El Concilio de la Luz y sus respectivos reinos seguían conviviendo dentro de las fronteras de Darg, reconstruyendo el reino poco a poco y haciéndose fuertes para repeler un nuevo ataque de Maléfica.

Sin embargo no era suficiente. Maléfica tras conocer la profecía y lo que realmente significaba quería terminar con la vida de la futura reina de Darg antes de que naciera.

Con magia negra se dotó de un nuevo ejército y repartió a sus fieles esclavos por los siete reinos que gobernaba el Concilio de las siete sombras, para atacar Darg y al Concilio de la luz.

Durante meses empezaron a sucederse batallas casi a diario en Darg, Keridwen, Arahal y Narekath. Desde que Maléfica supo de la profecía empezaron a surgir pequeñas intrusiones en palacio para asesinar a Snow.

Y aunque el ejército de Maléfica era poderoso, nunca consiguieron penetrar dentro de las fronteras de Darg.

La magia del pueblo de Keridwen era demasiado poderosa y el ejército de Maléfica no era suficientemente fuerte como para derrotar su magia y ordenó la retirada.

Al octavo mes, Snow rompió aguas y entre gritos de dolor ordenó a Henry que conjuraran una barrera de protección alrededor de las fronteras de Darg.

"Snow ella ha ordenado la retirada. Ahora-"

"James, no podemos arriesgarnos a nada. Es poderosa. Haz lo que te digo. Tenemos que protegerla"

"Lo sé-"

"Lo hemos prometido… se lo hemos prometido"

James respiró hondo, se dio media vuelta y miró a Henry "Hazlo. Debemos proteger a Emma y a nuestro pueblo"

Esta vez los magos y chamanes unieron sus fuerzas, se habían producido muchas bajas y el pueblo de Keridwen no era suficiente como para construir solos una barrera de energía de esa magnitud.

Un silencio abrumador se respiraba en todo el reino. Tan solo el canto de chamanes y magos se escuchaba en Darg.

Familias de campesinos, soldados, magos, amazonas observaban en la oscuridad de la noche como la cúpula protectora empezaba a formarse desde la base del suelo.

Todos miraban hacia el cielo, viendo como un velo de color purpura cubría todo el reino, protegiéndolos de cualquier ataque de Maléfica.

Cuando la cúpula terminó de formarse el llanto de un bebé rompió aquel absoluto silencio.

Todos se miraron unos a otros y de nuevo la esperanza les envolvió de nuevo. Su princesa había nacido para salvarlos a todos.

Dentro de palacio James secaba las gotas de sudor de la frente de su esposa mientras Snow cubría a su hija con una manta blanca con su nombre bordado en ella.

"Emma…" sonrió Snow meciéndola suavemente y mirándola con lágrimas en sus ojos "Sé que es un mundo difícil, y tendrás que soportar la carga de ser reina, pero siempre nos tendrás a tu lado. Pase lo que pase"

El Concilio de la Luz allí presente se arrodillaron ante la nueva princesa. La futura reina que salvaría Arauwen de la oscuridad para siempre.


"Noooooo" Maléfica gritó lanzando una copa de vino contra la pared.

"Mi glorificiosa, todavía podemos matar al bebe-"

"Cállate gusano!"

"Pero-"

Maléfica agarró su bastón y empezó a caminar por la sala principal del trono.

"Mi reina…"

"Cállate y sígueme. Si esta futura reina Emma es tan poderosa y llena de luz, ahora tendrá que luchar contra un enemigo lleno de oscuridad"

"Usted mi esplendorosa maldad?"

"No. Voy a crear a un bebé lleno de maldad que cuando crezca podrá hacer frente a la primogénita de Snow y james y hacerlos sufrir. Para siempre".


Maléfica tras saber que la princesa Emma había nacido hizo todo cuanto estaba en su mano para acabar con ella. Así la profecía no se cumpliría y podría conquistar todos los reinos de Arauwen, someter a todos los que estuvieran en su contra y reinar como reina única.

De este modo, Maléfica dividió a su ejército en pequeñas escuadrillas y éstas a su vez en pequeñas secciones de veinte hombres cada una..

Un ejército pequeño podría llevar a cabo el intento de asesinar al bebé y los reyes de Darg sin ser vistos por la guardia real y el séquito de magos y amazonas que custodiaban las fronteras del reino.

Cuando la pequeña Emma nació, Snow no creía en esta falsa sensación de paz, así que el Concilio de la Luz permaneció unido para proteger los cuatro reinos que quedaban en pie y a la pequeña princesa Emma.

"Llevamos más de cuatro meses resistiendo, no podemos estar siempre defendiendo, tenemos que atacar!" James añadió dando un fuerte golpe en la mesa.

"No tenemos más efectivos" Henry añadió intentando calmar los ánimos.

"Pero-" James notó que algo rozaba la espada que tenía colgada en el lado derecho. Miró hacia abajo y vio a Emma de tan solo cuatro meses, sentada en el suelo intentando alcanzar la espada de su padre.

James sonrió y cogió a su hija en brazos "Ven aquí mi princesa, todavía eres muy pequeña para jugar con espadas. Ya tendrás tiempo de eso"

El resto de Concilio no pudo otra cosa más que sonreír. Emma era la esperanza que tenía su pueblo. La esperanza para erradicar el mal por siempre.

La reina amazona sonrió y tomó a Emma en brazos "James, que le va a ocurrir a la princesa?" ella preguntó mientras Emma intentaba alcanzar el collar de plumas de la amazona.

