Eternamente agradecida por los reviews maryamaya1976 y Milly Taisho :3 no me odien por como terminó el cap anterior, tengo esa mala costumbre de dejar las cosas sin "final".

Mia Liebheart:No sabes como me alegra ver que te gusta :3 No importa que sea breve el comentario, me emociona igual.

jmartingimenez: Creo que me conoces lo suficiente, y me has leído lo suficiente para saber que puedo ser incluso peor.

Como nota aparte, le prometí a un amigo que cambiaría de nombre al publicar el 5to capítulo. Solo aviso que a partir del siguiente cap pasaré a ser "Vic del Eien". Gracias :3

Disclaimer: ninguno de estos personajes me pertenece, son creación y propiedad de Rumiko Takahashi.


Capítulo 4

En la sala de reuniones había solo dos demonios. Madre de hijo permanecían tranquilos, ella con una sonrisa burlona mientras su hijo mantenía una mirada que para cualquier otro sería una clara advertencia de que debía salir corriendo, pero no para la señora Irasue, no, ella disfrutaba molestar a su hijo y verlo enojado. Definitivamente podía decir orgullosa que era la única persona en la faz de la tierra en fastidiar al gran y poderoso Sesshomaru y vivir para contarlo, para repetirlo nuevamente y volver a contarlo.

- Oh, huele a hanyou... Pero hay sangre de zorro... Por un segundo pensé que ya te habías divertido con la humana -. Dijo la inugami, tentando a su propia suerte al hablar de los puntos más sensibles - e irascibles - de su hijo, mestizos, descendencia y su protegida. El demonio clavó su fría mirada en su madre, una mirada aún más gélida de lo habitual, si es que eso era posible -. ¿Qué? No soy yo quien anda protegiendo humanos inservibles. Esas cosas las hacía tu padre y mira como terminó.

Esa mujer, esa maldita mujer estaba pidiendo a gritos que le atravesara el pecho con sus propias garras, de no ser su propia madre la estaría liquidando en aquel instante. Mantuvo su mirada firme en la mujer, aún con la misma expresión, no pensaba gastarse siquiera en hablarle.

- Siempre tan conversador hijo mío. Le rompes el corazón a tu madre con tus silencios -. Comentó Irasue, con un fingido tono de dolor, y aún más fingida expresión de lamento -. Pero sabes que yo pienso en ti... Además de que tendrás que decidir pronto que hacer con esa humana, ella no tiene siglos para derretir tu corazón, y para cuando te des cuenta de eso puede ser demasiado tarde.

- Largate -. Habló entonces el daiyoukai, estaba cansado de aquellas insinuaciones insidiosas de su madre. Él no era su padre y no perdería el tiempo amando a una humana que en menos de un parpadeo estaría muerta.

- Y yo preocupándome por ti, que hijo más ingrato -. Exclamó la mujer antes de irse de la habitación con aires de ofendida, aunque era obvio que todo aquello era puro teatro.

Sesshomaru volvió a su "expresión" natural, observando la puerta de la sala cerrarse. Su madre siempre había sido un ser fastidioso, siempre había buscado la forma de irritarle y recientemente parecía haberse propuesto hacer estallar la nula paciencia de aquel demonio. Aunque debía admitir que los últimos comentarios no le irritaban por cómo los dijera ella, le irritaban por la pura verdad de sus palabras. Rin le era especial, no había dudas de ello ¿Pero la veía tan solo como su protegida? "no pienses idioteces Sesshomaru" se dijo a si mismo, escuchando como un juego de té se despedazaba contra el suelo cerca del jardín que había hecho construir para Rin hacia unos años. Siendo sincero, desde el momento en que la dejó en la aldea humana había vuelto a pisar ese lugar, adaptándolo poco a poco para que una humana pudiera habitarlo. Pero eso era algo que absolutamente nadie sabría jamás.

Se levantó con cierto deje de curiosidad, escuchando las exclamaciones de su humana a lo lejos.


La humana volteó hacia donde provenía aquel ruido y abrió los ojos sorprendida al ver a Ai, congelada en su lugar como presa de un hechizo. Se levantó, aún sosteniendo su arreglo floral con una mano mientras se acercaba, a la vez que una youkai se acercaba a limpiar el desastre que la hanyou parecía no haber notado. Algunos guardias voltearon a ver la escena, bastante molestos, no del hecho de que se rompiera un juego de té, era algo sumamente fútil, sino por tener a alguien inoperante entre la servidumbre del palacio.

