Notas de traductor:
Uy, creo que me tardé un poco más en este capítulo…
Gracias a Dr. Patrick O A'Sakura, Adriana11, kasandra potter, DarySnape, Zywia, Adri, Keira Potter, toxica666, Waaleej, Erica, my dilema, Ellabl, Julia, Natasha Granger, Maeliza Malfoy, HeartSun y Aeren76 por comentar en el capítulo anterior.
Este va con dedicatoria para Waaleej, que resultó ser el review 50… :D
Disfruten…
Parte Cinco
Harry decidió confiar en sus instintos esa tarde. Dejó a Teddy con Malfoy, mientras iba a reunirse con Ron.
Cuando lo sugirió, los ojos de Malfoy se fijaron en él por largos momentos, pero la mano que se hallaba sobre la página de su nuevo diario estaba quieta. El silencio se agrandó entre ellos, hasta que Harry comenzó a parlotear para llenarlo.
—Bueno, solo si quieres. Teddy te adora y, aunque no me molesta llevarlo conmigo, será más rápido si me veo con Ron y luego regreso. Teddy se aburrirá, dado que lo veré en... bueno, un lugar poco amistoso con los niños. Suele meterse en problemas cuando está aburrido.
Afortunadamente, Malfoy comenzó a escribir, y le dio el diario para que Harry lo leyera. Parecía renuente a arrancar páginas del cuaderno que Teddy le había dado.
Claro que puedo cuidarlo mientras estás fuera. Gracias por pedírmelo. Sus ojos se encontraron con los de Harry de nuevo, y el "Gracias por confiar" estaba implícito. Al menos, Harry esperaba que fuera así.
El moreno casi suspiró de alivio. El lugar que Ron había escogido para reunirse no solo era el opuesto a "amistoso con los niños", sino que era potencialmente peligroso. De no haber sido por Malfoy, Harry habría llevado a Teddy a algún otro lado.
—¿Estás loco? —siseó Ron.
Harry negó con la cabeza.
—Teddy estará bien. Draco... Malfoy depende de mí para encontrar a su atacante, y posiblemente a los asesinos de sus padres. No dañará a Teddy. —Confiaba en sus palabras, a pesar de que un poco de duda lo invadía.
—Bueno, entonces acabemos con esto, para que puedas regresar a rescatar al niño —dijo Ron seriamente. Repasó con la mirada la bodega abandonada, nerviosamente, y luego sacó un paquete de su túnica—. Hice copias de los archivos que me pediste. No fue fácil y no solo me echarían del programa de aurores si alguien llega a enterarse, sino que también podríamos acabar en Azkabán.
Harry lo tomó y lo escondió de inmediato, en un bolsillo grande de su túnica. Sonrió.
—Gracias, Ron. Sabes que no te lo estaría pidiendo si...
—Si no pensaras que fuera importante —terminó Ron, y suspiró—. Lo sé, amigo. Pero, ¿Malfoy? ¿En serio?
Harry asintió y esperó no estar sonrojándose.
—Es solo que... Bueno, ya no tiene a nadie más.
Ron suspiró de nuevo y dijo entre dientes:
—Tal vez tendría a alguien si no fuera un imbécil. —Alzó la mano para evitar que Harry replicara—. No importa. Espero que encuentres algo útil ahí. A mí me pareció bastante rutinario.
—Es probable que yo no pueda hacer mucho. No soy auror y tengo un trabajo de tiempo completo con Teddy.
Ron bufó y rodó los ojos.
—Sí, como cuando eras un estudiante de tiempo completo en Hogwarts y, de algún modo, conseguiste acabar con Voldemort.
Ambos hombres sonrieron y Harry alzó la mano.
—Te debo una.
—¡La cobraré la siguiente vez que Hermione cocine pasteles de carne! —escuchó que Ron gritaba, mientras se desaparecía. Sin poder evitarlo, Harry se estremeció. Hermione no era mala cocinando, pero sus pasteles de carne pertenecían a una clase especial de "cosas incomibles".
Harry se apareció directo en su habitación y guardó los archivos en un cajón de su escritorio, antes de ir a buscar a Malfoy y Teddy. Los encontró en la habitación del niño, sentados de piernas cruzadas en el suelo. Teddy tenía una varita en la mano.
