Oía la historia Marinette aún, algo entristecida por la situación de Alfonso. Obviamente sentía pena de que ese muchacho estuviera obligado a hacer tantas cosas que odiaba por su horrible padre. Además de ello también se había quedado impresionada con el heroico acto de Catarina de liberar a unos toros de ser asesinados.

-Me he quedado bastante impresionada con todo esto Tikki...-Comentaba la adolescente a su kwami mientras hacían un alto para descansar.-A ellos sí que les pasaban cosas graves...

-Pues sí, y eso solo es el principio.-Contestaba Tikki.

-En serio, tengo entendido que en esa época era muy difícil que ese tipo de actividades no le gustase a alguien, y que Catarina se la haya jugado tanto con cuatro toros enormes ha sido espectacular.

-Ella era muy decidida y quizá no era tan precavida como tú, pero sus métodos que eran muy directos y brutos normalmente daban buen resultado, es lo raro.

-Un cosa... Eso que hizo Gato de dejarla sola... No sé exactamente qué pensar, porque lo hizo para no llevarse una bronca, pero también se iba a llevar una de todas maneras, podía haberla ayudado.

-Estando en la situación por la que ha pasado él es muy difícil tomar una decisión correcta, Marinette, y más hace técnicamente un siglo...

-Lo entiendo, bueno, Alfonso no parece muy mala persona, espero que Maricarmen se diera cuenta de ello.

-Lamentablemente no te puedo hacer un spoiler, pero por supuesto que se da cuenta... Voy a seguir.

Narra Tikki:

Alfonso después de volver a su habitación como Gato comprobó que la puerta siguiera cerrada con el cerrojo, y por suerte estaba cerrada y nadie parecía haberse enterado de que se había ido durante unas horas. Si que debía quererle su padre como para que no se hubiera dado cuenta de que no estaba.
Se puso el pijama tranquilamente y luego se metió en su extensa cama de sábanas granates, pues era algo tarde y pretendía dormir y olvidarse de lo malo que le había pasado hoy y le esperaba dentro de poco. Estaba tan presionado y tan deprimido por dentro que había pensado en suicidarse... Pero no lo hizo, pues solo tenía una única cosa que le hacía querer seguir adelante: María del Carmen... Y esa noche ella le prometió que le daría una oportunidad. Lo malo era que precisamente en ese instante recordó que estaba castigado y no iría más a clase. ¿Por qué le tenía que pasar esto a él? Siempre podía ir a verla como si fuera Gato Negro, sin embargo su otra parte no la llegaría a conocer del todo, y eso enfadaba bastante al chico. Tendría que obedecer a su padre si quería volver a ese colegio, pues ya en un principio le había costado bastante convencerlo para ingresar en él, pues era rico y su institutriz le enseñaba en casa como todos los ricos, sin embargo Alfonso deseaba relacionarse y tener amigos. ¿Te suena, verdad?

Se durmió por esa noche, después de haber estado pensando en que casi logra besar a la chica de sus sueños si no fuese por la interrupción tan desafortunada de su padre. Quería haberlo hecho, pero a su parecer, con haberla visto y haber estado un rato con ella se sentía más que satisfecho, y haría lo que fuera para hablar con ella siendo Alfonso.

En la habitación de Maricarmen, cuando Gato se fue y ella dejó de hablar con su padre se echó en su cama y se puso a contarme con detalles lo que pasó, y a decirme como loca que no se podía creer que Gato Negro quisiera besarla. Parecía que iba más en serio que cuando era Catarina, y no sabía que pensar. Yo opinaba que era un tanto picaflor, osea que le gustaba seducir a las chicas, aunque debo decir que me equivocaba, y en ese momento no lo sabía.

-Ha sido una noche muy rara.-Me contaba ella, tras deshacerse el moño, dejando las pinzas con las que se lo recogía en la mesilla de noche.-Primero me roba y luego me intenta besar... ¿Qué le estará pasando como para que haga cosas tan raras?

