Nota: sí, habrá algo de Ooc, pero era necesario para un poco de humor. Nada grave, según mi intender. No iba a dejar fuera algunas bromas, lo siento (?. Nos vemos abajo.
QuickSilver POV
—¿Johnny? —le hablé asustado. Esos tipos estaban más que muertos—. Oye, vamos, habla. Di algo, Johnny. —Le di unas leves sacudidas—. ¡Vamos! —le grité.
—En la mansión, el Profesor puede revisar qué tan mal está —me dijo Storm, en el asiento del piloto.
—Al diablo con el calvo —blasfemé sin importarme que mi padre me golpearía por eso—. ¡Johnny! —le grité nuevamente, con una sacudida fuerte.
Y lo vi parpadeando más rápido, como si intentara despertar. De un momento a otro (que para todos fue solo un momento, pero para mí una eternidad) apartó mis manos de un manotazo y se alejó con una expresión extrañada en el rostro. Mi estómago cayó a mis pies, esto no estaba bien.
—¿Qué rayos te pasa, hombre? —escupió enfadado.
—¿Johnny? —susurré sorprendido y aterrado.
—No me llames así —gruñó, poniéndose de pie y caminando lejos de mí. Cualquiera hubiera pensado que caminó por una dirección al azar, pero yo lo vi caminando junto a Iceman. Esto no estaba bien.
—Pyro ¿qué sucede? —le cuestionó Mystique. John la observó como si fuera la primera vez que contemplaba a la mujer azul. Esa expresión entre asustada e incrédula. No le respondió, girando al rubio para hablarle a él.
—Oye, Drake ¿Qué hacemos aquí?
El rubio estaba tan sorprendido como nosotros.
Esto no estaba bien.
—¿Estás bromeando? —masculló Raven.
—¡Drake! ¿Dime qué hacemos aquí? —volvió a pedir, haciendo caso omiso a la mujer azul.
—¿No lo recuerdas? —le preguntó Rogue, ya que nadie parecía estar reaccionando.
—¡Oh, Rogue! Hola —Johnny sonrió alegre por notar la presencia de la chica. ¿Qué rayos?—. ¿Te hiciste algo en el cabello? Me agrada.
Mystique y mi padre tuvieron que ahogar una risita por el comentario.
—Ok, Pyro, ya basta de bromas —el Lobo se puso de pie para intervenir, calmo.
Vi a Johnny fruncir el entrecejo. Tenía esa estúpida (y adorable, según yo) expresión que trataba de encontrar una explicación.
—¿John? —Rogue se adelantó un poco para llamar su atención. Lo que no pareció un problema, porque la estúpida sonrisa alegre volvió a aparecer en su rostro, cuando la chica le habló—. ¿Puedes responderme una pregunta?
—Lo que quieras—. Ok, iba a patearlo si seguía hablándole así.
—¿Hace cuanto llegué a la escuela?
Johnny puso una expresión de sorpresa ante la pregunta.
—Hace tres días. —Volvió a sonreírle—. ¿Recuerdas? Hemos gastado un montón de tiempo jugando futbolito. Drake apesta. Te lo había advertido.
Oh, mierda, mierda, mierda. Esto no estaba bien, esto no estaba bien.
—Oye. —Arrugó el entrecejo, cuando su mirada cayó en el rostro del rubio— ¿Eso es una barba? —le cuestionó, haciendo que el aludido llevara la mano hasta su rostro.
Mi novio rió sorprendido, sin recibir una respuesta del otro.
—¡Eso es genial! —Se acercó un poco más como tratando de apreciarlo mejor—. ¿Cómo lo hiciste? —curioseó entusiasmado—. Sé ve muy adulta y real. —Cuando extendió su mano para tocarla, Iceman retrocedió con desconfianza.
—Deja mi barba, Pyro —le pidió molesto.
