Los días malos, pueden terminar bien.
-Alice, como sigas chillando así, voy a colgar el maldito teléfono.- presione.
-Te necesito.- dijo con los labios Jenny, mi secretaria, mientras señalaba un folio enorme entre su mano.
Le indique con mi mano que me diera unos segundos, mientras sostenía el infernal teléfono contra mi oreja. Alice del otro lado, chillaba sin parar sobre unas benditas flores traídas de unos viveros japoneses que se agotarían en un tiempo ridículamente corto, como no saliéramos ya por ellas.
-Esas son las flores de mis sueños. Las quiero en el bouquet, en las mesas, en el ramillete del padrino y en las pulseras de las damas. Necesito esas flores en todo santo lugar posible. Tienes que verlas Bella, las amaras tanto como yo.- rodé los ojos nada mas al escuchar decir esto.
-Dudo que pueda amarlas siquiera un milímetro. Soy alérgica a cuanta mierda poseo polen o clorofila, así que a mí ni me mires. Tienes como 300 damas de honor. Alguna de tus amigas de la universidad y del club de literatura para ancianos seguro querrá ir a comprar matas contigo. Estoy a mediados de mes Alice, tengo todo mi tiempo consumido con los últimos detalles de la edición de agosto, sin contar que tengo que comenzar a preparar la edición especial de noviembre sobre tu boda, y el montón de publicidad gratis que tuve que ofrecer para ti y por tu fastuoso evento. No me jodas mas.- deje caer mi frente sobre el escritorio, sintiendo como alguien abría la puerta de mi oficina.
-Bella, se que estas ocupada, pero tengo en la línea a la Larry de publicidad, que no termina de entender que va a cargar en la pagina 16.- empujo en todas mis narices el folio, que tendría seguramente la versión preliminar de las paginas publicitarias.
-Claro Jenny, permíteme.- recosté el molesto teléfono de mi oreja y hombro mientras revisaba las paginas.
Había tres versiones idénticas de la misma página, con diferente distribución de contenido.
-Eres mi hermana Bella, la dama de honor principal por obvias razones, no puedes preferir tu trabajo que a tu hermanita menor y su boda.
-Te aseguro que puedo Alice, y lo hago, porque gracias a él, puedo comer, pagar las cuentas, mantener esta absurda llamada y te conseguí una cita para un ridículo vestido de novia en la tienda mas exclusiva del país antes del 2025. Yo que tu, dejaría de molestar tanto mis nervios y me iría a joder animalitos.- antes de lo que espere le regresaba a Jenny la pagina definitiva.
Y pensar en lo que tendría que hacer el resto de la tarde.
-Odio cuando me tratas como una niña y pones todo antes que tu familia.- bufe en la línea.
-Y yo odio cuando tratas de sonar como mamá en la cenas de navidad con el Gobernador. No seas infantil Alice, que por eso te sigo tratando como una niña. Voy a colgar, esta conversación perdió sentido hace un buen rato.
-Luego de ir a buscar mis estúpidas flores, nos veremos en el bar de siempre en el muelle, con algunas amigas, para descansar de la jornada de hoy. Es viernes y amas salir, no me dejes plantada en esa también.- presiono mi hermanita.
Podía matarla sin problema alguno. Ser asesina no me quedaría nada mal en el record criminal.
-Tal vez, tengo planes.
-¿Tan rápido le encontraste sustituto a Mike? Sé que era un idiota pero podrías disimular un poco, la gente no va a verlo nada bien.- su voz se hizo un poco más baja y chillona.
Se sintió como escuchar a mi madre hablar, luego que llegaba a casa de alguna fiesta con los tacones en mano y pasada de tragos.
-Me sabe mucho a mierda como lo vea la gente, además, no se trata de nadie nuevo. Rose va a estar de paso por la ciudad y quería verla.- no sé ni para qué coño le explique.
Podía hacer lo que me diera la gana con mi vida.
-Oh eso es fantástico. Podrías venir con ella entonces, sabes que siempre la adore. Me encantaría verla un rato.- gruñí.
Una de las cosas que siempre había odiado de la existencia de Alice, es que ella siempre estaba en todo lo que era mío. En mi cuarto, en mis eventos, en mis cumpleaños, quería ser amiga de mis amigos, quería salir con los chicos con los que yo lo hacía, ir a las fiestas de mi círculo, colarse a mis clases y demás. Lo peor de todo, era que al final de la noche, yo era una regalada y una inmoral y ella levantaba su cola y se alejaba de la rebelde Isabella, que estaba llevando a su hermanita por el mal camino.
