Solo tres rr? u.u okok, aunque me hubiesen gustado más, sobretodo por la cantidad de alerts & favorites que tiene el fic. De todas maneras es agradezco que se den tiempo para leer la historia n.n, asi que aquí les traigo un nuevo capítulo.
Capitulo III: Alice
Caminaba distraída por el frondoso bosque que rodeaba al pueblo de Forks, de manera grácil, como si estuviera danzando.
Di medio giro y quedé enfrente de unos hermosos ojos dorados, que me miraban con la misma ternura que había en los míos.
Sonreí como boba y acaricié mi vientre…
Y a lo lejos, la alarma de un despertador comenzaba a sonar… y el televisor programado de mi habitación se encendió… y la música llenó cada metro cuadrado de mi pieza, obligándome a despertar.
¿Qué demonios había significado eso? No entendía nada de lo que había soñado… pero esos ojos dorados se me hacían vagamente familiares… Sabía que los había visto en algún sitio, pero ¿Dónde?
Desperté con un hambre atroz. Seguramente por la escasa comida que ingerí el día anterior o porque tal vez recuperé mi tan gran apetito, que solo una persona como yo podría tener.
Entré a la ducha, me bañé rápidamente y me coloqué unos pantalones, mis converse negras, una polera de una de mis bandas preferidas y encima de esta un sweeter negro, algo simple.
Bajé las escaleras de dos en dos sin caerme, cosa que me hacía pensar que este no sería un día normal… ningún día era normal si yo no me caía de las escaleras cuando no bajaba correctamente.
Llegué a la cocina, tomé un pocillo, lo llené de leche y cereal. Me preparé un jugo de naranja y un pan, la mitad con mermelada de ciruela y la otra con mantequilla de maní, saqué un par de galletas y preparé un plato de huevos con tocino. Dicen que el desayuno es el alimento más importante del día y yo soy un poquitito (notese mi sarcasmo) hambrienta. (aunque he de admitir que cuando estoy nerviosa mi estomago desaparece)
Me lo comí todo de un solo bocado. Realmente necesitaba comida, ayer a penas y había probado bocado, por lo que mi cuerpo me pedía alimento por dos días.
Lavé la loza que ensucié, agarré mi mochila, las llaves del Audi y las de la casa, y salí en dirección al instituto.
La música que sonaba en el estéreo de la radio no se me hacía conocida. Seguramente era algún grupo de pop nuevo o algo por el estilo.
Doblé la esquina que está antes de llegar al instituto y frené bruscamente al recordar un pequeño detalle: Mi auto era algo muy demasiado llamativo y yo no soy de esas personas que les guste llamar la atención. Todo lo contrario. Odio que la gente me mire por equis motivos.
Pero bueno, ya estaba ahí y tendría que soportar algunas miradas (bueno, muchas miradas) y uno que otro cotilleo de pasillo (si claro, en realidad tendré que aguantar demasiados comentarios de pasillo), por lo que puse nuevamente en marcha mi Audi y algo temerosa entré al aparcamiento del instituto.
No divisé ningún Volvo plateado ni tampoco algún Porsche amarillo, pero si un reluciente, hermoso y ostentoso BMW M3 rojo descapotable estacionado a un costado de un Jeep gigantesco del cual seguramente las llantas me llegarían por encima de la cintura, protectores metálicos recubrían las luces traseras y delanteras, además de llevar cuatro enormes faros antiniebla sujetos al guardabarros. El techo era de color rojo brillante, el mismo rojo del BMW.
En el asiento del piloto del BMW había una despampanante adolescente rubia y a su costado una chica de azabaches y cortos cabellos: Rosalie Hale y Alice Cullen.
Del Jeep bajaron los tres integrantes de la familia Cullen restantes. Emmett bajaba del asiento del piloto, Jasper de copiloto y Edward saltaba desde los asientos traseros.
Realmente quedé encandilada con sus autos. El doctor Cullen debía de ganar demasiado dinero como para darles esos autos a sus hijos.
Estacioné mi Audi a unos dos espacios del de Rosalie y bajé algo cabizbaja, a causa del reciente viento que se formaba y me golpeaba la cara, haciendo que mi cuerpo tiritara y mis cabellos se mecieran bruscamente, dejándome completamente despeinada.
