al final, Makie le producía más curiosidad ahora que antes de conocerla.

Con sus respectivas cajas de ramen en las manos, volvieron a salir a la calle. Kaoru había empezado a hablarle de los viejos tiempos, cómo Tamaki había ido recolectándolos para formar el Host Club, cómo habían conseguido sacar adelante el proyecto, cómo habían conocido a Haruhi y cosas por el estilo. Tsukue, que apenas sabía cuatro cosas del pasado de su amiga, disfrutó muchísimo de la conversación, y terminó contagiándose de la nostalgia que destilaba Kaoru, hablándole también de viejas anécdotas del instituto en Hinode, con Kana, Tadashi, Saho y Hitoshi de por medio.

- El día que Hitoshi le pidió salir a Saho fue memorable –contaba la joven entre risas, y el rostro entero se le iluminaba al recordarlo-. Él es… como muy payaso, ¿sabes? Y Saho es medio gótica, y va por la vida en plan "tonterías las justas". Kana y yo estuvimos riéndonos a su costa casi una semana. Y encima, cuando el pobre consiguió declararse formalmente por fin, lo primero que hizo Saho fue quedarse mirándolo –Tsukue se detuvo para escenificar su relato, componiendo una cara totalmente inexpresiva-, agarró el teléfono, llamó a Tadashi y soltó: Nii-san, que Hitoshi se me ha declarado, ¿qué hago?

Tsukue estalló en carcajadas, riéndose con más fuerza de la que Kaoru le había oído nunca. Quizá fue eso mismo lo que provocó que él rompiera a reír estruendosamente también.

- ¿Delante del otro?

- ¡Como lo oyes! Vamos, a mí me hacen algo semejante y me caigo muerta en el acto…

- Vaya, entonces si algún día te me declaras, no podré llamar a Hikaru corriendo para decírselo.

- Que se te ocurra, y te meto el teléfono por dónde más te duela…

Siguieron riéndose, sin darse ni cuenta de lo que acababan de decir.

- Saho tiene la sensibilidad en la punta del pie…

- ¿Pero al final funcionó el tema?

- Sí, sí, y ahí siguen. Ya llevan… -Tsukue apretó los labios, alzando la vista al cielo con aire pensativo-, dos… no, tres. Tres años, más o menos. Kana y yo somos de la opinión de que Hitoshi es masoca perdido. Saho está muy unida a Tadashi y siempre lo antepone a él por encima de cualquier otra cosa. Es que ellos dos… bueno, sus padres se divorciaron cuando eran pequeños y se los repartieron, ¿sabes? Por eso, ahora que ya son mayores, prácticamente están juntos todo el tiempo. Pero claro, Tadashi ya no sabe cómo decirle a su hermana que se independice y le haga un poco más de caso a Hitoshi y deje de tenerlo como a un trapo.

- Joer, pobre chaval… ¿Tú también eres de las que tratan mal a sus chicos?

- Cuando tenga un chico al que tratar mal ya te lo diré.

- Me has dejado traumatizado con esta historia…

- ¡Bueno, habría que verte a ti!

- ¿Yo? Pero si soy un santo con las mujeres. Entre otras cosas porque no me como una rosca desde hace un par de años.

- Sí, claro, eso es lo que me dices a mí. Algún ligue oculto tendrás en el lugar menos esperado.

Volvieron a reírse un poco, pero esa línea de conversación murió ahí. Fue obvio que ninguno de los dos tenía ganas de tocar el tema de sus respectivas vidas amorosas, así que evadieron el asunto por tácito acuerdo y enseguida empezaron a hablar de otra cosa, como si no hubiese pasado nada.

Siguieron andando distraídamente, paseando sin rumbo fijo mientras devoraban el ramen. Se rieron y se atragantaron tantas veces que perdieron la cuenta, intercambiando recuerdos y ocurrencias. Kaoru se desternilló cuando Tsukue confesó haber atravesado una época medio punk cuando estaba en el instituto, y Tsukue alucinó cuando Kaoru sacó del baúl de los recuerdos algún que otro episodio absurdo del Host Club. Hablaron de amigos, compañeros y conocidos. De profesores, antiguos y actuales, y de asignaturas favoritas y odiadas. Hablaron de música. Hablaron de comida. Hablaron incluso del Sanja Matsuri, que era aquel mismo fin de semana, y de los planes que tenían para ir a verlo a Asakusa o no. El tiempo se les pasó volando mientras la tarde decaía lentamente y empezaron a encenderse las deslumbrantes luces de Tokyo para recibir la noche.

- No me puedo creer que hayas aparcado al lado del Koishikawa Korakuen –comentó en un momento determinado Tsukue, cuando ya llevaban tanto tiempo andando que empezaban a resentírsele un poco los pies-. ¿Y te das semejante paseo hasta Todai por las mañanas? Me vuelvo loca…

- No aparco ahí todos los días –explicó Kaoru, poniendo los ojos en blanco-. Hikaru y yo venimos siempre en el mismo coche y lo dejamos en el parking de la universidad. Pero, como sabía que hoy no íbamos a volver juntos a casa, me traje el mío también y lo dejé aquí para darme un paseo de camino a clase. No me pongas esa cara, entraba tarde, no creas que hago esto por amor al arte a las 8 de la mañana…

- Wakatta, wakatta… ya me estabas asustando.

Él negó con la cabeza, dejando escapar un murmullo de risa, y se terminó definitivamente el ramen.

- ¿Dónde vives? –inquirió entonces Tsukue como de pasada, haciéndose la distraída-. Bueno… vivís –se corrigió rápidamente.

- En Chiyoda –contestó Kaoru, dedicándole una sonrisa de lado-. En Kojimachi.

- ¡Waaa! –soltó Tsukue, mirándolo con la boca abierta-. ¡Joder! Ups, gomen… q-quiero decir… s-sugoi, ¿ne? ¿Con vistas al Palacio Imperial?

- Con vistas a todos los jardines del Palacio Imperial –especificó el pelirrojo, haciendo un esfuerzo por reprimir las carcajadas-. Tenemos un ático.

Tsukue se había bloqueado y para disimularlo se refugió en sus fideos.

- Puedes venirte a casa, si quieres.

Aquellas palabras se quedaron flotando entre los dos, seguidas de un silencio denso y extraño que cortó de golpe el buen rollo que habían compartido en la última media hora. Tsukue, con los fideos a medio sorber, giró la cabeza para mirar a su compañero con los ojos muy abiertos. Y Kaoru se incomodó de golpe al comprender que su comentario había sido ligeramente malinterpretado.

- No voy a abusar de ti –barbotó bruscamente-. Lo digo porque, si dices que ya te has terminado el último tomo de Jigoku, puedo prestarte el primero de The rose of hundred leaves, si te apetece. Para que tengas algo para leer de momento. O puedes echarle un vistazo a los libros que tengo allí y cogerte el que más te guste, ya te dije que no me importa prestártelos. Aunque ya han anunciado el lanzamiento de la próxima entrega de Prólogo para el mes que viene y tal vez no quieras meterte con otra cosa antes de eso… Vamos, sólo era una sugerencia. Si no quieres, puedo llevarte directamente a tu casa. Total, no tengo nada mejor que hacer.

Terminado su discurso, Kaoru se rascó la nuca, desviando el rostro para no mirar a Tsukue a la cara. Y fue un alivio para la morena, porque se había vuelto a quedar boquiabierta y la mitad de los fideos que tenía a medio masticar habían caído de vuelta a la caja de ramen.

- Kuso –gruñó por lo bajo, limpiándose rápidamente la boca con el dorso de la mano. Kaoru la miró otra vez enarcando las cejas y ella se puso como un tomate-. Ehhh… N-no sé, Kaoru-san. Q-quiero decir, quizá no sea… maa… ¿S-seguro que no te molesto?

Y el joven sonrió lentamente.

- No –contestó sin más.

Tsukue titubeó, indecisa, mirándolo de soslayo.

- ¿Cómo de bien está ese The rose of… etc.?

- Te va a encantar –rió Kaoru, divertidísimo-. Ya lo verás.

- ¿Pero tanto como Jigoku? Porque Jigoku es difícilmente superable, no lo niegues. Si no tiene morbo con temas como lo de… Eiji y Hotaru, por ejemplo, no quiero saber nada.

- ¡Venga ya! No me digas que eres fan de Eiji…

- ¡Eiji es mi héroe! No te metas con él o rompemos relaciones, te lo advierto.

- Pero si es un pelele, el pobre. Hotaru lo mangonea como quiere…

- Oi, reconozco que Hotaru es un poco perra con él a veces, pero no creo que eso lo convierta en ningún pelele.

- Maa, maa… Sí tiene morbo de ése, tranquila, y más todavía. Tiene tanto morbo que te va a traumatizar.

- Eso es difícil, después de las cosas que me obliga a ver Etsu…

- Bueno, Nozaki-san, si no queda usted satisfecha, le devolvemos su dinero…

- ¿Encima voy a tener que pagar por el préstamo?

- Nah, el importe era acompañar a un pringado sin vida propia para que no cenara solo –bromeó Kaoru, y su sonrisa cambió de matiz-. Una cena, un libro. Si el libro no te gusta, ya te compensaré con otra cena.