Tamaño estrés representaba Alice, siempre.
-Si claro, esperare estar con ella a ver que quiere hacer.- y con eso, sin darle demasiado tiempo a pensarlo, le colgué el teléfono.
Despedirme de ella hubiese derivado en una hora más de llamada.
-¿Lista?- continuo Jenny jodiendome. Asentí con la cabeza y me levante de mi silla, estirando la tela de mi vestido crema de hoy. Los tacones me habían jodido la vida todo el dia, pero a las tres de la tarde, cuando quedaban un par de horas de jornada de trabajo, no los abandonaría.
Justo cuando iba a abandonar la oficina, para dirigirme a la reunión de edición de la tarde de hoy, mi extensión volvió a sonar.
-Por todos los santos, que se dispare la contestadora.- tranquilice a mi secretaria, indicándole que saliéramos al fin. Teníamos un aproximado de 20 minutos de retraso en la reunión, por lo que me habían terminado enviando el trabajo que se realiza en la reunión hasta la oficina.
Si tu no vas al trabajo, el viene a ti.
La reunión se había prolongado, por lo que agradecí ir a ver a Rose a las siete y media y no a las seis, cuando se supone que mi jornada de trabajo con reunión de producción, suele terminar.
Corrí por el estacionamiento, tratando de recordar el nombre del hotel donde se estaría hospedando Rose.
Rosalie Masen, había sido mi compañera de secundaria en su último periodo. Era hija de un empresario de la ciudad, que había fallecido hace algunos años de cáncer. Rose, una mujer imponente de un metro ochenta, sonrisa prefecta, ojos claros y cabello rubio, había enamorado toda la vida a todo el mundo. Siempre había sido comedida, estilizada, recatada y soñadora. Esperaba por el príncipe azul y se había enamorado como dos veces en su vida. Se jactaba de abrir las piernas solo después que le decían te amo.
Una vez que terminamos la secundaria, se había inscrito en la mejor agencia de modelos del país y al año siguiente, estaba concursando en el Miss Estados Unidos por el estado de California. Esta demás mencionar que había ganado la corona y luego de eso había quedado entre las cinco finalistas del Miss Universo.
Luego de ese acertado triunfo a los 19 años, le sobraba madurez, entereza, desarrollo y belleza para forjar una fructífera carrera en el mundo del modelaje. Se había dedicado a saltar de pasarela en pasarela en los últimos años, asentándose a veces en Francia e Inglaterra, siendo imagen de calzados, ropa y perfumes.
Cuando al fin el infernal tráfico me dejo llegar, eran casi las ocho de la noche y yo correteaba por la recepción del hotel, sonriéndole a las caras que me reconocían y tratando de alcanzar el ascensor que estaba a punto de cerrar sus puertas.
Logre entrar en el elevador a tiempo y me halle tocando la puerta de la habitación de Rose a eso de las ocho y cuarto, mientras jadeaba y maldecía los tacones que me había calzado esta mañana.
Eran unos tacones de gamuza marrones que amaba con el alma, pero no estaban hechos para esta clase de días ni retos.
-¡Bella!- si, Rose chillaba como Alice.
-Hola Rose.- me deje arrastrar por ella dentro de la habitación, en medio de un abrazo por el cuello.
Llevaba un vestido negro ceñido, hasta la rodilla y tacones rojos a juego con unos zarcillos colgantes. Su cabello estaba en un moño en lo alto de su cabeza.
De inmediato sentí que mi sencillo vestido beige, mi cabello suelto en estilo desordenado y mis zapatos marrones eran estúpidos.
-Estas hermosa Bella.- camino alrededor de mí, describiendo un círculo perfecto.
-Y qué decir de ti Rose.- camine hasta la salita de la suite, dejándome caer en el primer sillón que encontré.- Estoy agotada, hoy fue horrible.- traquee mi cuello.
-No lo dudo, amiga, tienes mucha pinta que así fuera.- contrario a como seguro me veía yo, Rose estaba impecable, con un maquillaje ligero y sin ninguna ojera en su vida.
Era putamente perfecta.