-No estoy muy segura,-Contestaba pensativa.-quizá está estresado y no puede con sus dos identidades, o bien su familia puede estar pasando un mal momento y de ahí que pase hambre.

-Sí, es verdad... Me da mucha pena... Aunque también me extrañó que me recomendara hablar con Alfonso. Se que Gato es bueno y le gusta que no haya problemas innecesarios, pero esta vez, sabiendo que ese chico es torero o un intento de ello... No sé, tampoco sé nada acerca de lo que opina Gato de todo ese tema...

-Te estás alborotando mucho la cabeza, ¡solo piensa en que ha querido besarte! Yo opino que estaba por allí solo para verte porque le gustas.

-¡¿Qué?! P-pero qué dices...-Maricarmen se puso bastante roja.-¿Por qué iba a venir a verme a mi? Soy una pueblerina cualquiera, no creo que para él yo sea alguien.

-No te precipites, quizá puedes intentar sacarle cosas siendo Catarina, es probable que siendo ella él se abra a ti y te cuente lo que le pasa o qué piensa de ti como Maricarmen, pero obviamente no le digas tu identidad...

-Claro que no voy a decirle quien soy, aunque... podría preguntárselo a él... Porque tengo mucha curiosidad por saber quién es en realidad, no puedo enamorarme de alguien que no sé quien es.

-Eso es cierto, pero me temo que tenéis que descubrirlo vosotros mismos y no sonsacároslo a malas, eso podría romper vuestra unión como equipo de héroes y puede acabar todo en una tragedia, es un consejo que te doy, porque ya lo he vivido antes, no es aconsejable que una mariquita se pelee con un gato negro...

-Vale, identidades a parte, no creo que sea buena idea si hablo con él sobre amor, ya lo intenté antes y me desviaba el tema.

-Entonces creo que es mejor que hagas que confíe en ti como Catarina, puede que así de acabe diciendo algo.

-Sí...

Había visto muchísimas veces a lo largo de mi vida todo tipo de situaciones del cuadrado amoroso, pero nunca bajo ninguna excepción podía interferir en él, pues tarde o temprano Plagg me encontraba a escondidas de nuestros portadores y me contaba quien era su humano, dejándome a mi con la culpa de saberlo todo y no poder contárselo a la chica que me tocaba...

Intervención:

-Un momento, ¿cuadrado amoroso?-Preguntaba Marinette.-¿Eso ocurre siempre?

-Sí...-Contestó Tikki, aunque cuando se dio cuenta de que ella le iba a pillar intentó hablar de otra cosa.-Bueno... No siempre ocurría... Muchas veces se enamoraban de otros y no acabaron juntos, se empezaban a odiar por diversos motivos o bien conocían a otros portadores de miraculous y se enamoraban... La vida da muchas vueltas...

-Supongo que es normal, no todas las personas coinciden en el amor... Ahora me siento mal por Chat Noir...

-Como he dicho: la vida da muchos giros inesperados, así que no te precipites. Vamos a continuar.

Volviendo a narrar Tikki:

Maricarmen se acabó durmiendo, también ocupando su mente con el posible beso que podía haberse dado con Gato Negro. Realmente en ese momento estaba petrificada y no hubiera sabido reaccionar, pues recuerdo que muchas cosas en esa época eran distintas a esta, y desde luego los jóvenes no se pervertían desde tan pronto como ahora. Mari a veces tenía alguna que otra fantasía, ¡pero no pienses mal! Con fantasía me refiero a imaginarse que el Gato la subía en un caballo y se la llevaba cabalgando por la playa... y después tenían seis hijos. No me voy a meter ahora en el terreno de la educación sexual que recibía esta gente, pero el caso es que Mari tenía mucha imaginación para el romanticismo, y Gato Negro siempre era el protagonista de sus fantasías románticas. Y sí, lo sé porque me contaba absolutamente todo, aunque a veces pensaba que se guardaba las cosas fuertes para ella, porque solo me contaba cosas románticas pero más de una vez se había despertado algo sonrojada...

