"It's been a few years and a couple hundred sunsets
Since I fired a rifle in rage
A dozen leather couches and substance filled pouches
Still I can't fully turn the page". –Shwan James, "Eating like Kings".
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Llagas abiertas
Capítulo 4
Persistencia hiriente
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— ¿Y? ¿Qué les parece?
— Está delicioso.
Por enésima vez, Natsuko sonrió forzando la mueca en su rostro. Había preparado con anterioridad el desayuno y se había asegurado de no preparar nada que fuese perjudicial para la salud de Yamato, mi hermano mayor, o la mía. Había probado una y otra vez lo cocinado y se había cerciorado de que fuese de nuestro gusto al hacérnoslo probar con anterioridad. El esfuerzo y el desempeño que tuvo aquella mañana forzó una impresión diferente a la que antes tenía de ella. Supuse que planeaba revertir el efecto que tuvieron las decisiones que ella y mi padre habían tomado antaño. Estaba seguro que ella estaba al tanto de que un almuerzo bien preparado no repararían años de desventuras, pero su esfuerzo conmovió mi joven corazón y me aventuré a perdonarla –aunque en ese tiempo no comprendiese lo que tal palabra significaba–.
— ¿Deseas más, Takeru? —su persona se posó a un costado de mí y la impresión de su imagen me sorprendió. Me veía sonriendo, y al apreciar yo el que ella lo hiciera, me hizo sentir obligado a girar el rostro.
— S-sí, mamá. Un poco más… por favor.
Natsuko me observó sonriente aún, pero tomando notas mentales sobre mis reacciones. Eso pude notar. No imagino qué habrá pasado por su cabeza al inspeccionarme por mi comportamiento, mas supongo que se debía a su llamativa imagen. Por su parte, nunca lo descubriría.
— De acuerdo. Ahora te sirvo.
Habían pasado varios años de la última vez que la había visto. La única manera que poseía en aquellos momentos de poder ver su imagen era por medio de fotografías que me eran enviadas por el correo. Nunca entendí bien cuáles fueron las condiciones que se tomaron luego del divorcio, pero adivinaba que se debía a una separación total que buscaba lastimar a quienes fueron el resultado de lo que antes llamaron con eufemismo "amor". Por lo cual, la sola imagen de la mujer que me dio la vida parecía generar en mí una suerte de emociones que hasta el momento desconocía.
— No tenía idea de que fueses tan aficionado a los desayunos —acotó jovial mientras yo tragaba lo que estaba frente de mí en búsqueda de quitar la incomodidad. Sonreí de la manera que me fue posible y en el intento me atraganté con un pedazo de pan. Mi madre fue en busca de de un poco de agua y me colocó un vaso frente mío—. Bebe.
Articulé dificultoso un agradecimiento mientras era víctima del escudriño de mi madre. Sentí el peso de una incomodidad sin nombre al ser observado de tal manera. Intenté ignorar la sensación pero me fue imposible, me torné entonces a mi hermano mayor, quien para mi sorpresa seguía hundido en una contemplativa que era interrumpida únicamente cuando lo llamaba repetidas veces, puesto que a la primera no me escuchaba. Busqué su mirada, pero esta estaba perdida. Entonces me rendí a lo que fue un interrogatorio –maquillado– por parte de Natsuko.
Me preguntó por mi salud, mis pasatiempos. Me preguntó por mis planes y por mis preocupaciones. Entendí en el proceso que lo que buscaba era una percepción más correcta de mi persona y un entendimiento en cuanto a mis necesidades. Supuse entonces que no intentaba ser entrometida, sino que buscaba cumplir el rol que la sociedad le daba como madre, y del cual antes creía yo que ella estaba escapando. Aunque nunca tuve una percepción correcta sobre lo que tal figura representaba.
— No creo que haya algo que me este molestando por el momento. Últimamente estuve muy ocupado con el club de básquetbol, pero lo disfruto así que no es una molestia —oculté toda información referente a mi padre en aquella respuesta. Mi madre me observó seria y fijamente, poniendo atención a todos mis gestos y reacciones. Por mi parte, yo esquivaba su mirada al notar rasgos tan finos en su rostro, los cuales me hacían dudar de lo genuino de su edad.