-Tanto trabajo por hacer, cada vez es más demandante sacar una edición mensual. Es una locura. A veces se me agotan las ideas.- se sentó a mi lado, sobando mi brazo.
-Yo apenas llegue esta mañana y lo primero que hice fue dormir. Toda la tarde durmiendo entre estas cuatro paredes, era lo que necesitaba
-Soy una idiota, siquiera te pregunte como estabas y como habías llegado.- ella solo sonrió.
-Tranquila, me adelante y te conté. Todo bien, el vuelo fue largo y sin descansar nada. Había una pequeña congregación de mi club de fans en el aeropuerto esperando por mí. Fue muy lindo, me dieron algunos obsequios.- señalo la mesa frente a mí, llena de peluches y rosas en jarrones.- Y hable con mi mamá temprano. Está de viaje por el interior del país con su nuevo esposo así que estoy sola en la ciudad.- me recosté de su hombro.
-Sola no, estás conmigo y un millón de personas que querrán bailar con la ex Miss Estados Unidos en alguna discoteca.- ella rodo los ojos.
-Tu plan suena fantástico, pero no tengo demasiados ánimos de rodearme de un montón de gente sudorosa y calenturienta.- bufe nada más escuchar sus términos.
-¿"Calenturienta"? Vamos Rose, suenas a mi madre.
-No hay otra forma de llamar a esas personas moviéndose unos contra otros.- continuo, muy digna.
-Tu amiga es una de esas personas muchas veces. Me ofendes.
-¿Sabes que suena mejor? Una cena agradable en un bonito restaurant, o tal vez aquí en el del hotel, y luego subir a tomar algo aquí en la habitación.- sonrió de oreja a oreja.
-¿Y luego follamos? Eso sonó a propuesta de viejo calenturiento.- exagere la voz al decir esto.
-Bueno, entonces unos tragos en el bar, ver gente nueva, tal vez conocer a alguien.- la frene de inmediato.
-¿Estas hablado de flirtear con alguien? La Miss Estados Unidos, la chica modelo, la que la persiguen los hombres, ¿quiere buscar a alguien?- la moleste.
-Odio cuando te pones en ese plan.- se levanto, caminando por la habitación.
-Oye, no era en serio.
Me sorprendió su reacción. Siempre habíamos bromeado con sus excelentes modales y sus ideales maravillosos sobre la vida. Había sido educada como una princesita y para eso se comportaba día y noche.
Rose me ocultaba algo.
-Sí, supongo que es inútil que sea tan exagerada al respecto.- se escondió de mi unos minutos, antes de sonreírme de nuevo, con es típica sonrisa de concurso de belleza que compraba todas las coronas menos mi conciencia.
-Vale, te rompieron el corazón ¿correcto?- la seguí, mientras ella se refugiaba contra el gran ventanal de la habitación.
-No podían romper algo que no sabía que tenían entre las manos.- subí la ceja izquierda, completamente perdida.- No hubo "te amo" previo.- la mire con los ojos como platos.
-¿Te acostaste con él y ya?
-Nos conocimos en un coctel de la compañía con la que estoy trabajando ahora. Era un inversionista, un hombre hermoso, joven, perfecto. Bien vestido, perfumado y maravilloso. Todo el mundo tiene sexo casual y el estaba descontrolando mis hormonas.- se puso colorada nada mas explicarme eso.
-¿Follaste con un desconocido?- me deje caer en la cama, impactada con lo que oía.
Estaba hablando con la chica que perdió su virginidad a los 20, con su novio después de tres años, en un hotel de lujo, entre pétalos de rosas y demás.
Esto no podía ser cierto.
-Técnicamente no es un desconocido. Se su nombre, en donde trabaja, es americano pero estaba de paso en Paris esa noche para el coctel, porque financia la obra benéfica en torno a la cual era la cena. Compartimos algunos bailes, información, me sonrió mucho y termine en su habitación de hotel. Se llama Emmet Cullen.- cubrí mi rostro con ambas manos.
Rose se había revolcado nada más y nada menos que con el hermano mayor de Edward, el beisbolista más espectacular que había parido la bendita tierra.
-Entonces, te acostaste con él, te tenía las hormonas revolucionadas y te lo dejaste meter. ¿Luego?
-Luego él se vistió, me dio un beso, me dijo que era maravillosa y hermosa. Dijo que me llamaría cuando estuviera en Paris para volver a vernos y se largo.- me reí.- ¿Dije algo gracioso?
