Capítulo IV
En espera de la luna
El amanecer estaba llegando e InuYasha permanecía de espalda sobre su futón, los ojos muy abiertos luego de una larga noche en la que no había dormido en absoluto, los brazos cruzados tras la cabeza, su cuerpo completamente desnudo y extendido, miró junto a él vislumbrando ante la luz de la mañana el lugar vació, suspiro simplemente.
Cuando llegó a su habitación horas antes la figura femenina de Marfia se encontraba extendida exponiendo la belleza de su pelaje, cerró la puerta tras de sí, y se quitó la camisa con lentitud, había estado en situaciones similares, quizás no tantas veces como aparentaba la seguridad de sus movimientos, pero si lo suficiente como para saber que hacer con una hembra, y esta estaba preparada de antemano, lo que le ahorraba gran parte del trabajo, los pantalones siguieron a la camisa y pronto la ropa interior, la youkai se sonrió al ver su sexo preparado, pero era evidente que no sabía que lo había estado toda la noche y ciertamente no por ella, InuYasha cerró los ojos intentando quitar de su mente la figura de la bailarina en aquel sitio. Se inclinó en el futón, apoyando las rodillas y las palmas de las manos a los costados de la hembra, que comenzaba a extenderse para rozarlo con su cuerpo, ciertamente una caricia muy sensual, pero no estaba interesado en besarla y acariciarla hasta que languideciera, solo esperaba tomarla y desahogar su necesidad por Kagome, recordó entonces que ella había reaccionado ante el nombre, con una extraña mirada de incredulidad, ¿habría adivinado su nombre realmente?... cerró los ojos cuando inclinó la cabeza lo suficiente como para tomar un pezón expuesto ante él, lo introdujo en su boca y acaricio la piel cercana con su mejilla, y aunque la suavidad aterciopelada de la youkai debía de resultarle inmensamente grata, algo no andaba bien, resopló sobre la piel y la hembra se contorsionó en respuesta bajó él, la observó de pronto, buscando los ojos castaños y la pálida piel, pero se encontró con un cuadro muy diferente, tragó con fuerza y se obligó a olvidar a aquella mujer que lo estaba desquiciando, pero al reclamar los labios de Marfia, los tomó y buscó en ellos algo que no podía encontrar, lo único que pudo concluir fue que no eran los de ella… no eran los de Kagome…
-No puedo…- suspiró derrotado, sabiendo que no lograría quitarla de su mente, y su miembro palpitaba de necesidad.
-¿Cómo que no?... veo que estas preparado…- dijo ella con voz pastosa mientras que encerraba su virilidad entre sus dedos. InuYasha dio un respingo de inquietud, no podía negar que aquello tenía su dosis de placer incorporado, pero algo en su interior le hablaba de más que sexo… no lograría saciar esa necesidad aunque tuviera las horas más extensas de sexo que recordara.
-Realmente no puedo…- afirmó, retirando la mano de ella de su erección, se alejó sin atender lo ojos incrédulos de la mujer y avanzó hasta su pantalón tirado en el piso, metió la mano a los bolsillos y encontró suficiente cuarzo azul como para que ella no trabajara en una semana – toma… esto es por el agravio…
Se sentó junto a ella en el futón y puso las piedras en una de las manos femeninas, coronadas por afiladas garras que parecían de bronce, comprendiendo entonces que si ella se disgustaba tendría que defenderse.
-Veo que tienes el corazón atrapado…- se sonrió ella mientras que recibía sin problemas lo ofrecido. InuYasha se puso demasiado serio y entonces la sonrisa de ella fue mayor – y no te haz dado cuenta…
-No hables de lo que no sabes…- respondió poniéndose de pie molesto por el grado de realidad que las palabras de esta mujer podían tener.
Luego de eso la había despedido y se había quedado solo en medio de la penumbra, sin poder dormir y recordando una y otra vez a la mujer que se le estaba metiendo en las venas de un modo alarmante.
Escuchó crujir los escalones que daban a su habitación, y puso sus sentidos alerta en busca del intruso, concluyó que no había nada de que temer y volvió a recostar la cabeza en el futón, un par de golpes con bastante energía dieron contra su puerta.
-Adelante Miroku, esta abierto…- dijo simplemente, tirando algo de las sabanas sobre su sexo a fin de cubrirlo.
El hombre entró sin sorprenderse por ser descubierto ya que conocía bien los instintos de su amigo, unos que los habían salvado muchas veces en sus andanzas.