Tsukue se quedó mirándolo, sintiendo que el estómago le daba un vuelco repentino. Por un segundo pensó que se había escurrido de la acera, o algo así. Al segundo siguiente pensó que era una imbécil. Y empezó a reírse estúpidamente, combatiendo el incipiente sonrojo con la contundente idea de que estaban bromeando. Sólo estaban bromeando.

- Yare, yare, Kaoru-san…

- Maa, si quieres algún otro tipo de compensación, siempre puedo pasarte a Hikaru para que te deleite con una de sus noches de sexo y desenfreno.

La chica lo fulminó con la mirada, recuperando de inmediato la compostura, y le dedicó una mueca y un leve empujón. Kaoru rompió a reír alegremente.

- ¡No, gracias! –exclamó Tsukue-. Prefiero el tema de las cenas. Aunque has sido muy imprudente. Con este acuerdo, a partir de ahora yo puedo decirte que todos los libros que me dejas no me gustan y así obligarte a invitarme a cenar todos los días y dedicarme a vivir del cuento… literalmente.

- Y… ¿dónde está el punto negativo en eso?

Tsukue volvió a asestarle un suave golpe en el brazo a modo de reproche, pero empezó a reírse otra vez, con las mejillas sonrojadas. Kaoru la coreó en el acto, sin poderlo evitar, y así siguieron su camino.

No había sido una buena semana para él. No había tenido muchas oportunidades para reírse así últimamente. No recordaba cuándo había sido la última vez que se había divertido con algún amigo, olvidándose de las preocupaciones. De hecho, no recordaba cuándo había sido la última vez que se había divertido así.

Kaoru pensó fugazmente que lo que estaba haciendo era una tontería. Una tontería peligrosa. Pero, cuando llegaron al coche y Tsukue se sentó tranquilamente en el asiento de copiloto, ese pensamiento se esfumó como el humo.

Puso rumbo a Kojimachi casi inconscientemente. Y su compañera no se quejó.

--------------

Tsukue empezó a arrepentirse de haber aceptado la invitación cuando Kaoru aparcó el coche en el inmenso garaje de un gigantesco edificio de pisos que parecía llevar la palabra lujo escrita en cada ladrillo. La situación no mejoró cuando llegaron al vestíbulo y un portero uniformado los saludó respetuosamente, acercándose incluso hasta el ascensor para pulsar el botón de llamada por ellos. Tardaron tanto en llegar al último piso que la joven se pensó que el aparato se había estropeado y ellos se quedarían eternamente allí metidos. Pero, sin lugar a dudas, el remate fue plantarse ante la puerta del "apartamento", después de cruzar una impresionante galería con vistas a Tokyo, esperar a que Kaoru abriera, cruzar el umbral y encontrarse dentro de una especie de mini palacio, como si hubiesen seccionado una porción de la cercana residencia imperial y la hubiesen metido a presión en un edificio moderno.

Y no es que el piso de los Hitachiin fuera de corte tradicional, más bien lo contrario, pero tenía unas dimensiones que abrumaban. Sólo el recibidor ya era casi tan grande como el apartamento entero de Tsukue. No pudo evitar quedarse tiesa de la impresión en la entrada. Por algún motivo tenía el presentimiento de que en el momento menos esperado aparecería una corte de criados con trompetas para anunciar la llegada del amo y tender a sus pies la alfombra roja…

- Hikaru y yo dejamos los zapatos aquí normalmente –comentó Kaoru, viendo que Tsukue vacilaba y pensando que era ése su problema-, pero puedes dejártelos puestos si quieres, total, en realidad no es necesario…

- No, no, me los quito –se apresuró a atajar Tsukue, aturullada, considerando que prefería cortarse los pies antes que manchar mínimamente aquel lujoso lugar.

Ambos se descalzaron y la morena se fijó fugazmente en que sus zapatillas de deporte parecían mil veces más cochambrosas que de costumbre al lado de las deportivas último modelo de su compañero. Miró a Kaoru de reojo con timidez, pero él no se había dado ni cuenta del detalle y ya había echado a andar hacia el interior. Se apresuró a seguirle.

El comedor era tremendo. A Tsukue le recordó vagamente a las amplias aulas de su viejo instituto, aunque obviamente no estaba lleno de pupitres y sillas. Sus ojos captaron la enorme televisión de plasma, de cincuenta pulgadas mínimo, los caros sillones de tapicería exquisita, la impecable moqueta, el reproductor de DVD y demás aparatos electrónicos, todos de última generación, y las estanterías repletas de películas variadas y libros. Todo estaba decorado con muy buen gusto, casi parecía el típico comedor que se ve en las fotos de los catálogos. O los gemelos habían heredado el sentido estético de su madre, o Hitachiin-sama había metido mucho la mano en aquel lugar hasta dejarlo decente para sus niños.

Por su cerebro pasó una imagen mental de su microscópico piso, en el que apenas podías moverte, y algo frío y viscoso se le asentó en el pecho, como si se hubiese tragado de golpe un trozo de helado demasiado grande.

Casi se había olvidado de la kilométrica distancia que separaba su mundo del mundo de la gente de Ouran. Todos ellos eran multimillonarios a los que el dinero les salía por las orejas, pero, quizá por la influencia de Haruhi, no empleaban esas formas afectadas y quisquillosas que Tsukue siempre había asociado a la gente rica. En vez de tratarla con superioridad, la habían tratado siempre con una simpatía que había logrado hacerle olvidar el tema de la clase social. Salvo por algunos comentarios y por su forma de vestir, ninguno de ellos se había comportado como un rico. Y Kaoru en especial, había conseguido que ella pensara que…

Tsukue sacudió la cabeza. Una cosa era un rico paseándose por el mundo plebeyo, y otra muy distinta era un plebeyo paseándose por el mundo de los ricos. Ella no estaba preparada para una impresión así, de repente se sentía tan intimidada que apenas se atrevía a moverse. "¿Dónde te has metido, estúpida?", se reprendió, mordiéndose el labio.

- ¿Nozaki-san?

La chica reaccionó de golpe con un sobresalto y se volvió rápidamente hacia Kaoru, que la miraba con las cejas enarcadas.

- ¿H-hai? –barbotó con más brusquedad de la deseada.

Kaoru frunció un poco el ceño.

- ¿Estás bien?

- Hai, hai –se apresuró a contestar Tsukue, aunque el deje histérico de su voz lo notó hasta ella. Para disimular se echó a reír, pero fue peor el remedio que la enfermedad-. Maa, Kaoru-san… E-esto sí que es una casa y lo demás son tonterías, ¿ne? Qué impresionante…

Se rió un poco más, pero sonaba tan horrible que terminó callándose, mordiéndose la lengua y soltando un resoplido inconsciente que la hizo sonrojar. Kaoru alzó una ceja lentamente. Sin embargo, pareció darse cuenta enseguida de cuál era el problema, porque su expresión cambió de matiz y agrandó los ojos poco a poco. Los dos se miraron fijamente en silencio, y se avergonzaron de sí mismos a la vez.

- K-Kaoru-san, yo n-no…

- M-maa, siento haber…

Habían hablado al mismo tiempo, así que se callaron rápidamente otra vez, incómodos. Pero volvieron a mirarse cuando de repente un delicioso aroma a comida que no habían notado antes llegó hasta ellos, y arrugaron un poco la frente con incomprensión.

- ¿No huele como a…?

- ¿… algún tipo de carne asada…?

- ¡Bocchama!

Kaoru pegó un brinco del susto ante la potente voz que había surgido a sus espaldas y se giró velozmente con la cara pálida para encarar a una mujer muy entrada en años que acababa de salir de la cocina, con un abrigo en una mano y un bolso en la otra, claramente a punto de marcharse. Tenía la cara ancha surcada de arrugas, y el pelo gris veteado por algunas hebras de lo que debió ser su original color oscuro.

- ¡Kameko! –exclamó el muchacho, nervioso-. ¿Qué haces aquí tan tarde?

- Preparar la cena, para cuando su hermano y usted vuelvan –respondió contundentemente la mujer, y sus ojos se clavaron con intensa reprobación en las cajas vacías de ramen que Kaoru aún llevaba en la mano. Él se apresuró a esconderlas a su espalda.

- Ahhh, sou ka, sou ka… Muchísimas gracias, no sé qué haríamos sin ti…

Entonces, los ojos de la anciana se clavaron en Tsukue, que se estremeció de pies a cabeza, sintiendo como si la hubiesen atravesado de lado a lado con una espada. Roja como un tomate y sudando de tensión, se ocultó disimuladamente detrás de Kaoru.

- Hikaru-bocchama –empezó la vieja con un suspiro, dispuesta a soltar un sermón-, si me permite que se lo recuerde, le he dicho muchas veces que no traiga a sus amigas a la casa los jueves, porque los jueves es el día que cambio las sábanas, y ya cambio las sábanas tres veces por semana, no me gustaría tener que empezar a cambiarlas diariamente sólo porque usted…

- Soy Kaoru –la interrumpió secamente el pelirrojo, con una gotita rodando por su sien.

Un denso silencio cayó sobre ellos por un momento, pero entonces la cara de la anciana empezó a transformarse y los ojos se le iluminaron con lágrimas contenidas.

- ¡Oh, Kaoru-bocchama! –exclamó, llevándose las manos a la boca con emoción-. ¡Qué contenta se va a poner su madre cuando se entere…!

