Hola!
Estuve desaparecida, y me odian todos. Lo sé.
Gomen!
Para hacerles breve una larga historia, deben saber que asesiné a mi modem y a mi teclado, por lo que estuve sin PC propia y sin servicio de internet por dos días. Hina + libro + taza de café caliente + intento de hacer equilibrio : DESASTRE.
Espero me perdonen. Sepan que pagué caro (el dinero de las reparacionas + los sermones sobre ser más cuidadosa y blablabla... XS). Pero les prometo ponerme al corriente, empezando con Ever-Ever.
Por el día del Padre, que en muchos países se celebra este domingo.
Dedicado especialmente a mamá que (a pesar de los sermones XS), es el mejor padre que he podido tener.
(Y eso sonó taaaaan cursi). XD
Y para una persona a la que quiero mucho, que tiene una familia maravillosa y le fascinan los angsty con un fluffy final.
... Y para que me perdonen todos!!
Disclaimer: Naruto y toda su manchita de Konoha-citizens (y otras aldeas) no me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto-sama… T.T
-
-
-
Legado
-
-
"It doesn't matter who my father was, it matters who I remember he was".
(Anne Sexton)
-
Kakashi Hatake nunca quiso ser padre.
Nunca. En ningún momento de su vida pensó en siquiera sostener un bebé en brazos o que alguna voz tierna lo llamaría algún día entre susurros, acurrucado bajo montones de sábanas, papá.
Era algo que estaba fuera de su alcance, simplemente, fuera de los límites de lo que podía imaginar.
No porque era shinobi y la muerte, una amiga de largo tiempo (de esas que siempre recuerdas y que vienen a visitarte cuando menos la esperas… Cuando sólo queda aceptar su abrazo…), una amenaza constante que hacía parecer egoístas los deseos de tener una familia, hijos y risas, porque probablemente no los llegarías a disfrutar y porque los estabas condenando a crecer solos, a extrañarte.
Demasiados niños quedan huérfanos en las guerras, en la vida. Lo sabía demasiado bien.
No porque le molestaran los niños, o le resultaran extraños, aunque no podía negar que el ruido que hacían, los olores, la incertidumbre de no saber que están sintiendo o qué quieren expresar era algo que no le resultaba estimulante en absoluto y tampoco tenía muchas ganas de experimentar.
Él era ninja, entrenado para matar, espiar, engañar, proteger. Él era la razón pura, la lógica. Un libro, su mejor compañía y ninguna preocupación más allá de qué comer hoy, qué misión cumplir, cómo hacer bien las cosas un día más en su cabeza.
Y entonces aparecieron los chicos de su equipo. Naruto, Sasuke, Sakura.
Y entonces apareció Iruka. Su sonrisa, sus ojos, sus palabras.
Y entonces aparecieron esas cinco palabras.
Voy (vamos) a tener un hijo.
Ironías de la vida, de esas ante las que no sabes si llorar o reír.
Oh, Kami.
Kakashi Hatake nunca se vio a sí mismo como padre.
Y por eso, tuvo miedo.
No por el cambio que significaba para su vida ni por el qué dirán. Un embarazo sacaba a luz todos y cada uno de los encuentros que había tenido con Iruka, y su naturaleza íntima, pero eso era de lo de menos.
Temía.
Por el pequeño, o la pequeña, que no tenía la culpa de nada, pero que ya nacía con el estigma de ser un Hatake, de llevar parte de su sangre o, como él solía llamarlo, parte de la maldición.
Esta clase de cosas eran para gente como Iruka, que a la sola mención de un hijo ya lo amaba y que no podía ocultar que en medio de tantos sucesos inexplicables, inesperados, en medio de tanto miedo, sentía felicidad y deseo, esperanza.
Iruka, que estaba destinado a ser padre y a tomar manitas pequeñas entre las suyas para marcarles el camino. Iruka, que no lo obligaría a nada que no quisiera hacer, que podría llevar las cosas adelante solo, que no pensaría dos veces en borrarlo y en empezar de nuevo si le fallaba. Iruka, que no lo forzaría a nada porque era bueno, fuerte, orgulloso, pero sobretodo, porque en el fondo entendía. En el fondo lo entendía.
Y aceptaba.
Habría sido fácil caminar de frente e ignorar, olvidar. El niño o la niña nacería, crecería, tendría en el moreno todo lo que necesitara, sería feliz. Sería shinobi, o civil, sería lo que quisiera y estaría a salvo de todo lo que significaba ser suyo.
Iruka podía hacerlo. Iruka, que creció con sus padres juntos, que era todo un rol, todo un modelo. Eso pensaba.
Hasta que vio al moreno casi perdido y casi tan solitario, apoyando su frente sobre el ventanal de un consultorio del hospital (triste encuentro, donde su nerviosismo lo traicionó como nunca antes). Hasta que vio a Iruka, vientre ligeramente hinchado, peleando a muerte con sus propios pantalones, sus dedos temblando al no saber qué hacer.