-No, para nada. Lo único gracioso aquí, es tu tono de indignada ante algo supremamente normal. No eran una pareja, no salieron en una cita ni te dejo plantada. Follaron como dos conejos en celo, en un momento de pasión desenfrenada. Emmet no tiene una relación seria hace años.-le conteste, mientras su rostro cambiaba en muchos tonos de rojo.
-Es estúpido, lo sé. Yo no nací para jugar a los adultos maduros. A penas me abrazo, yo sentí la conexión. Yo se que tu no crees en el amor a primera vista, pero literalmente así fue.- respire profundo.
-Rose, no puedes enamorarte del hombre con el que follaste ocasionalmente en una ciudad extranjera. Era el escenario perfecto para un polvo. No estaban ni cerca de su ambiente de costumbre, estaban de paso, en un hotel, con algunos tragos encima. Te levantas, te vistes, le robas un último beso y sigues con tu vida.
-¿Cómo sabes que hace años que no tiene una relación seria?- sorbió su nariz de una manera poco diplomática.
-Es el hermano de un conocido beisbolista local. Además, es un empresario respetable y una mini celebridad en el país. Me lo he cruzado una que otra vez en algunas reuniones.- sus ojos se abrieron como platos.- Relájate, nunca me he acostado con el.- acalle la línea de pensamientos que comenzaba en su cerebro.
-No sé ni porque pierdo el tiempo conversando de esto, es estúpido. ¿Cómo te pueden romper el corazón si ni siquiera era parte del juego?- se sentó a mi lado en la cama.
-Rose, tú no eres de esas. No estás hecha para las relaciones ocasionales, el sexo a mitad de la noche, y las huidas rápidas. Para los cuartos de hotel con olor a sexo y no a amor. No te des golpes de pecho, no es tu culpa. Se te pasara. El amor solo sobrevive mientras se alimente. Es prácticamente imposible que se alimente algo con una persona que Dios sabe donde está ahora. Solo, procura no volver a acostarte con él si vuelven a coincidir en Paris, a menos que estés completamente segura que una vez que acaben, se largaran a lugares opuestos.
-No puedo creer que esté recibiendo consejos sobre esto. Siempre me ha parecido de lo más…estéril.- le sonreí.
-No hay amor para todos en el mundo. A veces, hay que consolar algunas necesidades y luego ver si alcanza para sentir con el corazón.- la consolé.
-Comamos algo.- se puso de pie, extendiéndome la mano.
Nos escabullimos entre los pasillos hasta el restaurant del hotel, recibiendo una mesa con relativa rapidez por andar con Rose. Nos sentamos a comer, sushi para matar el antojo y a cotorrear sobre Europa.
No volvimos a mencionar su desafortunado encuentro con la realidad.
-Es estúpido porque tenían una obsesión acarreada con esa prenda, y al final, a nadie le importo cuando salió. No hicieron ni un comentario, positivo o negativo, respecto a ella luego del desfile. Me hicieron adelgazar dos semanas antes, rezarle casi que a Dios para poder modelarla, y no fue ni siquiera la favorita de la colección.- parloteaba mi amiga animada.
-Bueno, los fetiches aun siguen existiendo. Tal vez fue una idea que tuvo el diseñador luego de orgasmo genial.- mi amiga rodo los ojos.
-Hola Bella.- levante mi vista de mi espectacular muse de chocolate, hacia la voz masculina que me saludaba.- Buenas noches.- me atragante nada mas observar al amor de mi vida, con una camisa manga larga negra, arremangada y mostrando esos hermosos ante brazos, mirándome fijamente.
-Edward, buenas noches.- hice el ademan de ponerme de pie para saludarlo, pero acerco su rostro a mí, sonriente. Dejo un beso en mi mejilla y rastros de su perfume.
Dios me diera sabiduría.
-Buenas noches.- le sonrió con gran interés a Rose, que estaba embobada mirándolo. El efecto Edward al ataque.
-Oh si, buenas noches. Soy Rosalie, una amiga de Bella.- le tendió la mano a Edward.
-Me temo que ya se quién eres.- ella asintió frenéticamente.
¿Qué coño le pasaba a Rose?
-Seguramente me reconociste.- continuo ella risueña.