- No hay nada de lo que mi madre se tenga que enterar, Kameko –atajó rápidamente Kaoru, con una horrible sonrisa forzada-. Vamos, vamos, contrólate… ¿No te ibas ya? Anda, venga, te acompaño hasta la puerta. Muchas gracias por la cena. Adiós, adiós…

Kaoru prácticamente arrastró a la mujer hasta la entrada y se aseguró de que se largara, dejando atrás a Tsukue completamente bloqueada y petrificada. Cuando volvió junto a ella, tras haber despedido definitivamente a Kameko, dejó escapar un resoplido y la miró con la frente arrugada a modo de disculpa.

- Perdona…

- T-tranquilo –musitó ella a duras penas, sonriendo nerviosamente-. ¿Seguro que no te he… causado problemas viniendo aquí?

- ¡Claro que no! Kameko es… mmm… -Kaoru hizo una pausa, buscando el mejor modo de explicarse, y se rascó la nuca-. Kameko era nuestra aya cuando Hikaru y yo éramos pequeños. Teníamos niñeras, pero ella se encargaba de supervisarlas, era la responsable directa de nuestra educación, por decirlo de algún modo. Desde que nos vinimos a vivir aquí, se encarga de dirigir la administración de nuestra casa…

- ¿Tenéis una criada para vosotros solos?

Tsukue estaba boquiabierta, así que Kaoru se limitó a asentir ambiguamente con la cabeza. Era mejor no especificar que Kameko en realidad dirigía a un pequeño grupo de criadas de la mansión principal de los Hitachiin que se trasladaban periódicamente al apartamento de los herederos para mantenerlo todo en orden.

- Pensé que Hikaru le habría dicho que hoy no iba a venir a cenar y que no era necesario que nos preparara nada –añadió, más por decir algo que por otra cosa-. Conociéndola, habrá hecho comida para cinco… ¿Te has quedado con hambre?

- No sé… -murmuró Tsukue, todavía aturdida, pero el olorcillo del manjar estaba consiguiendo que empezara a segregar saliva. Nunca se daba cuenta de lo mucho que se había acostumbrado a pasar un poco de hambre para ahorrar dinero hasta que se topaba con algo realmente bueno que le abría de golpe el estómago.

Kaoru parecía estar leyendo en su cara otra vez, porque perdió la incomodidad al ver cómo evolucionaba la expresión de su compañera y esbozó una media sonrisa.

- Maa, podemos picotear un poco después, si quieres –comentó divertido-. Voy a buscarte ese libro antes de que se me olvide, ¿ne?

- Aa

- Siéntete como en tu casa, puedes echar un vistazo a lo que quieras.

Tsukue asintió, empezando a quitarse la chaqueta. Y Kaoru, sonriendo aún, se separó de ella para dirigirse hacia un pasillo cercano. Sin embargo, se detuvo antes de internarse en él y volvió a girarse hacia la morena, llevándose una mano a la boca para reír maliciosamente en plan de broma.

- Bueno, iba a decirte que si me quieres acompañar, pero como supongo que no estarás preparada aún para dar el terrible paso de entrar en mi cuarto, mejor espérame en el comedor mientras te traigo el libro… ¿O te sientes capaz de acompañarme?

Era una broma. Estaba claro que era una broma. Pero Tsukue sintió el rostro arder y, por un segundo, la imagen de Kaoru se le traspapeló con la de Hikaru, y se quedó tan desconcertada que apenas atinó a articular una respuesta coherente. Era la primera vez que los gemelos le parecían tan idénticos estando separados. Kaoru rompió a reír al ver su expresión.

- ¡Era una broma, era una broma! –se apresuró a aclarar, riéndose.

- U-urusai –gruñó Tsukue, fulminándole con la mirada-. Te espero aquí. Y que sepas que ese comentario me ha recordado a tu hermano.

- Ya sabes lo que dicen –exclamó Kaoru, perdiéndose ya por el pasillo-. ¡Todo se pega menos la hermosura! Aunque en nuestro caso hasta eso se nos ha pegado.

- ¡Cretino! –le replicó Tsukue, recuperando por fin el aplomo, y, cuando le oyó soltar una carcajada en algún lugar cercano, ella misma esbozó una abierta sonrisa.

No sabía si era por el atrayente aroma de la cena, por el acogedor aire del sitio que captabas una vez te reponías de la impresión inicial, o por el carácter espontáneo que Kaoru, a pesar de todo, no había perdido. No sabía con certeza por qué, pero Tsukue empezó a sentirse mucho más cómoda que al entrar en aquella casa. Dejándose llevar por la curiosidad, empezó a pasearse lentamente por el comedor, observándolo todo.

No cabía duda de que estaba en la casa de un rico, y no sólo por la calidad de todo lo que encontraba a su paso. No había ni una sola mota de polvo y todo estaba en perfecto orden, como si una mano invisible se encargara de mantenerlo siempre así. Acostumbrada a ver el pandemonio en el que solía vivir Kana antes de buscarse un piso con Etsu, Tsukue estaba convencida de que los chicos no contaban con la misma percepción de la limpieza que las mujeres, y resultaba medio surrealista que dos hombres jóvenes que vivían solos tuvieran la casa en semejantes condiciones. Debía ser obra de la sirvienta. No pudo evitar una vaga sonrisa al pensar en ello. Lo más seguro era que ni siquiera supieran cocinar. A partir de ahora, la patética imagen de los gemelos intentando freír un huevo la acompañaría para siempre.

Casi se sintió culpable por reírse, así que hizo un esfuerzo por reprimirse. Sin embargo, no era ese viejo sentimiento de rechazo intimidado lo que la embargaba en aquel momento. Ese sentimiento que la había condicionado durante un par de años para mantenerse alejada de los amigos de Haruhi, pensando que su alto nivel social casi los convertía en extraterrestres. Después de haberlos conocido y haber tratado con ellos, lo que sentía hacia aquellos niños ricos era un extraño derivado de ternura y afecto. Resultaban entrañables y todo, con sus ocurrencias y reacciones ante los hechos cotidianos del mundo plebeyo.

Tsukue no quería que aquella casa, aquel lujo, volvieran a hundirla en los prejuicios. Nadie tenía la culpa de haber nacido donde había nacido. Conocía a Kaoru y a Hikaru y sabía que, a pesar de su abultada cuenta bancaria, eran personas corrientes. Bueno, quizá corrientes no, pero sí humanas. No la habían tratado como si fuese un bicho, que era lo que ella había temido desde un primer momento, sino todo lo contrario. Y, aunque el sabor agridulce de la sana envidia era inevitable, la joven ahora veía las cosas desde un ángulo totalmente distinto.

- ¡Nee, Kaoru-san! –exclamó más animada, alzando la voz para que él la oyera desde su cuarto, siguiendo su exploración del comedor-. ¿Vuestra criada está enterada de vuestros devaneos amorosos? Alucino…

- Es difícil no enterarse de los devaneos amorosos de Hikaru –contestó él en la distancia.

- ¡Pero los tuyos también! Parecía muy contenta de verte acompañado de una chica. Me ha hecho gracia que a Hikaru-san le endosara inmediatamente ligues de una noche y contigo diera por supuesto que tu acompañante es tu novia…

- Maa, no creo que diera por supuesto nada, en realidad. Ya te dije que hace dos años que no me como una rosca, lo más probable es que se haya alegrado simplemente de confirmar que no soy gay.

Tsukue se echó a reír, divertida. Pero en ese momento captó algo que le llamó la atención. En las estanterías repletas de libros gordísimos de ingeniería y de volúmenes y volúmenes encuadernados en piel pertenecientes a alguna colección de literatura antigua, había también algún que otro portarretratos con fotos de los gemelos en distintas etapas de su vida, solos o con sus compañeros del Host Club. Tsukue cogió con cuidado un marco con una foto de los dos siendo pequeñitos, con unos uniformes verdes que ella asoció a la escuela primaria.

No tenía ni idea de cuál era Kaoru y cuál Hikaru…

- Ya está –anunció el anfitrión de repente, volviendo a entrar en el comedor con un grueso libro entre las manos. Tsukue se giró rápidamente hacia él-. Hyaku ha no Hana –entonó Kaoru, dándole unos golpecitos a la portada-. Traducción aproximada del título original, por supuesto. Toma.

- Aa… Arigato. ¿Cuándo te lo tengo que devolver?

- No te preocupes, mujer. Cuando lo termines, no tengo prisa.

Se acercó a ella y le pasó el tomo, que Tsukue aceptó con una sonrisa. Fue entonces cuando Kaoru reparó en la foto que su amiga llevaba en la mano.

- ¿Qué? ¿Quieres llevarte alguna de recuerdo? –bromeó risueño, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.

- No estaría mal, porque erais muy monos de pequeños…

- Si lo dices en pasado me ofendes.

- Ahora tenéis otro tipo de monería –sonrió Tsukue, con un toque de socarronería que Kaoru no le había visto antes.

Se rieron juntos.

- ¿Quién es quién?

- El de la derecha es Hikaru y el de la izquierda soy yo.

- ¿Y te acuerdas, después de tanto tiempo?

- Bueno –rió el joven-, yo suelo ser capaz de identificarme a mí mismo, todavía no tengo conflictos de personalidad tan graves…

Lo había dicho en broma, pero Tsukue se quedó pensativa. La sonrisa de Kaoru decayó poco a poco, observando de cerca su expresión concentrada. Había fruncido ligeramente el ceño mientras examinaba aún la foto. Quiso preguntarle si le ocurría algo, pero no le dio tiempo.