Pasó al fin la noche, ya era sábado y Maricarmen se levantó a las ocho de la mañana. Desayunó, se peinó y se vistió y luego fue a casa de Alba para devolverle el vestido. Por desgracia ella no estaba en su casa y se lo tuvo que dar a su madre, quien le dijo a Mari que se había ido a la oficina de su padre a ayudarle con el periódico que salía esa mañana. La adolescente le dio las gracias a la madre de su amiga y se marchó a dar un paseo y de paso hacer unos cuantos recados que su padre le encargó.

En la hacienda Avilés también despertaba Alfonso a las ocho y media gracias a que alguien llamó a su puerta repetidas veces diciendo su nombre, y por supuesto era la institutriz, claro. El chico se despertó, se estiró y se encontró a Plagg sobrevolándole, mirándole algo raro.

-Eh... Buenos días, Plagg, ¿ocurre algo?-Decía este, aún adormilado.

-Vaya, desde luego que son buenos días para ti...-Plagg le señaló la entrepierna y Alfonso al mirarse vio que estaba un tanto erecto bajo las finas sábanas que usaba en ese tiempo. Tal y como Plagg me contó, eso no solía pasarle casi nunca, y bueno, es un adolescente, es completamente normal que le pase alguna vez que otra, es biología...

-¡Ah!-Exclamó avergonzado incorporándose de golpe mientras cogía un cojín y se tapaba la entrepierna con él, aunque llamaron más a la puerta con impaciencia.

-¡Alfonso!-Exclamaba Natalia aún tras la puerta.-¿Estás despierto?

-¡S-sí! ¿Pasa algo?-Decía en voz alta el chico, de los nervios mientras se levantaba manteniendo el cojín sobre su desafortunada erección.

-Sí, los marqueses de Burgos están viniendo, tú padre ha dicho que te duches y te arregles lo mejor posible para recibir a Carla, tu futura esposa.

-¿Para eso sí puedo salir?

-Claro que no. Tu padre se quedará en la planta baja charlando con ellos y tú estarás aquí con ella, sin salir.

-Vale...-Alfonso dio un gruñido, lo que menos le apetecía era que una irritable chica entrara a su cuarto.

Se oyó a Natalia irse y entonces él dio un suspiro de resignación y miró a Plagg, que pedía explicaciones todavía con la mirada.

-Me da que eso de entre tus piernas humanas no es por esa tal Carla, ¿verdad?

-Ni de lejos... ¿Tú has visto a esa chica? Es más horrenda que un gorrino, la maquillan de arriba abajo para que no se note...

-¿Entonces a qué se debe?

-¿Tú que crees? No me hagas decirlo, lo sabes perfectamente...

-Se veía venir... Pero bueno, no quisiera saber lo que has soñado.

-Tampoco te lo iba a contar, es privado.

Se puso muy rojo mirando al suelo. Directamente se fue al cuarto de baño de su habitación y allí se duchó rápidamente con agua fría. En su casa poseían una red de cañerías para el agua, pero no salía caliente, y no le daba tiempo a usar el método de Maricarmen de ir calentando cacerolas con agua, de modo que tuvo que aguantarse, por suerte estaban casi en verano y hacía calor.

Iban de camino los marqueses a su cortijo en un carruaje de lo más lujoso que había. Estos vivían en Málaga, y solían ir a Sevilla para hacer negocios financieros con Juan Alberto, a parte de hablar sobre el matrimonio concertado de sus hijos, que pronto ambos cumplirían los dieciséis años y podrían casarse, y debían decidir dónde vivirían juntos.