— Entiendo, pero me gustaría que fueras más sincero conmigo, Takeru —dijo calma—. Sé que muchas cosas sucedieron pero soy tu madre y pretendo serte de ayuda. Y eso no me será posible si no me lo permites —por alguna razón su voz se fue perdiendo hasta enmudecer.
Yo guardé silencio. Al momento creí justificado mi enojo al escuchar sus razones de conocer mi vida. Ahora reflexiono lo que intentó decir y su búsqueda de involucrarse nuevamente conmigo. Me levanté lentamente, ello pareció alertar a Yamato que me preguntó si me marchaba. Le contesté que sí, lo más natural que pude, y con ello noté que mi madre bajaba la cabeza resignada.
— Te acompaño —dijo Yamato y se levantó, dejando en la mesa su desayuno sin tocar.
Sentí un impulso fuerte, pero no me atreví a mirar a mi madre. Preferí imaginar su reacción antes de verla. Suponía entonces que su lamentable imagen se quedaría en mi cabeza, e hice bien en suponerlo puesto que el simple pensamiento de ella entristecida no me abandonó en el resto del día.
Yamato tomó una chaqueta abrigada y se dispuso a acompañarme algún par de calles. Cuando le pregunté hacia adónde iba, me dijo que no sabía. Que sólo deseaba caminar. Pregunté si podía serle de compañía pero negó con la cabeza. Yo lo observé intentando adivinar las razones. Al estar frente al umbral, tomé mi calzado y lo vestí mientras calentaba mis frías manos en el proceso, mi madre se apreció detrás de mí y con una voz suave pero herida se dirigió hacia mí.
— Que tengas un lindo sábado, Takeru —no supe qué responder. Pero según mis recuerdos le agradecí el deseo. Me puse de pie y abrí la puerta. Al hacerlo me encontré a Yamato de espaldas mirando hacia un costado de la calle mientras la nieve caía de a poco—. Me disculpo si dije algo que te molestó. Pero en verdad te quiero, hijo.
La incertidumbre, la desazón, la desconfianza… todas y cada una de ellas me visitaron como un tumulto de olas. No supe qué sentir, puesto que no tenía la confianza necesaria para enjuiciarla a ella y sus acciones, ni tampoco la serenidad necesaria para perdonar su ausencia. Ciertamente, el adolecer me imposibilitó cualquier reacción razonable, y éste no era más que el comienzo que una serie de complicaciones en cuanto a mi sentir.
Me duele la cabeza…
Caminé junto a mi hermano mayor un par de calles en un cómodo silencio. Ninguno se atrevió a romperlo hasta que fue el momento de despedirse. Yamato me tendió una mano, y yo adiviné que era su manera de saludar, pero ignoré el hecho y lo abracé fuertemente.
— Oye, cálmate —yo reí ante su incomodidad.
— ¿Estás seguro de que no quieres ir a casa?
— Sí.
— Pero, ¿no querías ver a papá? —en ese momento bajó la cabeza y peinó su cabello como un auto reflejo.
— Sí quería, pero… no sé —el silencio fue lo que acompañó esa falta de respuesta. Procuré en ese entonces entender lo que quería decir al no decir nada. Lo único que pude comprender es que hasta allí me era permitido indagar.
— De acuerdo. Si cambias de parecer, papá estará en casa hasta la una de la tarde. Hasta esa hora puedes encontrarlo, pero si llegas tarde tendrás que pasar el sábado conmigo —mi hermano sonrío.
— Entiendo. Intentaré ir —sonreí imitando su postura—. ¿Tú vas para allá ahora?
— ¿Yo? Eh… sí —mi hermano se divirtió con mi duda.
— ¿Estás seguro? No será que planeabas pasar por otra casa de camino —me asusta lo asertivo que puede llegar a ser a veces.
— Si llegas tarde papá no estará en casa, así que apúrate —di media vuelta y empecé a caminar, intentando que con ello, mi hermano mayor no fuese capaz de notar mi rubor. Al parecer no funcionó, el respondió riendo.
— ¡No me has respondido, Takeru!
El aire de aquella mañana había pasado de ser gélido a un viento frío que terminaba mojando mis orificios nasales con la simple inhalación de oxigeno. Los rayos del sol escapaban por pequeños espacios entre un montón reconocible de nubes obscuras, dando a la nieve en descenso un color brillante y encantador al resaltar del contraste ocasionado por la penumbra del día.
