3. El leve recuerdo de tu voz

¡Último capítulo! ^^

Y perdón por tardar tanto /:

Y pensar en todo el dolor que ha sentido durante todos esos días. Ahora es como si nunca hubiera existido. Es verdad que le ha dejado huella, pero solo para bien, nunca más volverá a ocultarle nada. El peli azul cierra los ojos con fuerza, intentando recordar. Los abre, y mira a Goenji. Nada.

-Goenji… no me acuerdo de nada…

-¿Cómo? ¿De qué no te acuerdas?

-¿Qué… qué ha pasado? Solo recuerdo que fui contigo a la Torre de Metal, y que estabas muy raro, y luego… que alguien me llamaba. Y después todo blanco –el peli crema abrió la boca para decir algo, pero después se arrepintió y miró al suelo.

-Pues no sé.

-Vaya –el oji marrón arrugó la frente, intentando concentrarse y pensar, pero era inútil. Más tarde, los médicos le dijeron que con el tiempo podría recordar.- ¿Tú estabas allí?

-¿Yo? Pues… -¿qué decirle? ¿Qué sí? ¿Y si no era lo correcto, y si se enfadaba con él? Mentir no está bien. Pero en algunos casos no queda otra.- No, fui primero a una tienda y cuando iba de vuelta a casa vi que estabas allí en el suelo… nada más… -su amigo bajó la cabeza, afligido. Realmente, le afectaba el no saber qué había ocurrido exactamente.- Vamos, Kazemaru, ¿qué más da? Tú estás bien… y eso es lo que importa.

Ichirouta le sonrió forzadamente. Quizá no importara demasiado, pero algo dentro de él quería recordarlo. Y no entendía por qué. Shuuya se sentía muy culpable por mentirle a él, pero haría lo que fuera para que no tuviese motivos para odiarle, ya que tenía que declararse. Y pronto.

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El pelirrojo descansaba en el sofá, sin poder ni acercarse al peli verde. En realidad, era malo para su salud estar ahí, pero tenía que hacer entrar en razón a su novio. Este, traía entre sus brazos un pequeño y peludo gatito blanco de ojos azules muy llamativos. Precioso. Pero fatal para alguien con asma, como Hiroto. Como se puede ver, Midorikawa había encontrado la manera de obligar a su novio a decirle al mundo que estaban juntos.

Aunque el oji verde, entre estornudo y estornudo, aún se resistía.

-Vamos, Mido… ahh… ¡ahh chús! ¡Saca eso de aquí!

-No –se negó el oji negro, acariciando las orejitas del animalito con ternura.- hasta que hagas lo que debes hacer –Kiyama volvió a suspirar, cansado de aquel jueguecito. Ya se estaba viendo, contándoselo a todo el mundo, con la tontería de Midorikawa. Que parecía una tontería, pero el mayor lo estaba pasando realmente mal. Nunca había soportado el pelo de los animales, le hacía ponerse muy rojo y no parar de estornudar, y empezaba a costarle respirar bien.

-Venga, no hagas tonterías, Mido-chan. Me estoy poniendo malo, de verdad.

-Ya, ya lo sé… -contestó el peli verde, levantándose del sillón en el que se hallaba y dando un paso en dirección a Hiroto. Este abrió mucho los ojos.

-¿Qué haces? ¡Aleja eso de mí! Ahh… ahh… ¡chús! ¬¬

-Pues dilo –dio otro paso.

-No.

-¡Dilo!

-Ahhh… ahhh… ¡ahh chús! Por favor, Midorikawa… ¡ahh chús! –su novio estaba ya apenas a un metro de él, y la cara de Hiroto se había vuelto más bien morada. Miró al menor, quien giró la cabeza a un lado, esperando la sumisión de Kiyama.- ¡Vale! –el moreno sonrió.

-¿Sí? Venga, vamos, dilo. Hasta que no lo digas no lo alejo.