- Ey, Ai ¿Qué sucede? - Preguntó Rin, notando que la kitsune apenas si daba muestras de seguir respirando. Apenas si parpadeó varias veces al oír su nombre.

Ai estaba aturdida, parecía como si hubiera visto un fantasma o algo peor. Rin se puso a un lado de ella y dirigió su vista hacía donde la semi-demonio estaba mirando, pero lo único que vio fue la parte de la galería que permitía ir al jardín donde ella estaba recién. Volteó nuevamente a ver a la mujer frente suyo y colocó una mano sobre su hombro, esperando a que reaccionara. Ai dio un pequeño brinco, volviendo a la realidad, posando ahora una mirada nerviosa en la humana quien ya estaba empezando a preocuparse bastante.

- ¿Ai? ¿Estás bien? ¿Qué pasó?

- Yo... No sé -. Murmuró agachando la mirada, notando bajo sus pies el desastre que había provocado al dejar caer la bandeja del té -. Lo arruiné -. Murmuró, tan bajo que la humana apenas si notó que había hablado.

- Ey, tranquila, cuéntame.

- No, deje señorita, deje que limpie este desastre -. Dijo mientras se agachaba a recoger los pedazos de cerámica que se habían repartido por el suelo, notando por primera vez que la humana estaba descalza, echó una mirada aterrada, buscando en el aire algún rastro de sangre que por suerte no llegó - ¡Señorita Rin! ¡Esta descalza!

- No te preocupes por eso -. Le restó importancia la humana sonriendo - ¿Tu cómo estás? ¿Qué pasó?

- Hablaremos de mi luego, si el amo ve esto, me matará por permitirlo, te llevaré lejos de aquí.

Y entonces, antes de que la humana pudiera siquiera oponerse a ello, fue levantada en brazos por la semi-demonio, quien a pesar de no tener ni la fuerza de un demonio puro ni la de un hombre siquiera, seguía siendo bastante capaz de cargar con la menuda figura de la señorita. Rin le miró con reproche mientras la pelirroja la dejaba en la otra punta del pasillo, a los pies de la escalera que la llevaría a su habitación.

- Señorita, por favor, si va a caminar por aquí, colóquese algo en los pies, o espere al menos a que termine de limpiar. No quiero que se lastime.

- Vamos Ai, no te preocupes por mis pies -. Pero al ver la expresión firme de la hanyou la humana no pudo más que suspirar resignada -. Esta bien, me calzaré, pero luego tenemos que hablar ¿Entendido?

Aquel tono de voz era extraño en la joven quien solía ser la amabilidad y la dulzura personificada, tal vez pasar tiempo con el peliplata le estaba forjando algo de carácter y si había alguien en aquel palacio que era particularmente sensible a las órdenes de la muchacha, era Ai. Esta no pudo más que reverenciar brevemente a la protegida del amo mientras se daba media vuelta para ir a limpiar los destrozos de hacia unos instantes.

Rin por su parte subió las escaleras bastante resignada, en verdad no le importaba ni un poco el poder lastimarse un poco con aquellos fragmentos, lo que si le estaba importando era la actitud que había tenido la híbrida. ¿Qué era lo que la había alterado a tal punto? ¿Por qué no lo decía abiertamente? Algo raro había allí, pero no sabía decir exactamente qué. Si algo caracterizaba a Ai era el recelo para hablar de su propia vida, con suerte si había llegado a sacarle la edad y que había sido su padre el humano. Eso le había llamado mucho la atención, conocía escasos semi-demonios y en ellos era siempre la madre la humana. Había querido preguntar por aquel humano, pero cuando ella le dijera que ya contaba con 354 años era claro que aquel hombre llevaba bastantes años muerto.

Tan cerrada estaba en sus pensamientos estaba que no notó la presencia del señor del oeste, chocando de frente con este quien le mirada intrigada. Si había alguien que jamás ignoraba su presencia era aquella humana. Rin se apartó, sorprendida de no haberlo notado, levantó la mirada hasta cruzarse con los ojos ambarinos que la observaban con curiosidad, haciendo que la castaña bajara la vista apenada, sintiéndose avergonzada de haber ignorado a su señor de tal forma.

- Lo siento Señor Sesshomaru, estaba distraída.

- ¿Qué fue aquel ruido?

Claramente Sesshomaru no se caracterizaba por mantener conversaciones amigables, las bromas y esas cosas. Hablaba lo estrictamente necesario y era algo a lo que todos estaban acostumbrados, incluso aquella humana que tanto desentonaba con su personalidad.