-A parte de lo obvio, ese de allá.- señalo al fondo del restaurant. Seguí su vista, encontrándome con la mirada penetrante de su hermano mayor.- Me comento de ti. ¿Sabes? El esta pensando en si venir hasta aquí por ti, o no. Por aquello de que no llamo de nuevo, no sabe si lo recuerdes.- Rose se puso de todos colores, y Edward solo sonrió.- Le diré que venga el mismo a hacer su trabajo sucio, mi misión de reconocimiento está terminada.- me reí.
-Otra misión exitosa.- le comente.
-Eso parece.- me guiño un ojo y desapareció, siendo remplazado por el grandulón de su hermano de 30 años.
-¿Saben que hare yo? Voy a ir a medir la distancia en millas náuticas de aquí al baño. No se preocupen por mí, será una misión de riesgo pero voy a sobrevivir.- Emmet solo me sonrió, después de reconocerme y asintió con la cabeza.
-Creemos en ti Bella.- susurro, ocupando la silla que yo había dejado vacía.
Rose me miro por sobre él y me hizo señas de que no la dejara. Le dije entre labios que la esperaría en la habitación media hora más. Si no llegaba, me largaba a dormir.
Camine por la estancia, pasándole por el lado a la mesa que ahora solo ocupaba Edward. Este estaba concentrado en no sé qué cosa en su teléfono, por lo que ni me moleste en hacerle seña alguna.
-Hey Bella.- me llamo la atención luego que casi llegaba a la puerta.
-¿Si?
-¿Por qué no terminas tu postre conmigo?- sonreí.
¿Contigo o encima de ti?
-Bueno, parece que lo deje por allá, en el circulo de tensión.- señale la mesa donde el par de tortolos conversaban, cada vez, uno más cerca del otro. Evitar que Rose le volviera a abrir las piernas, es como pedirle a la tierra que deje de girar.
-Pidamos uno nuevo. Seguro puedes con el.- levante mis cejas.
-¿Insinúas que estoy gorda?- negó con la cabeza, sonriendo.
-Para nada, esta perfecta.- asentí con la cabeza.
-Excelente respuesta.
Me senté en la silla que quedaba vacía, justo frente a él, y bajo la atenta mirada de la población femenina que consumía algo en la barra del bar, y esperaba el momento perfecto para atacar.
Caza fortunas que se apuesta en los hoteles los fines de semanas, listas a ver que encuentran.
Pedí el mismo muse que estaba comiendo en mi mesa, mientras Edward me miraba fijamente.
-¿Y bien?- decidí romper el silencio.- ¿Cómo va la temporada?- fue lo primero que se me ocurrió.
-Parece que bien. Tú sabes, depende de la editorial que leas, el equipo está en quiebra, o teniendo su mejor año.- asentí con la cabeza.
-La industria y sus cosas.
-Siempre confusa. Ahora mismo aplastan mi cráneo con los entrenamientos, pero todo sea por el equipo.- le sonreí.
-El compromiso ante todo.
-Supongo que sí. ¿Cómo va la boda de Alice?- rodé lo ojos.
-¿Recibiste tu invitación?- él se rio.
-Pensé que sería trabajo de otro sentarse a confirmar la asistencia de 300 personas.
-¿Cómo sabes que son 300?- me alarme.
-Oh, solo saque el doble de lo que vi en la cena de tu padre, y lance el número. Parece que soy bueno para las predicciones.
-Creerme que no sé quien carajos va a llamar a 307 personas para preguntarles si irán a la boda, pero puedo jurarte que yo no soy. Eso de preguntarte por la invitación es más un formalismo con una realidad.- asintió.
-Bueno, nunca espere haber hecho tan buenas relaciones con tu familia en una cena como para ser invitado a la boda de Alice. Si se quien es tu familia, pero no espere que por la cena a la que me invitaron, me repitieran en la lista. Y pensar que cruce poca información con Alice.- divago.
-Alice es sorprendente cuando lo intenta. Además, mi papá te ha amado desde hace dos años cuando entraste en el equipo, no hacía falta muchas reuniones mas para que fueras su sueño hecho realidad.- estallo en carcajadas.
-Si no fue porque lo conocí en persona, tendría miedo de tu padre. ¿Alice también es fan o lo hizo por tu papá?
Ahora fue mi turno para reírme.