Un vientre hinchado y allí dentro, vida. Pura, compleja, real. Por una vez, creaba vida y no muerte.
Déjame ayudarte. Mi padre me enseñó a coser cuando era chico, nunca sabes cuando puede ser realmente necesario en misiones...
Todo lo que quería decir, todas sus dudas, se disiparon en medio de bromas y comentarios destinados a provocar. Para hacer a Iruka reír. Para olvidar sus propias preocupaciones.
Kakashi Hatake nunca pensó que sería, alguna vez, buen padre.
¿Quién le podría enseñar?
Nunca había conocido cómo ser un buen hijo, ¿cómo podría cumplir el rol opuesto?
Nunca antes tuvo tiempo. Muy ocupado siendo buen ninja, buen genio, siendo admirado por todos para eso.
No siente que haya sido un buen hijo. No siente que haya tenido la oportunidad de serlo.
Gomen, okaasan, porque no te conocí y no te recuerdo. Gomen, otousan, porque te tuve a mi lado pero aún no te entiendo. Porque me enseñaste a ser shinobi pero sobretodo, porque quisiste hacer de mí una mejor persona y yo no lo comprendí a tiempo. Porque perdiste tu honor en nombre de la amistad, y luego decidiste dar tu vida en nombre de tu honor perdido y yo aún no te perdono pero (con los años, con los años trato) te comprendo.
Porque quería que estuvieras orgulloso de mí, como yo lo estoy de ti, pero no supe cómo y no supe apreciarlo en el momento.
… Eres un buen shinobi, Kakashi. Algún día cuidarás de Konoha con tus manos. Lo sé. Estoy orgulloso de ti…
… Recuerda que proteger a los que amas está antes de tu propia vida…
… Vive con honor, Kakashi…
… Kakashi…
Hay momentos en los que le gustaría retroceder en el tiempo. Decir las cosas que nunca dijo. Abrazar cuando aún podía hacerlo.
Kakashi Hatake nunca creyó que sería sencillo ser padre.
Menos por partida doble.
No con todos esos pañales y talcos, perfumes y jabones, ropas y más pañales que había que poner, llantos que comprender, enfermedades que velar, explicaciones que dar, travesuras por cubrir… No con todas las lecciones por enseñar y por aprender, no con las responsabilidades, no con adolescentes cuestionadores, peleas en medio del desayuno, chicos atrevidos y pequeñas manipuladoras que querían controlarte con una sola mirada tierna. Niñas a las que querías ver crecer con muchas ansias, solo para desear que vuelvan a ser tus bebes cuando lo hacían y las sentías cada vez más lejos de ti. Niños a los que tratabas de educar como quisieras que hubiera sido contigo, pero que escapaban de tu cuidado cuando menos lo esperabas y por mucho esfuerzo que pusieras, también terminaban heridos.
Algunas veces, él se pregunta todo esto.
Algunos momentos duros, como el de hoy.
- ¿Papá? ¿Estás enojado conmigo?
Kousen está cubierto de barro, raspones en sus rodillas, un moretón en la frente. Prueba de las veces que le dijeron que no debía jugar con los sellos explosivos y de lo fácil que le resultó hacer todo lo contrario. El tono de su voz es tan sincero, tan arrepentido. Kakashi no quiere (y no puede) mentirle.
- Sí, un poco. Contigo y con tu hermana. Sabes que no debiste hacerlo, sabes que ustedes dos en especial deben tener cuidado. Si tu chackra los hubiera activado todos, no habríamos podido hacer nada... Si no hubiera llegado a tiempo, no sé que hubiera pasado.
- Gomen, otousan.
El pequeño hace una reverencia pequeña con la cabeza, apretando las manos, y Kakashi descubre que está enojado con sus hijos pero más lo está consigo mismo.
No ha hecho las cosas bien, si los niños no son capaces de diferenciar, de entender cuándo su vida está en juego, cuándo una travesura ya no resulta graciosa. Estaba preocupado, nervioso, cuando vio el humo de la explosión y cuando los encontró, y no quiere vivir nunca más esa sensación fría. Como si le quitaran el aire de los pulmones de un solo golpe, como si le clavaran un cuchillo en el corazón. Mucho peor.
¡Bien!, hiciste un hermoso dibujo, Yuu-chan, ¡maravilloso!, excelente ejercicio, Kou-kun… Lo dice todo el tiempo. Está a su lado lo más que puede, pero de alguna manera no es suficiente. Nunca es suficiente.
¿Cómo? ¿Cómo puede hacerles entender que…?
Yuuki tiembla un poco en su sueño, su cabello ennegrecido por la explosión cubre su rostro moreno. Apoya su mejilla en el hombro de su padre e intenta acomodarse mejor en la silla de la sala de espera del hospital, pero es una tarea difícil.
Entonces, sucede.