Harry se detuvo en la entrada, impresionado por la imagen. ¿Qué no Teddy era muy chico para una varita? Estuvo a punto de decirle algo, pero entonces Teddy pronunció con claridad dos palabras, y agitó la varita con un movimiento giratorio.
—¡Wingardium Leviosa!
Para sorpresa de Harry, una grulla de papel se elevó en el aire, temblando, como si la magia que la sostenía fuera apenas suficiente; pero, aun así, se elevó por un momento, y luego cayó al suelo cuando Teddy chilló.
—¡Lo hice! —gritó, poniéndose de pie de un salto y girando. Miró a Harry en su segundo giro—. Tío Harry, ¿lo viste?
—Sí, lo vi —dijo Harry; luego, miró a Malfoy, esperando respuestas. El rubio tuvo la decencia de apartar la mirada y poner una expresión culpable—. ¿Dónde conseguiste la varita? ¿Y cómo aprendiste ese hechizo?
Teddy rebotó en su lugar mientras Malfoy se ponía de pie. Teddy tomó un pedazo de papel y corrió a mostrárselo a Harry.
—¡Draco me dio la varita y luego escribió el hechizo y me enseñó cómo mover la varita! ¡Eso fue increíble! ¿Puedo hacerlo de nuevo?
A punto de recitar el Estatuto de Magia para Menores, Harry se sintió como un viejo aguafiestas. Era obvio que Teddy estaba emocionado. Harry recordaba cómo se había sentido él, cuando había hecho su primer hechizo. Era emocionante.
—Claro que puedes, Teddy. ¿Me dejas ver tu varita un momento, por favor?
Teddy alzó la varita y Harry la reconoció, sintiendo una descarga. Era la vieja varita de Malfoy. La varita que había usado en Hogwarts, la que Harry le había quitado en la mansión Malfoy, la noche en que habían sido capturados por mortífagos, la noche que Malfoy había negado ser capaz de reconocerlo.
La última vez que Harry había visto la varita, había estado guardada en una vieja caja para varita, arrumbada al fondo de su armario. Malfoy debió haber hecho una determinada búsqueda para encontrarla. Harry lo miró significativamente.
Malfoy lo miró también, con una expresión inocente cual ángel. Harry frunció los labios y supo que no podía confrontar al idiota enfrente de Teddy. Sin embargo, sí se preguntó qué era lo que Malfoy había estado buscando en las profundidades de su armario.
Harry le regresó la varita a Teddy.
—Muy linda, Teddy.
—¡Después me va a enseñar el Lumos! —dijo Teddy, para luego girar la cabeza para ver a Malfoy, como si temiera que el rubio hubiera cambiado de opinión al ver que Harry había descubierto la varita.
Malfoy asintió y Teddy dejó salir un emocionado chillido.
—¿Ahora?
Malfoy miró a Harry, quien se encogió de hombros. Suponía que no pasaría nada si dejaba que Malfoy le enseñara a Teddy algunos encantamientos simples. Y el ejercicio los mantendría ocupados a ambos, mientras Harry leía los archivos que Ron le había otorgado con tantas dificultades.
—¡Nada de hechizos peligrosos u oscuros! —advirtió Harry.
Malfoy se veía ofendido, pero Harry solo sonrió y asintió. Podía estar dispuesto a confiar en el Slytherin, pero no era estúpido. Al menos, esperaba no serlo. Dejándolos para que trabajaran con los hechizos, Harry giró y regresó a su habitación.
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Malfoy cocinó la cena esa noche, para gran sorpresa de Harry. Al parecer, había recibido ayuda de Kreacher, que parecía entender sus silenciosos gestos y que tendía a mantener una cantidad infinita de parloteo, posiblemente para compensar la falta de diálogo de Malfoy.
La nota de Malfoy, en el diario que le dio a Harry, solo decía: Quiero contribuir de alguna forma.
El lenguado horneado sabía muy bien, aunque estaba un poco seco, y la ensalada verde estaba crujiente. Harry prestaba poca atención mientras comía, repasando en su mente los contenidos de los archivos que había estado revisando. Había habido varias pistas en el caso acerca de los padres de Malfoy, incluyendo los nombres de varios ex mortífagos.
