ILK- Lamento la espera pero al estar d vacaciones pues no contaba con el privilegio del intrnet -.-U
Ikuto- ILK no posee ni Shugo chara ni el manga La flor que florece en ti
ILK- TT-TT empecemos...
Me convertiré en tus ojos
Ese pensamiento invadía su mente, conforme caminaba por el pasillo tan familiar, le acababan de dar una gran noticia y deseaba compartirla con Ikuto, después de todo era a él a quien principalmente afectaba. Durante las ultimas tres semanas había estado acompañándolo durante todo el tiempo que le era posible, ocultando su nostalgia con dulces palabras, imitando el comportamiento de su hermana, cosa que no era tan difícil debido a que ambas eran casi iguales en ese aspecto, el único problema era que a Amu le costaba mas trabajo demostrar su verdadera personalidad frente a otras personas, también trataba de imitar la peculiar forma de vestir de la rubia. ¡Dios sabe cuanto odiaba los tacones!
A pesar de la situación no podía evitar sentirse un poco feliz al compartir tanto tiempo con el chico, las palabras de aliento que continuamente salían de sus pequeños labios siempre las pronunciaba con un tierna sinceridad, quería apoyarlo, ayudarlo a superar esta difícil etapa.
Las actividades que había estado desempeñando junto a el eran diversas, a veces le leía algún libro de poesía o con alguna historia especialmente dramática, o si no llevaba cd´s de música clásica, la favorita de ambos, recordaba que la ojivioleta solía escuchar música pop y por tanto se había asegurado de obtener algunos de sus cd´s prestados, solo por si las dudas.
Siempre evitaba cantar debido a que, a pesar de que tenia una voz igual a la de su hermana, era a la hora de entonar canciones en donde se notaba quien era quien, la rubia siempre lograba dulcificar su voz y con ella entonar bellas melodías, mientras que Amu, si bien no cantaba mal, tenia cierta tendencia a cantar con fuerza cada una de las notas.
Un rubor cruzo por sus mejillas al recordar la ocasión en la que la enfermera le había preguntado si quería ayudar a bañarlo, esa también fue la primera vez, después del incidente, en que escucho a Ikuto reír alegremente. Según lo que el había explicado se debía a que nunca antes la había escuchado tartamudear, por suerte el peli azul no había insistido en que aceptara la propuesta. Finalmente, llego a su destino, por primera vez, en mucho tiempo, pudo hablar de forma realmente entusiasta.
¡Ikuto! Felicidades por salir del hospital- la chica de cabellera rosada se encontraba en la puerta de la habitación de Ikuto, una vez hubo pronunciado tales palabras, recibió como contestación un gesto de desconcierto del joven.
Vamos, sonríe un poco- Se acerco al muchacho y una vez a su lado comenzó a hacerle cosquillas en uno de sus costados, con lo cual ambos rodaron sobre la cama recién tendida, arrancando carcajadas y sonrisas el uno del otro. Se detuvieron al verse en la necesidad de respirar, fue entonces cuando Amu volvió al tema principal.
Entonces… ¿A dónde quieres ir para celebrar?- empezó a juguetear con los mechones de su cabello, al igual que Utau. La reciente actitud era algo que la rubia siempre hacia al ver a Ikuto deprimido, no es que a Amu le disgustase hacerlo, pero se sentía extraño, amaba la sedosidad de su cabello, sin embargo a veces creía que era mejor darle un tiempo para pensar las cosas y cuando calmara su mente ella podría hablar con el y animarlo.
Utau, sabes que no me gusta que hagas eso…- Amu resistió las ganas de reír, era algo que siempre había pensado al verlos realizar este tipo de cosas una y otra vez. Aun así no dejo de acariciar su cabeza- Y respecto a tu pegunta- continúo el peli azul- Yo ya no tengo nada que hacer en ese mundo, creo que comprenderás que no deseo salir del hospital.
Pero…- La pelirosa observo con cuidado el rostro sereno del chico, con la finalidad de encontrar algo que decirle. Mientras tanto el retomo la palabra.
Hay demasiados colores y formas en el exterior…-en este punto su voz se ahogo un poco- Cosas que yo ya no puedo disfrutar.