-Estas solo…- dijo más como una afirmación que como una pregunta, sintiéndose incluso decepcionado ante aquello.
-Sí lo estoy, no hay mucho lugar para esconder a nadie – aseguró dando una mirada a su alrededor como confirmando sus dichos.
-InuYasha, ¿pasó algo en Midoriko?...- consultó inquieto, y él pudo percibirlo, se incorporó en el futón y entonces se puso de pie caminando al pequeño cuarto de baño que existía en el lugar.
-¿A dónde quieres llegar Miroku?...- inquirió, dándole una mirada desde la puerta del pequeño cuarto.
-Bueno… pues anoche te vi ir tras la bailarina…- dijo con cautela, sabía muy bien que por muy amigos que se consideraran, InuYasha era un tipo muy reservado y no le agradaba que se inmiscuyera en sus asuntos.
-¿Y?...- fue todo lo que dijo, mientras que se dejaba caer el agua que había acunado en sus manos, en el rostro.
-¿Diste con ella?...- continuó con su interrogatorio, exasperando finalmente a su amigo, que tiró la toalla con la que se secaba a un lado.
-Si la encontré o no, es asunto mío…- dijo con decisión, avanzando a un lado de Miroku en busca de su ropa.
-Sucede que si la encontraste, probablemente fuiste la última persona en verla – terminó de decir el hombre sin el menor miramiento, InuYasha se giró hacía él con los pantalones aún en las manos, fijando sus ojos dorados en los de su amigo que ya no dijo nada más.
-¿A qué te refieres?...- por un momento sintió escalofríos al pensar que algo realmente malo pudiera sucederle a Kagome, y aunque se había pasado la mayor parte de la noche maldiciéndola, no deseaba que nada le sucediera.
-Despareció InuYasha… el niño que cuidaba su caballo en los límites, llegó hace muy poco a Midoriko, diciendo que ella nunca llegó y Sango se alteró mucho… yo solo pude pensar en ti… - concluyó.
InuYasha se quedó un momento sin respiración, y luego simplemente deshecho toda preocupación, sintiendo como su estomago se contraía ante la conclusión, quizás ella finalmente se había ido con algún otro hombre.
-Yo no me preocuparía, quizás simplemente consiguió un trabajo que requería más tiempo que un simple baile…- se mofó mientras que se enfundaba en sus pantalones, quitando la mirada de su amigo, temiendo que leyera el desazón en su interior.
-Estas equivocado si piensas así, y debo decir que pensé lo mismo…- confesó su amigo, acercándose para encararlo – ella realmente es una sacerdotisa InuYasha.
Sintió como si un balde de agua fría le cayera sobre la cabeza, sabía muy bien que Miroku no mentiría en algo como eso, ciertamente por muy desvergonzado que su amigo pudiera parecer, él no mentía jamás.
-Vamos Miroku…- dijo sin más avanzando hacía la puerta con una camisa en las manos.
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Se sentía demasiado temerosa, con las manos atadas con una cuerda lo suficientemente fuerte para que no se soltara, pero igualmente sin ocasionarle el menos daño, llevaba varias horas ya de camino, tantas que la noche se hacía inminente sobre sus cabezas, el youkai que la transportaba con bastante poco decoro sobre su hombro, cargándola como si fuera un saco, avanzaba a una velocidad sorprendente, sentía incluso que se le tapaban los oídos cuando el aire pasaba. Sabía que se trataba de un ser fuerte, lo había comprobado luego de la primera hora parteando y gritando luego de que despertó, pero el extraño no parecía notarlo siquiera.
A su alrededor todo se veía con colores difusos, el verde predominaba por lo que podía concluir que estaban en medio de un bosque, en ocasiones lograba escuchar al youkai decir algo a quienes lo acompañaban en su propio idioma, por lo que Kagome se sentía más frustrada aún, temía preguntar hacía dónde iban, o que esperaban de ella, suspiró pensando en que debió haber escuchado desde un principio el consejo de sango…"este no es un lugar para ti"… le había dicho con esa voz maternal que en ocasiones adoptaba con ella, y simplemente no quiso hacerle caso, ella deseaba respirar el aire fuera del templo, bailar como tanto le agradaba, intentar olvidar las obligaciones a las que estaba sujeta por su linaje de sacerdotisa.
-Acamparemos aquí – se escuchó la voz firme de su captor, tan rápidamente que había tenido que sostenerla para que no saliera disparada.