Me quedé de pie mirando hacia arriba, dudé por un instante pero decidí que debía darle fin a mi molestia. Si tan solo hubiese sabido que lo siguiente acrecentaría mi incomodidad, seguramente nunca me hubiese marchado del hogar de mi madre y hermano. Tragué saliva y golpeé la puerta frente de mí con dos dedos. Esperé paciente y levanté la cabeza cuando percibí pasos del otro lado del umbral.
La puerta se abrió lentamente y la persona quien llevó a cabo la acción tardó unos segundos en reconocer quién era yo, qué estaba haciendo allí… y quizá quién era ella también.
Hikari frotó sus ojos con su puño. La acción me anticipaba su estado y su imagen me decía que acababa de despertarla. En un momento sus ojos se abrieron y tan rápido como lo hicieron, demostraron terror. Entonces la puerta se cerró estrepitosamente.
— ¡¿Hikari?! —golpeé la puerta llamándola—. ¡Oye, ábreme la puerta!
— ¡No! —escuché del otro lado—, ¿Qué haces aquí?
— Pues —pensé—, tenía que preguntarte algo entonces vine.
— ¡Podías hacerlo por mensaje de texto! —pude notar vergüenza detrás del enojo que escapaba de su voz.
— ¡Sólo abre la puerta! —golpeé molesto.
Hubo un silencio que me hizo dudar de mi repentina reacción, entonces la puerta volvió a abrirse pero esta vez mucho más lento que la anterior vez. Y en la acción tuve que pelear contra el impulso de abalanzármele puesto que la imagen frente a mí me conmovía de ternura. Hikari estaba descalza, llevaba puesto unos shorts que dejaban al descubierto sus piernas y la parte superior de su cuerpo consistía de una camiseta deportiva que le quedaba considerablemente grande. Su rostro escapaba del mío, dado que bajaba su cabeza en señal de vergüenza por verla de esa manera. Su cabello corto estaba despeinado y cuando levantó levemente la vista, nuestros ojos se cruzaron. Instantemente giró el rostro ruborizada y con el seño fruncido.
— ¿Qué quieres? —sonaba más enfadada que avergonzada. Yo me la quedé viendo. Por alguna razón disfrutaba mucho el verla de esa manera. Quizá se debía a que era la primera vez en que la encontraba desarreglada, por otra parte, nunca la había visto tan incómoda—. Oye, dijiste que querías preguntar algo.
— Ah, ¡lo siento! —me miró enfada y roja, luego volvió a esquivar mi vista—. Es que quería hablar contigo por lo de los últimos días.
— No sé de qué hablas.
— Me refiero a que no hemos podido hablar por un tiempo... y estoy preocupado. Cada vez que intentaba hablar contigo, algo sucedía y desaparecías —su expresión levemente cambió—. No pudimos juntarnos como grupo con los demás así que tampoco pude verte, e incluso me dio la impresión de que me has estado evitando.
— Yo no te estaba evitando —masculló. Fue entonces mi turno de fruncir el entrecejo.
— Pues yo recuerdo claramente estar frente tuyo y hablarte… y tú hacías como si nada hubiese pasado —guardó silencio—. Hikari, ¿qué sucede? —bajó la cabeza.
— Nada —su respuesta me confundió.
— Vamos, no me mientas —forcé una sonrisa y tomé mi nuca—. ¿Fue algo que hice?
Nada. Ella guardó silencio y agachó su cabeza evitando mi mirada.
Miré hacia un costado, esperando algún tipo de salvación. Que llegara Taichi y nos molestara por encontrarnos juntos o que llegase su mamá y de esa manera pudiera salirme de escena cuando ella me invitara a entrar y yo dijera que no. Pero nada. Aclaré la garganta rebuscando ideas pero no sabía cómo hablar con Hikari. Entonces, para mi desgracia, empecé a hablar sin darme cuenta.
— No puedes hacerme esto —solté indignado, su cabeza se movió un poco al reaccionar—. No puedo creer que lo hagas. Siempre he estado ahí para ti. Realmente no puedo creer que me estés tratando de esta manera…
— ¡Cállate, tú no tienes idea! —Exclamó repentinamente enfadada.