- No sé que le pasó a Ai, estábamos en el jardín hablando, en realidad estaba hablando yo, ella suele hacer preguntas y pocos comentarios... Cuando le pregunté cómo había terminado en la caravana de esclavos salió disparada a la cocina diciendo que iba a preparar el té -. La humana se iba a cruzar de brazos cuando recordó que llevaba una corona de flores entre sus manos, las cuales tenía intención de obsequiarle al demonio. Observó un instante aquel arreglo y lo escondió detrás suyo, como si aquello no fuera digno de la vista del demonio -. Estuve un rato más en el jardín hasta que ¡Plaf! La vi petrificada, como si hubiera visto un fantasma. Se le había caído la bandeja del té. Me acerqué a preguntarle que pasaba, pero no dijo nada, solo me alejó del accidente para que no me lastimara los pies... ¡Pero no me pasó nada!

El demonio le observó un instante analizando con mayor atención el aroma de la humana. Más allá del delicado olor a flores que la rodeaba, probablemente al haber pasado gran parte del día recogiendo y haciendo artesanías con ellas, no había olor a sangre o siquiera a haberse manchado con alguna gota de té. Al menos aquella hanyou no había hecho algo que la lastimara, y eso si que hubiera bastado para colmar su paciencia. No le agradaba su presencia ni de lejos, pero Rin se sentía cómoda con su compañía y todo fuera por tener a la humana en la mejor de las condiciones.

- Señor Sesshomaru... - Surgió la voz de la muchacha quien intentaba no titubear -. Estuve practicando... ¡Y le hice esto! - Concluyó mientras le entregaba aquella corona de flores.

El inugami observó aquel objeto, en verdad no le interesaban ni las flores ni los adornos, por no decir que le parecía una total perdida de tiempo el gastar siquiera un instante en algo así, pero no iba a decir nada que pudiera afectar en mala manera a su protegida. Tomó la corona y la levantó con cuidado, para tenerla a la altura de sus ojos. No era ni de lejos un conocedor sobre aquellas cosas, pero si sabía que la humana solía hacer trabajos mejores, más prolijos y más delicados. Sopesó un breve instante comentarlo, pero imaginó que aquello seguro haría que ella llorara por un par de horas y detestaba el olor a sal de sus lágrimas.

- Gracias -. Dijo él, haciendo que la castaña sonriera con ilusión y le diera un abrazo al gran demonio.

- ¡Practicaré para hacer mejores! ¡Se lo prometo! - Dijo risueña mientras se separaba e iba a su habitación.

El demonio la vio alejarse antes de tomar dirección a su propio cuarto, una vez allí dejó la corona guardada en uno de los elegantes muebles vacíos. A decir verdad había pocas cosas que le interesara guardar, pero por alguna razón, le sabía a ironía que aquella efímera humana le regalara un aún más efímero arreglo floral.

Poco después del atardecer, la cena fue preparada para quienes tenían el honor de comer en el comedor principal. Allí se dispusieron las típicas tres bandejas de alimentos, dos de comida para demonios y una de comida para humanos. Casi de forma protocolar, Rin y Jaken llegaron primero, quedándose de pie frente a sus mesillas, en lo que llegaba el gran demonio blanco y se sentaba ante su bandeja, considerablemente más grande que la de los otros dos. Una vez él se sentó, los otros dos hicieron lo mismo para comenzar a comer.

Aquellos momentos de encuentro se habían vuelto los preferidos de la humana, donde podía reñir al pequeño demonio verde y Sesshomaru solo observaba. A vece este preguntaba sobre las clases que le había impuesto a la joven y sus avances sobre las mismas. Eran esos los más bonitos para ella, quien se sentía gratamente importante cuando él gastaba instantes en saber cómo había ido su día. No es como si algo en aquel palacio ocurriera sin que el peliplata lo supiera, por lo que preguntara por ello le parecía, en cierta forma, una gran muestra de cariño por parte del demonio.

- ¡Mocosa! ¡Deja de comer tan rápido te vas a atragantar!

- No se preocupe señor Jaken, es solo que la comida esta deliciosa.

- ¡Mocosa escandalosa! ¡Deja de hacer ruido!

- Señor Jaken, usted es quien grita.

Rin sacó la lengua infantilmente antes de seguir comiendo, ignorando las quejas sobre sus modales por parte del demonio verde quien se cayó al notar la mirada de su amo. La humana sonrió, aún más feliz con su pequeña "victoria" y siguió comiendo, ignorando la mirada del sapo.

- Rin... ¿Qué le pasó a la híbrida? - Preguntó Jaken mirando a la humana -. La vi en la cocina y estaba poniendo a todos nerviosos por la forma en que movía sus colas.