-Ginta algo para cenar, Haru el fuego…- el timbre decidido y fuerte de su captor, la sorprendió, la forma en que había impartido ordenes del hablaba del respeto que al menos sus compañeros le tenían, pero aquello no evitaba que sintiera temor de su destino.
Sintió que era depositada en el piso junto a un árbol, las manos aún atadas sobre su regazo, observó con cautela el rostro de su apresador, encontrándose con el resplandeciente celeste de sus ojos, que escrutaron con tal regocijo, que Kagome sintió que se le helaba la sangre, ella poco sabía con respecto a los instintos más básicos de los machos de cualquier especie, pero lo que vio en los ojos de este youkai, fue deseo puro, y eso era inconfundible.
-Eres hermosa humana… - dijo con aquella voz levemente arrastrada mientras que el dorso de la mano le acariciaba la mejilla, Kagome instintivamente alejó su rostro y notó una sonrisa sarcástica en la boca del youkai que de paso le enseño sus afilados colmillos. Vestía extrañamente con ropas de piel de animal, descubriendo gran parte de su cuerpo.- no logras nada con resistirte, ahora eres mía… y dentro de cuatro noches lo serás en tu carne…
Kagome sintió que las entrañas se le retorcían bajo la amenaza que incluían aquellas palabras, la forma en que ese youkai la observaba era simplemente aterradora, comprendió entonces que había una sentencia sobre su cabeza. Rogó al Dios supremo que veneraban en su templo y esperó ser escuchada.
Lo vio alejarse unos metros reuniendo hojas que fue apilando junto a ella, hasta tener suficientes como para lograr acolchar un poco el duro piso, a esas alturas la noche se cernía sobre ellos y solo podía vislumbrar la figura masculina que se notaba alta y fuerte, lo había podido comprobar al viajar sobre su hombro tanto tiempo sin fatiga por parte de él, y el poder que tenían sus piernas para correr a una velocidad imposible para un humano. Se sentía cansada y soñolienta, a pesar de que no sabía bien cuánto había dormido cuando la atraparon, solo a unas cuantas calles de la cueva de Midoriko, allí la habían atrapado desde un brazo y con algo similar a un trozo de cuero suavemente curtido bloquearon su nariz y boca, y luego solo recordaba el calor que sintió recorrerla por dentro y un sopor que la llevó a languidecer en un sueño extraño e incluso en aquellas horas de forzado descanso, había visto los ojos dorados que ya no la dejaban libre, cernirse sobre ella, endurecidos y furibundos, de pronto le pareció que esto era algo demasiado familiar, y aunque sabía bien que era imposible presentía que ese hanyou que habitaba en secreto sus sueños vendría por ella… solo esperaba que no fuera demasiado tarde.
Una vez que el fuego estaba encendido a cargo de otro youkai, visiblemente más débil que el de ojos celestes que la amenazara, llegó el tercero con un animal de mediano tamaño arrastrando por la tierra, lo tiró a un lado, demasiado cerca de Kagome, ella pudo ver a la luz de la fogata los ojos perdidos del pobre animal. Giró la cabeza a un lado, intentando borrar la desagradable sensación, que se acentúo sin remedio al escuchar el sonido del desmembramiento de la criatura a mano de los youkais que ahora eran su única compañía. Momentos más tarde un trozo de carne demasiado cruda para su gusto, le fue entregado entre las manos.
-Aliméntate… no quiero que llegues famélica a mi lecho. – le dijo con decisión el youkai de ojos celestes y coleta alta. Kagome solo pudo suspirar sintiendo cada vez más insoportable el peso de la sentencia que este ser le dejaba caer… ¿porqué no terminaba con lo suyo de una vez?...ciertamente no esperaba la respuesta, mientras aún contara con los días que él había predicho, había esperanza de escapar.
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InuYasha había llegado a la cueva de Midoriko tan rápido que Miroku había logrado alcanzarlo con escasa suerte, los grandes pasos que daba el hanyou le recordaban su estirpe, jadeando al lado de él entraron en el lugar, que a estas horas del día mostraba los claros indicios de una noche de trabajo, un muchacho, hermano de Sango, era el que estaba por los rincones recogiendo lo que había quedado tirado por todas partes. Avanzó hasta la mujer que vestida de un modo extraño se preparaba para salir, entonces InuYasha recordó que se trataba de una exterminadora y que de seguro iba en busca del rastro de su amiga, quizás le sería de utilidad si él no lograba encontrar nada, de lo contrario solo seria un estorbo.