Ninguna de las pistas había dado resultado. Los sospechosos se habían escondido; los parientes no tenían idea de dónde podían ser encontrados; los amigos daban pistas falsas… Todo era trabajo rutinario de auror, pero en vez de investigar más, parecía que el ministerio simplemente había hecho a un lado el caso. Obviamente, los seguimientos habían sido abandonados. Era frustrante presenciar una mala impartición de justicia, en especial cuando Harry ya había estado teniendo dudas acerca de convertirse en auror.
¿En qué piensas? La negra tinta sobre el papel blanco parecía acusadora y Harry se enderezó, sintiéndose culpable. Había estado ignorando a Malfoy, más que nada porque era muy callado y fácil de obviar cuando las ideas de Harry estaban dando vueltas en su cabeza. Teddy había engullido su comida y luego se había ido corriendo a su habitación, para jugar con el rompecabezas con el que Hermione lo había mandado a casa.
—En tus padres —admitió Harry—. Para ahora, el ministerio debería haber encontrado algo. Me vuelve loco.
Malfoy bufó y garabateó en la página. ¿Y te sorprende? Según la opinión popular, eran mortífagos y obtuvieron lo que merecían.
—Sí me sorprende, de hecho. La justicia es para todos, no solo para los que el ministerio considera que se la merecen. —La voz de Harry era firme.
Malfoy lo miró, con los labios curveados, de una manera que no era despectiva. Para sorpresa de Harry, la expresión de Malfoy parecía casi… de cariño.
¿Siempre eres tan soñador?, escribió. Harry rodó los ojos, pero luego, Malfoy añadió: Nunca cambies.
Con eso, Malfoy se puso de pie, se despidió de Harry con un saludo algo irónico y salió, haciendo que el moreno lo mirara con desconcierto.
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Harry dejó a Teddy con Malfoy al día siguiente, algo que no pareció molestar a ninguno de los dos. La vieja varita de Malfoy se había vuelto la más preciada posesión de Teddy, y estaba ocupado haciendo docenas de hechizos que Malfoy le había enseñado, todo desde uno que doblaba su ropa hasta uno que lanzaba burbujas de colores desde la punta de la varita. Teddy había captado los hechizos con una rapidez que hizo que Harry creyera que, en definitiva, el niño iba a quedar en Ravenclaw algún día.
Malfoy se veía más calmado, como si enseñarle a Teddy le hubiera dado algo en qué pensar que no fuera lo que había perdido. Sus ojos grises seguían a Harry a donde fuera que el moreno estuviera, haciendo que Harry se sonrojara y que sus ideas cambiaran de dirección; una que no debían seguir.
Harry regresó a la mansión Malfoy y usó el acceso a las protecciones, exclusivo del ministerio, que había encontrado en los archivos que Ron había copiado. Se sintió culpable al hacerlo, dado que no se lo había mencionado a Malfoy, pero quería hablar con los elfos domésticos. Pensó que, tal vez, las criaturas sabían algo que los aurores no se habían molestado en revisar; con frecuencia, los magos pasaban por alto a los elfos, como si no fueran importantes; hasta los aurores que, en la opinión de Harry, debían ser más listos.
Harry se apareció en la casa, para encontrar la cocina vacía y un gran desastre en la barra. Sonrió. Al parecer, Malfoy y Teddy habían estado horneando. Cuando se trataba de limpiar, las habilidades de Kreacher eran esporádicas, por decir mucho. Harry decidió que lidiaría con el desastre más tarde. La sala de estar estaba vacía, así que Harry subió las escaleras.
La puerta de Teddy estaba entreabierta, y Harry estaba a punto de agarrar la perilla cuando la puerta del baño al final del pasillo se abrió, mostrando a Malfoy. Harry se detuvo, con la mano a mitad del camino, y se le quedó mirando, completamente petrificado.
Era obvio que Malfoy acababa de salir de la bañera. Su cabello estaba mojado, oscurecido hasta parecer casi dorado y pegado a su cabeza, excepto por unas cuantas hebras alrededor de sus orejas, que comenzaban a secarse y ondularse en las puntas.
Su torso estaba salpicado de agua. Mientras Harry lo miraba, una de las gotas se liberó y descendió, en un movimiento lento, por el esternón de Malfoy, acelerando mientras se acercaba a su ombligo, antes de desaparecer en la toalla que colgaba (apenas) de las delgadas caderas de Malfoy.