- ¿Eh? Yo no le hice nada, solo... Se asustó y no sé porqué.

- Esa tipa tiene algo.

- ¿Esta preocupado señor Jaken?

- ¡Claro que no! ¡Mocosa insolente! Solo quiero asegurarme que en este palacio la gente sabe hacer las cosas que le corresponde. No es decoroso que una sirvienta del amo ande fastidiando al resto.

Rin resopló ante aquello último, en verdad estaba preocupada por la hanyou y no la había visto desde aquel incidente en la tarde. Terminó de comer bastante desganada, algo que ninguno de los dos demonios pasó por alto, pero prefirieron no hacer preguntas sobre el tema. Una vez Sesshomaru terminara con su comida se levantó de su lugar y se retiró del comedor, siendo seguido momentos después por la humana y el sapo, aunque cada uno con dirección hacia sus respectivos cuartos.

La muchacha notó a Ai en la puerta de su habitación moviendo las manos de forma bastante nerviosa, ni hablar de sus colas o sus orejas que parecían estar escuchando más que cualquier otro demonio sobre la tierra. Cuando vio a la humana soltó un respingo antes de voltear a todos lados, esperando que no hubiera nadie más en aquel pasillo. Rin se acercó con cautela, intentando no alterar más a la híbrida quien parecía estar a punto de estallar de los nervios.

- ¿Ai? ¿Estás bien? ¿Quieres hablar? Ven, pasa.

- Yo... Si.

Ambas entraron en la habitación más decorada de la casa. Aquel cuarto era el único lugar repleto de armarios y muebles en general de gran calidad, sin contar que contenían tanto exquisitas vestimentas como los más delicados adornos. Rin se sentó en el borde de su futón, mientras Ai cerraba la puerta y se sentaba cerca de la humana, mirando de pequeños ratos la puerta de la habitación. Tras unos momentos se tranquilizó, siendo su única seña de nervios el movimiento constante de sus colas.

- ¿Qué sucede, Ai? - Preguntó Rin, sin rodeos, mientras la aludida suspiraba, tomando valor para hablar, posando su mirada en la joven.

- Yo... Le comenté de mi edad, por lo que usted dedujo que mi padre, un humano había muerto por vejez ¿No? Sería extraño ver un humano vivir cien años, ni hablar más de eso -. Comenzó a decir, con voz acelerada, mientras la muchacha delante suyo asentía repetidamente -. Mi padre no falleció por la edad, señorita. Mi padre fue asesinado.

- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? - Preguntó la castaña observando con gran preocupación a la hanyou.

- Fue asesinado, por un demonio kitsune, él ansiaba poseer a mi madre, no sé si solo quería tenerla un momento o si en verdad quería hacerla su compañera... Mi madre le rechazó, tantas veces que él creyó que se iba con un demonio de gran poder y por eso no veía las ventajas de estar con él... Pero no era así, mi madre había conocido un comerciante de telas, era un humano muy joven, tendría tu edad, pero físicamente, a pesar de la edad de mi madre, ella se veía más joven. Pocos meses después de conocerse, mi madre quedó embarazada.

- ¿Qué? ¿Tan rápido?

La híbrida asintió, con un deje de molestia en la mirada. Rin agachó el rostro, algo avergonzada de haber molestada a su amiga.

- El tema fue... Mi madre no estaba marcada, no tenía el veneno de ningún macho en su piel, lo que significaba que su pareja "no se hacía cargo" del niño. En realidad, es que los humanos no marcan a sus parejas. En un principio creyeron que era un demonio de poca monta y que el youki de mi madre era mucho más poderosa ¡una kitsune de nueve colas con un demonio de una! Para muchos era un horror... Pero cuando el embarazo llegó a su fin, la respuesta era obvia. No era un demonio mi padre, era un humano.

- ¿Y... Tu padre... Qué hizo?

- Mi padre estuvo con mi madre todo el tiempo que pudo, procuró todos los cuidados que pudiera darle a mi madre, vivió con nosotras los primeros años de mi vida... Hasta que un día su olor desapareció.

- ¿Las abandonó? - Preguntó sorprendida la humana, abriendo los ojos. Ai negó con la cabeza - ¿Qué le...? ¿Fue asesinado? - Ai asintió.

- Mi madre dijo que fue un accidente, pero un siglo después me contó que en realidad había sido asesinado. Otro siglo después, me dijo quien fue.

En ese momento Rin comprendió todo.

- ¿El asesino esta en el palacio?

Ai asintió nuevamente.