Mientras tanto, Maricarmen estaba en el mercado comprando algunas verduras y otras cosas para la comida, y entonces, cuando iba por la calle con sus bolsas vio a Alba caminar a lo lejos con una libreta y un lápiz. La adolescente del moño fue hasta ella a paso rápido, aunque su amiga parecía tener prisa. Al acercarse Mari a ella pudo comprobar que estaba siguiendo a Milo, que iba delante de ella sin enterarse de nada. Se preguntaba por qué hacía tal cosa, o quizá era casualidad e iban en la misma dirección, pero conociendo a Alba tal y como la conocía, era probable que estuviera siguiendo a su compañero de colegio.

Maricarmen tenía que tener cuidado porque llevaba su compra en las manos y había gente por la calle comprando también, no podía dejar que tirasen sus bolsas al suelo o se le cayesen por accidente. Estuvo por un rato siguiendo a su amiga, sintiendo curiosidad por lo que hacía, y acabaron los tres adentrándose en unas callejuelas estrechas e irregulares por las que nadie solía transitar a esas horas. Milo de repente se quedó quieto al llegar a una plazoleta pequeña y allí se giró bruscamente con cara de enfado. Pilló a Alba, que seguía detrás suyo, aunque algo más cerca, y él se acercó a ella, cruzándose de brazos. Maricarmen se escondió a tiempo tras la esquina de un edificio y se quedó ahí, mirando a escondidas lo que ocurría.

-¿Se puede saber por qué me estás siguiendo?-Preguntó Milo, mosqueado.-¡Llevo notando tu presencia desde hace un buen rato!

-¡Tan solo quería saber qué andas tramando, pillastre!-Exclamó impactada Alba, quien se pensaba que era invisible como un detective profesional.

-¿De qué hablas? ¡Yo no he hecho nada!

-¡Quiero que me respondas algunas preguntas de vital importancia!

-Bueno... ¿Qué quieres saber?

-¿Cuál es exactamente tu relación con Alfonso Avilés?-Alba sacó su lápiz del bolsillo de su vestido y se preparó para apuntar.

-Eh... Es obvio que somos amigos y compañeros de clase...

-¿Cuánto le sueles ver fuera de clase?

-No mucho, él vive a las afueras y yo cerca de La Maestranza, ¿porqué?

-Porque sospecho que hacéis negocios y que eres una especie de administrador de sus cosas de torero botarate.

-¡Ni mucho menos señorita! Yo soy su amigo y lo máximo que hago es ayudarle con los deberes y acompañarle a sitios.

-Eres muy sospechoso... ¿Por casualidad no sabrás quién liberó a los toros de lidia, no?

-Por supuesto que no lo sé, yo estaba en la plaza esperando con mi familia.

-¡Ajá! ¡Entonces eres taurino! ¡Petimetre ovejo!

-No todo el mundo es tan raro como tú, ¿que tienes en contra de la tradición? So fresca aburguesada.

-¡¿Qué tienes tú en contra de la vida de un pobre animal?! ¡So guarro!

-¡Deja de insultarme!

-¡No! ¡Tú deja de mentir!-Alba le dio un golpe con su libreta en el hombro a Milo y este, enfadado agarró esta y se la tiró al suelo.-¡Oye! ¡Ahí hay información importante!

-Pues fastídiate, te lo mereces por venir y poner en duda mi humanidad y mi inteligencia.-Milo se dio la vuelta y siguió su camino sin querer hablar más con ella.-Si me disculpas, tengo quehaceres más importantes que charlar con una boba como tú.

Alba se quedó callada, mirando como se iba. Recogió del suelo su libreta y dio un suspiro, sin poder dejar de mirar a Milo hasta que este desapareció tras un recodo de una calle. Maricarmen lo había visto todo y entonces salió de su escondite para ir con su amiga, que pronto se dio cuenta y miró hacia ella.

-Alba... ¿Por qué acosas a Milo?-Preguntó sin más la de pelo negro.

-No le acosaba, solo quería saber qué trama con Alfonsito corridas locas.-Respondía Alba, que estaba visiblemente roja, y un tanto nerviosa.

-¿Estás cansada o algo? Parecer tener algo de bochorno.