Harry se obligó a alzar la mirada, para encontrarse con los grandes ojos de Malfoy. Trató de hablar, pero sabía que lo que saliera de boca serían sandeces incoherentes. Merlín, lo único que quería era acercarse y lamer cada una de las gotas sobre la piel de Malfoy.
Malfoy dio un paso hacia delante y el movimiento sobresaltó a Harry, rompiendo la extraña quietud entre ambos.
—¿Y Teddy? —dijo Harry, sintiendo que se ahogaba.
Malfoy frunció el ceño y luego señaló la puerta cerrada. Articuló la palabra "Durmiendo".
Harry asintió, pero empujó la puerta para abrirla y entró a trompicones al cuarto de Teddy, pues necesitaba calmar su palpitante corazón y acomodar sus ideas. Joder, no podía desear a Malfoy, de entre todas las personas, en especial cuando el hombre estaba ahí para que Harry lo ayudara. Parkinson lo castraría si llegaba a sospechar las ideas de Harry. Y se suponía que la mujer regresaría al día siguiente.
Teddy estaba durmiendo pacíficamente, y Harry acomodó uno de sus mechones, antes de cubrirlo con una cobija ligera. Cuando salió del cuarto, Malfoy ya no estaba; encerrado en su habitación, una vez más. Harry suspiró y fue a limpiar la cocina, contento por tener algo qué hacer, para mantener su mente y sus manos ocupadas, al menos por un tiempo.
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Harry estaba demasiado agotado como para cocinar esa noche, así que se apareció en el callejón Diagon y compró una variedad de platillos en el nuevo negocio de comida india para llevar, que había abierto junto a la tienda de Fortescue.
Malfoy se veía más apagado de lo usual, empujando su comida por su plato, en vez de comiéndola. Harry le preguntó si le gustaba la comida; Malfoy solo asintió de manera cortante y comió varios bocados.
—¡Me gusta! —exclamó Teddy, ganándose una fugaz sonrisa de parte de Malfoy. El niño parecía estar más lleno de vida después de su siesta, posiblemente tratando de compensar, inconscientemente, el sombrío humor de su primo—. ¿Qué es esta cosa amarilla, tío Harry?
—Mango.
—¡Mango! ¡Me gusta el mango! ¿Te gusta el mango, Draco?
Malfoy asintió y miró a Teddy con cariño.
—¡Prueba un poco! —Teddy se subió a su silla y se inclinó por encima de la mesa, después de tomar un trozo de mango con su tenedor. Por un momento, Harry tuvo una terrible visión de Teddy, resbalándose y enterrándole el tenedor a Malfoy en el ojo, pero el rubio estiró la mano y tomó la muñeca de Teddy, para estabilizarlo, antes de abrir la boca y aceptar la oferta.
Harry miró cómo los labios de Malfoy se cerraban alrededor del metal, e imaginó cómo el sabor dulce y picante del mango con curry explotaba en la lengua de Malfoy. Por un momento, se preguntó cómo sería besarlo. ¿Sentiría solo la fruta, o ese sabor quedaría opacado por el sabor de Malfoy? Harry notó que había pasado mucho desde que había besado a alguien, y apenas podía recordar cómo se sentía. Tal vez eso era por lo que se sentía tan fascinado por su invitado.
Malfoy sacó la lengua y lamió un poco de salsa sobre su labio superior, haciendo que las ideas de Harry se aceleraran una vez más. No, no solo era el hecho de que había pasado mucho tiempo. Harry se sonrojó cuando percibió que Malfoy lo estaba mirando. Apartó la mirada y fijó su atención en su vindaloo (1).
Malfoy lo ayudó a limpiar, mientras Teddy se quedaba en la mesa, inmerso en un libro, Harry lanzó un Fregotego a los platos, y Malfoy los guardó manualmente, metiéndolos en orden en sus lugares. Al parecer, ya estaba familiarizado con la cocina de Harry.
Estaban a punto de terminar cuando Malfoy le dio una nota doblada. Harry la tomó y empalideció cuando leyó las palabras. ¿Por qué sigues mirándome?