—Oh, solo dime cómo lo hiciste —le pidió emocionado, dando un paso más cerca. Desde la nueva perspectiva, arrugó el entrecejo otra vez—. ¿Estás más alto? —cuestionó extrañado.
Generalmente la gente; cuando sabe que soy rápido; no entiende que mi cabeza también lo es y eso, si bien es genial y facilita todo, también me puede llevar al problema de que olvide que mis emociones también van a la misma velocidad. ¿Alguna vez dejaste que tus emociones te dominen? Bueno, eso apesta mucho más cuando eres malditamente rápido y los demás no lo son.
Corrí hasta quedar enfrentado a Johnny y lo tomé de los brazos para interrogarlo.
—¿Cuántos años crees que tienes? ¿Eh? ¿No recuerdas que hace un rato estábamos peleando? Responde, hombre, ahora.
Otra vez, la expresión de no poder comprender, una mueca de odio puro y un empujón para apartarme. Esto no estaba bien. El brazo de Johnny fue hacia atrás de su cabeza y regresó hacia mi rostro.
Sí, podría esquivarlo, pero no podía creer que mi Johnny fuera a golpearme. Recibí el impacto de lleno, haciendo que todos se quedaran en silencio.
—¡¿Quién diablos eres?! —vociferó Johnny—. No vuelvas a tocarme, idiota.
—Oye, tranquilo —le advirtió Iceman. Debí dar puta lástima para que me estuviera defendiendo.
—Oye, Drake, no me importa que estés más alto y tengas barba, aún puedo patearte el trasero. —Lo quitó de un manotazo.
—No te agradaba que te tocaran —oí el balbuceo de Iceman a mis espaldas, cuando corrí para quedar enfrentado a mi padre.
—Permiso para largarme, señor —mi voz tembló.
—Denegado, soldado —replicó impasible. Mis ojos escocían y con un demonio, de un momento a otro, estaba llorando. Estúpido Johnny.
—Oh, rayos, Erik —blasfemó Mystique, envolviéndome en sus brazos—. Haz algo por los niños —sonó totalmente incómoda; cuando me consolaba; como si no supiera lo que estaba haciendo.
—¿Qué quieres que haga? —le cuestionó algo ofendido—. Charles es el telépata. Yo solo controlo el metal.
Sí, era bizarro. La Hermandad en una faceta demasiado extraña.
—¡Oye, aléjate de mi novia! —gritó Iceman, obligándonos a mirar.
—¿Tu novia? —interrogó Johnny, totalmente incrédulo—. Lleva tres malditos días en la escuela ¿cómo puede ser tu novia? —se molestó.
—No sé si notaste que te estás perdiendo de algunas cosas —le recordó, obligando a Johnny a mirar a su alrededor. Al parecer, al fin estaba comprendiendo que algo andaba mal.
—¿Qué hacemos aquí? —murmuró serio.
Nadie supo qué responder.
—Es suficiente —pidió Storm—. Necesito que se sienten. Vamos a aterrizar —anunció—. El Profesor ya se encargará de esto.
Todos, incluso Johnny, obedecimos. Esto estaba demasiado raro como para cuestionar el hecho de que calvo sería de ayuda… O eso esperaba.
—¡¿Cómo qué no puedes devolverle la memoria?! —casi chillé. Esto estaba jodidamente mal.
—QuickSilver —me llamó mi padre, con una mirada que decía que iba a estar en un gran problema si no cerraba la boca.
Estábamos en la enfermería de los X-men, porque el tipo peludo le hizo tomografías al cerebro de John ¡Y bingo! El problema no era neuronal.
—No, Pietro —volvió a repetir el tipo que parecía ser el ser vivo más lento de la humanidad—. Los recuerdos de John no fueron bloqueados, como esperábamos —explicaba para todos—. Es como si los recuerdos ya no existieran.