-¿Cuál es el camino que ella recorre al marcharse?...- dijo InuYasha sin saludos previos, ni presentaciones, ni nada.
-¿Qué hace él aquí?...- le consultó Sango a Miroku, con el ceño fruncido y visiblemente molesta, había reconocido al hombre, o hanyou según lo creía Kagome, que había besado a su amiga dos noches atrás.
-Él puede ayudarnos a encontrarla…- aseguró el hombre intentando apaciguar el carácter de la mujer.
-Rápido… por dónde…- insistió InuYasha exasperándose, cada minuto que pasaba era uno menos para encontrar el rastro de la muchacha, su aroma le resultaba inconfundible, y esperaba que aquello lo ayudara.
Sango se quedó por un momento analizando el rostro endurecido y a pesar de ello, un atisbo de preocupación se filtraba en la mirada de un dorado intenso, que ella no pudo menos que apreciar, sopeso la situación , comprendiendo que la ayuda siempre sería bien recibida, y si finalmente resultaba ser un hanyou, su ayuda sería realmente benéfica.
-Por la puerta de atrás – respondió indicando con el brazo extendido.
Comenzó el recorrido por el cual Kagome solía marcharse, el aroma a flores que él realmente no conocía llegó a su nariz, fusionándose con el recuerdo que mantenía, supo de inmediato que era el de Kagome, continuó con el recorrido que en un punto a un par de calles de Midoriko, se mezclaba con otro olor que lo hizo cubrirse el rostro con el brazo repeliéndolo, era tan fuerte y nauseabundo para su gustó que un gruñido se le escapo.
-Youkais lobos. – fue lo que dijo y se volvió hacia quienes lo seguían ansiosos – puedo seguir el rastro, pero llegaré más rápido solo.
Sango avanzó un paso, como deseando impedir que la dejarán sin hacer nada por ayudar a Kagome, luego observó a Miroku y comprendió que ese tal InuYasha que parecía realmente comprometido, tenía razón. Asintió simplemente y luego ambos amigos se miraron, InuYasha se giró y de pronto la rapidez con que comenzó a correr dejó a Sango sin aliento, definitivamente era un hanyou.
Las horas se le habían hecho eternas, de alguna manera albergaba la esperanza de encontrar a Kagome sin que hubiera sufrido el menos daño, la noche seria su aliada en la carrera que había emprendido, no sabía la velocidad a la que se movía el youkai lobo que se había llevado a la mujer, pero tenía su hedor impregnado en las fosas nasales, la encontraría, de algún modo se sentía responsable de ella.
La imagen de la muchacha mancillada en manos de un youkai, lo hacía sudar frío, no quería que la dañaran, ella era especial, de un modo que no comprendía lo sabía, comenzaba a comprender que alguna conexión extraña lo unía a ella, y no permitiría que nadie le hiciera daño… observó el cielo y la luna creciente le anunciaba que contaba con al menos tres noches, solo esperaba llegar a ellos a tiempo, en situaciones como esta, en las que sabía que su velocidad era menor a la de un youkai de sangre pura, era cuando maldecía su parte humana, deseando ser un completo youkai.
-Resiste Kagome…- susurró al viento esperando que sus palabras llegarán a ella, una sensación de protección que no conocía como vivida afloraba en su interior como si despertara de su aletargado sueño.
"El amanecer me lleva a contar las horas desde tu partida,
Confundiendo mis sentidos en espera de una nueva caída de sol,
En la que mis brazos te encontraran
Vagando en medio de mis sueños más febriles,
Deseando estrecharte hasta dejar en ti mí marca eterna…
La pasión de mi amor…"
Anyara
Continuará…
Un nuevo capítulo recién salido del "horno" pc, demostrándoles una vez más que no me resulta ser demasiado cruel, tenía el estomago muy revuelto de pensar en que algo pasará con mi InuYasha… y respondiendo a cierta preguntita que por ahí me dejaron, ciertamente deberían haber más enfermedades venéreas, pero también existen condones, hay cosas que por mucho que cambie la época no dejan de existir…
Gracias por todos sus mensajes y espero que les este gustando la historia, es una trama un poco complicada de armar, pero de a poco espero que quede bien… besitos y gracias por leer… recuerden que su review es mi sueldo.
Siempre en amor…
Anyara