—Hola Bella. —Una cantarina voz de soprano apareció de la nada a mi lado.
—Alice. —Saludé, mirando fijamente los peldaños de la escalera de entrada. No tenía planeado caerme hoy. —Hola. —
—Lindo auto. —Me dijo, caminando a mi lado.
—Gracias. ¿El Volvo de ayer y el Porsche también son de ustedes? —Pregunté una vez entramos al instituto, levantando la vista y mirándola a la cara.
Juraría que sus ojos eran color ámbar, como el resto de los Cullen y no una mezcla entre negro y dorado.
—El Volvo es de Edward y el Porsche mío.
—Ya veo. Entonces el BMW es de Rosalie y el Jeep de Emmett ¿cierto?
—Si. Debo decir que Rose es muy exigente con sus elecciones de autos.
Me sentía realmente estúpida hablando sobre los autos de los Cullen. Seguramente Alice quería hablar de otras cosas y para empezar tema sacó ese… pero tenía la sensación de que no era de eso de lo que ella quería hablar.
—Eh… ¿Alice? —Pregunté dudosa. —Este ¿Dónde queda la sala veintiséis?
—En el segundo piso del edifico tres. —Me respondió con su perfecta sonrisa. —entonces tendremos Español juntas. —Agregó ensanchando aún más su sonrisa, a lo que respondí con un asentimiento de cabeza y una muy tímida sonrisa. Se notaba contenta por eso, como si de verdad yo le agradara de manera tal que quisiera compartir su tiempo conmigo. Podría jurar incluso que comenzaría a dar pequeños saltitos de emoción.
A los pocos segundos de haber llegado a la sala, apareció Jasper, lo que me extrañó porque estaba segura que le tocaba deportes, junto a Edward. Me sonrojé un poco al nombrarlo, pero su rostro con esa mezcla entre enojo y asco eliminó por completo ese repentino y pequeño sonrojo.
Le murmuró algo a Alice, tan bajo que creí casi imposible de que le hubiese entendido, pero el asentimiento de cabeza y la respuesta de Alice me dejaron muy en claro que si le entendió.
—Lo había visto venir. —Masculló rápidamente.
—Dice que hoy partirá, pero Emmett me pidió que lo ayudara a mantenerlo quieto. —Jasper hablaba de manera sobre-humana. No se como llegué a entenderle palabra alguna de lo que dijo, pero por primera vez entendía una conversación tan rápida.
—Si es necesario pégale un buen golpe en el estómago de mi parte. —Agregó con una sonrisa en su rostro. ¿Quién diría que la aparente dulce, frágil y danzarina Alice Cullen quisiera golpear a alguien?
Jasper movió sus labios en un atisbo de sonrisa, le dio un fugaz beso a Alice y salió tan rápido como llegó. No lo volví a ver hasta la hora de almuerzo.
La sala poco a poco se fue llenando hasta que la profesora cerró la puerta y no dejó que nadie más entrara, dando con ello el inicio a la clase de español.
Alice Cullen resultó ser una chica de lo más simpática e hiperactiva que alguna vez halla visto. Hablaba incluso más que Jessica Stanley, pero a diferencia de esta, Alice no hablaba sobre cotilleos ni chicos. Solo hablaba de ella, su familia, un cuestionario de al menos cien preguntas para mi y también sobre su extraña (pero muy hermosa y romántica, según la historia del cómo comenzaron a salir) relación con Jasper.
La profesora nos hizo callar por lo menos tres veces y como no le hacíamos caso alguno, cosa rara en mí porque por lo general no suelo desobedecer a los profesores, nos mandó un trabajo para la próxima clase.
Habíamos quedado aquella misma tarde en mi casa para ponernos en lo de español y luego iríamos a Port Ángeles, ya que según ella no tenía suficientes blusas ni zapatos de taco que la estilizaran.
La mañana nuevamente se me pasó volando, demasiado rápido como para darme cuenta.
Las clases de Historia, Geografía y los cuarenta y cinco minutos libres fueron los más cortos que alguna vez haya tenido.
Mientras hacía la fila para el almuerzo, me di cuenta que esa chica, Alice, lograba en mí un efecto extraño. Aceptaba lo que me pedía sin chistar, es más, las aceptaba como si realmente quisiera. Y eso era extraño.