Quise gruñir cuando todos se quedaron en silencio. Sabía que trataban de buscar una solución, pero la lentitud me estaba matando. Johnny no me recordaba, había olvidado cada maldito momento de su estadía en la Hermandad. Él creía tener 15 años. Lo que significaba que los últimos cuatro años habían desaparecido por arte de magia… o de un mutante.
Xavier dio un respingo ante el removerse de Johnny. Estaba sentado en una camilla, pateando el aire, fingiendo desinterés (aunque sé que estaba tratando de entender. Johnny nunca bajaba la guardia), hasta ese momento, en que parecía rebuscar en sus bolsillos.
—¿Alguno podría…? —Xavier dejó la frase inconclusa, cuando corrí hasta quedar frente a Johnny, respetando su espacio personal esta vez. Rebusqué lentamente en mi bolsillo y saqué el mechero con el dibujo de tiburón para depositarlo en su mano.
—¿Qué haces con esto? —gruñó a la defensiva, cuando pudo empujar su sorpresa hacia atrás.
—Te perdiste cuatro años —repliqué frío—. Me lo obsequiaste hace un año. Dijiste que era para protección —le conté y me alejé otra vez.
Johnny tenía quince años mentalmente y no recordaba nada de lo que había vivido conmigo. Lo entendía, pero no significaba que dejara de dolerme como la mierda.
Magneto y el Profesor siguieron platicando sobre lo que debían hacer, con el abrir y cerrar del mechero de Johnny de fondo, hasta que se dignó a hablar.
—¿Puedo ir a la sala de recreación? —preguntó distraídamente. Cuando las miradas extrañadas (de Mystique y Magneto) y divertidas (Bestia y Xavier) recayeron en él, se encogió de hombros, para explicar luego:— Estoy aburrido y parece que tienen mucho de lo que hablar. Además no entiendo nada y usted señor —dijo refiriéndose al calvo— acaba de decir que no me contarán nada más, porque puede ser malo para mí ¿verdad?
—No recuerdas los últimos cuatro años, Pyro —le recordó mi padre, haciéndolo fruncir las cejas ante su nombre mutante—. Allá arriba no están tus amigos. Ya no más.
Johnny volvió a encogerse de hombros, restándole importancia.
—Puedo hablar con él. —Me señaló… y oh, dios mi Johnny me señaló—. Eres mi amigo o algo así, hombre ¿No es verdad? —me preguntó, haciendo reír a Magneto y Mystique.
—No veo nada de malo en que suba —intervino Xavier—. John sabe que su condición se debe a los efectos de un mutante y los demás niños también. No creo que tengan inconvenientes en la sala de recreación.
—QuickSilver —me llamó mi padre—. No te separes de Pyro —me ordenó.
¿Por qué tiene siquiera la idea de que yo me alejaría de mi amnésico novio?
Narrador POV
—¿Así que ustedes son los malos de la película? —preguntó casual.
El velocista se sintió morir ante la elección de palabras del castaño. Esa era la forma en que se refería a ellos dos, cuando tenía memoria.
—Algo así… —trató de sonar relajado, a pesar de los deseos de asaltar sus labios en un beso—. Por lo menos eso lo que les enseñan en esta escuela de niños exploradores —bromeó, haciendo sonreír al pirómano que no parecía molestarse ante las miradas aterradas de los niños que pasaban a su lado. No parecía nuevo en el lugar del paria.
Cuando ingresaron a la sala de recreación, solo se encontraban Kitty, Coloso, Jubilee, Bobby y Rogue. Quienes parecían estar reunidos para platicar, porque las expresiones eran demasiado serias como para ser una reunión casual.
Pietro no se atrevió a hacer un comentario ante la mirada fugaz y fingidamente desinteresada que John les envió a los que habían sido sus amigos. El pirómano podía fingir todo lo que quisiera, pero Quicksilver lo conocía bien. El castaño no iba suplicar ni demostrar debilidad, pero tampoco bajaría la guardia ni dejaría de prestar atención a todos los detalles para comprender lo que sucedía.