- ¿Sabes? –empezó Tsukue en voz baja. Vaciló por un instante, indecisa, pero al final continuó-. Últimamente he estado pensando en esa facilidad que tiene Haruhi para diferenciaros tan claramente…

- Ella fue la primera persona que lo consiguió –musitó Kaoru con aire nostálgico, asintiendo. Y, como Tsukue había levantado la cabeza hacia él con cara de sorpresa, añadió con un suspiro-: Cuando éramos más pequeños, Hikaru y yo… maa, éramos un poco antisociales, por decirlo suavemente. Nadie nos diferenciaba nunca y eso nos terminó amargando tanto que llegó un momento en el que hacíamos todo lo posible por que nadie nos pudiera distinguir. Estábamos muy encerrados en nosotros mismos, y… no fue una época que me guste mucho recordar ahora. Las cosas cambiaron cuando Tono fundó el Host Club y empezamos a hacer amigos. Haruhi fue la primera en ser capaz de diferenciarnos y eso marcó un antes y un después. Ahora no resulta tan difícil como antes, porque nos comportamos de forma muy distinta…

- Es fácil distinguiros por la forma de actuar y hablar –asintió Tsukue, todavía seria-, pero si os quedáis quietos y callados… No sé. Haruhi os diferencia bajo cualquier condición, como si tuvierais caras distintas. Me gustaría poder llegar a conseguirlo también algún día. Creo que os merecéis que la gente no os confunda de esta forma.

No podía haber sido un comentario más causal, pero Kaoru sintió que se le encogía el estómago con violencia a oírla decir aquello, y la miró enseguida otra vez, agrandando los ojos. No habría sido capaz de identificar lo que había sentido en aquel instante, ante esas palabras. Pero fue una sensación que logró inquietarle, llenándole de calor y frío al mismo tiempo.

- Maa, ¡me esforzaré! –siguió Tsukue, sin notar en lo más mínimo la cara que acababa de poner el pelirrojo-. ¡Gambatte! –añadió, alzando un brazo para animarse a sí misma, y, riendo por lo bajo, dejó la foto otra vez en su lugar.

Kaoru se había quedado tan descolocado que por un momento fue incapaz de hablar. Abrió la boca y la volvió a cerrar un par de veces, como si no encontrara las palabras, y al final musitó, carraspeando para recuperar la fuerza en la voz:

- ¿Has… has visto ya el paisaje que se ve desde la ventana? Te dije que eran unas buenas vistas de los jardines del Palacio Imperial…

- No, todavía no.

Tsukue se aproximó con aire feliz hacia los grandes ventanales que cubrían toda la pared oriental del apartamento y, descorriendo un poco los visillos, se asomó. Kaoru no pudo moverse de donde estaba.

- ¡Waaa, sugoi! –exclamó ella, emocionada. El edificio de apartamentos estaba prácticamente alineado ante la Hanzo-mon, la puerta occidental que daba acceso a los jardines del Palacio Imperial, ahora iluminados por la casi absoluta falta de luz natural. Era una visión que quitaba el aliento-. ¡Kirei! Mou, ¡si tuviera la cámara aquí! Ah, y este edificio está al oeste, ¿ne? ¡Eso significa que el sol se pone a nuestra espalda y desde aquí se ve cómo ilumina todo el Palacio al atardecer! ¡Me muero! ¡Qué preciosidad, es la primera vez que veo el Palacio desde una perspectiva así! Y qué juego de luces, mou… ¡Ahhh, podría dejar la cámara en exposición, parecería una postal, al abuelo le encantaría! Siempre le mando fotos del Hama Rikyu, que es lo que tengo más cerca de casa…

Su entusiasmo era tan explosivo e inesperado, que Kaoru parpadeó, estupefacto, y la tensión que sentía dentro se rompió en el acto con una fuerte carcajada.

- Maa, maa, Nozaki-san, puedes volver cuando quieras con la cámara y sacar todas las fotos que te parezca…

- ¿Hontou? –chilló Tsukue, volviéndose hacia él con el rostro iluminado.

Kaoru se bloqueó otra vez. Los ojos castaños de la chica brillaban con fuerza y tenía una sonrisa increíble en la cara. Un extraño nerviosismo le recorrió la columna, pero hizo un esfuerzo por mantener la compostura y disimularlo con otra sonrisa.

- Claro que sí.

- ¡Sugoi! Arigato, Kaoru-san.

- Bah… -él hizo un gesto con la mano para quitarle importancia al asunto, incómodo-. ¿Te apuntas por fin a una segunda cena?

- Si se va a desperdiciar… -entonó Tsukue con una sonrisilla.

- ¡Ése es el espíritu! –Kaoru volvió a reír-. Voy a calentarlo un poco. ¿Quieres beber algo mientras?

- Hai. ¿Qué me ofreces?

- ¿Coca-cola?

- ¿Los ricos también bebéis cosas tan mundanas como la coca-cola? Impresionante…

- Maa, en realidad estamos todo el día bebiendo vino de importación y champagne, pero de vez en cuando contamos con cosas corrientes por si nos sorprende la visita de algún plebeyo amigo…

Tsukue soltó una espontánea carcajada que se extendió por todo el comedor y Kaoru ya no dejó de sonreír.

Entablaron conversación enseguida, esta vez sobre las peripecias que tuvieron que atravesar uno y otra al trasladarse a sus respectivas viviendas nuevas cuando empezaron la universidad. Tsukue, que vivía en Tsukishima, una de las islas artificiales de la bahía de Tokyo, admitió que se había empeñado en irse a vivir tan lejos por estar más cerca del mar, pero que ahora se arrepentía porque se había terminado incomunicando a sí misma. Y Kaoru confesó que Hikaru en un principio se había empeñado en irse a vivir a Shinjuku, y mantuvieron una batalla campal con su madre hasta que finalmente se quedaron en Kojimachi. Entre bromas y risas, los dos juntos pusieron la mesa y se sentaron a cenar en la cocina, con la misma naturalidad que si estuvieran acostumbrados a hacer aquello todos los días. Tsukue alucinó con la cena preparada por Kameko, y Kaoru se rió tantísimo que más de una vez estuvo a punto de ahogarse con la comida.

Fue una velada pequeña y simple, pero al mismo tiempo y de algún modo… especial. Tsukue, contra todo pronóstico, se sentía cada vez más cómoda allí, con él. Tenía algo en el pecho que burbujeaba sin parar, dándole ganas de reír constantemente, como si algo vital hubiese cambiado en su concepción del universo. Y, aunque el mundo seguía igual, a la vez era distinto, como si los paneles que le habían impedido levantar la mirada hacia el horizonte hubiesen sido retirados por fin, ofreciéndole una vista mucho más amplia de la vida. Era una ilusión nueva, un peso que se había quitado de encima al empezar a relacionarse con aquella gente y que la hacía más y más ligera conforme pasaban los días. Se sentía mucho más contenta de lo que había estado en el último año. Y eso se reflejaba en cada uno de sus gestos, comentarios y expresiones, porque se desenvolvía con una soltura inimaginable un par de meses atrás.

Kaoru no se perdía detalle, observándola con atención. Su presencia allí le daba una calidez a la casa que muy pocas veces sentía ya. Y, sin darse cuenta, casi cruzaba los dedos para que el momento en el que Tsukue tuviera que volver a su apartamento se retrasara todo lo posible. Era extraño tener compañía y poder hablar tranquila y relajadamente con alguien, sin preocupaciones.

Para Tsukue, hacía mucho tiempo que no cenaba en compañía. Para Kaoru, hacía mucho tiempo que no era capaz de olvidarse así de los quebraderos de cabeza.

Por eso a los dos se les pasó volando el tiempo, y siguieron allí sentados mucho rato después de haber terminado su segunda cena.

--------------

Cuando Kaoru volvió a casa, después de llevar a Tsukue en coche a la suya, ya era bastante tarde, pero Hikaru no había regresado todavía. Sin darle mucha importancia al detalle (su hermano solía alargar las fiestas hasta horas indeterminadas) decidió que lo mejor que podía hacer era ponerse el pijama y acostarse directamente. No tenía ganas de esperar a Hikaru, y se sentía enormemente cansado de repente. El piso le parecía más frío e impersonal que nunca, tan solitario y sumido en aquel silencio sepulcral, olvidadas ya las risas y conversaciones animadas que lo habían llenado apenas media hora antes. Prefería entrar en coma antes que quedarse pululando por ahí en esas condiciones.

Pero, nada más meterse en la cama, Kaoru comprendió con amargura que no iba a poder dormirse tan fácilmente. El cerebro se le llenaba con una sucesión de situaciones, comentarios y escenas de aquella tarde compartida con Tsukue, como una especie de galería de imágenes que formaban un dossier de cada experiencia. Sus conversaciones. Su manera falsamente refinada de comer, que le había hecho muchísima gracia. La sonrisa que le había dedicado al salir del coche, a modo de despedida, al llegar a Tsukishima.

Todo.

Cerraba los ojos y veía su cara, o se acordaba de cualquier nimiedad que ella hubiese dicho.

Y, cuando se hartó del dolor de cabeza que se estaba generando él solo, se levantó de nuevo, se puso una bata, fue a prepararse una infusión relajante a la cocina y encendió el portátil en su habitación para ponerse a adelantar trabajo de la universidad. Al menos eso le mantendría ocupado el cerebro hasta que se le pasara un poco la tontería.