Kousen se pone de pie para cederle el espacio a su hermana y la acomoda sobre el regazo de su padre, cubriéndola con la frazada. Sus rodillas siguen sangrando y tiemblan también, pero él se mantiene firme, parado, con una expresión firme en la mirada que no va con sus apenas cumplidos seis años.
- ¿Kousen?
- Yuu-chan estará más cómoda si puede dormir así.
- ¿Y tú?
- Puedo esperar de pie, otousan.
- ¿Por qué estás haciendo esto? Tú también estás herido.
- Porque…
- ¿Por qué ella es una niña? ¿Por eso?
- No… Es porque es mi hermana, 'tousan. Ella es mi hermana y yo… Yo la metí en esto, es mi culpa y yo no quiero que esté herida ni que estés enojado con nosotros… Es mi culpa y 'neesan no debería estar herida y yo soy el único con el que deberías estar enojado porque fue mi culpa… Porque no me di cuenta y por mi curiosidad lo olvidé… Olvidé que ser ninja significa proteger a los que quiero. 'Neesan necesita dormir, por eso, mis rodillas ya no importan más. Si Yuu-chan está bien, yo también. Porque la quiero.
Kousen está allí, derramando sus atolondradas palabras mezcladas con enormes lágrimas, con los ojos brillantes y rojos, enormes, y su cabello recogido en una coleta baja que le traen a Kakashi tantas sensaciones confusas y tantos recuerdos. Recuerdos de cuando un hombre de gran fuerza se arrodillaba para estar a su altura y acariciar sus cabellos, y decirle lo mucho que crecía, lo maravilloso que era, el orgullo que le daba ser su padre.
Sakumo. Kakashi. Kousen. Yuuki. Una barrera especial, una duda extra en el espejo del pasado. Las cosas que no hizo bien entonces, las que no reconoce en el presente, las que le impiden muchas veces actuar. Un límite, uno que él mismo se ha impuesto.
Mirando a su niño llorar por haber herido a su hermana sin intención, por haber desobedecido, Kakashi siente que esa distancia entre ellos no es tan larga ni tan pesada. Que ni siquiera existe.
- Kousen, ven acá.
El niño se limpia la carita con las manos y avanza hasta estar frente a frente. Kakashi lo mira y sabe que ha escuchado y ha dicho las mismas palabras tantas veces antes, pero que no tienen el mismo sabor jamás.
- Estoy orgulloso de ti. De verdad.
Le dice, le sonríe, sacude sus cabellos. Nunca antes se ha sentido tan sincero diciéndolo, porque no está orgulloso de él por ser un genio, por ser shinobi, por un logro o por un acontecimiento.
Está orgulloso de Kousen por ser Kousen. De Yuuki por ser Yuuki. Así de sencillo.
Está orgulloso porque es padre. Porque tiene hijos. Porque Kousen entendió algo que a él le tomó años. Porque, después de todo, no está haciendo las cosas tan mal y puede que, de alguna manera, alguien también se sienta orgulloso de ellos en ese momento.
Aún mirándolos de lejos.
- Vamos a pensar cómo le explicaremos a Iruka, ¿sí? Para no preocuparlo…
- Hai, 'tousan…
Brazos pequeños rodean su cuello y lágrimas se limpian empapando su máscara. Otra cabecita descansa en su regazo y la gente lo mira entre enternecida y extrañada. Ésta es la misma sala del hospital en la que reencontró a Iruka un mes después de recibir la noticia.
Éste es el lugar.
Y, como en ese tiempo, tiene otro descubrimiento.
Que nació para conocer a Iruka. Que nació para tener a Kousen y Yuuki, para protegerlos, para verlos sonreír. Que sin ellos, sin su familia, no estaría completo.
Que no es tan difícil ser padre.
- Maa, maa… Kou-kun, ya no llores… ¿No te he contado de esta ancianita que encontré en la calle un día y me pidió que la ayudara a llegar a su casa? ¿No? Entonces…
Y que, desde el principio hasta el final, estará orgulloso de serlo.
-
-- "No importa quién fue mi padre, lo que importa es quién yo recuerdo que fue." --
(Anne Sexton)
-
-
-
Sakumo-sama. Kakashi. Kousen. Yuuki.
No es que considere a Iruka una mamá y no un papá, por favor, no entiendan eso. Sólo quise centrar el día del padre en el peliplateado por su propio pasado difícil. El conflicto de ser un niño al que le obligaron a crecer tan rápido y que se quedó tan solo... El mes entero de desaparición en "Nueve".
Espero no haber pasado la barrera angsty, que la intención era un final fluffinoso!!
Kousen en realidad es bastante parecido a su abuelo. Esta vez Susuki-san me hizo el honor de dibujar a los chicos (versión adulta). Alerta para cardíacos, les va a encantar. XD
shi-nii. livejournal. com/ 22331.html
Gracias por leer! Que estén bien!
Recuerden que los review son LOVE. Las críticas constructivas también.
Kisses!
Hina