—¿Juegas futbolito, Speedy?* —preguntó casual, comenzando con el abrir y cerrar de su mechero.
—No, te cansaste de perder. Así que ya no lo jugamos.
Pyro levantó una ceja con expresión incrédula hacia el velocista.
—Te reto —replicó con el fastidio brillando en la mirada.
—Oye, sé que no recuerdas, pero —Corrió para quedar de pie al otro lado del castaño— soy rápido. Nadie puede ganarme en juegos que impliquen velocidad —Corrió de nuevo, esta vez apareciendo sentado al borde de la mesa de pool— Futbolito, video juegos, en todo pateo traseros —explicaba, apareciendo frente a John ahora—. Y tú humor apesta cuando pierdes. Ahora solo jugamos pool.
—Porque en el pool no puedes hacer trampa —replicó el otro, comprendiendo.
—¡No hago trampa! —protestó.
—Como sea —espetó desinteresado, mientras caminaba a la mesa de pool y comenzaba a acomodar las bolas, para jugar.
Así que Pietro descubría que John no era tan bueno en ese juego a los quince años, pero sí lo suficiente como para que el juego fuera entretenido. Algunos intercambios de insultos y el ligero malestar que flotaba en el aire ante la expectación y la guardia en alto del pirómano quien aún necesitaba respuestas.
—Los vejestorios encontrarán la solución —comentó Pietro, cuando tuvo que recordarle a John que era su turno de jugar.
John solo le dedicó una ceja arqueada en respuesta.
—No te preocupes —continuó, antes de que el castaño hablara—. Sé que te preocupa que todos actúen extraño, pero cuando recuperes la memoria no importará —le explicó en un intento por calmar su malestar.
—Deja de hablar como si me conocieras, Speedy —espetó bajo y arrogante, sin saber que hizo que el corazón de Pietro se encogiera ante esas palabras. Pero antes de que el velocista reaccionara, una vocecilla con acento sureño intervino:
—Así que juegas pool —hizo el comentario con una sonrisa dulce que le revolvió el estómago al plateado. Pero él era rápido, captó al instante el intento de la muchacha de la franja de mantener la calma. Para ninguno de los X-men era conveniente que los peligrosos miembros de la Hermandad lucharan en su sala de recreación. Y no era que a QuickSilver le importaran los intereses de los niños exploradores, pero Magneto no estaría feliz de un pleito, mientras él estaba en una reunión pacífica con Xavier.
—Por supuesto —replicó Pyro con la sonrisa de lado que obligó a Pietro a morderse la lengua. Porque él no era celoso, pero ya era la segunda vez que el castaño miraba así a la chica de piel venenosa—. ¿Tú sabes jugar? Puedo enseñarte algunos trucos.
Y Pietro mantuvo la calma a pesar de que notara que el acercamiento de la chica fue por iniciativa propia, ya que los demás X-men en los sillones aún tenían las bocas abiertas ante la escena.
—¡Eso sería genial! —exclamó posando una mano enguantada en el hombro del chico. Y para su propia sorpresa, Pietro no abofeteó a Rogue, a pesar de que John no retrocediera ante su contacto, como lo había hecho con él mismo, más temprano ese día. Se merecía unas malditas felicitaciones de su padre, cuanto menos.
—Bien, solo deja que le gane a Speedy. Luego, tú y yo podremos jugar un rato.
Y si bien Pietro clavó las uñas en su propia palma, al presionar el puño con demasiada fuerza, haciéndose sangrar, consideró que su control era malditamente increíble, ya que no mató a Rogue o su novio por coquetear frente a sus estúpidas narices. Aunque había previsto diez formas diferentes de asesinarlos en ese corto lapso.
Así que QuickSilver no asesinó a nadie, pero hizo todo lo mutantemente posible para evitar que Pyro alardeara frente a la sureña. Porque era verdad que no le hacía trampa a su Johnny generalmente, pero su Johnny generalmente no coqueteaba con niñas en su cara, tampoco, así que consideró que estaba en su derecho.