No me gustaba salir de compras, pero sin embargo acepté ir con ella porque… no se porqué. Simplemente dije si.
A penas coloqué mi bandeja en la mesa, entre medio de Ángela y Jessica, esta última comenzó con su bombardeo de preguntas.
— ¿Alice Cullen es tan rara como aparenta? ¿Su relación con Jasper realmente es legal? ¿Es cierto que su pasión es la moda y que abortó dos veces? —La imaginación de Jessica era increíble.
Tomé mi botella de agua, bebí un poco y comencé a responderle.
— Alice no es tan rara. Es más, la considero una persona de lo más normal y simpática. La relación que tiene con Jasper es totalmente legal. —Ese tema de la legalidad me volvía loca. Ni si quiera eran hermanos de sangre. —Y si quieres saber sobre Alice Cullen… ¿Porqué no le preguntas a ella?
Mi respuesta dejó algo decepcionada a Jessica y podría jurar haber oído cinco risas armoniosas provenientes de aquella mesa apartada, en una esquina de la cafetería (cerca de nuestra mesa)
Al parecer nadie se había acordado de mi auto, lo que agradecí internamente y me puse a conversar animadamente con Ángela Weber, la chica que ayer había sido víctima de mi súper saque en voley y terminó con un chichón, el cual estaba más desinflamado que ayer.
Después de almuerzo tuve biología… y eso significaba una hora soportando las duras y extrañas miradas de Edward Cullen, sus extraños comportamientos y esa frialdad que solo él podría desbordar.
Caminé hacia el laboratorio, con Mike, Jessica, Ángela, Ben, Eric, Tyler y Lauren parloteando animadamente sobre no se que cosa, algo de este fin de semana, tablas nuevas recién desempacadas en la tienda de los Newton y algo sobre unas olas.
Un clic resonó en mi mente.
¡Había olvidado por completo que ese fin de semana había quedado con ellos en ir a La Push y aún no le avisaba a Charlie!
Hoy mismo tendría que avisarle, aunque le mencionaré el pequeño gran detalle de que solo iré a caminar por la playa, observar como los chicos montan olas y conversar con Ángela, ya que ella tampoco surfeaba.
Llegamos al laboratorio de Biología y mis ojos recorrieron rápidamente toda la sala, en busca de unos broncíneos cabellos y unos dorados ojos que descansaban apoyados sobre una nívea mano, mirando hacia el bosque que colindaba con el instituto.
Inspiré hondamente y me encaminé hacia mi lugar… a un costado de él.
Dejé mis cosas sobre el mesón y cuando comencé a sacar mi cuaderno, una aterciopelada voz me dejó estática, paralizada y maravillada.
—Hola. — Juraría que era un ángel quien me hablaba. —Lamento mi comportamiento ayer. No me presente de manera adecuada. —Oh si. Realmente era un ángel el que me estaba hablando. No podía creer que existiese alguien con semejante tono de voz… tan suave y firme a la vez. —Soy Edward Cullen. —Claro que ya sabía quien era, dios como si hubiese alguien en este instituto que no supiera quienes son los Cullen. — Tú eres Bella Swan ¿Me equivoco?
Mierda, mierda, mierda. ¿Dónde está mi voz cuando la necesito? ¡Oh creo que ya lo se! Escondida muy adentro de mi garganta, detrás de ese incómodo nudo que se me había formado por la vergüenza… la muy maldita.
Solo le respondí con una negación de cabeza y un muy, muy, pero muy despacio "No"
El profesor ingresó al laboratorio con una caja entre sus brazos. No lograba escuchar nada de lo que decía. La melodiosa voz de Edward aún resonaba en mis oidos.
La clase se pasó basada en preguntas hechas por Edward y respuestas de una o dos sílabas por parte mía. No escuché ninguna voz ajena a la de Cullen, pero prefería esa celestial voz a que cualquier otra.
No me di cuenta cuando el timbre sonó, dando finalizada la clase.
Caminaba a un lado de Edward, respondiendo con mis monosílabos a sus preguntas, hasta que apareció mi súper salvadora: Alice.