Harry dobló y desdobló la nota nerviosamente, rechazando varias respuestas, como "Quiero saber a qué sabes", o "Creo que eres fascinante", o "Tu boca fue hecha para…" Finalmente, se conformó con un tonto:
—Quiero asegurarme de que estés bien.
Los hermosos labios de Malfoy formaron una expresión seria, y escribió algo antes de arrancar la hoja y dársela. Teddy alzó la mirada por un momento y luego regresó su atención a su libro. Harry leyó la nota. Puedo no recordar todo, pero sé lo que se siente cuando te miran de la forma en la que has estado mirándome.
Harry pasó saliva y arrugó la nota varias veces, antes de voltearla en sus dedos. Cuando por fin encontró el valor para mirar a Malfoy, vio que algo brillaba en las profundidades de sus grises ojos, algo que hizo que su corazón se detuviera por un momento.
—¿Y cómo… cómo se siente? —susurró Harry, lo suficientemente bajo como para que Teddy no lo escuchara.
Malfoy se acercó un poco, hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para que las telas de su ropa se rozaran. Harry puso los ojos como platos, fijándolos en los de Malfoy, hasta que la intensidad se volvió algo demasiado difícil de soportar; luego, su mirada bajó a los labios de Malfoy. Cerró los ojos cuando se acercaron lo suficiente como para verse borrosos. El aliento de Malfoy flotó sobre su rostro, y se mezcló con la errática respiración de Harry. Olía a la dulzura del mango, curry y vino rojo. Embriagador y exótico. Harry esperó, con las palmas sudadas y el corazón latiendo, pensando que Malfoy quería besarlo.
Después de un largo momento, sintió cómo Malfoy se hacía para atrás. Harry abrió los ojos, confundido. ¿Qué diablos…? Su decepción fue casi aplastante. ¿Acaso Malfoy había vuelto a las andadas, intentando burlarse de él?
Como si la molestia de Harry hubiera sido una señal, Malfoy dio un paso hacia delante, en vez de hacia atrás. Su pelvis rozó la de Harry, haciendo que éste chocara contra la dura madera de la barra. En el mismo movimiento, los dedos de Malfoy envolvieron una de las muñecas de Harry, como para evitar que huyera, o se acobardara. Harry se preguntó cuál de las dos era, pero la pregunta se disipó cuando el tibio aliento de Malfoy regresó, y esta vez sus labios lo siguieron, presionándose muy ligeramente contra los de Harry.
Oh, Godric, por fin, pensó Harry, con una sensación de alivio. Su mano libre se elevó y se enredó en el material de la camiseta de Malfoy, apretándola hasta que sus nudillos le dolieron, determinado a no soltarlo hasta que hubiera explorado el nuevo acontecimiento. A Malfoy no pareció importarle. Demostró su aprobación incrementando la presión de sus labios, y luego abriendo los de Harry con su lengua. El moreno abrió ampliamente y lo dejó entrar.
Varios minutos después, a pesar de que sabía que, tal vez, el besar a Malfoy en la cocina, completamente a la vista de Teddy, no era la cosa más sabia que había hecho, y aun así encontrándose incapaz de parar, Harry apenas contuvo una risa cuando la voz de Teddy atravesó la niebla que se había apoderado de su cerebro.
—¿Se están besando?
Harry apartó su boca de la de Malfoy con esfuerzo, aunque no soltó su agarre de la camisa de Malfoy. Por su parte, los dedos de Malfoy seguían agarrando la muñeca de Harry, lo suficientemente fuerte como para dejar moretones.
Harry se aclaró la garganta.
—Em, sí, creo que sí, Teddy.
—¡Qué asco! No van a estar haciéndolo todo el tiempo, como la tía Hermione y el tío Ron, ¿verdad? —Teddy se oía asqueado, pero Harry estaba feliz de notar que parecía ser por el beso en sí, y no porque percibiera rareza por el hecho de que eran él y Malfoy los que se estaban besando.
—Em, tal vez…—replicó Harry.
Teddy suspiró con pesadez.
—Bueno, me iré a mi cuarto. Saldré cuando esto de los besos se acabe. Los adultos son tan raros. —Con eso, Teddy se bajó de su silla, rodó por última vez los ojos y se fue.
—¿Dónde estábamos? —preguntó Harry, con la voz rasposa.
Afortunadamente, Malfoy se lo mostró.