Kaoru no era imbécil, y no necesitaba que nadie le hiciera un croquis para comprender que Tsukue le estaba empezando a gustar. Gustar en un plano más personal, por supuesto. No era extraño, de todas formas. Los dos se llevaban muy bien y tenían mucho en común, podían considerarse como unas de esas personas que congenian enseguida sin grandes esfuerzos y establecen una relación fuerte en un tiempo mínimo. Era la primera vez que volvía a ocurrirle aquello desde que conoció a Haruhi, porque no podía contar a las prometidas de sus respectivos amigos, aun siendo amigas suyas también.

Lo que había sentido en su día por Haruhi era distinto, y lo que estaba sintiendo ahora por Tsukue comenzaba a hacerse diferente también. Haruhi llegó tras toda una vida de aislamiento social en el que su mundo se había reducido únicamente a su hermano gemelo, y se hizo un hueco en su corazón. Tsukue había llegado después de años de desengaños y desilusiones, ofreciéndole un escape que llevaba ya tiempo necesitando. Cuando estaba en el instituto, Kaoru supo identificar a tiempo que sus sentimientos hacia Haruhi eran sólo de fuerte amistad. El problema llegaba con que ahora no le quedaba tan claro en qué grupo clasificar los sentimientos que le inspiraba Nozaki.

Y, para qué engañarse, tampoco se quería arriesgar. No era conveniente olvidarse de que Hikaru estaba por medio, todavía con Tsukue en el punto de mira. Y Kaoru no quería mezclarse en los caprichos de su hermano, porque al final siempre salía escaldado él. Si lo que estaba empezando a sentir por ella era algún tipo de encandilamiento, más le valía cortarlo de raíz cuanto antes y olvidarse del tema. Hacerse a un lado, como de costumbre, y así…

¿Así qué? ¿Así poder joderse la vida de nuevo a sí mismo?

Kaoru sacudió la cabeza, frunciendo el ceño, y apoyó la frente contra una mano, agarrándose el flequillo con fuerza. Esta vez más que nunca le pareció terriblemente injusto tener que hacerse a un lado. Encandilarse no era lo mismo que enamorarse, a fin de cuentas. Tsukue le atraía porque era la primera chica, después de Haruhi, que le había ofrecido su amistad de forma tan directa. Con Ritsu, con Makie e incluso con Ishiko, la amistad había surgido por la medición de sus respectivos prometidos. Con Tsukue las cosas se habían dado de forma distinta. Ella le gustaba y le tenía aprecio como amiga. ¿Qué problema había con eso? No tenía por qué representar ninguna amenaza hacia los intereses de Hikaru, ¿no?

Y, aun así, la idea de que la morena acabase liándose con su hermano le repateaba las tripas…

Convencido de que le sería imposible centrarse en algo puramente teórico, Kaoru pasó a la actividad más práctica que podía encontrar en su carrera: ensayar la pronunciación. Y olvidándose de todo (o intentándolo, al menos) se metió un lápiz en la boca, sujetándolo con los dientes, y se puso a leer textos en voz alta, una y otra vez, con lápiz y sin lápiz, grabándose a sí mismo y comparando su forma de hablar con las grabaciones originales de los textos en inglés. En ese plan estaba, perdida ya la noción del tiempo, cuando oyó por fin ruido en la entrada del apartamento, anunciando la llegada de Hikaru.

Kaoru levantó la vista vagamente hacia la puerta cerrada de su habitación. No tenía ganas de ver a su gemelo ni de hablar con él en esas circunstancias, pero pensó que lo mínimo que podía hacer era salir a darle la bienvenida y preguntarle qué tal la noche. Con un suspiro, paró la monótona disertación en inglés que tenía puesta en el reproductor del portátil y se levantó pesadamente, arrastrando los pies hacia la puerta. Pero se quedó estático con la mano sobre el pomo al darse cuenta de que Hikaru estaba hablando. Al principio pensó que quizá venía charlando con alguien por el móvil, pero cuando oyó una risilla femenina acompañando sus palabras, se le pusieron los pelos de punta y un amargor muy desagradable le inundó por dentro.

Se quedó petrificado allí, sin poder mover ni un pelo. Los murmullos, quizá algo más alegres de la cuenta, pasaron por delante de su puerta y siguieron avanzando por el pasillo hacia la habitación de Hikaru. Y, sin poder reprimir el impulso, Kaoru abrió muy despacio y se asomó por una rendija hacia el exterior.

El pasillo estaba en la penumbra total. De su habitación no salía luz, porque había estado trabajando con un flexo muy suave al otro lado del cuarto y el resplandor no llegaba hasta la puerta. Pero sí se veía cierta claridad desde el dormitorio abierto de Hikaru, cuyas ventanas tenían la misma orientación que las del comedor, y pudo distinguir las dos figuras que se movían sigilosamente entre las sombras, reprimiendo risitas. Avanzaban a duras penas, porque parecían estar ya enredados, incapaces de esperar más. Un gemido femenino recorrió el pasillo cuando Hikaru empujó a la mujer contra la pared, aprisionándola con su cuerpo, y el sonido de los besos, los suspiros y el roce de la ropa hizo a Kaoru apretar los dientes con fuerza, con una tensión que apenas podía soportar.

- Hikaru-kun… -musitó una voz jadeante-, matte… ¿N-no está tu hermano en casa…?

La frase se ahogó con otro gemido contra la boca de Hikaru.

- No te preocupes… Ya debe estar durmiendo…

Más risillas. Kaoru creyó que se pondría enfermo. Y, ya estaba a punto de retirarse, cuando la pareja llegó por fin a la habitación de Hikaru, arrastrándose por la pared, y el pelirrojo logró encontrar por tanteo la llave de la luz. Cuando las lámparas bajas del cuarto de su hermano se encendieron, arrojando su tenue claridad sobre la escena, el menor pudo ver quién era su acompañante, la chica a la que Hikaru estaba comiéndole la boca en plan desesperado, con la mano libre perdida bajo su falda y una rodilla hundida entre sus piernas. Era aquella camarera de la heladería de Shiba, Midori.

La compañera de trabajo de Tsukue.

Kaoru se apartó hacia el interior de su cuarto con brusquedad, cerrando la puerta en el acto con toda la suavidad que pudo conseguir, dadas las circunstancias. Le costaba respirar y un grueso nudo le había cerrado la garganta. Sentía los latidos del corazón reverberar en sus oídos. Y retrocedió, asqueado y furioso sin saber muy bien por qué, sintiendo aquel lío amoroso como una traición, un chiste desagradable de muy mal gusto.

Algo le quemaba por dentro, y no le gustaba esa sensación. Desorientado, empezó a pasearse de un lado a otro de la habitación, con los nervios alterados, hasta que logró reubicarse y recuperar un poco la compostura. Volviendo al escritorio, se sentó frente al portátil de nuevo, sacó los cascos de un cajón, rebuscó entre los muchos CDs de la estantería hasta dar con uno en concreto, lo metió en el ordenador con manos temblorosas y se caló los cascos, subiendo la música a todo lo que toleraban sus oídos, dejando que le inundara el cerebro. Y, finalmente, hundió la cara entre las manos y se mordió con fuerza el labio para no gritar de rabia.

Siempre la misma historia, siempre, siempre, siempre. Tsukue era especial, ¿eh? ¡Ja! Quería tomárselo en serio con ella, ¿eh? ¡JA! Y por eso se acostaba con su compañera de trabajo, ¿verdad? Por eso seguía llevándose a la cama a cualquiera que se le cruzara por delante, ¿no? Hasta ahí llegaba el aguante de Hitachiin Hikaru: tres putas semanas.

Kaoru se agarró el pelo con tanta fuerza que se hizo daño, pero no le importó. Ya no sabía cómo hacer entrar en razón a Hikaru, y estaba hasta las narices. Estaba más harto que nunca. Y es que, esta vez, su hermano no sólo había jugado con Tsukue… también había jugado con él.

No supo cuánto tiempo permaneció así, tan tenso que se le resintió el cuerpo entero, hasta que la ira empezó a remitir y una extraña somnolencia se apoderó de él. La música que estaba oyendo era muy antigua, pero estaba en inglés, y en cierto modo le ayudaba también a practicar fonética. Al final, terminó sorprendiéndose a sí mismo traduciendo simultáneamente las letras en la medida de lo posible, intentando borrar a Hikaru de su mente para siempre. Estaba cansado de pensar, de discutir, de enfadarse, de repetirle lo mismo una y otra vez. Estaba cansado de tragar, y tragar…

Es por la chica nueva, ¿verdad?, había dicho Ishiko, un par de días atrás.

¿Estás seguro de que Hikaru está jugando?

Sí, estaba seguro. Estaba completamente seguro.

Si esto no te gusta, díselo directamente a él… ¿Vas a estar callándote toda la vida, como llevas haciendo los últimos años?

¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Qué más podía hacer, a esas alturas?

Ya sé qué es lo que no quieres. Y sé lo que quieres. Y te repito otra vez que no tiene por qué volver a pasar lo mismo que pasó en Ouran. ¿Has entendido?

Kaoru abrió los ojos y se quedó mirando fijamente la pared que tenía delante. No, no tenía por qué volver a pasar lo mismo que pasó en Ouran. Pero lo cierto era que ya estaba pasando. Y no se creía capaz de volver a soportar algo así jamás…

- ¡¡KAORU!!