-¿Decir qué? ¡Qué haces! ¡Quítamelo! –El peli verde le había puesto al gatito encima de las piernas.- ¡Vale, vale, vale, lo digo, lo digo! ¡Se lo diré a todo el mundo, les diré que estamos juntos, y que te quiero! –la cara del oji verde se encontraba ya más roja que su pelo, con un toque morado. Ryuuji retiró al animal de encima de su novio, yendo hacia la puerta de salida.

-Así me gusta, mi amor. Ahora, voy a devolverle el gatito a tu vecina.

Y se marchó mientras el pelirrojo refunfuñaba por lo bajo. Se vengaría de Mido-chan.

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El peli azul le contaba a Goenji lo que le pasaba, explicándolo todo con exactitud, y sin olvidar el más mínimo detalle, mientras que este se esforzaba en escucharle, sin poner ninguna cara extraña, para que Kaze no preguntara. Pero él parecía no tener en cuenta nada de lo que hiciera Goenji, simplemente se estaba desahogando, y puede que lo hubiera hecho con cualquier otro. Eso desanimó al delantero.

-Y entonces recuerdo que una voz decía mi nombre. ¡Sólo eso! Yo… no hay nada más. Solo esa voz.

-Y ¿cómo era esa voz? –preguntó el peli crema, nervioso.

-Profunda. Grave. Suave, muy suave, casi como… -de repente, Kazemaru cayó- como la tuya… -lo miró, incrédulo, queriendo con todo su corazón estar equivocándose- Goenji…

No hubo respuesta por parte de Shuuya. Solo agachó la cabeza, avergonzado.

-Goenji… tú estabas allí…

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-Mido, esto es una tontería, ¿por qué no mejor vamos haciéndolo poco a poco? –El mencionado fulminó con la mirada al que hablaba- Quiero decir, mañana, en el instituto, nos… podemos besar, y… así, todos lo sabrían…

-¡No! –Midorikawa se negaba en redondo, con un tono muy infantil y caprichoso- Vamos, llama. Ahí están TODOS los números de teléfono de TODA la gente que conocemos del instituto, así que ya tardas.

El pelirrojo cogió el teléfono, mirándolo con desgana. Su querido novio le había hecho jurar que no se movería de allí hasta que él hubiese comunicado a TODOS y CADA UNO de sus compañeros que los dos salían juntos (yo no quisiera ser la que va a pagar la factura -.-). Para Ryuuji era importante, pero el oji verde lo consideraba una chorrada.

-Hola, soy Hiroto. Sí, Hiroto Kiyama. Ajá. No, el pelirrojo, ese es Midorikawa. Verás, Midorikawa me ha obligado a… ¡ahh! –El que hablaba notó un pellizco en el antebrazo, y miró a Mido-chan- quería decir que creo que te gustará saber que él y yo estamos saliendo ¬¬ Sí. Ya. Ah… ¿qué? Sí, lo imaginaba, perdón por las molestias, buenas noches –colgó.

-¿Qué, qué ha dicho? –preguntó, ansioso, el peli verde.

-Que dejáramos de molestar a la gente.

-¬¬ Idiota…

-Pero Mido-chan, no me extraña, ¡si a ese chico nos lo encontramos de casualidad, y no hemos cruzado palabra desde hace meses!

-Bah…

-¿Qué le va a importar a los demás que estemos saliendo?

-¿Y qué más te da a ti hacer esto por mí? –inquirió el oji negro, haciendo una mueca. El de piel blanca se dio cuenta entonces de lo importante que era esa "tontería" para Mido-chan, y cogió la agenda con los teléfonos, tachando el primer nombre de la lista. El moreno sonrió, agradecido.

/

Mientras, no muy lejos de allí, Someoka tenía la intención clara de salir por la puerta para irse a su casa, pero se encontró con otro peli rosa, algo más bajito, que le miraba, como si estuviera regañándole. Atsuya se puso delante de la puerta, cortándole el paso.

-¿Qué haces? –preguntó el otro, desganado.

-¿Ya te has declarado a Shiro? –le interrogó el oji verde.