— ¡Por supuesto que no, si no me das oportunidad de saber! —me observó un tanto molesta pero pude notar duda en su manera de actuar—. Creí que había hecho algo que te hiciera enojar, pero parece que en realidad yo no hice nada. Sólo eras tú tratándome mal.
— ¡Entonces vete, déjame sola! —gritó con algunas lágrimas de impotencia en sus ojos. Al verla de esa manera, me sentí horrible y arrepentido por insistir tan molesto pero no fue lo suficiente como para tragar mi orgullo, éste mi hizo seguir.
— De acuerdo —dije serio—, no te molestaré más.
Inhalé enfadado y me di la vuelta. No planeaba hacer las paces en esa ocasión, me sentía suficientemente ofendido para olvidar nuestros años de amistad y hacer a un lado la gran voluntad que tenía de darme vuelta por ella. Más aún teniendo en cuenta que mis sentimientos hacia mi mejor amiga eran punzantes. Al dejar rastro de ella en mis pensamientos me era difícil actuar. Sentía vergüenza y arrepentimiento después de casi cualquier cosa que hiciera a su vista. Por lo tanto aquella vez no me arrepentí, eso seguramente lo haría cuando llegara a casa. No obstante, fue sorpresa mía el que Hikari sí lo hiciera. Repentinamente sentí atenazada la manga de mi chaqueta, al voltear vi a mi mejor amiga deteniéndome. Quedé paralizado. Instantáneamente mi cabeza dio un sinfín de significados a aquella acción, y gracias a que ella empezó a hablar no supuse nada más.
— Lo siento —sonó tan avergonzada como confundida, extrañada por sus palabras—. Yo… no me siento bien.
Me la quedé viendo pasmado. Indagué cuanto pude en su rostro, en búsqueda de cualquier indicio de razones por la cual hiciera lo que hizo, pero cuando me devolvió la mirada no sentí el coraje necesario para no ladear la cabeza. La evité y sin saber porqué solté su agarre y comencé a caminar.
Pasé varios minutos en silencio, sin decir ni pensar nada. Por momentos me arrepentí por las cosas duras que dije, pero luego desistía de seguir flagelándome ante la idea de haber insultado a Hikari. Luego razoné sobre lo que podría haberla hecho actuar así. Pensé bastante sobre. De hecho, llegué a pensar tanto sobre el asunto que llegue a la conclusión de que no tenía idea al respecto.
Me duele la cabeza…
— Takeru, ¿eres tú? —escuché detrás de mí. Al voltear reconocí a mi amiga.
— Hola, Sora —forcé una sonrisa—. Buenos días.
— Ah, sí eres Takeru —extrañamente sonó aliviada—. Por un momento creí que eras tu hermano.
— ¿Mi hermano? ¿Te refieres a Yamato?
— ¿Acaso tienes algún otro hermano? —soltó sarcástica.
— Creo que no —respondí riendo. Entonces observé la expresión de mi amiga—. ¿Sucedió algo con Yamato?
— No, ¿Por qué lo preguntas? —y su seño se frunció levemente, entonces solté mi primera suposición.
— Es que creo que no se deben llevar precisamente bien —Sora pareció sorprendida—. ¿Estás molesta por algo que hizo? —me aventuré a indagar, ella suspiró.
— Mira, no quiero ser mala con tu hermano, pero él en serio me molesta —reí incómodo—. Es arrogante, pretencioso, egoísta… no le interesa en lo más mínimo lo que le puede hacer a los demás ¡El otro día tuvo una pelea con Taichi porque no le gustó que dieran un consejo!
— Sí, lo sé. Ha sido difícil tratar con él...
— Lo es —me interrumpió—. Y lo peor de todo es que al resto de mis compañeras parece encantarle —soltó enfadada—. No entiendo porqué... —empezó a guardar silencio por un momento, entonces me miró y se sintió aún más enfadada— ¿De qué te ríes, Takeru?
— Yo no estoy riendo —respondí conteniendo una risa—, de hecho ¿por qué te molesta que mi hermano sea popular con las chicas?
— ¡No me molesta que sea popular con las chicas! —levanté una ceja divertido—. Bueno, sí me molesta pero no es lo que crees.
— Yo no creo nada…
— ¡Me refiero a que no entiendo por qué les parece tan atractivo!
— Pero no hablábamos de que consideras atractivo a mi hermano —y recibí un golpe por mi broma, lo cual me hizo reír con ganas.