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Se besaron hasta que Harry comenzó a temer que perdería el control. Sus manos estaban apretando la tela de la camisa de Malfoy y sus alientos salían como jadeos irregulares. Sentía su miembro duro y necesitado, pero no se atrevía a dar un paso hacia delante, pues eso haría que Malfoy también lo notara. Quería hacerlo, pero Teddy estaba primero, y entre ellos había muchas cosas que no se habían dicho; muchas cosas que Malfoy no sabía, que no recordaba.
Harry se apartó con renuencia, pero con firmeza. Posó su mano sobre una mejilla de Malfoy y sonrió. Los dedos de Malfoy aún sostenían su otra mano, por la muñeca. Harry se inclinó hacia delante y lo besó una vez más, ligeramente, para no dejarse llevar por el ciego placer.
—Despacio —murmuró Harry—. Está, bueno… Teddy.
Malfoy frunció el ceño y Harry sonrió.
—Quiero decir, ahora mismo. Es probable que ahora mismo esté arriba, encantando sus juguetes con los nuevos hechizos que le has enseñado. —Harry mantuvo su tono liviano, sin querer arruinar el momento, y sin querer destruir la precaria y nueva "cosa" que parecía estar surgiendo entre ellos—. ¿Podemos continuar esto más tarde?
Malfoy asintió y soltó su muñeca. Se hizo hacia atrás y movió la cabeza hacia un lado, algo que Harry interpretó como que quería ir a checar a Teddy. Harry asintió y vio cómo Malfoy se giraba y salía de la cocina. Cuando ya no estuvo, Harry se recargó contra la barra, permitiendo que sus conflictivos sentimientos lo invadieran. Por un lado, Merlín, besar a Malfoy… no, Draco, había sido increíble.
Y por el otro… Joder. Harry mantuvo ocupado, guardando los últimos platos, mientras repasaba de nuevo la información que había obtenido en la mansión Malfoy. No habría una forma fácil de contárselo a Draco, especialmente ahora.
Harry se pasó una mano por el cabello y se preguntó por qué su vida siempre era así de complicada.
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Harry le leyó a Teddy, mientras Draco se recostaba a los pies de la cama, con un aspecto hermoso y relajado, vestido con su pijama de seda negra y con los pies descalzos. Sus brazos estaban cruzados bajo su rubia cabeza y miraba el techo mientras escuchaba al moreno leyendo las aventuras del Gato con Botas. Teddy adoraba los cuentos de hadas muggles, y Hermione le había dado varios volúmenes.
La mirada de Harry se desviaba con frecuencia hacia el pedazo de pálida piel, que se veía entre la camiseta y los pantalones del pijama de Draco. Se alegró de saberse los cuentos de hadas casi de memoria; mientras hablaba, permitió que la mitad de su mente fantaseara acerca de a qué sabría el abdomen de Draco.
Teddy permitió que ambos acomodaran su manta alrededor de él y que lo besaran en la frente.
—Buenas noches, tío Harry. Buenas noches, primo Draco.
—Buenas noches, Teddy —dijo Harry, mientras Draco desordenaba el cabello del niño. Caminaron hacia la puerta y Harry la cerró parcialmente, para luego voltear y encontrarse con los brazos llenos de Draco. Sus labios se encontraron de nuevo y Draco lo empujó contra la pared, besándolo con ansias. Un duro muslo se abrió paso entre las piernas de Harry y el moreno gimió en la boca de Draco, envolviendo su cintura con los brazos para acercarlo aún más.
Después de un largo rato, Harry comenzó a sentir que perdía el control. Se separó del rubio y alzó ambas manos, para tomar la mandíbula de Draco y mirarlo a los ojos.
—Merlín —dijo sin aliento—. No podemos... Hay algo que necesito decirte. No puedo aprovecharme de ti de esta manera.
Draco articuló algo que pareció "mi elección" y meneó las caderas en un movimiento rotatorio. Harry había estado sobre su pierna, por lo que sintió la erección de Draco, dura y pesada, contra la suya. Gimió por la asombrosa sensación de deseo que, de repente, hizo que le fuera difícil respirar. Draco lo besó y la necesidad de oxígeno pareció ser mucho menos importante.