El joven pegó un brinco, sobresaltado, y dirigió la mirada hacia la puerta de su habitación. Hikaru estaba allí plantado, mirándole con una ceja levantada. Iba sólo con los pantalones del pijama, el torso descubierto, y tenía el pelo rojizo húmedo y despeinado, como si acabara de salir de la ducha. Kaoru apretó los labios y se quitó lentamente los cascos.

- ¿Qué? –soltó sin más.

Hikaru alzó ambas cejas.

- ¿Qué demonios haces ahí? –replicó, extrañado-. Son casi las dos de la mañana, pensé que ya estarías durmiendo. ¿Y a qué volumen tienes esa música? Te he llamado tres veces y no te has enterado, te vas a quedar sordo.

¿Las dos de la madrugada, ya? ¿Llevaba más de una hora ahí sentado vegetando? Con un hondo resoplido, Kaoru se apartó el pelo de la cara, frotándose los ojos.

- Prefiero quedarme sordo a tener que oír tu serenata nocturna… -dejó escapar con un deje de reproche en la voz.

- Qué exagerado, yo no hago tanto ruido –Hikaru se rió del comentario, sin darle importancia.

Kaoru prefirió ahorrarse la respuesta que le vino a la mente y, mordiéndose la lengua, desconectó los cascos del ordenador y la musiquilla sesentera que había estado escuchando se extendió por el cuarto, como si estuviera riéndose de la situación con sus acordes alegres. Hikaru entornó los ojos con un mohín.

- Joer… ¿Qué estás oyendo?

- Es el CD que me pasó el otro día oba-san de parte de Yamauchi-san –explicó Kaoru vagamente mientras recogía un poco el desorden que tenía montado en el escritorio-. Ya sabes, para practicar inglés…

- Puedes practicar inglés con algo menos arcaico, ¿no? Yamauchi-san tiene unos gustos terroríficos…

- Maa, el día que pueda traducir de oído lo que berrea esta gente, alcanzaré un nivel superior. Además, no sé si sabes que el inglés británico no tiene nada que ver con el americano, y oír las distintas formas de hablar también es bueno para poder…

- Wakatta, wakatta –lo interrumpió Hikaru con un gesto de cómico hastío-. Espero que no se te atrofie el oído en el proceso. Anda, ¿quieres tomar algo conmigo?

Sin esperar respuesta, dejó la puerta abierta y se marchó en dirección a la cocina. Kaoru miró con la frente arrugada el espacio vacío que había dejado su hermano. No, no quería irse a tomar nada con él. De hecho, en aquellos momentos ni siquiera tenía ganas de dirigirle la palabra. Pero se levantó como un autómata y salió detrás de Hikaru, con las palabras de Ishiko resonando aún en sus oídos. Si esto no te gusta…

Cuando llegó a la cocina se encontró a Hikaru frente a la nevera, picoteando directamente con las manos las cosas que habían sobrado de la cena. No dijo nada, y se sentó silenciosamente en un taburete, manteniéndose a una distancia prudencial de él.

- Mou, para un día que no vengo a cenar, va Kameko y prepara mi plato favorito, de verdad… En serio que a nuestra vieja se le está yendo un poco la cabeza, ya está demasiado mayor, no se entera de lo que le dicen, dice cosas de las que luego se olvida…

- Ese problema no lo tiene sólo la gente mayor –comentó Kaoru, sin poder contenerse. Hikaru se volvió a mirarlo con cara de incomprensión, y entonces añadió-: ¿Tu amiguita no viene a tomar nada? ¿Es de las que se duermen?

Hikaru agrandó los ojos un poco. Pero si hubo en él algún rastro de incomodidad, desapareció enseguida.

- Ah, así que nos oíste llegar… -musitó, y esbozó una abierta sonrisa casi indulgente-. Gomen, no te quería molestar. Pensé que ya dormías –con un hondo suspiro, empezó a rebuscar de nuevo en la nevera hasta sacar un par de cervezas-. Nah, no se ha dormido, en realidad se acaba de marchar. Tenía que volver a su casa, así que no se ha quedado mucho rato, pero con eso ha bastado…

Kaoru tenía el estómago tan encogido que pensó que vomitaría de un momento a otro. La tensión le hacía daño. Apenas fue capaz de alzar la mano para coger la cerveza que le ofreció Hikaru al acercarse a él.

- ¡Nadie me entiende, Kaoru! –siguió el mayor, haciéndose la víctima dramáticamente en plan de broma-. ¿Ves? Si es que no puedo salir con chicas, todas me quieren porque soy guapo y bueno en la cama, pero después se olvidan de mí…

"Si eso es lo que les das, no pidas que te quieran por otra cosa", se dijo mentalmente Kaoru, cerrando la mano con fuerza en torno al bote de cerveza. Pero no se atrevió a decirlo en voz alta.

- … ¡Pero bueno, esto me ha sentado genial! Menudo día redondo. Buff, ya estaba necesitando desconectar un poco. En serio, hermanito, ya lo verás, pasar la noche con una tía es lo mejor, te desestresa completamente. Maa, ésta en concreto no era especialmente brillante en la cama, pero para desahogarse tampoco hace falta ser muy exigente…

A Kaoru ya se le habían puesto los nudillos blancos por la presión.

- Vamos, que revitaliza más que irse a un spa, ¿ne? –barbotó de golpe. Hikaru se rió, pero no era eso lo que su gemelo había pretendido-. ¿No se supone que te ibas a cenar con tus compañeros de clase? ¿De dónde ha salido exactamente Midori-chan?

La risa de Hikaru murió abruptamente ante el hecho de que su hermano hubiese identificado a su "amiguita". Pero eso no consiguió minar su buen humor.

- Me la encontré por casualidad cuando nos fuimos de bares, después de cenar…

- Ahhh, qué casualidad…

- Sí, una gran casualidad.

En la cocina se hizo un silencio horrible. Y, por fin, como por arte de magia, Hikaru asimiló el tono sarcástico y agrio de Kaoru, y la dura expresión con la que lo estaba mirando.

- ¿Te pasa algo? –inquirió, frunciendo el ceño.

- ¿A mí? No, qué va… Sólo estaba acordándome de eso que me dijiste hace tres semanas… ¿Cómo era? –Kaoru hizo una pausa teatral, fingiendo una expresión pensativa-. Ahhh, sí, aquello de Tsukue es diferente a las demás.

La sonrisa desapareció de la cara del mayor de los Hitachiin.

- Y lo es –soltó bruscamente-. De hecho, estaba pensando en ir a recogerla mañana al trabajo e invitarla al cine, a ver qué dice…

Le echó un trago a su cerveza. Y Kaoru, temblando ya peligrosamente, estrelló la suya contra la mesa, provocando un ruido que reverberó en la cocina como un disparo en la quietud de la noche.

- A Tsukue no le gusta el cine –replicó, apretando los dientes-. Me parece que te lo ha dicho como cincuenta veces ya.

Hikaru miró a su hermano con la boca entreabierta por semejante reacción.

- Pues la invito al teatro.

Kaoru se estampó una mano contra la cara.

- ¿Sería mucho pedir que la dejaras en paz de una puta vez? –gruñó con agresividad.

- ¿Por qué?

- ¡Porque no quiere nada contigo!

- ¿Y tú qué sabes? –Hikaru se estaba tensando por momentos a una velocidad alarmante-. ¡Por si no lo has notado, nos llevamos bastante bien ahora!

- ¡Eso me parece genial, pero quizá mine un poco su confianza en ti el hecho de que te andes acostando con sus compañeras de trabajo!

- ¡No creo que eso tenga nada que ver!

- ¡Tiene todo que ver! ¿Crees que una chica decente querría tener como pareja a un tío que no sabe lo que es la continencia? ¿Que ve una falda y se va detrás sin importarle lo más mínimo quién la lleve puesta? ¿Cuánto ha sido esta vez, Hikaru? ¿Tres semanas? ¡Sugoi! Debe ser un nuevo record por tu parte, ¿ne? ¡Tres semanas sin follarte a una desconocida! ¡Alucino! ¡Debías estar ya a punto de explotar! ¿Cómo es esa sensación, hermanito? ¿Como cuando tienes ganas de mear y no encuentras un servicio libre?

Hikaru se había quedado rígido, pálido como la leche. Pero Kaoru estaba igual de lívido que él, estupefacto por sus propias palabras.

- ¿Qué coño te pasa? –bramó el mayor de los gemelos-. ¿Se te ha fundido una neurona, o qué? ¡Deja de adoctrinarme como si fuese una especie de delincuente! ¿Alguna vez he tratado mal a una mujer? ¿Alguna vez les he hecho algo contra su voluntad? ¡Si se han acostado conmigo ha sido porque ellas querían! ¡No me vengas ahora con monsergas, Kaoru! ¡Y lo que yo haga o deje de hacer con las tías no es asunto tuyo!

- ¡Sí es asunto mío! ¡Y más todavía si la chica a la que pretendes tirarte es amiga mía también!

- ¡Deja de hablar como si yo estuviera tratando a Tsukue como a una puta!

- ¡No me queda muy claro cómo se supone que la estás tratando, comportándote así! ¡Esto es lo único que te he visto hacer con las mujeres en los últimos tres años, Hikaru! ¡No sé si tienes capacidad para algo más!

Y la palidez del primogénito de los Hitachiin alcanzó un grado extremo.