-¡N-no! Para nada... ¿Te ayudo con esas bolsas?

-Bueno...

Mari le dio una bolsa a Alba y luego fueron a su casa de vuelta, tenían algunas cosas que contarse, aunque la del moño no sabía si contarle a su compañera lo que sucedió con Gato Negro por la noche, podría ser algo que se guardase para ella, a pesar de que esta ya sabía el amor que ella sentía por el superhéroe.

Volviendo a Alfonso, este ya se había relajado de su raro despertar y se había vestido, peinado e incluso perfumado por petición de su padre para esa ocasión. Pensaba el pobre que no tendría escapatoria si tenían que permanecer en su habitación, pero debía aguantarse, solo por ese momento, en lo que pensaba bien la idea de escaparse en serio siendo Gato.
Los marqueses ya habían llegado al cortijo de los Avilés y entraron por la puerta siendo recibidos por Juan Alberto. El marqués se llamaba Andrés Burgos y su mujer Isabel Alamedo, y ellos iban también junto a su hija Carla, quien llevaba un elegante vestido malva y rosa muy pomposo, aunque con un escote algo escandaloso para una quinceañera del siglo diecinueve, aunque claro, ella era rica, podía hacer lo que quisiera porque sus padres se lo permitían. Ese día precisamente iba así vestida para seducir a su prometido, no iba a cortarse un pelo con él. Carla era rubia, recogía su pelo en una coleta rizada y tenía un tocado violeta con volantes sobre la cabeza. Ella directamente fue a buscar a Alfonso a su cuarto mientras los adultos se quedaban hablando en el salón.
El chico rubio esperaba muy nervioso sentado en su cama ya hecha, le habían hecho recoger bien todo su cuarto y ventilarlo para recibir a Carla, así que así lo hizo, aunque la bandeja con su cena aún sin tocar estaba sobre su escritorio, algo descompuesta por el calor, y no sabía que hacer con ella. Alfonso no había ni desayunado, nadie se molestó en llevarle el desayuno, era como si estuviese en una cárcel.
De pronto sonó la puerta, y una voz chillona se oyó fuera:

-¡Alfonsiiitooooo!-Gritaron, y él supo rápidamente que se trataba de ella. Se levantó de la cama y caminó hasta la puerta, quitando el cerrojo y abriéndola. Vio a Carla con una extrema cara de felicidad, frente a la suya, que era de indiferencia. Al ver a su prometido se le tiró encima y le abrazó fuertemente, metiéndole de golpe en la habitación con ella mientras cerraba la puerta con el pie. Alfonso, asustado se intentó apartar de ella, y cuando lo logró la miró.

-Hola Carla...-Dijo intentando fingir alegría.

-¡¿Te han dado ya la noticia?! ¡Vamos a casarnos! ¡¿No es maravilloso?!

-Eh... No estoy seguro de ello...

-¿Cómo que no? Somos amigos de la infancia... ¡Oh, espera, he traído algo para ti! Siéntate en la cama, ahora vengo.

Alfonso la obedeció quedándose extrañado y a la vez angustiado, si tenía que casarse con esa se acabaría pegando un tiro. Plagg salió de debajo de la almohada y le miró riendo.

-Tenías razón, es un cardo borriquero esa niña.-Comentó.-Pero bueno, ha venido enseñando carne por ti.

-¿Qué dices? Eso es lo peor... Fijo que se cree que así puede... excitarme o algo así.

-No, si tu ya tienes otros métodos para eso...

-¡Cállate, que viene!-Bajaba la voz el rubio mientras su kwami se volvía a esconder donde podía para ver de cerca la conversación.

Carla entró de nuevo con una bandeja con un zumo, tostadas y unas pocas servilletas, y se aproximó a la mesita de noche de Alfonso, poniendo esta ahí.