—Si me entero que hiciste trampa, te quemaré, Speedy —le advirtió John, cuando Pietro hacía entrar la bola ocho en la buchaca. Y si QuickSilver no estuviera extrañando tanto a su Johnny, se habría burlado de ese niño tonto que no sabía que a él nadie lo podría atrapar. Pero Pietro extrañaba a su Johnny; quien lo sabía imposible de atrapar. Por eso, también, sonrió ampliamente cuando Rogue dio un respingo y les avisó que debían asistir a una reunión en el despacho del Profesor, porque este último le envió un mensaje telepático.
Pietro creía que quizás el calvo y su padre habían encontrado la solución a ese embrollo.
—¡¿Cómo que nos quedaremos?! —Pietro casi chilló.
—Sí ¿cómo que se quedarán? —lo secundó Bobby en su malestar.
—Pensé que estaban buscando una solución, no arreglando los detalles de nuestra mudanza —continuó indignado.
Lamentablemente, para QuickSilver, Magneto le envió una mirada escalofriante que lo obligó a cerrar a boca.
—Charles, fue muy amable en permitir que nos quedáramos, mientras encontramos una solución a esta situación —explicó Erik, calmo y firme, con ese toque intimidante que hacía desviar la mirada a sus soldados—. No solo a la del joven Pyro, sino a la de los mutantes que están sueltos por ahí. Ellos también nos necesitan.
—¿Por qué solo no buscan a los mutantes con Cerebro? —cuestionó Iceman.
—Pues verás, Bobby, uno de los mutantes tiene un particular don mental —le respondió—. Además de borrar memorias, es inmune a poderes telepáticos, así como también es capaz de proteger a otros con esa especie de escudo mental.
—Pero los encontró la última vez —le recordó Rogue.
—Eso fue una casualidad —le explicó—. Encontré la gran aglomeración de mutantes, cerca del último lugar en el que se encontraron y los pensamientos más fuertes, en ese momento, eran sobre tres mutantes recién llegados. En realidad no puedo hallarlos directamente a ellos.
—La primera vez, los encontró de la misma manera —agregó Erik, omitiendo cómo su Hermandad los halló—. Quizás no tengamos la suerte de que cometan el mismo error por tercera vez.
—¿Profesor? —llamó Kitty, formulando su pregunta mentalmente, con la preocupación inundando sus ojos.
—Verás, Kitty —le respondió entrelazando los dedos de ambas manos—. No consideramos justo para John que deba irse a un lugar en el que no conoce a nadie. Así como no sería justo obligarlo a quedarse aquí, con nosotros, sabiendo que su decisión adulta fue otra.
—Además no dejaremos varado a nuestro mejor soldado —agregó Magneto con una suave sonrisa, cuando comprendió que la pregunta de la chica se refería a su presencia en la mansión. Seguramente, la niña, creyó que era más conveniente tener reuniones diarias, antes que una estadía definitiva de los cabecillas de la Hermandad en su territorio.
—Nada de eso explica por qué ayudaremos a la Hermandad —soltó Bobby de notable mal humor—. El problema es de ellos, no nuestro —dijo, sin parecer inmutarse por la mirada fulminante de Pyro. El chico quizás no comprendía del todo, pero sabía que la Hermandad era su lugar ahora y el criogénico era su mejor amigo hasta donde recordaba. No era bonito lo que escuchaba.
—John es un mutante —le recordó Charles, pacíficamente—. Y en esta escuela ayudamos a los mutantes. Espero que eso sea suficiente explicación, Robert. Porque personalmente me encargaré de tener una conversación sobre los ideales que enseñamos aquí, si no resulta satisfactoria mi respuesta para usted.
Iceman agachó la mirada al suelo, algo avergonzado y molesto.