Humm…- la pelirosa bufo un poco, mostrando su descontento- ese no es el Ikuto alegre y positivo que yo conozco, ahora mismo vamos a salir a dar un paseo y no quiero ninguna queja- apuro a decir, al ver que el joven estaba a punto de reclamar.
Además- agrego con un tono más alegre- no pase por tantos problemas para nada
¿Problemas?-repitió el peli azul.
Exacto, quisiera que te los probaras- con cierta emoción coloco una caja mediana entre sus manos- espero que sean de tu numero.
El joven retiro la tapa y, desdoblando el papel con el que estaban envueltos, saco un par de zapatos. Comenzó a recorrer su superficie con sus largos y pálidos dedos, los zapatos eran de piel y, tal como pudo comprobar con su sentido del tacto, eran de metedera con lo cual se evitaba el atar las agujetas. Con una simple mueca asintió y procedió a ponérselos.
Camina un poco más rápido- Ikuto podía sentir a su hiperactiva compañera jalando uno de sus brazos, mientras caminaban por el parque, soltó un pequeño gemido de descontento pero, a pesar de eso, apresuro un poco su marcha.
¿Qué te parece si compro un par de helados? Ahora vuelvo, espérame aquí- El peli azul no pudo evitar el enorme sentimiento de nerviosismo que le provocaba el estar, según el, perdido en la inmensa obscuridad. Cada sonido se le hacia peor que el anterior, escuchaba a un perro ladrar cerca de el, no sabia si lo atacaría de un momento a otro, un balón que golpeo con fuerza el suelo que se encontraba a solo medio metro de el hizo que un temblor involuntario recorriera su espina dorsal.
Lo peor fue, sin embargo, cuando sintió la oleada de niños que corría alrededor de el, empezó a retroceder con pasos temblorosos estaba cada vez mas cerca del borde de la pequeña colina, esta parecía terminar cinco metros mas abajo, cuando uno de los pequeños lo golpeo accidentalmente, Ikuto, perdió el equilibrio y estando a tan solo unos pasos de caer por la ladera, escucho que alguien gritaba su nombre y casi al mismo tiempo la pálida mano de la pelirosa lo sostuvo, jalándolo hacia ella, en ese pequeño instante el se dio cuenta de que ella estaría para el siempre que lo necesitara, que la joven a su lado nunca lo dejaría y que siempre sostendría su mano.
Todo sentimiento de desesperación desapareció de su interior, en un primer momento se había sentido caer, caer profundamente en una obscuridad sin fin pero, fue el llamado de su compañera lo que le devolvió el sentido de pertenencia a este mundo
Continuaron con su tranquilo paseo en completo silencio, disfrutando del momento, se sentaron a descansar debajo de uno de los tantos arboles y fue entonces cuando continuaron con su charla. Cuando una bresca brisa paso junto al rostro de ambos, Amu, empezó a describirle el entorno a Ikuto.
Ne, Ikuto, ¿No se siente bien el viento?- la alegría se podía notar en cada una de sus palabras por lo tanto Ikuto asintió con una minúscula sonrisa- Esta anocheciendo ¿sabes?, los pájaros están volando libremente por el cielo y este presenta una combinación de naranja, rosa, lila y azul oscuro.- Con cada nueva palabra, la sonrisa del joven aumentaba su tamaño- También hay bastantes nubes de color dorado, flotando a la deriva, el sol se esta escondiendo por el poniente y hay seis estrellas que ya empezaron a brillar, todo se esta reflejando en la superficie del agua del hermoso lago que tenemos enfrente. El pueblo se esta envolviendo gradualmente en la oscuridad...
Puedo verlo- exclamo de pronto el peli azul, mientras unas lagrimas de alegría resbalaban de sus mejillas- ¡Puedo ver, cuando estoy contigo! Veo la luz y los colores, Utau. Todo es muy intenso…
La ojiambar lo observo en silencio y con una pequeña sonrisa, apretó un poco mas su mano alrededor de la del joven, prometiéndose así misma que estaría siempre a su lado, siempre que el la necesitara.