- ¿Se puede saber qué demonios te ha dado a ti ahora con Tsukue? –gritó, perdiendo por completo la compostura, y estrelló la cerveza sobre la mesa también, salpicando por todas partes.

Kaoru se levantó de un salto, como impulsado por un resorte.

- ¡No me ha dado nada con Tsukue! –exclamó, sintiendo el pulso atronarle en los oídos por la furia-. ¡Me ha dado contigo, Hikaru! ¡Porque ha vuelto a pasar lo mismo de siempre, y ya estoy hasta las narices de tragármelo una y otra vez! ¡Así no vas a encontrar lo que estás buscando! ¡Sólo te haces daño a ti y a los que te rodean! ¡Si quieres una pareja, quizá deberías empezar por tratar a las chicas con respecto, porque no sé si sabes que son algo más que pedazos de carne! ¡Son personas, no juguetitos!

- ¿Sabes qué? –chilló Hikaru, y su rostro se contrajo de una forma horrible-. ¡Creo que no acepto consejos de alguien que ha tenido dos novias en toda su vida!

Aquellas palabras se impactaron en Kaoru como un mazazo en pleno rostro. Se quedó tieso, agarrotado por la tensión y con la cara exangüe. Era repugnante que él, precisamente él, se atreviera a decirle una cosa semejante…

Hikaru pareció notar que se había pasado con su comentario, porque su expresión se ablandó un poco al ver la cara que acababa de poner Kaoru. Pero éste no le dio tiempo a rectificar.

- Que te hayas acostado con muchas no significa que seas un experto –escupió secamente, fulminándole con la mirada-. ¿Cuándo fue la última vez que saliste "en serio" con una chica? Ya ni me acuerdo. Eso si es que has salido en serio con alguien alguna vez, que mira que me extraña. Lo único que sabes de las mujeres es la mejor forma de abrirlas de piernas.

Esta vez fue Hikaru el que se quedó como si acabaran de soltarle una bofetada. Y una rabia peligrosa se apoderó de él.

- ¡Vaya! –exclamó, alzando los brazos en una pantomima-. ¡Atención, mundo, don "no tengo vida propia" va a deleitarnos con su sabiduría existencial!

Eso fue demasiado, y Kaoru explotó.

- ¡El día que me busque una vida y te deje solo, te morirás del susto, Hikaru! ¡Veremos quién tiene el estómago suficiente como para aguantarte y cambiarte los pañales! ¡Crece de una puta vez!

- ¡Eres tú quién tiene que crecer, Kaoru! ¿No fuiste tú el primero en defender la teoría esa de que ambos debíamos explorar mundos diferentes? ¡Suéltate de mí de una vez y empieza a andar por tu cuenta! ¡Tu hermano mayor no va a estar sujetándote toda la vida!

- ¡No sé cómo tienes la cara de decirme algo así! ¡TÚ, MALDITA SEA! ¡Lo he dejado todo atrás por tu maldita culpa, y he estado años haciendo el imbécil para permanecer a tu lado y cuidar de ti! ¡Debí darte una patada en el culo cuando estábamos en tercero del instituto superior y mandarte a la mierda para siempre!

- ¡Nadie te pidió que lo hicieras, Kaoru, tú no tienes por qué ser mi madre! ¡No quiero que seas mi madre!

- ¡Pues veremos cómo te las apañas cuando no tengas una "madre" que se preocupe por ti! ¡Pero no te atrevas a volver a decir que eres tú quién me sujeta a mí, después de lo que pasó en Ouran!

La pelea se cortó con brusquedad tras esa acusación, y ambos hermanos se quedaron allí tiesos, en medio de la cocina, mirándose con la cara blanca y la respiración agitada. Kaoru tenía la vista turbia, pero no quiso apartar sus ojos de los de Hikaru, que por primera vez parecía asustado con el giro que estaba tomando el asunto.

Ninguno de los dos pudo añadir ni una palabra. El corazón les latía muy deprisa y la garganta les dolía a causa de los gritos. Parecían una olla a presión que lleva demasiado tiempo amenazando con reventar y había pegado finalmente una explosión terrible. Pero Hikaru no quería desenterrar fantasmas del pasado, y mucho menos enemistarse con su gemelo, así que hizo un esfuerzo sobrehumano por recuperar el control y encauzar aquella disputa antes de que cualquiera de los dos dijera alguna cosa más de la que se arrepintiera después.

- Wakatta –murmuró, intentando regular la respiración, con la voz más calmada que pudo conseguir. Se pasó una mano por el pelo, resoplando-. Wakatta. No quise decir eso, Kaoru, perdóname. Siento haberte gritado. Pero si estás preocupado por mí, yo también lo estoy por ti. No quiero que te conviertas en un vegetal por la excusa de cuidarme. Olvídate de Tsukue, ¿vale? Te prometo que no voy a pasarme con ella, de verdad. Y, si quieres salir más y conocer gente, yo puedo presentarte a…

- No necesito tu ayuda para buscarme una vida –atajó Kaoru, en voz baja e inexpresiva-. Eso puedo hacerlo yo solo. Oyasumi, Hikaru.

Y, sin más, se dio media vuelta y salió de allí a zancadas sin volver la vista atrás.

- Ka… ¡Kaoru! ¡Matte!

Pero hizo oídos sordos. Entró en su habitación y cerró de un portazo. Temblaba de pies a cabeza de forma incontrolable, como un flan sacudido por un terremoto. Se sentía enfermo, con el cerebro hecho un hervidero de pensamientos y sentimientos confusos. Apretándose la mano contra la boca, empezó de nuevo a pasearse por el dormitorio, de un lado a otro, incapaz de estarse quieto. Y, por fin, se dejó caer sentado en la cama, llevándose las manos a la cabeza con desesperación, haciendo un esfuerzo por calmar su pulso desbocado y recuperar la calma.

Fue entonces, al quedarse todo en silencio, cuando se dio cuenta de que la música del ordenador que había dejado encendida al irse seguía sonando, en ese momento con un ritmo alegre que resultaba desagradablemente agradable.

What do I do when my love is away
(Does it worry you to be alone?)
How do I feel by the end of the day,
(Are you sad because you're on your own?)

Eran Los Beatles, sin lugar a dudas. Había oído antes esa canción, pero en la versión de Joe Cocker, de la que apenas entendía la mitad de la letra. Para su desgracia, sin embargo, Los Beatles eran británicos y cantaban en un inglés tan puro que fue como si le estuvieran gritando la letra en japonés. Resultó algo tan irónico que Kaoru casi tuvo ganas de reírse, por no echarse a llorar.

Pero su vista se desvió hacia la mesilla de noche, donde tenía el móvil, y se lo quedó mirando un par de segundos antes de alargar la mano hacia él y cogerlo.

No, I get by with a little help from my friends
Mm, I get high with a little help from my friends
Mm, gonna try with a little help from my friends

No quiso pararse a pensar en lo que hacía, ni en la hora, ni en ninguna de las muchas cosas que tenía en contra en aquel momento. No quería pensar en nada. Si ella estaba durmiendo ya, seguramente tendría el móvil apagado y allí no habría pasado nada. Si estaba despierta y contestaba… Si contestaba…

Si contestaba, tal vez, él tendría una nueva oportunidad. La oportunidad que llevaba años eludiendo, por desengaño, hastío y, sobre todo, por miedo. La oportunidad que ahora necesitaba más que nada para no romperse por dentro definitivamente.

Si ella contestaba, tal vez…

Pero, si no daba un primer paso, nunca lo sabría.

Do you need anybody
I need somebody to love

Kaoru contó cuatro tonos sin respuesta. La mano con la que sujetaba el móvil contra su oreja empezaba a sudar. Pero entonces descolgaron y, tras un momento de vacilación, la voz insegura de Tsukue musitó:

- ¿M-moshi, moshi? Ka… ¿Kaoru-san?

Could it be anybody
I want somebody to love

Kaoru cerró los ojos, reprimiendo un suspiro.

- Hai –contestó, esbozando una triste y cansada sonrisa-. Gomen, Nozaki-san. ¿Te he despertado?

- No, no, yo… t-todavía no me había acostado, e-estaba leyendo. Tenías razón, ¡me está enganchando un montón!

Él se rió por lo bajo.

- Sou ka… Me alegro.

Would you believe in a love at first sight
Yes, I'm certain that it happens all the time

- ¿H-ha… ha pasado algo?

- Iie, ehhh… -Kaoru se mordió el labio inferior, pasándose una mano por el pelo-. Es sólo que… estaba pensando que podríamos quedar a cenar mañana otra vez, si te viene bien.

Tsukue se quedó en silencio, pero el pelirrojo lo entendió. Los encuentros casuales, o incluso ir a verla al trabajo, no tenían nada que ver con lo que estaba ocurriendo ahora. A pesar de que ambos tenían el número del otro desde que se conocieron en Hitotsubashi, ésta era la primera vez que se llamaban por teléfono. Y era la primera vez que programaban una cita por mutuo acuerdo.

What do you see when you turn out the light
I can't tell you but I know it's mine

La chica tardó unos segundos en contestar.

- Maa, mmm… E-es que ayer me dijo Hikaru-san que quería que el viernes fuésemos juntos a no sé donde, y no sé si él…

Kaoru apretó tanto los dientes que se hizo daño. No dijo nada, porque no valía la pena, pero la mano le tembló un poco.