-¿Qué? ¡Claro que no!

-Pues hazlo. O si no, no saldrás de aquí.

-Venga ya, Atsuya, quita… -entonces, Shiro vino por detrás, se había levantado al notar la ausencia del delantero. Tampoco quería que se fuera.

-Someoka-kun, ¿adónde vas? –Atsuya se rió, y fue a su cuarto, dejando solos a los, según él, "tortolitos"- ¿Me ibas a dejar aquí solo?

-Bueno, está tu hermano, y… y… -el albino estaba demasiado cerca. ¡Peligro! Gritaba la mente del moreno, pero sin embargo le rodeó y le besó.

/

-Dime… dime que no es verdad, por favor, dime que no era tu voz… -suplicó el oji marrón, con ganas de llorar. Shuuya le miró a la cara, tuvo ese valor, o esa osadía, según sí mismo. Vio las lágrimas en los ojos del peli azul, que aún no se podía incorporar del todo y permanecía apoyado sobre un gran almohadón, y tapado con una sábana sobre la que derramó el llanto.

El peli crema no sabía qué hacer, nunca se imaginó aquella situación, porque ¿quién lo haría? Así que no tenía palabras, intentaba escoger las correctas para expresarse, aunque no le daba de momento muy buenos resultados. Solo conseguía que Kazemaru se agobiase más porque él no decía nada y se pusiera nervioso.

-Perdóname, por favor, Kazemaru, yo… no quería que tú… bueno, es que, quiero decir, tú… y yo, ese día… -titubeó el oji negro. Ichirouta se desesperó.

-¡Por favor! ¿Te importaría terminar de decir una frase completa, al menos? –pidió, con aparente tranquilidad.

-Lo siento. Era mi voz. Por mi culpa se te echó ese coche encima, por mi culpa te quedaste allí en medio de la calle y pusiste en peligro tu vida –el peli azul le miraba, boquiabierto. Se secó los ojos, aún emitiendo pequeños sollozos. De golpe se le vino todo a la cabeza. La tarde con Goenji en la Torre de Metal, la extraña vuelta a casa, y al rubio, continuamente repitiendo su nombre, pero nunca le decía nada. Por último unos faros, y después, nada.

-Goenji… tú… ¿por qué me llamabas?

-¿Qué?

-¿Qué querías de mí? Dímelo, por favor –dijo, más tranquilo.

-Yo…

No sabía qué hacer, pero al ver las agujas clavadas en uno de los brazos de Kazemaru, con el otro escayolado y heridas en la cara, le entró el coraje necesario.

-Quería decirte que te quiero –se sonrojó- y quería habértelo dicho ayer, antes del maldito accidente, pero mira, no pude, porque soy un maldito cobarde. Lo siento tanto… Sé que parezco muy fuerte y decidido pero ya ves que no es así, que fue necesario que rozaras la muerte para poder darme cuenta de que no vivo sin ti.

Kazemaru giró la cabeza a un lado, enternecido.

-Eso… es estupendo. Yo también te quiero, aunque nunca pensé que tú sintieras lo mismo.

-Bueno, entonces siento haberte molestad… -el peli crema, ya preparado para una negativa, se dio cuenta de lo que había dicho el peli largo- ¿Qué? ¿Tú me quieres?

-Claro que sí –respondió él, con toda la tranquilidad del mundo. Goenji se quedó paralizado, así que el oji marrón se rió y decidió tomar las riendas de la situación- Acércate –le dijo. El oji negro lo hizo, y cuando lo estuvo lo suficiente, se besaron suavemente. Al separarse, Shuuya no sabía qué hacer tampoco- Goenji, yo te quiero, y… bueno, como veo que no dices nada, yo… ¿quieres…?

-¿Quieres ser mi novio? –casi gritó el peli crema, reaccionando al fin.

-Por supuesto –y sonrió, feliz.

Ah, lo siento, no estoy muy orgullosa del final, pero bueno… espero que os haya gustado un poco.