Draco se apartó de repente, pero posó una mano sobre la de Harry y lo jaló hacia el otro lado del pasillo. Harry se tambaleó detrás de él, fuera de equilibrio y vacilante. Entraron a la habitación de Draco y caminaron hacia la cama, donde Draco se tumbó y jaló a Harry, hasta que el moreno quedó sobre él.
La corta pausa había hecho que Harry respirara y que también recobrara algo de sanidad.
—Draco, tengo que...
Aparentemente, Draco no estaba interesado en lo que Harry "tenía que" hacer, a menos que involucrara besarse más. Y posiblemente tocarse, porque rodó hasta quedar sobre Harry y continuó besándolo, justo antes de meter una mano bajo la camisa del moreno.
Al sentir la caliente mano de Draco sobre su piel, la habilidad de Harry de hablar disminuyó. El moreno solo pudo sacar resoplidos sin palabras y repetir el nombre de Draco cual letanía, interrumpido por sus besos cada vez que intentaba hablar. Los dedos de Draco juguetearon con las tetillas de Harry, hasta que se pusieron duras. Harry estaba tan duro y necesitado que tenía miedo de venirse sin que Draco llegara siquiera a tocar su polla.
Afortunadamente, Draco comenzó a bajar en esa dirección. Harry tembló con ansia... y la puerta se abrió de golpe.
—Primo Draco, el tío Harry no está en su cuarto —dijo Teddy.
Harry se esforzó para hablar, pues tenía la garganta seca.
—Estoy aquí, Teddy —dijo y se incorporó, sintiendo un dolor casi físico cuando la mano de Draco se apartó.
—Oh. Mi varita se cayó al suelo y no puedo encontrarla, porque creo que rodó bajo la cama y tú sabes qué se esconde bajo la cama —dijo Teddy en voz muy baja.
Draco se hizo a un lado y Harry se puso de pie, inseguro. Preguntó:
—¿Qué estabas haciendo con tu varita, cuando se suponía que estabas durmiendo?
—Quería ponerla bajo mi almohada, como Draco lo hacía cuando era pequeño —dijo Teddy.
Harry miró a Draco de reojo; el rubio era apenas visible, excepto por su pálido cabello, que brillaba en la oscuridad.
—¿Te contó eso? —preguntó Harry en voz baja, mientras tomaba la mano de Teddy y lo llevaba de vuelta a su habitación.
—Sí, y quiero ser como él. ¿Qué estabas haciendo en la cama de Draco?
—No importa —dijo Harry con firmeza—. Ahora, regresa a la cama. —Harry sacó su varita e invocó la vieja varita de Draco de debajo de la cama, antes de dársela a Teddy—. Ahí está. Ahora, ponla bajo tu almohada y ve a dormir. No hagas hechizos en la oscuridad. Voy a checar tu varita en la mañana, para asegurarme de que no lo hiciste, así que bien podrías solo irte a dormir.
—Está bien. —Teddy se oía derrotado, pero bostezó mientras metía la varita bajo la almohada—. Buenas noches, Harry.
—Buenas noches, Teddy. De nuevo. —Desordenó el cabello del niño, lo besó en la mejilla y regresó al cuarto de Draco.
Harry usó su varita para encender la lámpara junto a la cama y se detuvo por un momento para admirar a Draco, que se había tendido sobre la cama, con un aspecto relajado e increíblemente seductor. Sonrió cuando vio a Harry y lo incitó a acercarse con una mano.
Harry caminó hacia delante, como si estuviera hipnotizado. Era difícil de creer que, tan solo hacía unos días, estaba protestando por la presencia de Draco en su casa, y ahora no quería pensar en su partida. Harry se sentó en la orilla de la cama, encarándolo, y levantó la mano de Draco para besar su palma. Draco sonrió de lado y Harry imaginó media docena de astutas réplicas. Sintió una punzada y entendió que deseaba que Draco pudiera hablar de nuevo, solo para escuchar palabras diferentes a los insultos que recordaba de su niñez.
Draco trató de jalarlo hacia sí, pero Harry se resistió, poniendo su otra mano sobre el plano abdomen de Draco.