-Te he traído el desayuno...-Decía, pero sin rodeos se subió en el regazo del adolescente y le rodeó el cuello con los brazos, quedando peligrosamente cerca de su cara.-Pero... aquí tienes tu entrante...-Ella intentó besarle, sin embargo Alfonso la agarró y la apartó, sentándola en la cama a su lado.

-¿Qué estás haciendo...?-Preguntó asustado el joven de ojos azules.

-Trato de romper el hielo... Si vamos a ser un matrimonio tendremos que... consumar.-Lentamente Carla llevó su mano hasta la entrepierna de Alfonso y sin preámbulos se la agarró. Este se sobresaltó bastante y la apartó bruscamente de nuevo, levantándose sobrecogido de su cama. La miró bastante mal y negó.

-¡No puedes hacer algo como eso así por las buenas!-Exclamó Alfonso.-¿Es que tú no ves esto muy precipitado? No hemos hablado nunca seriamente ni de ser pareja porque realmente dudo que nos gustemos.

-Pero... Tú a mi si que me gustas...Cariñito.-Empezó Carla a desabrocharse la cremallera de detrás del vestido como pudo y empezó a bajárselo para mostrarle los pechos sin tapujos a su futuro marido, pero este no aguantó más la desfachatez de la chica rubia y entonces se fue corriendo de su cuarto, yendo hacia el salón.

Interrumpió Alfonso en el salón siendo fulminado de nuevo por la mirada de su padre y la incrédula de los marqueses. Al chico se le veía agitado y nervioso, era obvio, habían estado apunto de violarle.

-Disculpen mi impertinencia, señores marqueses, pero su hija está intentando propasarse conmigo.-Dijo apurado Alfonso, a lo que Juan Alberto, intentando no ponerse excesivamente furioso, se levantó del sofá y le puso la mano en el hombro, apretándole fuertemente, aunque de manera imperceptible para los invitados.

-Hijo, deberías estar en tu cuarto, atendiendo a tu invitada.-Dijo apretando los dientes.

-Lo siento, padre, pero no me estoy sintiendo cómodo...

Carla bajó corriendo una vez se puso bien la ropa y miró a sus padres con preocupación.

-¡Mami, papi!-Chillaba un tanto enfadada.-¡Alfonso no quiere hacer el amor conmigo!

-Cariño, es que es muy pronto para eso...-Contestó el padre, que estaba sentado junto a su mujer en uno de los sofás marrones del salón.-Debes dejar que se acostumbre un poco.

-Pero oigan, yo no quiero hacer eso...-Casi iba a darle una taquicardia al adolescente, no se podía creer que hablasen de ese tema tan a la ligera.

-Nuestra hija es muy cariñosa, Alfonso.-Decía gentilmente la madre, con una sonrisa.-Ella deseaba desde hace un tiempo estar contigo, le gustas mucho. Y a nosotros nos gustarían mucho unos nietos rubitos y preciosos.

Alfonso se quedó en blanco, eso ya si que no lo podía consentir.

-¡Padre! ¡Diga algo!-Pedía el pobre Alfonso, al borde del colapso mirando a su padre muy angustiado.

-Quizá eso para cuando vivan juntos ellos dos.-Contestó seriamente Juan Alberto.-Hay mucho tiempo para eso, Isabel, aún tienen quince años.

-Tiene razón, querida.-Daba la razón Andrés, el marqués.-Mejor que dejen eso de los niños para después de casarse, que estén bien asentados y puedan llevar bien su familia.

-¡Pero yo quiero hacerlo con él!-Exigía con su chillona voz Carla, agarrando del brazo a Alfonso.-¡Me he reservado entera para ti y ahora quiero que me hagas una mujer!

-Hay algunos métodos para que no te quedes encinta,-Volvía a comentar su padre.-te los buscaré y los usarás con él para que podáis disfrutar sin consecuencias.

Alfonso se quitó a Carla de encima otra vez y miró mal a todos. Era surrealista todo para él y realmente le estaba agobiando todo eso, ¡él no quería destrozar su vida de esa manera!