— Parece que son iguales…
— Oye, no te enojes conmigo —Sora me vio enfadada—. Lo siento, me disculpo. No debí haberte molestado —dije con una sonrisa. Ella suspiró—. Pero, ¿sabes? Estoy feliz de que puedas estar observándolo.
— ¡Yo no estoy observándolo…!
— Yamato ha pasado por muchas cosas —reflexioné en voz alta. Ella guardó silencio al oírme serio—. Su vida no es la más envidiable. Y confío en ti lo suficiente como para pedirte ayuda —Sora parecía sorprendida—. Así que por favor, llévate bien con él —junté ambas manos en señal de plegaria.
— Eso dependerá de él.
— Sí, lo sé. Pero por favor tenle paciencia —agaché la cabeza. Entonces mi amiga recapacitó sobre mis palabras. Tomó camino y se despidió de mí con una mano.
Mi cabeza…
Me quedé pensando en Yamato y en Sora, y sin darme cuenta supuse las razones por las cuales mi amiga se habrá molestado. La realidad era que no conocía tan bien a Yamato como para defenderlo con los argumentos que había usado, supongo que en esa ocasión mi afecto hacia él me hizo decir lo que dije. Pero la realidad era que él necesitaba ayuda. Ayuda que sólo gente con paciencia digna de una madre tiene, alguien que pueda ofrecer perdón sin pensárselo dos veces, alguien que esté dispuesto a escuchar, alguien quien pueda llegar a querer sin importar de quién se trate. Alguien como Sora.
Después de pensar en ello, me dio la impresión de que hacían buena pareja. Pensar en Yamato y en Sora juntos por alguna razón me trajo calidez, ellos parecían compartir cualidades que los complementaban. Sora tenía la calidez necesaria para reflexionar sobre decisiones de las cuales no te arrepientes, y Yamato tenía la frialdad que le permitía enfrentar las situaciones con calma al momento de decidir.
— ¿Eh?
Sonreí divertido. Si había algo que mi hermano mayor no tenía, eso era calma para enfrentar los momentos. Pero de alguna manera, luego de desechar mi reflexión sobre lo compatibles que ellos pudieran ser, sentí que hacían un buen equipo. Podrían entenderse, no como Hikari y yo…
Hikari…
Hundí los hombros al llegar a mi hogar, solté un suspiró y un sonido extraño escapó de mis labios, de modo que reí por un momento.
— Va a ser problemático volver a verla.
Ingresé la llave en la cerradura y al abrir la puerta la penumbra del salón me dio la bienvenida. Me fue difícil percibir el entorno. Si no fuese que conocía el lugar, me hubiese sido necesario dar pasos muy lentamente. Miré hacia la ventana y vi que las cortinas estaban tapadas. Al encender la luz, noté agua en el suelo y una botella obscura vacía en la mesa de la sala. Aterrado dirigí mi mirada hacia la esquina del pasillo y sentí mi preocupación estallar al ver la puerta cerrada.
No, otra vez…
Una línea de luz era visible debajo de la puerta, advirtiéndome de la presencia de mi padre del otro lado de la madera. Me acerqué dando pequeños pasos, intentando hacer el menor ruido posible, entonces oí su desenfrenada voz soltar agitados sollozos.
— ¡No te atrevas…! —tartamudeaba, estaba ebrio—. ¡Te lo ruego… sólo serán unos minutos! ¡No, no es cierto! ¡Sólo quiero unos minutos! —supuse que hablaba por teléfono—. ¡Bueno, sí, sí! ¡Lo siento, entiendo! —guardó silencio por un momento, y eso me ayudó a notar que yo también estaba llorando—. ¡No, tú no lo entiendes! Nunca lo entendiste ¡Yo daría mi vida por ti, zorra! —respiré con dificultad al oír lo que decía, entonces Hiroaki soltó un llanto propio de un niño al que no le cumplen su capricho—. ¡Lo siento, lo siento! ¡Por favor no me cuelgues… por favor! ¡Natsuko, mi amor…!
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Notas: He vuelto. Aproveché el tener que hacer reposo por estar enfermo, así que pude escribir. Espero que haya sido del agrado del lector, y si hay quien siga la historia que la demora no le haya sido tan larga. ¡Gracias por el apoyo de siempre!
PD: para melia2.