- Sou ka. Bueno, entonces…

- P-pero podemos quedar el domingo, si quieres –soltó rápidamente Tsukue, y la voz le falló tanto que apenas se la entendió-. Quiero decir… S-si te viene bien, podrías venir a por mí a la librería, y así saludas a Asahara-san, que ya me ha preguntado por ti un par de veces, y podemos comer por ahí, en… en algún sitio…

Oh, I get by with a little help from my friends
Mm, I get high with a little help from my friends
Mm, gonna try with a little help from my friends

Kaoru no pudo reprimir la sonrisa, y el frío que le había atenazado el pecho durante la discusión con su hermano se derritió, como si alguien acabara de acariciarle el corazón cálidamente.

- Wakatta, me parece genial.

Do you need anybody
I just need someone to love

- S-sugoi –y la sonrisa de Tsukue también se reflejó en su voz-. Mmm, etto… ¿Eso que suena de fondo son Los Beatles?

Could it be anybody
I want somebody to love

Y Kaoru no pudo evitar echarse a reír.

--Fin del capítulo 4--

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Ending: The Beatles – With a little help from my friends.

Notas de Autora: Qué capítulo, ¿eh? Se me ha ido un pelín la mano con la extensión (sólo 5 hojitas) pero ha valido la pena. Estoy descubriendo horrorizada que muchas de las cosas de este fic me están saliendo solas sobre la marcha, lo que demuestra que la teoría de que es mejor tenerlo todo esquematizado no siempre funciona. Quería haber incluido un par de cosas más, pero no hay nada que hacer xD Bueno, con esta pelea entre los gemelos vuelvo al cauce original establecido y, a partir de aquí, quién sabe qué cosas siniestras pasarán en la vida de nuestros protagonistas, MUAJAJAJA… (sin comentarios)

A ver, a ver, antes de nada los r/r:

Charlie: sigue soñando. Y0misma, Ayukawa-san y Cygni, mil gracias por vuestros comentarios, ¿os llegaron bien las respuestas individuales? Cisco: bienvenida de nuevo, cada vez que leo a los reviewers originales me pongo a dar saltos xD A también me gusta mucho la escena de la librería, quizá porque surgió improvisada. No la había planeado y me obligó a pensar en algunas cosas que no me había planteado mucho aún. Sobre los problemas entre los gemelos, ya han empezado, como ves. Sin embargo, esto no es nada comparado con lo que se avecina (aunque mejor dejo de spoilearme a mí misma XD) Para saber lo que pasó entre ellos en Ouran todavía vas a tener que esperar un poquillo más… un poquillo bastante. Aunque quizá me las apañe para soltarlo antes, y desde luego pistas se irán dando, así que lo más probable es que lo deduzcas tu sola en un futuro cercano. ¡Y me encanta que hayas notado lo de Chika! No, no es casual, y me has animado un montón por mencionarlo. En realidad lo que pasa con Chika es crucial para diferentes asuntos, y eso ya lo empezaré a desarrollar en el próximo capítulo (quería haberlo hecho en éste, pero no me ha cabido al final, me he emocionado demasiado con Kaoru y Tsukue, juasjuas) Chika y Satoshi también son de mis personajes favoritos, y su inclusión en este fic fue muy tardía e improvista, pero nos ayudó a colocar muchas cosas en su sitio. Ahora estoy deseando que aparezcan por ahí (ah, curiosamente yo tampoco me imagino yaoi dentro de Ouran, y mira que es raro, ¿eh? xD) Si eres observadora, tú dale al vicio y coméntame todo lo que te llame la atención, porque yo soy muy friki y siempre meto por ahí detalles y pistas a mansalva para que la gente los pille. ¡Como lo de Genshiken! Qué locura, me reí muchísimo con tu comentario. ¿Te imaginas a Etsu con Madarame y los demás? Kana se suicidaría xD Pero sí, Etsu me recuerda a los de Genshiken, y también a mí misma, que soy muy friki (cuando vi Genshiken por primera vez, casi me traumatizo al comprobar que yo era CLAVADA a esa gente…) En fin, no te aburro más. ¡Muchísimas gracias por tu r/r! xD Kaffy: wow, ya pensé que me habías abandonado, ¡bienvenida! Tienes razón, los gemelos son muy diferentes y están desarrollando diferentes relaciones con Tsukue, ¡pero ya ves cómo está el patio ahora mismo! Le estoy dando mucho a Kaoru y Tsukue, pero en breve voy a empezar a dedicarme a Hikaru, que le estoy dejando un poco marginal. Al "punto de separación" todavía le queda un trecho para salir a la luz, pero creo que lo iréis deduciendo poco a poco por los comentarios de unos y otros, juju. Y lo de la información real… sólo puedo decir que tampoco merecemos tanto mérito, de verdad xD Es que yo soy muy maniática para ese tipo de cosas y, si no tengo bases, trabajo muy mal. ¿Y qué mejor base que la vida real? De verdad, la guía de Tokyo que me saqué de la biblioteca me está salvando la vida, ésta sí que es la leche, creo que la voy a robar y todo xD Gracias por pensar que está tan bien ambientado como un anime, no creo que lleguemos a tanto pero me motivas un montón para seguir trasteando con mapas y guías, muajajaja. ¡Y ya me dirás qué te ha parecido este cap, y las diversas escenas entrañables que recoge! xD

Ahora sí, vayamos con los tecnicismos.

El ending de hoy es fácilmente localizable en youtube, así que no tengo mucho más que decir. La canción fue impuesta por Charlie, porque se empeñó en que usara ésta para este cap… Bueno, en realidad ella votaba por la versión de Joe Cocker, que sinceramente a mí también me gusta más en cuento a ritmo, pero los berridos de ese hombre no me terminaban de convencer, así que al final puse la versión de Los Beatles, que resultaba bastante irónica dentro del momento vital en el que se encontraba Kaoru en ese momento. Yo os recomiendo las dos, para que os quedéis con la que más os guste. Música de los 60's, qué tiempos aquéllos… Menos mal que Kana siempre fue un friki de este tipo de cosas y, dentro de lo que cabe, no desentonaba tanto dentro del fic, muajajaja (sí, mis queridas lectoras… esperad a ver el sitio en el que trabaja Kana xD)

Desvaríos a parte, quería comentaros también algún que otro detallito que dejé caer por ahí. En serio os digo que esta guía de Tokyo se ha convertido en mi mejor amiga, voy a pedirme una para Reyes XD Veamos:

El Sanja Matsuri es un fin de semana festivo (de viernes a domingo) que se celebra a mediados de mayo, y que se clausura con un desfile de 100 mikoshi (sagrarios) por las calles de la ciudad hacia el templo de Asakusa, donde se lleva a cabo una demostración de baile tradicional. Era uno de los tres grandes festivales de Edo, y atrae a miles de personas todos los años.

Las referencias espaciales de Tokyo las podéis encontrar en wikipedia, la Biblia de todo internauta xD Pero, para especificar, puedo deciros que Chidoya es el distrito donde se encuentra el Palacio Imperial y sus impresionantes jardines. Kojimachi es uno de sus barrios residenciales, pegado a los jardines por el oeste, y se dice que por esa zona estaban emplazadas anteriormente las residencias de los grandes daimyos samuráis de la era Edo. Vamos, que hoy en día es un barrio para la élite, por lo que yo pude deducir (lo mismo estoy metiendo la pata, gomen, juju)

En cuanto a Tsukishima, el lugar donde vive Tsukue, es un barrio del distrito de Chuo, emplazado en una de las islas artificiales de la bahía de Tokyo, llamada también Tsukishima. Por lo que pude averiguar, es un sitio típico de edificios de pisos de alquiler, más propios del "pueblo llano", así que me pareció perfecto para nuestra prota. A parte de que, como bien dijo Charlie en su día, sería lógico que, gustándole a Tsukue tanto el mar, buscara casa en la costa. Aunque no sé hasta qué punto es agradable vivir en la bahía de Tokyo… XD

El Koishikawa Korakuen fue uno de los primeros jardines de paseo del periodo Edo, perteneciente a la familia Tokugawa. Se conserva prácticamente intacto hoy en día y es una importante zona verde de la ciudad. Está justo al lado del Palacio de los Deportes, en el distrito de Bunkyo, y relativamente cerca del campus de Hongo de Todai. Y, por las mismas, el Hama Rikyu es otro jardín importante, antiguamente propiedad del shogun, donde practicaban la cetrería. Tiene una laguna marina y densos cañaverales, y debe ser impresionante, en mi humilde opinión. También está en el distrito de Chuo, justo enfrente de Tsukishima, en el frente marítimo.

¿Me falta algo? Yo creo que no. Pero vamos, ya os digo que wikipedia puede ser la caña a veces xD

Mmm, sólo me queda deciros una vez más que este fin de semana os paséis por el blog, porque subiré otro artículo de Secretos en la creación de personajes, y quizá algún que otro regalito extra para compensaros el retraso de este capítulo, juju. Ya veremos.

No os doy la lata más, porque quiero subir este cap ya de una maldita vez. Hala, Dik se despide a horarios normales por una vez en la vida: 11:20 p.m. del viernes 9 de noviembre de 2007, jujuju.

¡Mil perdones por la espera, queridos lectores! Y muchísimas gracias por vuestra paciencia y apoyo. Espero veros pronto otra vez :D

Cuidaos muchísimo.

Dik ;)

¡Carpe diem!