—Fui a la mansión Malfoy hoy —dijo, sin rodeos. Draco se tensó y luego se incorporó, aparentemente sintiendo que Harry no iba a contarle algo que quisiera oír. Sus abdominales se flexionaron bajo la mano de Harry, hasta que el rubio se recargó contra las almohadas y lo miró con recelo. La mano de Harry se deslizó hacia abajo y se posó sobre el muslo de Draco. El moreno lo apretó, de una forma que esperaba que fuera tranquilizadora.
Harry se aclaró la garganta y luego continuó hablando.
—Hablé con algunos de tus elfos domésticos. Esperaba poder encontrar más información acerca de cuando perdiste tus recuerdos. —Harry apretó la mano de Draco con más fuerza—. Draco, no fuiste atacado. Tú mismo te lanzaste un Obliviate.
La máscara Malfoy ya estaba en su lugar, así que solo hubo un pequeño cambio en la expresión de Draco. En ese momento, más que en cualquier otro desde que había llegado, se veía como el viejo Malfoy, y Harry entendió que quería al nuevo Draco de nuevo, con desesperación. Sin embargo, el rubio merecía conocer la verdad.
—Dijeron que habías estado deprimido. No estabas comiendo y te la pasabas casi todo el tiempo encerrado en tu cuarto. —Harry sintió una punzada de pena, mezclada con culpa. Draco había perdido a sus padres de una manera horrible, y luego había tenido que vivir, solo, en la escena del crimen, sin alguien que lo cuidara durante su duelo, y sin esperanza de justicia para los responsables. Los elfos domésticos dijeron que se había vuelto loco; la mitad del tiempo, se la había pasado enojándose y haciendo berrinches, y la otra mitad, sentado en un somnoliento estado, mirando las paredes o recostado sobre su cama, tocando la palma de su mano con la varita por horas.
No era tan difícil de entender por qué el rubio había intentado borrar sus recuerdos. Era solo que había funcionado demasiado bien.
—Finalmente, los elfos domésticos te quitaron la varita, sabiendo que probablemente se ganarían un terrible castigo. Te la quitaron y la escondieron, dispuestos a sufrir las consecuencias, para evitar que te lastimaras a ti mismo, más de lo que ya te habías lastimado. —El simple hecho de contarle la historia a Harry había causado que el elfo se lastimara, golpeando su cabeza contra la pared de piedra, a pesar de que Harry le había prohibido que se causara daño alguno. Sus palabras pesaban poco con los elfos de Malfoy, y solo la insistencia de Harry, de que Draco no querría regresar a casa y encontrarse con un grupo de elfos inútiles y lastimados, había evitado que todos se castigaran sangrientamente.
Incluso le habían dado la varita de Draco, un largo palo de una madera poco familiar, que el rubio debía haber adquirido algún tiempo después de la guerra.
Draco recargó la cabeza contra la cabecera y cerró los ojos. Después de un momento, soltó la mano de Harry y levantó las piernas hacia su pecho, hasta que pudo abrazarlas, ignorando al moreno.
—Draco...
Los ojos grises se abrieron y miraron a Harry, llenos de fuego y de algo que Harry no podía nombrar. Draco levantó una mano y señaló la puerta, ladeando la barbilla obstinadamente.
Sintiéndose impotente, Harry se puso de pie. Caminó lentamente hacia la puerta, deseando que hubiera algo más que pudiera decir. Volteó mientras posaba la mano sobre el borde de la puerta.
—Mira, probablemente no te sirva de mucho consuelo, pero no te culpo por hacerlo. Después de la guerra, pensé en lanzarme un Obliviate algunas veces. Y, si te sirve de algo, sé que no estuve ahí para ti antes, y lo siento mucho, pero ahora estoy aquí. Ahora estoy aquí para ti, Draco.
No hubo movimiento o sonido de parte del rubio, así que Harry se pasó una mano por el cabello, murmurando un "buenas noches" y se fue a su propia habitación, donde se arrojó sobre la cama y miró el techo.
—Bien hecho, Harry —dijo entre dientes—. Muy bien hecho.
Continuará…
(1) El vindaloo es un platillo de carne de cerdo, cordero o pollo, marinada en una salsa hecha con una variedad de especias, mezcladas en vinagre.
Notas finales:
Es posible que para el siguiente capítulo me tarde un poco más, porque está más extenso… Creo que es el más largo. Ah, y tiene unas cosas bastante interesantes, así que espérenlo con ansias…
Hasta la próxima…
Adigium21