—Él no debería estar aquí —murmuró, suficientemente alto para que lo oyeran—. Es un psicópata.
—¡Oye! —se quejó John— ¡Estoy justo aquí!
—Ese es justamente el problema —replicó.
—Refugio para mutantes —dijo a modo de recordatorio. Sonrió de lado, tranquilo, arrogante y provocador. El mechero bailando entre sus dedos, cerrado durante toda la reunión.
Bobby reaccionó cubriéndose de hielo, dándole a John lo que buscaba. Podría ser un pirómano sin control, pero el chico tenía un potencial que Xavier y Magneto habían visto; él era un manipulador cuando quería. La sonrisa maníaca era prueba de ello. Empujando, hacia atrás, el posible miedo de la respuesta de Iceman.
—¡Robert! —le llamó el Profesor—. Soy el director de este lugar —le recordó calmo y firme—. Yo tengo la última palabra. John se queda.
El rubio contuvo un gruñido, se descongeló y giró para enfrentar al niño más pequeño.
—Te quedas en mi habitación —le informó—. Yo mismo te mantendré vigilado.
—Qué halagador —se burló sonriente.
—Qué oportuno —dijo Charles, interrumpiendo el cruce de miradas—. Esa iba a ser justamente mi siguiente instrucción.
—Bromea ¿verdad? —Bobby casi suplicó. Realmente no tomó en cuenta el peso de su amenaza hasta ese momento. Diablos, se suponía que él no era impulsivo. "Estúpido Pyro" —pensó.
—No, no lo hago. —Le sonrió—. Espero que sea un buen compañero de cuarto para John.
—¡¿Qué?! —gritó Pietro, olvidando, de nuevo, lo cool y relajado que era siempre. Ese día había perdido mucho de su encanto, sin querer—. ¡¿Es una maldita broma?! ¡¿No compartiré habitación con Johnny?! Es mi novio ¿sabes? —soltó de sopetón y al final del jadeo colectivo, que embargó a todos, se oyó el chasquido de un mechero.
John; quien mantenía la mirada clavada en el velocista; no se inmutó ante la reacción en cadena que se desató: Rogue se quitó el guante, Iceman se congeló de cuerpo entero, Coloso se cubrió de metal, Magneto y Mystique rieron bajo, Logan continuó fumando desinteresadamente y Charles reprendió mentalmente a Pyro; quien seguía siendo un alumno de la mansión, a grandes rasgos, en su memoria.
—Es uno de los puntos que acordamos para que se quedaran —le dijo Logan a Pietro, con una hostilidad bien disfrazada, mientras John hacía crecer una llamarada desde su mechero hasta el techo, a modo de advertencia silenciosa para el velocista, luego de aceptar guardar la calma, mentalmente.
—¿Puntos para que nos quedáramos? —cuestionó incrédulo; haciendo gala de su nueva capacidad para empujar hacia atrás el dolor que las actitudes de su Johnny tenían en él; paseando su mirada desde el inmortal hasta su padre y Mystique. El primero impasible y la segunda con una mueca de fastidio.
Esto no pintaba bien.
Nota: *Speedy sería Rapidín en español. Ya saben, broma sexual (si debo explicarlo es que son muy jóvenes, no se molesten en comprender, vivan su inocencia (?). No estaba segura de si usarlo en inglés o español, pueden opinar sobre eso en la cajita de comentarios.
Bien, así que ahora sí sabemos de qué van los poderes de todos los OC´s. Lo cual, sigue jodiendo todo XD La Hermandad y los X-men bajo el mismo techo, especialmente bajo estas circunstancias me resulta gracioso (y algo angst para Pietro). Pero esa opinión queda en quien lee.
La próxima habrá una conversación nocturna, compañeros de cuarto, y los puntos que acordaron para que la Hermandad se quedara.
Review, broma, tomatazo u opinión, ya saben que la cajita de comentarios espera.
Be free, be happy.