-¡Yo no quiero nada de esto!-Gritó repentinamente el rubio.-¡Estoy harto de toda esta mugre! ¡Nadie piensa en mi felicidad! ¡No pienso casarme con alguien a quien no quiero ni de amiga!

Todo el mundo se quedó callado, Carla miró entristeciéndose a Alfonso, y entonces Isabel, la marquesa se levantó de su asiento y miró amenazante a Juan Alberto.

-Esta reunión se ha acabado Juan Alberto.-Dijo con una seriedad que antes no se le había visto.-Haga entrar en razón a su hijo. Si Carla no está contenta no habrá trato.

-Nos alojaremos en algún hotel de la zona,-También habló el marqués.-si su hijo cambia de opinión mándenos una carta y volveremos a reunirnos.

Andrés también se levantó, asintió y los dos se fueron, haciéndole un gesto a su hija para que les siguiera. En cuanto abandonaron la hacienda, Alfonso se fue corriendo y se encerró en su cuarto. Juan Alberto trató de tranquilizarse en vez de agarrar a su hijo y pegarle una paliza, que era de lo que realmente tenía ganas, pero se quedó en el salón bebiendo vino y Natalia llegó para tranquilizarle.

En el centro de la ciudad se encontraban Alba y Maricarmen paseando. Habían comprado unos pasteles, y se adentraron en un parque para sentarse en un banco a tomarlos tranquilamente. Cuando encontraron un asiento lo ocuparon y miraron a su alrededor, todo estaba tranquilo, había niños jugando a la pelota y adultos leyendo libros y periódicos o simplemente jugando con los niños, que serían sus hijos o cuidadores.
Alba miró hacia uno de los árboles que había frente a ellas y notó que había un papel grande con un dibujo de un flamenco rosa y sin nada más.

-¿Qué será eso?-Preguntó a Mari, señalando el papel.

-Podría ser propaganda de algún local nuevo o algo.-Contestó la del moño sin darle mucha importancia, pero su amiga se levantó y fue hasta el dibujo, mirándolo de cerca.-¿Alba?

-¡Me lo voy a llevar!-Exclamó sin más y le quitó el clavo que tenía guardándolo en su bolso.

-Pero, alguien lo habrá puesto ahí por algo, no te lo puedes llevar sin más.

-Si es propaganda seguro que hay más por los alrededores. ¡Busquemos! Si no encontramos nada lo volveré a poner en su sitio.

-Vamos a comernos los pasteles antes, no quiero que se echen a perder por el calor.

-Está bien, ¡pero después hay que investigar sobre esto!

Maricarmen se rió de ella y sacó los pastelillos de la bolsa en la que estaban y empezaron a comérselos tranquilamente. No lo sospechaban, pero ese dibujo y ese flamenco eran una señal de que un gran mal se acercaba, un serio reto al que tanto Catarina como Gato Negro tendrían que enfrentarse muy pronto para mantener Sevilla a salvo...

Intervención de Tikki:

-Y ahora es cuando va a aparecer alguien a poner las cosas más complicadas aún para Alfonso y Maricarmen, y sobre todo para los ciudadanos de Sevilla.-Terminaba de narrar por esa noche Tikki, mientras Marinette la miraba asombrada.

-¿Va a aparecer un villano como Hawk Moth?-Preguntaba la adolescente.-¡¿Es algún portador antiguo de su broche?!

-Tranquilízate, te explicaré más adelante, ahora es hora de dormir.

-En serio, se me hacen muy cortas las noches mientras me cuentas todo esto.

-No te preocupes, aún quedan muchas cosas que contar, pero es mejor que no te falten horas de descanso, te recuerdo que tú ahora eres la actual Ladybug y también tienes que acudir a clase.

-Vale, vale, pues me dormiré ya. ¡Buenas noches Tikki!

-Buenas noches Mari.

Las dos se durmieron por esa noche y ya al día siguiente continuarían con la historia.

Continuará!