—Edward los demás te están esperando para partir. —La pequeña Cullen lo miró a los ojos por una fracción de segundo y podría jurar que con esa simple mirada habían logrado comunicarse de alguna extraña manera.
— ¿Quieres que pase por ti o te irás sola a casa? —Momento ¿como es que… seguramente Alice le abría comunicado a su hermano que pasaría la tarde conmigo.
—Creo que te llamaré a eso de las ocho o nueve de la noche. — ¡¿Qué? Si tan solo demoraríamos media hora como mucho en hacer lo de español, lo que nos dejaba liberadas completamente a las cinco y media, un cuarto para las seis como máximo… pero luego iríamos a Port Ángeles… ¿Hasta las ocho de la noche? Bien, Alice Cullen se deschavetó si piensa que estaré tanto tiempo en el centro comercial comprando.
Pero eso fue realmente lo que sucedió.
Llegamos a mi casa y luego de ofrecerle un jugo o algo para comer (a lo cual se negó) nos sentamos para iniciar lo de Español. Yo creí, inocentemente, que demoraríamos más en traducir el capítulo que nos había dejado la profesora, pero luego de diez minutos (en los cuales recibí al menos tres zapes por parte de Alice, la cual a demás de tener fuerza tenía una piel extremadamente suave y fría), el trabajo estaba terminado.
Alice era muy buena en eso de los idiomas.
A las cinco un cuarto estuvimos en la carretera, camino a Port Ángeles y a la hora ya estábamos estacionadas y listas para comenzar las compras.
—Ahora que recuerdo, hace poco vi unas cuantas prendas que te quedarían fantásticas. —Me dijo Alice, a penas pasamos la primera tienda y me arrastraba a la segunda.
Me tuvo arrastrando de tienda en tienda y por cada dos bolsas que ella llevaba de ropa a mi me compraba por lo menos cinco.
Estuve más de veinte minutos intentándola convencer de que no era necesario que me comprara ropa, pero ella insistía en que lo tomara como un pequeño obsequio. "No me imagino lo que me regalará cuando esté de cumpleaños"
El reloj marcaba las siete y media de la tarde, cuando de pronto el teléfono móvil de Alice comienza a vibrar.
— ¿Qué ocurre Jazz? — Contesta, luego de mirar quien era. ¡¿Qué? —el grito que soltó Alice fue demasiado fuerte. — ¡¿Cómo que…? Ya me va a escuchar ya cuando sepa a donde… —Alice comenzó a hablar demasiado rápido. Me entretuve mirando a las personas que pasaban frente a nosotras, para darle mayor privacidad a mi loca amiga.
Luego de oír un par de maldiciones y unas cuantas palabras que jamás creí oír de la boca de Alice, nos dirigimos hacia mi Audi.
Nos mantuvimos en silencio, silencio roto únicamente por los botones del teléfono móvil de Alice, que escribía un mensaje de texto ultra-mega-largo a velocidad luz.
La dejé cerca de una heladería, ya que según ella se juntaría con sus hermanos ahí.
Esa noche no dormí bien.
Tenía un extraño presentimiento y lo único que pedía era que no amaneciera. Estaba completamente segura que algo ocurriría al día siguiente y estaba segura que ese algo tenía que ver con algún Cullen… estaba tan segura que era como si lo hubiese visto.
Desperté con el mismo presentimiento que tenía antes de irme a dormir.
Manejé lo más lento que pude, pero el viaje se me hizo cortísimo.
Cuando miré a mi alrededor, en busca de algún vehículo ostentoso, me quedé como en shock.
Alice y Rosalie bajaban del auto de esta última y junto a ellas estaban Emmett y Jasper, bajando del jeep del primero.
Pero lo que llamó mi atención fue otra cosa.
Edward no estaba ahí.
Edward no había venido hoy a clases y sentía que ya sabía que él no vendría... y lo peor es que algo dentro de mi sabía que esto ocurriría y, aunque sonara ególatra, sentía que era por culpa mía, no se por qué.
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Chan Chan Chan... y? que les pareció? ya saben, comentarios, opiniones, blahblahblah, en un rr n.n
PS: a partir de este capi habrán algunas frases en cursiva, préstenles atención porque son fundamentales para el transcurso de la historia ;)
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