James suspiró mirando a su risueña hija "No la vamos a dejar indefensa. Tendremos que educarla como reina pero a su vez como guerrera"

Todos le miraron y sonrieron. El rey de Arahal se levantó mirando al resto del Concilio "Y nosotros le daremos nuestro respaldo. Estará bajo nuestra protección"

Tras añadir esto, Emma rompió a reír cuando logró hacerse con una de las plumas del collar de la reina amazona "Princesa, pero como-"

"Creo que tiene más carácter de lo que nos pensamos" añadió Snow escondiendo su preocupación tras una sonrisa.


Las estaciones se sucedían una detrás de otra y el Concilio de la Luz todavía intentaba resistir a los ataques de Maléfica.

Los otros siete reinos de Arauwen seguían sometidos al poder del Concilio de las siente sombras y todos sus habitantes morían o eran esclavos de la oscuridad, viviendo en la más absoluta miseria.

Los que intentaban escapar eran ahorcados o decapitados delante del reino entero para que supieran su destino si intentaban huir a Darg.

Y el Concilio de la Luz solamente podía repeler los ataques sin poder atacar y recuperar los siete reinos que Maléfica tenía bajo su control.

Y por otro lado, Keridwen, Arahal y Narekath se mantenía como flanco estratégico, quedando solamente el ejército de los tres reinos y parte del ejército de Darg que servía de apoyo al resto.

La situación para James y Snow era cada vez peor, hasta tal punto que soldados y orcos habían conseguido entrar en el castillo y llegar hasta la habitación de Emma. Sin éxito, ya que habían creado con magia un escudo invisible que envolvía a la pequeña Emma.

Tras inspeccionar los pasillos de palacio, James entró en sus aposentos y sonrió al ver a Snow sentada en una alfombra de piel jugando con Emma.

Él entró en la habitación y dejó la espada en la mesa.

"Cuanto ha crecido" James susurró al ver a Emma jugando con una pequeña espada de madera que Snow le había tallado.

"Lo sé. Ya tiene cinco años…" Snow se levantó y miró por la ventana. El paisaje nevado tapaba los agujeros en las paredes debido a las batallas continuas por parte de Maléfica.

James miraba a su familia "Cuando va a terminar esta guerra…" él suspiró mientras acariciaba los rizos dorados de su hija pequeña.


"Gusano!" Maléfica gritó.

"Si? Mi reina de la oscuridad?"

"Como va nuestro ejército?"

"Cada vez somos menos. Las pequeñas batallas en Darg ha causado mella en nuestro ejército"

"Por este motivo te he hecho llamar. Voy a darle la estúpida de Snow y a su pequeña familia un pequeño respiro. Vamos a pactar una tregua temporal para así darme tiempo para recuperar mi ejército"

"Pero mi reina-"

"No soy estúpida gusano!. Firmaré una tregua, temporal, pero lo atacaremos cuando menos se lo esperen y así, Snow, James y su pequeña princesa serán míos y esa profecía jamás se cumplirá."

El siervo de Maléfica escribió el tratado de paz y cuando terminó se lo entregó con manos temblorosas.

Ella lo miró con desprecio y se levantó de su trono de huesos y cráneos. Cogió una pluma de la mesa y firmó el tratado, poniéndole en el pico al cuervo que tenía posado sobre su hombro y le susurró su destinatario.

"Voy a terminar contigo Snow, aunque sea lo último que haga".


Snow releía el tratado de Maléfica mientras caminaba bajo los arcos del patio principal de palacio. La reina alzo la vista y vio pasar a uno de los hijos del herrero. El niño que tendría la misma edad que Emma corría deprisa sin dejar de llorar.

"Ven aquí cobarde!" Emma se reía.

"Emma!" Snow le regaño

"Pero… pero si empezó el"

"Emma, sabemos que no es así"

"Pero-" la princesa refunfuñó dándole una patada a una piedra.

Snow le cogió la mano dulcemente a su hija y las dos se sentaron en un banco de piedra colocado junto a la fuente.

"Emma ya tienes cinco años y sé perfectamente cómo te debes sentir. Yo también fui princesa y tenía mis obligaciones y lo se cariño mío, que es muy duro porque quieres descubrir aventuras y mundos que tienes a tu alrededor." Snow no dejaba de sonreír al ver lo mucho que se su hija se parecía a ella.

"Pero mama, yo solo quiero matar dragones, no quiero estudiar historia de Arauwen, es…"

"Aburrido?"

"Si…" Emma murmuró mirándose a los pies que no le llegaban al suelo todavía.

"Lo sé que es aburrido, yo también tuve que hacerlo cuando tenía tu edad"

"Ah sí? Y que es lo que hiciste?" la pequeña princesa preguntó boquiabierta.

"Pues hacer caso a mis padres" Snow sonrió guiñándole un ojo "Pero no siempre les hacía caso. También quería matar dragones y vivir aventuras fuera de palacio"

Emma sonrió a su madre y la abrazó por la cintura.

"Mama… no te aseguro nada, pero intentaré ser una buena princesa… y caballero de la corte también"

"hija mía… si serás reina" Snow añadió sin dejar de reír ante las ocurrencias de su hija.

"Pero papa me ha dicho que puedo ser lo que yo quiera. Entonces… puedo ser reina e ir a matar dragones!"

"Claro que sí!"

Emma se puso de pie encima del banco de piedra y le dio un beso en la mejilla a su madre. Dio un salto al suelo, cogió la espada y empezó a jugar como si matara a dragones.

Snow no dejaba de mirar a su hija y la carga tan enorme que deberá soportar siendo la salvadora de un reino que ni tan siquiera once dirigentes han podido salvar.

"Mama, mama mira!"