-¿Alice y deportes? Bueno, ella aun no reconoce la diferencia entre un gol y un cuadrangular.- abrió los ojos como platos.
-Vale, tu ganas, tu papá es el artífice de todo.
-Fue algo así como una amenaza. "No pondré un dólar para esa boda como el no esté allí" creo que menciono.- trate de imitar la voz de mi papá
-Tengo que decirte que jamás he leído tu revista, pero apuesto la vida a que es mejor que tu imitación del señor Swan.- me lleve la mano al pecho, falsamente ofendida.
-Hasta aquí ha llegado nuestra amistad Edward Cullen.- atravesó la mesa y sostuvo mi mano sobre esta.
-Vale, retiro lo dicho. Me retracto, lo que quieras.- sonrió de lado.
¿Lo que quieras? ¿Solo yo noto lo peligroso que suena eso?
-¿Sabes que hare? Conservare nuestra amistad, desde mi cama y entre mis almohadas. Me voy a dormir, día duro. Te dejo cuidando de aquellos dos, me rindo.- el asintió una sola vez, poniéndose de pie cuando yo lo hice.
¿Los caballeros no habían pasado de moda?
Se acerco a mí, abrazándome ligeramente por la cintura y dejo un beso en mi mejilla.
-Buenas noches Bella.- no me derretí porque soy una mujer adulta.
-Buenas noches.
Camine por el lugar, hasta pararme frente a la mesa que solía compartir con mi amiga.
-Rose, me largo. No me caigo del sueño porque es imposible.- ni siquiera había notado que Edward venia tras de mí.
-Yo aun no estoy lista para irme.- rodé lo ojos.
-Y no tienes por qué estarlo, no vives conmigo.- mire a Emmet.- ¿No seas un idiota, si?- el solo me sonrió.- Te conozco Emmet Cullen, ser idiota te sale mejor que los negocios. Es mi amiga, inténtalo, por mi.
-Lo prometo.- susurro, mirándola intensamente.
El amor andaba en el aire y yo tenía ganas de vomitar.
-Como sea. Antes de irte, recuérdale al mesonero a nombre de quien cargara la cuenta de hoy, más un muse que me comí por aquella mesa. Técnicamente ya esta paga así que ni te preocupes por ello. Cordura Rose.- le sobe la cabeza.
-La comida de esta mesa y la mía, corren por mi cuenta, con todo y el muse de chocolate.- intervino Edward.
Rodé los ojos. Gestos de macho alfa inútiles.
-Está bien Edward, puedo pagar mi comida.- el asintió.
-Y yo la mía, sin embargo escojo pagar ambas. No lo discutas, solo di gracias.-suspire.
-Woof.- simule a un perro, poniendo mis manos delante de mi.- A sus ordenes amo.- sus ojos brillaron.
-Te puedo asegurar que este es el menor contexto donde te quiero escuchar decir eso.- susurro solo para nosotros.
Mi corazón se disparo. Lo que yo necesitaba justamente, un hombre con tendencias sadomasoquistas.
-¿A lo Christian Grey?- le pregunte.
-Ni tanto. Con amarrar a la cama tengo, lo demás son límites infranqueables. Soy tradicional.- me guiño un ojo.
Me estoy haciendo insinuaciones con el hombre más sexy de San Francisco.
-Me largo.- pase por su lado, sintiendo su aroma y percibiendo la sonrisa que se dibujaba en su rostro.
Dormir, eso era lo que tenía que hacer. Dormir.
Regrese con esta historia. Hace mucho que no la actualizaba, pero mi vida dio un giro completo. Me gradué de bachiller, después de cinco años maravillosos y largos. Cinco años que me enseñaron el valor del esfuerzo, de las amistades y vivir en carne propia el dolor de dejar a quienes amas. Este capítulo está dedicado a mis compañeros, a mi amada Promo VII, Clase 2013, mis compañeros incondicionales.
Ademas de todo esto, mi vida cambio algo. Pase por algunos días difíciles y ahora estoy aquí de regreso. Lo que no te mata te hace mas fuerte, siempre.
Bueno, espero que les guste el capitulo. Muchos se pueden preguntar que tiene que ver todo esto con la idea original de la historia, pero debemos conocer a fondo como es la vida de Bella y su manera de hacer las cosas antes de cambiarle la vida para siempre.
Sin mas que agregar. Comentarios? Gracias!
